Carlos Andrés Ortiz

Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

Falsedades y tergiversaciones del liberalismo económico

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Tal como lo definió con notable maestría Friedrich List, en pleno apogeo del liberalismo como doctrina económica excluyente, y como lo precisaron posteriormente muchos analistas políticos y económicos, el liberalismo económico es una doctrina ideada para perpetuar la subordinación política y económica de los Estados no industrializados ni desarrollados, respecto a las naciones y bloques de poder desarrollados.
Analistas destacados, entre ellos Jauretche, Aldo Ferrer, Methol Ferré y muchos más, siempre silenciados por “los poderes establecidos” (el establishment), coincidieron en dicho análisis, aportando sus valiosos puntos de vista, enriquecedores del mismo enfoque básico.
En su momento, el liberalismo fue la herramienta predicada hacia afuera pero no cumplida hacia adentro por Gran Bretaña, para impedir el desarrollo tecnológico e industrial del resto del mundo. Y eso le dio más de 100 años de absoluta supremacía mundial, basada en su industria, su tecnología, su poderosa marina de guerra y enorme marina mercante (creada en base a muy fuerte proteccionismo y estímulos de la Corona, o sea del Estado). Todo ello con los soportes de su fuerza financiera y el accionar sinuoso, falaz y terrible de su refinada pero feroz diplomacia.
El liberalismo se basó en una serie de falsedades groseras, a las que se pretende instalar en el altar pagano de las “leyes” económicas, las que como tales no deberían –supuestamente- jamás ser objetadas ni menos aun duramente cuestionadas probándose las falsedades y tergiversaciones de las mismas.
Esas “leyes” forman el andamiaje pseudo académico, sobre las que se basa todo el armazón político – cultural que sostiene la vigencia de esa doctrina político – económica; la cual como se dijo, es esencialmente una doctrina de colonización política, cultural y económica aplicada a escala planetaria.
Algunas de esas “leyes” económicas, parten del supuesto de la competencia perfecta, lo cual es una teorización abstracta, que casi nunca se da en la vida real.
El equilibrio al cual por si mismos tienden “los mercados libres”, es otra falsedad mayúscula. Por una parte, las sucesivas crisis económicas mundiales y las crisis que se dan en muchos países, desmienten categóricamente la supuesta
autoregulación de los mercados y su falsa búsqueda automática del equilibrio. No fue casualidad que EEUU y Europa recurriesen a las ideas keynesianas –con fuerte rol del Estado y muy lejos de las “leyes de los mercados” para salir de crisis severas, como la de 1929, y la de 2008. En ambos casos además, sin pizca de “inocencia”, buscaron transferir los elevados costos de esas crisis a las naciones excluidas del núcleo de las desarrolladas. Esto último es claro y fácilmente demostrable, pero siempre ocultado por los economistas y otros operadores al servicio de los intereses transnacionales (mega finanzas, Potencias Atlantistas y grupos de presión desconocidos por el común de la gente, como la Comisión Trilateral y otros).
Por otra parte, los mercados nunca son “libres”; o son regulados por los oligopolios, o son regulados por el Estado. En el primer caso, los productores primarios (como en el caso de la yerba mate, entre muchos otros) sin la intervención reguladora y equilibradora del Estado, quedan a merced del antojo y conveniencia de los oligopolios compradores de la yerba en bruto (sin elaborar), en cuyo caso el precio llega a ser ridículamente bajo, y además, con frecuencia las condiciones de pago son directamente abusivas, con cheques postdatados a varios meses, sin ningún ajuste por intereses ni por la inflación.
De la misma forma en la óptica del consumidor, las petroleras sin ningún control por parte del actual Estado CEOcrático ultra liberal, se valen de su abusivo rol oligopólico, e imponen aumentos leoninos a los combustibles y lubricantes. Los propaladores de las “bondades” del neoliberalismo, nada dicen de esa y otras realidades impresentables.
