Doce horas entre naranjas por $15.000: cosechero denunció las condiciones laborales en la chacra de Ranger
Hace apenas unos días su nombre se escuchó en la Legislatura. El diputado Ramón Amarilla acusó al Gobierno y la Policía de “liberar zonas” para robos en zonas rurales y citó como ejemplo al productor citrícola Ricardo Ranger que constantemente se queja del robo de naranjas de sus plantaciones que están al alcance de la mano en Eldorado. “La cúpula policial es espectadora de lujo del saqueo”, acusó el diputado que hace poco integraba la fuerza.
Ranger es conocido por sus denuncias y lamentos por no encontrar mano de obra que coseche sus frutas. Más de 100 denuncias en los últimos meses por presuntos robos en sus chacras. La última fue por la “intrusión” de unos niños mbya que le sacaron naranjas. Sin embargo, ahora salió a la luz la otra cara.
Un joven de 21 años declaró ante la Policía de Colonia Victoria que trabajaba en la cosecha de naranjas para Ranger durante doce horas diarias, por unos $15.000, sin elementos de seguridad ni alimentación. Su presentación respondió a una exposición del productor que, según sostuvo, lo había acusado de ausentarse sin avisar.
El joven aseguró que cosechaba naranjas durante jornadas de doce horas, sin equipamiento de seguridad ni alimentación provista por el empleador, y que dejó la actividad después de pedir una mejora en la paga.
El relato quedó asentado el 28 de octubre en la Comisaría de Colonia Victoria, en un descargo de exposición realizado por Axel G. El trabajador se presentó para responder a una manifestación previa de Ranger: según explicó, el productor había dejado constancia de que se había ausentado sin avisar. El joven rechazó esa versión y sostuvo que comunicó su decisión a la esposa y a un hijo del empresario, porque este no se encontraba en el lugar.
De acuerdo con su declaración, había comenzado a trabajar durante la segunda semana de octubre junto con un amigo. Ambos permanecieron pocos días. El motivo, afirmó, fue la combinación de una remuneración insuficiente y jornadas que se extendían desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde.
El pago era por producción: según detalló, recibía $400 por cada cajón recolector de naranjas y, después de doce horas de trabajo, apenas alcanzaba unos $15.000.
A esa situación sumó la falta de elementos de protección y de comida durante la jornada. Aseguró que no les proporcionaban desayuno ni almuerzo y describió las condiciones del terreno para explicar su preocupación por la seguridad: el pasto llegaba a la altura de las rodillas y consideraba necesario utilizar botas por la presencia de víboras.
Antes de retirarse, sostuvo, planteó sus motivos a la familia del productor. La esposa de Ranger le habría pedido que continuara un tiempo más, al menos hasta completar un mes. El joven respondió que la remuneración no justificaba el traslado ni los riesgos que describió y solicitó un aumento. Según su exposición, la respuesta fue que no podían otorgárselo.
El descargo también señala que el vínculo comenzó mediante un acuerdo verbal. El trabajador afirmó que no le hicieron firmar un contrato ni otros papeles.
