Un paraíso orgánico llamado Misiones

Escribe Gustavo Verón, periodista y locutor

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A los pies de la cordillera del Himalaya, Sikkim, una pequeña población india fue la precursora, apenas despuntaba el siglo, en prohibir el uso de pesticidas y emprender una verdadera revolución ecológica. Una utopía hecha realidad que en este rincón del planeta encara Misiones, con solvencia legal, estrategia política y desarrollo tecnológico.

A Sikkim le llaman la última utopía de la humanidad. Es una pequeña joya incrustada a los pies de la cordillera del Himalaya, entre Nepal, Bután, China y Tíbet. Se trata del primer estado de la India que desde los albores del siglo veintiuno optó por el todo orgánico, prohibiendo el uso de pesticidas y de los agroquímicos. Sustancias que habían entrado en la agricultura india en los años sesenta, durante la llamada Revolución verde, gracias a la intervención de empresas y multinacionales.

La transición orgánica impulsada por el Gobierno no fue sencilla, pero caló hondo en la mentalidad de los lugareños. Para hacernos la idea, desde hace décadas, por las calles empinadas, llenas de curvas y baches, de Gangtok, la capital del distrito, se observan numerosas tiendas hortícolas, parecidas a las ferias francas misioneras, que venden productos orgánicos. Solamente orgánicos. No existe la más mínima posibilidad de comercializar producción alguna sin certificación libre de agroquímicos. Los habitantes de Sikkim, orgullosos exhiben los resultados del arduo trabajo agrícola: entre pepinos, zanahorias moradas, jengibre y mostaza, a cielo abierto o en invernaderos. Pero todo sustentable, sano, saludable, aseguran. Este estado indio, — que en 7.000 kilómetros cuadrados reúne a poco más de medio millón de habitantes —, empezó su carrera hacia lo orgánico en 2003 con una declaración del primer ministro Pawan Kumar Chamling. La transición comenzó por cinco cultivos: trigo sarraceno, jengibre, cúrcuma, cardamomo grande y orquídea. En 2016, Sikkim fue declarado primer estado totalmente orgánico del país al mismo tiempo de ganar el premio como destino turístico más limpio. Por estos años, este territorio indio ya fue reconocido por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.

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Misiones, como estado subnacional, inmersa en una enorme región conformada también por estados de países limítrofes, ha desarrollado como ningún otro estado sea connacional o extranjero, políticas activas de férrea defensa del ambiente y de los recursos renovables. La Ley de Promoción de la Producción de Bioinsumos, aprobada por la Legislatura provincial en junio pasado, es un claro testimonio de una política de estado seria, sustentable, previsora, vanguardista. La normativa “coloca a Misiones como precursora de la agricultura sostenible a nivel latinoamericano al promover la investigación y el desarrollo de productos creados a base de organismos vivos”, afirmaron desde el Gobierno. Los bioinsumos están elaborados a partir de bacterias, hongos, virus, insectos o extractos naturales obtenidos de plantas y son utilizados en la producción agrícola tanto como fertilizantes como para el control biológico de plagas. El programa misionero, respaldado por Ley, persigue tres objetivos centrales para el desarrollo sostenible de Misiones. Por una parte, a través de la aplicación de bioinsumos «se generan alimentos más ecológicos que impactan directamente en la salud de las familias de Misiones»; por otra parte, se busca mejorar la productividad de las chacras misioneras, puesto que la utilización de fertilizantes orgánicos favorece a largo plazo la fertilidad del suelo; y por último, «este proyecto busca resguardar la salud de los productores que podrán emplear estos insumos biológicos sin ningún tipo riesgo».

Solvencia legal, estrategia política y capacitación tecnológica. En estas tres patas se asientan todas las acciones que, de manera articulada, se encaran desde el Estado con el fin de que la Ley se cumpla. Es decir, impacte de manera concreta en el día a día de las comunidades, las de hoy y las del futuro. En esta línea, vale remarcar el aporte que realiza Silicon Misiones, por caso. A través de su programa EFA 4.0, marcó un hito en la promoción de la biotecnología y la agricultura sustentable acercando contenidos a las escuelas secundarias de la provincia. En 2022, el programa EFA 4.0 llevó a cabo capacitaciones presenciales de jornada completa para docentes del área de Ciencias Naturales de las Escuelas de la Familia Agrícola (EFA). Estas capacitaciones resultaron en la entrega de Kits de biotecnología a todas las EFAs de la provincia. Durante estos encuentros, se proporcionó a los docentes el material necesario para realizar experimentos en el aula, lo que promovió un enfoque práctico y experimental en la enseñanza de la biotecnología. Los docentes realizaron experimentos en las escuelas a lo largo del año y compartieron sus experiencias generando una rica interacción pedagógica y educativa. En 2023, en tanto, el proyecto EFA 4.0 NEO puso su mirada en la aplicación de bioinsumos en huertas escolares en colaboración con la Biofábrica y las EFAs de Alem y San Ignacio. Los objetivos incluyeron la capacitación a estudiantes y responsables de huertas en el uso de bioinsumos, implementarlos a su vez en cultivos hortícolas y evaluar su efecto y rendimiento a lo largo del año.

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Así, el concepto de lo sustentable va metiéndose de manera transversal en la vida de la gente. La norma da la base y el sustento, pero al modo del torrente sanguíneo, la ley palpita con iniciativas y políticas concretas, si no, es letra muerta.

Norman Borlaug, padre de la “revolución verde” y de la agricultura moderna, soñó con la utopía de una agricultura que termine con el hambre en el mundo. Su cometido, su ilusión, le mereció el Premio Nobel de la Paz en 1970. El sueño inconcluso de Borlaug sobrevive en cientos de productores agrícolas, sean de Sikkim o de Misiones, que creen que una mejor calidad de vida es posible desde la labor agrícola. Una semilla sustentable puede generar un paraíso orgánico. En Misiones, esa utopía ya es posible.

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