Día: 10 enero, 2026

Iguazú acelera el verano: 85% de ocupación y más de 50.000 visitas al Parque en 10 días

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Con un promedio de ocupación del 85% y más de 50.000 visitantes al Parque Nacional Iguazú en los primeros diez días del año, Cataratas del Iguazú volvió a ubicarse entre los destinos más elegidos de la Argentina en el arranque de la temporada, señaló el ministro de Turismo de Misiones, José María Arrúa.

La dinámica del destino se apoya en un flujo sostenido de ingresos al área protegida: en la primera semana de 2026, el Parque recibió cerca de 40.000 visitantes, un indicador que ratifica el fuerte movimiento turístico en pleno enero.

El desempeño de Iguazú se inscribe en un inicio de verano con niveles altos en múltiples plazas del mapa turístico nacional. Un relevamiento difundido por el Gobierno nacional ubicó la ocupación entre 75% y 100% en distintos puntos del país durante los primeros días de enero.

En la Costa Atlántica, el reporte consignó que Cariló inició la temporada con 100% de ocupación, mientras Pinamar superó el 80% y Villa Gesell promedió 93%. Mar del Plata, en tanto, venía de superar el 75% a fines de diciembre y mostraba un “piso” cercano al 60% para la primera semana de enero, con expectativa de suba por arribos de último momento.

En Córdoba, Villa Carlos Paz registró 90% de ocupación en el comienzo de temporada, y Miramar de Ansenuza informó un arranque con 92%.

En Patagonia, San Martín de los Andes alcanzó 85% (impulsado por demanda espontánea) y Bariloche se movió en torno a 78% en la primera semana de enero, según datos oficiales locales. En la costa rionegrina, San Antonio Oeste reportó 94,6% en el inicio del año, con Las Grutas en niveles similares.

En el Norte, Tafí del Valle se ubicó en 75% de ocupación hotelera (y San Javier en 70%), de acuerdo con el ente turístico tucumano. Y en Entre Ríos, Gualeguaychú informó 80% en el primer fin de semana, mientras Colón llegó a 85%.

El cuadro deja a Iguazú dentro del lote de destinos de mejor tracción del arranque estival, con una combinación que suele marcar la diferencia: alta ocupación, volumen de visitantes al atractivo principal y capacidad de sostener demanda más allá de los picos de fin de semana.

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El agro invierte con cautela: Misiones y el cierre del mercado de máquinas en 2025

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El mercado argentino de maquinaria agrícola cerró 2025 con un saldo levemente positivo pese a un diciembre en retroceso. Según el último informe de la División de Maquinaria Agrícola de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA), en el último mes del año se patentaron 456 unidades entre cosechadoras, tractores y pulverizadoras, lo que implicó una caída del 16,2 por ciento interanual y del 8,4 por ciento frente a noviembre. Aun así, el acumulado anual alcanzó las 6.643 unidades, un 2 por ciento más que en 2024, confirmando que el sector logró sostener una recuperación moderada a lo largo del año .

El balance por segmentos muestra con claridad dónde estuvo el dinamismo. Las cosechadoras fueron el verdadero motor del mercado: en diciembre se registraron 47 unidades y el año cerró con 734 equipos patentados, un crecimiento interanual del 19,2 por ciento, el mejor desempeño entre los tres grandes rubros de la maquinaria agrícola. Los tractores, en cambio, mostraron un comportamiento mucho más estable: con 377 unidades en diciembre y un total anual de 5.259, terminaron apenas 0,3 por ciento por encima de 2024, reflejando un mercado que logró sostener volumen pero sin una expansión significativa. Las pulverizadoras, por su parte, sumaron 32 unidades en diciembre y 650 en todo 2025, con una leve caída del 0,8 por ciento interanual, en un segmento atravesado por una competencia cada vez más intensa entre marcas nacionales y globales.

Dentro de ese escenario nacional, Misiones aparece con volúmenes acotados pero coherentes con su perfil productivo. En tractores, el rubro más relevante para las economías regionales, la provincia registró 15 unidades patentadas en todo 2025, lo que representó el 0,3 por ciento del total nacional. Si bien es una cifra pequeña en términos absolutos, refleja la demanda asociada a actividades como la yerba mate, el té, la forestación y la producción de alimentos, donde el tractor es una herramienta clave para el manejo de chacras, plantaciones y logística rural tractores acara.

