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Trump expone una visión del poder limitada solo por ‘mi propia moralidad’

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Por David E. SangerTyler PagerKatie Rogers y Zolan Kanno-Youngs, New York Times. El presidente Donald Trump declaró el miércoles por la noche que su poder como comandante en jefe está limitado solo por su “propia moralidad”, dejando de lado el derecho internacional y otros controles sobre su capacidad para utilizar el poder militar para atacar, invadir o coaccionar a naciones de todo el mundo.

Cuando se le preguntó en una amplia entrevista con The New York Times si había algún límite a sus poderes globales, Trump dijo: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”.

“No necesito el derecho internacional”, añadió. “No busco hacer daño a la gente”.

Cuando se le preguntó si su gobierno tenía que respetar el derecho internacional, Trump dijo: “Lo hago”. Pero dejó claro que él sería el árbitro cuando tales limitaciones se aplicaran a Estados Unidos.

“Depende de cuál sea tu definición de derecho internacional”, dijo.

La valoración que hizo Trump de su propia libertad para utilizar cualquier instrumento de poder militar, económico o político para cimentar la supremacía estadounidense fue el reconocimiento más contundente hasta la fecha de su visión del mundo. En su núcleo está el concepto de que la fuerza nacional, más que las leyes, los tratados y las convenciones, debe ser el factor decisivo en la colisión de poderes.

Reconoció algunas limitaciones en su país, aunque ha seguido una estrategia maximalista de castigar a las instituciones que le desagradan, imponer represalias a los oponentes políticos y desplegar la Guardia Nacional en las ciudades a pesar de las objeciones de los funcionarios estatales y locales.

Dejó claro que utiliza su reputación de imprevisible y su disposición a recurrir rápidamente a la acción militar, a menudo al servicio de la coacción a otras naciones. Durante su entrevista con el Times, atendió una larga llamada del presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien estaba claramente preocupado tras las repetidas amenazas de que Trump estaba pensando en un ataque contra el país, similar al de Venezuela.

“Pues estamos en peligro”, dijo Petro en una entrevista con el Times justo antes de la llamada. “Porque la amenaza es real. El juego lo hizo Trump”.

La llamada entre los dos líderes, cuyo contenido era extraoficial, fue un ejemplo de diplomacia coercitiva en acción. Y se produjo pocas horas después de que Trump y el secretario de Estado Marco Rubio hubieran retirado a Estados Unidos de decenas de organizaciones internacionales destinadas a fomentar la cooperación multinacional.

En su conversación con el Times, Trump sonaba más envalentonado que nunca. Citó el éxito de su ataque contra el programa nuclear iraní —tiene sobre su escritorio una maqueta de los bombarderos B-2 utilizados en la misión—, la rapidez con la que decapitó al gobierno venezolano el pasado fin de semana y sus designios sobre Groenlandia, controlada por Dinamarca, aliada de la OTAN.

Cuando se le preguntó cuál era su mayor prioridad, obtener Groenlandia o preservar la OTAN, Trump declinó responder directamente, pero reconoció que “podría ser una elección”. Dejó claro que la alianza transatlántica era esencialmente inútil sin Estados Unidos en su núcleo.

Incluso al caracterizar las normas del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial como cargas innecesarias para una superpotencia, Trump desestimó la idea de que el dirigente de China, Xi Jinping, o el presidente de Rusia, Vladimir Putin, pudieran utilizar una lógica similar en detrimento de Estados Unidos. Tema tras tema, dejó claro que, en su opinión, el poder de Estados Unidos es el factor determinante, y que los presidentes anteriores han sido demasiado cautelosos para hacer uso de él en aras de la supremacía política o la ganancia nacional.

La insistencia del presidente en que Groenlandia debe pasar a formar parte de Estados Unidos fue un excelente ejemplo de su visión del mundo. No bastaba con ejercer el derecho estadounidense, en virtud de un tratado de 1951, a reabrir las bases militares cerradas desde hace tiempo en la enorme masa de tierra, que es una encrucijada de importancia estratégica para las operaciones navales estadounidenses, europeas, chinas y rusas.

“La propiedad es muy importante”, dijo Trump mientras hablaba, con mirada de magnate inmobiliario, de la masa continental de Groenlandia, tres veces mayor que Texas, pero con una población de menos de 60.000 habitantes. Pareció descartar el valor de tener Groenlandia bajo el control de un estrecho aliado de la OTAN.

