Vaca Muerta

Solo tres provincias superan el empleo privado de 2023 y se perdieron 241.000 puestos

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La recuperación del empleo privado registrado todavía no alcanza al conjunto de las provincias argentinas. A mayo de 2026, solo Neuquén, Río Negro y San Juan tenían más trabajadores asalariados privados registrados que en noviembre de 2023, mientras que el país acumulaba una pérdida aproximada de 241.000 puestos, equivalente a una caída del 3,8%, según un relevamiento de PensarLab, de la Fundación Pensar.

El dato expone una transformación que excede la dinámica del mercado laboral. El informe, que analiza las 24 jurisdicciones a partir de indicadores de actividad, inversión, empleo privado, situación fiscal, presión tributaria, pobreza, educación y seguridad, plantea que la Argentina está construyendo una nueva geografía económica, con resultados cada vez más diferenciados entre territorios.

“La estabilización es nacional, las oportunidades no”, sostiene el trabajo. La definición resume el principal hallazgo: el nuevo escenario económico parece favorecer en mayor medida a las provincias con recursos energéticos y mineros, producción agropecuaria, infraestructura y capacidad exportadora, mientras genera mayores desafíos en los distritos cuya estructura depende del consumo interno, la construcción, la industria orientada al mercado doméstico y el empleo público.

Neuquén aparece como el caso más contundente. El empleo asalariado privado registrado creció 7,6% frente a noviembre de 2023, mientras que la actividad económica de la provincia avanzó 11,3% durante 2024, de acuerdo con la serie homogénea utilizada por PensarLab. El desempeño está asociado principalmente al desarrollo de Vaca Muerta y al efecto que la expansión hidrocarburífera genera sobre la inversión, los salarios y la demanda de servicios vinculados con la actividad.

Río Negro ocupa el segundo lugar entre las provincias que lograron superar el nivel de empleo privado de noviembre de 2023, con una expansión del 3,4%. San Juan completa el grupo, aunque con un crecimiento mucho más moderado, del 0,4%. En ambos casos, el resultado adquiere relevancia porque muestra que el incremento del empleo formal privado no se distribuye de manera homogénea y comienza a concentrarse en economías con nuevos motores de inversión.

La distancia entre provincias también aparece en la evolución de la actividad. Durante 2024, solamente cinco jurisdicciones registraron crecimiento según la metodología empleada por el estudio. Después de Neuquén se ubicaron Córdoba, con una expansión del 4,5%; Santa Fe, con 3,1%; Entre Ríos, con 0,4%; y La Pampa, también con 0,4%.

En el otro extremo, Tierra del Fuego registró una contracción del 13,1%; Formosa cayó 12,9%; Jujuy, 9,5%; San Luis, 8,8%; y Chaco, 6,3%. La dispersión refleja que el cambio de régimen económico no impacta de igual manera sobre las estructuras productivas provinciales.

El caso de Córdoba ocupa un lugar particular en el análisis. PensarLab la identifica como la jurisdicción que presenta la combinación más equilibrada entre crecimiento, situación fiscal, educación y evolución social. Río Negro, por su parte, aparece como un nuevo polo de inversión y empleo, mientras que San Juan concentra expectativas de transformación vinculadas principalmente con el desarrollo minero.

El RIGI comienza a reforzar esa diferenciación territorial. A mediados de agosto, PensarLab contabilizaba 21 proyectos aprobados dentro del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones por un monto de USD 46.709 millones, asociados a unos 95.175 empleos directos e indirectos. La mayor parte de esos desembolsos corresponde a iniciativas vinculadas con minería, petróleo y gas.

La concentración geográfica de esos proyectos constituye uno de los principales puntos de atención hacia adelante. Las inversiones asociadas al RIGI se localizan especialmente en provincias patagónicas y de la región cordillerana, donde la disponibilidad de recursos naturales puede convertirse en una ventaja competitiva frente a otros territorios.

Para las provincias que quedan fuera de esos grandes corredores de inversión, el desafío consiste en desarrollar condiciones que permitan capturar parte de la nueva actividad económica mediante proveedores, infraestructura, capacitación laboral y servicios. El impacto territorial de un proyecto extractivo no depende únicamente del capital que ingresa, sino también de cuánto de esa cadena de valor logra permanecer y multiplicarse en las economías locales.

