Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

Las cajas provinciales respiran, pero atentas

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El escenario fiscal de las provincias argentinas muestra que hay una importante recuperación en términos generales de las cuentas públicas, con distintos indicadores que están mostrando incrementos y eso naturalmente representa una robustez en las cajas provinciales.

Por un lado, la coparticipación federal marcó un récord de crecimiento en marzo, con un alza que no se veía desde principios de 2018, y continua así una senda de aumento que se inició ya hace ocho meses. De hecho, la recuperación medidas a precios constantes (base 2016) muestra que marzo de 2021 no fue solo mejor al del 2020, sino también al del 2019, aunque quedó todavía por debajo de los niveles de 2018. Aun con ello, fue el mejor marzo de los últimos tres años.

Por el lado de la transferencias no automáticas o discrecionales, también se observa un incremento considerable en este primer trimestre del año: hay un incremento del 64% contra el primer trimestre del 2020, con un total de transferencias a las 24 jurisdicciones por diferentes conceptos que totaliza $100.085 millones (es decir, un equivalente al 14,2% del total de las transferencias automáticas; en 2020, a esta misma altura, equivalían al 13,4%).

Acumulado estas dos categorías de transferencias, los recursos de origen nacional mostraron entonces un alza del 10,9% en términos reales en el primer trimestre del año, dato alentador a raíz de que se trata del mejor primer trimestre de los últimos tres años.

La distribución efectiva de los recursos a las provincias y CABA (acumulando transferencias automáticas y no automáticas) muestran que la provincia de Buenos Aires se llevó el 23,4% del total distribuido, y le siguen Córdoba (8,3%) y Santa Fe (8,2%).

Entre las provincias de nuestra región, el consolidado del NEA se quedó con el 14,7% del total distribuido entre los dos conceptos durante el primer trimestre del año, y la mayor participación la tiene el Chaco con el 4,7%, seguida por Formosa (3,6% del total), Corrientes (3,4%), y atrás Misiones (3,1%) .

Todavía sigue vigente el debate de como a Misiones le afecta el actual sistema de reparto, pero en esta columna de hoy solo resaltaremos el hecho de que, bajo el escenario vigente, todas las provincias tuvieron un buen trimestre en términos comparativos con el anterior.

Volviendo a los datos, decíamos al principio que las cuentas públicas provincias tuvieron un buen inicio de año, empezando por el incremento de recursos de origen nacional. Además de eso, las rentas provinciales también están mostrando cierta recuperación en términos generales.

Entre las aun pocas provincias que publicaron sus datos de recaudación propia a marzo, existe un incremento promedio (acumulado del primer trimestre) de cerca del 60%, pero con importantes brechas. Solo en marzo, y por primera vez en, por lo menos, diez años (que son los registros que contamos) hubo dos provincias con incrementos por encima del 100% interanual en marzo: Misiones y Catamarca. En el primer caso, es una consolidación de un proceso de crecimiento que se inició hace ya once meses. En el segundo, es un importante rebote de lo que fue marzo 2020, inicio de la pandemia. En ambos casos, son crecimientos muy importantes de cara a los desafíos presupuestarios de la gestión.

Pero, además, hubo otras dos provincias que arañaron al 100% de suba en marzo: Formosa (95,6%) y San Juan (98,3%). El primer dato a destacar es que en este punto se observa (y luego se confirma) que en las provincias del Norte Grande la recaudación está expandiéndose a un ritmo mayor que en otras regiones del país, sobre todo de la Patagonia, donde todavía están con problemas en la caja de cambio y no entra la segunda.

Con todo esto, respiran y celebran las cajas provinciales, pero se moderan. Los gobernadores saben muy bien que la asistencia nacional por emergencia Covid se está achichando, no hay margen para solicitar nuevos ATN y este año enfrentan obligaciones de pago que el año pasado lograron postergar. Pero confían, y hasta ahora tuvieron razón, en que el crecimiento de la actividad repunte la recaudación (nacional y provincial) y ello engorde la caja. La asistencia nacional extracoparticipación vendrá de la mano de las elecciones, pero la pregunta es como se volcarán esos recursos.

