Día: 21 febrero, 2026

Neumáticos: el cierre de Fate expone la tensión entre desinflación y producción

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El cierre de Fate, la única fabricante de neumáticos de capitales nacionales, se transformó en un caso testigo del actual esquema macroeconómico. La estrategia oficial, centrada en acelerar la desinflación a través de la apertura comercial y la apreciación cambiaria, logró una fuerte corrección de precios relativos, pero también profundizó la presión sobre la producción local y dejó al descubierto la fragilidad de un sector clave para la cadena automotriz.

Desde comienzos de año, el Gobierno redujo de manera progresiva los aranceles a la importación de neumáticos, que pasaron del 35% al 16% a partir de septiembre de 2025, acercándose a los niveles vigentes en otros países de la región. A esto se sumó la eliminación del Certificado de Homologación de Autopartes para productos importados con certificaciones internacionales, junto con la eliminación del sistema SIRA, la normalización de pagos al exterior, la quita del Impuesto PAIS, la flexibilización de importaciones vía courier y una marcada apreciación cambiaria. Entre el pico posterior a la devaluación de diciembre de 2023 y abril previo a la flexibilización del cepo, el tipo de cambio multilateral cayó 51%, ubicándose en mínimos comparables a los de fines de 2015.

El efecto fue inmediato. En 2025 las importaciones de neumáticos crecieron 44,8%, con varios meses exhibiendo aumentos interanuales superiores al 100%. En términos reales, alcanzaron su mayor nivel desde 2013. Si se normaliza el dato por la cantidad de vehículos producidos localmente, el resultado es todavía más elocuente: se importaron 654 dólares en neumáticos por cada vehículo fabricado, el valor más alto de toda la serie histórica. Paralelamente, también se aceleraron las importaciones de autos terminados, que crecieron 55,4% en 2024 y 97,6% en 2025; en diciembre, el 78,2% de los patentamientos correspondió a unidades importadas.

La contracara de este proceso fue la baja de precios. Según el índice de precios mayoristas de cubiertas de caucho, los valores relativos cayeron 30% respecto al resto de los precios mayoristas desde noviembre de 2023. Mientras la inflación mayorista acumulada fue de 230,2%, la de cubiertas ascendió a 131%. Medidos en dólares mayoristas, los neumáticos bajaron 43,6% desde noviembre de 2023. Para el consumidor y para la industria automotriz, esto implicó menores costos de reposición y producción, corrigiendo un desfasaje que se había acumulado entre 2018 y 2022, cuando el precio relativo de las cubiertas se había disparado 120% frente al promedio de la economía.

Sin embargo, el impacto productivo fue contundente. Entre los 68 sectores que componen el Índice de Producción Industrial del INDEC, el rubro neumáticos fue el que más cayó en 2025 respecto de 2023, con una contracción de 47,8%. El nivel de producción quedó 48,1% por debajo del promedio 2016-2024 (excluyendo 2020) y, llamativamente, incluso 20,7% por debajo del nivel registrado en plena pandemia. La utilización de la capacidad instalada en la división “caucho y plástico” se ubicó en 33,4% en diciembre, prácticamente el peor registro histórico: siete de cada diez máquinas estaban paradas.

En ese contexto, el cierre de Fate no resulta sorpresivo, aunque tampoco puede atribuirse exclusivamente al escenario macroeconómico reciente. La empresa arrastraba problemas estructurales de competitividad: baja productividad, ausentismo, elevada conflictividad gremial —con un conflicto prolongado con el SUTNA en 2022—, presión impositiva y deficiencias logísticas. No obstante, el nuevo entorno comercial aceleró una situación que ya era delicada. En paralelo, Bridgestone solicitó un procedimiento preventivo de crisis en 2024 y anunció despidos en 2025, mientras Pirelli continúa operando en un mercado cada vez más desafiante.

