Día: 21 febrero, 2026

El mayor reto de la comunicación no es la tecnología: es el talento

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La comunicación estratégica no está fallando por falta de ideas ni por ausencia de tecnología. Está fallando cuando las organizaciones intentan interpretar un entorno radicalmente nuevo sin haber desarrollado las habilidades humanas necesarias para hacerlo. En 2026, el verdadero cuello de botella no está en las plataformas ni en los mensajes, sino en las personas que deben leer la cultura, procesar datos y tomar decisiones en tiempo real. Las empresas no adquieren esas capacidades por decreto: las adquieren cuando invierten de forma consistente en el desarrollo de su talento.

“El mayor error hoy es creer que la comunicación falla por falta de ideas, cuando en realidad falla por falta de habilidades actualizadas. Equipos que no aprenden al ritmo de la cultura y la tecnología quedan rápidamente fuera de la conversación, aunque tengan talento y experiencia”, explica Carla Mucharraz, directora de Talento Humano de another para México, América Latina y Estados Unidos.

Durante años, el desarrollo profesional se estructuró alrededor de roles fijos y trayectorias predecibles. La especialización profunda funcionaba en contextos estables, pero empieza a mostrar límites en un entorno donde la inteligencia artificial, los datos y las dinámicas culturales evolucionan de manera simultánea. Hoy, quienes trabajan en comunicación necesitan combinar criterio cultural, comprensión tecnológica y capacidad analítica, habilidades que no se improvisan y que requieren aprendizaje continuo.

Este cambio tiene respaldo estructural. El informe Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial señala que una proporción significativa de las habilidades laborales actuales se transformará en los próximos años, impulsada por la adopción acelerada de tecnologías como la inteligencia artificial. La empleabilidad y la vigencia profesional ya no dependen únicamente del rol que se ocupa, sino de la capacidad de las personas para actualizar y ampliar sus habilidades a lo largo del tiempo, algo que solo es posible cuando las organizaciones crean las condiciones para hacerlo.

Bajo este panorama, los modelos de talento basados en actualización de habilidades y reconversión profesional dejan de ser iniciativas de capacitación para convertirse en decisiones estratégicas. No se trata únicamente de formar perfiles más técnicos, sino de habilitar a las personas para moverse entre disciplinas, aprender nuevas herramientas y adaptarse a escenarios cambiantes. Como plantea el estudio We are all techies now: Digital skill building for the future, la alfabetización digital y la capacidad de aprender de forma continua se han vuelto transversales, incluso en funciones que históricamente no eran consideradas tecnológicas.

La presión no viene solo desde dentro de las organizaciones. En 2026, las audiencias son más exigentes, menos pacientes y más conscientes del valor de su tiempo. De acuerdo con los análisis de Google sobre tendencias digitales, la inteligencia artificial está transformando la forma en que las personas buscan, exploran y toman decisiones, priorizando experiencias claras, útiles y fáciles de comprender. Para los equipos de comunicación, esto implica traducir complejidad en soluciones relevantes, una tarea que exige habilidades humanas bien desarrolladas, no solo herramientas avanzadas.

Aquí es donde Talento Humano adquiere un rol decisivo. Las empresas pueden invertir en tecnología, procesos o estructuras, pero es el desarrollo de las personas lo que convierte esa inversión en valor estratégico. Equipos con habilidades actualizadas permiten anticipar escenarios, leer señales culturales con mayor precisión y tomar decisiones con más velocidad y claridad. En la práctica, fortalecer al talento humano se refleja en una comunicación más oportuna, menos reactiva y con menor margen de error en un contexto marcado por la aceleración tecnológica, la fragmentación de audiencias y la presión constante por responder en tiempo real.

“Las organizaciones que entienden la actualización de habilidades y la reconversión profesional como una inversión sostenida en sus personas logran algo más que eficiencia: construyen equipos capaces de adelantarse, no solo de contener. Cuando el talento humano crece, la comunicación deja de ser reactiva y se vuelve verdaderamente estratégica”, concluye la experta de another, agencia independiente con importante presencia en América Latina.

En 2026, no desarrollar habilidades tiene consecuencias claras: profesionales desactualizados, equipos que reaccionan tarde y decisiones estratégicas tomadas sin contexto suficiente. La pregunta de fondo ya no es si una organización está invirtiendo en tecnología o procesos, sino si está invirtiendo lo suficiente en las personas que deben convertir esa inversión en valor real.