En cosechadoras de grano, Misiones contabilizó apenas una unidad en el año, un dato que confirma que la provincia no integra el núcleo de la agricultura extensiva pampeana, sino una matriz basada en cultivos permanentes y forestales. En pulverizadoras autopropulsadas, directamente no se registraron patentamientos, algo que también ocurre en otras provincias del norte argentino, donde la aplicación de fitosanitarios suele realizarse con equipos arrastrados o mediante servicios tercerizados.

El cierre de 2025 deja así una lectura clara para el sector. A nivel país, ACARA define el año como uno de recuperación que fue perdiendo impulso hacia el final, condicionado por la menor disponibilidad de crédito, la cautela financiera y la creciente presión competitiva de equipos importados y nuevas marcas. Para Misiones, el desafío de 2026 será transformar ese escenario de mayor estabilidad en más inversión efectiva en maquinaria adaptada a sus economías regionales, un factor clave para mejorar productividad, reducir costos y sostener la competitividad de un entramado productivo que depende cada vez más de tecnología y financiamiento accesible.

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Explosión de hectáreas y alerta roja: la yerba entra en zona de sobreoferta estructural

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El análisis de la evolución de las plantaciones de yerba mate en Misiones y Corrientes entre 2016 y 2025 muestra con una claridad difícil de discutir que el problema estructural del sector no es la falta de producción, sino exactamente lo contrario: un crecimiento demasiado rápido y demasiado concentrado de la superficie implantada, en un contexto donde el propio Estado fue perdiendo -y ahora renunciando formalmente- a las herramientas para ordenarlo. En ese período, el área total del país pasó de 165.326 a 231.352 hectáreas, lo que implica un aumento cercano al 40 por ciento en menos de una década. Ese proceso, lejos de ser gradual, se aceleró con fuerza a partir de 2021 y luego se frenó de manera abrupta en 2024 y 2025, cuando el crecimiento interanual cayó primero al 3,64 por ciento y luego al 0,48 por ciento. En términos económicos, esa secuencia es típica de un mercado que entra en saturación: primero se expande rápidamente y luego se detiene porque ya no puede absorber más oferta sin que los precios se deterioren.

Dentro de ese proceso, Misiones juega un papel absolutamente determinante. En 2016 concentraba 144.118 hectáreas de yerba mate y en 2025 alcanzó las 203.692, lo que significa un incremento de casi 60.000 hectáreas, es decir, un crecimiento del 41,3 por ciento. Medido como índice con base 2016, Misiones llega a 141,3, muy por encima de Corrientes. Esto confirma que la expansión del sistema yerbatero fue empujada casi por completo desde territorio misionero y que, en consecuencia, allí se genera también el grueso del excedente que hoy presiona a la baja los precios de la hoja verde, señala el estudio realizado por el diputado Cristian Castro.

Corrientes, en cambio, muestra una dinámica distinta. Pasó de 21.209 hectáreas en 2016 a 27.661 en 2025, un crecimiento del 30,4 por ciento, significativo pero claramente menor al de Misiones. Además, desde 2023 se observa una meseta e incluso una leve retracción en el último año. Esto sugiere una conducta productiva más conservadora o condicionada por límites agroecológicos y empresariales más claros, lo que refuerza la idea de que la sobreoferta que hoy atraviesa al sector no se origina allí, sino en Misiones.

La comparación directa entre ambas provincias vuelve aún más nítido este desequilibrio. A partir de 2022, Misiones empieza a crecer más rápido que Corrientes, ampliando la brecha relativa. En términos prácticos, esto significa que el núcleo del problema yerbatero está localizado en Misiones y que cualquier política de ordenamiento, sostenibilidad o regulación del mercado debería concentrarse allí, porque es en esa provincia donde se define el equilibrio global del sistema.

Pero este proceso de expansión acelerada ocurre, además, en un momento particularmente delicado desde el punto de vista institucional. El mercado yerbatero no solo se expandió sin planificación: también fue perdiendo, por decisión política, los instrumentos que permitían moderar, ordenar o amortiguar ese crecimiento. El Decreto 812/2025 del Gobierno Nacional prohibió expresamente al Instituto Nacional de la Yerba Mate intervenir en la oferta y la demanda, lo que implica, en los hechos, que ya no puede cupificar, regular volúmenes ni definir tiempos de cosecha con criterios de equilibrio de mercado.