Por último, esta buena nueva para las provincias en relación a los recursos también se enfrenta a desafíos que la economía argentina necesita resolver para andar a los saltos y poder consolidar un camino de recuperación en los distritos subnacionales.

Por un lado, el tipo de cambio sigue siendo un problema para aquellas provincias que tienen deuda en dólares (el tipo de cambio de referencia del BCRA saltó 10% en el primer trimestre).

En relación a eso, también está la falta de acuerdo de algunas provincias (Buenos Aires, Chaco, La Rioja y Tierra del Fuego, las primeras tres en default) de sus renegociaciones de títulos bajo legislación extranjera también condiciona la posible inversión pública. El ejemplo es Chaco: está en default y debe dos cupones de renta por casi 23 millones de dólares que aún no sabe si, en caso de llegar a un acuerdo, deberá abonarlos en su totalidad, o podrá canjearlos por nuevos títulos. Por ende, se “protege” y la ejecución presupuestaria del primer trimestre le dio un saldo superavitario de más de tres mil millones.

También está en juego la inestabilidad del escenario epidemiológico: muchas provincias no profundizaron medidas restrictivas por el golpe que ello genera en la actividad local; y la siempre presente suba de precios, que licua los “excedentes” más rápido de los que se generan.

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11.636 menos

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El dato estadístico que es, quizás, el más doloroso de analizar, es de pobreza. No solo es emocionalmente más difícil, sino también lo es desde una perspectiva puramente analítica: las causas son diversas para cada jurisdicción y a veces parecen ser demasiado heterogéneas.

Lo cierto es que, en la Argentina, a finales del 2020 había poco más de 12 millones de pobres que viven los aglomerados urbanos. Extrapolando el dato al total del territorio nacional, estamos hablando de 19 millones de personas. Comparando con los datos del segundo semestre 2019, hay poco más de 2 millones de “nuevos pobres” en el país; y en los últimos cuatro años, son ya 3,7 millones de nuevos pobres.

La trayectoria de la pobreza de los últimos cuatro años ha sigo volátil. La administración Macri inició una nueva serie de medición, que se inició con datos del 2º semestre 2016 con un 30,3% de pobreza en el país. En 2017 las tasas mostraron bajas, tocando un piso de 25,7% al segundo semestre, siendo ese el menor valor de toda la serie.

Pero ahí se terminó la primavera. La crisis de la macro en 2018 empezó a levantar los niveles de pobreza, llegando al 27,3% al primer semestre, y saltó al 32% al segundo semestre. El 2019 llegó con una consolidación de la crisis, que empezó en la macro (corrida cambiaria) y llegó rápidamente a la micro, y la pobreza trepó al 35,4% al primer semestre de ese año. Una serie de medidas de urgencia y cierta relajación de la macro por cambio de gobierno hizo que al final del año el crecimiento sea leve, y el 2019 terminó en 35,5%: casi diez millones de pobres. Un escándalo.

El 2020 trajo la pandemia. Nadie podía pensar que bajo ese contexto la pobreza podía reducirse. A lo sumo, con medidas como IFE, ATP y otras, se pretendía sostenerla en los niveles previos, siendo muy optimista. Pero ni siquiera eso. La fuerza de las medidas de la cuarentena en términos generales y las consecuencias propias de la pandemia elevó la pobreza al 40,9%, récord en toda la serie iniciada en 2016, con algo más de 11,5 millones de pobres.

Cuando hablamos de “consecuencias propias de la pandemia” no hablamos solo de la gente que perdió el empleo por causas de las restricciones, sino también de los hogares que se quedaron sin ingresos (o menores a los que ya tenía) producto del fallecimiento de uno de sus integrantes.