La apertura arancelaria modificó además la composición del mercado importador. Si en 2023 Brasil explicaba el 52,8% de las compras externas y China el 25,7%, en 2025 la dinámica se invirtió: China pasó a representar el 42,6% del total importado y Brasil descendió al 37,5%. A nivel global, China concentra el 22,6% del mercado mundial de neumáticos y en la última década incrementó sus exportaciones 74,5%, con fuerte expansión hacia América Latina. Frente a ese avance, Estados Unidos, la Unión Europea, México y Brasil aplican medidas antidumping y derechos compensatorios para contrarrestar prácticas de competencia desleal y subsidios estatales. En Argentina, en cambio, no existen actualmente medidas de ese tipo para neumáticos, con excepción de los destinados a bicicletas.

El caso estadounidense resulta ilustrativo: en 2015 impuso derechos antidumping de hasta 87,99% y compensatorios de hasta 116,33% a fabricantes chinos. Luego, en el marco de la guerra comercial iniciada en 2018, elevó aranceles adicionales bajo la Sección 301. La Unión Europea y México siguieron caminos similares. Es decir, incluso economías con alta productividad industrial optaron por combinar apertura con instrumentos de defensa comercial.

El cierre de Fate deja, así, una discusión de fondo. La baja de precios y el avance en la desinflación son objetivos centrales en un contexto de inestabilidad prolongada. Pero la pérdida de empleo calificado y de capacidades industriales plantea interrogantes sobre la sostenibilidad productiva de mediano plazo. El desafío no es solamente cuánto abrir la economía, sino cómo hacerlo en un escenario internacional donde las principales potencias equilibran competencia externa con protección estratégica. El caso neumáticos vuelve a poner sobre la mesa esa tensión estructural entre estabilidad macroeconómica y desarrollo industrial.

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Imagen positiva: Bukele lidera el ranking regional y Milei cae al octavo puesto en América Latina

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El último ranking de presidentes de América Latina correspondiente a febrero de 2026 muestra un escenario regional marcado por fuertes contrastes en la opinión pública. El informe elaborado por CB Global Data ubica al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, como el mandatario con mejor imagen de la región, mientras que el argentino Javier Milei aparece en el octavo lugar, con un diferencial negativo entre aprobación y rechazo.

Según el estudio “Ranking Presidentes de Latinoamérica – Febrero 2026”, Bukele encabeza la medición con un 72,6% de imagen positiva frente a un 24,8% de negativa, consolidando una ventaja amplia respecto del resto de los mandatarios evaluados. En segundo lugar se ubica la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, con 68,5% de aprobación y 29,9% de rechazo, mientras que el tercer puesto corresponde a Daniel Ortega, de Nicaragua, con 62,1% de imagen positiva y 35,1% negativa.

El relevamiento muestra que solo tres presidentes superan el umbral del 60% de aprobación, lo que evidencia un escenario regional mayormente atravesado por la polarización. En el cuarto y quinto lugar aparecen Luis Abinader, de República Dominicana, con 54,8%, y Rodrigo Chaves, de Costa Rica, con 53,2%. Sexto se posiciona Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, con 49,2% de imagen positiva y 47,5% negativa.

En ese contexto, Javier Milei se ubica octavo en el ranking regional, con 46,8% de imagen positiva y 51,7% de imagen negativa. El dato refleja un saldo adverso de casi cinco puntos porcentuales y lo coloca en la zona media de la tabla, aunque con mayor rechazo que aprobación. El resultado se da en un marco de ajuste económico, reformas estructurales y tensión social, factores que impactan directamente en la percepción pública.

Por debajo del mandatario argentino se encuentran presidentes como Gabriel Boric (Chile), Santiago Peña (Paraguay) y Yamandú Orsi (Uruguay), entre otros. En el extremo inferior del ranking aparece Delcy Rodríguez, de Venezuela, con apenas 23,7% de imagen positiva y 72,7% negativa, el registro más bajo de la región. También presentan bajos niveles de aprobación José Raúl Mulino (Panamá) con 31,6% y José Jerí (Perú) con 32,8%.

La encuesta fue realizada entre el 10 y el 15 de febrero de 2026 en 18 países de América Latina, sobre una muestra total de 22.487 casos, con un margen de error promedio por país que oscila entre ±1,9% y ±2,2% y un nivel de confianza del 95%. El estudio se aplicó a población mayor de 18 años mediante metodología online con estratificación por género, nivel socioeconómico, edad y geolocalización.

