Día: 7 febrero, 2026

Carne y salarios: un trabajador de Estados Unidos puede comprar 35 kilos más de bife de chorizo que un argentino

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Un relevamiento de precios y salarios expuso la brecha de poder adquisitivo entre Argentina y Estados Unidos utilizando como referencia un corte emblemático: el bife de chorizo. Si bien el producto es nominalmente más barato en las góndolas locales, el salario norteamericano permite comprar un 36% más de carne que el sueldo argentino promedio. Al cruzar los datos de ingresos medios con los valores de venta al público en cadenas de supermercados de ambos países, la diferencia de acceso al consumo se hace evidente a favor del país del norte.

El “Índice Bife” en Estados Unidos

En el mercado estadounidense, el corte equivalente al bife de chorizo es el “New York Strip Steak”. Según los precios de lista actuales, una bandeja de calidad “Choice Angus” cotiza a u$s 17.97 la libra, lo que equivale a un precio final de u$s 39,62 por kilo.

  • Salario: Según la Administración del Seguro Social, el salario anual medio en EE.UU. es de u$s 62.192, lo que arroja un ingreso bruto mensual de unos u$s 5.182.
  • Poder de compra: Con ese ingreso, un trabajador estadounidense puede adquirir 130,7 kilos de bife de chorizo al mes.

La realidad en Argentina

En el plano local, el mismo corte en cadenas como Coto se comercializa a un precio regular de $18.799 el kilo.

  • Salario: De acuerdo al último relevamiento de la consultora CETA, el sueldo promedio bruto del sector privado se ubica en torno a $1.798.332, tras una mejora interanual del 44,34%.
  • Poder de compra: A pesar de la recuperación nominal, ese salario permite comprar 95,6 kilos de carne al mes.

Aunque Argentina es un país productor y el precio en mostrador es significativamente más bajo en dólares (dependiendo de la cotización que se tome), la relación ingresos/precios sigue siendo desfavorable para el trabajador local. La brecha indica que un asalariado medio en Estados Unidos puede llevar a su mesa unos 35 kilos más de carne premium por mes que su par argentino.

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Estados Unidos y Rusia ¿un segundo round nuclear?

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Hace apenas unos días venció uno de los tratados más relevantes para el control del armamento nuclear estratégico. En el nuevo orden mundial, su expiración no solo deja al descubierto la fragilidad de los mecanismos de contención existentes, sino que también abre la puerta a una nueva carrera armamentística sin controles internacionales efectivos. El fin del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, conocido como Nuevo START, no simboliza únicamente el desamparo frente al poderío nuclear, sino que expresa un síntoma de época: una vez más, el orden global parece quedar en manos de quienes concentran el poder.

Tratado viejo, mundo nuevo

El 5 de febrero llegó a su fin el último gran acuerdo nuclear vigente entre las dos principales potencias militares del planeta. No se trata de un dato menor: Estados Unidos y Rusia concentran cerca del 90 por ciento de las ojivas nucleares existentes en el mundo, una realidad que explica la centralidad del tratado ahora extinguido.

Lo que durante años mantuvo cierta moderación entre Moscú y Washington no fue únicamente la letra del acuerdo, sino también la voluntad política de sostener canales diplomáticos mínimos que transmitieran estabilidad al resto del mundo. Hoy, ni siquiera ese gesto subsiste.

El tratado establecía límites claros: un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas por cada parte, junto con un tope de 700 sistemas de lanzamiento activos, que incluían misiles balísticos intercontinentales, misiles balísticos lanzados desde submarinos y bombarderos pesados adaptados para portar armamento nuclear. A ello se sumaba un límite total de 800 lanzadores, considerando tanto los desplegados como los no desplegados. Estos mecanismos no eliminaban el riesgo nuclear, pero al menos lo encuadraban dentro de parámetros verificables.

Con la caducidad del acuerdo y la decisión de Estados Unidos de no renovarlo, pese a la solicitud formulada por Rusia el año anterior, el escenario queda reducido a dos opciones: una carrera armamentística sin límites o la negociación de un nuevo tratado.

Donald Trump dejó entrever la posibilidad de avanzar hacia un nuevo acuerdo “modernizado”, en sus propios términos. Su propuesta apunta a incorporar a China, una idea que el gobierno chino rechaza por ahora de manera categórica, argumentando que la cuestión debe ser resuelta entre quienes concentran la abrumadora mayoría del arsenal nuclear mundial: Estados Unidos y Rusia.