Finalmente, llegamos al segundo semestre del 2020 con el 42% de pobreza que afecta a los 12 millones que detallamos antes, siempre para el caso de los aglomerados urbanos.

Como se puede observar a partir del detalle dado, la trayectoria de la pobreza fue ascendente desde el 2018, a partir de un combo de factores que incluye crisis macroeconómica, caída del empleo, alta inflación que licua ingresos de los hogares, y pandemia.

Pero como también dijimos previamente, no fue homogénea la situación en todos lados. De hecho, Posadas marca un camino distinto. En el 2020, año donde el país registró más de dos millones de nuevos pobres, en Posadas se vio un camino inverso: unas 11.636 salieron de la pobreza, con una trayectoria descendente durante todo el año.

Vamos desde el principio: al segundo semestre del 2016 la pobreza alcanzó al 28% de las personas del aglomerado misionero, pero creció al 29,7% al primer semestre 2017.

En línea con lo sucedido a nivel nacional, marcó una baja al segundo semestre de ese año, llegando al 28,6% y volvió a bajar (levemente) al 28,5% al primer semestre 2018.

Las consecuencias de la crisis iniciada ese año generó que en los últimos seis meses de ese año la pobreza se dispare al 35,7% de las personas en Posadas, y durante todo el 2019 creció: 39,8% al primer semestre y 41,3% al segundo. Este ultimo dato marca al pico al que llegó Posadas en la serie analizada, pero a partir de allí inició el descenso.

Aún con todos los problemas ocasionados por la pandemia, la pobreza a junio de 2020 bajó tres puntos porcentuales para ubicarse en 38,1%, y en los últimos seis meses de ese año cayó nuevamente, en menor ritmo (0,4 p.p) para ubicarse en 37,7%. De este modo, con pandemia incluida, en el 2020 unas 11.636 personas salieron de la pobreza en el aglomerado misionero, con mayor impacto en el primer semestre, cuando fueron 10.892 personas las que dejaron de ser pobres.

Dentro del NEA, solo Formosa y Posadas lograron disminuir sus niveles de pobreza en 2020, pero los factores son muy distintos. En el caso misionero, se da a partir de un crecimiento en los niveles de actividad económica que repercutió en el empleo y en los ingresos, aunque estos últimos sigue todavía caminando por un tramo más lento, aunque sostenido.

En el caso de Formosa, el factor más preponderante (dicho por el propio gobierno formoseño) fue los aumentos salariales al sector público (más bonificaciones de fin de año) que dispararon los niveles de ingresos en el tramo final del 2020.

Por ende, la baja de la pobreza en Formosa es más endeble que en Posada, porque está sujeto al sector público y no necesariamente a la actividad consolidada.

El retroceso de la pobreza en Posadas es digno de destacar, pero todavía está lejos de volver a tocar su piso (28% de 2016). Por supuesto, y parafraseando al ex presidente, en el medio “pasaron cosas”, y es prácticamente imposible pensar hoy en volver, en el corto plazo, a esos niveles, pero la trayectoria del 2020 hace pensar en escenarios optimistas de cara al futuro.

Que en Posadas haya hoy 140 mil personas que viven en situación de pobreza es doloroso. Igual de doloroso pensar en las 163 mil en Corrientes, las 222 mil de Resistencia y las 92 mil de Formosa, y los 12 millones a nivel nacional. Sin embargo, es optimista pensar que en Posadas hay 11 mil menos.

La pobreza, en un país tan volátil como la Argentina, tiene que dejar de ser un eje discursivo para transformarse en acciones concretas. Pero cuando reclamamos por esas acciones, no tienen que ser solo reales y directas, sino también eficientes.

Diferentes gobiernos se jactaron de haber aumentado el gasto social a niveles históricos como forma de combatir de la pobreza, pero los resultados están en la mesa. No es solo una cuestión presupuestaria, sino también de creatividad y de conocimiento pleno de como atacar un flagelo que afecta a millones de personas.