El panorama regional que surge del informe confirma una tendencia de liderazgos fuertes en algunos países y escenarios de desgaste en otros, con la mayoría de los presidentes moviéndose en márgenes estrechos y con altos niveles de rechazo. Argentina, en ese mapa, aparece en una posición intermedia, pero con saldo negativo, en una región donde la aprobación sostenida es hoy la excepción y no la regla.

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Criptofinanzas: de la especulación al uso cotidiano en 10 años en Argentina

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Durante años, hablar de criptomonedas en Argentina fue sinónimo de volatilidad, riesgo y especulación. Bitcoin concentraba casi toda la atención y su uso estaba asociado a perfiles técnicos, inversores tempranos o usuarios dispuestos a convivir con fuertes subas y bajas de precio. Sin embargo, esa lógica comenzó a cambiar a medida que la cripto dejó de ser un experimento financiero y empezó a resolver problemas concretos.

Hoy, cada vez más argentinos usan criptomonedas no para “apostar”, sino para cobrar honorarios del exterior, proteger el valor de sus ingresos y administrar su dinero.

Del bitcoin como apuesta a las stablecoins como herramienta

Según datos de Bitwage, plataforma líder en gestión de pagos en criptomonedas de honorarios para profesionales que exportan servicios, la evolución del usuario argentino es clara. En 2015, el 100% de quienes cobraban a través de la plataforma elegían bitcoin como moneda. Cinco años más tarde, en 2020, ese dominio empezó a diluirse: bitcoin representaba el 49% de las elecciones, mientras que las stablecoins ya alcanzaban cerca del 30%.

En 2025, el escenario es completamente distinto. Bitcoin representa solo el 5% de las preferencias, mientras que las stablecoins concentran el 82% -la gran mayoría de los cobros-. El ranking actual muestra una fuerte diversificación: USDT sobre la red TRON lidera con el 27%, seguido por USDC (21%), USDC en Stellar (17%), USDT en Ethereum (12%) y DAI (5%). El resto se reparte entre dólares tradicionales y otras monedas.

“El dato más interesante no es solo la caída de bitcoin, sino el aprendizaje que hubo detrás. El usuario argentino prefiere la estabilidad sobre la volatilidad, pero sobre todo prioriza la previsibilidad. Además, por su propia historia económica, busca no sólo resguardar valor en dólares, sino también mantener autonomía y privacidad en la gestión de sus ingresos”, explica Fabiano Dias, international business developer de Bitwage“Las stablecoins se consolidaron como una herramienta financiera, no como un activo de especulación”, agrega.

Un usuario más educado y estrategias más sofisticadas

Este cambio no implica una salida del ecosistema cripto, sino todo lo contrario. La adopción de stablecoins muestra un usuario más informado, que aprendió a diversificar riesgos, a elegir redes más eficientes y a usar productos financieros digitales de manera estratégica.

“También cambió la forma de invertir. Antes muchos elegían bitcoin para especular con el precio; hoy vemos que una parte creciente de los usuarios utiliza stablecoins para generar rendimiento a través de herramientas como el staking u otros productos financieros cripto”, señala Guillermo Escuderodirector de Argentina de Notbank by Cryptomkarket. “Eso habla de un mercado más maduro y de decisiones menos impulsivas”.

Una dolarización digital y discreta

El avance de las stablecoins puede leerse, además, como una forma de dolarización digital silenciosa. Miles de argentinos optan por monedas digitales atadas al dólar como refugio de valor, muchas veces gestionadas desde billeteras digitales que permiten mayor autonomía financiera.

En un país con una larga tradición de ahorro fuera del sistema formal, las stablecoins aparecen como una versión tecnológica y descentralizada del dólar bajo el colchón, adaptada a la economía digital y al trabajo remoto.

A nivel global, este fenómeno no es exclusivo de Argentina. Un informe del FMI destaca que el crecimiento de las stablecoins ha sido notable, pero que hay que equilibrar sus beneficios potenciales (como eficiencia en pagos transfronterizos) con riesgos relacionados con sustitución de moneda y gobernanza.