El informe advierte justamente sobre esa posibilidad: Argentina puede volver a crecer y, al mismo tiempo, profundizar las diferencias entre provincias. La cuestión central deja de ser únicamente cuánto crece la economía nacional y pasa a ser dónde se concentra ese crecimiento, qué tipo de empleo genera y qué capacidad tienen los gobiernos provinciales para convertir inversiones puntuales en desarrollo sostenido.

En ese escenario, el empleo privado registrado funciona como uno de los indicadores más concretos para medir si la recuperación económica logra trasladarse al mercado laboral. Los 241.000 puestos perdidos frente a noviembre de 2023 muestran que la estabilización macroeconómica todavía no se tradujo en una recuperación generalizada del trabajo formal privado.

La nueva geografía económica que describe PensarLab plantea, por lo tanto, una competencia entre modelos productivos. Energía, minería, agro y exportaciones aparecen como los sectores con mayor capacidad para atraer capital en el nuevo esquema, pero el desafío para cada provincia será transformar esa ventaja en empleo formal, proveedores locales, mayor productividad y mejoras sociales.

Para Misiones y buena parte del NEA, la discusión adquiere una dimensión estratégica: competir por inversiones en un mapa donde los recursos naturales y la infraestructura energética concentran buena parte de los grandes proyectos exige identificar otras ventajas —industriales, forestales, agropecuarias, logísticas y de servicios— capaces de generar empleo privado y vincularse con mercados externos.

El dato laboral marca el punto de partida. Mientras el país todavía se encuentra 3,8% por debajo del nivel de empleo privado registrado de noviembre de 2023, tres provincias ya lograron superar aquel registro. La pregunta que abre el nuevo escenario no es solamente quién crece primero, sino qué territorios conseguirán convertir la inversión en una estructura productiva capaz de sostener empleo y reducir las brechas sociales y regionales.

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Vaca Muerta paga más de $36 de cada $100 de salarios privados en Neuquén

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Por Federico Belich, Fundación Mediterránea. El complejo hidrocarburífero explica por sí solo más de un tercio de los sueldos privados registrados de Neuquén. Y su peso real es aún mayor: Vaca Muerta se derrama sobre el transporte, el comercio, la industria y los servicios, y convierte a la provincia en el gran diferencial de una Patagonia que corre a dos velocidades.

Un motor sin comparación

De cada $100 que las empresas privadas neuquinas pagan en sueldos registrados, $36 provienen directamente del sector hidrocarburos. Es una concentración sin paralelismo en ninguna otra actividad ni en ninguna otra provincia patagónica. El resto de las economías de la región reparte su nómina entre varios rubros, pero Neuquén tiene un motor claramente dominante. Cabe aclarar que el dato mide sueldos pagados, no solamente cantidad de empleos: como los hidrocarburos abonan salarios muy por encima del promedio, su peso en la nómina supera holgadamente su participación en el número de puestos (16%).

En números (gráfico 1), la masa salarial privada registrada de la provincia ronda los $7.500 miles de millones (acumulado móvil de doce meses, a precios de marzo de 2026), de los cuales unos $2.678 miles de millones corresponden a hidrocarburos. Muy por detrás aparecen la construcción (13%), el transporte (10%) y el comercio (10%). Ningún otro sector se acerca al podio, pero son actividades que están siendo fuertemente traccionadas por la extracción no convencional.

El 36% es apenas la superficie

Ese “de cada $100, $36” mide solo lo que el oil & gas paga de manera directa. Pero buena parte de la nómina que figura bajo otros rubros también acompaña de atrás el ritmo de Vaca Muerta. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, la masa salarial privada real de Neuquén creció 9,9%, y los rubros más dinámicos fueron los que orbitan alrededor de la actividad hidrocarburífera: transporte (+29%), industria manufacturera (+22%), hoteles y restaurantes (+19%), comercio (+18%) e inmobiliario (+14%).

Los hidrocarburos, en cambio, avanzaron un más moderado 5,2% real. Pero, sobre una base tan grande, ese incremento sumó unos $132.000 millones a la nómina provincial (el segundo mayor aporte absoluto, detrás del transporte). Sumando el sector y su cadena derivada se entiende por qué el “$36 directos” subestima el verdadero papel de Vaca Muerta en el bolsillo neuquino. A escala regional el contraste se mantiene en menor medida: en la Patagonia los hidrocarburos pesan 27% (nueve puntos menos) y la estructura es mucho más diversificada.

