Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

La solvencia misionera: veinte años de desendeudamiento sostenido

Compartí esta noticia !

En tiempos en que la discusión sobre las cuentas públicas suele quedar atrapada en el cortoplacismo (el déficit de hoy, la caja de mañana, la asistencia nacional o la emisión monetaria), vale la pena mirar a contraluz aquellos casos provinciales que, sin mucho ruido, han sostenido una conducta fiscal ordenada y previsora. Hace un par de semanas hablamos del equilibrio en las cuentas públicas misioneras: superávit al segundo trimestre con baja expansión del gasto ante un escenario de ingresos débil. Ahora nos toca hablar de algo que, aun a riesgo de ser insistente (o repetitivo) no debe pasarse por alto: la deuda pública. 

Hace varios años se viene destacando el proceso de desendeudamiento misionero, que tuvo momentos altamente complejos sobre finales del 90 y principios de los 2000 y que paulatinamente comenzó a mejorar su perfil para convertirse, en la actualidad, en una de las provincias más desendeudadas del país. 

¿Qué vemos en la actualidad? Con un stock de $76.374 millones al segundo trimestre, el nivel de deuda pública provincial equivale a apenas el 4% de los ingresos totales

En otras palabras, el peso de los compromisos financieros sobre el presupuesto es prácticamente insignificante. Solo a modo de ejercicio, Misiones podría cancelar toda su deuda con un solo mes de coparticipación y aún así le sobraría. Esa es la dimensión del bajo nivel actual de pasivos que tiene la provincia. 

Este dato, lejos de ser un tecnicismo económico, tiene un fuerte contenido político y de administración. Sostener una política de desendeudamiento no es un fin en sí mismo, sino que es una herramienta de autonomía para que cada peso que ingresa a la caja provincial pueda destinarse al desarrollo, a la inversión social o a la infraestructura, y no a cubrir vencimientos. 

Hagamos un breve recorrido histórico. En 2005 (al segundo trimestre, para comparar periodos iguales), la deuda pública misionera era de $2.680 millones a precios de ese entonces. Si lo convertimos a moneda de hoy (pesos constantes de junio 2025), equivaldría a unos $1.620.020 millones. Más fácil: 1,6 Billones de pesos. 

Diez años después, hacia el año 2015, de nuevo, medido a precios actuales, el stock se había reducido a $559.399 millones: una disminución del 65%. Ahora vamos otros diez años más adelante: para 2025, la reducción de la deuda es del 95% contra 2005 y del 86% respecto a 2015. Vale decir, en este marco, que Misiones virtualmente eliminó sus pasivos a partir de una política deliberada de desendeudamiento que se aplicó por décadas: no se trata de pagar lo que se debe, sino de evitar nuevos pasivos que compliquen el perfil de deuda futuro. 

Esa decisión estratégica tiene un valor doble. Por un lado, permitió descomprimir la presión sobre las cuentas corrientes, liberando recursos que antes se destinaban al pago de intereses. Por otro, construyó una reputación de solvencia y previsibilidad que se volvió un activo en sí mismo. Las provincias que demostraron disciplina fiscal son las que hoy pueden acceder con mayor facilidad y menor costo a los mercados de crédito, cuando lo necesitan. Incluso, Misiones hoy tiene un muy buen perfil crediticio que no usa, pero que podría hacerlo si las condiciones lo ameritan. En un contexto donde varias provincias están saliendo a colocar deuda en el mercado local (y algunas mirando también el internacional) si Misiones quisiera ir por ese camino encontraría condiciones muy favorables respecto a otros subnacionales. Hoy, la decisión es no hacerlo o hacerlo únicamente para obras de infraestructura que demandan una inversión importante, como la energía eléctrica. 

El contraste con otras jurisdicciones del país es evidente. Mientras muchas provincias, incluso algunas con economías más diversificadas o con mayor tamaño relativo, cargan con niveles de deuda que limitan su margen de maniobra. Incluso en el NEA, la diferencia de Misiones respecto a Chaco es muy fuerte y eso traduce en capacidad de acción: cada seis meses, Chaco debe hacer malabares financieros para cumplir sus vencimientos, incluso a costa de recortar gastos sensibles a la ciudadanía, quitándole, aunque sea temporalmente, autonomía de gestión. 

En el contexto macroeconómico argentino, donde la volatilidad de los ingresos provinciales, la inestabilidad macro persistente y las tensiones cambiarias suelen condicionar severamente a las finanzas subnacionales, sostener un perfil de deuda tan bajo no es solo una buena práctica, es casi una excepción virtuosa. 