Otro de los dogmas, supuestamente “indiscutibles”, es sostener la “eficiencia privada” y su supuesta contraparte de la “ineficiencia del Estado”. Por supuesto, los “eficientes privados” utilizan todas las prebendas como los de la patria contratista, viejos usufructuarios de “ventajas” de todo tipo, que junto con otros oligarcas diversificados (incursionando en ramas que antes la oligarquía tradicional nunca había incursionado), fueron los que lograron la estatización de sus deudas externas, en épocas de Cavallo en los años ’90.
Esto está asociado con las feroces criticas al supuesto cuadro de “elefantiasis” que los operadores neoliberales enarbolan como trampa cazabobos,
para lograr consensos favorables a las políticas de destrucción lisa y llana de los Estados, para con ello entronizar sin limitaciones el gobierno de las mega corporaciones transnacionales, y sus lacayos internos. Con eso tienden a implementar sin límite alguno la globalización salvaje, la cual no solo implica la desaparición de los Estados, sino también a institucionalizar la neoesclavitud de la tecnocracia, con seres humanos prescindibles y desechables, sistema sin pizca alguna de humanismo ni de espiritualidad.
Para lograr tan impresentables fines, cuentan con operaciones de pinzas, con un brazo tecnocrático, “eficientista” y ultra privatista; el de las tecnocracias corporativas, ramificadas desde los centros del Poder Transnacional; complementado con el brazo muy hábilmente manipulado de las “progresías”, de discursos virulentos y supuestamente “anti sistema”, que en realidad terminan siendo marionetas dóciles de los poderes transnacionales apátridas, a los que sirven de pantalla distractivas, a la vez que operan como instaladores de mensajes disociadores, que en esencia buscan destruir los valores humanos y espirituales sobre los que se asienta todo el tejido social que mantiene unidos a los pueblos en base a valores éticos superiores. Valores que esas progresías, con discursos, operaciones y en muchos casos financiaciones facilitadas por los que manipulan a favor de la globalización salvaje. Todo eso con el soporte de los mercenarios de la comunicación.
Esa supuesta “elefantiasis” de la que acusan al Estado Argentino, parte de un análisis sesgado y malicioso, ocultando cuantas acciones muy productivas y beneficiosas en diversas formas al desarrollo e integración nacional, se realizan desde entes y organismos nacionales, como la Comisión Nacional de Energía Atómica, INVAP, INTI, INTA, Conicet, Astilleros Río Santiago, YPF, Aerolíneas Argentinas, Río Turbio, Fabricaciones Militares, y un largo etcétera. Por no mencionar los roles indelegables de la Salud y la Educación Pública, pilares esenciales del país, la Seguridad Pública cuidadas por las policías y otros organismos de seguridad; además de otras funciones indelegables que deben ser cumplidas por el Estado.
Tampoco mencionan los promotores del neoliberalismo salvaje, que muchos sectores industriales y tecnológicos fueron desarrollados por el Estado, ante la inacción de los privados, solo ávidos de ganancias rápidas y fáciles, en muchos casos conseguidas a costa del Estado, como los “grandes empresarios” de la “patria contratista”, uno de cuyos exponentes más conocidos es el propio actual presidente argentino.
Tampoco dicen esos promotores del neoliberalismo salvaje, al cual quieren empujar definitivamente a nuestro país, que grandes avances de la humanidad, en sectores claves como la exploración espacial, antes la exploración marítima, avances en la medicina, la física, la química y otros, se lograron en base a la activa participación de Estados Nacionales cuyos dirigentes no se dejaron encandilar por las falsedades ideológicas del liberalismo extremista, el mismo que esas potencias pregonan fronteras afuera pero no practican fronteras adentro.

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Los déficits gemelos

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Los voceros del neoliberalismo salvaje recargado, hoy encarnado en el macrismo, como justificación pseudo académica del presupuesto genocida en curso de aprobación y de los impuestazos y feroces recortes a partidas esenciales en Salud, Educación, Previsión, Obras Públicas y otras; intentan instalar que la severísima crisis de la Balanza de Pagos, es –supuestamente en forma muy amañada- consecuencia directa y principal del déficit fiscal; y eso es un craso error, o más bien una piedra basal en el edificio de las mentiras institucionalizadas como herramientas políticas de confusión; maniobras usuales de los liberales y neoliberales.