Más plata no es sinónimo de efectividad en la implementación de la medida. Se necesita plata, por supuesto, pero también profesionalismo y autoridad intelectual. En ese sentido, la Mesa contra el Hambre parece haber sido una movida de marketing que no brindó soluciones algunas, pero todavía, entiendo en mi humilde opinión, estamos a tiempo de corregir el rumbo.

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Actividad en crecimiento

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Durante la semana que pasó, el INDEC publicó los datos de las tasas de mercado de trabajo para el cuarto trimestre de 2020, y pudimos observar un par de datos que son de importancia fundamental para entender que pasó durante el año, como se recuperó (o no) el mercado laboral por pandemia, y que podemos esperar para el 2021.

En líneas generales, el aglomerado de Posadas volvió a mostrar los mayores niveles de actividad de la región del NEA, y lo mismo se observa con la tasa de empleo. Esta situación ya la habíamos observado en el trimestre anterior. A su vez, la tasa de desocupación mostró una considerable baja, pero sigue arriba de los niveles de 2019.

Analicemos punto por punto que es esto y como impacta en Posadas.

¿Qué es la Tasa de Actividad? Este indicador define la situación en que se encuentran las personas con respecto a su participación o no en la actividad económica. Es decir, si forma parte de la Población Económicamente Activa (PEA) o no. La PEA, a su vez, engloba a las personas que tienen una ocupación o que no la tienen, pero la buscan activamente. En el caso de población económicamente no activa, agrupa a personas que no están ocupadas ni buscan estarlo, como jubilados y estudiantes, pero también a las personas que estando en edad laboral, directamente están fuera del mercado, al no tener una ocupación, pero tampoco la buscan, y por ello, la tasa de actividad cobra especial importancia al momento de evaluar escenarios.

¿Qué pasó en Posadas? A finales de 2020, el aglomerado misionero mostró una tasa de actividad del 46%, siendo dos puntos porcentuales mayor al trimestre anterior, y casi tres puntos por encima de la registrada para el cuarto trimestre 2019. Además, quedó muy por encima de la tasa regional del NEA (40,8%) y también de la media nacional para los 31 aglomerados urbanos (45%). De esa forma, Posadas forma parte del top10 de los aglomerados de mayores niveles de actividad, junto a los grandes centros urbanos como CABA, Mendoza, Rosario y Córdoba, entre otros.

Pero esa no es toda la novedad del caso posadeño. También debe mencionar y destacarse el hecho de que, si tomamos el inicio de la nueva serie de medición (2º trimestre 2016) a la fecha, Posadas mostró a finales del 2020 la mayor tasa de actividad de toda su serie histórica, marcando así la mayor brecha respecto al promedio regional de todo el período, con el agregado de que, pese a los golpes de la pandemia, Posadas es el único aglomerado del NEA que nunca perforó el piso de los 40 puntos de tasa de actividad.

Tal como se observa en el gráfico, el aglomerado de Posadas tuvo una caída menor al segundo trimestre (impacto más fuerte de la pandemia) en comparación con el total regional y nacional, pero acompañó a casi el mismo ritmo la recuperación, logrando así tener la tasa más alta de la serie, como se mencionó en un momento.

¿Por qué esto es importante? La tasa de actividad es el mayor termómetro del movimiento del mercado laboral. De hecho, es común notar tasas de desocupación más bajas en aquellos aglomerados con menor tasa de actividad, por el hecho de que son menos las personas que están en búsqueda de trabajo y mayores las que directamente están fuera del sistema. Por ello, el hecho de que Posadas marque el mayor registro de actividad de la serie analizada indica naturalmente una recuperación del mercado laboral, que se consolida al analizar las otras dos tasas.