La intención de sumar a China responde a una lógica estratégica clara: mantener al principal competidor geopolítico bajo observación directa, al tiempo que se busca equilibrar el vínculo entre Washington, Moscú y Pekín. No es casual que China sea, además, el socio estratégico más relevante de Rusia en el escenario global.

El dato no es menor: desde hace más de medio siglo no existía un mundo sin un tratado nuclear vigente entre Estados Unidos y Rusia. La ausencia de reglas compartidas nos devuelve a un clima de tensiones y amenazas propias de los momentos más álgidos de la Guerra Fría, particularmente durante las décadas de 1950 y 1960. La historia muestra que fue precisamente una carrera armamentística descontrolada la que condujo a Europa a la llamada “paz armada”, cuyo desenlace fue la Primera Guerra Mundial. Si bien los contextos históricos no son idénticos, resulta difícil no advertir similitudes inquietantes.

Un mundo en guerra latente

Tal vez debamos empezar a acostumbrarnos a este nuevo escenario. Tanto la Primera como la Segunda Guerra Mundial estuvieron precedidas por períodos de alta conflictividad localizada, que desembocaron en un mundo formalmente diplomático, pero estructuralmente tensionado.

El retroceso de la globalización dejó como saldo una China consolidada como potencia económica, una Rusia que logró recomponerse tras la caída de la Unión Soviética y la caótica década de Boris Yeltsin, y un Estados Unidos que, bajo el liderazgo de Trump, retomó una visión más cerrada y regionalista, en línea con los principios históricos de la Doctrina Monroe.

Hoy no existen frentes bélicos claramente delimitados a escala global, pero sí conflictos que funcionan como laboratorios geopolíticos para las grandes potencias. La guerra en Ucrania y la permanente inestabilidad en Medio Oriente no pueden ser leídas como episodios aislados, sino como anticipos de escenarios futuros que podrían extenderse a regiones estratégicas como Taiwán o incluso las islas Malvinas.

La ausencia de un tratado nuclear efectivo entre Estados Unidos, Rusia y China no parece ser únicamente el resultado de una confrontación irreconciliable, sino también de un acuerdo tácito que permite a cada potencia expandir su capacidad militar según sus propios intereses y posibilidades. La historia demuestra que, cuando las grandes potencias consideran que las reglas ya no les resultan funcionales, no dudan en abandonarlas.

Una carrera armamentística sin límites profundiza la distancia entre Estados Unidos y Rusia respecto del resto de los países con capacidad nuclear, consolidando un dominio casi excluyente. El intento de incorporar a China a este esquema deja en evidencia la configuración de un orden mundial tripartito, donde el poder se reparte entre tres actores centrales.

En este contexto, la acumulación de armamento nuclear no apunta necesariamente al uso directo, sino a reforzar la disuasión como herramienta central. Corea del Norte lo ha demostrado durante décadas: exhibir capacidad nuclear, incluso mediante lanzamientos no armados, funciona como mecanismo de protección frente a presiones externas.

Tal vez el mundo se encamine hacia una diplomacia basada en la amenaza permanente, donde cada potencia busque consolidar su área de influencia: Estados Unidos en América, Rusia en Europa y China en Asia y el Indo Pacífico.

Mientras tanto, sociedades cada vez más absorbidas por la inteligencia artificial, las redes sociales y los avances tecnológicos que mejoran la vida cotidiana parecen adormecidas frente a estos movimientos estructurales. Quizás estemos atravesando una nueva “bella época”, sostenida sobre una paz aparente, mientras las grandes potencias se rearman silenciosamente.

La historia ofrece lecciones claras. Volver a estudiar las causas profundas de la Primera Guerra Mundial no es un ejercicio académico nostálgico, sino una necesidad urgente para evitar que los errores del pasado se repitan en el presente.

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Kabour, el eje del récord exportador de la yerba mate

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El año 2025 quedará registrado como el mejor de la historia para las exportaciones argentinas de yerba mate, tanto por volumen como por facturación. De acuerdo con el ranking oficial correspondiente al período enero–diciembre, el sector exportó 60.011.180 kilos, por un valor total de 116,34 millones de dólares, con un precio promedio de 1.938,64 dólares por tonelada, un salto que marca un quiebre respecto de la dinámica de los últimos años .