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Definen ubicación para el proyecto que busca construir una cuarta planta de celulosa en Uruguay

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Un grupo inversor encabezado por Ignacio Genta, titular de la firma Amberplan, avanza en Uruguay con un proyecto para construir una nueva planta de celulosa que se convertiría en la cuarta del país y que tendrá como uno de sus principales destinos de exportación a la Argentina.

La iniciativa prevé producir unas 144 mil toneladas anuales de papel tisú —insumo clave para papel higiénico, rollos de cocina y servilletas— y demandaría una inversión estimada en 800 millones de dólares, según publicó la revista Forbes Uruguay. El proyecto podría generar cerca de 700 empleos directos durante la etapa de operación.

En diálogo con el medio uruguayo El Observador, Genta señaló que la ubicación se definirá en los próximos meses, aunque adelantó que estaría en la zona centro del país. La elección responde a tres factores estratégicos: disponibilidad de materia prima forestal, acceso al agua y cercanía con Argentina, mercado al que se destinaría una parte relevante de la producción. “Es comercialmente estratégica”, sostuvo el empresario en referencia a la proximidad geográfica.

A diferencia de las actuales plantas instaladas en Uruguay —como las de UPM en Río Negro y Durazno o Montes del Plata en Colonia— que exportan la celulosa como materia prima, el nuevo emprendimiento apunta a procesarla en estado líquido y transformarla directamente en papel tisú dentro del mismo complejo industrial, agregando valor en origen.

Amberplan ya produce papel tisú en su fábrica de Montevideo y trabaja actualmente en el armado del financiamiento internacional. El grupo mantuvo contactos con autoridades del Ministerio de Economía y Finanzas, el Ministerio de Industria, Energía y Minería y distintas intendencias, y evalúa instalarse bajo el régimen de zona franca o como proyecto de interés nacional.

Debate forestal y nuevos proyectos en Uruguay

El anuncio reaviva el debate sobre la expansión del área forestada en Uruguay. La presidenta de la Sociedad de Productores Forestales, Lucía Basso, advirtió semanas atrás que una cuarta planta es viable, aunque sería necesario ampliar la superficie forestal, que actualmente se encuentra “justa” ante otros negocios en marcha. La entidad plantea alcanzar más de 1,5 millones de hectáreas en los próximos cinco años, en un contexto donde la expansión del sector enfrenta resistencias políticas.

En paralelo, el sector forestal uruguayo muestra fuerte dinamismo. La empresa neozelandesa Claymark obtuvo la promoción de una inversión superior a 100 millones de dólares para desarrollar un proyecto forestal. También avanzan iniciativas de Braspine en Rivera, Urufor con una segunda línea de producción y Lumin con una nueva planta en Melo.

Además, en 2024 el grupo japonés Oji Holdings Corporation adquirió unas 41.000 hectáreas forestales en Uruguay por casi 300 millones de dólares. Por su parte, UPM solicitó aumentar en 200 mil toneladas la capacidad de su planta en Fray Bentos, lo que elevaría su producción anual de 1,3 a 1,5 millones de toneladas.

Impacto para Argentina

Para Argentina, el proyecto representa un dato relevante en términos comerciales e industriales. La eventual instalación de una planta con fuerte orientación exportadora hacia el mercado argentino podría incidir en la dinámica del sector papelero local, especialmente en el segmento de papel tisú, en un contexto donde la competitividad industrial y el debate sobre costos estructurales siguen en el centro de la agenda.

La definición sobre la ubicación y el financiamiento se espera para mediados de año. De concretarse, el emprendimiento consolidaría a Uruguay como uno de los principales polos celulósicos de la región y reforzaría su posicionamiento como proveedor estratégico para el mercado argentino.

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Fútbol a sol y sin sombra: cómo el calor extremo pone en riesgo a los astros del mañana

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Maximiliano Manzoni, Dialogue Earth. Hacían 33 grados centígrados cuando en una jornada de pruebas de las categorías inferiores del club Cerro Porteño de Paraguay un adolescente de 16 años se desplomó en la mañana del 21 de noviembre de 2025. Era uno de los cientos que había llegado con el sueño de jugar con los colores de una de las instituciones deportivas más populares del país. Había tenido un paro cardíaco. Fue salvado por el personal médico del club.

El fútbol no solo es el deporte más extendido en el mundo, sino también “la música del cuerpo y el festival de los ojos”, según escribió el escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro Fútbol a sol y sombra. Allí, Galeano también cuenta cómo Diego Armando Maradona, la legendaria estrella del fútbol argentino, “denunció la omnipotente dictadura de la televisión, que estaba obligando a los jugadores a deslomarse al mediodía, achicharrándose al sol” en las Copas del Mundo de 1986 y 1994, celebradas respectivamente en México y Estados Unidos.