Menos épica, más utilidad

A diez años de sus primeros pasos, el mercado cripto argentino muestra un cambio profundo: menos promesas de ganancias rápidas y más soluciones concretas para la economía cotidiana. La conversación ya no gira solo en torno al precio del bitcoin, sino en cómo usar el dinero digital de forma eficiente.

Hace 10 años las wallets cripto en Argentina eran una rareza, casi un experimento, centradas en entusiastas tecnológicos y en minería. Hoy, la situación es radicalmente distinta: según datos de Coinbase, alrededor de 5 millones de argentinos usan criptomonedas diariamente, un reflejo de la adopción creciente de activos digitales en el país.

Así la cripto dejó de ser un territorio exclusivo para expertos y se transformó en una herramienta accesible para personas comunes. Un proceso de aprendizaje que, lejos de haber terminado, sigue redefiniendo la relación de los argentinos con el dinero.

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La piedra y el algoritmo: nada humano es absoluto

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Hay momentos en que el mundo parece demasiado grande. Los mercados se mueven a velocidades que no controlamos, la tecnología redefine reglas en tiempo real, y se habla de “nuevo orden” como si fuera un destino escrito en mármol.

Todo parece macro. Todo parece inevitable.

En ese clima vuelve una escena antigua: David frente a Goliat.

Pero la historia no es un elogio de la fuerza. Es un elogio de la precisión.

Hoy el gigante no lleva lanza. Lleva algoritmos. Lleva datos, plataformas, mercados globales. No necesita gritar; optimiza. No impone por volumen, sino por estructura.

Y frente a eso, uno puede sentirse pequeño.

Pequeña como persona.
Pequeña como territorio.

Misiones es una de las provincias más pequeñas de Argentina. Y, sin embargo, tiene el 92% de su perímetro en frontera. Vive literalmente expuesta al mundo. Lo que en otros lugares es discurso, aquí es experiencia cotidiana. Flujos, tensiones, intercambios, diferencias cambiarias, presiones económicas. Vivir en frontera es vivir en contacto permanente con lo externo.

Desde esa perspectiva, la pregunta es inevitable: ¿qué es la piedra?

La piedra es elegir identidad cuando todo empuja a diluirse.

La piedra es la agricultura familiar que decide sostener producción diversificada en lugar de depender de un solo cultivo. Es la chacra que multiplica alimentos y saberes. Es la feria franca que acorta distancias entre productor y consumidor.

La piedra es comprender que en un mundo de cadenas globales frágiles, producir cerca no es romanticismo: es estrategia. La soberanía alimentaria no es un concepto abstracto. Es una respuesta concreta a la incertidumbre.

La piedra es comunidad organizada. Es red territorial. Es mujeres rurales liderando procesos. Es agregar valor en origen en lugar de exportar solo materia prima.

En una provincia pequeña y fronteriza, eso no es menor. Es una forma de equilibrio. Es una forma de no quedar a merced de vaivenes externos.

El algoritmo organiza el mundo en datos.
La piedra organiza el mundo en vínculos.

El algoritmo responde a escala.
La piedra responde a territorio.

Nada humano es absoluto. Tampoco los gigantes económicos, tecnológicos o políticos que hoy parecen intocables. La historia está llena de estructuras que parecían eternas… hasta que dejaron de serlo.

Misiones, pequeña en mapa, enorme en biodiversidad, en cultura, en resiliencia, demuestra algo interesante: la escala no define la influencia. Lo que define es la coherencia estratégica.

David no intentó convertirse en Goliat. No compitió en tamaño. Eligió precisión.

Tal vez esa sea la enseñanza para este tiempo. No negar la magnitud de los cambios. No minimizar la complejidad del algoritmo. Pero tampoco asumir que todo está decidido.

Porque no todo gigante es invulnerable.

Y ninguna realidad humana es absoluta.