Una Patagonia a dos velocidades

Tomando noviembre de 2023 como base 100 (gráfico 2), Neuquén fue la provincia cuya masa salarial privada real más creció en la región (9,9%), seguida por Río Negro (5,8%). Son las dos únicas provincias patagónicas que superaron el nivel previo, y lo lograron contra la corriente: a nivel nacional el indicador sigue por debajo de aquel punto de partida (-1,9%). Neuquén le saca al promedio del país unos doce puntos porcentuales y Río Negro 8, cuando las demás provincias patagónicas se ubican ampliamente por debajo.

Detrás de esta brecha hay, sobre todo, una historia de petróleo: la línea que separa a la Patagonia próspera de la que retrocede coincide con la que divide al no convencional del convencional. Mientras Vaca Muerta traccionó a Neuquén y Río Negro en la masa salarial, las cuencas maduras del sur perdieron fuerza (los hidrocarburos cayeron 27% en Chubut y 17% en Santa Cruz) y con ellas se contrajo la obra: la construcción cedió 67% en Santa Cruz, 31% en Tierra del Fuego y 28% en Chubut. Con el golpe adicional a la industria fueguina (-24%), en total Santa Cruz (-19,5%), Chubut (-14%) y Tierra del Fuego (-13%) cerraron el período con fuertes pérdidas.

En el medio, Río Negro se perfila como gran beneficiaria indirecta: creció 5,8%, impulsada por una construcción que se disparó 40% de la mano de la infraestructura que Vaca Muerta necesita para exportar hacia el Atlántico. Todo indica que la posta de la obra se traslada hacia el este rionegrino, mientras en Neuquén la construcción apenas cedió (-3%).

El liderazgo neuquino de la mano de Vaca Muerta es una buena noticia para la provincia, generando más empleo registrado y mejores salarios cuando gran parte del país todavía no recupera lo perdido, pero encierra su reverso. Depende de un solo motor y de un solo commodity, lo que vuelve a la provincia especialmente sensible al precio internacional del crudo y al ritmo de las inversiones. El “$36 de cada $100” es la mejor síntesis de la pujanza neuquina. Pero también el recordatorio de cuánto queda expuesto si ese motor pierde revoluciones.

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El mapa del dinero inteligente: las acciones que eligieron Buffett, Ackman, Dalio, Tepper y Druckenmiller

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Cada tres meses, los inversores institucionales que administran al menos 100 millones de dólares deben informar ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos -SEC, por sus siglas en inglés- la composición de sus carteras mediante el formulario 13F.

Las presentaciones ofrecen una radiografía, aunque con cierto rezago, de los movimientos realizados por los principales fondos de Wall Street. El relevamiento correspondiente al segundo trimestre de 2026 muestra coincidencias alrededor de la infraestructura vinculada con la inteligencia artificial, los semiconductores, los servicios en la nube y las grandes plataformas digitales.

El informe elaborado por el equipo de Estrategias de Inversión de invertirOnline también identifica apuestas sobre compañías con exposición argentina, como Vista Energy e YPF, sostenidas por Stanley Druckenmiller como parte de su posicionamiento en Vaca Muerta.

Las compañías que concentran las apuestas

Entre las empresas que cuentan con CEDEAR en la Argentina, el análisis destaca cinco nombres:

  • Vista Energy: Druckenmiller conserva su exposición a la petrolera, apoyado en el crecimiento de la producción no convencional y los costos competitivos de extracción en Vaca Muerta.
  • Microsoft: Bill Ackman ubicó a la compañía entre las cuatro mayores posiciones de su cartera, con una ponderación del 14,5%. Ray Dalio también mantiene exposición a la empresa, impulsada por el crecimiento de sus negocios de nube e inteligencia artificial corporativa.
  • Alphabet: la matriz de Google aparece en las carteras de Warren Buffett y David Tepper. Berkshire Hathaway le asigna una participación combinada del 12,6% entre sus acciones clase A y C, mientras que Tepper destina el 8,5% de su portafolio.
  • Taiwan Semiconductor: el fabricante de chips representa el 10% del fondo de Tepper y el 5,4% de la cartera de Druckenmiller. La compañía ocupa una posición estratégica dentro de la cadena global de producción de semiconductores.
  • Uber: Ackman le asigna el 15,1% de su cartera y Tepper, el 7,2%. Ambos fondos sostienen su apuesta por la expansión operativa y la generación de caja de la plataforma.

