Whirlpool Argentina

El mayor fabricante de electrodomésticos cerró su planta en Argentina y decidió que otro país de la región absorba todo

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La multinacional Whirlpool confirmó el cierre de su planta en Pilar y trasladará toda su producción a Brasil, donde invertirá cerca de 200 millones de reales para consolidar un polo industrial más automatizado. La decisión profundiza la pérdida de empleo industrial y la concentración regional de la manufactura en el vecino país.

En un mapa industrial que se viene reconfigurando casi en silencio, la decisión de Whirlpool marca un nuevo punto de inflexión para la industria argentina. La multinacional, uno de los mayores fabricantes de electrodomésticos del mundo, confirmó el cierre de su fábrica en Argentina y el traslado completo de su producción hacia Brasil.

La planta afectada es la ubicada en Pilar, provincia de Buenos Aires, que dejó de operar como parte de una revisión estructural de la compañía. Desde ahora, toda la producción, la maquinaria y el abastecimiento de mercados de la región serán absorbidos por la unidad industrial de Rio Claro, en el estado de São Paulo.

La decisión no es menor: implica que productos que antes se fabricaban en Argentina pasarán a producirse íntegramente en Brasil, desde donde luego serán distribuidos al resto de América Latina.

En paralelo, Whirlpool proyecta una inversión cercana a los 200 millones de reales en Brasil, con el objetivo de consolidar un centro industrial más automatizado, apoyado en nuevas tecnologías como inteligencia artificial, robótica y procesos de mayor escala.

La estrategia responde a una lógica que se repite en distintos sectores manufactureros de la región: concentrar la producción en polos industriales con mayor competitividad, menores costos logísticos y mejor integración de la cadena de abastecimiento. En este escenario, Brasil vuelve a posicionarse como el principal nodo industrial sudamericano.

La compañía ya había intentado reducir costos en Argentina mediante ajustes operativos y mejoras en los procesos de producción de la planta de Pilar. El objetivo era sostener competitividad frente al avance de productos importados y el deterioro del mercado interno.

Sin embargo, la caída del consumo, el encarecimiento de la estructura industrial local y la necesidad de redefinir la huella regional de su cadena de suministro terminaron por precipitar el cierre definitivo de la fábrica.

El impacto excede lo estrictamente empresarial. El cierre de una planta industrial implica pérdida de empleo directo, debilitamiento de proveedores locales, menor demanda de servicios asociados y una reducción de la participación argentina en procesos de valor agregado.

En un contexto en el que la industria manufacturera ya concentra la mayor parte de la pérdida de empleo registrado del país, la salida de Whirlpool refuerza una tendencia preocupante: menos producción nacional y mayor dependencia de bienes fabricados en el exterior.

A pesar del cierre fabril, Whirlpool S.A. aclaró en un comunicado presentado ante la bolsa que continuará operando comercialmente en Argentina. Las actividades de importación, comercialización y distribución no se verán afectadas, por lo que la marca seguirá presente en el mercado local, aunque ya sin producción propia.

La decisión expone una realidad cada vez más visible en la industria regional: mientras Brasil consolida inversiones y gana escala productiva, Argentina sigue perdiendo peso en el mapa manufacturero de América Latina.

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Peabody entra en concurso preventivo y expone la crisis de la industria de electrodomésticos

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Goldmund, fabricante de los electrodomésticos marca Peabody, solicitó esta semana la apertura de concurso preventivo ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial. La decisión formaliza un proceso de reestructuración de pasivos que la empresa comunicó a clientes y proveedores como parte de una estrategia para “ordenar compromisos y fortalecer la estructura” con el objetivo de sostener la continuidad operativa.

El movimiento no es aislado. Se inscribe en un escenario de tensión creciente para la industria local de electrodomésticos, atravesada por caída de actividad y mayor competencia importada. La pregunta que se abre es si el concurso funcionará como puente para reordenar la compañía o si marca un nuevo retroceso del entramado industrial argentino en un contexto de cambios regulatorios y presión de costos.

Reestructuración y cambio de estrategia productiva

Goldmund fue creada en 2003 por el empresario coreano Dante Choi y tiene planta en La Tablada, partido de La Matanza. En una entrevista reciente, el propio Choi había anticipado las dificultades de competitividad que enfrentaba la firma.

Según explicó, Peabody trasladó parte de su operación a Paraguay para reducir costos laborales y tributarios y desde allí abastecer mercados del Cono Sur, incluida la Argentina. El diferencial impositivo y laboral fue expuesto con cifras concretas: en Paraguay no se pagan IVA ni Ingresos Brutos, no existen aranceles de importación de entre 18% y 20%, ni impuesto al cheque ni tasa estadística del 3%. Además, el salario ronda los 500 dólares frente a 2000 dólares en la Argentina considerando indemnizaciones y litigios laborales, con una ART que encarece entre 4% y 12% el costo salarial.

En ese marco, la planta local quedó con producción limitada. El concurso preventivo aparece así como una consecuencia de un proceso previo de ajuste estructural, no como un hecho abrupto.

Impacto sectorial y señales de desindustrialización

El caso de Goldmund se suma a otros movimientos en la industria. La estadounidense Whirlpool anunció el cierre definitivo de su planta de lavarropas en Pilar para finales de noviembre y concentrará su operación en ventas y servicio, pasando a importar productos.

También la mexicana Mabe inició un proceso de reorganización en la Argentina que incluye retiros voluntarios y la conversión de una fábrica en Córdoba en depósito y hub de distribución, aunque mantendrá producción en otras plantas.

La sucesión de decisiones empresariales refleja una correlación clara: mayor presión competitiva externa y revisión de estructuras locales. El concurso preventivo de Goldmund no es solo un expediente judicial; funciona como indicador del momento que atraviesa el sector.

Repercusiones y escenario abierto

El concurso abre una etapa de negociación con acreedores y redefine la relación de la empresa con proveedores y trabajadores. Desde el punto de vista institucional, el proceso judicial busca evitar la quiebra y preservar la continuidad operativa. En términos económicos, la señal impacta en la cadena de valor industrial y en el empleo en el conurbano bonaerense.

La evolución del expediente ante la Cámara Comercial será clave para medir la capacidad de la firma de sostener actividad en la Argentina mientras profundiza su estrategia regional. Al mismo tiempo, el contexto sectorial plantea interrogantes sobre la viabilidad de la producción local frente a esquemas de costos más bajos en países vecinos.

El desenlace no está escrito. El concurso puede ordenar pasivos y dar oxígeno financiero, pero también expone un debate más amplio sobre competitividad, estructura tributaria y modelo industrial. En las próximas semanas se verá si la reestructuración alcanza para estabilizar a Peabody o si el proceso se convierte en un nuevo síntoma de reconfiguración del mapa fabril argentino.

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