Tasa de empleo: se define como el porcentaje de la población ocupada con respecto a la población total. Aquí Posadas también ha mostrado crecimientos significativos. La tasa de empleo del cuarto trimestre del 2020 fue del 43,1%, creciendo un punto comparado con igual período de 2019 y poco más de dos puntos contra el trimestre anterior. La recuperación es aun más evidente contra el segundo trimestre 2020: creció casi cinco puntos, de la mano de la recuperación de la actividad. De ese modo, se posicionó muy por encima de la tasa nacional (40,1%) y de la regional NEA (38,5%), y en el ranking de los aglomerados medidos, se posiciona como el aglomerado con la sexta mayor tasa de empleo de todo el país, por encima de grandes centros urbanos como Córdoba, Santa Fe y Salta, entre otros. Además, dentro de las provincias que componen el Norte Grande, es el aglomerado con mayor tasa de empleo.

Finalmente, ¿qué ocurre con la desocupación? La tasa de desocupación se define como el porcentaje de Porcentaje de la población desocupada con respecto al total de la población económicamente activa. Es decir, solo se considera como “desocupado” a aquella persona que, sin tener una ocupación, está buscando activamente una. La persona que no está buscando, se la considera inactiva.

En aglomerados con niveles altos de actividad, es natural observar que las tasas de desocupación son mayores que en aquellos que tienen menores tasas de actividad, por los motivos ya explicados anteriormente. En el caso posadeño, la desocupación al cuarto trimestre 2020 fue del 6,4% y mostró una baja de casi un punto respecto al trimestre anterior y de casi dos contra el segundo trimestre del año, pero aun sigue con niveles por encima del cuarto trimestre 2019. Aquí debe destacarse el hecho de que, en el segundo trimestre del 2020, la desocupación se disparó a un récord en Posadas (8,2%) y partir de allí fue reduciéndose de la mano del aumento en el empleo.

Si bien dicha tasa es considerablemente mejor que la nacional (11%), esta por encima del promedio regional NEA (5,8%), pero aquí entra en juego lo que ya se detalló antes: aglomerados como Formosa muestran bajas tasas de desocupación por menor actividad, tirando hacia abajo el promedio regional.

En el plano nacional, Posadas se ubica a mitad de tabla en este punto, muy lejos del primero (GBA con 14,1% de desocupación) y casi duplicando al último (Comodoro Rivadavia-Rada Tilly con 3,3%).

Posadas tuvo, durante gran parte del período analizado, tasas de desocupación menores a los del promedio NEA, y tras el salto del segundo trimestre, comenzó a acercarse nuevamente.

La reducción de esta tasa vendrá de la mano de la generación de empleo, y esto podrá darse como consecuencia directa del alza que tuvo la actividad. Posadas tiene el desafío (pero también la oportunidad, por el escenario actual que atraviesa) de poder reducir la tasa de desocupación a niveles de 2019 y así incorporar aún más personas al mercado de trabajo.

El protagonismo en este punto estará centrado en tres actores: el Estado provincial como promotor de la actividad, y en este punto, la prórroga de los programas Ahora son una gran noticia; el sector privado como generador de empleo de calidad; y los cuentapropistas/emprendedores, que pueden fortalecer su actividad. Todo esto también estará muy sujeta a la situación epidemiológica: la amenaza que significa Brasil por su contexto actual, sumado a la preocupación por la nueva cepa, generan cierta incertidumbre en relación a la restricción posibles de actividades, pero, por otro lado, esa situación también hará que toda idea de apertura de fronteras se postergue, algo que para el comercio de Posadas en particular será beneficioso.

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En el año de la pandemia Misiones terminó con superávit primario y financiero

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El año 2020 fue un año donde se pusieron en jaque los indicadores económicos, y se  puso en duda la capacidad de los estados provinciales de poder sortear con éxito la  crisis generada, a partir sobre todo de una importante caída de la actividad que repercute en todos los segmentos de la economía nacional. 