Dentro de ese desempeño excepcional, Grupo Kabour se consolidó como el gran protagonista indiscutido del comercio exterior yerbatero. Con su planta industrial ubicada en Andresito, la firma lideró el ranking con 19.995.803 kilos exportados, equivalentes al 33,32% del total. En términos prácticos, uno de cada tres kilos de yerba mate exportados por la Argentina salió al mundo bajo el paraguas de Kabour, confirmando su rol como el principal actor del negocio externo.

Sin embargo, el peso real de Kabour en el mercado internacional es todavía mayor al que reflejan los números por marca. Una porción significativa de las exportaciones de Establecimiento Las Marías y de Piporé tiene como destino Siria a través de Kabour, que actúa como comprador, concentrador y operador comercial en ese mercado clave. Es decir, parte del volumen que aparece estadísticamente distribuido entre distintas marcas termina, en los hechos, orbitando alrededor de Kabour, reforzando su condición de eje central del esquema exportador.

En segundo lugar se ubicó La Cachuera, con 17.281.988 kilos y una participación del 28,80%. La empresa misionera no solo sostuvo su volumen histórico, sino que capitalizó el crecimiento del mercado internacional y se afirmó como el segundo gran beneficiario del año récord.

El podio lo completó Productores de Yerba Mate de Santo Pipó – Piporé, con 8.317.039 kilos, que representaron el 13,86% del total. Su desempeño consolidó a la cooperativa como uno de los pilares estructurales del comercio exterior, aunque, como se señaló, parte de su producción terminó canalizándose comercialmente a través de Kabour en Siria.

En conjunto, estas tres firmas concentraron más del 76% de las exportaciones, dejando en evidencia que el año récord fue, sobre todo, un año récord para los grandes jugadores del sector, con fuerte capacidad logística, financiera y comercial.

📦 Yerba mate: claves del récord exportador 2025

  • 60.011 toneladas exportadas, el mayor volumen histórico.
  • USD 116,3 millones de facturación total.
  • Grupo Kabour: 19.996 toneladas y el 33,3% del total exportado.
  • Kabour concentra además parte del volumen de Las Marías y Piporé con destino a Siria.
  • Las tres principales firmas explican más del 76% de las exportaciones.
  • Precio promedio: USD 1.939 por tonelada, con fuertes diferencias según destino y estrategia comercial.

El récord de 2025 cobra aún más dimensión cuando se lo observa en perspectiva histórica. Entre 2019 y 2024, las exportaciones anuales de yerba mate se movieron en un rango relativamente estable: 39,8 millones de kilos en 2019, 42,9 millones en 2020, una caída a 35,5 millones en 2021, seguida por 40,3 millones en 2022, 39,7 millones en 2023 y un repunte a 44 millones en 2024. Sobre esa base, el salto de 2025 rompe claramente el techo histórico y marca un cambio estructural, consolidando al mercado externo como el principal motor del sector en un contexto de fuertes tensiones internas en la cadena yerbatera.

El segundo escalón: crecimiento con menor captura del negocio

Un segundo grupo de empresas también logró expandir sus exportaciones, aunque muy lejos de los volúmenes de los líderes. En este segmento se destacó Establecimiento Las Marías, con 5.145.638 kilos exportados (8,57% del total), consolidándose como el cuarto exportador del país y el principal jugador fuera del tridente líder.

Más atrás aparecen la Cooperativa Agrícola de la Colonia Liebig, con 1.174.480 kilos (1,96%); Establecimiento Santa Ana – CBSé, con 1.052.190 kilos (1,75%); y Cordeiro y Cía – Verdeflor, con 973.700 kilos (1,62%). Todas ellas lograron insertarse en el año récord, pero con una porción acotada del negocio.

Completan este grupo Grupo Kassab, Hreñuk y Caló, cada una con participaciones cercanas al 1%, confirmando que, aun en un año excepcional, la distribución del crecimiento fue marcadamente desigual.

Concentración, precios y un nuevo marco institucional

El ranking por valor revela además un dato clave: algunas empresas, como Liebig, Santa Ana o Hreñuk, exportaron menos volumen que los líderes, pero lograron precios unitarios sensiblemente superiores al promedio, lo que refuerza la idea de que el negocio externo no se define solo por cantidad, sino también por estrategia comercial y posicionamiento en mercados de mayor valor agregado.

En el extremo inferior del listado aparece una larga cola de exportadores marginales, con operaciones incluso por debajo de las 10 toneladas anuales, que completan el mapa exportador sin impacto significativo en el resultado global.