La característica del perfil de deuda misionero no solo se da por bajo stock y descensos significativos: también en su composición. Apenas el 16% del total de la deuda provincial está nominada en moneda extranjera con un plus: esa deuda nómina en dólares, se paga en pesos. Se trata de una proporción bajísima en comparación con la mayoría de las jurisdicciones del país (promedio nacional por encima del 60%). Esto significa que el riesgo cambiario, uno de los principales factores de vulnerabilidad en la Argentina, prácticamente no afecta al balance financiero provincial.

La importancia de este punto es enorme. En un país donde los ciclos de devaluación son recurrentes y donde la volatilidad del tipo de cambio puede alterar de un día para otro el valor de los compromisos en dólares (ver sino el caso de diciembre 2023, cuando muchas provincias vieron saltar abruptamente sus niveles de deuda tras la devaluación de ese mes), haber optado por endeudarse poco y en pesos fue una decisión estratégica de largo plazo. Es una política de blindaje, de previsión, que evita que la provincia quede expuesta a los vaivenes externos o a shocks financieros globales.

El desafío hacia adelante será mantener esta senda en un contexto nacional incierto. Pero la experiencia de las últimas dos décadas muestra que, cuando la responsabilidad fiscal se vuelve política de Estado, las crisis externas golpean menos y las oportunidades se aprovechan mejor. Misiones es, en ese sentido, una muestra de cómo la prudencia puede ser una forma de fortaleza o escudo ante las crisis.

Compartí esta noticia !

¿Cómo llega la economía a la elección?

Compartí esta noticia !

Este domingo 26 de octubre la Argentina irá nuevamente a las urnas en una elección de medio término que puede reconfigurar el escenario político nacional y también el rumbo económico. No solo habrá disputas por bancas (claves para lo que se viene, tanto de un lado como de otro), sino que será un plebiscito sobre el rumbo del Gobierno. 

Lo que suceda este domingo determinará cuánta capacidad tendrá del oficialismo para sostener su agenda económica en un contexto de tensiones crecientes, o por el contrario, que tanta fuerza podrá sumar la oposición para imponer en el Congreso una agenda propia.

La elección llega con una economía real golpeada. Pese a los esfuerzos oficiales por mostrar señales de estabilización, la actividad sigue débil, el consumo no repunta, la inflación baja no trajo recomposición de ingresos y la inversión privada continúa sin aparecer de manera significativa. 

Los datos, en algunos indicadores puntuales, pueden ofrecer matices pero el escenario generalizado es de desgaste. A su vez, el frente financiero (quizás, el que mejor resultado mostró durante casi todo el 2024) está marcado con un grado de incertidumbre muy elevado debido, en parte, a la altísima carga política que el propio Gobierno se le puso a esta elección de medio término, estrategia que, según cómo sea el resultado, podrá ser su impulsor o su ancla.

¿Cuáles son los puntos centrales de evaluación de la economía en esta instancia? Uno de los principales tiene que ver con la actividad económica: según el gobierno nacional, la “economía crece como pedo de buzo”, cita textual del presidente Javier Milei. 

Parafraseando a Chequeado, esto es “engañoso” y vamos a mirar dos indicadores para ello. En primer lugar, el PBI. El último dato disponible muestra que el producto nacional creció al segundo trimestre de 2025, un 6,3% interanual, pero debe aclararse que la base comparativa estaba en el piso. Es válida la “celebración”, por decirlo de algún modo, de esa suba, pero tiene que ser contextualizada necesariamente. Sin embargo, si vemos la evolución trimestral desestacionalizada, ese mismo segundo trimestre de este año presentó caída contra el primero de -0,1%. Esto se venía advirtiendo desde antes de conocerse los datos: entre abril y junio, la actividad se había amesetado y terminó en rojo, dando señales de agotamiento. 

Esto se reconfirma con el segundo indicador: el EMAE. El Estimador Mensual de Actividad Económica que elabora el INDEC como un proxy del PIB adelantado. Entre mayo y diciembre de 2024, creció de manera sostenida; pero en este 2025, se planchó. Entre enero y agosto, solo creció en tres meses y cayó en los otros cinco y de esas, tres fueron consecutivas (de mayo a julio). Actualmente la actividad está 0,6% por debajo de los niveles de diciembre de 2024 y con perspectivas negativas para los datos de septiembre y octubre producto de la volatilidad cambiaria y el crecimiento de la incertidumbre, que golpeó fuertemente a la economía real. 