Cuando le preguntaron por qué necesitaba poseer el territorio, dijo: “Porque eso es lo que considero psicológicamente necesario para el éxito. Creo que poseer un territorio te da algo que no puedes conseguir con un arrendamiento o un tratado. La propiedad te da cosas y elementos que no puedes conseguir con la simple firma de un documento”.

La conversación dejó claro que, en opinión de Trump, la soberanía y las fronteras nacionales son menos importantes que el papel singular que Estados Unidos desempeña como protector de Occidente.

Sostuvo que solo él —y no dos predecesores a los que despreció, Joseph R. Biden Jr. y Barack Obama— había demostrado ser capaz de persuadir a las naciones de la OTAN para que gastaran el 5 por ciento del producto interno bruto en defensa. (Aproximadamente el 1,5 por ciento de ese porcentaje se destina en realidad a infraestructuras nacionales —desde redes eléctricas hasta ciberseguridad— que pueden servir de apoyo a la defensa. El objetivo no entra en vigor hasta 2035, seis años después de que Trump deje el cargo).

“Quiero que se pongan en forma”, dijo. “Creo que siempre nos llevaremos bien con Europa, pero quiero que se pongan en forma. Yo soy el que consiguió que gastaran más en la, ya sabes, más PIB en la OTAN. Pero si te fijas en la OTAN, puedo decirte que Rusia no se preocupa en absoluto por ningún otro país que no seamos nosotros”.

El presidente añadió: “He sido muy leal a Europa. He hecho un buen trabajo. Si no fuera por mí, Rusia tendría ahora mismo toda Ucrania”.

Parecía no preocuparle que el último gran acuerdo de control de armas nucleares con Rusia fuera a expirar dentro de cuatro semanas, dejando a las dos mayores potencias nucleares del mundo en libertad de ampliar sus arsenales sin límites, por primera vez en medio siglo.

“Si expira, expira”, dijo. “Simplemente haremos un acuerdo mejor”, añadió, insistiendo en que China, que posee el arsenal de crecimiento más rápido del mundo, debería incorporarse a cualquier acuerdo futuro.

“Probablemente, también querrás que participen un par de actores más”, dijo Trump.

El presidente parecía igualmente optimista sobre si su decisión de enviar fuerzas de Operaciones Especiales a Caracas para extraer a Nicolás Maduro de Venezuela sería aprovechada por China o Rusia. En los días transcurridos desde la acción en Venezuela, se ha argumentado que el precedente estadounidense ayudaría a justificar un esfuerzo chino por tomar Taiwán, o el intento de Rusia de apoderarse de Ucrania, que Putin ha descrito como una parte histórica del imperio ruso, que se remonta a más de una decena de siglos.

Al preguntársele si había creado un precedente del que pudiera arrepentirse más adelante, Trump argumentó que su visión de la amenaza que suponía la Venezuela de Maduro era muy diferente de la visión de Xi sobre Taiwán.

“Era una amenaza real”, dijo sobre Venezuela. “No tenías gente entrando en China”, argumentó, repitiendo su afirmación, tantas veces hecha, de que Maduro soltaba miembros de bandas a Estados Unidos.

Trump añadió: “No había drogas entrando en China. No tenías todas las cosas malas que hemos tenido. No tuviste las cárceles de Taiwán abiertas y la gente vertiéndose en China”, o, dijo después, criminales y otros “vertiéndose en Rusia”.

Cuando un periodista señaló que Xi consideraba Taiwán una amenaza separatista para China, Trump dijo: “Eso depende de él, de lo que vaya a hacer. Pero, ya sabes, le he expresado que me disgustaría mucho que lo hiciera, y no creo que lo haga. Espero que no lo haga”.

Luego, cuando se le preguntó sobre si Xi podría aprovechar los recientes acontecimientos para atacar o asfixiar a Taiwán, sugirió que el dirigente chino no se atrevería a dar ese paso mientras Trump estuviera en el poder. “Puede que lo haga después de que tengamos otro presidente, pero no creo que lo haga conmigo como presidente”, dijo.

El jueves, en una inusual afirmación de la autoridad del Congreso sobre los poderes de guerra del presidente, el Senado acordó debatir una resolución destinada a frenar el uso de la fuerza militar en Venezuela por parte de Trump. El senador Rand Paul, republicano por Kentucky, dijo que un factor que podría haber inclinado la votación fue el comentario del presidente durante la entrevista del miércoles de que Estados Unidos podría seguir implicado en Venezuela durante años.