Stanley Druckenmiller: biotecnología, chips y Vaca Muerta

Druckenmiller inició su carrera en el Pittsburgh National Bank y en 1981 fundó Duquesne Capital Management. A finales de esa década fue convocado por George Soros para incorporarse al Quantum Fund, donde participó de la operación contra la libra esterlina de 1992, uno de los movimientos financieros más recordados de Wall Street.

Su estrategia se encuadra dentro del enfoque macro global: toma posiciones a partir de grandes tendencias económicas y monetarias y utiliza diferentes clases de activos para expresarlas. Una característica distintiva de su método es la concentración de capital cuando identifica una oportunidad, combinada con una disciplina estricta para limitar las pérdidas cuando el escenario cambia.

En el segundo trimestre de 2026, su principal posición individual fue Natera, compañía del sector biotecnológico que representó el 17% de su cartera.

Dentro del segmento tecnológico, Taiwan Semiconductor alcanzó una ponderación del 5,4%, seguida por STMicroelectronics, con el 4,5%, y Amazon, con el 2,5%.

Druckenmiller también mantuvo su exposición a Brasil mediante opciones de compra sobre el ETF EWZ, equivalentes al 2,8% de su portafolio. En energía, preservó posiciones en YPF, con el 2,7%, y en Vista Energy, ratificando su interés por el desarrollo de Vaca Muerta.

David Tepper: una cartera concentrada en Amazon y semiconductores

David Tepper se especializó en inversiones sobre deuda y activos castigados. Antes de fundar Appaloosa Management en 1993, trabajó en Goldman Sachs, donde adquirió experiencia en renta fija y deuda de compañías en dificultades.

Durante la crisis financiera de 2008 y 2009 compró deuda y acciones de entidades como Bank of America y Citigroup, bajo la hipótesis de que recibirían respaldo gubernamental y lograrían sobrevivir. La estrategia se convirtió en una de las operaciones más rentables de la historia de su fondo.

En el segundo trimestre de 2026, Tepper sostuvo una cartera concentrada en infraestructura tecnológica y logística. Amazon y Micron Technology representaron cada una el 15% del portafolio.

La tercera mayor posición fue Taiwan Semiconductor, con el 10%, seguida por Alphabet, con el 8,5%, y Uber, con el 7,2%. También mantuvo participaciones relevantes en Meta Platforms, con el 4,9%, y Nvidia, con el 3,9%.

Bill Ackman reestructura su portafolio

Bill Ackman fundó Pershing Square Capital Management en 2004 y se convirtió en uno de los principales referentes de la inversión activista. Su estrategia consiste en adquirir participaciones relevantes en compañías que considera subvaluadas o mal gestionadas para luego impulsar cambios en su conducción o estrategia.

Ackman también ganó protagonismo durante la pandemia. En marzo de 2020 invirtió 27 millones de dólares en instrumentos de cobertura contra el deterioro del crédito corporativo y obtuvo una ganancia superior a 2.600 millones en pocas semanas.

Durante el segundo trimestre de 2026, Pershing Square realizó una de las mayores reestructuraciones de su cartera de los últimos años. Incorporó posiciones en Netflix, con una ponderación del 5,6%; Visa, con el 3,5%; Mastercard, con el 2,7%; S&P Global, con el 1,9%; e Intercontinental Exchange, también con el 1,9%.

La principal posición continuó siendo Brookfield Corporation, con el 18,3%, seguida por Amazon, con el 16,7%. Más atrás aparecen Uber, con el 15,1%; Microsoft, con el 14,5%; y Meta Platforms, con el 8,6%.

Ray Dalio: diversificación e infraestructura tecnológica

Ray Dalio fundó Bridgewater Associates en 1975 y convirtió a la firma en uno de los fondos de cobertura más grandes del mundo. Su estrategia combina análisis macroeconómico, modelos cuantitativos y diversificación de riesgos.

