Año: 2026

Se perdieron más de 106.000 puestos registrados en 2025 mientras crece el monotributo

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El mercado laboral argentino cerró 2025 con un dato que, en apariencia, sugiere estabilidad pero esconde un cambio profundo en la calidad del empleo. Según datos de la Secretaría de Trabajo basados en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el total de trabajadores registrados se mantuvo prácticamente sin variaciones interanuales, pero con una transformación significativa: el empleo asalariado cayó en más de 106.000 puestos mientras el trabajo independiente, especialmente el monotributo, creció con fuerza.

El dato central revela una mutación en la estructura laboral. El empleo asalariado —que incluye al sector privado, al sector público y al trabajo en casas particulares— retrocedió 1% interanual en diciembre de 2025 frente al mismo mes de 2024. En números concretos, la economía perdió 106.200 puestos formales bajo relación de dependencia.

Al mismo tiempo, el trabajo independiente aumentó 3,8%, con 104.800 nuevos inscriptos. Esa expansión compensó estadísticamente la caída del empleo asalariado y evitó que el total de puestos registrados mostrara un descenso más marcado.

El resultado plantea una tensión que ya comienza a discutirse en el plano político y económico: el empleo formal no desaparece del todo, pero cambia de forma. Y en ese proceso, el peso del trabajo con menor protección laboral crece.

La caída del empleo asalariado y el impacto sectorial

El retroceso del empleo registrado bajo relación de dependencia se distribuyó en varios segmentos del mercado laboral.

El sector privado explicó la mayor parte de la contracción, con una caída interanual del 1,4% equivalente a 88.800 puestos menos. El empleo público también mostró retrocesos, aunque más moderados: bajó 0,5%, lo que representa 18.700 empleos menos.

El único segmento con estabilidad fue el trabajo en casas particulares, que registró una variación prácticamente neutra, con un leve aumento de 0,3%.

Los datos muestran que el problema no se concentra en un solo sector. El deterioro atraviesa tanto al empleo privado como al estatal, lo que sugiere un impacto más amplio del contexto económico.

La dinámica tampoco es reciente. Según la serie del SIPA, la destrucción neta de puestos comenzó en septiembre de 2023 y se profundizó durante 2024. Aunque hacia fines de ese año se observó una recuperación moderada, durante 2025 el mercado laboral volvió a mostrar señales negativas.

Entre junio y diciembre del año pasado, el empleo privado acumuló siete meses consecutivos de variaciones negativas. En ese período se perdieron 96.800 puestos.

Si se amplía la mirada temporal, el deterioro es más marcado: entre septiembre de 2023 y diciembre de 2025 desaparecieron aproximadamente 150.000 empleos privados registrados.

Industria y comercio, los sectores más golpeados

El análisis sectorial revela que el impacto del ajuste económico se concentró en actividades intensivas en mano de obra.

Durante 2025 la industria perdió cerca de 40.000 puestos de trabajo registrados, la mayoría durante el segundo semestre del año. El comercio también mostró una caída significativa: desde mayo se redujeron 22.600 empleos.

El fenómeno no parece limitado a sectores tradicionalmente vulnerables. Incluso áreas consideradas beneficiarias del actual esquema económico —como agro, minería o intermediación financiera— destruyeron empleo durante el segundo semestre de 2025.

Ese comportamiento sugiere que la desaceleración laboral responde a un cuadro económico más amplio, marcado por la caída de la actividad y el ajuste fiscal.

El crecimiento del monotributo como amortiguador estadístico

El crecimiento del trabajo independiente aparece como el principal factor que evita una caída más pronunciada del empleo registrado total.

Durante 2025, el monotributo incorporó más de 104.800 trabajadores. Desde noviembre de 2023, el aumento acumulado alcanza 159.501 nuevos monotributistas.

Sin embargo, ese crecimiento también abre un debate sobre la calidad del empleo generado. En muchos casos, el monotributo funciona como un esquema laboral con menor estabilidad, menos protección social y sin las condiciones propias del empleo asalariado formal.

El fenómeno no es nuevo en el mercado laboral argentino, pero los datos recientes indican que se aceleró en el contexto del ajuste económico.