El fútbol es un pasatiempo amado por cientos de miles de niños y adolescentes en todo el mundo, pero ahora el calor extremo está poniendo en riesgo su salud. Los desafíos y posibles soluciones son múltiples, señalan investigadores, entrenadores y estudios científicos, desde alertas tempranas hasta la prohibición de los campos de juego sintéticos que retienen el calor.

Alertas en el país campeón del mundo

El fútbol profesional también está luchando contra el calor. Las altas temperaturas registradas en Estados Unidos durante la Copa América 2024 obligaron a la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL) a revisar su protocolo médico.

Un informe publicado el año pasado por Football for Future advertía que 14 de los 16 estadios donde se jugarán partidos de la Copa Mundial masculina de este año en México, Canadá y Estados Unidos superan los “umbrales de seguridad” para la práctica deportiva debido a los riesgos climáticos, incluido el calor extremo.

Los niños son más vulnerables al calor que los adultos. En 2023, las altas temperaturas obligaron al Estado paraguayo a suspender todos los encuentros deportivos de inferiores entre las diez de la mañana y las cinco de la tarde. No fue el único lugar. En Argentina, varias ligas locales debieron tomar la misma decisión ese mismo año y aplazar partidos.

Las suspensiones en estos dos países se produjeron durante una ola de calor 60 veces más probable debido al cambio climático. Uno de los lugares afectados fue la ciudad de Rosario, en Argentina, donde se ubica el club en el que jugaron dos campeones mundiales, Maradona y Lionel Messi: Newell’s Old Boys.

El coordinador de las divisiones inferiores de Newell’s, Gustavo Tognarelli, considera que el impacto del calor “es un tema que todavía no está presente en las instituciones”. Tognarelli tiene a cargo a más de 400 niños, niñas y adolescentes en las distintas categorías del club, y admite que en Argentina “es difícil el calor en los dos primeros meses del año”.

De acuerdo con el último informe Lancet Countdown, toda la región experimentó un aumento en cientos de horas al año donde caminar y correr es un riesgo para la salud, en comparación con el periodo 1991-2000.

Para Tognarelli “se nota el impacto en los entrenamientos. No es lo mismo un chico que practica a las ocho de la mañana que otro que practica a las diez”.

Para mayor complejidad, el director de divisiones inferiores de Newell’s nota que en los últimos años ha habido una tendencia a adoptar campos de juego con pasto sintético, “que son buenos para practicar técnica o ante días de lluvia, pero levantan mucho más calor en el terreno de juego”.

Grupo de jugadores de futbol con ropa blanca en el campo de juego

Según investigadores, es probable que estadios donde tendrán lugar partidos de la Copa Mundial en junio superen los “umbrales de seguridad” en cuanto a riesgos climáticos. Las pausas para hidratarse, como esta durante un partido en 2025, podrían no ser suficientes para garantizar la seguridad de los jugadores (Imagen: Sportimage / Alamy)

Iván Vázquez, director de las divisiones juveniles del Club Olimpia de Paraguay, es aún más enfático: “Los campos de césped sintético deberían prohibirse aquí. Las temperaturas pueden dañar los pies de los niños, causándoles quemaduras cuando se caen”.

Además de los entrenamientos, en las divisiones inferiores es un desafío constante el hecho de que todas suelen jugar el mismo día en un mismo terreno de juego debido a desafíos de infraestructura y movilidad, lo que “vuelve a veces difícil que una categoría no juegue en horario con mucho sol”. Esto complica cumplir con las recomendaciones tanto de oficiales de salud como de las federaciones de fútbol sobre la exposición.

Ariel Ramírez, coordinador de medios de comunicación de la CONMEBOL, que rige todo el fútbol profesional en Sudamérica, afirma que la institución “controla las altas temperaturas en sus torneos mediante protocolos médicos estrictos que incluyen el monitoreo de humedad y temperatura ambiental con equipos especializados”.

Las pausas para beber son obligatorias por encima de ciertas temperaturas, junto con exámenes médicos previos al partido, aclimatación y educación sobre los golpes de calor. Este protocolo también se aplica a los torneos juveniles. Estaba en vigor cuando el joven de 16 años se desplomó en Paraguay el pasado mes de noviembre. Pero su aplicación puede ser irregular. Un estudio de 2018 advertía que en las ligas locales de Paraguay era constante la ausencia de ambulancias durante entrenamientos y partidos de juveniles.

