El Banco Central advierte sobre la suba de la mora en créditos al consumo

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Alerta por el endeudamiento familiar: crece la morosidad en tarjetas de crédito y préstamos personales. En abril, el sistema financiero registró los niveles más altos de mora en créditos al consumo desde 2021. El deterioro del ingreso y las tasas elevadas tensionan el equilibrio financiero de los hogares.

El nivel de endeudamiento de las familias argentinas volvió a escalar en abril, en un contexto de caída del poder adquisitivo y precarización laboral. Según el último informe del Banco Central (BCRA), la morosidad en los créditos personales trepó al 4,6%, el nivel más alto en los últimos 20 meses. En tanto, las tarjetas de crédito marcaron un récord de 3,2%, su pico más elevado desde fines de 2020.

El fenómeno refleja la persistencia de un esquema de financiamiento estructural para el consumo doméstico, impulsado por la necesidad de cubrir gastos básicos ante el deterioro de los ingresos reales.

Suben los niveles de mora

El informe oficial del BCRA sobre entidades financieras correspondiente a abril muestra que el índice de irregularidad del crédito al sector privado se ubicó en 2,2%, con una suba de 0,2 puntos porcentuales respecto de marzo. La principal presión sobre este indicador provino de los préstamos a las familias, cuya mora se elevó al 3,7%, un salto mensual de 0,4 p.p.

La situación contrasta con el comportamiento del crédito a empresas, cuya mora se mantiene en 0,9%, cerca de mínimos históricos en 20 años. Además, el sistema financiero local sigue mostrando ratios de morosidad inferiores al promedio regional (2,8%) y a la media histórica nacional (3,1%).

Los préstamos respaldados con garantías preferidas representaron el 16% del total del crédito al sector privado, con un bajo nivel de mora (1,6%). En cambio, los créditos sin respaldo presentaron un ratio de irregularidad más alto: 2,3%.

En diálogo con medios especializados, el economista Martín Kalos, director de EPyCA Consultores, explicó que el incremento de la morosidad está estrechamente ligado al uso creciente de la tarjeta de crédito como herramienta de supervivencia económica: “Los hogares comenzaron a patear gastos con la tarjeta, en medio de un fuerte deterioro del salario real y mayor precarización laboral”, afirmó.

Kalos subrayó que, si bien los salarios privados registrados muestran cierta recuperación nominal, la base de trabajadores formales se achicó: “Muchos pasaron a empleos informales o directamente a trabajar por cuenta propia con ingresos más bajos”.

En la misma línea, Claudio Caprarulo, director de Analytica Consultora, sostuvo que si bien el crédito desaceleró su crecimiento, la carga de deuda sobre los ingresos familiares volvió a niveles críticos: “Hoy está cerca del récord de 2018”, alertó. Para revertir esta tendencia, advirtió, será clave que los ingresos de las familias dejen de caer y que el costo del financiamiento comience a moderarse, en un contexto de tasas todavía altas por efecto de la desinflación.

También crece la mora fuera del sistema bancario

El deterioro no se limita a los bancos. Según datos de la Cámara Argentina de Empresas de Servicios Financieros no Bancarios (Caesfi), la morosidad entre sus clientes subió un 5% en el último semestre, comparado con el segundo semestre de 2024.

Estos datos reflejan la presión creciente sobre los hogares, que recurren cada vez más a canales alternativos de financiamiento ante el agotamiento de los márgenes en el sistema tradicional. La tendencia preocupa al sector, que monitorea con atención la evolución del ingreso disponible y la capacidad de pago de los consumidores.

Pese a la baja de la inflación, el poder adquisitivo sigue rezagado y las tasas de interés, aunque en descenso, aún se mantienen elevadas en términos reales. El coeficiente de mora general se sostiene por debajo del promedio histórico, gracias a un nivel de previsionamiento del 142%, muy superior a la media de los últimos 20 años (129%). No obstante, el deterioro en los créditos al consumo plantea un desafío para la estabilidad de los ingresos bancarios y la salud financiera de los hogares.

En un escenario de ajuste macroeconómico prolongado, con salarios y jubilaciones en caída, y paritarias limitadas por la política oficial, la tendencia alcista de la morosidad podría profundizarse en los próximos meses.

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