Un mercado laboral en transición

El balance de 2025 deja un diagnóstico ambiguo: el empleo registrado no colapsó en términos cuantitativos, pero sí experimentó un desplazamiento hacia modalidades laborales más flexibles.

Esa transformación ocurre en paralelo a una economía que todavía no logra consolidar una recuperación sostenida de la actividad.

El comportamiento del empleo en los próximos meses dependerá de dos variables centrales: la evolución del nivel de actividad y la capacidad de los sectores productivos de volver a generar empleo bajo relación de dependencia.

Por ahora, los datos sugieren un mercado laboral que se mantiene en pie, aunque con una estructura cada vez más distinta de la que existía apenas dos años atrás.

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Buscan fortalecer la formación de futuros guardaparques de Misiones

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El Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones firmó un convenio de colaboración con la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), con el objetivo de articular en territorio las prácticas profesionales de estudiantes de la carrera de Guardaparques dentro del sistema de áreas naturales protegidas de la provincia.

A partir de este acuerdo, los estudiantes podrán desarrollar instancias de formación práctica en distintas áreas protegidas, donde contarán con el acompañamiento de guardaparques provinciales, quienes orientarán su proceso de aprendizaje y brindarán herramientas vinculadas al trabajo cotidiano en conservación y manejo de los espacios naturales.

Durante las prácticas, los futuros profesionales también participarán en tareas vinculadas a la interpretación ambiental y la resolución de necesidades de cartelería e información dentro de las áreas protegidas, contribuyendo al mismo tiempo al fortalecimiento de la gestión y el ordenamiento de estos espacios.

El convenio busca consolidar el vínculo entre el ámbito académico y la gestión pública, promoviendo instancias de formación en territorio que permitan a los estudiantes adquirir experiencia directa en el cuidado y la protección del patrimonio natural de Misiones. Del mismo participaron el ministro de Ecología, Arq. Martín Recamán; subsecretario de Ecología, Facundo Ringa; el director de Áreas Naturales Protegidas, Fabio Malosh y el decano de la Facultad de Cs. Forestales, Fabián Romero.

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La guerra en Medio Oriente impacta en la economía argentina: energía más cara, presión inflacionaria y un posible impulso exportador

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La escalada militar en Medio Oriente tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán el 28 de febrero volvió a sacudir el tablero energético internacional y abrió un nuevo frente de incertidumbre para la economía argentina. El salto del precio del petróleo —que trepó USD 29,58, un aumento del 40,8%, y ya supera los USD 100 por barril— comienza a trasladarse a los combustibles locales y amenaza con alterar variables sensibles como inflación, salarios y actividad económica.

El fenómeno plantea una tensión clásica para economías emergentes como la argentina: el encarecimiento de la energía puede impulsar ingresos por exportaciones de petróleo y otros commodities, pero al mismo tiempo eleva los costos productivos, presiona sobre los precios internos y complica el equilibrio fiscal. La pregunta que empieza a recorrer despachos oficiales y análisis privados es si este shock externo terminará siendo un nuevo obstáculo para la estabilización económica o una oportunidad para sectores exportadores.

El movimiento ocurre además en un momento de fuerte heterogeneidad en la actividad local, con sectores que muestran señales de recuperación y otros que todavía enfrentan debilidad en el consumo y en los salarios reales.

Energía más cara: el impacto inmediato en precios, logística y subsidios

El aumento del petróleo ya empezó a sentirse en el mercado doméstico. Los combustibles registraron incrementos de entre 6% y 7%, con ajustes iniciales cercanos al 4% por parte de la petrolera estatal.

Ese traslado no queda limitado al sector energético. En Argentina, el 90% del transporte de cargas se realiza por camión, lo que convierte al gasoil en una variable clave para el costo logístico de la economía. Cuando sube el combustible, el impacto se expande rápidamente hacia la industria, el comercio y los alimentos.

La presión también se extiende a otros insumos energéticos. El encarecimiento del jet fuel repercute en el transporte aéreo y empuja el precio de los pasajes, mientras que el aumento del gas licuado de petróleo afecta tanto a hogares como a industrias que utilizan ese insumo en sus procesos productivos.