Esa lógica de desregulación acaba de profundizarse con la Resolución 146/2025 del propio INYM, que abrogó y modificó una serie de normas históricas para alinearse con el nuevo marco de “libre iniciativa”. Entre los cambios más relevantes se eliminó la Resolución 37/2007, que impedía la cosecha y secanza durante el período de brotación, una herramienta clave para ordenar el flujo de materia prima y proteger los ciclos biológicos del cultivo. Desde ahora, según el propio organismo, el respeto por esos ciclos quedará librado a la “responsabilidad de cada operador”, es decir, al mercado y no a la regulación.

También se desmanteló buena parte del sistema sancionatorio. Se derogó la Resolución 15/2003, que tipificaba infracciones, y se eliminó la Resolución 103/2017, que permitía inhabilitar de manera inmediata a un operador que no tuviera en regla la documentación de movimientos de materia prima durante una inspección. A partir de ahora, incluso la falta de presentación de declaraciones juradas ya no genera una baja automática, sino que habilita un sistema de intimaciones previas. El propio directorio del INYM reconoció en los considerandos que esta es solo la primera etapa de una “depuración” normativa más amplia, destinada a remover todo aquello que pueda ser considerado una interferencia con la libertad de mercado.

En este contexto, la señal que emiten los datos de 2024 y 2025 es aún más preocupante. Cuando el crecimiento de la superficie cae por debajo del uno por ciento anual, como ocurrió en 2025, el sistema entra en una fase de saturación en la que cualquier nueva producción tiende a transformarse directamente en presión sobre los precios. Y eso ocurre ahora en un mercado que ya no tiene herramientas públicas para ordenar la cosecha, regular los volúmenes o administrar los tiempos de ingreso de hoja verde.

En definitiva, los números y las decisiones regulatorias convergen en un mismo punto: la crisis de la yerba mate no es un problema de falta de demanda ni de coyuntura climática, sino el resultado de una expansión desordenada de hectáreas -especialmente en Misiones- combinada con un proceso de desregulación que dejó al sector sin instrumentos de equilibrio. Sin cupos, sin control de nuevas plantaciones, sin regulación de la cosecha y con un sistema punitivo debilitado, la dinámica actual tiende a castigar al productor primario, favorecer la concentración aguas abajo y consolidar un excedente estructural que vuelve crónica la inestabilidad. En ese escenario, más hectáreas ya no significan más ingresos: significan más oferta sin control y un mercado cada vez más desigual.

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Maduro Gate

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Pasado el tiempo y ya en fría la situación, los acontecimientos ocurridos en Venezuela apenas arrancado el año 2026 van dejando cada vez más tela para cortar. Desde un líder “entregado” hasta el futuro de la partición del mundo por parte de los hegemones. Venezuela parece ser la punta de lanza para ver cómo se delinea el tablero geopolítico en los próximos años. 

La historia se repite 

La captura de Maduro y su traslado hasta Estados Unidos tuvo por objetivo, en principio, que sea juzgado por narcoterrorismo, mientras se encontraba ejerciendo el poder político y público desde el ejecutivo. Pasada la primera audiencia del ex dictador con los magistrados de Manhattan, salió a la luz algo revelador. Tan inesperado como “inocente”, pero absolutamente confirmado por las autoridades del Departamento de Justicia de EEUU: el Cartel de los Soles no existe. Esa organización ilícita dedicada a manejar el narcotráfico en Venezuela es ficticia. Aclararon que es una denominación nacida en la década de los 90’s por parte de los medios venezolanos para referirse a políticos que puedan verse envueltos en relaciones con el narcotráfico, pero como tal, no es un Cartel de droga como lo fue el de Medellín o Sinaloa, por mostrar algunos ejemplos.  

Esta situación no habilita a pensar que no existan lazos de Maduro con otros grupos narcos, tal como el Tren de Aragua, sin embargo, nos retrotrae a una historia que ya se vivió. Estados Unidos volvió a implantar una idea en el imaginario colectivo internacional para validar una invasión u ocupación. 