Niños y jóvenes en riesgo

La CONMEBOL desarrolló originalmente su protocolo para la Copa América 2016 en Estados Unidos.

Los sucesivos torneos de fútbol celebrados en América han sido objeto de críticas por su enfoque ante el calor extremo. La organización tuvo que actualizar y ampliar su protocolo para la Copa América 2024, también en Estados Unidos, en respuesta a las crecientes pruebas sobre el impacto de jugar en durante el verano. A pesar del nuevo protocolo, un árbitro se desmayó en ese torneo durante uno de los nueve partidos disputados en condiciones de riesgo grave de calor.

El profesor Gregory Wellenius, investigador sobre cambio climático y salud ambiental de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston, señala que en las divisiones inferiores el desafío va más allá de tener protocolos, controlar horarios y los tipos de campo de juego.

Realmente no sabemos el impacto a largo plazo de la exposición al calor extremo en niños

Gregory Wellenius, Universidad de Boston

Wellenius señala que aunque ciudades como Boston —que será sede de la próxima Copa del Mundo— cuentan con protocolos y alertas ante situaciones de calor extremo, “en general estos están pensados en base a la población en general, no en atletas y mucho menos en niños y jóvenes futbolistas”.

Además hay riesgos particulares en niños, niñas y adolescentes. “Los niños no son pequeños adultos, son termodinámicamente diferentes. Sudan diferente, y sudar es el mecanismo que tenemos los humanos para enfriar el cuerpo”, agrega el docente.

Lugares que históricamente no tenían altas temperaturas se enfrentan a problemas mayores para adaptar su infraestructura, dice Wellenius. “Lo que puede ser común en Houston o Centroamérica no lo es en ciudades como Boston, que antes eran más frías y ahora tienen olas de calor”.

Además de lo fisiológico y la infraestructura, para Wellenius es esencial considerar que “en general, niños y niñas tienen menos capacidad de identificar síntomas, lo que los hace menos propensos a saber cuando parar” cuando tienen demasiado calor en entornos competitivos.

Aún se desconoce el impacto total del calor en los niños y adolescentes. “Realmente no sabemos el impacto a largo plazo de la exposición al calor extremo en niños”, afirma el investigador. “¿Qué pasa en sus cuerpos si se encuentran constantemente presionados por las temperaturas?”.

Adaptarse y educar en las casas y en las gradas

“Nuestro análisis muestra que de aquí al 2050 el calor extremo en los estadios se convertirá en la nueva normalidad, con casi el 90% de ellos con necesidades de adaptación para lidiar con estas condiciones”, indica Philip Jenkins, uno de los autores del informe Football for Future sobre los peligros de la próxima Copa del Mundo. El informe se centró en los estadios de este Mundial y los dos siguientes, así como en los estadios vinculados a leyendas de la Copa del Mundo, como aquellos en los que Lionel Messi y Pelé comenzaron sus carreras. En algunos de estos estadios, los partidos de fútbol y los entrenamientos se verán gravemente afectados por las temperaturas extremas en 2050, durante hasta dos meses al año, según el reporte.

Dos niños jugando fútbol

En algunos torneos, los niños juegan durante las horas más calurosas del día, por lo que es necesario abordar urgentemente los efectos del calor sobre la salud (Imagen: Miguel Lopes / FlickrCC BY ND)

Ante esta “nueva normalidad”, los entrenadores e investigadores afirman que no existe una solución milagrosa.

Las pausas para refrescarse y dejar atrás los campos de césped sintético en favor del césped natural podrían ayudar. Pero, en términos más generales, “la región necesita desarrollar sistemas de alerta temprana para el calor extremo”, afirma Francisco Chesini, investigador de salud pública de la Universidad de Buenos Aires y miembro de la Red Mundial de Información sobre el Calor y sus Riesgos para la Salud.

Estos sistemas ya se han implementado en países como España, donde las previsiones a nivel local y los umbrales de temperatura activan una respuesta integral por parte de las autoridades y los funcionarios de salud. Naciones Unidas lanzó en 2022 una iniciativa para la adopción mundial de sistemas de alerta temprana antes de finales de 2027. Paraguay ya se ha propuesto desarrollar uno como parte de su política climática, a la espera de obtener financiación.

“Queda todavía camino para concientizar más sobre la necesidad de invertir en infraestructura”, dice Tognarelli. “Porque es inversión, no gasto. Nuestro papel debe ser la protección y formación integral de estos chicos”.