En el frente interno, Trump sugirió que los jueces solo tienen poder para restringir su agenda de política interna —desde el despliegue de la Guardia Nacional hasta la imposición de aranceles— “en determinadas circunstancias”.

Pero ya estaba considerando soluciones provisionales. Planteó la posibilidad de que, si la Corte Suprema anulaba sus aranceles emitidos en virtud de las autoridades de emergencia, podría volver a presentarlos como derechos de licencia. Y Trump, quien dijo que había sido elegido para restablecer la ley y el orden, reiteró que estaba dispuesto a invocar la Ley de Insurrección y desplegar el ejército dentro de Estados Unidos y federalizar algunas unidades de la Guardia Nacional si consideraba que era importante hacerlo.

Hasta ahora, dijo, “no he sentido realmente la necesidad de hacerlo”.

Venezuela por largo tiempo

Trump dijo que esperaba que Estados Unidos manejara Venezuela y extrajera petróleo de sus enormes reservas durante años, e insistió en que el gobierno interino del país —todos ellos antiguos leales al ahora encarcelado Nicolás Maduro— “nos da todo lo que consideramos necesario”.

“Solo el tiempo lo dirá”, respondió, cuando se le preguntó cuánto tiempo el gobierno exigirá la supervisión directa de la nación sudamericana, con la amenaza inminente de una acción militar estadounidense desde una armada situada frente a la costa.

“La reconstruiremos de forma muy rentable”, dijo Trump durante una entrevista de casi dos horas. “Vamos a utilizar petróleo y vamos a sacar petróleo. Vamos a bajar los precios del petróleo y vamos a dar dinero a Venezuela, que lo necesita desesperadamente”.

Las declaraciones de Trump se produjeron horas después de que funcionarios del gobierno dijeran que Estados Unidos planea asumir efectivamente el control de la venta del petróleo de Venezuela de forma indefinida, parte de un plan en tres fases que el secretario de Estado Marco Rubio expuso a los miembros del Congreso. Aunque los legisladores republicanos en gran medida han apoyado las acciones del gobierno, los demócratas reiteraron el miércoles sus advertencias de que Estados Unidos se dirigía hacia una intervención internacional prolongada sin una autoridad legal clara.

Durante la extensa entrevista con The New York Times, Trump no dio un periodo preciso de cuánto tiempo Estados Unidos permanecerá como el controlador de las políticas de Venezuela. ¿Serían tres meses? ¿Seis meses? ¿Un año? ¿Más tiempo?

“Yo diría que mucho más”, respondió el presidente.

A lo largo de la entrevista, Trump abordó una amplia gama de temas, entre ellos el tiroteo mortal del ICE en Mineápolis, la migración, la guerra entre Rusia y Ucrania, Groenlandia y la OTAN, su salud y sus planes para nuevas renovaciones de la Casa Blanca.

Trump no respondió a las preguntas sobre por qué reconoció a la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, como nueva dirigente de Venezuela en lugar de respaldar a María Corina Machado, la líder de la oposición cuyo partido dirigió una exitosa campaña electoral contra Maduro en 2024 y recientemente ganó el Premio Nobel de la Paz. No quiso hacer comentarios cuando se le preguntó si había hablado con Rodríguez.

“Pero Marco habla con ella todo el tiempo”, dijo en referencia al secretario de Estado. Trump añadió: “Les diré que estamos en constante comunicación con ella y con el gobierno”.

Trump tampoco se comprometió sobre cuándo se celebrarían elecciones en Venezuela, que tenía una larga tradición democrática desde finales de la década de 1950 hasta que Hugo Chávez tomó el poder en 1999.

Poco después de que cuatro periodistas del New York Times se sentaran a hablar con él, Trump interrumpió la entrevista para atender una llamada del presidente de Colombia, Gustavo Petro, días después de que Trump amenazara con atacar al país por su papel como centro de distribución de cocaína.

Cuando se conectó la llamada, el presidente invitó a los periodistas del Times a permanecer en el Despacho Oval para escuchar la conversación con el presidente colombiano, con la condición de que su contenido se mantuviera confidencial. Lo acompañaron en la sala el vicepresidente JD Vance y Rubio, quienes se marcharon una vez concluida la llamada.

