Día: 8 junio, 2026

Garnier evoluciona su compromiso ambiental con su iniciativa sustentable “Collective for the planet”

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 Garnier anuncia un paso fundamental en su estrategia de sustentabilidad con el lanzamiento de Collective for the Planet en el contexto del Día Mundial del Medioambiente. La marca líder en belleza natural del mercado masivo, que comercializa productos para el cuidado de la piel, del pelo y coloración, sigue reafirmando sus compromisos ambientales que han logrado hitos como: 

  • + 20 mil toneladas de plástico virgen ahorradas gracias al uso de plásticos reciclados.
  • Todos sus sitios industriales abastecidos al 100% de energía renovable.
  • Todo el portafolio de productos aprobados por Cruelty Free International, es decir, no testados en animales. 
  • El 92% del plástico PET que compone sus envases proviene de materiales reciclados.

Desde este año, Garnier inicia su compromiso sustentable global a través del programa local Collective for the Planet. El movimiento busca empoderar a los consumidores para convertirlos en verdaderos agentes de cambio y propone 3 ejes principales: preservar la naturaleza, gestionar y recuperar los residuos y crear ciudades ecológicas

Desde Argentina, la marca alinea su estrategia al resto de los países de la región y focaliza sus esfuerzos en la recolección de residuos gracias a un innovador programa público-privado para la trazabilidad y recupero de materiales reciclables en una docena de municipios del país que ya ha logrado 2.800 toneladas de recuperadas, llamado RUTAmbiental

Se ejecuta a través de una herramienta tecnológica que permite a los municipios gestionar los materiales reciclables de manera más eficiente, impulsando así una economía circular más sustentable. Así se logra optimizar y rastrear la ruta de los materiales desde su inicio hasta su reinserción en la cadena de valor. Además, centraliza todas las iniciativas de reciclaje de los municipios, cooperativas y empresas en un solo sistema eficiente y fácil de usar.

Correr por el bien del planeta

Para presentar este nuevo cambio de paradigma, la marca ha organizado una carrera en la costanera del Río de Vicente López bajo el concepto de “Run For the Planet” con el fin de amplificar los mensajes de concientización y el fuerte compromiso ecológico de la marca.

Lejos de ser solo un evento deportivo, la iniciativa se plantea como una forma de correr la carrera más importante de todas: la de salvar al planeta. La activación no solo incluyó una carrera sino que también una actividad de recolección de basura que logró recolectar y recuperar 183 kgs de residuos. Así, la jornada se estructuró bajo las siguientes experiencias e iniciativas sustentables de triple impacto:

  • 1 km de caminata para la recolección de basura en la costanera seguido de una carrera de 4km: en el Día Mundial del Medioambiente se convocó a ser parte de una actividad en un circuito rodeado de naturaleza. Quienes llegaron al podio ganaron composteras, mientras que al resto de los participantes se le otorgó una medalla “plantable”. 
  • Placas de corredores con propósito: En lugar de llevar un simple número de identificación, los participantes portaron una placa de maratón interactiva que detalla el motivo ambiental que los moviliza a correr bajo el lema “YO CORRO POR” (por los bosques, la vida marina, los humedales, las especies autóctonas o etc).
  • Limpieza de la Costa junto a Regenerar: Garnier en alianza con “Fundación Regenerar” —especializada en preservación ambiental y métodos de separación en origen— impulsó una limpieza de la Costanera de Vicente Lopez, recolectando y valorizando residuos en tiempo real.
  • Estación de bici-parking: Con el objetivo de reducir de manera directa las emisiones, se incentivó a los invitados a asistir utilizando medios de transporte sustentables, disponiendo de un área de estacionamiento y seguridad exclusiva para bicicletas.

De esta forma Garnier se compromete en crear una belleza más sostenible para todos, poniendo la protección de la naturaleza en el centro de su compromiso. La marca promueve la importancia de unir fuerzas con ONGs y con personas para impulsar acciones concretas: Collective For The Planet™ es su invitación para actuar en conjunto, transformar el compromiso en impacto y proteger la naturaleza a nivel local. 