Para Wellenius existe una oportunidad, todavía desaprovechada, en el potencial de las comunidades organizadas alrededor del fútbol para no solo proteger a la niñez y la adolescencia en el deporte, sino también avanzar en el entendimiento y la necesidad de políticas públicas sobre el calor. 

“La gente sabe que el calor es un problema, pero no piensa que sea su problema”, dice. “No basta con emitir alertas generales en medios o redes sociales ante temperaturas extremas, sino hacer llegar esa información de manera estratégica a quienes ostentan la confianza de otras personas en esas comunidades, como las madres y entrenadores”, concluye.

Además de la música del cuerpo y el festival de los ojos, el fútbol también puede cambiar la mentalidad sobre los riesgos climáticos y qué hacer al respecto.

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Reforma laboral en Brasil: qué explicó el salto en el empleo formal

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Pese a que Brasil conserva similares rasgos a los de la Argentina en términos de proteccionismo, cierre de la economía, elevada presión tributaria, excesivas regulaciones y poder burocrático, desde 2017 se observa una divergencia en la trayectoria de ambos países en términos de crecimiento y de generación de empleos privados formales.

Es desde entonces que Brasil se aparta del sendero estanflacionario de la Argentina, fenómeno en buena medida atribuible a dos reformas adoptadas bajo el gobierno de Temer (2016/2018): a) una reforma laboral profunda y b) el establecimiento de una pauta firme, como techo al gasto público, que permitió al mismo tiempo el retorno de la tasa de inflación a niveles de un dígito bajo y el relajamiento de la política monetaria (en ese entonces, ahora con Lula ha retornado la incertidumbre fiscal).

La reforma laboral de Brasil de 2017 sacudió un statu quo de décadas en cuanto al funcionamiento del mercado laboral. Las normas vigentes databan de 1943, cuando el presidente de entonces, Getulio Vargas, firmó el decreto conocido como la CLT, las iniciales de “Consolidación de las leyes del trabajo”. Lo que hizo la reforma de 2017 fue traspasar a la negociación colectiva la redefinición de 15 items que hasta entonces habían estado reglados por la CLT, retirándolos al mismo tiempo de la interferencia de la Justicia del Trabajo.

Vale decir, a partir de esos cambios legales, las condiciones de contratación y rescisión se definen de acuerdo a convenios que, a su vez, pueden tener distintas escalas de representación, hasta el de acuerdos individuales.

Así, se ganó en flexibilidad en diversidad de ítems: la definición de la jornada de trabajo, la posibilidad de negociar la participación en los dividendos, la segmentación del período de vacaciones, el intervalo entre jornadas, la creación de un banco de horas y de nuevas modalidades de empleo (tiempo parcial; intermitente) entre otros. Además, creó la posibilidad de penalizar las demandas laborales de mala fe, con una serie de cláusulas destinadas a acotar la “industria del juicio”.

Un reciente estudio del FMI sobre reformas estructurales en Brasil muestra impactos muy significativos en el potencial de crecimiento a propósito de la reforma laboral de 2017, destacando el aumento de empleo formal, la menor litigiosidad y el fuerte aumento de la productividad, particularmente en actividades intensivas en empleo.

En el presente, Brasil está avanzando en una profunda reforma tributaria, que condensa en un IVA nacional impuestos distorsivos de las distintas jurisdicciones (incluido simil de Ingresos Brutos). El FMI estima que, cuando se complete su implementación, esta reforma también tendrá fuerte impacto en el PIB potencial. Varios vectores convergen cuando se eliminan impuestos distorsivos y se unifican en un IVA, aunque su alícuota parezca elevada: mejor asignación de recursos de inversión; reducción del costo de los insumos y bienes intermedios de producción local, incentivos a la formalización de la economía, ampliación de escalas por incremento de la demanda, etc.

En este sentido, la referencia de Brasil puede ser extremadamente útil a la hora de evaluar el impacto potencial de la reforma laboral que se discute en el Congreso argentino. Aunque ahora el gobierno de Lula esté “volviendo a las andadas”, con una reversión parcial de los avances, la diferenciación de la última década es innegable. Entre 2016 y 2025, Brasil creció 14,5 puntos porcentuales más que la Argentina, y la brecha en la creación de empleos privados formales fue de 14,5 puntos porcentuales en ese período.

Actualmente, la tasa de desempleo en Brasil se ubica en el 5,2 %, su piso histórico. Notable refutación a quienes suponen que las reformas laborales destruyen empleos. Por el contrario, se gana en competitividad y en empleos privados y salarios formales al mismo tiempo.