A esto debe agregarse necesariamente un dato central: la heterogeneidad dentro de la actividad económica. Según el último EMAE, a nivel interanual se observó una suba del 2,4%, pero apoyado en la intermediación financiera (+26,5%) y la minería (+9,3%), dos sectores que poco dinamizan las cadenas económicas y tienen una escasa participación en el empleo. En cambio, el comercio y la industria manufacturera fueron los dos sectores con mayor caída (-1,7% y -5,1% respectivamente). Ambos sectores son los más empleadores de la Argentina (concentran el 40% del empleo registrado en el sector privado) pero además son altos dinamizadores de la actividad. Entonces, las mejoras que puedan observarse en materia de actividad económica están atadas a sectores que son importantes, pero que no “derraman” en calidad de vida, en creación de empleo ni en factores de desarrollo nacional. 

En resumen: la economía mostró una dinámica de recuperación en 2024 pero se planchó en 2025, llegando a esta elección con perspectivas negativas e incluso con potencial riesgo de volver a entrar en recesión técnica. 

En esa misma línea, y retomando sobre la cuestión de sectores más relevantes de la economía, otros dos indicadores que mide el INDEC permiten retratar el fuerte golpe sobre los sectores productivos: el Indicador de la Construcción (ISAC) está en la actualidad -20,8% comparado con el nivel previo al cambio de gobierno; por su parte, el de producción Industrial (IPI Manufacturero) se ubica -3,9%. 

Vamos ahora para el lado del consumo: las ventas en supermercados a nivel nacional arrastran cinco meses consecutivos de descensos mensuales, mientras que hay una suba en la variación interanual apoyada de manera casi exclusiva en el piso con el que se compara; aun con ello, la suba año/año se desacelera cada vez más. En comparación con noviembre de 2023, mes previo al cambio de gobierno, este indicador está 10% por debajo en la actualidad, graficando el fuerte retraso en términos de acceso al consumo. Peor aún, al analizar los rubros dentro de este indicador, los más golpeados siguen siendo los más esenciales, evidenciando así que la merma del consumo afecta en mayor medida a los hogares de ingresos más bajos

Otro rubro de consumo, como Autoservicios mayoristas, lo pasa aún peor: está 20,9% por debajo en la era Milei. Para completar, otro dato que es importante para analizar son las ventas minoristas relevadas por CAME: llevan seis meses consecutivos con descensos mensuales y ya están -27,3% durante la era Milei, un golpe durísimo para las pymes que ven que todas las mejoras publicitadas no llegan. 

Y no, no es cierto que ahora “todo se vende online”. Sí, la venta online creció de manera muy fuerte, pero para nada se trata de un fenómeno que vino a reemplazar a los otros canales de venta. La crisis del consumo masivo y esencial es evidente, más allá de que se pretenda deslegitimarla. 

¿Cómo se llegó a esta crisis de consumo? Por menor empleo y por menores ingresos. El empleo registrado en el sector privado muestra una caída del 2,0% entre julio de 2025 y noviembre de 2023, equivalente a la pérdida de 127 mil puestos de trabajo formales; a su vez, el empleo registrado en el sector público cae 1,7% (58 mil empleos menos). A su vez, la tasa de empleo descendió en 1,3 puntos porcentuales entre el segundo trimestre 2025 y el cuarto trimestre del 2023, al tiempo que en ese mismo período la tasa de desocupación creció en 1,9 puntos. El salario del sector privado, según el INDEC, a julio se ubicó -0,3% contra noviembre de 2023, pero en el sector público el salario cayó 14,0% real. Dentro de este segmento, los trabajadores públicos del sector nacional registraron una caída del 32,8% de sus salarios, mientras que en el sector público provincial (consolidado de todas las provincias) cayó en 6,2%. 

En ese contexto, ¿Cuáles son las dos banderas principales que muestra el gobierno como “victorias”? La primera es la inflación, cuya desaceleración sostenida, aun con ciertas volatilidades en el último tiempo, se presenta indudablemente como el gran éxito del gobierno alineado con sus compromisos de campaña electoral allá por 2023. Pero así como es cierto que se logró contener la inflación, no menos cierto es que eso se logró, en parte, mediante un importante ajuste del gasto y retracción de la actividad de principios del 2024 que actuaron como anclas, provocando muchos de los resultados que vimos anteriormente. 

La segunda es la baja de la pobreza. Estadísticamente, es innegable la mejora. ¿Representativa? Quizás no tanto, principalmente por el desacople metodológico. Pero para discutir esto con seriedad debemos hacernos muchas preguntas cuyas respuestas no son tan claras. La más relevante, a criterio personal, es ¿qué entendemos por pobreza? Aunque parezca obvia la respuesta, no lo es en materia estadística, principalmente en un país como el nuestro con marcadas volatilidades y crisis frecuente que obliga (o mejor dicho, debería obligar) a practicar ajustes sistemáticos a los modos de medición.