Sin embargo, sobre todo a partir de los últimos meses del 2020, las provincias vivieron esta situación con gran heterogeneidad, al punto que en el caso misionero se observó un importante crecimiento de la actividad a partir de factores como el cierre de fronteras, que posibilitó el incremento de la recaudación propia y un mayor volumen de actividad  comercial. 

Esto último, sumado a cuestiones como mayor asistencia financiera del Estado nacional y a un bajo peso de la deuda pública, entre otras, generó que la provincia de Misiones haya culminado el año 2020 con superávit de sus cuentas públicas, tanto primario como  financiero. 

Los superávits no significan otra cosa que un mayor volumen de recursos por sobre los gastos de la administración provincial, que genera un “ahorro” que permite que la provincia esté resguardada ante posibles épocas de crisis, por un lado, e invertir en políticas de desarrollo, como ser infraestructura o consumo, por el otro.  

Tener superávit no solo implica tener más recursos: también entra el juego la administración del gasto. En el caso misionero, tuvo un papel importante, como se detalló antes, el bajo nivel de deuda pública, que no impacta de manera importante en las erogaciones de la provincia: a menor endeudamiento hay más capacidad de pago para destinar a inversión.  

Detalles de los resultados fiscales de Misiones 

Los ingresos corrientes de la administración pública no financiera de la provincia de Misiones totalizaron $134.205,84 millones: crecieron un 50,9% en relación al año anterior. Ese incremento está explicado fundamentalmente por el crecimiento de los  tributos provinciales ($33.735,24 millones, +78,2%) y las transferencias corrientes  recibidas (no automáticas del Gobierno nacional, entre otras), que totalizaron $11.613,6  millones y se expandieron un +110,2%. 

Del resto de los conceptos que integran los ingresos corrientes, solo las Contribuciones  a la Seguridad Social tuvieron alzas reales, mientras que los demás ítems tuvieron  caídas en diferentes niveles.  

Por su parte, el gasto corriente totalizó $115.162,9 millones: se expandió un 48% anual  (levemente por debajo del alza de los ingresos corrientes), y en este punto, se destacan  tres cuestiones: el gasto de personal (entendido como pago de salarios y  remuneraciones) se incrementó en términos reales un 1,3%; además, las transferencias  corrientes crecieron también en términos reales un 14,1% (11,9% al sector privado y  15,9% al sector público), y el pago de los servicios de la deuda, por su parte, cayó 26,8%  en términos reales, siendo este un aspecto fundamental en las cuentas provinciales: la  disminución del pago de las obligaciones de deuda representa mayor disponibilidad de  recursos para el desarrollo.  

Como se mencionó, también es fundamental destacar los crecimientos de las  transferencias: por un lado, al sector privado: esto posibilitó sostener e incluso, expandir programas como los Ahora, o las líneas de crédito (como el Fondo Misiones) e incluso  exenciones impositivas, todo en relación al fomento de la actividad.  

Por el otro lado, el incremento de las transferencias al sector público equivale a mayores  recursos para los municipios misioneros. 

Con estos datos llegamos al primer resultado: el económico u operativo, que surge de  la diferencia entre los ingresos corrientes y el gasto corrientes. Misiones tuvo en 2020  un resultado económico superavitario en $19.042,9 millones (14,2% de los ingresos  corrientes) y es superior al observado en 2017, 2018 y 2019, reflejando así un  fortalecimiento del superávit económico en 2020. 

Ingresando en el apartado referido al capital, los ingresos de capital totalizaron $4.336,7  millones en 2020, con una caída nominal del 18,7% respecto al 2019, que responde a  un aspecto generalizado en las provincias. Observando los componentes dentro de los  ingresos de capital, los denominados “recursos propios” y los correspondientes a  “disminución de la inversión financiera” mostraron bajas, pero las “transferencias de  capital” (empujadas por el envío desde el gobierno nacional) crecieron de manera  significativa (66,4% real). 