Uno de sus principales aportes fue el concepto de “All Weather Portfolio”, diseñado para sostener resultados en distintos escenarios de inflación, deflación, crecimiento o recesión. El método distribuye la exposición entre acciones, bonos, materias primas y oro, evitando que el portafolio dependa de una única variable económica.

En el segundo trimestre, Bridgewater conservó el núcleo de su fondo en vehículos indexados al mercado estadounidense. El ETF SPY representó el 16% de la cartera y el IVV, el 9,2%.

Entre las acciones individuales, Nvidia encabezó la exposición con el 3,2%, seguida por Broadcom, con el 2%, y Lam Research, con el 1,7%.

Dalio también mantuvo posiciones en las mayores plataformas tecnológicas: Amazon, con el 2%; Alphabet, con el 1,9%; y Microsoft.

Warren Buffett amplía su exposición tecnológica

Warren Buffett construyó su trayectoria bajo los principios del value investing: comprar compañías cuyo valor intrínseco supera su precio de mercado, con ventajas competitivas, generación sostenida de caja y una administración confiable.

A diferencia de una estrategia basada en la diversificación amplia, Berkshire Hathaway concentra su capital en un conjunto limitado de compañías consideradas de alta calidad y mantiene liquidez para aprovechar oportunidades durante períodos de crisis.

Al cierre del segundo trimestre de 2026, Apple continuó siendo la principal tenencia individual del conglomerado, con el 22% de los activos reportados. Le siguieron American Express, con el 17%, y Coca-Cola, con el 11%.

La novedad tecnológica fue la consolidación de Alphabet. Sumadas las acciones clase A, con el 9,4%, y clase C, con el 3,2%, la matriz de Google representó el 12,6% de la cartera y se convirtió en la cuarta mayor inversión de Berkshire.

El bloque financiero y energético se completó con Bank of America, que concentró el 9,2%; Chevron, con el 4,7%; y Occidental Petroleum, con el 4,3%.

Inteligencia artificial, plataformas y energía: las coincidencias

Las presentaciones del segundo trimestre permiten identificar cuatro tendencias comunes entre los grandes administradores de fondos.

La primera es la exposición a la infraestructura física de la inteligencia artificial. Las posiciones de Tepper y Druckenmiller en Taiwan Semiconductor, junto con la presencia de Nvidia y Broadcom en la cartera de Dalio, reflejan el interés por la fabricación y el diseño de semiconductores.

La segunda es la apuesta por los servicios de nube. Alphabet y Microsoft aparecen en varias carteras, sostenidas por el crecimiento de la demanda corporativa de procesamiento, almacenamiento e inteligencia artificial.

La tercera coincidencia está en las plataformas digitales. Uber ocupa un lugar central en los portafolios de Ackman y Tepper, mientras que Amazon se ubica entre las mayores posiciones de ambos gestores.

Finalmente, el posicionamiento de Druckenmiller en Vista Energy e YPF incorpora a Vaca Muerta en el radar de los grandes inversores internacionales. La productividad del yacimiento y sus costos de extracción aparecen como los principales argumentos detrás de esa exposición.

Los formularios 13F no revelan en tiempo real las decisiones de los fondos ni constituyen una recomendación de inversión. Sin embargo, permiten observar cómo administradores con estrategias diferentes están asignando capital y cuáles son los sectores que concentran sus mayores convicciones.

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Exportaciones: Argentina logró en julio el mayor superávit comercial de la historia

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Argentina volvió a marcar un récord histórico en su comercio exterior de bienes. En julio de 2026, las exportaciones alcanzaron los USD 8.854 millones, con un crecimiento interanual del 14,1%, mientras que las importaciones retrocedieron 1,7%. El resultado fue un superávit comercial de USD 2.115 millones, el mayor registrado para un mes de julio en toda la serie histórica.

El dato combina dos movimientos que resultan especialmente relevantes para la economía argentina: una expansión de las ventas al exterior y, simultáneamente, una reducción de las compras externas. Esa dinámica permitió ampliar el saldo positivo de la balanza comercial y fortalecer el ingreso neto de divisas generado por el intercambio de bienes.

El desempeño exportador también consolida una tendencia de crecimiento durante 2026. En los primeros siete meses del año, las exportaciones acumularon una expansión del 22,9% respecto del mismo período de 2025, mostrando que el récord de julio no constituye un fenómeno aislado, sino parte de una trayectoria de mayor inserción comercial.