En definitiva, la economía argentina llega a esta elección en una situación frágil a la vez que contradictoria. Tras un 2024 de relativa (y heterogénea) recuperación, el 2025 mostró un freno claro: la actividad se estancó, el consumo siguió debilitándose, el empleo retrocede y los ingresos reales no lograron recomponerse. Si bien la inflación bajó y eso constituye un logro relevante, el costo social y productivo del ajuste fue alto, con una economía real que no termina de reaccionar. Así, la economía llega exhausta, sin motores internos claros de crecimiento. El post-elección será clave para entender el camino que se viene y, por ende, los nuevos desafíos que enfrentará el país.

Compartí esta noticia !

Superávit fiscal y cuidado del gasto sensible: los resultados financieros de Misiones

Compartí esta noticia !

En tiempos donde el equilibrio fiscal parece haberse convertido en una bandera casi excluyente del discurso económico nacional, vale la pena detenerse a observar con más detalle las distintas maneras en que se puede alcanzar ese resultado. No todo superávit es igual ni tiene las mismas consecuencias. 

Misiones ofrece un caso particular: la provincia ha logrado sostener sus cuentas ordenadas sin apelar a un ajuste que duela.

Recientemente, la Subsecretaría de Coordinación Fiscal Provincial de la Nación dio a conocer los datos de las cuentas públicas de las provincias, donde se observan resultados diferentes en los distritos, ya que a diferencia de lo que observado el año pasado, hay varias que han caída en déficit mientras que otro tanto conserva sus superávits, aunque dentro de este grupo hay mucho por analizar también respecto a cuál fue el camino tomado para lograr esos resultados. 

En primer lugar, si vemos la situación a nivel nacional, el Gobierno exhibe con insistencia los resultados de las cuentas públicas, mostrando un superávit que, si bien representa un cambio de signo relevante frente a años de déficit, se apoya fuertemente en los dos elementos que tanto festejan: motosierra y licuadora, que provocaron caída de las jubilaciones y salarios en términos reales, el freno total de la obra pública y la transferencia del peso del ajuste a provincias y sectores productivos. Entonces, ese “orden fiscal”, en los hechos, se sostiene sobre un profundo deterioro de la actividad económica y del bienestar social.

Por el otro lado tenemos a las provincias: durante el 2024 se encaró un severo ajuste del gasto público mientras que en 2025 se intentó comenzar a recomponer el mismo, aunque con una crisis de ingresos muy significativa, principalmente por que los recursos de origen tributario no repuntan (ante una actividad económica que no levanta cabeza) y por que no hay asistencia nacional. 

En ese marco, sobre un total de 22 distritos relevados (no hay datos aún de Neuquén ni de La Pampa), hay nueve que cerraron el primer semestre del año con déficit tanto primario como financiero

En el costado opuesto, hay otras trece provincias que sostuvieron sus resultados fiscales positivos. 

¿Cómo se posicionó Misiones? La provincia transitó un camino similar al de la Nación desde el punto de vista del resultado: tuvo superávit; pero tomó otro sendero para llegar a él: lo hizo dentro de un esquema que preserva el rol activo del Estado en la economía

Tiene un orden fiscal basado más en la eficiencia que en el ajuste. Vamos a los números. 

Lo que primera se destaca es que, ante un avance muy leve de los recursos, el gasto fue prudente: los ingresos de la provincia, que totalizaron $ 1,75 billones, crecieron apenas en 2,5% real; por su parte el gasto total, que fue por $ 1,74 billones, creció al 6,5%. Si el gasto creció más que los ingresos, ¿por qué hablamos de prudencia? Porque en la mayoría de las provincias, los recursos se movieron similares a Misiones, pero el gasto se expandió en doble dígito. ¿Esto significa que Misiones ajustó? No necesariamente. 

El gasto en personal (salarios públicos) creció al 22,9% real interanual; mientras que las Prestaciones de la Seguridad Social lo hicieron en +33,5% real. Por ende, dos de las cuestiones más sensibles del gasto tuvieron un desempeño positivo que impacta en el territorio. Además, reforzó el apoyo al sector privado, con alzas en las transferencias. Otro punto clave. 

En cambio, otros rubros menores estuvieron más contenidos, permitiendo así que la mayor parte del gasto, y el esfuerzo presupuestario por expandirlo, se concentre en las áreas que más aportan al desarrollo local. A la par, el gasto por servicios de deuda pública sigue en niveles bajos: apenas el 0,4%, ratificando el importante proceso de desendeudamiento que encara la provincia.