Si bien el desmadre de las cuentas públicas (del déficit presupuestario), tal como se lo implementó al ser financiado mediante deuda externa, termina incidiendo en el brutal endeudamiento exterior (que nos lleva a la cesación de pagos o a la balcanización territorial), el problema nodal es la política económica de apertura irrestricta con ausencia del Estado y con medidas que permiten sin límite alguno, todas las operaciones de fugas de divisas, incluso alentadas por los descontroles y los estímulos oficiales a todo tipo de operaciones negativas para el propio país.
Es grotescamente falso afirmar que con el teórico déficit cero del presupuesto nacional, se solucionará la severísima crisis de la Balanza de Pagos. Eso no sucederá mientras no se cambie acentuadamente la política económica y se anulen todas las medidas que están literalmente destrozando al país, y llevándonos a paso acelerado hacia la disolución nacional.
Forzar el déficit cero en estas circunstancias, solo podrá llevarnos a la paz de los cementerios, e incluso será inalcanzable, pues con la brutal caída del PBI, se reducirán los ingresos genuinos del Estado en concepto de impuestos, lo cual no podrá ser revertido ni con un acentuado aumento de las tasas impositivas, como se está por perpetrar. Es elemental, pues al haber menos actividad económica, los impuestos a ser recaudados caen acentuadamente, siendo función directa de la evolución de la economía…hoy involución brutal y muy acentuada.
A nadie medianamente bien informado puede sorprender el desastre generalizado provocado por el neoliberalismo macrista; en todo caso puede asombrar la extrema rapidez con la cual están perpetrando los destrozos generalizados económicos, sociales, y los vergonzosos desmadres de resignación vil de soberanía, en lo geopolítico.
Claramente vinieron a completar las tareas sucias pendientes desde el infame “proceso” cívico militar, y el noventismo de la partidocracia cleptocrática, ambos períodos antecesores directos de los actuales (des)gobernantes.
Para eso, con total desparpajo, se dedicaron –entre otras acciones infames tendientes a la disolución nacional- a incrementar en forma alevosa los déficits gemelos, como forma de resultar “inevitable” subordinarnos nuevamente al FMI.
El déficit fiscal lo duplicaron, tornándolo inmanejable, siendo la excusa “perfecta” para imponer brutales condiciones recesivas, mediante un presupuesto nacional genocida, en proceso de aprobación con las complicidades de sectores opositores tibios o directamente adocenados.
Desde el primer día accionaron para aumentar desmesuradamente el déficit fiscal, buscando además beneficiar a socios y amigotes políticos, como los de la Sociedad Rural, los grandes sojeros, la minería y el mega sector financiero, entre otros más. Para eso instrumentaron las quitas de retenciones a las exportaciones del agro y a la minería, produciendo con ello un enorme desbalance fiscal, el cual fue rápidamente usado como una más de las tantas excusas para las impresentables operaciones de endeudamiento masivo en divisas, perpetradas por Sturzenegger, “Nicki” Caputo y otros operadores financieros que pasaron a “atender de los dos lados del mostrador”.
Los desmanejos intencionales de las cuentas públicas, incluyeron llenar los organigramas con “ñoquis gourmet” (*) creando cargos insólitos con nombres extravagantes, acomodando a parientes, amantes, amigos y operadores políticos, con total desparpajo, mientras hipócritamente predican austeridad; practican el derroche a manos llenas, como por ejemplo usando helicópteros oficiales de gran porte y altos costos por hora de vuelo, para paseos o viajes privados o familiares; o practicando costosos y frecuentes “retiros espirituales” de las cúpulas partidarias, con abultados gastos; o con las muy frecuentes vacaciones que el “esforzado” presidente se toma con tanta frecuencia; por no decir la generosa chequera de la ministra Bullrich, para comprar elementos represivos de última generación, mientras las escuelas y los hospitales se sumergen en las carencias de bienes elementales, en entornos de bajísimos salarios de maestros, médicos y enfermeras.