El dato más significativo aparece al observar la composición de las ventas externas. Los Combustibles y Energía fueron el principal motor de la expansión, con un salto interanual del 97,8%. La magnitud del incremento vuelve a colocar al complejo energético como uno de los sectores con mayor capacidad para generar divisas y mejorar el resultado externo del país.

Las Manufacturas de Origen Industrial también mostraron una evolución positiva, con un crecimiento del 11,2% interanual. El comportamiento de este segmento resulta particularmente relevante porque refleja la capacidad de la industria argentina para colocar productos con mayor grado de elaboración en los mercados internacionales.

Las Manufacturas de Origen Agropecuario, por su parte, registraron una mejora del 4,9%, mientras que las exportaciones de Productos Primarios disminuyeron apenas 0,6% interanual. La composición del resultado muestra así que el crecimiento exportador de julio no dependió exclusivamente de los productos primarios, sino que estuvo acompañado por una expansión de bienes industriales y manufacturas agropecuarias.

En paralelo, las importaciones registraron una baja interanual del 1,7%. La combinación entre mayores exportaciones y menores importaciones explica el salto del saldo comercial y constituye uno de los aspectos centrales del resultado de julio.

El desafío para la economía argentina pasa ahora por transformar este excedente comercial en una fuente sostenible de crecimiento. Un superávit elevado mejora la disponibilidad de divisas, pero su impacto estructural dependerá de la capacidad de ampliar mercados, diversificar exportaciones, incorporar valor agregado y sostener inversiones que permitan aumentar la oferta exportable.

El desempeño energético aparece en ese escenario como una oportunidad concreta. El crecimiento cercano al 100% de las exportaciones de Combustibles y Energía muestra el potencial de Vaca Muerta y de otros recursos energéticos para convertirse en una fuente creciente de divisas. Pero el desafío consiste en complementar ese impulso con manufacturas industriales, agroindustria y servicios vinculados a las cadenas exportadoras.

La evolución de las Manufacturas de Origen Industrial ofrece, en ese sentido, una señal relevante: su crecimiento de 11,2% superó el promedio general de las exportaciones durante julio. Si esa tendencia logra consolidarse, podría contribuir a una estructura exportadora menos dependiente de los ciclos de los commodities y con mayor capacidad para generar empleo y valor agregado dentro del país.

El récord comercial de julio también modifica el escenario para las empresas que necesitan importar bienes de capital, insumos y componentes. Una mayor generación de divisas y un saldo externo positivo pueden contribuir a aliviar una de las restricciones históricas de la economía argentina: la escasez de dólares para financiar simultáneamente crecimiento e importaciones productivas.

El resultado, por lo tanto, no se limita a una cifra de la balanza comercial. Los USD 8.854 millones exportados durante julio representan un nuevo máximo para ese mes, mientras que el superávit de USD 2.115 millones marca también un récord histórico. La cuestión decisiva hacia adelante será si estos números pueden convertirse en una tendencia sostenida capaz de financiar inversión, ampliar la producción y generar más empleo asociado al comercio exterior.

Con una suba acumulada de 22,9% en las exportaciones durante los primeros siete meses de 2026, Argentina llega a la segunda mitad del año con una señal positiva en uno de los frentes más sensibles de su economía. El desafío será sostener el crecimiento de las ventas externas, diversificar la matriz exportadora y utilizar la mayor disponibilidad de divisas como plataforma para una expansión productiva de largo plazo.

Intercambio comercial argentino (ICA)_08_26 INDEC by CristianMilciades

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Daza, en el Council de las Américas: “La Argentina ya cambió y el cambio es permanente”

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“La Argentina ya cambió”. Con esa definición, José Luis Daza condensó el mensaje que el Gobierno buscó transmitir ante empresarios, inversores y referentes políticos durante el Council de las Américas 2026. El viceministro de Economía reemplazó al ministro Luis Caputo, ausente por problemas de salud, y convirtió su exposición en una defensa del rumbo económico iniciado con Javier Milei, pero también en una apuesta por el impacto estructural que, según su visión, tendrá la transformación sobre el mercado laboral y la matriz productiva.