Todo este proceso se da en un marco institucional distinto al que rigió durante buena parte de las últimas dos décadas. Con el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) sin herramientas efectivas para ordenar la oferta, limitar volúmenes o incidir en los tiempos de cosecha y secanza, el mercado queda más expuesto a la lógica de precios y al poder de negociación de los actores con escala.

En ese contexto, el récord exportador funciona como una válvula de salida para la cadena, pero también tiende a profundizar la concentración: el crecimiento del comercio exterior aparece capturado, en su mayor parte, por los grandes jugadores —con Kabour como vértice central— mientras los eslabones primarios continúan atravesando un escenario frágil y volátil, con menor capacidad para apropiarse de los beneficios del boom exportador.

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Brasil vs Argentina: dos caminos opuestos para la inversión extranjera

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La economía sudamericana volvió a mostrar en 2025 una divergencia profunda entre sus dos principales países. Mientras Brasil registró la mayor entrada de inversión extranjera directa (IED) en más de una década y consolidó un ciclo de crecimiento con estabilidad, Argentina continuó atrapada en un escenario de alta incertidumbre macroeconómica, caída de la inversión y pérdida de confianza de los mercados.

Los números son elocuentes. Entre enero y noviembre de 2025, Brasil captó US$ 84.100 millones en inversión extranjera directa, el mayor volumen desde 2014 y un incremento interanual del 13,5%. Argentina, en cambio, no logró superar el umbral de los US$ 8.000 millones en todo el año, con un flujo mayormente explicado por reinversión de utilidades y proyectos puntuales, sin una tendencia sostenida.

El reposicionamiento brasileño

Desde el Palacio de Planalto, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva atribuye el salto inversor a un proceso de “reposicionamiento internacional” de Brasil. La estrategia combinó una agenda diplomática intensa, la reapertura de mercados, acuerdos comerciales y un mensaje consistente hacia los inversores globales: previsibilidad macroeconómica, respeto por los contratos y estabilidad institucional.

El país quedó, además, a un paso de igualar los máximos históricos de inversión alcanzados durante el gobierno de Dilma Rousseff, cuando los flujos de capital superaron los US$ 100.000 millones anuales. En noviembre de 2025, la IED alcanzó los US$ 9.800 millones, con un salto interanual del 72%, confirmando que no se trata de un fenómeno aislado sino de una tendencia estructural.

Sectores que explican el boom

De acuerdo con datos del Banco Central de Brasil y del Ministerio de Desarrollo, la inversión extranjera mostró una composición diversificada y alineada con la agenda productiva de largo plazo:

  • Energías renovables e hidrógeno verde: 34%
  • Agroindustria e infraestructura: 28%
  • Tecnología, centros de datos e inteligencia artificial: 18%
  • Petróleo y gas: 12%

Esta matriz no solo explica el volumen de capital ingresado, sino también su impacto en empleo, exportaciones y balanza de pagos. La masiva entrada de dólares permitió, además, sostener la estabilidad cambiaria en un contexto global de tasas altas y volatilidad financiera, con reservas internacionales que rondan los US$ 355.000 millones.

El mercado financiero como termómetro

La confianza inversora también se reflejó en el mercado de capitales. A comienzos de 2026, la Bolsa de San Pablo registró la mayor suba en una década, con un fuerte ingreso de capital extranjero. Bancos, exportadoras y empresas energéticas concentraron el interés, impulsadas por valuaciones aún atractivas y por la expectativa de una gradual baja de tasas.

Analistas destacan que Brasil ofrece hoy una combinación poco frecuente entre mercados emergentes: tasas de interés reales todavía elevadas, inflación controlada en torno al 4% anual y señales claras de que el ciclo monetario podría comenzar a relajarse. En ese marco, compañías como Itaú, BTG Pactual, Vale, Suzano, Eletrobras y Engie aparecen entre las preferidas de los inversores internacionales.

El contraste argentino

Del otro lado de la frontera, el escenario es radicalmente distinto. Argentina sigue mostrando inflación elevada, cambios en las reglas de medición de precios, controles cambiarios, restricciones para girar utilidades y un riesgo país que limita el acceso al financiamiento externo. El resultado es un mercado que, aun con activos baratos, permanece fuera del radar de los grandes fondos globales.

La bolsa argentina volvió a caer en dólares, los ADR que cotizan en Wall Street mostraron fuertes retrocesos y la inversión productiva continuó en mínimos históricos. A diferencia de Brasil, donde la entrada de capital es consecuencia de señales previas de estabilidad, en Argentina el capital financiero se mantiene defensivo y la inversión directa se concentra en nichos muy específicos.