Acorde a la usual perversidad endeudadora del neoliberalismo, varios gastos del presupuesto nacional fueron pasados de pesos a dólares, siendo otro factor que acentuó el endeudamiento. Eso sucedió por caso, para “solucionar” la descomunal bola de nieve de las LEBACs (títulos del Tesoro, vendidos a tasas altísimas), que cuando se volvió impagable, impulsaron los cambios por nuevos títulos dolarizados o que de un modo u otro terminan incidiendo en masivas compras de dólares para la fuga al exterior.
Posiblemente, en el desmadre general orquestado adrede, endeudarnos en dólares para financiar los enormes y crecientes agujeros presupuestarios (que originalmente se pagaban en pesos, o sea con moneda propia que eventualmente podía imprimirse y luego neutralizarse con diversos mecanismos financieros), ese sea el más desastroso mecanismo para fomentar el endeudamiento en divisas a volúmenes impagables.
Y para los dogmáticos de siempre, que echan todas las culpas de la inflación a la ampliación de la base monetaria vía impresión de pesos, debe enfatizarse que bajo la actual conducción del Banco Central, luego de “secar la plaza” sacando pesos de circulación en forma draconiana e induciendo una descomunal caída de la actividad general, la inflación no solo no se detuvo, sino que se incrementó, rozando ya la hiperinflación.
El tema no se agota, pero queda en claro que el déficit presupuestario, de reducirse drásticamente, no solucionará el acentuado faltante de dólares. Divisas que hoy se deberán dilapidar para pagar la casi impagable deuda externa, contraída únicamente para financiar desmanes gubernativos y las fugas de divisas de las oligarquías y los amigotes del poder. ¡Cambiamos! Volvimos al 2001.
Vamos a paso forzado hacia la disolución nacional, mientras las clases medias siguen en su sopor odiador – conformista; las progresías fuera de foco compran debates implementados para distraer la atención; y los patrioteros de bandera siguen con estulticia o cerrazón mental extrema, cegados por falaces y perimidas pautas de adoctrinamiento de los años ’70, prestos a enojarse y agredir pero no a razonar ni un ápice, si se les hace ver que bajo el falso barniz de patriotismo hueco, solo la juegan de felpudos de los intereses antinacionales.
(*) “Ñoqui” en el lunfardo argentino, se dice de aquel funcionario público que cobra sueldo pero ni se presenta a trabajar. “Ñoqui gourmet” es el ñoqui de “alta categoría”, que tiene un alto cargo en algún organigrama, que no ejerce o solo “presta rostro” sin hacer nada.

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El exitoso programa económico actual

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Mucho se suele discutir acerca de las medidas económicas implementadas por el macrismo, hoy encarnación en Argentina del neoliberalismo más descarnado.
Es común leer o escuchar que afirmen que “Macri se equivocó”, que “tuvo errores serios de implementación”, y otras conceptualizaciones similares.
Pero más allá de instrumentaciones en muchos casos brutales, carentes de todo tacto, por no decir de toda sensibilidad social (que nunca tuvo), que frecuentemente apela a la metodología del “si pasa, pasa” (*); e impensables de ser asimiladas a nada que tenga así sea leves atisbos de patriotismo, las múltiples evidencias apuntan claramente a afirmar que este desguace nacional generalizado, concentración obscena de la riqueza, operaciones descaradas de negociados con caracteres alevosos en contra del Estado y del pueblo argentino y a favor de los grupos empresarios del presidente y de sus cómplices políticos visibles, y posiblemente más aun de los “poderes detrás del trono” (los mandamases semi encubiertos y los que manejan las decisiones y el Poder Real), el desastre generalizado es perpetrado en forma totalmente intencional, y su objetivo último y concreto, es la infame tarea de instrumentar la disolución nacional, según apuntan muchas evidencias y tal como pensamos varios analistas geopolíticos.