Para Daza, el cambio no se limita a una reducción del déficit o a la baja de la inflación. Se trata de una modificación cultural y política que atraviesa al conjunto de la sociedad. “El cambio creo que es permanente”, afirmó, al sostener que la Argentina ingresó en una etapa que considera inédita en comparación con otras transformaciones económicas que observó durante décadas de trabajo en Estados Unidos y Wall Street.

Su interpretación parte de una premisa política: la elección de Milei significó, según Daza, que una mayoría social aceptara la necesidad de reducir el tamaño del Estado y alcanzar el equilibrio fiscal. “La Argentina cambia cuando decide elegir a un presidente cuyo símbolo es la motosierra”, sostuvo. Para el funcionario, allí se produjo un quiebre que excede la discusión ideológica tradicional y expresa un nuevo consenso sobre las restricciones fiscales del Estado.

Pero el segundo componente que Daza considera decisivo es la forma en que se implementó ese ajuste. El funcionario destacó que el Gobierno decidió reducir el gasto y avanzar hacia el equilibrio fiscal sin romper contratos ni reestructurar la deuda doméstica. “Todo lo que vamos a hacer en política económica, todo lo que vamos a hacer en el Gobierno es respetando el Estado de derecho, respetando la santidad de los contratos”, señaló al reconstruir el mandato recibido por el equipo económico.

La defensa de las reglas de juego ocupó buena parte de su exposición. Daza buscó presentar el cumplimiento de los contratos como una condición para reconstruir un mercado financiero de largo plazo y diferenciar el proceso argentino de anteriores episodios de default. En esa lógica, sostuvo que la estrategia permitió comenzar a sentar las bases de “la Argentina moderna” y que esa decisión ya empieza a producir resultados en materia de financiamiento y confianza.

El otro eje de su diagnóstico fue la inflación. Daza afirmó que el proceso de desinflación está asentado sobre “bases sólidas” y que continuará porque el programa no depende de una única variable. Destacó la combinación de equilibrio fiscal, cuentas externas positivas, bancos capitalizados y ausencia de descalces relevantes como parte de los fundamentos que, según el Gobierno, permitirían sostener la estabilización en el tiempo.

“Para mí personalmente no es un tema”, respondió al referirse a la inflación, en una de las definiciones más contundentes de su exposición. La afirmación apunta a transmitir que la dinámica de los precios dejó de constituir, para el equipo económico, una amenaza central al programa. Daza también vinculó el futuro de la estabilidad con la eventual aprobación de una nueva Carta Orgánica del Banco Central y consideró que una mayor independencia de la autoridad monetaria podría constituir “un shock de confianza” para la economía.

El cambio que todavía no se ve

Sin embargo, el aspecto más ambicioso del discurso no estuvo en los indicadores financieros sino en lo que Daza considera la transformación todavía subestimada: el cambio de la matriz productiva argentina.

El funcionario sostuvo que el país está transitando desde una estructura más dependiente de los sectores tradicionales hacia una economía donde energía y minería tendrán un peso creciente, junto con una expansión de la productividad agropecuaria. A su entender, la magnitud de esa transformación todavía no fue completamente incorporada por la sociedad porque los proyectos de inversión tienen tiempos de maduración diferentes a los de la percepción cotidiana.

“Se viene un cambio que la sociedad no ha podido percibir porque nunca ha visto un cambio en la matriz productiva como el que se nos viene en la Argentina”, planteó.

El punto relevante, según Daza, es que ese proceso no quedará circunscripto a las provincias productoras ni a las empresas directamente involucradas. La expansión energética y minera generaría una demanda creciente de infraestructura, servicios profesionales, transporte, tecnología, mantenimiento y proveedores industriales, con efectos sobre múltiples sectores de la economía.

La referencia a Chile funcionó como ejemplo de esa dinámica. Daza sostuvo que el desarrollo del cobre produjo allí una red de proveedores y servicios que se extendió mucho más allá de las regiones estrictamente mineras. Esa experiencia es utilizada por el Gobierno como una referencia para anticipar lo que podría ocurrir en Argentina si los proyectos de energía y minería alcanzan la escala prevista.

La consecuencia más concreta de esa transformación, y quizás una de las definiciones de mayor impacto social de su discurso, aparece en el mercado laboral. “Argentina va a necesitar por lo menos 18.000 ingenieros por año”, afirmó. A esa demanda sumó soldadores, electricistas, mecánicos, trabajadores vinculados a la infraestructura, contadores y otros perfiles técnicos y profesionales.