Brasil no necesitó transformarse en Finlandia. De hecho, sigue caracterizado por elevada presión tributaria, creciente deuda pública, excesivas regulaciones y burocracia, sin haber superado sus rasgos proteccionistas y de economía relativamente cerrada.

Lo que cambió bajo el gobierno de Temer (2016/2018) fue: a) se modernizó el funcionamiento del mercado laboral y b) se estableció una pauta estricta para el gasto público. Esas dos reformas se conjugaron con una reconfiguración de la macro. Después de los “cepos” de Dilma, y a partir de cierto nivel del tipo de cambio real, las expectativas de devaluación se evaporaron, iniciando un sostenido declive de las tasas de interés y de la inflación, abriendo espacio a la recuperación del consumo, de la inversión y de la productividad.

Focalizando en las “condiciones iniciales” de la macro, para la fase en que se aprobaban los proyectos de Temer, el “mix” de dólar/tasa sin dudas potenció los efectos de la reforma laboral sobre el empleo. Luego de alcanzar un pico nominal en 2015, con una paridad de 4,20 reales por dólar, el tipo de cambio bajó al entorno de 3,50 en 2016 y 3,20 en 2017, volviendo al nivel nominal de 2015 recién hacia el fin de 2019.

Tras la sobrerreacción de la paridad dólar/real durante la crisis del gobierno de Dilma, las expectativas de devaluación se esfumaron, creando condiciones para una baja secuencial de la tasa Selic, definiendo una escalera descendente de la tasa real de interés, de 5,0 % en 2016 hasta 0,2 % anual en 2019. La relativa estabilidad nominal de la paridad dólar/real abrió espacio para una sostenida apreciación de la moneda brasileña en términos reales, del orden del 20 % desde principios de 2016 hasta principios de 2018, explicable por el elevado punto de partida.

Así, antes de la irrupción de la pandemia, los datos mensuales de creación neta de empleos llegaron a los 173,2 mil puestos de trabajo en febrero de 2019, habiendo partido de una destrucción neta de 104,6 mil empleos en febrero de 2016.

En un horizonte más amplio, se tiene que el empleo privado formal creció en Brasil a un ritmo acumulativo de 1,5 % anual entre 2026 y mediados de 2025, guarismo que contrasta con el estancamiento del lado argentino. Vale subrayar que una proporción mayor de empleo privado formal tiene repercusiones positivas en el plano fiscal, en el financiamiento del sistema previsional, en la capacitación de los trabajadores y en la productividad.

Así, también los indicadores de productividad muestran divergencia entre los dos socios del Mercosur. Tomando como base 100 la Productividad Media del Trabajo en 2016, para 2024 este índice registraba un incremento de 6,3 % para Brasil y una caída de 12,5 % para la Argentina.

Y las exportaciones respondieron al nuevo escenario, ya que en productos agropecuarios las ventas al exterior de Brasil pasaron de 52,0 a 120,0 mil millones de dólares entre 2016 y 2024; en minería de 15,0 a 34,0 mil millones, en celulosa de 5,6 a 10,6 mil millones y en petróleo de 11,2 a 56,6 mil millones. Las exportaciones totales de bienes de Brasil, que en 2016 guardaban una relación de 3 a 1 con las de la Argentina, pasaron en el presente a un ratio cercano al 4 a 1.

Pese a que la manufactura brasileña tiene problemas de competitividad similares a los de la argentina, con un volumen de exportaciones de la industria de transformación que se ha estancado en la última década, la expansión y competitividad del resto de los sectores ha sido suficiente para llevar la tasa de desempleo al piso de 5,2 %, como se refirió más arriba.

Cierto es que Brasil no tiene retenciones a las exportaciones agroindustriales: el empleo directo e indirecto asociado al campo captura el 26,5 % del total de los puestos de trabajo en el vecino país; mientras que para la Argentina se estima en torno al 16,0 % (empleos directos e indirectos).

Por otro lado, respecto al “mix” de dólar/tasa de interés vigente en el momento en que Brasil hizo la reforma laboral, parece difícil lograr un contexto análogo en la Argentina, en la medida en que subsistan las restricciones cambiarias para personas jurídicas y un techo pautado para la evolución de la banda cambiaria, factores que, además, pueden estar obturando parcialmente el flujo de Inversión Extranjera Directa. En Brasil, el aporte de la IED es recurrentemente positivo, con un saldo en torno a los 3,0 puntos del PIB por año.