Tras hablar con Petro, Trump le dictó a un colaborador un mensaje para su cuenta en las redes sociales en la que decía que el presidente colombiano lo había llamado “para explicar la situación de las drogas” que salían de las fábricas rurales de cocaína en Colombia y que Trump lo había invitado a visitar Washington.

La llamada de Petro —que duró aproximadamente una hora— pareció disipar cualquier amenaza inmediata de acción militar estadounidense, y Trump indicó que creía que la decapitación del régimen de Maduro había intimidado a otros líderes de la región para que se alinearan. Durante la larga conversación con el Times, Trump se deleitó en el éxito de la operación que irrumpió en el complejo fuertemente fortificado de Caracas y que dio lugar a la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores.

Dijo que había seguido el entrenamiento de las fuerzas para la operación, hasta la creación de una réplica a tamaño real del complejo en unas instalaciones militares de Kentucky.

El presidente dijo que, a medida que se desarrollaba la operación, le preocupaba que pudiera acabar siendo un “desastre a lo Jimmy Carter. Eso destruyó todo su gobierno”. Se refería a la fallida operación del 24 de abril de 1980 para rescatar a 52 rehenes estadounidenses retenidos en Irán. Un helicóptero estadounidense chocó con un avión en el desierto, una tragedia que empañó el legado de Carter, pero que condujo a la creación de unas fuerzas de operaciones especiales mucho más disciplinadas y bien entrenadas.

“No sé si habría ganado las elecciones”, dijo Trump sobre Carter, “pero desde luego no tenía ninguna posibilidad después de aquel desastre”.

Contrastó el éxito de la toma de Maduro, en una operación que parece haber matado a unos 70 venezolanos y cubanos, entre otros, con las operaciones de sus predecesores que habían salido mal.

“Sabes que no tuvimos un Jimmy Carter estrellando helicópteros por todas partes, que no tuvimos el desastre de Biden en Afganistán, donde no podían realizar ni la maniobra más sencilla”, dijo, en referencia a la caótica retirada de Afganistán que provocó la muerte de 13 militares estadounidenses.

Trump dijo que ya había empezado a ganar dinero para Estados Unidos al sacar petróleo que ha estado sometido a sanciones. Se refirió a su anuncio del martes por la noche de que Estados Unidos obtendría entre 30 y 50 millones de barriles de crudo pesado venezolano.

Pero no ofreció ningún periodo de tiempo para ese proceso, y reconoció que llevaría años reactivar el descuidado sector petrolero del país.

“El petróleo tardará un tiempo”, dijo.

Trump parecía mucho más concentrado en la misión de captura que en los detalles de cómo gestionar el futuro de Venezuela. Se negó a decir qué podría impulsarlo a desplegar fuerzas estadounidenses sobre el terreno en el país.

“No quisiera decirles eso”, dijo.

¿Insertaría soldados estadounidenses si el gobierno venezolano le impidiera el acceso al petróleo del país? ¿Enviaría tropas si Venezuela se negara a expulsar al personal ruso y chino, como ha exigido su gobierno?

“No puedo decirles”, dijo Trump. “En realidad no me gustaría decirles, pero nos están tratando con gran respeto. Como saben, nos llevamos muy bien con el gobierno que está allí ahora mismo”.

Eludió una pregunta sobre por qué se negó a investir a Edmundo González Urrutia, el hombre que Estados Unidos declaró vencedor de las elecciones presidenciales venezolanas de 2024. González Urrutia era esencialmente un candidato sustituto de Machado, la principal líder de la oposición.

Reiteró que los aliados de Maduro están cooperando con Estados Unidos, a pesar de sus declaraciones públicas hostiles.

“Nos están dando todo lo que consideramos necesario”, dijo. “No olviden que nos quitaron el petróleo hace años”.

Se refería a la nacionalización de instalaciones construidas por empresas petroleras estadounidenses. Trump ya ha estado hablando con ejecutivos petroleros estadounidenses sobre la posibilidad de invertir en los yacimientos venezolanos, pero muchos se muestran reticentes, preocupados por la posibilidad de que la operación para dirigir el país se tambalee cuando Trump abandone el poder, o de que los servicios militares y de inteligencia de Venezuela socaven el esfuerzo por quedar al margen de las ganancias.

Trump dijo que le gustaría viajar a Venezuela en el futuro.

“Creo que en algún momento será seguro”, dijo.