La cadena industrial tampoco queda al margen. El incremento del precio del gas y de los derivados petroquímicos eleva el costo de plásticos, resinas, fertilizantes y fibras sintéticas, productos que atraviesan múltiples sectores manufactureros, desde alimentos hasta textiles o autopartes.

En paralelo aparece un desafío para la política económica: el impacto fiscal. Un encarecimiento sostenido de la energía vuelve más delicado el esquema de subsidios. Si el Estado absorbe parte del shock para evitar aumentos tarifarios, el gasto público se incrementa; si lo traslada a tarifas, el costo energético recae directamente sobre hogares y empresas.

Un sistema energético todavía en transición

La estructura energética argentina introduce un matiz adicional. El país logró convertirse en exportador neto de energía a partir de la expansión del gasoducto que conecta la producción de Vaca Muerta con el sistema nacional. Sin embargo, esa mejora no eliminó completamente la dependencia de importaciones.

Durante el invierno, el sistema aún requiere compras de gas natural licuado (GNL) para cubrir picos de demanda. Si los precios internacionales se mantienen elevados, esas adquisiciones pueden encarecer la balanza energética y presionar sobre las cuentas públicas.

En otras palabras, el shock externo llega cuando la matriz energética argentina todavía se encuentra en un proceso de transición entre la dependencia histórica de importaciones y el nuevo rol exportador basado en el desarrollo del gas no convencional.

Exportaciones, tipo de cambio y riesgo financiero

El escenario global no ofrece únicamente riesgos. El encarecimiento de la energía y de otros commodities puede mejorar los ingresos de varios complejos exportadores.

Sectores como energía, minería y agro podrían beneficiarse de precios internacionales más altos, lo que incrementaría el ingreso de dólares por exportaciones. En un contexto donde la disponibilidad de divisas sigue siendo un factor crítico para la estabilidad macroeconómica, ese flujo adicional podría aportar un alivio parcial.

Además, un contexto internacional más volátil podría derivar en presiones cambiarias externas. Si se produjera algún ajuste en el tipo de cambio motivado por factores globales, ciertas ramas industriales orientadas a exportaciones ganarían competitividad.

Sin embargo, el escenario internacional también tiene riesgos financieros. La mayor incertidumbre global puede complicar la reducción del riesgo país y estimular movimientos de capital hacia economías consideradas más seguras, lo que tiende a mantener altas las tasas de interés en mercados emergentes.

Inflación, salarios y el impacto sobre el consumo

La variable que más preocupa en el frente doméstico es el traslado del shock energético a la inflación.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional señaló que un aumento sostenido del 10% en el precio del petróleo puede sumar 0,4 puntos porcentuales a la inflación global y restar entre 0,1 y 0,2 puntos al crecimiento económico mundial. En economías con alta sensibilidad a los costos logísticos y energéticos, ese impacto suele amplificarse.

En Argentina, el encarecimiento de la energía puede modificar los precios relativos dentro de la economía, con efectos directos sobre el poder adquisitivo de los hogares.

El contexto salarial no ofrece demasiado margen de absorción. Según datos oficiales, los salarios registrados cayeron más de 2% en términos reales durante 2025. En diciembre de ese año, los ingresos crecieron 2% nominal, mientras que la inflación fue 2,8%, lo que profundizó la pérdida de poder de compra.

La caída es más marcada si se observa el período desde el cambio de gobierno. Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025, el salario real de los trabajadores registrados perdió 7,1%. Dentro de ese universo, el sector público acumuló una caída del 17,03%, mientras que el sector privado registró una baja del 1,55%.

Si el shock energético se traduce en mayor inflación, el salario real podría enfrentar una nueva presión en el corto plazo, con efectos directos sobre el consumo interno.

Un nuevo factor externo en una economía todavía frágil

El conflicto en Medio Oriente vuelve a exponer un rasgo estructural de la economía argentina: su vulnerabilidad frente a shocks externos, especialmente cuando provienen del mercado energético.

El desafío para la política económica será administrar una ecuación compleja. Por un lado, aprovechar el impulso que pueden ofrecer los precios internacionales más altos para las exportaciones. Por otro, evitar que el aumento de los costos energéticos termine erosionando la recuperación del consumo y del salario real.

