8M: cuando el reconocimiento no alcanza
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Cada 8 de marzo el mundo vuelve a hablar del liderazgo de las mujeres.
Se organizan actos, se escriben mensajes, se multiplican los gestos de reconocimiento. Y está bien que así sea. Durante siglos la voz de las mujeres estuvo ausente de muchos espacios de decisión y de poder. Recordarlo no es un ejercicio simbólico: es, sobre todo, un acto de justicia histórica.
Pero quienes hoy habitamos espacios de responsabilidad pública sabemos que el desafío no termina en la visibilidad.
El liderazgo femenino en la política sigue atravesando tensiones silenciosas. Muchas veces se celebra la presencia de mujeres en lugares de decisión, pero todavía cuesta aceptar plenamente su autoridad, su palabra y su capacidad de conducir.
En los discursos se habla de igualdad.
En la práctica, todavía hay inercias que pesan.
Las mujeres que participamos en política conocemos bien esa sensación: la de tener que demostrar más. La de sostener, muchas veces al mismo tiempo, responsabilidades institucionales, familiares y comunitarias, sin que ese esfuerzo cotidiano aparezca en ninguna estadística.
También conocemos otra dimensión menos visible: la tarea de sostener equipos, cuidar vínculos, ordenar tensiones y seguir adelante incluso cuando el cansancio se acumula.
Por eso el 8M no debería ser solo un día de reconocimiento.
Debería ser también un día de sinceridad.
Un día para decir que todavía queda camino por recorrer.
Un día para preguntarnos cómo construimos instituciones donde el liderazgo femenino no sea una excepción celebrada, sino una presencia natural.
Y también un día para reconocer algo que muchas veces queda fuera de los discursos: la fortaleza silenciosa de tantas mujeres que sostienen proyectos, comunidades y políticas públicas incluso cuando las condiciones no son fáciles.
Porque detrás de cada mujer que ocupa un lugar de responsabilidad hay casi siempre una historia de perseverancia.
De trabajo.
De convicción.
Tal vez por eso la pregunta sigue resonando con fuerza en este tiempo:
¿quién cuida a quienes cuidan? ¿quién sostiene a quienes sostienen?
El desafío del presente no es solo abrir puertas para las mujeres.
Es construir una cultura política donde su liderazgo sea plenamente reconocido, acompañado y respetado.
Ese es, quizás, uno de los verdaderos sentidos del 8 de marzo.