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Trump cancela la segunda ola de ataques sobre Venezuela tras la liberación de presos políticos

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este viernes la cancelación de la segunda ola de ataques militares sobre Venezuela, prevista tras la captura de Nicolás Maduro, al considerar que la reciente liberación de presos políticos constituye un gesto suficiente de cooperación por parte del nuevo gobierno encabezado por Delcy Rodríguez. Aunque aclaró que el despliegue militar se mantendrá “por motivos de seguridad”, la decisión introduce un cambio relevante en la escalada del conflicto y abre un nuevo escenario político, económico y energético en la región.

Un giro estratégico tras la liberación de presos políticos

El anuncio fue realizado por el propio Trump a través de una publicación en Truth, donde vinculó de manera directa la decisión de frenar la ofensiva militar con las excarcelaciones dispuestas por el gobierno venezolano tras la captura del exmandatario. En ese mensaje, el presidente estadounidense destacó la cooperación de la administración de Delcy Rodríguez y consideró que una nueva intervención armada dejó de ser necesaria.

Venezuela está liberando a un gran número de presos políticos como muestra de su ‘búsqueda de la paz’. Este es un gesto muy importante e inteligente”, afirmó Trump. En la misma línea, sostuvo que, gracias a esa señal, “cancelé la segunda ola de ataques, prevista previamente, que parece innecesaria”.

La decisión se inscribe en un contexto de máxima tensión bilateral, pero también de redefinición de prioridades estratégicas, donde los gestos políticos del gobierno venezolano aparecen como un factor de contención frente a una escalada militar de mayores proporciones.

Cooperación energética y despliegue militar en pausa

Más allá de la cancelación de los ataques, Trump fue explícito en señalar que el operativo militar estadounidense no se retira completamente. “Sin embargo, todos los barcos permanecerán en su lugar por motivos de seguridad”, afirmó, en referencia al bloqueo de petroleros en las costas venezolanas.

En paralelo, el mandatario puso el foco en la cooperación energética entre ambos países. Según explicó, Estados Unidos y Venezuela están trabajando de manera conjunta en la reconstrucción de la infraestructura de petróleo y gas, con un enfoque que describió como “mucho mayor, mejor y más moderno”. Este punto introduce una dimensión económica clave en la relación bilateral, en un país con vastos recursos energéticos y una infraestructura severamente deteriorada.

En ese marco, Trump informó además que este viernes mantendrá una reunión en la Casa Blanca con grandes compañías petroleras, las cuales —según indicó— invertirán al menos 100 mil millones de dólares. Aunque no se precisaron plazos ni proyectos específicos, el anuncio sugiere un reposicionamiento del sector energético como eje central del nuevo vínculo entre Washington y Caracas.

Repercusiones políticas y escenarios abiertos

La decisión de cancelar la segunda ola de ataques tiene implicancias directas en el tablero político e institucional venezolano. Por un lado, fortalece al gobierno de Delcy Rodríguez, que aparece ante la comunidad internacional como un actor dispuesto a realizar concesiones políticas para reducir la presión externa. Por otro, introduce un canal de diálogo pragmático con Estados Unidos, basado en la estabilidad y en intereses económicos concretos.

Al mismo tiempo, la permanencia del despliegue militar y del bloqueo de petroleros indica que la presión no desaparece, sino que se reconfigura. El mensaje es claro: la distensión es condicional y depende de la continuidad de gestos considerados positivos por Washington.

En términos regionales, la decisión de Trump reduce, al menos en el corto plazo, el riesgo de una escalada bélica de mayor alcance, pero mantiene abiertos interrogantes sobre la sostenibilidad del entendimiento y el impacto que la cooperación energética pueda tener sobre la economía venezolana y sobre el equilibrio político interno.

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Rodríguez endurece discurso contra Trump y promete liberar a Maduro tras “ataque vil”

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La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, redobló este jueves sus críticas contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al asegurar que su país “no se merecía esta agresión vil” tras el operativo militar estadounidense que culminó con la captura del expresidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. El pronunciamiento se produce en un contexto de alta tensión política, geopolítica y normativas internacionales, en el que Venezuela busca reafirmar su soberanía e institucionalidad interna luego de un acontecimiento sin precedentes que reconfigura la escena regional y global.

Fuerte rechazo oficial y narrativa de defensa nacional

Rodríguez formuló sus críticas durante un acto oficial celebrado en Caracas, donde calificó el ataque de “agresión vil, guerrerista” de una potencia nuclear, en referencia a Estados Unidos. Según su relato, Venezuela no estuvo pasiva durante el operativo que derivó en la captura de Maduro: “¡Aquí nadie se entregó! ¡Aquí hubo combate, hubo combate por esta Patria, por nuestros Libertadores!”, afirmó para enfatizar una idea de resistencia y dignidad nacional que permea el discurso oficialista.

