Faima ve “señales de estabilización” en el mercado de la madera
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En un escenario económico aún complejo para la actividad industrial y la construcción, el sector de la madera comienza a mostrar signos de estabilización, con una leve recuperación respecto a los meses previos y oportunidades concretas vinculadas al comercio exterior, de acuerdo con el último informe elaborado por el asesor de mercado de FAIMA, Gustavo Cetrángolo.
“Durante noviembre y lo que va de diciembre observamos una continuidad en los niveles de actividad registrados en octubre, mes en el que se había dado una pequeña recuperación. Si bien el contexto sigue siendo desafiante, algunos indicadores permiten pensar en una etapa de transición hacia un escenario más previsible”, explicó Cetrángolo.

Según el análisis, las altas tasas de interés, la restricción del consumo y la caída de la obra pública continúan condicionando el desempeño del mercado interno. Los precios de la madera se mantienen prácticamente sin variaciones desde hace más de un año, con un fuerte nivel de competencia comercial que impacta en los márgenes de rentabilidad de las empresas, especialmente en las pymes.
No obstante, el informe destaca que la industria viene mostrando una capacidad de adaptación significativa, adecuando los niveles de producción a la demanda y explorando nuevos canales comerciales. En ese sentido, las exportaciones de madera aserrada de pino crecieron un 30,7% en los primeros once meses de 2025, impulsadas principalmente por la demanda de mercados asiáticos.
“Frente a la debilidad del mercado interno, la exportación se consolida como una herramienta clave para sostener la actividad, reducir costos fijos, asegurar cobranzas y preservar el empleo, aun cuando los márgenes sean ajustados”, señaló el consultor de FAIMA. Este proceso, que históricamente estuvo concentrado en grandes empresas, comienza a incorporar a un mayor número de aserraderos pymes.
El reporte también subraya que la actividad vinculada a la construcción continúa en una ‘meseta baja’, aunque algunos indicadores muestran leves mejoras intermensuales. En paralelo, las expectativas empresarias comenzaron a mejorar hacia el cierre del año, en línea con un escenario financiero algo más estable y una moderación en las tasas de interés.
“Estamos atravesando un punto de inflexión para el sector foresto-industrial. La competitividad sigue siendo un desafío central, especialmente por el fuerte aumento de los costos estructurales, pero también hay oportunidades si se avanza en una agenda que mejore las condiciones macroeconómicas, el acceso al financiamiento y la previsibilidad”, sostuvo Cetrángolo.
Desde FAIMA remarcan que el sector de la madera mantiene un rol estratégico en la industria nacional, con capacidad de generar empleo, valor agregado y divisas, y que será clave acompañar esta etapa con políticas que fortalezcan la competitividad y promuevan la inversión productiva.
“El desafío es grande, pero el sector ha demostrado históricamente una enorme resiliencia. Con reglas claras y una macroeconomía más estable, la industria de la madera tiene condiciones para recuperar dinamismo y proyectarse a largo plazo”, concluyó el especialista.
Variables que condicionan
La industria foresto-industrial argentina, y en particular el complejo maderero, llega al cierre de 2025 en una situación de extrema fragilidad. Tras una leve mejora técnica en octubre, noviembre y lo que va de diciembre consolidaron una “meseta baja” de actividad: se vende algo más que en el peor momento de la recesión, pero no lo suficiente como para recomponer rentabilidad ni aliviar la asfixia financiera que atraviesan los aserraderos y fabricantes.
El principal problema no es la falta total de operaciones, sino su calidad económica. Los precios de la madera se mantienen prácticamente sin cambios desde hace más de un año, pero en un contexto de costos que no dejaron de subir. Para cerrar ventas, muchas empresas se ven obligadas a aplicar descuentos sobre listas, extender plazos de pago y, en algunos casos, recurrir a esquemas informales. El resultado es una competencia feroz por colocar stock, con márgenes mínimos o directamente negativos.
La sobreoferta es otro rasgo del momento. Numerosos aserraderos arrastran altos inventarios de madera, lo que acelera la presión vendedora y empuja aún más los precios a la baja. El único segmento con algo más de dinamismo es el de pallets, aunque con pedidos de muy corto plazo, lo que vuelve al mercado extremadamente volátil e imprevisible.
Este deterioro ya se refleja en la cadena de pagos. En las últimas semanas comenzó a observarse un aumento en los cheques rechazados dentro del sector, una señal temprana de estrés financiero. Aunque todavía no se trata de una crisis generalizada, complica el acceso al crédito en un contexto en el que financiarse es caro y escaso.
La raíz del problema es estructural. En los últimos dos años, los ingresos del sector crecieron con fuerza en dólares, pero los costos lo hicieron mucho más rápido. La energía eléctrica —clave para aserraderos y secaderos— registró aumentos desproporcionados, al igual que los insumos, la logística y los costos laborales. La ecuación es simple y brutal: aun vendiendo más, muchas empresas ganan menos o directamente pierden dinero.
A este cuadro se le suma el calendario financiero de fin de año. El pago de paritarias, aguinaldos y vacaciones llega en el peor momento de liquidez, lo que vuelve especialmente delicada la situación de muchas pymes foresto-industriales.
La construcción, principal demandante de madera, tampoco ofrece un piso firme. Los despachos de cemento y otros indicadores del sector muestran una actividad deprimida, con leves oscilaciones mensuales que no alcanzan para revertir el estancamiento. La obra pública sigue prácticamente paralizada y la inversión privada no logra despegar en un contexto de crédito caro y consumo débil.
En ese escenario, la exportación se convirtió en la principal válvula de escape. Las ventas externas de madera aserrada de pino crecieron con fuerza en 2025, impulsadas por grandes jugadores y, cada vez más, por aserraderos pymes que encontraron en los mercados externos una forma de sostener producción, empleo y flujo de caja. Asia es hoy el gran destino, con precios estables pero bajos, que obligan a resignar margen a cambio de asegurar cobranzas.
Estados Unidos, en cambio, sigue sin traccionar. La débil recuperación de su mercado inmobiliario limita la demanda de productos de mayor valor agregado, como las molduras de pino, cuyas exportaciones continúan en caída. El sector apuesta a una reactivación en 2026, pero por ahora no hay señales claras.
El resultado es un modelo de supervivencia: se exporta para no cerrar, se vende barato para no acumular stock, se ajusta producción y horas trabajadas para no profundizar pérdidas. La industria comenzó a adaptarse a esta nueva normalidad reduciendo turnos y reestructurando plantas, un proceso que probablemente se intensifique el año próximo.
Para provincias como Misiones, donde la foresto-industria es un pilar del empleo, las exportaciones y la inversión, el momento es crítico. La combinación de costos desbordados, demanda interna débil y mercados externos que compran pero no convalidan mejores precios deja al sector en una posición frágil. El 2026 aparece, así, más como un año de resistencia y reorganización que de verdadera recuperación.

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