Replicar las “condiciones iniciales” de Brasil en la etapa de instrumentación de la reforma laboral sería más factible a través de un esquema bimonetario de “flotación administrada”, con el que podría alcanzarse un equilibrio de tipo de cambio y de tasas reales de interés de corto y de mediano plazo, compatibles con el ahorro y la inversión.

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Se diagnostican tres casos de cáncer infantil por día en el país

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Cada 15 de febrero se conmemora el Día Mundial del Cáncer Infantil, una fecha instaurada en 2001 por la Organización Internacional de Padres de Niños con Cáncer, con sede en Luxemburgo, con el fin de sensibilizar a la sociedad sobre una problemática que, aunque poco frecuente, representa una de las principales causas de muerte por enfermedad en la población pediátrica.

En Argentina, se registra una incidencia estable de 131 casos nuevos por millón de niños menores de 15 años por año. El promedio anual indica unos 1.360 nuevos casos en ese grupo etario, según datos del Registro Oncopediátrico Hospitalario Argentino, lo que da un promedio de 3,7 diagnósticos diarios.

Desde la Sociedad Argentina de Pediatría afirman que, gracias a los avances en diagnóstico, tratamiento y seguimiento, hoy siete de cada diez niñas, niños y adolescentes con cáncer (70,3 por ciento) sobreviven, según datos actualizados de dicho registro.

Desde el año 2000, el Registro Oncopediátrico Hospitalario Argentino —que está cumpliendo 25 años— ha reunido información de 40.283 casos de cáncer en menores de 19 años. De este universo, el 93 por ciento de los casos en menores de 15 años son captados por el sistema, lo que otorga un grado de cobertura y confiabilidad notable para el diseño de políticas públicas.

“La sobrevida global a cinco años es del 70,3 por ciento, una cifra que nos posiciona en línea con los estándares internacionales. Esto demuestra que el cáncer infantil, aunque sea una enfermedad grave, es potencialmente curable si se detecta a tiempo y se brinda el tratamiento adecuado”, afirmó la doctora Julieta Miguez Arrúa, pediatra y especialista en Hematología y Oncología Pediátrica, miembro del Comité de Hematología, Oncología y Medicina Transfusional de la Sociedad Argentina de Pediatría.

“Aun así, es necesario seguir fortaleciendo el diagnóstico oportuno, el acceso a tratamientos, el soporte clínico y el acompañamiento integral, para que todos los niños y niñas accedan a las mismas oportunidades de curación, sin barreras geográficas, económicas o institucionales”, alertó la especialista.

“El Registro Oncopediátrico Hospitalario Argentino es una herramienta fundamental, tanto para conocer la realidad epidemiológica del cáncer infantil en nuestro país, como para tomar decisiones clínicas, sanitarias y sociales con base científica. Permite analizar tendencias, planificar recursos y mejorar la calidad de atención”, explicó la doctora Florencia Moreno, médica pediatra y oncohematóloga, coordinadora del Programa Nacional de Cuidado Integral del Niño y Adolescente con Cáncer del Ministerio de Salud de la Nación.

Entre los tipos de cáncer más frecuentes en la infancia se destacan las leucemias, los linfomas y los tumores del sistema nervioso central. Las leucemias, en particular, representan entre 450 y 550 casos nuevos al año y encabezan la lista de diagnósticos oncológicos pediátricos.

Uno de los datos más significativos del informe publicado por el Registro Oncopediátrico Hospitalario Argentino es que más de 7 de cada 10 (76 por ciento) de los pacientes pediátricos con cáncer fueron atendidos en instituciones públicas entre 2013 y 2022. Esto demuestra el papel central del sistema público de salud en la atención oncopediátrica y la necesidad de fortalecerlo con más recursos, formación y articulación entre niveles de atención.

“Que tres de cada cuatro chicos con cáncer se atiendan en hospitales públicos habla de la enorme responsabilidad que tienen los equipos de salud estatales. Pero también revela que si no invertimos en equipamiento, capacitación y redes, estamos dejando en situación de vulnerabilidad a quienes más necesitan una atención de calidad y cercana a su lugar de residencia”, advirtió la doctora María Lourdes Brodsky, médica pediatra y oncohematóloga, secretaria del Comité de Hematología, Oncología y Medicina Transfusional de la Sociedad Argentina de Pediatría.