En el año 2003, Washington tomó la drástica decisión de atacar e invadir Irak, en ese momento gobernada por Saddam Hussein. El pretexto del Tío Sam fue que el líder iraquí era portador de armas biológicas y químicas, además de encontrarse reactivando programas de desarrollo nuclear. Pese a los informes de la ONU que daban cuenta de que esto no estaba sucediendo en Irak, post invasión, se corroboró esa hipótesis: Irak no tenía programa nuclear ni armas biológicas, fue un simple relato que ideó EEUU para atacar Irak. Lógicamente que esto tuvo otro aval que es comparable al de Maduro Gate. Hussein era un sangriento dictador quien eliminó todo tipo de oposición política, fomentando un culto a la personalidad extremo y manejando con mano de hierro a Irak desde 1979 hasta 2003. Comparable al caso venezolano por el manejo autoritario y la situación dictatorial. Esto tuvo un visto bueno internacional en 2003 y lo está teniendo en 2026. Nadie llora a un dictador como Saddam Hussein o Nicolás Maduro. Más allá de eso, hay otra comparación. 

Petróleo, divino oro negro que distingue los destinos económicos de las naciones que lo tienen (y de las que no). Con Irak, el control petrolero y de la zona pasa a manos de EEUU, derribando a un líder histórico de Israel y Arabia Saudita. En Venezuela todo indica que será algo parecido. Trump ya avisó que piensa quedarse un buen tiempo y manejar las reservas petroleras de Venezuela para poder “financiar” la reconstrucción del país. 

En el bello arte de la geopolítica estadounidense, democracia y petróleo van de la mano, y al que no le gusta, se jode.

Las nuevas Venezuelas 

El paradigmático caso de la detención de Maduro y todo el revuelo que causó en el país, incluyendo la muerte de al menos 100 personas en el bombardeo a Caracas, viene con otra situación bajo el brazo. La estancia, corta o larga, de Estados Unidos en Venezuela habilita a teorizar acerca de los intereses en diversas partes del mundo. 

Trump fue claro con el “América para los americanos”. Pese a que no se refiere al continente, sino a su país, es conciso al dar a entender que sus zonas de influencia no son algo negociable en la era de la post globalización. Así como Rusia se planta en Ucrania y China se relame por avanzar en Taiwán, Trump hace lo propio con el continente americano. 

Hay zonas del mundo que deben seguir con cuidado el avance de los acontecimientos para poder entender los cambios geopolíticos que se pueden dar en esta fortificada regionalización mundial. El primero de ellos es Groenlandia. Lo dijo en innumerables ocasiones, para EEUU es fundamental contar con el territorio groenlandés. Más allá de las tierras raras con las que cuenta, el punto principal para EEUU al detentar a Groenlandia es el manejo de la ruta marítima del noroeste. Rusia ya maneja el porvenir económico del norte y el este, a EEUU le queda como obligación manejar la ruta del noroeste. El tema con Groenlandia es un conflicto interno en la OTAN. Tanto EEUU como Dinamarca son aliados en dicha organización y ese conflicto puede resquebrajar la unión que prolifera desde la Segunda Guerra Mundial. 

El otro punto que nos toca de cerca es Malvinas. No es una locura pensar que el trumpismo expansionista con esta nueva Doctrina Monroe del siglo XXI pose sus ojos sobre las islas argentinas arrebatadas y ocupadas por Reino Unido. Malvinas es fundamental para la extensión atlántica de Argentina, generando mayores espacios para la pesca y la expedición científica. Además de ello, es el habilitante primario para la extensión territorial argentina hacia la Antártida. Esa es la razón por la cual Reino Unido se aferra a las Malvinas y es la razón por la cual Trump podría interesarse en las mismas. A eso le podríamos sumar a Tierra del Fuego. En términos de intereses comerciales internacionales, así como Trump podría detentar la ruta del comercio marítimo del norte de América con una hipotética Groenlandia estadounidense, podría manejar la ruta del sur con el Canal de Beagle bajo el control hipotético de Tierra del Fuego. Sin lugar a dudas, se vienen tiempos donde habrá que prestar atención a cada paso que se de.  

Paralelamente a ello, habilita a choques de intereses con China que ya existen en la región, por ende Sudamérica pasa a tener un protagonismo en la repartija territorial mundial como no lo tiene desde hace siglos. 