Para quienes carecen del enfoque geopolítico, imprescindible para evaluar con visión amplia y bien fundamentada diversos hechos que pasan desapercibidos o son incomprensibles para personas no informadas ni formadas en estos temas, les resulta impensable, y una exageración propia de mentes afiebradas, entender que lo que está en juego es la continuidad de Argentina como unidad nacional y como conservación de nuestro enorme y rico patrimonio humano, geográfico y cultural; hoy todo ello fuerte y peligrosamente muy amenazado y agredido persistente y sistemáticamente.
El actual es un gobierno neoliberal recargado, que vino dispuesto a terminar todas las “tareas sucias” que no pudo concretar su precedente de la infame década del ’90, período que a su vez fue la continuación programática del muy infame y perverso “proceso” cívico militar que usurpó el poder en 1976, bajo la excusa de la subversión, para instalar el neoliberalismo, bajo custodia de las
bayonetas, con Fuerzas Armadas operando como tropas de ocupación en el propio territorio.
En el “proceso” implementaron diversas medidas destructivas, industricidas y genocidas en lo económico; pero era tanto lo construido en tres décadas de economía keynesiana con un Estado activo, positivo y poderoso, que no les alcanzó el tiempo y debieron irse antes de lo que tenían planificado, corridos por el rechazo popular y el descontento masivo, todo ello potenciado por la desastrosa conducción de la Guerra de Malvinas (del Atlántico Sur).
En los años ’90, en épocas de la partidocracia cleptocrática, el desguace generalizado siguió adelante, e incluso quisieron imponer la dolarización, lo cual hubiese sido un golpe brutal a los retazos de soberanía que nos quedaban. Y en la brutal crisis de 2001/2002, la apuesta del establishment era que por decantación cayéramos en una guerra civil, de la cual surgiría la balcanización, previamente abonada por quienes buscaron instalar la “necesidad ineludible” de canjear deuda por territorios, lo cual fogonearon no solo los economistas neoliberales y algunos mercenarios de la comunicación, sino que era repetido como mantra por las dos divas muy veteranas de la TV, Mirtha y Susana, de lo cual muchos desmemoriados no se acuerdan. También Cavallo y sus secuaces instalaron el perverso concepto de “provincias inviables”, para abonar la “necesidad” de desprendernos de “esas cargas”. Infames continuadores del agente británico Rivadavia.
En línea con esos perversamente antiargentinos pensamientos, se atribuye al economista Lucas Llach la idea de “desprendernos no solo de las ‘Falklands’ (no habría dicho ‘Malvinas’), sino también de Tierra Del Fuego, que solo nos ocasiona gastos”, infame afirmación nunca desmentida; mientras que a Macri se le atribuye –entre otras tantas expresiones indefendibles-, haber dicho “no entiendo de problemas de soberanía, menos en un país tan extenso como Argentina”. Y es evidente que no solo “no entiende” sino que desprecia la soberanía, habida cuenta del accionar entreguista y antinacional de todas las áreas de su gobierno. Federico Sturzenegger, expresidente del Banco Central y activo gestor de las operaciones de la bicicleta financiera, las devaluaciones brutales y otros desmanejos financieros varios, habría expresado conceptualmente en una disertación –nunca negada- que
“se van a olvidar de los temas de soberanía”. Y acuñó nuevos billetes con anodinas imágenes de animales, en línea con esa concepción apátrida expresada.
Según referencias de buena fuente, y de acuerdo a los indicios, a los noventistas no les alcanzó el tiempo para consumar sus infames tareas de disolución nacional completa.
Por distintos métodos, con los apoyos de las Potencias Atlantistas, lo intentaron en otros países, y lo lograron en varios.
Yugoeslavia colapsó, en épocas en las que el caos interno no le permitió a Rusia auxiliarla, pese a los fuertes lazos culturales que ligaban a ambos países.
Rusia estuvo en serio riesgo de implosión general en las épocas de Yeltsin, y por poco casi quedó sin el dominio de sus vastísimos recursos hidrocarburíferos, amenazada además en el flanco sur por la violencia separatista de extremistas musulmanes.