En ese equilibrio se juega una parte importante de la dinámica económica de los próximos meses. El impacto final dependerá de variables que todavía están abiertas: la duración del conflicto internacional, la evolución de los precios de la energía y la capacidad del Gobierno para absorber —o trasladar— ese shock externo dentro de la economía local.

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Argentina en la encrucijada global

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El comportamiento del dólar se da en un contexto de mayor liquidez en pesos en el mercado, lo que inclinó al Tesoro a absorber $0,8 bn mediante el rollover obtenido en la licitación de la semana. Asimismo, la relativa calma cambiaria se da en medio de un dólar global apreciándose y monedas emergentes cayendo, producto de los vaivenes en torno al conflicto bélico en Medio Oriente. Respecto a esto, el conflicto abre un trade-off para Argentina: un shock positivo producto de un mayor precio de las commodities, pero una potencial complicación en el frente financiero en caso de un sostenimiento de las tensiones que afecte la inflación, los flujos y la tasa de interés internacional.

En suma, la resolución del conflicto es importante para el programa financiero del Gobierno. Un potencial contexto global de menores flujos hacia emergentes y tasas de interés más elevadas aleja un necesario retorno a los mercados internacionales de deuda, y obligaría al equipo económico a recostarse en mayor medida en los argendólares (emisión local de deuda en dólares) para conseguir el financiamiento necesario y robustecer las perspectivas de Reservas del BCRA.

Queda atrás una semana de relativa tranquilidad en el plano cambiario-monetario. El tipo de cambio detuvo la tendencia alcista y perforó por algunas ruedas los $1.400, finalizando hoy en $1.400 (-1,1% semanal). De esta forma, la distancia al techo de la banda se amplió al 16%.

Esta situación cambiaria se da en el marco de una liquidez bancaria más holgada, que determinó que Finanzas inicie marzo con un rollover del 108%. La licitación se perfilaba a priori hacia un rollover por encima del 100%, producto de los instrumentos ofrecidos por Finanzas (volvió a ofrecer tasa fija y TAMAR) y una liquidez en pesos que había crecido desde mediados de febrero a raíz de la última licitación de dicho mes (donde se inyectó $0,5 bn) y las intervenciones en el mercado secundario del BCRA.

En números, los Pases de los bancos con el BCRA se ubicaban en $3 bn al 11 de marzo (un día antes de la licitación) y las obligaciones de encajes bancarios se encontraban relativamente en línea. De esta forma, cuando tenga lugar la liquidación de la subasta el próximo lunes 16 el Tesoro retirará del mercado $0,8 bn, lo que no introduciría presiones sobre la liquidez (y por tanto las tasas) ya que estimamos que el colchón de liquidez bancario vía Pases se mantendrá por encima de $1 bn (mayor al registrado en gran parte de febrero).

Yendo al detalle de la licitación, cerca del 25% del total adjudicado se concentró en instrumentos a tasa fija capitalizable (LECAP/BONCAP), con vencimientos entre mayo y septiembre de 2026 y TEMs en torno al 2,5–2,6%, destacándose la S15Y6 que explicó la mayor parte de las colocaciones a tasa fija. Por su parte, los instrumentos CER explicaron alrededor del 63% de la colocación, con vencimientos que se extendieron hasta junio de 2028 y TIREAs que fueron desde 0,37% en el tramo corto hasta 8,7% en el tramo largo, mostrando una demanda significativa por cobertura inflacionaria. Los instrumentos TAMAR concentraron cerca del 10% del total adjudicado, con márgenes de corte entre 3,01% y 4,72%, mientras que la demanda por dólar linked fue acotada, con colocaciones por aproximadamente $0,24 billones y TIREAs entre 5,1% y 6,35%.

Respecto al bono hard dólar (AO27), se adjudicó el cupo por USD 250 M a una TNA del 5,45% (vs 5,74% TNA en la primera licitación). De esta forma, el Tesoro podría cancelar los próximos vencimientos en USD sin recurrir al BCRA. Con datos al 10 de marzo, los depósitos en dólares alcanzan los USD 468 M. Asumiendo que Finanzas logrará colocar los USD 500 M de AO27 en marzo, los depósitos podrían alcanzar los USD 1.000 M y sería suficientes para compensar las obligaciones brutas con Organismos Internacionales por USD 830 M del mes. Incluso el cumplimiento podría ser más holgado en caso de producirse el desembolso pendiente por USD 1.000 M con el FMI y nuevos ingresos por parte de los mismos Organismos Internacionales.

