Como en el Eternauta, lo viejo funciona

Por Oscar Puebla, arquitecto y broker inmobiliario

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Una vez, en una viñeta de El Eternauta, Juan lo dijo con simpleza sabia: “Lo viejo funciona”. Y desde entonces, muchos la repiten como quien pronuncia un conjuro frente a la incertidumbre. Pero no. Lo viejo no funciona porque es viejo. Funciona porque está bien hecho.

Funciona porque fue pensado con amor al oficio, porque alguien se tomó el tiempo de hacerlo bien, sin atajos. Porque nació en tiempos donde las cosas debían durar, no apenas deslumbrar.

Porque se fundó sobre el respeto, la palabra empeñada, la mirada a los ojos. Y eso es lo que aún lo mantiene en pie.

Hoy que todo parece cambiar de nombre cada seis meses, que lo nuevo a veces sólo es lo mismo con otro envoltorio, me permito dudar del vértigo.

Hay que saber mirar lo que permanece, lo que no cede ante la moda. Lo que resiste no por tozudez sino por coherencia. Porque se alinea con valores que no cotizan en bolsa pero sostienen el tejido invisible de un país: la honestidad, la responsabilidad, la dignidad del trabajo bien hecho.

En tiempos de inflación emocional y slogans fugaces, defender lo esencial es casi un acto de rebeldía. Y ahí, lo viejo cobra otro sentido. Lo viejo como herencia ética, como hilo conductor entre generaciones, como estructura que no se derrumba aunque le llueva encima la tormenta de turno.

Lo viejo funciona porque no negocia lo importante. Porque, aunque cambien los mapas, mantiene la brújula. Y esa debería ser la consigna de cualquier pyme argentina que quiera perdurar: no aferrarse al pasado por nostalgia, sino abrazar lo que de ese pasado vale la pena traer al presente. Y construir desde ahí.

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