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El mayor reto de la comunicación no es la tecnología: es el talento

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La comunicación estratégica no está fallando por falta de ideas ni por ausencia de tecnología. Está fallando cuando las organizaciones intentan interpretar un entorno radicalmente nuevo sin haber desarrollado las habilidades humanas necesarias para hacerlo. En 2026, el verdadero cuello de botella no está en las plataformas ni en los mensajes, sino en las personas que deben leer la cultura, procesar datos y tomar decisiones en tiempo real. Las empresas no adquieren esas capacidades por decreto: las adquieren cuando invierten de forma consistente en el desarrollo de su talento.

“El mayor error hoy es creer que la comunicación falla por falta de ideas, cuando en realidad falla por falta de habilidades actualizadas. Equipos que no aprenden al ritmo de la cultura y la tecnología quedan rápidamente fuera de la conversación, aunque tengan talento y experiencia”, explica Carla Mucharraz, directora de Talento Humano de another para México, América Latina y Estados Unidos.

Durante años, el desarrollo profesional se estructuró alrededor de roles fijos y trayectorias predecibles. La especialización profunda funcionaba en contextos estables, pero empieza a mostrar límites en un entorno donde la inteligencia artificial, los datos y las dinámicas culturales evolucionan de manera simultánea. Hoy, quienes trabajan en comunicación necesitan combinar criterio cultural, comprensión tecnológica y capacidad analítica, habilidades que no se improvisan y que requieren aprendizaje continuo.

Este cambio tiene respaldo estructural. El informe Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial señala que una proporción significativa de las habilidades laborales actuales se transformará en los próximos años, impulsada por la adopción acelerada de tecnologías como la inteligencia artificial. La empleabilidad y la vigencia profesional ya no dependen únicamente del rol que se ocupa, sino de la capacidad de las personas para actualizar y ampliar sus habilidades a lo largo del tiempo, algo que solo es posible cuando las organizaciones crean las condiciones para hacerlo.

Bajo este panorama, los modelos de talento basados en actualización de habilidades y reconversión profesional dejan de ser iniciativas de capacitación para convertirse en decisiones estratégicas. No se trata únicamente de formar perfiles más técnicos, sino de habilitar a las personas para moverse entre disciplinas, aprender nuevas herramientas y adaptarse a escenarios cambiantes. Como plantea el estudio We are all techies now: Digital skill building for the future, la alfabetización digital y la capacidad de aprender de forma continua se han vuelto transversales, incluso en funciones que históricamente no eran consideradas tecnológicas.

La presión no viene solo desde dentro de las organizaciones. En 2026, las audiencias son más exigentes, menos pacientes y más conscientes del valor de su tiempo. De acuerdo con los análisis de Google sobre tendencias digitales, la inteligencia artificial está transformando la forma en que las personas buscan, exploran y toman decisiones, priorizando experiencias claras, útiles y fáciles de comprender. Para los equipos de comunicación, esto implica traducir complejidad en soluciones relevantes, una tarea que exige habilidades humanas bien desarrolladas, no solo herramientas avanzadas.

Aquí es donde Talento Humano adquiere un rol decisivo. Las empresas pueden invertir en tecnología, procesos o estructuras, pero es el desarrollo de las personas lo que convierte esa inversión en valor estratégico. Equipos con habilidades actualizadas permiten anticipar escenarios, leer señales culturales con mayor precisión y tomar decisiones con más velocidad y claridad. En la práctica, fortalecer al talento humano se refleja en una comunicación más oportuna, menos reactiva y con menor margen de error en un contexto marcado por la aceleración tecnológica, la fragmentación de audiencias y la presión constante por responder en tiempo real.

“Las organizaciones que entienden la actualización de habilidades y la reconversión profesional como una inversión sostenida en sus personas logran algo más que eficiencia: construyen equipos capaces de adelantarse, no solo de contener. Cuando el talento humano crece, la comunicación deja de ser reactiva y se vuelve verdaderamente estratégica”, concluye la experta de another, agencia independiente con importante presencia en América Latina.

En 2026, no desarrollar habilidades tiene consecuencias claras: profesionales desactualizados, equipos que reaccionan tarde y decisiones estratégicas tomadas sin contexto suficiente. La pregunta de fondo ya no es si una organización está invirtiendo en tecnología o procesos, sino si está invirtiendo lo suficiente en las personas que deben convertir esa inversión en valor real.

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