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El costo de la coerción geoeconómica

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Por Jeffry Frieden / F&D FMI – Los gobiernos de todo el mundo utilizan cada vez más políticas económicas, como prohibiciones de exportación, sanciones financieras y aranceles comerciales, para lograr objetivos no económicos. Los beneficios de estas políticas geoeconómicas pueden ser significativos, ya que cumplen un propósito geopolítico sin amenazar ni utilizar la fuerza militar—y sin los altos costes humanos y económicos de la guerra. Quizá el mundo debería darle la bienvenida a esto.

Sin embargo, las políticas coercitivas pueden resultar costosas para las naciones que las imponen. Por muy atractivo que pueda ser utilizar políticas económicas con fines coercitivos, a veces los beneficios no compensan el coste.

Conexión estrecha

La política internacional y la economía internacional siempre han estado estrechamente entrelazadas. La era del mercantilismo que prevaleció desde el siglo XV hasta principios del XIX se organizó explícitamente en torno a la interacción entre la destreza económica y militar. En su obra de 1618 Un discurso sobre la invención de barcos, anclas, brújula etc.c, el explorador Sir Walter Raleigh, teórico y practicante del mercantilismo inglés, opina: “Quien domina el mar, manda el comercio; quien domina el comercio del mundo domina las riquezas del mundo y, en consecuencia, del mundo mismo.”

Las políticas mercantilistas utilizaban el control militar sobre rutas marítimas y colonias para extraer recursos de socios comerciales y posesiones ultramarinas, y utilizaban esos recursos para financiar gastos militares adicionales. Durante varios cientos de años, los conflictos y alianzas entre las grandes potencias se reflejaron tanto en sus relaciones militares como económicas.

A medida que Gran Bretaña alejó a los países ricos de Europa del mercantilismo y hacia flujos financieros y comerciales más libres a principios del siglo XIX, las potencias europeas separaron cada vez más la formulación de políticas económicas de la política de las grandes potencias. Aún existían bloqueos y embargos ocasionales, y las políticas económicas se usaban a menudo como instrumento de control colonial. Pero la ideología y la práctica predominantes tendían a mantener las políticas económicas y militares relativamente separadas. Esta era de libre comercio vio un crecimiento económico muy rápido según los estándares históricos, lo que parecía confirmar la sabiduría de separar las relaciones económicas de las diplomáticas.

Sin embargo, mientras los países intentaban alcanzar a Gran Bretaña a finales del siglo XIX y principios del XX, la disputa geopolítica y la carrera por las colonias devolvieron a la geoeconomía al primer plano. Las potencias coloniales reforzaron su control sobre sus imperios, Alemania se creó una esfera de interés económico y político en Europa central, y Estados Unidos consolidó su predominio en el hemisferio occidental durante un periodo de nacionalismo económico creciente que hoy tiene paralelismos.

La Guerra Fría reforzó la conexión entre la geopolítica y la economía: las potencias occidentales en gran medida aislaron a la Unión Soviética y a sus aliados del comercio y la inversión internacionales, incluso mientras la integración económica internacional occidental crecía de forma dramática. Por su parte, los soviéticos y sus aliados, junto con China, mostraron poco interés en la economía mundial.

El fin de la Unión Soviética y la Guerra Fría, junto con el inicio de la globalización a gran escala a finales de los años 80 y principios de los 90, llevaron a la mayoría de los gobiernos a llevar a cabo sus relaciones económicas internacionales con poca preocupación por consideraciones militares u otras geopolíticas. A medida que China y Vietnam, y más tarde las antiguas repúblicas soviéticas y sus aliados, se unieron a la economía mundial, parecía que la aceptación global de la integración económica había superado los peores rasgos de la política de grandes potencias.