En su alocución, la presidenta encargada también enfatizó que el gobierno no está “subyugado” a las decisiones del presidente estadounidense y reafirmó que el país continuará su curso de soberanía e independencia nacional pese a presión externa. Además, instruyó la creación de una comisión de familiares y víctimas del ataque militar, tras al menos 100 fallecidos reconocidos oficialmente en medio de enfrentamientos, según el ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello.

Rodríguez sostuvo además que no descansará hasta que tanto Maduro como Flores regresen a Venezuela, subrayando la lealtad del oficialismo hacia el exmandatario detenido en Estados Unidos, y perfilando el episodio como una injusticia histórica que marcará las relaciones entre ambos países.

Contexto de la crisis y repercusiones políticas

El ataque estadounidense, ejecutado el 3 de enero de 2026, incluyó bombardeos en varias zonas de Caracas y terminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, trasladados posteriormente a Nueva York, según informó el gobierno de Estados Unidos en un operativo descrito como de “gran escala” y justificado por acusaciones penales pendientes contra el exmandatario.

La detención de un líder en ejercicio —o recientemente en ejercicio— de la presidencia es un hecho extraordinario que ha generado reacciones internacionales contrapuestas y ha tensionado aún más la ya delicada situación regional. Organismos internacionales y gobiernos de distintos bloques han expresado preocupaciones sobre el uso de la fuerza, la soberanía estatal y el respeto al derecho internacional humanitario.

En este marco, el rechazo de Rodríguez se inscribe no solo en términos políticos internos —fortaleciendo un relato de resistencia y victimización frente a Estados Unidos— sino también como un elemento de confrontación diplomática y geopolítica que involucra reivindicaciones de soberanía, independencia y respeto al pluralismo internacional.

Repercusiones económicas y regionales

Más allá de la retórica política, la crisis tiene implicaciones económicas profundas. Venezuela, con una economía estructuralmente dependiente del petróleo, enfrenta un escenario de presión adicional sobre sus ingresos energéticos, sobre todo tras señales públicas de Washington acerca de posibles intereses estratégicos sobre activos petroleros venezolanos. Esto se da en paralelo a sanciones, bloqueos o embargos que han afectado la capacidad del Estado para financiar servicios públicos y mantener infraestructuras clave.

Los mercados regionales también observan con atención la situación, ya que la estabilidad de Venezuela —históricamente un gran exportador de crudo— impacta no solo las variables internas sino también las cadenas globales de energía y comercio. Las tensiones con Washington pueden influir en decisiones de inversión, patrones de comercio y estrategias de diversificación de suministro en el corto y mediano plazo.

Proyección política e institucional

El pronunciamiento de Delcy Rodríguez, en el contexto de una sucesión oficial que la colocó como presidenta encargada conforme al mecanismo constitucional venezolano tras la captura de Maduro, busca consolidar autoridad interna mientras se enfrenta a presiones externas sin precedente. Su discurso apunta a fortalecer la narrativa de soberanía nacional frente a una intervención militar extranjera y a movilizar apoyo popular ante un escenario de incertidumbre institucional.

A nivel regional, diversos gobiernos han llamado a la moderación y al respeto al marco multilateral para la resolución de crisis, subrayando el papel del diálogo y del derecho internacional como medios preferentes para enfrentar situaciones de alta complejidad política y humanitaria.

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Venezuela: anuncian proceso de excarcelaciones de presos políticos

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El gobierno de Venezuela puso en marcha este jueves 8 de enero un proceso de liberación de presos políticos, incluido un “número importante” de ciudadanos extranjeros, en lo que las autoridades describieron como un “gesto para la paz” y la convivencia nacional. El anuncio fue formulado por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, y se produce en un contexto de fuerte presión internacional y política interna tras la reciente captura del expresidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses. La medida tiene implicaciones tanto en la dinámica política venezolana como en las relaciones exteriores del país.