¿Cómo quedó el resultado fiscal misionero? Tuvo un superávit primario por $ 18.211 millones que representa el 1,0% de los ingresos totales y un superávit financiero por $ 12.084 millones equivalente al 0,7% de sus ingresos. Cabe señalar que dichos ratios de superávit respecto a los ingresos son algo menores que los que se observan en otros puntos del país, pero aquí viene una clave: el equilibrio se mantuvo eficientizando el gasto de manera de aplicar cada peso disponible en las áreas más importantes de la gestión económica

Entonces, la ecuación cierra así: ni déficit por expansión ineficiente del gasto ni superávit holgado a costa de ajustar sobre la población. Equilibrio justo para estos tiempos. Así, la disciplina fiscal no se choca con la inversión social, como sí ocurre a nivel nacional. 

El superávit, en este marco, no es el fin en sí mismo sino la condición que permite sostener políticas activas sin depender del endeudamiento o de la discrecionalidad de la Nación. 

Podemos hablar entonces de una gestión con austeridad inteligente: prioriza el equilibrio sin renunciar al desarrollo. 

En este contexto, Misiones presenta el mejor resultado fiscal de la región del NEA, con un superávit levemente mejor que el de Formosa y diferenciándose fuertemente de Chaco y Corrientes que cerraron con significativos déficits fiscales

Cabe comparar la situación con la vecina Corrientes: mientras que los ingresos crecieron con debilidad en ambas provincias, Misiones sostuvo una gestión eficiente al incrementar el gasto en solo 6,3%, pero Corrientes lo hizo en +27,4%. Las prestaciones de la seguridad social correntina crecieron por debajo de la misionera y, además, la política salarial acumulada del año mostró caídas en Corrientes y alzas en Misiones

Otro punto clave es notar que el apoyo al sector privado en Misiones concentra el 14,9% del gasto total, mientras que en Corrientes lo hace apenas en 5,2%.

Aun con esto, Corrientes terminó el período con un déficit financiero de $73.198 millones, equivalente al 5,1% de sus ingresos. Posiblemente, el gasto electoral explique gran parte de este desbarajuste de las cuentas públicas correntinas.

La estabilidad fiscal provincial, alcanzada con herramientas propias y en un entorno macroeconómico adverso, consolida la previsibilidad como rasgo distintivo del modelo económico misionero. Esto no solo fortalece la gestión pública, sino que también genera incentivos a la actividad privada, clave para alcanzar grados de desarrollo superiores. 

Por todo esto, entendemos que la experiencia misionera aporta una enseñanza clave al debate nacional: el equilibrio fiscal no debe medirse solo por el resultado numérico, que es muy importante, sino por el modo en que se logra y por las consecuencias que deja. Gestión, tan simple (y no) como eso.

Compartí esta noticia !

Misiones crece al estilo Misiones: top tres de la Argentina

Compartí esta noticia !

Durante los últimos días, tomó relevancia en la agenda pública provincial un informe que elaboró la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analizó el desempeño de las 24 jurisdicciones del país entre los años 2011 y 2022 tomando la evolución del Valor Agregado Bruto (VAB) provincial como indicador clave para medir el tamaño (y los desempeños) de las economías provinciales. 

En ese informe, resaltó, entre otras cosas, el buen desempeño misionero en ese período, mostrando un crecimiento de 17,1% la mayor expansión en el NEA. 

La publicación de la BCR se basa en los datos que elabora la Cepal, que mide año a año el VAB de las provincias y difunde la información con un año de rezago: es decir, a finales de este 2025 tendremos los datos de 2024. Pero mientras el informe de la BCR toma como punta el año 2022, los datos de 2023 ya están disponibles. Ante ello, haremos una nueva evaluación de cómo varió y cómo evolucionó la economía misionera no entre 2011 y 2022, si no ya entre 2011 y 2023. Es decir, le agregamos un año más al análisis. 

En primer lugar, cabe destacar un punto de inicio transcendental: ¿para qué medimos y analizamos el VAB? Esto es una de las formas más concretas de entender cómo cambia una economía, considerando por supuesto ciertos ciclos coyunturales (que se dan mucho en la Argentina) pero sobre todo para ver la foto de largo plazo. 

A diferencia de los datos de empleo o de recaudación, que suelen mostrar solo los efectos más visibles de las crisis o expansiones, el VAB permite observar qué sectores realmente sostienen el crecimiento, cuáles se estancan y, sobre todo, cómo se transforma la estructura productiva de una provincia. 

En este punto, Misiones exhibe resultados que muestran con claridad que tiene una economía que creció considerablemente en el período  2011–2023 y que tuvo razones de crecimiento en un perfil más urbano, de mayor valor de los servicios y con un rol estatal más fuerte en la generación de valor.