Por su parte, el Gasto de capital fue por un total de $22.575,2 millones: se retrajo -3,4%  en términos reales, que se explica por la retracción de la inversión real directa (-7,9%)  que concentra el volumen mayoritario en este tipo de gasto. Las transferencias de capital  y la inversión financiera crecieron 26,8% y 19,15 respectivamente (real). 

De esta forma, podemos entonces llegar a los resultados fiscales finales: el primario y  el financiero.  

El resultado primario se entiende como la diferencia entre los ingresos totales y el  denominado gasto primario, que es el total del gasto excluyendo los pagos por servicios  de la deuda pública. En el 2020, el resultado primario misionero fue superavitario en  $1.482,6 millones, que representa un 1,1% de los ingresos totales., mejorando  notablemente respecto a lo que fue el 2019, cuando el superávit primario representó el  0,7% de los ingresos.  

En términos absolutos, es el mayor superávit primario del período 2017-2020, pero en  proporción sobre los ingresos el del 2018 fue más robusto. 

Por su parte, el resultado financiero es la diferencia entre los ingresos totales y los gastos totales, y en el 2020 marcó superávit de $804,5 millones en Misiones (0,6% de los ingresos totales). Al igual que en lo detallado para el caso del resultado primario, el superávit financiero del 2020 fue el mayor en términos absolutos pero menor en proporción con los ingresos que el de 2018. 

De esta forma, Misiones culmina por tercer año consecutivo con superávit en ambos niveles, que da cuenta de una correcta administración de las cuentas públicas, un fuerte incremento de recursos (sobre todo, los propios) y un bajo peso de la deuda pública. 

Hasta el momento (fecha de corte: 16 de marzo), solo siete jurisdicciones del país han publicado sus datos fiscales. De ese total, cinco lograron superávits primarios y financieros (Entre Ríos, Misiones, San Juan, Santa Fe y Tucumán), una (la CABA) tuvo superávit primario, pero déficit financiero, y la provincia restante (Neuquén) tuvo déficits en ambos niveles. 

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Un año de sorpresas

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El próximo martes 16 de marzo se va a cumplir un año del primer decreto de cierre de fronteras firmado por el presidente Fernández, en el marco de la pandemia del coronavirus. 

En ese momento, reinaba la incertidumbre y era muy difícil pronosticar lo que podía suceder con la economía, pero la reflexión que tenía fuerte consenso era que había que aguantar el golpe. 

Golpear a un cuerpo sano duele, pero se recupera más rápido. Golpear a un cuerpo que ya estaba previamente golpeado, puede traer secuelas más fuertes: allí estaba la preocupación. La economía argentina venía golpeada y toda trompada nueva la tiraba más al piso.

Los primeros meses de la pandemia todo fue negro: caída de la recaudación, caída de la actividad, caída del empleo, caída del consumo. Caídas, caídas, caídas. Pero a medida que pasaron los meses, que se relajaron ciertas restricciones y que comenzamos a transitar nuevas “normalidades” (que siguen siendo anormales), la economía nacional empezó a mostrar signos de recuperación, y del coma pasó a terapia intensiva. 

Hacia dentro de las provincias, la situación fue similar: los peores meses en términos económicos se vieron entre abril y junio, con la situación sanitaria como guía: dentro de la región, Chaco picó en punta en cantidad de contagios (top 3 en el país), mientras que en Misiones, por ejemplo, la situación estaba mucho más controlada, y ello se traducía en diferentes niveles de caídas de actividad. 

Ya para los meses de junio en adelante, arrancaron las sorpresas y comenzaron a visualizarse los principios indicios de recuperación “selectiva”: Misiones fue una de las provincias que lideró el crecimiento en casi todos los indicadores relevados, y en algunos casos, con niveles que daban que sorprendían hasta al mas optimista de los analistas. 