Liberaciones inmediatas en un contexto político crítico

El titular del parlamento venezolano, Jorge Rodríguez, informó que “el gobierno bolivariano, junto a las instituciones del Estado, ha decidido la puesta en libertad de un número importante de personas venezolanas y extranjeras” y que “estos procesos de excarcelación están ocurriendo desde este mismo momento”. Rodríguez presentó la decisión como una contribución a la “convivencia pacífica” y a la búsqueda de la paz, aunque no precisó la cifra exacta de personas liberadas ni sus identidades específicas.

El anuncio fue interpretado públicamente como un gesto unilateral del gobierno y no resultó de un acuerdo con otros actores políticos o externos. Rodríguez subrayó que la medida forma parte de una decisión interna de las instituciones del Estado venezolano, sin detallar el procedimiento administrativo ni judicial para efectuar las excarcelaciones.

Organizaciones de derechos humanos han calculado que en Venezuela había, hasta finales de 2025, alrededor de 863 presos políticos, incluidos activistas, opositores y extranjeros, según estimaciones del Foro Penal, aunque las cifras oficiales no han sido confirmadas por el gobierno.

Repercusiones internas y externas del gesto

El contexto en el que se produce esta medida es particularmente sensible. Cinco días antes, fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro, lo que tensó aún más las relaciones diplomáticas y generó un escenario de alta presión internacional sobre Caracas. La decisión de liberar presos políticos aparece, así, vinculada a una estrategia de alivio de tensión tanto interna como externa y como señal hacia actores internacionales ante críticas sostenidas sobre la situación de derechos humanos en el país.

La noticia generó reacciones inmediatas entre familiares de los detenidos, que durante meses han mantenido vigilias y protestas en Caracas a la espera de resultados concretos. Grupos de derechos humanos, como Foro Penal, celebraron la medida como una “buena noticia” que podría marcar el inicio de un proceso de liberación efectivo, aunque advirtieron que verificaciones detalladas serán necesarias para confirmar cada excarcelación.

En el plano internacional, países con ciudadanos detenidos en Venezuela estaban siguiendo de cerca los anuncios. Por ejemplo, gobiernos europeos confirmaron que al menos cinco presos españoles estaban entre los que serían liberados, según informaron fuentes diplomáticas.

Contexto político y consideraciones de transición

Analistas políticos interpretan estas excarcelaciones como un posible primer paso hacia una distensión o una transición más amplia, aunque advierten sobre la falta de detalles oficiales sobre los criterios de selección de quienes serán liberados. La oposición venezolana ha señalado que la liberación de presos políticos es una condición mínima en cualquier proceso de reconciliación nacional y ha pedido que el gesto se amplíe hacia una amnistía más general.

Las organizaciones defensoras de derechos humanos también han recordado que denuncias sobre torturas, detenciones arbitrarias y condiciones inhumanas en recintos como El Helicoide, Tocorón o El Rodeo forman parte del reclamo de justicia integral que va más allá de excarcelaciones puntuales.

En consecuencia, la medida no solo tiene impacto en la esfera judicial y los derechos humanos, sino que podría influir en la percepción externa de la gestión venezolana y en el diálogo con actores internacionales que presionan por reformas políticas y respeto a las libertades fundamentales.

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Milei recibió a Isabel Díaz Ayuso en Casa Rosada

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El presidente Javier Milei recibió este jueves en Casa Rosada a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en un encuentro que tuvo como eje la situación en Venezuela y que se inscribe en la estrategia del Gobierno argentino de consolidar un bloque internacional de líderes de derecha. La reunión, de alto contenido político e ideológico, refuerza el posicionamiento externo de la administración libertaria en un contexto de tensiones regionales y reconfiguración de alianzas.

Agenda venezolana y afinidad ideológica en el centro del encuentro

La reunión entre Javier Milei e Isabel Díaz Ayuso se desarrolló en Casa Rosada y contó con la presencia del canciller Pablo Quirno como funcionario acompañante. Según trascendió, la situación en Venezuela ocupó un lugar central en la conversación, especialmente tras la detención de Nicolás Maduro en Nueva York y la posterior intervención estadounidense en el país caribeño.

El encuentro se produjo en un momento en el que la política exterior del Gobierno argentino prioriza la sintonía con gobiernos y dirigentes alineados ideológicamente, con un discurso crítico hacia el progresismo y el socialismo en la región. En ese marco, la visita de la dirigente española refuerza la narrativa oficial de construcción de un espacio común entre líderes que comparten diagnósticos económicos y políticos.