Empezamos por el dato global: el VAB misionero entre 2011 y 2023 creció en un 15%, constituyendo así en la provincia con el mayor crecimiento de su economía de la región del NEA y la tercera en todo el país, únicamente superada por Neuquén (+72,3%) y Jujuy (28,6%)

Cabe recordar que en la publicación del BCR hasta el 2022, Misiones se posicionaba cuarta en el país, por lo que subió un escalón al medirlo hasta 2023 (superando a Santiago de Estero que cayó al séptimo lugar del ranking). Por ende, se observa de inicio que el rol de la economía misionera está entre las mejores de todo el país en el período analizado, no solo con distancia respecto a otras provincias de la región (como Corrientes y Chaco que crecen al 10,5% y 2,7% respectivamente) sino incluso con provincias con relativo grado de desarrollo mayor como Mendoza, Buenos Aires o Córdoba, e incluso la CABA, que presentaron caídas en este tramo de análisis. 

¿Qué hay detrás de esta expansión? A priori, puede identificar una reconfiguración considerable del mapa productivo provincial. Algunos sectores tradicionales, que mantienen su importancia, contrajeron su participación en términos relativos pero otros irrumpieron con fuerza. Veamos los casos más resonantes.

La Industria Manufacturera se sostiene como el sector de mayor presencia en el VAB misionero: concentró en 2023 el 18,6% del total, aunque decreció en su participación respecto a 2011 cuando era del 21,8% y tuvo una evolución punta a punta de -1,8%. Aun con esa baja, lidera con amplitud el espectro económico provincial. Hacia dentro, la Fabricación de papel y de productos de papel explica el 41,5% del VAB industrial misionero y presentó un alza del 7,6% respecto a 2011; la Elaboración de productos alimenticios y bebidas se ubica en segundo lugar en el producto industrial explicando el 24,8% del total y también mostró un alza que fue del 19,6%. Es decir, las dos principales actividades industriales, ligadas fuertemente a las tres grandes fortalezas naturales de Misiones (madera, yerba y té), que explican el 66% del producto industrial, crecen en conjunto un 11,8% en el período analizado

Por el contrario, hay sectores que contrajeron su actividad, explicado en parte por las crisis recurrentes del país que afectan esos rubros en particular como ser la fabricación de muebles, productos de madera y textiles, entre otros. 

Pero por fuera de los sectores tradicionales de la industria misionera, hay otros que exhiben un grado de desarrollo muy relevante: pueden citarse, en otros, la fabricación de minerales no metálicos (+34,7%), la reparación de maquinaria (+33,4%) y la fabricación de sustancias químicas (+2,7%), entre otros. 

En este punto, la diferencia que muestra Misiones respecto a otras provincias de la región es de gran importancia: por caso, en Corrientes la Industria representa apenas el 8,4% de su economía y tuvo una caída en los últimos años (-1,9%), aunque con menor fortaleza del sector por contar con una participación considerablemente menor

Para comparar: medido a precios constantes de 2004 (método usado por Cepal), la Industria misionera es 123% mayor a la correntina.

El Comercio se posiciona como el segundo sector de mayor incidencia en el VAB de Misiones: concentra el 13,6% del total, aunque decreció respecto a 2011 cuando era del 14,7%. Esta baja en su nivel de participación se da pese a que, entre 2011 y 2023, el sector creció 6,4%. La baja se explica, entonces, porque otros sectores crecieron con mayor dinamismo, pero no por ello se desmerece el importante avance comercial de los últimos años; por el contrario, esa evolución refleja tanto la expansión del consumo interno y del empleo urbano con una dinámica comercial propia de una economía de alta circulación de bienes y servicios. 

El sector de la Enseñanza se posiciona en tercer lugar: explica el 10,6% del VAB misionero en 2023, cuando en 2011 era del 7,7%. Este salto en su nivel de participación se apoya en un incremento fenomenal del 59,5%, que se explica principalmente por la expansión de la enseñanza privada (+115,7%), que evidencia la fuerte ampliación de la oferta educativa de diferentes niveles: no solo escolar, también complementarios como idiomas, gimnasia, etc., que fortalece la posición misionera como polo educativo en la región. 

El sector de Transporte y Comunicaciones es otro que mostró desempeños muy positivos: creció 22,7% y pasó de representar el 8,5% del VAB misionero en 2011 al 9,0% en 2023, apoyado sobre todo en el rubro de las comunicaciones ante mayor demanda de servicios. 