Las expectativas a principios del nuevo milenio de que la política internacional y la economía internacional permanecerían separadas resultaron erróneas. La renovada competencia entre las grandes potencias ha abarcado sus relaciones económicas—piensa en las sanciones occidentales contra Rusia y los conflictos comerciales en curso entre China y Estados Unidos. La pandemia global puso de manifiesto los temores de que las largas y complejas cadenas de suministro pudieran poner en peligro el acceso de los países a bienes esenciales. La invasión rusa a gran escala de Ucrania ha traído un conflicto militar importante a Europa de formas que muchos consideraban impensables. No es de extrañar que los gobiernos estén utilizando políticas económicas para abordar las crecientes tensiones geopolíticas que enfrentan.

Beneficios de la coacción

Los gobiernos tienen buenas razones para utilizar políticas económicas con fines geopolíticos. Las sanciones, embargos, aranceles y otras medidas similares pueden coaccionar a los adversarios sin amenaza ni uso de la fuerza. Pueden imponer costes a los países y gobiernos objetivo, inducir a grupos poderosos en el extranjero a presionar a sus propios gobiernos para que cambien de rumbo, y persuadir a los aliados para que colaboren para obligar a un adversario a hacer concesiones.

El atractivo de las políticas geoeconómicas puede ser claro, aunque puede ser difícil de medir. Muchos objetivos geopolíticos son difíciles de cuantificar e incluso difíciles de pensar en términos monetarios. ¿Cuánto vale la seguridad nacional? ¿Cuál es el valor de aislar a un adversario, cimentar una alianza, evitar un posible ataque, evitar una guerra desastrosa?

Aunque los beneficios de las políticas geoeconómicas pueden ser intangibles, muchos de los costes son más directamente económicos y susceptibles de ser analizados. Los responsables políticos, analistas y electores deberían reflexionar sobre los sacrificios implicados, sobre lo que un país puede estar renunciando cuando impone sanciones o aranceles con fines geopolíticos. Esto no significa que deban evitarse tales políticas, solo que se deben tener en cuenta tanto sus beneficios como sus costes.

Costes de la coerción

Las políticas económicas coercitivas suelen imponer costes al país que las utiliza. Esos costes pueden ser de muchas formas: a continuación se presentan algunos ejemplos.

Costes para la eficiencia económica. Casi por definición, las políticas geoeconómicas alejan la economía de un país de sus propósitos más productivos. Restringir las importaciones limita el acceso del país a bienes producidos de forma más eficiente en otros lugares; restringir las exportaciones limita el acceso del país a mercados extranjeros rentables. Las medidas que restringen el movimiento de bienes y capital pueden comprometer la ventaja comparativa de un país y reducir su eficiencia productiva. Este era, al fin y al cabo, el argumento de economistas pro-comercio desde Adam Smith hasta David Ricardo y John Maynard Keynes. Como escribió Keynes, “La comunidad en su conjunto no puede esperar ganar haciendo artificialmente escaso lo que el país quiere.”

Los gobiernos adoptan políticas geoeconómicas porque están dispuestos a sacrificar el bienestar agregado (económico) por fines geopolíticos. Dentro de este objetivo, existen limitaciones específicas que ponen de relieve los compromisos que conlleva la política geoeconómica.

Costes de especialización. La especialización es fundamental para la productividad y el crecimiento económico. La división del trabajo es central para una eficiencia económica más amplia y, como escribió Adam Smith, “La división del trabajo está limitada por la extensión del mercado.” Renunciar deliberadamente a un mercado más amplio limita hasta qué punto una economía nacional puede especializarse de forma útil.

Hay un intercambio más explícito. Las actividades económicas más especializadas son tanto especialmente valiosas como especialmente vulnerables. Son valiosos porque la producción especializada es especialmente rentable, dada su escasez y especificidad. Son vulnerables porque la escasez y la especificidad de la producción especializada también dificultan su reemplazo. Cuanto más especializada es la actividad productiva, mayor es el desafío de prescindir de ella—y más peligroso es depender de ella.

Así, los gobiernos intentarán evitar la dependencia de los productos más especializados de otras naciones. Diversificar los lazos económicos proporciona cierta protección frente a choques económicos y geopolíticos y ayuda a limitar la vulnerabilidad. Pero también puede limitar la eficiencia de una economía y la de sus socios comerciales.