En este punto, la Sociedad Argentina de Pediatría insiste en que el pediatra general tiene un rol crucial, ya que es quien puede sospechar precozmente signos de alerta y activar la red de derivación especializada. “En este sentido, acciones como los talleres de capacitación ‘Cuándo sospechar cáncer en el niño’, impulsados en conjunto con otras sociedades científicas y organismos nacionales, son herramientas clave para reducir demoras diagnósticas”, sostuvo la doctora María Belén Popon, médica pediatra y oncohematóloga, también integrante del Comité de Hematología, Oncología y Medicina Transfusional de la Sociedad Argentina de Pediatría.

En 2022, la sanción de la Ley Nacional número 27.674 (Régimen de Protección Integral del Niño, Niña y Adolescente con Cáncer) y su posterior reglamentación en 2023 marcaron un antes y un después en la política sanitaria argentina. Entre sus principales avances se destaca la creación del Certificado Único Oncopediátrico, que habilita el acceso a beneficios fundamentales para las familias en tratamiento.

El Certificado Único Oncopediátrico contempla dos modalidades: “Certificado Único Oncopediátrico Activo”, para quienes están en tratamiento, y “Certificado Único Oncopediátrico Control”, para quienes están en seguimiento. Los beneficios incluyen: asignación económica mensual durante el tratamiento activo; licencias laborales para cuidadores; transporte público terrestre gratuito para el paciente y un acompañante; estacionamiento prioritario; acceso a vivienda adaptada para familias en situación de vulnerabilidad; y garantía de acceso a la educación durante el proceso de tratamiento.

“La ley fue un paso enorme en el reconocimiento de derechos. Ahora debemos garantizar que cada niña o niño con cáncer acceda al Certificado Único Oncopediátrico sin trabas burocráticas, en cualquier rincón del país. El diagnóstico no puede ser una sentencia de exclusión, sino una señal de que el Estado va a acompañar con todo su aparato de protección social”, señaló la doctora María Alejandra Cedola, médica pediatra y hematóloga infantil, miembro del Comité de Hematología, Oncología y Medicina Transfusional de la Sociedad Argentina de Pediatría.

Para la Sociedad Argentina de Pediatría, fortalecer las redes de atención oncopediátrica es una de las tareas más urgentes. La organización en red permite derivaciones oportunas, tratamientos adecuados según complejidad, continuidad del cuidado y mejores resultados en términos de sobrevida y calidad de vida. Además, reduce las brechas territoriales, culturales y socioeconómicas que muchas veces determinan el acceso al sistema de salud.

“Pensar en red implica que un pediatra rural tenga a quién consultar en tiempo real cuando ve un signo de alarma. Implica que un chico de una localidad del interior alejada tenga la misma oportunidad que uno del Área Metropolitana de Buenos Aires. Implica que las decisiones se tomen en equipo y con información compartida”, enfatizó el doctor Marcelo Coirini, pediatra hematólogo, integrante del mismo comité.

“Es importante tener en cuenta la contención psicológica, tanto del niño o niña como de la familia. Es importante mejorar la contención afectiva y la manera en que se afronta el duelo”, completó la doctora Angela Nakab, médica pediatra, secretaria de Medios de la Sociedad Argentina de Pediatría.

Este abordaje integral, en el que participan pediatras de atención primaria, especialistas, equipos de salud mental, trabajadores sociales y educadores hospitalarios, es lo que permite brindar un acompañamiento real, sostenido y humano.

La Sociedad Argentina de Pediatría insiste en que ningún niño debe quedar fuera del sistema por el solo hecho de vivir lejos de un hospital de alta complejidad. En este sentido, los esfuerzos deben concentrarse en capacitar profesionales en todo el territorio, garantizar derivaciones efectivas y asegurar el acompañamiento durante todo el proceso, desde el diagnóstico hasta el postratamiento.

Si bien su sola mención provoca miedo, el cáncer infantil no es sinónimo de muerte: los datos disponibles invitan a cambiar la narrativa. Con una incidencia estable y una tasa de mortalidad específica de 3,7 por millón en menores de 15 años (último período disponible 2021–2022), el desafío es tanto médico como social.

La Sociedad Argentina de Pediatría considera clave desmitificar el cáncer en la infancia, promover campañas de sensibilización, capacitar a equipos de salud y empoderar a las familias. Esto incluye conocer los signos de alerta (moretones frecuentes, palidez, fiebre persistente y pérdida de peso inexplicable, entre otros) y acudir al centro de salud ante cualquier duda.

“Hay miles de historias de niños y niñas que se curaron y hoy están en la escuela, en la universidad o formando sus propias familias. Esa es la parte que también tenemos que contar, porque cuando el sistema funciona y se articula, el nivel de curación del cáncer infantil es alto”, concluyeron desde la Sociedad Argentina de Pediatría.

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