El dato funciona como una advertencia tanto para el sistema educativo como para empresas y gobiernos. Si la inversión esperada efectivamente se materializa, la restricción podría dejar de estar exclusivamente en la disponibilidad de capital para convertirse también en la disponibilidad de recursos humanos capacitados.

Argentina, según Daza, egresa actualmente alrededor de 6.000 ingenieros por año, por lo que el salto requerido sería de una magnitud considerable. La discusión sobre el modelo económico, en consecuencia, empieza a desplazarse hacia otra pregunta: ¿está el país preparado para formar a las personas que necesitará la economía que pretende construir?

De la macroeconomía al bolsillo

El funcionario insistió además en que el crecimiento de sectores como minería y energía no debería analizarse como un fenómeno aislado. “Esto se va a trasladar a toda la sociedad”, afirmó, al explicar que la expansión de las inversiones demandará trabajadores, proveedores y servicios en distintas regiones.

La lógica es conocida en economía: una inversión primaria puede generar efectos multiplicadores sobre cadenas de proveedores, logística, servicios financieros, software, profesionales y consumo. La diferencia, en el caso argentino, estaría en la escala potencial de los recursos involucrados y en la posibilidad de convertirlos en una plataforma exportadora.

Daza vinculó esa oportunidad con la teoría de la convergencia: una economía que incorpora capital, tecnología y productividad puede acercar su ingreso por habitante al de países que lograron sostener procesos prolongados de crecimiento. En ese punto comparó la trayectoria argentina con la uruguaya y la chilena y sostuvo que la apertura y la eliminación de restricciones permitirían recuperar parte del terreno perdido.

El optimismo del funcionario, sin embargo, fue presentado como una conclusión basada en experiencias internacionales y no como una expectativa coyuntural. “No estoy optimista de Argentina. Soy realista”, afirmó, al explicar que observó transformaciones similares en otros países y que considera que Argentina reúne una combinación particularmente favorable de recursos naturales y capital humano.

El desafío que queda fuera de los balances

En el tramo final de su discurso, Daza introdujo una dimensión social que resulta central para evaluar cualquier proceso de transformación económica. Reconoció que la pobreza continúa siendo “excesivamente alta” y que la fragilidad de las clases medias también permanece como un problema.

El funcionario reivindicó, en ese sentido, el esfuerzo del Gobierno por focalizar la asistencia sobre los sectores más vulnerables mientras avanza el ajuste fiscal. La cuestión resulta particularmente relevante porque el éxito de una transformación productiva no se mide únicamente por exportaciones, inversiones o equilibrio presupuestario, sino por su capacidad para generar empleo, mejorar ingresos y ampliar las oportunidades de movilidad social.

Ese es, precisamente, el punto donde el discurso económico encuentra su principal desafío. La promesa de una Argentina más productiva requiere que el crecimiento de energía, minería, agro y servicios se convierta efectivamente en empleos formales, mejores salarios, proveedores locales y nuevas capacidades profesionales.

La advertencia sobre los 18.000 ingenieros anuales puede leerse, entonces, como algo más que una proyección laboral. Es también un llamado a anticipar el cuello de botella de la próxima etapa. Si la Argentina pretende atraer inversiones de gran escala, deberá resolver simultáneamente problemas de infraestructura, formación técnica, capacitación profesional y articulación entre el sistema educativo y las nuevas demandas empresarias.

En esa transición, el cambio de matriz productiva puede ser una oportunidad, pero no constituye por sí mismo una garantía de desarrollo territorial equilibrado. El verdadero salto dependerá de cuánto valor agregado pueda capturar la economía local y de qué manera ese crecimiento llegue a trabajadores, pymes, profesionales y comunidades.

Daza cerró su exposición con una definición política que resume la estrategia oficial: “La Argentina ya cambió”. Para el Gobierno, el desafío ahora consiste en demostrar que ese cambio no se limita a la macroeconomía y que puede convertirse en una transformación productiva capaz de generar oportunidades concretas.

La próxima discusión, por lo tanto, no será solamente cuánto déficit queda, cuánto baja la inflación o cuánto capital ingresa. Será quiénes podrán participar de la nueva economía que el Gobierno proyecta y si el país logra formar, integrar y retener a los trabajadores que esa transformación va a necesitar.

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