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El nuevo des-orden mundial y los refugios estratégicos

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El ataque de Donald Trump a Venezuela y la detención de su presidente, Nicolás Maduro marcaron el fin del orden mundial tal como se conocía. Emerge ahora uno nuevo, ni global ni multipolar. Ni dividido en dos como durante la Guerra Fría. En el nuevo orden impera la ley del más fuerte por sobre el derecho internacional. Y eso no es un buen augurio para Ucrania o para Taiwan, ni para ningún país del mundo. 

El estado de derecho se ha transformado en “el Estado soy yo”. Donald Trump es al mismo tiempo presidente, policía, militar y juez de sentencias. 

En una entrevista extraordinariamente franca con The New York Times, Donald Trump esboza una concepción del poder presidencial que roza el absolutismo. Como comandante en jefe, sostiene que su autoridad está limitada únicamente por “su propia moral” y “su propia mente”, desestimando al derecho internacional, los tratados y las normas multilaterales como restricciones reales. En su visión, la fuerza nacional -y no el andamiaje jurídico construido tras la Segunda Guerra Mundial- es lo que verdaderamente ordena el sistema internacional. Las reglas, alianzas y convenciones que durante décadas estructuraron la estabilidad global aparecen, en su cosmovisión, como cargas innecesarias para una superpotencia que debería actuar sin ataduras.

Ese mismo enfoque se proyecta sobre la geopolítica concreta. Trump reduce a la OTAN a una herramienta vacía sin Estados Unidos y admite que podría verse obligado a elegir entre preservar la alianza o apropiarse de Groenlandia, a la que considera estratégicamente indispensable, justo cuando sus pobladores están buscando la autodeterminación. Defiende la “propiedad” territorial como una condición psicológica y material del poder -superior a cualquier tratado o arriendo- y deja en claro que, para él, la soberanía de otros Estados es secundaria frente al papel de Estados Unidos como “protector de Occidente”. En contraste con presidentes anteriores, a quienes acusa de haber sido demasiado cautelosos, Trump reivindica el uso directo del poder estadounidense con fines políticos y económicos, incluso cuando eso implique redefinir -o ignorar- los límites del orden internacional vigente.

Cualquier parecido con la imagen de un dictador, es pura coincidencia. Obviamente Trump no se presenta como un dictador -Maduro tampoco-, sino como alguien que desprecia la idea misma de los límites. Niega que la ley, el derecho internacional o las alianzas sean fuentes externas de autoridad a las que deba someterse. Eso es en la práctica, un pensamiento tiránico, aunque todavía no sea una tiranía institucionalizada.

En términos de ciencia política, la visión que Trump expresa encaja con precisión en el concepto de cesarismo: una forma de liderazgo en la que el poder no se legitima por la ley ni por las instituciones, sino por la fuerza, el éxito y la capacidad de imponerse. El líder cesarista se sitúa por encima de los contrapesos formales, convierte al Estado en una herramienta personal y concibe la política -tanto interna como externa- no como un sistema de derechos y normas compartidas, sino como un campo de dominio, donde manda quien puede y no quien debe.

Julio César no abolió la República el primer día. Primero la vació de sentido.

Para desazón de los entusiastas del derrocamiento de Maduro y la acción de Estados Unidos, Trump ya no habla ni de democracia ni de salvar al país de una dictadura. Ni siquiera de narcotráfico. Estados Unidos admitió que el Cártel de los Soles, señalado por Trump como el enemigo que lideraba Maduro, no es una “organización criminal real”.  Expertos en delincuencia y narcóticos en Latinoamérica afirmaron que, esa denominación, se trata de “un término coloquial, inventado por los medios venezolanos en la década de 1990, para referirse a funcionarios corruptos por el dinero del narcotráfico“.

El eje es el petróleo. Negocios. Negocios para empresas de Estados Unidos. 

“Lo que hemos hecho es que hemos tomado el control de todo un país. Vamos a hacer que el país sea fuerte y bueno y, en última instancia, van a poder votar y poner a alguien que les guste. Hemos tomado petróleo por un valor de 4.000 millones de dólares en un solo día, y eso va a aumentar. Vamos a reconstruirlo. Todas las grandes compañías petroleras están entrando. Van a ganar mucho dinero y Venezuela va a recibir parte de ese dinero y nosotros vamos a recibir parte de ese dinero. Trajimos estabilidad a la región, con estabilidad y precios del petróleo mucho más bajos”, explicó Trump en otra entrevista. 