Costes para la innovación. Así como limitar artificialmente el mercado de un país reduce su capacidad de especializarse, también reduce sus incentivos para innovar. Los productores invierten en investigación y desarrollo para obtener ventajas en los mercados, y cuanto mayor es el mercado y más feroz es la competencia, mayor es la razón para hacerlo.

Por otro lado, los controles de exportación que restringen el acceso de una economía objetivo a la tecnología le dan razones sólidas para innovar. La Alemania nazi desarrolló caucho sintético y metadona al enfrentarse a un bloqueo aliado que le cortó el suministro natural de caucho y opio. Aunque esto quizá no fue el uso más eficiente de los recursos alemanes, sí contrarrestó el impacto de las políticas geoeconómicas. Evidencias más recientes muestran que los países sancionados han invertido fuertemente en innovación: Rusia, China e Irán han respondido a las sanciones intensificando la investigación y el desarrollo para intentar reemplazar bienes que ya no están disponibles.

Costes para la credibilidad. La buena reputación de un país es valiosa: anima a otros países a comprometerse con acuerdos potencialmente arriesgados en comercio, finanzas e inversión. Si políticas geoeconómicas como sanciones y congelaciones de activos violan contratos implícitos o explícitos, esto lleva a otros países a cuestionar si pueden confiar compromisos a quienes imponen tales políticas. A medida que la confianza se erosiona, otros gobiernos y empresas privadas están menos dispuestos a arriesgarse a compromisos económicos que podrían ser violados. Esto puede privar a un país de valiosos lazos comerciales, de inversión y financieros, muchos de los cuales dependen de la reputación de fiabilidad de sus socios.

Costes para la política interna. Los costes y beneficios de las políticas geoeconómicas pueden no distribuirse de manera equitativa dentro de la población, lo que puede conducir a conflictos políticos internos. Los efectos negativos de las sanciones o los controles de exportación, por ejemplo, pueden ser graves para las empresas que pierden lazos económicos importantes y rentables. Por otro lado, las políticas geoeconómicas exitosas pueden crear oportunidades especialmente rentables para empresas e industrias que obtienen acceso al mercado o trato favorable. Las empresas nacionales que sufren la imposición de políticas geoeconómicas pueden resentir a quienes se benefician de su éxito. Por tanto, tales políticas pueden ser más difíciles de imponer, menos creíbles o más controvertidas políticamente. Lo último que quieren los líderes nacionales cuando persiguen lo que consideran políticas geopolíticas clave es una reacción política interna—por lo que deben prestar mucha atención a los costes sociales internos de estas políticas.

Imagen completa

Los gobiernos suelen adoptar políticas económicas coercitivas en medio de una lucha geopolítica inmediata. El enfoque comprensible en el objetivo geopolítico a corto plazo —obtener concesiones, evitar daños— puede ocultar los costes económicos a largo plazo. Puede resultar difícil, en pleno conflicto geopolítico, para los responsables políticos tener en cuenta que las sanciones pueden infligir un daño duradero a la reputación financiera o comercial del sancionador, daños que podrían superar la ventaja geoeconómica temporal obtenida.

Las políticas geoeconómicas pueden generar comportamientos deseables en otros países, pero tienen costes e implican compensaciones. Responsables políticos, analistas y ciudadanos necesitan una visión clara de estos costes. Las políticas geoeconómicas pueden limitar el funcionamiento eficiente de la economía, reduciendo los incentivos para especializarse y lograr la máxima eficiencia productiva nacional. Pueden desalentar la innovación nacional pero estimular dicha actividad por parte de rivales extranjeros. Limitan las actividades disponibles para empresas e industrias nacionales. Pueden afectar la reputación de fiabilidad de un país y perjudicar sus perspectivas económicas a largo plazo. Y pueden perjudicar a algunas industrias o grupos en la nación de origen en favor de otros, de formas que pueden ser políticamente controvertidas.