En contraste, sectores productivos clásicos como la agricultura y la construcción muestran retrocesos. El agro (incluyendo agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca) tuvo una caída del 18,9% en su VAB respecto de 2011, reduciendo su participación del 7,7% al 5,4%. 

La construcción, por su parte, sufrió un descenso del 28,2%, con una pérdida de más de tres puntos porcentuales en su peso relativo (de 7,3% a 4,5%). Ambos casos reflejan la dificultad de sostener un ritmo de expansión en actividades fuertemente afectadas por la volatilidad macroeconómica, los costos internos y la pérdida de competitividad frente a otros sectores.

En cambio, algunos rubros asociados a la modernización de la estructura urbana tuvieron un fuerte impulso

El sector energético y de agua se expandió en 71,3% (y +2,1 puntos en participación sobre el total) lo que puede vincularse a la inversión pública en infraestructura y a la mejora en redes y servicios esenciales, mientras que los restaurantes y hoteles crecieron en 35,6% (y +0,5 puntos de participación) mostrando el avance sostenido de la actividad turística y si bien su peso total dentro del PBG sigue siendo modesto (3%) es un indicador de diversificación económica en marcha.

Estas cifras ponen de manifiesto un rasgo clave: buena parte del crecimiento económico misionero en los últimos doce años se explica, principalmente, por actividades de servicios mientras que los sectores productivos tradicionales como el agro, la industria y construcción mostraron estancamiento o retroceso. 

Un punto central que no debe dejar de analizarse es el rol del Estado dentro de esta transformación

El sector “Administración Pública” creció 49% entre 2011 y 2023, con un aumento de su participación de 6,1% a 7,9% del total del VAB provincial. 

Esta expansión del Estado como generador de valor refleja un papel activo del sector público como garante de estabilidad económica y social, especialmente en contextos de crisis o recesión. Al mismo tiempo, la ampliación de servicios públicos en materia de salud y educación representa una inversión en capital humano e integración territorial fundamentales. Se trata, en definitiva, de un Estado activo dentro de la economía, no como freno al desarrollo, sino como componente estructural del modelo de crecimiento misionero.

En definitiva, los datos del VAB muestran que Misiones consolidó un proceso de crecimiento sostenido en los últimos doce años, apoyado más en la expansión de los servicios que en los sectores tradicionales, aunque estos aún son fundamentales (e imprescindibles, en algunos casos) en la economía misionera.  Esta transformación refleja una economía que se urbaniza, diversifica y apuesta por el capital humano como eje de desarrollo, con una fuerte impronta estatal y un dinamismo privado adaptado a las nuevas demandas. El desafío hacia adelante será mantener ese sendero de crecimiento equilibrando la expansión de los servicios con un impulso más vigoroso al sector productivo, garantizando que la estructura económica misionera combine inclusión, innovación y sostenibilidad.

Compartí esta noticia !

Presupuesto con previsión, pero sin respaldo nacional

Compartí esta noticia !

Misiones ya tiene presupuesto para el año 2026 y vuelve a ser, una vez más, la primera provincia del país en contar con el instrumento económico más importante para una administración provincial. En resumidas cuentas, este presupuesto contempla erogaciones por más de cuatro billones de pesos, un incremento del 25% anual y una fuerte priorización de los servicios sociales, que concentran el 70% del gasto.

Con esto, Misiones ya dispone de un marco general para llevar adelante sus prioridades de gestión en el próximo año, aunque vuelve a estar presente la necesidad del acompañamiento nacional para el financiamiento de programas claves a desarrollar en los territorios. No cabe duda de que, a la luz de los antecedentes, el equipo económico provincial descuenta que no habrá grandes cambios en la relación Nación–Provincias, caracterizada en estos casi dos años de gestión libertaria como, lisa y llanamente, un abandono hacia los subnacionales. Los datos lo confirman: hace apenas unos días se conocieron los números relativos a las transferencias nacionales extracoparticipables (las no automáticas), que vuelven a demostrar que Misiones es, y por lejos, la provincia más perjudicada en el reparto de estos fondos. Vayamos a las cifras.

En septiembre, Misiones recibió el mayor monto en lo que va del año: fueron $5.939 millones, explicados principalmente por un ATN de $4.000 millones otorgado a partir de un pedido formal de la provincia, producto de la emergencia hídrica. A priori, fue una buena noticia que la gestión nacional haya tenido la consideración de habilitar esos recursos, que representan un impacto significativo (aunque menor a lo que sostienen algunos críticos) para las arcas provinciales. Sin embargo, incluso con un “buen septiembre”, el 2025 sigue mostrando un resultado altamente preocupante para este concepto en Misiones: en lo que va del año captó apenas $14.483 millones por esta vía, lo que equivale a una caída del -38,6% frente al mismo período de 2024, que ya había sido malo (en ese momento la merma fue de -80,8% contra 2023). Es decir: en 2024 se llegó a un piso; en 2025, al primer subsuelo. Y el problema es que todavía queda un segundo subsuelo.