Brasil vs Argentina: claves de la brecha inversora

📊 IED 2025
Brasil: US$ 84.100 millones (ene-nov)
Argentina: < US$ 8.000 millones (año)
💰 Inflación anual
Brasil: ~4%
Argentina: elevada (con cambios metodológicos en debate)
🏦 Reservas internacionales
Brasil: ~US$ 355.000 millones
Argentina: restricción externa y acceso limitado al crédito
📈 Mercado financiero
Brasil: subas de doble dígito y fuerte ingreso de capital extranjero
Argentina: caída del Merval en dólares y ADRs presionados
🏭 Empleo y actividad
Brasil: +1,7 millones de empleos en un año
Argentina: cierre de empresas y pérdida de poder adquisitivo
🔎 Lectura clave
Brasil ofrece previsibilidad, rentabilidad real positiva y estabilidad macro.
Argentina sigue fuera del radar por riesgo cambiario, regulatorio y de confianza.

Dos modelos, dos resultados

La comparación deja una conclusión clara para el inversor internacional: la diferencia entre Brasil y Argentina no pasa por el tamaño del mercado ni por la dotación de recursos naturales, sino por la previsibilidad. Brasil logró combinar crecimiento económico, creación de más de 1,7 millones de empleos en un año, inflación controlada y disciplina fiscal, con un déficit cercano al 0,4% del PBI. Argentina, en cambio, enfrenta un proceso de ajuste desordenado, caída del poder adquisitivo y una economía que todavía no ofrece certezas de mediano plazo.

En un contexto global donde el capital busca mercados líquidos, reglas claras y rentabilidades reales positivas, Brasil volvió a posicionarse como la puerta de entrada a Sudamérica. Argentina, mientras tanto, sigue pagando el costo de la incertidumbre y permanece, por ahora, al margen del nuevo ciclo de inversiones internacionales.

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Vialidad despliega tareas de mantenimiento de la RP 6

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En la Ruta Provincial N° 6, equipos de la Dirección Provincial de Vialidad (DPV) están ejecutando una serie de tareas de mantenimiento de la capa de rodamiento asfáltica. El plan de trabajo incorpora bacheo superficial y profundo en sectores del tramo entre Gobernador Roca y Campo Viera.

Las obras avanzan cerca de la intersección con la Ruta Provincial Nº 5, municipio de Colonia Alberdi, en el sector del mirador de las Sierras del Chapá, un atractivo turístico destacado por su riqueza natural, paisajística y de preservación de la biodiversidad.
En el marco del plan de trabajo se están ejecutando tareas de bacheo superficial y profundo y la repavimentación de sectores puntuales para restaurar las condiciones óptimas de circulación y dotar de seguridad a las áreas intervenidas.

El presidente de la DPV. Ingeniero Nicolás Mazal Bazán, inspeccionó los trabajos en el sector mencionado y explicó ante la consulta de la prensa que “es un esfuerzo enorme el que hace la provincia, es raro hoy en el país que se esté ejecutando asfaltado, nosotros estamos con una campaña intensiva de bacheo en nuestras rutas. En las rutas nacionales el deterioro es notable pero no tenemos actualmente convenios con Nación para poder intervenirlas. La Provincia está gestionando créditos internacionales a tasa baja por su buena administración, eso nos permitirá intervenir con obras de mayor magnitud en nuestra red vial e incluso en las rutas nacionales, previa autorización. Siempre trabajamos pensando en el beneficio de la seguridad vial para los misioneros”.

Las tareas en la RP 6 se planificaron para aportar mejores condiciones de rodamiento a esa importante vía que utilizan a diario vehículos de carga y pasajeros para conectar la Ruta Nacional N° 12 y la Ruta Provincial N° 5, como así también la Ruta Nacional N° 14. El incremento de la circulación por las vacaciones de verano y la próxima realización de la Fiesta Nacional del Té fueron tenidos en cuenta como factores decisivos al establecerse las obras como prioritarias en la mencionada vía provincial.

Con estas acciones, el Gobierno de Misiones invierte en mejorar la seguridad del flujo del tránsito vehicular entra los municipios y aporta infraestructura, entre otras ventajas, para la industria del turismo y los eventos y celebraciones populares en una temporada de alto movimiento de personas.

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