Dos velocidades: la economía que exporta y la economía que consume
Hay una imagen que empieza a repetirse con demasiada frecuencia en la economía argentina: mientras algunos sectores alcanzan récords, otros siguen acumulando caídas. Misiones ofrece hoy uno de los ejemplos más claros de esta economía a dos velocidades y particularmente esta semana volvimos a ver, con datos, la manifestación de este escenario.
Por un lado, las exportaciones misioneras atraviesan un momento excepcional. Misiones viene marcando máximos históricos tanto en montos como en cantidades exportadas y sostiene su liderazgo dentro del NEA, con una estructura donde tienen un peso significativo las manufacturas y la agregación de valor. El perfil exportador misionero se diferencia fuertemente de las otras provincias de la región justamente por su agregado de valor, que redunda no solo en mayores cantidades sino también en mejores precios. Esto es la consecuencia de contar con un esquema económico mucho más fuerte en términos de productividad en comparación con otras provincias de la región.
Sin embargo, del otro lado, el mercado interno muestra una realidad completamente diferente. Por caso, en junio las ventas en supermercados de Misiones cayeron 7,3% interanual en términos reales (la decimocuarta caída consecutiva) y acumularon una baja del 10,4% durante el primer semestre. La demanda interna es justamente lo que explica este fenómeno: el 63,6% de los empresarios relevados por INDEC dicen que el factor relevante de la baja de ventas es la falta de demanda interna, cuando hace tres meses ese número era del 57,3%.
No se trata simplemente de dos datos que evolucionan en direcciones opuestas. Lo verdaderamente relevante es que la distancia entre ambos mundos parece ampliarse mes a mes. La economía que vende hacia afuera encuentra mercados, demanda y oportunidades de crecimiento. La economía que depende del bolsillo de los argentinos enfrenta, en cambio, un consumidor que sigue restringiendo sus compras. El resultado es una recuperación profundamente desigual, donde el crecimiento de determinados sectores no necesariamente se traduce en una mejora equivalente de la actividad cotidiana.
Esto tampoco es exclusivamente un fenómeno misionero, sino que es una característica cada vez más visible de la economía argentina. El sector externo puede mostrar una dinámica muy positiva mientras el consumo masivo, el comercio y buena parte de las actividades orientadas al mercado doméstico permanecen rezagados.
La diferencia está en la demanda. Exportar significa encontrar consumidores en otros mercados, mientras que el consumo interno depende de salarios, empleo, crédito, expectativas y capacidad de compra. Naturalmente, cuando esos factores no acompañan, la recuperación del frente externo puede convivir perfectamente con góndolas que venden menos. También esta misma semana, a la par que se conocieron récords de exportación, el INDEC informó que el salario del sector privado registrado cayó 3,0% interanual y -2,6% en el sector público, acumulando una baja desde que asumió Milei del -3,6% para el privado y del -16,5% para el público.
¿La merma de un lado invalida lo positivo del otro? Para nada. Lograr niveles récords exportadores es una excelente noticia debido no solo a que se genera divisas, sino que sostienen parte de la actividad productiva, abren mercados y muestran que existen sectores capaces de competir internacionalmente. El problema es que no alcanzan, por sí solos, para desarrollar una dinámica económica que incluya a todos en el tren del desarrollo. Dicho de otro modo: una provincia con alto perfil exportador es necesaria, pero no es suficiente. Al final del día lo que verdaderamente inquieta en términos de análisis económico es, en el marco de la economía heterogénea, responder a la pregunta de quiénes están creciendo y quiénes están quedando afuera, aunque la respuesta parecería ser obvia.
Aun en este contexto, podemos ser optimistas y optar por la filosofía de mirar el vaso medio lleno. En el costado del frente exportador, la ratificación misionera de su liderazgo en el NEA pero, más aún, su consolidación como provincia manufacturera es altamente relevante para comprender que, con los incentivos correctos, la matriz productiva misionera todavía tiene mucho para crecer y, en ese contexto, tiene mucho para dar en términos de empleo, remuneraciones y derrame sobre otras cadenas productivas.
En relación con el consumo, aunque el dato general fue negativo, se pueden rescatar algunas cosas: en primer lugar, el consumo en productos de almacén creció 3,2%, revirtiendo la caída del mes anterior fue mayor al 10%. Esto es relevante dado que se trata de la canasta más voluminosa en el caso provincial y que está compuesta, mayoritariamente, de productos de primera necesidad. En segundo lugar, se destaca que las ventas de junio crecieron casi 6% comparado con mayo, lo cual es relevante pensando en una eventual recuperación y julio, con mayor impacto del pago de medio aguinaldo, podría continuar la tendencia.
Así las cosas, el desafío entonces no pasa por elegir entre exportaciones o consumo interno, sino por lograr que ambas velocidades comiencen a converger. Los récords exportadores muestran que Misiones tiene capacidad productiva, competitividad y margen para crecer, mientras que la recuperación del consumo todavía aparece como la variable pendiente. Los primeros datos de junio y las señales de julio permiten mantener cierto optimismo, pero será necesario que la mejora del frente externo empiece a traducirse en mejores ingresos, más empleo y mayor demanda interna.