A diferencia de otros años -en noviembre se cumplieron 25 años del No al Alca-, el poder imperial no encuentra oposición. Javier Milei aplaudió el avance de Trump, Lula Da Silva ensayó una crítica de compromiso y el resto del continente miró para otro lado. El colombiano Gustavo Petro llamó dócilmente a Trump para calmar las amenazas del norte. En Europa y los organismos internacionales, las críticas no hirieron susceptibilidades. 

La crítica más mordaz provino de la ultraderechista francesa Marion Anne Perrine Le Pen, a quien nadie puede achacarle alguna simpatía por el chavismo residual: “Existían mil razones para condenar al régimen de Nicolás Maduro: comunista, oligárquico y autoritario, hacía pesar sobre su pueblo, desde hace demasiado tiempo, una losa que hundió a millones de venezolanos en la miseria -cuando no los obligó al exilio-. Pero existe una razón fundamental para oponerse al cambio de régimen que Estados Unidos acaba de provocar en Venezuela. La soberanía de los Estados nunca es negociable, cualquiera sea su tamaño, cualquiera sea su poder, cualquiera sea su continente. Es inviolable y sagrada. Renunciar hoy a ese principio para Venezuela, para cualquier Estado, equivaldría a aceptar mañana nuestra propia servidumbre. Sería, por lo tanto, un peligro mortal, en un siglo XXI que ya es escenario de grandes sacudidas geopolíticas y que hace pender sobre la humanidad el riesgo permanente de la guerra y del caos”, detalló. Servidumbre del siglo XXI. El nuevo des-orden mundial. 

Ese nuevo des-orden no necesita de alineamientos, sino sometimiento. Países como Argentina, urgidos de respaldos para sostener su economía, quedarán cada vez más expuestos. Los grandes jugarán su juego. El acuerdo Mercosur-UE, largamente buscado y a punto de ser firmado, ya no es garantía de crecimiento para los países de este continente, porque las condiciones las pone Europa y, en el caso de la Argentina, los costos de producción se han disparado en los últimos años, lo que hace difícil estimar potenciales beneficios. La yerba es uno de los productos que entrará sin arancel y se buscará potenciar la demanda de otros productos para sostener el ritmo exportador que cerró el 2025 en uno de sus mejores momentos. 

Pero aún con exportaciones en alza, la economía no encuentra sosiego. En la industria, once de los 16 principales sectores están en rojo contra noviembre de 2023. La industria textil es la más golpeada, con una caída del 38 por ciento, seguida por metales, caucho y la industria automotriz. 

De pasar a cobrar en dólares, a contar los pesos para llegar a fin de mes. El derrumbe económico coincide con una suba de precios que tuvo poco de moderación. La inflación seguirá en enero por encima del 2 por ciento y la de diciembre, que se conocerá en los próximos días, marca un porcentaje similar. Enero también marcará el debut del nuevo índice de precios al consumidor del Instituto Nacional de Estadística y Censos. El nuevo formato no llega para mejorar la comprensión de la inflación, sino para desnudarla. Al actualizar la canasta con la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/18, la inflación de la era Milei salta a 269%, frente al 259% que arroja el viejo patrón de consumo de 2004/2005. La diferencia no es técnica: es política. Durante más de veinte años se midió el costo de vida con una canasta que ya no existe, subestimando el peso real de los alquileres, los servicios y los bienes básicos en los hogares. El resultado es incómodo para el relato oficial: cuando la inflación se mide con los hábitos reales de la gente, el ajuste aparece todavía más brutal de lo que ya muestran las estadísticas.

Uno de los cambios clave será la ponderación que tienen viviendas y servicios en el IPC, que -hasta el momento- es de 9,44% a nivel nacional, y a partir de enero escalará a 14,5%. Este fue un gran debate durante 2024, cuando se redujeron fuertemente los subsidios económicos para los servicios públicos y el IPC no reflejaba lo que ocurría hacia dentro de los presupuestos familiares.

En ese escenario de contracción, las provincias se ven obligadas a redoblar esfuerzos para sostener las economías regionales, con suerte dispar. La vecina Corrientes, señalada siempre como el “ejemplo” por las oposiciones en Misiones, tiene a decenas de municipios en virtual cesación de pagos, mientras que la provincia atraviesa una crisis financiera y administrativa de magnitud estructural que ya no puede ser disimulada por discursos de equilibrio fiscal ni por la aprobación exprés de presupuestos inflados. 