Las políticas geoeconómicas son una herramienta valiosa de la política exterior cuyos beneficios pueden ser sustanciales, especialmente si ayudan a evitar conflictos militares. Sin embargo, hay ocasiones en las que los costes pueden superar los beneficios. Necesitamos una imagen clara de los costes antes de poder determinar si los beneficios netos son positivos.

JEFFRY FRIEDEN es profesor de asuntos internacionales y públicos y ciencias políticas en la Universidad de Columbia y profesor emérito de gobierno en la Universidad de Harvard.

Referencias:

Clayton, Christopher, Antonio Coppola, Matteo Maggiori y Jesse Schreger. 2025. “Presión geoeconómica.” Documento de trabajo NBER 34020, Oficina Nacional de Investigación Económica, Cambridge, MA.

Flynn, Joel, Antoine B. Levy, Jacob Moscona y Mai Wo. 2025. “Riesgo político extranjero y cambio tecnológico.” Documento de trabajo NBER 33964, Oficina Nacional de Investigación Económica, Cambridge, MA.

Gao, Hao, Nemit Shroff y Pengdong Zhang. 2025. “Paradoja de las sanciones: ¿Perjudican las restricciones a la exportación de EE. UU. a la innovación nacional?” Artículo de investigación MIT Sloan 7328-25, Instituto Tecnológico de Massachusetts, Cambridge, MA.

Liu, Xueyue, Yu Liu, Alexey Makarin y Jaya Wen. 2025. “Controles de exportación e innovación en países sancionados.” Documento de trabajo de la Escuela de Negocios de Harvard 25-004, Universidad de Harvard, Cambridge, MA.

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¿Cómo y en qué ahorra el argentino cuando decide viajar para ver un partido de fútbol?

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Para los argentinos, viajar para ver fútbol no es simplemente turismo: es un compromiso con la pasión, con los colores y con mostrarle al mundo que están presentes. Desde reservar con meses de anticipación y aprovechar promociones, sumar millas, hacer escalas eternas o reducir gastos cotidianos, la creatividad se convierte en una herramienta fundamental, la defensa se hace fuerte y el medio apoya al ataque para llegar y ganar el partido. 

La encuesta sobre Viajes Deportivos 2026 de Booking*.com, la plataforma de reservas de alojamientos y otros lugares únicos para hospedarse, alquiler de autos y atracciones, analizó a través de las distintas generaciones algunos de los patrones de ahorro de los argentinos al organizar un viaje para asistir a un torneo o partido de fútbol. 

“Si hay algo que caracteriza al viajero argentino es su capacidad de reinventarse. No importa si hay que dormir menos, viajar más horas o resignar compras: cuando la pelota rueda, aparecen las estrategias, la creatividad, las cábalas y los grupos en el celular organizando cómo hacerlo posible. Al fin y al cabo, para muchos hinchas, un partido se vive, se viaja y se recuerda para toda la vida”, explicó Jimena Gutiérrez, gerente general de Booking.com para Argentina.

Alojamientos más económicos

Si hay algo en lo que los argentinos despliegan toda su creatividad es en la forma de ahorrar. A la hora de viajar para ver un partido, muchos priorizan alojamientos más económicos que los que elegirían para unas vacaciones tradicionales, con el objetivo de hacer posible la experiencia sin resignar la pasión por el fútbol.

Al momento de ahorrar en alojamientos, curiosamente, todas las generaciones mantienen porcentajes similares Generación Z (18-24 años) 15%, Millennials (25-44 años) 14%, Generación X (45-54 años) 12%. Boomers (+55 años) 15%.

Reducción de gastos y actividades en el destino

Todo lo que no tiene que ver con el partido queda de lado sobre todo porque hay que hacer rendir el dinero y en eso los argentinos son expertos. Generacionalmente, los dos extremos son los que más reducen en gastos y actividades, Generación Z (14%) y Boomers 13%. En tanto que son pocos los que están dispuestos a reducir gastos dentro de los Millennials (9%) y casi nada en la Generación X (3%). Dentro de estos últimos el partido es muy importante pero también aprovechar el destino: museos, paseos, gastronomía y demás.  