Para poner en perspectiva esta baja de aportes nacionales no automáticos: apenas seis provincias en todo el país presentan caídas interanuales en 2025 y Misiones es una de ellas; pero peor aún, la reducción en la tierra colorada es la más fuerte de esas seis. Esto implica, a precios actuales, una pérdida estimada de casi $10.000 millones para la provincia.

Si la comparación se hace contra 2023, la situación es todavía más crítica: la baja alcanza el 88,2%, la quinta más alta del país, lo que significa que, de nuevo a valores actuales, Misiones dejó de percibir unos $115.464 millones respecto de aquel año.

A esto debe sumarse, necesariamente, otra muy mala noticia proveniente del frente de los recursos nacionales automáticos: en septiembre tuvieron un mes para el olvido y cayeron 10,0% real interanual, lo que generó para la provincia una pérdida de unos $18.000 millones sólo en ese mes. Sobre este punto conviene resaltar algo importante que no fue demasiado difundido en los últimos días: una de las principales razones de esta baja se encuentra en el impuesto a los Bienes Personales, que se desplomó un 92%. ¿La causa? En 2024 se aplicó el Régimen Especial de Ingreso del Impuesto sobre los Bienes Personales, creado por la Ley 27.743 de “Medidas Fiscales Paliativas y Relevantes”, que permitió a personas humanas y sucesiones indivisas cancelar de manera anticipada y con carácter liberatorio el tributo correspondiente a los períodos fiscales 2023 a 2027 inclusive.

El esquema consistió en un pago único de un monto determinado en función de los bienes declarados al 31 de diciembre de 2023, aplicando alícuotas reducidas respecto de las vigentes en el régimen general y eliminando el diferencial sobre activos en el exterior. La adhesión otorgó beneficios relevantes a los contribuyentes y, al mismo tiempo, representó una inyección inmediata de recursos al Tesoro, concentrada en septiembre de 2024 cuando ingresó el 75% de la recaudación prevista. Pero, en paralelo, esto implicó un efecto contractivo en la recaudación futura, ya que los contribuyentes adheridos quedaron liberados de ingresar el impuesto durante cinco ejercicios. En otras palabras, el Estado dejó de percibir lo que hubiera recaudado de manera corriente, generando un bache en los ingresos tributarios y condicionando la disponibilidad de recursos. En resumen: se “sobrerecaudó” en el presente a costa de menores recursos en el futuro.

Volviendo al plano provincial, este esquema modificó la estructura de recaudación y redujo de manera considerable la base imponible de los años siguientes, lo que repercutió en menores fondos para las provincias. Fue una medida del gobierno nacional en pos de cumplir su promesa de campaña de bajar impuestos, pero aplicada de una manera que produjo una merma muy fuerte para los subnacionales, en un contexto donde los demás tributos coparticipables vienen mostrando desempeños altamente débiles. Cuando analizamos la baja de la coparticipación u otros mecanismos automáticos, solemos atribuirla al estancamiento de la actividad económica, lo cual es cierto, pero no podemos obviar que también hubo decisiones de política fiscal nacional que impactaron directamente en la recaudación futura, buscando sobrerrecaudar en un momento puntual.

Este tipo de medidas, en el marco de la relación Nación–Provincias, deben ser necesariamente dialogadas y debatidas en un contexto federal: bienvenida la baja de impuestos, pero no a costa de cualquier cosa, como el financiamiento de los subnacionales que sostienen los servicios más esenciales de la sociedad. En la misma línea, recordemos que los fondos provinciales también se vieron afectados por otra medida nacional adoptada en esta gestión: la eliminación de la suspensión de la exención de los certificados de exclusión de la percepción en la Aduana, que redujo la recaudación de IVA. De nuevo: bienvenidas estas medidas, pero con coordinación.

En conclusión, es muy saludable que Misiones cuente, una vez más, con un presupuesto aprobado con tiempo para planificar mejor su ejecución, pero al mismo tiempo ningún presupuesto está blindado frente a decisiones que dependen del poder central y que pueden alterar las proyecciones. La denominada Mesa Federal que lanzó el gobierno nacional debe constituirse, en este contexto, no en una herramienta meramente coyuntural o electoral, sino en un instrumento permanente que permita avanzar de manera coordinada con las reformas, evitando que el peso recaiga desproporcionadamente sobre las provincias.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin