Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

Reforma tributaria: ¿es el fin del monotributo la salida adecuada?

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¿Se viene el fin del monotributo? El tema se instaló en la agenda pese a que el gobierno lo desmiente, aunque de manera algo leve. Pareciera que se trata de una especie de tubo de ensayo, considerando el hecho de que el propio FMI hizo la recomendación de avanzar hacia un esquema de armonización del sistema tributario yrecomendó, sin decirlo, que el monotributo tenga una fecha de vencimiento no muy alejada.

El monotributo nació como una herramienta de simplificación fiscal y para incorporar a pequeños comercios y prestadores de servicios a la formalidad; pero, con el paso del tiempo se transformó en un componente estructural del mercado laboral argentino y también del esquema impositivo, aunque en menor medida. Esta herramienta impactó de manera muy profunda no sólo en cómo se tributa, sino también en cómo se trabaja. En medio del debate por el sí o no de este componente, es prudente analizar sus virtudes y defectos para entender qué hizo posible, qué distorsionó y qué tensiones reprodujo dentro de un país marcado por la informalidad, la volatilidad macroeconómica y los reiterados fracasos en la creación de empleo privado formal.

En primer lugar, el monotributo logró algo que pocas herramientas fiscales argentinas consiguieron: masividad. Su diseño accesible permitió que cientos de miles de trabajadores con baja escala de ingresos entraran al sistema tributario sin las barreras administrativas, regulatorias y de costos que implica la relación de dependencia o el régimen general. En un país con una informalidad estructural arraigada, este esquema actuó como un puente entre la invisibilidad laboral y algún grado de formalización

Para una enorme cantidad de oficios independientes, profesiones jóvenes, actividades emergentes y emprendimientos comerciales, representó la posibilidad concreta de facturar, construir un historial económico y acceder a ciertos derechos, aunque parciales. 

Esa inclusión fiscal tuvo efectos especialmente evidentes en los sectores donde la actividad se caracteriza por su atomización. Desde servicios personales hasta pequeños comercios digitales, la figura del monotributista permitió encuadrar situaciones laborales que, de otro modo, hubieran permanecido totalmente al margen del sistema. En momentos de crisis, cuando las empresas recortan personal y surgen alternativas precarizadas o autónomas, el monotributo funcionó como un refugio administrativo donde miles encontraron una vía para sostener ingresos de manera mínimamente ordenada. Su flexibilidad, en un país de shocks recurrentes, se convirtió en una ventaja difícil de subestimar.

Sin embargo, esa virtud se transformó también en la puerta de entrada a un problema profundo: el monotributo dejó de ser una herramienta diseñada para pequeños contribuyentes y pasó a ser utilizado de manera sistemática por empleadores como mecanismo de sustitución de la relación laboral formal

La figura del falso monotributista se volvió parte del paisaje laboral argentino. Empresas pero también el propio Estado, en todos sus niveles, comenzaron a reemplazar puestos asalariados por contratos de prestación de obra o de servicios donde la vulnerabilidad del trabajador se multiplicó. Esta dinámica no solo precariza, sino que desfinancia al sistema previsional y erosiona derechos laborales básicos. 

Esa flexibilización encubierta no fue un efecto no deseado, sino la consecuencia lógica de un mercado laboral incapaz de generar empleo registrado de manera sostenida durante décadas

El monotributo, en lugar de complementar al sistema, se convirtió en su válvula de escape. Para muchos empleadores, significó un ahorro enorme en contribuciones y una reducción de riesgos legales. Para los trabajadores, implicó aceptar condiciones más inestables a cambio de seguir insertos en un mercado laboral con pocas alternativas. En la práctica, la masificación del monotributo terminó legitimando una forma de contratación que profundiza las desigualdades y consolida un modelo donde la incertidumbre queda del lado del trabajador.

El punto más tenso que se plantea en la actualidad es su baja cobertura previsional: si bien el esquema formalmente incluye un componente jubilatorio, los montos efectivamente abonados no alcanzan para garantizar un retiro digno. La enorme diferencia entre los aportes del monotributo y los del régimen general genera una brecha previsional que se proyecta hacia el futuro con consecuencias difíciles de revertir

El resultado es un sistema jubilatorio más frágil, con aportantes que contribuyen menos y que, llegado el momento, requerirán algún tipo de compensación estatal, elevando la carga pública. Para esto, es bueno ver un análisis que hizo el economista Fernando Marull: para poder financiar una 1 jubilación mínima, se requieren casi 20 monotributistas

El problema entonces es doble: el desfinanciamiento para el sistema actual, primero; luego, el propio plan de retiro del trabajador que es monotributista, que ya sabe (o debería saber) hoy que le espera una remuneración baja para cuando termine su condición de activo. 

Acá hay, otra vez, un doble dilema: como aportante, el monotributista paga “poco” (o por lo menos, paga menos que el responsable inscripto), pero al mismo tiempo tiene menor cobertura. El desfasaje que hay entre un sistema y otro generó un sistema donde mantenerse pequeño es funcional al presente, sobre todo bajo la consideración de que el monotributista tiene un margen de ganancia que también es menor. 

A final de cuenta, el monotributo pone sobre la mesa un problema estructural del país: la incapacidad del mercado laboral para absorber trabajadores en condiciones formales plenas. Si el régimen creció tanto no fue solo porque es simple o barato, sino porque la economía argentina perdió la capacidad de generar empleo de calidad, ya sea por condiciones macro o, también, por la propia legislación laboral (principalmente vinculada a costos) que limita la contratación. Así, mientras el empleo privado registrado se estancó, el monotributo avanzó como respuesta adaptativa de trabajadores y empresas ante  la rigidez, los costos y la incertidumbre.

Naturalmente, la presencia de mayor o menor volumen de monotributistas es también una respuesta a las propias características económicas de un territorio en particular. Veamos el caso de Misiones: una provincia con un perfil marcadamente turístico, el empleo estacional requiere un sistema que acompañe esa estacionalidad, no solo en servicios turísticos per se, sino incluso en toda la cadena comercial. Similar situación se puede ver en industrias ligadas al suelo, como la yerbatera o tealera, por la alta necesidad de mano de obra en períodos puntuales del año. 

Los últimos datos muestran que en Misiones hay poco más de 104 mil monotributistas: es decir, hay 1,03 inscriptos en ese régimen por cada asalariado registrado. Una relación casi 1 a 1, inferior a otras provincias del NEA: en Chaco hay 1,14 por cada asalariado privado formal; en Corrientes 1,10 y en Formosa 1,75. 

Ante esto, la discusión de terminar o no con este régimen requiere de un diálogo previo: ¿Qué hacer con el sistema tributario? Eliminar directamente el monotributo para converger en un sistema único sería un golpe directo a trabajadores que ya de por sí, aun con bajas valores de impuestos, sufren para poder pagarlo

Sostenerlo así como está, altera la sustentabilidad del régimen previsional y del futuro del propio trabajador. Bienvenido el debate, pero en una cancha equilibrada y con seriedad.

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Entre el discurso del derrame y la realidad provincial: el semáforo económico de Misiones sigue en rojo

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Estamos pronto a iniciar, por decirlo de algún modo, la segunda etapa del gobierno libertario. Transcurridas las elecciones de medio término y tras haber logrado un amplio apoyo en gran parte del país, el Gobierno nacional retomó la agenda y comienza a dar señales sobre hacia dónde podría orientarse la próxima fase del programa económico. “Será el Congreso más reformista de la historia”, dijo Javier Milei, en línea con la intención del Poder Ejecutivo de avanzar, como mínimo, con una reforma tributaria y laboral. Mucho se habla de estos cambios, pero todavía no existe certeza sobre los contenidos específicos ni se conoce el texto que buscarían impulsar.

En este contexto, el Presidente participó del Congreso de Economía Regional realizado en Corrientes, donde respondió a quienes sostienen que “nadie se está ocupando de la micro”. Según sus palabras, “la macro es la suma de todas las micro” y, bajo esa premisa, si la macroeconomía se encuentra relativamente ordenada y estable, entonces la economía real también debería estarlo. Sin embargo, no existe evidencia que respalde esa interpretación. Por el contrario, los propios datos oficiales la contradicen. 

Si efectivamente la economía real estuviera ordenada como resultado de un equilibrio macro, no deberían registrarse caídas en el empleo, en la cantidad de empresas, en los salarios (que esta semana el INDEC confirmó en retroceso real) ni en el consumo esencial, que continúa deprimido. Tampoco se observaría el estancamiento o deterioro de los indicadores de actividad sectoriales, que en su gran mayoría no lograron recuperarse en lo que va de la actual gestión.

Hacia dentro del país, la situación es diversa, pero la tónica general todavía es negativa. Las provincias no sienten los efectos del presunto orden macro y, mucho menos, cuentan con “micros” que ordenen hacia arriba. Para medir este escenario retomamos el Semáforo de Actividad Económica de Misiones, herramienta que permite evaluar el estado de la economía provincial en función de indicadores clave de actividad. Así podremos corroborar si existe solidez en el argumento presidencial (spoiler: no).

Los indicadores recientes de la actividad económica en Misiones muestran un panorama heterogéneo, y si bien algunos sectores exhiben signos de recomposición, otros que son la mayoría continúan bajo un marcado deterioro. Vayamos evaluando la situación por bloques de actividad para entender en mejor medida el panorama actual en la provincia. 

El consumo sigue altamente contraído. Las ventas en supermercados continúan en terreno negativo: en agosto (último dato disponible) sigue la baja en la comparación interanual (-7,7%) aunque se destaca que en la variación mensual desestacionalizada hubo una mejora (+1,1%). 

Sin embargo, se trata de un dato aislado que no responde a una tendencia de corto plazo: si observamos la variación del último trimestre móvil (junio, julio y agosto vs. marzo, abril y mayo) este indicador presenta baja de 3,8%. Pero también en el mediano plazo se ve el deterioro: contra noviembre de 2023, mes previo al cambio de gobierno, las ventas en supermercados aún están 25,4% por debajo. 

Otro indicador de ventas, que corresponde en este caso a los combustibles, presenta quizás un panorama algo más optimismo, aunque aún no del todo: en septiembre (último dato disponible) el gasoil cayó 2,5% interanual pero +8,9% mensual desestacionalizado, logrando cerrar el trimestre móvil en +1,4%; por ende, la mejora mensual de septiembre acompañó un proceso de recomposición incipiente que debe continuar de manera muy sostenida durante un buen lapso de tiempo debido a que todavía está -31,5% contra noviembre de 2023. 

Algo similar se ve para las naftas: en el último mes creció 4,4% interanual, +4,3% mensual y +2,5% trimestral, por lo que aquí está más fortalecido este proceso de recomposición, pero aun así sigue siendo incipiente y leve dado que el retroceso acumulado todavía es fuerte: está -25,3% respecto a noviembre de 2023. 

Por el lado del consumo de los durables, los patentamientos vienen a buen ritmo pero presentan una pequeña alerta de corto plazo. En el caso de autos, mostró mejoras interanuales y mensuales en septiembre y están muy por encima de noviembre de 2023 pero en el último trimestre móvil cayó 7,4%, que se deduce podría haber sido resultado del ruido económico pre-electoral que tiró arriba el tipo de cambio y encareció notablemente el crédito. Lo mismo se ve para las motos: tiene números positivos a nivel interanual, mensual y vs. noviembre de 2023 pero retroceso trimestral móvil (-13,1%), afectado por las mismas razones que los autos. Si vemos los patentamientos totales (autos, motos, acoplados, transporte y carga y MAVI) el escenario es idéntico. Dado que la caída trimestral está muy apoyada en las condiciones mencionadas previamente, la estabilidad post-elecciones, el ordenamiento de las expectativas y una reducción de la volatilidad de las tasas de intereses podrían volver a impulsar estos indicadores. 

En resumen, el consumo muestra dos vías: caídas generalizadas en bienes esenciales (supermercados y combustibles) y mejor situación en durables (vehículos), una situación que se ve en todo el país. 

Vamos a otro aspecto de análisis: el empleo. Sobre esto, cabe decir que el mercado laboral continúa evidenciando importantes tensiones. El empleo registrado en el sector privado no logra, siquiera, estabilización ya que aún continua la merma de empleos. El semáforo de este indicador es completamente rojo: en agosto, último dato disponible, cayó a nivel interanual (-1,4%), mensual desestacionalizado (-0,3%), trimestral móvil desestacionalizado (-0,3%) y vs. noviembre de 2023 (-6,3%). En ese contexto de achicamiento laboral, tampoco el salario presenta mejoras necesarias para sostener calidad de vida: si bien hay mejores interanuales (+6,1% en junio, último dato disponible), cayó mensualmente (-1,1%), presentó una tendencia a la baja de orden trimestral (-4,7%) y está -4,8% contra noviembre de 2023. También esto se ve afectado por la cantidad de empleadores en la provincia: caen 2,4% contra el año anterior, -1,0% vs. mes previo y -3,7% en la era Milei, aunque hay una leve señal positiva trimestral (1,6%).

Hay también deterioros en materia fiscal: la recaudación tributaria de Ingresos Brutos mantiene un retroceso del 9,6% interanual en términos reales y también cayó a nivel mensual y se ubica muy lejos de noviembre de 2023 en moneda constante. Se observa así que el impacto de la caída del consumo masivo y la inestabilidad de la actividad económica siguen afectando las cuentas públicas, aunque el dato trimestral desestacionalizado muestra un leve crecimiento del 1,2%.

Los sectores energéticos y de construcción exponen dinámicas divergentes. La demanda de energía muestra rojos en todos los niveles comparativos: en septiembre quedó -2,3% interanual, -1,6% mensual, -6,3% trimestral y -16,1% vs. noviembre del 2023, interpretado esto como un indicador aún débil de actividad. En la construcción, los permisos de obra y la superficie autorizada muestran descensos muy marcados, también con rojos en todos sus niveles comparativos. 

Las exportaciones de Misiones, en cambio, brindan una señal positiva. Las exportaciones totales crecieron 38,9% interanual medidas en dólares, con un aumento también mensual del 11,5% y una suba acumulada del 84,4% respecto de noviembre de 2023, aunque en el último trimestre redujo la velocidad. Si se mide en cantidades, también las exportaciones provinciales presentan buenos números. Parte de este buen desempeño se explica por el buen comportamiento del complejo yerbatero, donde el mercado externo creció 49,1% interanual pero, en contraste, el consumo interno de yerba mate continúa débil, con una baja del 2,5% interanual y -11,0% contra noviembre 2023.

El turismo receptivo también muestra una dinámica mixta. La cantidad de viajeros (consolidado de Posadas y Puerto Iguazú) registró en agosto 2025 un crecimiento interanual del 12,6%, aunque está todavía -2,2% contra el 2023. 

Finalmente, los datos del sistema financiero revelan una reaparición del crédito, aunque aún en niveles moderados. Al segundo trimestre, los depósitos del sector privado subieron 17,9% interanual en términos reales, y los préstamos un significativo 93,3%, aunque posiblemente veamos una disminución importante hacia el tercer trimestre producto de la inestabilidad financiera y el encarecimiento de tasas vistas en ese período, sumado a un crecimiento de la morosidad. 

¿Qué podemos concluir de todo esto? La economía misionera muestra señales heterogéneas y todavía insuficientes para sostener el argumento presidencial de una macro que, por el mero efecto derrame, ordena a las micro, ni mucho menos que sea un proceso inverso. Existen dinámicas positivas en comercio automotor, exportaciones y turismo, pero persisten debilidades profundas en consumo esencial, empleo, ingresos laborales, recaudación y construcción. La recuperación, si se consolida, será gradual y no exenta de tensiones, y difícilmente pueda explicarse bajo el supuesto simplificador de que un orden macro garantiza automáticamente bienestar general. 

El desafío, entonces, para la etapa que inicia el gobierno nacional será reconocer la complejidad real de las economías provinciales y diseñar políticas que atiendan, de manera específica y sostenida, sus necesidades productivas, sociales y fiscales.

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La economía del esfuerzo: qué estrategias usan los hogares para llegar a fin de mes

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¿Cómo se hace para llegar a fin de mes? Esta es quizás una de las preguntas que más se realizan en el último tiempo en la Argentina, a partir del hecho de que el salario no logra recomposición plena, el consumo sigue mostrando señales a la baja (principalmente el de bienes esenciales) y los hogares tienen una realidad que no se condice con algunos indicadores oficiales

Para evaluar la capacidad de las familias de hacer frente a sus gastos, solemos mirar siempre la curva de salarios y en base a ello, se sacan conclusiones: si creció por encima de la inflación, mejora la capacidad adquisitiva; si crece por debajo, entonces hay menos poder de compra. Hasta ahí suelen llegar los análisis. Pero a esto debe agregarse otra pregunta que se hizo algo más recurrente en los últimos años: si pierdo capacidad de compra por mi salario (o por otros ingresos no laborales como programas de asistencia social en determinados hogares), ¿entonces cómo compenso o cubro ese faltante? La primera respuesta es obvia: consumir menos. La segunda es algo más compleja: es identificar las estrategias de los hogares para hacerse de liquidez extra que permitan afrontar la mayor cantidad de bienes y servicios esenciales posible. 

El análisis profundo de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) de INDEC nos permite responder parte de esos interrogantes. Empecemos por el final: los datos muestran que el deterioro del poder adquisitivo de los hogares argentinos en general y posadeños en particular, a partir del hecho de que deben hacer mayores esfuerzos en implementar estas estrategias, que redundan en el corto y mediano plazo en endeudamiento o pérdida de capital propio.

Puntualmente, hay cinco preguntas que la EPH les hace a los hogares en torno a estas estrategias que señalamos. La primera de ellas es: ¿han tenido que gastar lo que tenían ahorrado? Al segundo trimestre del 2025, últimos datos disponibles, el 23,4% de los hogares de Posadas recurrió a esta estrategia, siendo que tres meses atrás (es decir, el 1° trimestre 2025) lo había hecho del 22,3% de los hogares. Peor aún, en el segundo trimestre pero de 2024, era “solo” el 16,0%. Es decir, la cantidad de hogares que usó ahorros en el último año creció casi en un 50% (46% para ser específico), incrementándose en 7,4 puntos porcentuales. 

En el plano regional, Posadas muestra la segunda mayor proporción de esta variable analizada, sólo por detrás de Corrientes donde el 33,5% de los hogares usaron ahorros, aunque la diferencia entre ambos es que mientras que en Posadas creció en 7,4 puntos porcentuales interanual y +1,1 p.p. trimestral, en Corrientes cayó 10,8 p.p. interanual y -5,2 p.p. entre trimestres. 

El promedio regional muestra que el 21,7% de los hogares del NEA usó esta estrategia, fuertemente afectado por bajos niveles en Gran Resistencia (14,8%) y Formosa (11,9%). En este punto, a modo complementario, debe considerarse la posibilidad (principalmente dado por los niveles salarios, de ingresos promedios históricos y de indicadores de pobreza) que las bajas proporciones observadas en los casos chaqueños y formoseños se deban no por una ausencia de necesidad, sino por ausencia de ahorros efectivamente disponibles para usarlos. Esta hipótesis agravaría el caso para esos aglomerados, debido a que si así fuese, hay menos hogares con capacidad de hacer frente a la crisis de ingresos familiares. 

Por su parte, la media nacional muestra que el 35,3% de los hogares argentinos usaron ahorros para poder cubrir sus canastas de consumo, un valor muy inferior a los observados en Posadas.

Vamos a la segunda pregunta: ¿han tenido que pedir préstamos a familiares/amigos? En Posadas, al segundo trimestre 2025, el 4,6% de los hogares respondieron afirmativamente y el dato presenta dos variaciones distintas: por un lado, se reduce frente al dato de igual período de 2024 (fue de 5,0%) pero creció de manera significativa respecto al trimestre anterior (1° del 2025) cuando fue del 3,0%. En este caso, Posadas se ubica en el tercer lugar en el NEA, por debajo de Corrientes (16,3%) y Formosa (6,9%) y por encima del Gran Resistencia (1,9%). El promedio regional marcó 7,3% (traccionado por el caso correntino) por lo que Posadas quedó debajo de esa, mientras que el promedio nacional vuelve a ubicarse muy por encima de los niveles de la región (15,4% con +0,3 puntos trimestral). 

En línea con esa segunda pregunta, viene la tercera: ¿han tenido que pedir préstamos a bancos y/o financieras? En Posadas, la cantidad de hogares que recurrieron a ello casi se duplicó: pasó del 10,7% en el primer trimestre del año al 20,3% en el segundo. Más fuerte aún es la variación si se la compara contra igual período del 2024: en ese momento, solo el 7,2% de los hogares usó ese mecanismo. Esta situación expone la fragilidad del ingreso corriente de las familias posadeñas, que cada vez con mayor frecuencia necesitan endeudarse para afrontar gastos básicos: el crédito, en este contexto, deja de ser una herramienta de progreso (para adquirir bienes durables, por ejemplo) y se transforma en cambio en una especie de salvavidas ante la pérdida del poder adquisitivo. 

A su vez, esto agrava el riesgo de sobreendeudamiento en los hogares de ingresos medios y bajos

Como dato complementario: según datos del BCRA, el otorgamiento de créditos a trabajadores formales de Misiones creció 99% al segundo trimestre 2025 respecto a igual período de 2024, pero el saldo de créditos en mora creció 269%. Esto generó que el porcentaje de crédito en mora sobre el saldo total otorgado pase de 3,1% a 5,8% en la provincia.

En la comparación regional, Posadas presenta la mayor proporción de hogares con uso de crédito bancario o financiero seguido luego por Corrientes (12,7%), mientras que el promedio regional se ubica en solo 10,2% por arrastre del Gran Resistencia y Formosa cuyos valores son muy bajos y es posible que se deba no a falta de necesidad sino a falta de acceso al crédito, ya sea por escasa oferta o por no estar en condiciones de cumplir los requisitos crediticios. A nivel país, el 14,1% recurrió a esta estrategia para poder llegar a fin de mes. 

Como último comentario sobre esta tercera pregunta en particular, vale recordar que las respuestas de la EPH son brindadas directamente por los encuestados y, por lo tanto, pueden estar condicionadas por la interpretación que cada persona haga de la pregunta. ¿Por qué señalar esto? Porque es posible que haya hogares que utilicen, por ejemplo, adelantos de sueldo (una práctica común especialmente entre empleados públicos) que, desde el punto de vista técnico, constituyen préstamos bancarios de muy corto plazo, pero que las personas no perciben como tales. En consecuencia, pueden responder que no recurrieron a créditos con bancos o financieras, cuando en realidad sí lo hicieron.

Vamos a la cuarta pregunta: ¿han tenido que comprar en cuotas o al fiado con tarjeta de crédito o libreta? Bajo el supuesto de que el “fiado con libreta” ya está casi extinto, podemos deducir que esta pregunta apunta directamente al uso de cuotas en tarjeta de crédito para poder hacerse de una mayor cantidad de bienes y aliviar temporalmente la carga a pagar. Hace mucho tiempo viene hablándose de esto como una de las herramientas más usadas por las familias para poder hacerse de la mayor cantidad de bienes y servicios posibles ante la falta de liquidez, pero ¿esto es tan así?

Bueno, los datos muestran que si. En Posadas, el 62,5% de los hogares hizo uso de este mecanismo, creciendo de manera muy fuerte contra el trimestre anterior (era 47,7%) y mucho más contra igual trimestre de 2024 (marcó 39,7%). En el NEA, se posiciona en el segundo lugar por debajo del Gran Resistencia (69,5%) y por encima de Corrientes (47,8%) y Formosa (19,1%). La media regional marcó 53,3% y la nacional 49,9%, por lo que Posadas se ubica por encima de ambas. Este uso de cuotas para compras de bienes básicos tiene una correlación con los niveles de endeudamiento que ya vimos para el apartado de toma de préstamos bancarios: los hogares toman crédito para subsistencia, generando un sobreendeudamiento que no solo altera sus propias dinámicas económicos en el mediano plazo, sino que además corren riesgo de entrar en mora, como ya está ocurriendo. 

Llegamos a la última de las preguntas vinculadas a las estrategias de los hogares, la quinta: ¿Han tenido que vender alguna de sus pertenencias? Esta es, probablemente, una de las estrategias más extremas, porque desnuda la urgencia de liquidez que lleva a las familias a deshacerse de su propio capital para poder afrontar gastos básicos. En Posadas, el 2,7% de los hogares manifestó haber recurrido a este mecanismo, cuando en el trimestre anterior había sido apenas del 0,8%, aunque todavía se mantiene por debajo del segundo trimestre de 2024, cuando alcanzó el 2,9%.

La evolución de estas respuestas refleja, en buena medida, el vaivén del ciclo económico reciente. Del 2,9% registrado en el segundo trimestre de 2024 (el momento más crudo de la recesión) se pasó al 1,5% en el tercero y al 0,7% en el cuarto, períodos en los que comenzó a percibirse cierta estabilidad, con una inflación a la baja y salarios que intentaban recuperar algo de terreno. Sin embargo, hacia 2025, y especialmente en el segundo trimestre, la situación volvió a deteriorarse con fuerza, lo que explica el repunte de esta estrategia y el retorno a niveles similares a los de inicios de 2024.

En el NEA, Posadas quedó por debajo de Corrientes (4,8%) y por encima del Gran Resistencia y Formosa (2,0% en cada caso) al tiempo que la media regional fue de 2,9% y la nacional de 9,4%. Por ende, el aglomerado misionero se ubica por encima de la región aunque bastante lejos de la media nacional.

En conjunto, estos datos pintan una postal de una Posadas donde los hogares están ajustando su economía doméstica por múltiples vías. El uso de ahorros, las compras en cuotas y el aumento del crédito son señales de una tensión que no cede: el ingreso disponible no alcanza para sostener el nivel de gasto corriente, y las familias agotan recursos futuros para sostener el presente. Así, las estrategias de supervivencia económica se convierten en un termómetro más preciso del malestar social que cualquier índice macroeconómico.

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La solvencia misionera: veinte años de desendeudamiento sostenido

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En tiempos en que la discusión sobre las cuentas públicas suele quedar atrapada en el cortoplacismo (el déficit de hoy, la caja de mañana, la asistencia nacional o la emisión monetaria), vale la pena mirar a contraluz aquellos casos provinciales que, sin mucho ruido, han sostenido una conducta fiscal ordenada y previsora. Hace un par de semanas hablamos del equilibrio en las cuentas públicas misioneras: superávit al segundo trimestre con baja expansión del gasto ante un escenario de ingresos débil. Ahora nos toca hablar de algo que, aun a riesgo de ser insistente (o repetitivo) no debe pasarse por alto: la deuda pública. 

Hace varios años se viene destacando el proceso de desendeudamiento misionero, que tuvo momentos altamente complejos sobre finales del 90 y principios de los 2000 y que paulatinamente comenzó a mejorar su perfil para convertirse, en la actualidad, en una de las provincias más desendeudadas del país. 

¿Qué vemos en la actualidad? Con un stock de $76.374 millones al segundo trimestre, el nivel de deuda pública provincial equivale a apenas el 4% de los ingresos totales

En otras palabras, el peso de los compromisos financieros sobre el presupuesto es prácticamente insignificante. Solo a modo de ejercicio, Misiones podría cancelar toda su deuda con un solo mes de coparticipación y aún así le sobraría. Esa es la dimensión del bajo nivel actual de pasivos que tiene la provincia. 

Este dato, lejos de ser un tecnicismo económico, tiene un fuerte contenido político y de administración. Sostener una política de desendeudamiento no es un fin en sí mismo, sino que es una herramienta de autonomía para que cada peso que ingresa a la caja provincial pueda destinarse al desarrollo, a la inversión social o a la infraestructura, y no a cubrir vencimientos. 

Hagamos un breve recorrido histórico. En 2005 (al segundo trimestre, para comparar periodos iguales), la deuda pública misionera era de $2.680 millones a precios de ese entonces. Si lo convertimos a moneda de hoy (pesos constantes de junio 2025), equivaldría a unos $1.620.020 millones. Más fácil: 1,6 Billones de pesos. 

Diez años después, hacia el año 2015, de nuevo, medido a precios actuales, el stock se había reducido a $559.399 millones: una disminución del 65%. Ahora vamos otros diez años más adelante: para 2025, la reducción de la deuda es del 95% contra 2005 y del 86% respecto a 2015. Vale decir, en este marco, que Misiones virtualmente eliminó sus pasivos a partir de una política deliberada de desendeudamiento que se aplicó por décadas: no se trata de pagar lo que se debe, sino de evitar nuevos pasivos que compliquen el perfil de deuda futuro. 

Esa decisión estratégica tiene un valor doble. Por un lado, permitió descomprimir la presión sobre las cuentas corrientes, liberando recursos que antes se destinaban al pago de intereses. Por otro, construyó una reputación de solvencia y previsibilidad que se volvió un activo en sí mismo. Las provincias que demostraron disciplina fiscal son las que hoy pueden acceder con mayor facilidad y menor costo a los mercados de crédito, cuando lo necesitan. Incluso, Misiones hoy tiene un muy buen perfil crediticio que no usa, pero que podría hacerlo si las condiciones lo ameritan. En un contexto donde varias provincias están saliendo a colocar deuda en el mercado local (y algunas mirando también el internacional) si Misiones quisiera ir por ese camino encontraría condiciones muy favorables respecto a otros subnacionales. Hoy, la decisión es no hacerlo o hacerlo únicamente para obras de infraestructura que demandan una inversión importante, como la energía eléctrica. 

El contraste con otras jurisdicciones del país es evidente. Mientras muchas provincias, incluso algunas con economías más diversificadas o con mayor tamaño relativo, cargan con niveles de deuda que limitan su margen de maniobra. Incluso en el NEA, la diferencia de Misiones respecto a Chaco es muy fuerte y eso traduce en capacidad de acción: cada seis meses, Chaco debe hacer malabares financieros para cumplir sus vencimientos, incluso a costa de recortar gastos sensibles a la ciudadanía, quitándole, aunque sea temporalmente, autonomía de gestión. 

En el contexto macroeconómico argentino, donde la volatilidad de los ingresos provinciales, la inestabilidad macro persistente y las tensiones cambiarias suelen condicionar severamente a las finanzas subnacionales, sostener un perfil de deuda tan bajo no es solo una buena práctica, es casi una excepción virtuosa. 

La característica del perfil de deuda misionero no solo se da por bajo stock y descensos significativos: también en su composición. Apenas el 16% del total de la deuda provincial está nominada en moneda extranjera con un plus: esa deuda nómina en dólares, se paga en pesos. Se trata de una proporción bajísima en comparación con la mayoría de las jurisdicciones del país (promedio nacional por encima del 60%). Esto significa que el riesgo cambiario, uno de los principales factores de vulnerabilidad en la Argentina, prácticamente no afecta al balance financiero provincial.

La importancia de este punto es enorme. En un país donde los ciclos de devaluación son recurrentes y donde la volatilidad del tipo de cambio puede alterar de un día para otro el valor de los compromisos en dólares (ver sino el caso de diciembre 2023, cuando muchas provincias vieron saltar abruptamente sus niveles de deuda tras la devaluación de ese mes), haber optado por endeudarse poco y en pesos fue una decisión estratégica de largo plazo. Es una política de blindaje, de previsión, que evita que la provincia quede expuesta a los vaivenes externos o a shocks financieros globales.

El desafío hacia adelante será mantener esta senda en un contexto nacional incierto. Pero la experiencia de las últimas dos décadas muestra que, cuando la responsabilidad fiscal se vuelve política de Estado, las crisis externas golpean menos y las oportunidades se aprovechan mejor. Misiones es, en ese sentido, una muestra de cómo la prudencia puede ser una forma de fortaleza o escudo ante las crisis.

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¿Cómo llega la economía a la elección?

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Este domingo 26 de octubre la Argentina irá nuevamente a las urnas en una elección de medio término que puede reconfigurar el escenario político nacional y también el rumbo económico. No solo habrá disputas por bancas (claves para lo que se viene, tanto de un lado como de otro), sino que será un plebiscito sobre el rumbo del Gobierno. 

Lo que suceda este domingo determinará cuánta capacidad tendrá del oficialismo para sostener su agenda económica en un contexto de tensiones crecientes, o por el contrario, que tanta fuerza podrá sumar la oposición para imponer en el Congreso una agenda propia.

La elección llega con una economía real golpeada. Pese a los esfuerzos oficiales por mostrar señales de estabilización, la actividad sigue débil, el consumo no repunta, la inflación baja no trajo recomposición de ingresos y la inversión privada continúa sin aparecer de manera significativa. 

Los datos, en algunos indicadores puntuales, pueden ofrecer matices pero el escenario generalizado es de desgaste. A su vez, el frente financiero (quizás, el que mejor resultado mostró durante casi todo el 2024) está marcado con un grado de incertidumbre muy elevado debido, en parte, a la altísima carga política que el propio Gobierno se le puso a esta elección de medio término, estrategia que, según cómo sea el resultado, podrá ser su impulsor o su ancla.

¿Cuáles son los puntos centrales de evaluación de la economía en esta instancia? Uno de los principales tiene que ver con la actividad económica: según el gobierno nacional, la “economía crece como pedo de buzo”, cita textual del presidente Javier Milei. 

Parafraseando a Chequeado, esto es “engañoso” y vamos a mirar dos indicadores para ello. En primer lugar, el PBI. El último dato disponible muestra que el producto nacional creció al segundo trimestre de 2025, un 6,3% interanual, pero debe aclararse que la base comparativa estaba en el piso. Es válida la “celebración”, por decirlo de algún modo, de esa suba, pero tiene que ser contextualizada necesariamente. Sin embargo, si vemos la evolución trimestral desestacionalizada, ese mismo segundo trimestre de este año presentó caída contra el primero de -0,1%. Esto se venía advirtiendo desde antes de conocerse los datos: entre abril y junio, la actividad se había amesetado y terminó en rojo, dando señales de agotamiento. 

Esto se reconfirma con el segundo indicador: el EMAE. El Estimador Mensual de Actividad Económica que elabora el INDEC como un proxy del PIB adelantado. Entre mayo y diciembre de 2024, creció de manera sostenida; pero en este 2025, se planchó. Entre enero y agosto, solo creció en tres meses y cayó en los otros cinco y de esas, tres fueron consecutivas (de mayo a julio). Actualmente la actividad está 0,6% por debajo de los niveles de diciembre de 2024 y con perspectivas negativas para los datos de septiembre y octubre producto de la volatilidad cambiaria y el crecimiento de la incertidumbre, que golpeó fuertemente a la economía real. 