Cuando la pasión se paga en cuotas

Al momento de hablar de pagar los viajes futboleros en cuotas pareciera que a mayor edad, mayor interés en utilizar este sistema de pagos ya que en la Generación Z las prefiere un 18% pero dentro de los Millennial y X asciende al 29 para acercarse a casi un tercio (30%) entre los Boomers.

Descuentos y promociones

Pese a lo que podría creerse no son tantos, al menos entre los futboleros, los que buscan promociones y descuentos para este tipo de viajes ya que ningún porcentaje generacional se eleva arriba del 10%.

Los que más buscan promociones y descuentos son los de la Generación X (7%), la Z y los Boomers comparten un 6% y los Millennials un 5%.

Los planificadores del ahorro

Son aquellos que apenas tienen noticias del torneo o del partido ya están reservando estadías, tickets y pasajes para conseguir el mejor precio. Aquí mandan los jóvenes, es decir, la Generación Z con 34%, un poquito más atrás la X con 30% y los Boomers con 29%. En tanto que un poquito más atrás vienen los Millennials con 26%.

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La antesala del Congreso Jesuítico fue un acto abierto a la comunidad con “Arte, música y patrimonio”

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“La realización de este encuentro cultural en la plaza de Concepción de la Sierra fue histórica y emocionante, porque se pudo cumplir con el espíritu del decreto firmado por el gobernador Hugo Passalacqua, de declarar el año 2026 como conmemoración del legado guaraní jesuítico”, expresó el secretario de Estado de Cultura Joselo Schuap, al finalizar el acto “Arte, Música y Patrimonio”, que se realizó este domingo en la plaza de esa localidad.

La jornada fue un modo de abrir el IV Congreso Internacional de Misiones Jesuíticas Guaraníes y I Congreso de Misiones Jesuíticas de Iberoamericana con una propuesta artística, abierta a la comunidad.

En la oportunidad, estuvieron presentes el intendente Hugo Humeniuk, la vicerrectora de la Universidad de la Cuenca del Plata doctora Martina Perduca, el presidente de la Fundación Tierra sin Mal, Carlos Baquero, la delegada de la sede Posadas de UCP, doctora Laura Jacobacci, el director del Instituto de Investigación y Desarrollo Cultural del NEA y miembro del comité académico magister Claudio Montiel; por el Instituto de Investigación y Desarrollo Cultural del NEA, la licenciada Antonella Ojeda Coo, y la directora General de Patrimonio Cultural de Paraguay, Natalia Antola.

“Para nosotros es un gusto estar aquí en la previa de la apertura del Congreso Internacional de Misiones Jesuíticas Guaraníes, que se extiende hasta el miércoles en la Universidad de la Cuenca del Plata”, expresó Baquero. Celebró la presencia del ensamble de la Orquesta Sinfónica del Paraguay, “que le da un matiz importante a todo lo que es el desarrollo, la difusión de lo que es la cultura, más allá de este proceso de investigación, debate, que llevaremos adelante los próximos días.
En efecto, el ensamble dirigido por la magíster María Victoria Sosa llegó un día antes a Misiones y, “en lugar de actuar solamente en Posadas, tuvimos el privilegio de extender este esta propuesta cultural a un municipio jesuítico por excelencia que es Concepción de la Sierra”, coincidió Schuap.

También se dirigió al público el intendente Humeniuk, agradeciendo las visitas que recibió la localidad.

Música, palabras, distinciones y recorrido guiado

La comunidad colmó desde la tarde la plaza central de Concepción, frente a la Casa de la Cultura, en un escenario que tuvo como protagonistas iniciales a alumnos de la profesora Anabella Sánchez. Niños y adolescentes que en sus instrumentos, ejecutaron desde el Himno Nacional Argentino hasta piezas de folklore y rock nacional.

Luego, llegó la concreta y necesaria participación de la comunidad mbya con una presentación artística de danza y coro “Mbya Mbaé” de la Aldea Yraka Miri.

Y así se dio pie al cierre de la Orquesta Sinfónica del Paraguay, que brindó temas del período jesuítico con breves explicaciones sobre su origen.