Milei ya había explicitado esta estrategia en declaraciones al periodista Andrés Oppenheimer, de CNN en Español, al señalar: “Pareciera que la región ha despertado de la pesadilla del socialismo del siglo XXI”. En la misma línea, sostuvo: “No le pusimos nombre, pero ya hay un bloque de diez países que venimos trabajando para que nuestra propuesta sea plantarnos al cáncer del socialismo del siglo XXI”.

Un vínculo político consolidado y gestos que trascienden lo protocolar

La relación entre Milei y Díaz Ayuso se apoya en una afinidad ideológica que se fue consolidando con el tiempo. La presidenta de la Comunidad de Madrid condecoró recientemente al mandatario argentino con la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid, una distinción reservada a funcionarios extranjeros reconocidos por su labor institucional. El gesto generó el rechazo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), conducido por Pedro Sánchez, y profundizó la tensión política en España.

Para Milei, Díaz Ayuso representa una de las pocas aliadas en la política española por fuera del ámbito de Vox, el partido liderado por Santiago Abascal, con el que el Presidente argentino mantiene una mayor afinidad discursiva. En ese contexto, la dirigente madrileña se posiciona como un puente relevante con sectores del Partido Popular, aun en medio de las críticas internas dentro de la derecha española.

El propio Abascal cuestionó recientemente al Partido Popular por sus posiciones respecto a la política internacional y, en particular, sobre Venezuela. Según expresó, resulta llamativo que dirigentes que antes criticaban duramente a Donald Trump ahora pretendan alinearse con sus decisiones, luego de haber aplaudido acciones dirigidas contra “el tirano Maduro”.

Venezuela como punto de convergencia política y proyección internacional

La postura de Isabel Díaz Ayuso sobre la crisis venezolana es contundente. A través de su cuenta en X, definió a Nicolás Maduro como “un dictador que secuestró las urnas y a su pueblo: asesinatos, torturas, hambruna y éxodo de millones de venezolanos”. En ese mismo mensaje, destacó el rol de María Corina Machado, a quien identifica como la dirigente llamada a liderar una transición democrática tras la intervención internacional. Su publicación permanece fijada en redes: “La caída del régimen y la vuelta de la democracia a Venezuela con la Nobel de la Paz María Corina Machado es una de las noticias más importantes de los últimos tiempos”.

En la Argentina, el respaldo a la intervención en Venezuela es explícito. Desde el entorno presidencial señalaron que “no podría haber un proceso de elecciones libres aún. Todavía hay resabios del régimen”, en referencia a la situación institucional del país caribeño. En línea con esa visión, Milei defendió la postura estratégica de su gobierno y de la administración de Donald Trump, a la que atribuyó un rol central en el escenario global: “Está rediseñando el orden mundial”, afirmó en una entrevista radial, al tiempo que sostuvo que el liderazgo conservador busca “terminar con el socialismo asesino”.

La reunión con Díaz Ayuso se produjo además en un contexto particular de la agenda presidencial. Milei apareció en Balcarce 50 por segunda vez en lo que va del año, dado que mantiene su actividad desde la quinta de Olivos y evita tomarse vacaciones. La dirigente española, en tanto, se encontraba en Punta del Este, Uruguay, junto a su pareja, Alberto González Amador, y tras el encuentro tenía previsto regresar al país vecino sin actividades oficiales ni mediáticas adicionales.

Señales políticas y repercusiones del acercamiento

El encuentro en Casa Rosada refuerza la proyección internacional del Gobierno argentino dentro de un espacio ideológico claramente definido. La sintonía con Díaz Ayuso no solo profundiza el vínculo con un sector relevante de la política española, sino que también envía una señal hacia otros gobiernos y líderes que comparten una agenda crítica del socialismo en América Latina y Europa.

La dirigente madrileña ya había destacado públicamente el impacto del protagonismo internacional de Milei en los primeros meses de su gestión: “Si tenemos en cuenta que ahora mismo Javier Milei está en todas las salsas, porque cuando hay una reunión internacional Argentina está allí representada, eso hace que se ponga en el mapa de nuevo. Eso es dar confianza para la inversión y las empresas”, había expresado.

En ese sentido, el acercamiento entre ambos dirigentes combina contenido ideológico con un mensaje económico implícito: mayor visibilidad internacional, alineamiento con gobiernos afines y construcción de confianza para los mercados. La reunión en Casa Rosada se inscribe así en una estrategia más amplia del Ejecutivo argentino, que busca articular política exterior, posicionamiento geopolítico y narrativa económica bajo un mismo eje discursivo.

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