Volviendo al comienzo, la relativa tranquilidad en el plano cambiario es destacable en el marco de un mercado internacional convulsionado por el conflicto en Medio Oriente. Desde el comienzo de las tensiones, el mercado se ve cruzado por el vaivén discursivo y las acciones de los principales responsables, primando la incertidumbre respecto a la resolución que tendrá el conflicto, el cómo y su plazo.

En este contexto, el precio del petróleo retornó nuevamente a los 100 USD/por barril en la semana, la volatilidad en la bolsa norteamericana se disparó (el VIX se mantiene en los niveles más altos desde el Liberation Day a comienzos de abril del año pasado) y el dólar continúa actuando como un refugio global en detrimento de las monedas emergentes. Concretamente, desde el inicio del conflicto el dólar se apreció 2,2% (+0,4% esta semana), al tiempo que las monedas emergentes se depreciaron, con el Real brasileño (nuestro principal socio comercial) cayendo1,6%. Con un tipo de cambio local que se mantuvo relativamente estable y la aceleración de la inflación de los últimos meses, el tipo de cambio real profundizó la tendencia que presenta desde 2026 y se apreció 2,6% desde el estallido del conflicto (volvió a valores similares a los de junio de 2025).

La cuestión de la incertidumbre sobre la resolución y derivaciones del conflicto no son triviales para Argentina. Si bien el precio del petróleo en particular y de las commodities en general (la soja en Chicago subió 4,8%) significan en el neto un shock positivo para el frente comercial del país, la cuestión pasa sobre el frente financiero. Concretamente, sobre los flujos internacionales y la disposición de financiamiento hacia emergentes, el impacto sobre el Riesgo País y el necesario rollover de vencimientos en moneda dura que requiere el Sector Público.

Es que el conflicto bélico se superpone a una economía norteamericana con varios frentes abiertos. Dejando a un lado los vacíos y las complejidades de las estadísticas fruto del shutdown, la marcha desinflacionaria está virtualmente estancada desde al menos mediados de 2025 (la tasa de inflación anualizada se alejó del 2% objetivo de la FED y se estabilizó en torno al 3%), la tasa de desempleo subió levemente en febrero, y la evolución anualizada del PIB del cuarto trimestre del 2025 se revisó fuertemente a la baja (0,7% desde 1,4%).

En este delicado balance de inflación y actividad que tendrá por delante el organismo, el shock inflacionario del precio de petróleo agrega mayores tensiones. El punto del conflicto será ver si existe una potencial resolución en el corto plazo que derive en un nuevo nivel del precio del petróleo (con virtuales consecuencias en la actividad de ser mucho mayor) y permiten pensar en un fogonazo inflacionario transitorio, o si el mismo se prolonga a un punto que implique que las autoridades se vean obligadas a considerar tomar cartas en el asunto (como en el shock inflacionario post-pandemia).

Por lo pronto, el mercado descuenta que ahora la FED no volverá a bajar la tasa de interés en 2026. Las tasas implícitas del mercado estiman que la Reserva Federal finalizará el año en el con la tasa en el rango actual de 3,50%-3,75%, mientras que el 27 de febrero (previo al inicio del conflicto) descontaba al menos 2 recortes hasta finales de año situándola en 3%-3,25%. Asimismo, la tasa de interés de los bonos del Tesoro norteamericano a 10 años (la tasa libre de riesgo) pasó del orden del 3,96% a 4,24% desde el estallido bélico, afectado por un dólar más demandado (un cambio de comportamiento que se ve desde al menos el 2022) seguramente por razones especulativas y de cobertura.