En el acto también se realizó la donación de la obra de arte “Territorio Frágil”, de la magister en cultura guaraní jesuítica Profesora y Lic. En artes plásticas Zulma Andrea Glosnicki. Al finalizar las actividades, se entregaron reconocimientos a las autoridades participantes.

Después de la presentación de la Orquesta Sinfónica, se hizo un recorrido por la plaza, que es un museo a cielo abierto, llegando hasta la Casa de Piedra, donde están los vestigios del antiguo cabildo. En efecto, el pueblo de Concepción fundó sus cimientos sobre la estructura jesuítica. La Casa de Piedra fue puesta en valor, se abre y se ilumina también en su patio, para que la gente que desee conocer y escuchar sobre la historia de esta casa pueda hacerlo con el equipo de Guías de Turismo de la Municipalidad de Concepción. 

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Productividad en modo Mundial: cómo cambia la dinámica laboral cuando juega la Selección

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 En Argentina, una Copa del Mundo modifica la rutina como pocos eventos. Durante semanas, las conversaciones giran alrededor de los partidos, los grupos de WhatsApp explotan y las oficinas también entran en “modo Mundial”.

Con encuentros programados en plena jornada laboral y millones de personas pendientes de cada instancia del torneo, las empresas vuelven a enfrentarse a una escena conocida: agendas que se reorganizan, equipos que siguen cada jugada en tiempo real y oficinas que muchas veces se transforman en espacios compartidos para vivir juntos cada encuentro de la Selección, en una dinámica que inevitablemente termina adaptándose al calendario deportivo.

Lejos de representar una excepción, el fenómeno refleja una transformación más profunda en el mundo del trabajo, donde la flexibilidad y la experiencia de las personas ganan cada vez más espacio dentro de las organizaciones.

“En Argentina esta época se vive de una manera muy particular. Y este año, además, existe un componente emocional enorme alrededor de Messi y un equipo que regresa después de consagrarse campeón del mundo en 2022. Las empresas entienden cada vez más que acompañar ese fenómeno también forma parte de construir una buena experiencia laboral”, comenta Diego Kexel desde el equipo de WeWork, donde se desempeña como Gerente General de Latinoamérica.

En ese contexto, cada vez más compañías optan por dinámicas más adaptables durante eventos masivos: horarios flexibles, jornadas híbridas, home office en días clave o espacios compartidos para seguir los partidos aparecen entre las alternativas.

Esto se da en un contexto donde las dinámicas híbridas ya forman parte de la rutina de muchas compañías. Según el estudio“IA y Presencialidad: el nuevo panorama laboral”, realizado por WeWork junto a Michael Page, el 59% de los trabajadores argentinos prefiere esquemas que combinen presencialidad y trabajo remoto. El informe revela que, incluso en modelos flexibles, el principal motivo para asistir a la oficina sigue siendo la integración del equipo.

Es justamente ahí donde el Mundial adquiere un rol estratégico. Más allá de los 90 minutos de juego, muchas empresas encuentran en estos eventos la oportunidad de reforzar los lazos internos a través de experiencias compartidas difíciles de replicar en la virtualidad. Compartir un partido entre colegas o transformar la oficina en un punto de encuentro funciona como una instancia de conexión clave alrededor de una pasión compartida.

Incluso, un relevamiento reciente de Great Place To Work muestra que las expectativas de flexibilidad por parte de los trabajadores son cada vez más altas: el 80% de los empleados considera que la manera en que las empresas gestionen el Mundial influirá mucho o bastante en su experiencia laboral; el 69% asegura que su motivación aumenta cuando las compañías acompañan el clima mundialista con iniciativas internas, mientras que el 46% preferiría ver los partidos junto a su equipo si estos se juegan en horario laboral.

“Esto expone algo que las empresas ya vienen viendo hace tiempo: las personas valoran cada vez más poder compatibilizar su vida personal con el trabajo sin resignar resultados. La productividad hoy pasa más por la confianza, la autonomía y la experiencia de los equipos”, finaliza Kexel.

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