El gobernador Juan Pablo Valdés asumió con una herencia fiscal crítica, producto de la gestión de su hermano Gustavo, padrino político del radicalismo misionero: el gasto provincial creció un 39% por encima de los ingresos, el déficit supera los 160.000 millones y la deuda proyectada para 2025 ronda los 184.905 millones, ubicando a Corrientes entre las provincias más comprometidas del país.

En contraste, Misiones cierra el año con nota alta. Moody’s Argentina ratificó la calificación crediticia de Misiones y confirmó su perfil como uno de los distritos subnacionales más sólidos del país en un contexto macroeconómico todavía frágil para la Argentina. La agencia afirmó tanto las calificaciones de emisor en moneda local como en moneda extranjera de largo plazo en BB+.ar, con perspectiva estable, lo que implica que no se esperan cambios significativos en los fundamentos financieros de la provincia en el corto y mediano plazo.

El informe de Moody’s destaca que el perfil crediticio de Misiones se construye sobre una combinación clave: márgenes operativos sólidos, bajo nivel de endeudamiento y una muy reducida exposición al riesgo cambiario. Misiones presenta una de las estructuras de deuda más prudentes del mapa subnacional argentino, con un peso acotado de pasivos en moneda extranjera, lo que la protege frente a saltos en el tipo de cambio, una de las principales fuentes de estrés fiscal en el país.

Este punto es central en momentos en que la Argentina atraviesa un proceso de reordenamiento macroeconómico con fuerte ajuste fiscal, inestabilidad monetaria y aún alta sensibilidad cambiaria, Moody’s subraya que Misiones no está expuesta a shocks cambiarios por su estructura de deuda, algo que pocas provincias pueden exhibir.

Ese orden económico se sustenta en el desendeudamiento de los últimos años y en una política fiscal que fortalece la autonomía y le permite a Misiones cumplir con sueldos y sostener lo que puede: programas productivos y de respaldo a la economía.

De todos modos, la oposición, carente de creatividad, repite las críticas hacia los pilares de esa fortaleza. Desde siempre el radicalismo, después el PRO y ahora Diego Hartfield, el ex tenista libertario, que repite los mismos conceptos sin decir cómo sostener servicios básicos sin recursos propios en momentos en los que la Nación se desentiende de todas sus responsabilidades. Salud, educación, seguridad y transporte, dependen exclusivamente de los recursos provinciales, mientras que el Gobierno de Milei sigue recaudando impuestos únicamente para cumplir con los vencimientos de una deuda que se hace cada vez más insostenible. Para Hartfield, Misiones sufre una fragilidad financiera, está “en default” y al mismo tiempo, debe suprimir sus herramientas fiscales. Contradicciones a la vista.

El ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, quien ya había salido al cruce de las posiciones exhibidas por la Confederación Económica de Misiones, en contra de las políticas fiscales, no eludió contestar la diatriba del ex tenista que comenta la realidad en las redes y desde la playa: el funcionario planteó que no existe ningún escenario de fragilidad financiera cuando una calificadora como Moody’s acaba de volver a certificar la solvencia de la provincia, con bajo riesgo fiscal y una trayectoria de más de dos décadas de manejo responsable de las cuentas públicas. 

En ese mismo sentido, explicó que Misiones consiguió financiamiento de la Corporación Andina de Fomento no para cubrir déficits corrientes -como sucedió en otras épocas y como hace la Nación para dibujar equilibrios contables-, sino para destrabar una obra eléctrica de alta tensión que la Nación dejó sin ejecutar y que es clave para sostener el crecimiento productivo de Misiones. Desde su óptica, el verdadero problema no está en la salud financiera provincial, sino en los recursos que el Estado nacional sigue adeudando a los misioneros -desde regalías energéticas hasta fondos previsionales y programas sectoriales-, y que requieren una defensa activa en el Congreso. Por eso, Safrán dejó en claro que, mientras los indicadores macro puedan mostrar cierta mejora, la prioridad es atender la realidad concreta de la economía local, el empleo y la actividad, una tarea que demanda menos ruido político y más trabajo coordinado en favor de la provincia. “Lo invito a trabajar en esa agenda compartida por el bien de la provincia”, señaló Safrán, aunque Hartfield ya dejó claro que es “diputado de Milei” y no necesariamente de la provincia de Misiones.

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