A esto debe agregarse necesariamente un dato central: la heterogeneidad dentro de la actividad económica. Según el último EMAE, a nivel interanual se observó una suba del 2,4%, pero apoyado en la intermediación financiera (+26,5%) y la minería (+9,3%), dos sectores que poco dinamizan las cadenas económicas y tienen una escasa participación en el empleo. En cambio, el comercio y la industria manufacturera fueron los dos sectores con mayor caída (-1,7% y -5,1% respectivamente). Ambos sectores son los más empleadores de la Argentina (concentran el 40% del empleo registrado en el sector privado) pero además son altos dinamizadores de la actividad. Entonces, las mejoras que puedan observarse en materia de actividad económica están atadas a sectores que son importantes, pero que no “derraman” en calidad de vida, en creación de empleo ni en factores de desarrollo nacional. 

En resumen: la economía mostró una dinámica de recuperación en 2024 pero se planchó en 2025, llegando a esta elección con perspectivas negativas e incluso con potencial riesgo de volver a entrar en recesión técnica. 

En esa misma línea, y retomando sobre la cuestión de sectores más relevantes de la economía, otros dos indicadores que mide el INDEC permiten retratar el fuerte golpe sobre los sectores productivos: el Indicador de la Construcción (ISAC) está en la actualidad -20,8% comparado con el nivel previo al cambio de gobierno; por su parte, el de producción Industrial (IPI Manufacturero) se ubica -3,9%. 

Vamos ahora para el lado del consumo: las ventas en supermercados a nivel nacional arrastran cinco meses consecutivos de descensos mensuales, mientras que hay una suba en la variación interanual apoyada de manera casi exclusiva en el piso con el que se compara; aun con ello, la suba año/año se desacelera cada vez más. En comparación con noviembre de 2023, mes previo al cambio de gobierno, este indicador está 10% por debajo en la actualidad, graficando el fuerte retraso en términos de acceso al consumo. Peor aún, al analizar los rubros dentro de este indicador, los más golpeados siguen siendo los más esenciales, evidenciando así que la merma del consumo afecta en mayor medida a los hogares de ingresos más bajos

Otro rubro de consumo, como Autoservicios mayoristas, lo pasa aún peor: está 20,9% por debajo en la era Milei. Para completar, otro dato que es importante para analizar son las ventas minoristas relevadas por CAME: llevan seis meses consecutivos con descensos mensuales y ya están -27,3% durante la era Milei, un golpe durísimo para las pymes que ven que todas las mejoras publicitadas no llegan. 

Y no, no es cierto que ahora “todo se vende online”. Sí, la venta online creció de manera muy fuerte, pero para nada se trata de un fenómeno que vino a reemplazar a los otros canales de venta. La crisis del consumo masivo y esencial es evidente, más allá de que se pretenda deslegitimarla. 

¿Cómo se llegó a esta crisis de consumo? Por menor empleo y por menores ingresos. El empleo registrado en el sector privado muestra una caída del 2,0% entre julio de 2025 y noviembre de 2023, equivalente a la pérdida de 127 mil puestos de trabajo formales; a su vez, el empleo registrado en el sector público cae 1,7% (58 mil empleos menos). A su vez, la tasa de empleo descendió en 1,3 puntos porcentuales entre el segundo trimestre 2025 y el cuarto trimestre del 2023, al tiempo que en ese mismo período la tasa de desocupación creció en 1,9 puntos. El salario del sector privado, según el INDEC, a julio se ubicó -0,3% contra noviembre de 2023, pero en el sector público el salario cayó 14,0% real. Dentro de este segmento, los trabajadores públicos del sector nacional registraron una caída del 32,8% de sus salarios, mientras que en el sector público provincial (consolidado de todas las provincias) cayó en 6,2%. 

En ese contexto, ¿Cuáles son las dos banderas principales que muestra el gobierno como “victorias”? La primera es la inflación, cuya desaceleración sostenida, aun con ciertas volatilidades en el último tiempo, se presenta indudablemente como el gran éxito del gobierno alineado con sus compromisos de campaña electoral allá por 2023. Pero así como es cierto que se logró contener la inflación, no menos cierto es que eso se logró, en parte, mediante un importante ajuste del gasto y retracción de la actividad de principios del 2024 que actuaron como anclas, provocando muchos de los resultados que vimos anteriormente. 

La segunda es la baja de la pobreza. Estadísticamente, es innegable la mejora. ¿Representativa? Quizás no tanto, principalmente por el desacople metodológico. Pero para discutir esto con seriedad debemos hacernos muchas preguntas cuyas respuestas no son tan claras. La más relevante, a criterio personal, es ¿qué entendemos por pobreza? Aunque parezca obvia la respuesta, no lo es en materia estadística, principalmente en un país como el nuestro con marcadas volatilidades y crisis frecuente que obliga (o mejor dicho, debería obligar) a practicar ajustes sistemáticos a los modos de medición.

En definitiva, la economía argentina llega a esta elección en una situación frágil a la vez que contradictoria. Tras un 2024 de relativa (y heterogénea) recuperación, el 2025 mostró un freno claro: la actividad se estancó, el consumo siguió debilitándose, el empleo retrocede y los ingresos reales no lograron recomponerse. Si bien la inflación bajó y eso constituye un logro relevante, el costo social y productivo del ajuste fue alto, con una economía real que no termina de reaccionar. Así, la economía llega exhausta, sin motores internos claros de crecimiento. El post-elección será clave para entender el camino que se viene y, por ende, los nuevos desafíos que enfrentará el país.

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