En suma, la resolución del conflicto es importante para el programa financiero del Gobierno. Un potencial contexto global de menores flujos hacia emergentes y tasas de interés más elevadas aleja un necesario retorno a los mercados internacionales de deuda, y obligaría al equipo económico a recostarse en mayor medida en los argendólares (emisión local de deuda en dólares) para conseguir el financiamiento necesario y robustecer las perspectivas de Reservas del BCRA.

Con todo, sólo el paso del tiempo irá clarificando los escenarios. Un buen balance para la economía local sería un precio de las commodities estableciéndose a un nivel superior al que exhibían previo al conflicto, y una inflación que se manifieste transitoriamente en la economía norteamericana y que permita pensar en un sostenimiento del sendero de bajas de tasas de interés.

Baja del dólar oficial

El tipo de cambio spot finalizó en $1.400 (-1,1% semanal). Por otro lado, el BCRA compró USD 295 M en la semana y las Reservas Netas (Brutas – Swap CH y USA – Encajes – REPOs – SEDESA) se ubicarían en terreno negativo por USD 300 M.

La brecha cambiaria se estabiliza

Los dólares alternativos finalizaron mixtos: el dólar minorista bajó 1,4% ($1.416) respecto al viernes de la semana anterior, el dólar MEP operado con AL30 se redujo 0,4% ($1.425), el blue cayó 0,4% ($1.410) y, por el contrario, el dólar CCL operado con CEDEARs subió 0,5% ($1.487). De esta forma, la brecha promedio finalizó en la zona del 3%.

Los futuros de dólar bajan

Los contratos a futuro del dólar acompañaron al movimiento del spot. En detalle, los contratos con vencimiento entre marzo a mayo bajaron 1,8% y aquellos con vencimiento desde junio 2026 descendieron 1,9%. Respecto a las devaluaciones implícitas, el mercado cerró con una devaluación del +1,0%, +3,3% y +5,6% para marzo, abril y mayo, respectivamente.

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EE.UU. bombardea la isla petrolera de Kharg y escala la guerra con Irán: Teherán amenaza con atacar puertos del Golfo

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La guerra en Medio Oriente dio un salto estratégico después de que Estados Unidos ejecutara un ataque aéreo masivo contra la isla iraní de Kharg, el principal centro de exportación de crudo del país. La operación fue confirmada por el propio presidente estadounidense, Donald Trump, quien afirmó que el Comando Central destruyó “más de 90 objetivos militares” en la isla durante la noche del viernes, en una de las ofensivas más contundentes del conflicto iniciado hace dos semanas.

Kharg es una franja de tierra de apenas ocho kilómetros frente a la costa iraní, pero su peso geopolítico es enorme: desde allí se gestiona aproximadamente el 90 % de las exportaciones petroleras de Irán. Por esa razón, el ataque no fue interpretado solo como una operación militar puntual, sino como una advertencia directa sobre la capacidad de Washington de presionar el corazón económico del país.

Trump sostuvo que las fuerzas estadounidenses “aniquilaron todos los objetivos militares” en la isla, aunque aclaró que decidió no destruir la infraestructura petrolera. Al mismo tiempo, lanzó una advertencia explícita: si Irán interfiere con el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, Estados Unidos podría reconsiderar esa decisión.

La respuesta iraní no tardó. Las fuerzas armadas de Teherán advirtieron que podrían atacar puertos y muelles en los Emiratos Árabes Unidos, a los que acusan de haber servido como plataforma para el lanzamiento de misiles estadounidenses. El mensaje incluyó una advertencia directa a las autoridades emiratíes y a la población cercana a las instalaciones portuarias.

La tensión, por lo tanto, dejó de limitarse a un intercambio militar bilateral y amenaza con expandirse a toda la infraestructura energética del Golfo.

El valor estratégico de Kharg y el cálculo militar de Washington

La ofensiva contra Kharg rompe un equilibrio que Estados Unidos había mantenido durante las primeras semanas de guerra. Hasta ahora, Washington había evitado atacar ese enclave, consciente de que un daño directo a la terminal petrolera podría desencadenar un shock energético regional.

Según el Comando Central estadounidense, la operación se concentró en instalaciones militares: depósitos de minas navales, búnkeres de almacenamiento de misiles y otras posiciones defensivas. La infraestructura petrolera quedó fuera del objetivo.

Las autoridades iraníes confirmaron que las operaciones petroleras continúan con normalidad. El vicegobernador de la provincia de Bushehr afirmó que las exportaciones, importaciones y actividades empresariales en la isla siguen en funcionamiento.

Ese detalle no es menor. Mantener intacta la capacidad exportadora permite a Washington aumentar la presión militar sin provocar una interrupción inmediata del mercado energético global.

Pero la advertencia presidencial abre un escenario distinto: si Irán bloquea el estrecho de Ormuz, el principal corredor marítimo de petróleo del mundo, la infraestructura petrolera podría convertirse en un objetivo militar directo.

Ese cálculo convierte al enclave petrolero en un elemento central de la disuasión.

La guerra se expande en la región

Mientras se profundiza el enfrentamiento entre Estados Unidos, Israel e Irán, el conflicto ya genera impactos en múltiples frentes regionales.

Las fuerzas iraníes sostienen que responderán contra los “orígenes de los lanzamientos de misiles”, incluyendo instalaciones ocultas en puertos o refugios dentro de ciudades emiratíes. Esa acusación coloca a los Emiratos Árabes Unidos en una posición particularmente delicada dentro de la ecuación militar.

El riesgo de escalada quedó reflejado pocas horas después, cuando un incendio se desató en el puerto de Fujairah tras la interceptación de un dron cuyos restos cayeron en un centro petrolero cercano al estrecho de Ormuz. Algunas operaciones de carga de petróleo fueron suspendidas temporalmente según reportes citados por agencias internacionales.

Bagdad

En paralelo, el conflicto también se amplifica en otros escenarios:

En Bagdad, un dron impactó en la embajada estadounidense dentro de la Zona Verde, provocando humo e incendio en el complejo diplomático.

Israel intensificó sus bombardeos en Líbano contra posiciones vinculadas a Hezbollah.

En Teherán, residentes denunciaron ataques cada vez más frecuentes contra comisarías y puestos de control vinculados a la Basij, la fuerza paramilitar que respalda al régimen.

La estrategia israelí, según declaraciones del primer ministro Benjamin Netanyahu, busca debilitar los aparatos de seguridad del régimen iraní y “crear las condiciones” para que la población pueda desafiar a sus líderes.

El costo humano y la dimensión regional del conflicto

A dos semanas del inicio de la guerra, el saldo humano muestra una escalada significativa. Estimaciones difundidas por CNN señalan que más de 2.000 personas —entre civiles y militares— han muerto en Medio Oriente desde el comienzo de las hostilidades.

Las cifras reportadas incluyen: Más de 1.300 fallecidos en Irán según su embajador ante la ONU. 773 muertos en Líbano por los ataques israelíes. Al menos 15 víctimas en Israel. 13 militares estadounidenses muertos en distintos episodios del conflicto.

Además, el gobierno iraní afirma que más de 42.914 instalaciones civiles han resultado dañadas por los bombardeos estadounidenses e israelíes, incluyendo 36.489 viviendas y 120 escuelas.

La crisis humanitaria también comienza a expandirse. Según la agencia de la ONU para los refugiados, hasta 3,2 millones de personas han sido desplazadas dentro de Irán.

Ese panorama transforma la guerra en un conflicto regional de múltiples frentes, donde las fronteras operativas entre Estados se vuelven cada vez más difusas.

Emiratos Árabes Unidos

El estrecho de Ormuz, el punto crítico que todos observan

La advertencia de Washington sobre el estrecho de Ormuz introduce una variable estratégica que puede redefinir el conflicto. Ese corredor marítimo concentra una parte significativa del transporte mundial de petróleo.

Si Irán decide bloquearlo o interferir con el tránsito de buques, el enfrentamiento podría pasar de una guerra regional a una crisis energética global.

Por ahora, Estados Unidos ha optado por una presión militar calibrada: atacar infraestructura militar clave sin afectar directamente las exportaciones petroleras.

Pero la advertencia presidencial sugiere que ese límite podría ser temporal.

Las próximas semanas mostrarán si la ofensiva contra Kharg fue un movimiento táctico dentro de una estrategia de contención o el inicio de una fase más amplia del conflicto en el Golfo.

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