Récord de aumentos de patentamientos de autos y motos; crecimiento sostenido tocando techos históricos de consumo de cemento; reactivación de la construcción; sostenimiento del empleo privado e incrementos reales de la facturación de los comercios locales, entre otras cosas, son los indicadores donde Misiones se destacó durante buena parte del 2020, y algunas de ellas también en el inicio del 2021. En todos los casos, se mejoró respecto a los últimos meses de la prepandemia. 

Por supuesto que la cenicienta misionera es la recaudación provincial, que en febrero volvió a mostrar subas importantísimas (casi 90%) y sigue así mostrando la potencia de la economía provincial en un contexto de fronteras cerradas. 

Hay dos actores que son claves en este escenario: el sector privado que ganó fuerza, justamente a partir del cierre de fronteras, y demostró su potencial; y el sector público que acompañó donde pudo a este proceso. 

En relación a este último, siempre demandamos Estados que sean presentes y que sean eficientes, pero a veces, la conceptualización de ambas características trae conflicto, y según ciertas doctrinas, parecieran que son incluso cualidades contrapuestas. Nada más alejado de la realidad: el Estado misionero, aún con errores, se mostró presente (sin intervenir, sino acompañando al sector privado en el transitar de este escenario con medidas de fomento al consumo) y se mostró eficiente: destinó recursos a los sectores que más los necesitaba, no derrumbó sus cuentas públicas y dio respuestas. 

El gobierno de la Renovación logró eso no por su accionar en la pandemia, sino por su accionar previo: llegó con cuentas públicas ordenadas (superávit operativo) que le permitió destinar excedentes o ahorros al consumo y con bajo peso de deuda publica que no comprometió su estructura de gastos. Pero quizás lo más importante en este escenario es que supo que hacer. 

Dentro de la región, Formosa tenía indicadores fiscales similares (superávit y baja deuda) pero no ha tomado medidas de relevancia como en Misiones: los programas de fomento al consumo como los Ahora tienen una replica muy liviana y de bajo alcance en Formosa, y lejos de haber volcado los ahorros fiscales previos a la reactivación económica, el gobierno de Gildo Insfran los guardó y los acrecentó: su superávit primario creció más del 100% y recién hacia fines del año pasado volcó una parte a programas de precios locales, que fueron insuficientes. 

Chaco, por su parte, llegó con un escenario adverso: cuentas públicas con déficit, deuda pública muy fuerte e indicadores debilitados. Hoy la provincia se encuentra algo más equilibrada, pero tiene mucho por resolver. El alza de la actividad (todavía tímida) no tuvo al Estado como socio más allá de algunas medidas aisladas. De hecho, no existe hoy un programa fortalecido de fomento al consumo, y la mayoría de las facilidades son circunstanciales (fechas determinadas) y limitadas en su mayoría a la tarjeta de crédito del banco provincial. Ergo, no llega a todos. 

También, el Chaco entró en default en plena pandemia, y ante eso, asumió un Guzmán boy al frente del Ministerio de Economía para encarar la negociación con acreedores externos, algo de lo cual nada se sabe porque la provincia estableció un NDA (acuerdo de no divulgación por sus siglas en inglés) para las negociaciones. 

Por último, y en pos de buscar mejorar la calidad institucional y el fomento a la transparencia, se debe pedirle al Gobierno provincial que ponga atención a esta cuestión: la provincia tuvo una caída en su puntaje del ranking de transparencia presupuestaria que elabora CIPPEC, y el Ministerio de Hacienda provincial está muy desfazado en la publicación de información relevante. De hecho, los datos de deuda pública y de ejecución presupuestaria quedó estancada en los del 2º trimestre 2020, y es fundamental poder ver su evolución, por más que existan proyecciones a nos acerquen a ello. 

La provincia tuvo muchos avances y se ha posicionado de manera muy fuerte a nivel nacional en términos de gestión, y por ello, que no deje “dormir” la cuestión de la transparencia va a ayudar a posicionarse aún más en el escenario regional y nacional.

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