Iraq y Libia, fueron devastadas militarmente, sumiendo a ambos países en el caos, agredidos por la OTAN (bajo excusas de “derechos humanos y la democracia”). Las llamadas “primaveras árabes”, claramente operaciones de generación de caos internos atribuidas a servicios de inteligencia y estrategia de la OTAN y/o sus miembros prominentes, mediante las redes sociales, sacudieron a todos los países arábigos del norte de África y del Medio Oriente. Y el mismo formato se usó para conmocionar Ucrania, con golpe palaciego para instalar un gobierno pro OTAN.
En Siria, atacada mediante una farsa de guerra civil, con intervenciones directas e indirectas de las Potencias Atlantistas y sus aliados, se buscó mediante el caos total, la despoblación y el desguace de esa importante nación árabe musulmana, conocida además por su tolerancia a otros credos. De haber colapsado Siria, El Líbano quedaría inerme ante las muy posibles agresiones subsecuentes. El involucramiento militar activo de Rusia, y en menor medida de Irán y sutilmente de China, evitó el colapso de Siria ante los mercenarios de los atlantistas.
Italia estuvo amenazada de secesión por los partidarios de La Padania (el norte), aduciendo diferencias culturales, económicas y étnicas.
Checoslovaquia debió aceptar su división.
En España instalaron los “nacionalismos” separatistas vascos y catalanes; siendo “casual” que la bandera inventada para La Baskonia o “país” vasco, sea una copia de la británica con otros colores. Los catalanes casi lograron quebrar la unidad nacional.
En Gran Bretaña, el separatismo escocés, fue rápidamente sofocado por el poder central inglés.
Bolivia y Brasil soportaron intentos secesionistas.
Varios países de África fueron sumidos en el caos, y “salvados” por tropas neocoloniales, en particular de Francia. Y en el Cuerno de África, delicada zona geopolítica, las divisiones en pequeños países tendrían causas y financiaciones ajenas a los mismos; no siendo casual en una región vinculada al intenso tráfico de buques petroleros y gasíferos.
En América Central y El Caribe, las injerencias de los anglosajones resultarían más que evidentes, interviniendo mediante golpes de Estado, agresiones de baja intensidad y acciones políticas de disolución, en varios casos.
En Venezuela y Nicaragua se desarrollan procesos de guerras híbridas múltiples, para desestabilizar gobiernos no alieneados con los Atlantistas, y se hicieron amenazas concretas de invasiones armadas, con los auspicios de gobiernos sudamericanos alineados con EEUU. En Argentina, algunos militares retirados, opinando en las redes sociales, se pronunciaron abiertamente a favor de la invasión, contrariando la doctrina argentina contraria a la injerencia en otros Estados.
Las operaciones combinadas de agresiones mediáticas brutales (periodismo de guerra, fue el sincericidio del periodista del Grupo Clarín Julio Blanck), acosos judiciales desembozados (lawfare), operaciones de sectores de Inteligencia cooptados por la mentalidad antinacional de la perimida doctrina de la seguridad nacional, acciones de “adoctrinamiento permanente” desarrolladas por voceros de militares retirados de grosera mentalidad ultra liberal (que en formatos que parecerían de una versión militar del NED (**) son difundidos a sectores socio político afines y a subordinados retirados, y posiblemente a fracciones adictas a ese pensamiento, del personal en actividad); así como operaciones de golpes de billetera y carpetazos, serían los aspectos más relevantes de la parafernalia de instrumentaciones usadas para imponer y luego mantener a gobiernos oligárquicos y funcionales al liberalismo salvaje, y para perseguir todo atisbo de resistencias de sectores que quieran operar bajo los principios de soberanía y de justicia social.
Si logran sus siniestros objetivos en Argentina, habrán logrado un caso testigo de considerable magnitud, pues por la dimensión que había alcanzado nuestra economía, por el desarrollo tecnológico en varias áreas estratégicas, por el relativo alto nivel de instrucción y de acceso a la Universidad de nuestra población, así como por la extensión territorial y sus proyecciones en el mar y en La Antártida, y por la influencia que ejercemos en otras naciones hermanas, nuestro país es un objetivo de gran importancia, para los poderes que buscan naturalizar la destrucción de los Estados Naciones.
El neoliberalismo es la doctrina político – económica ideada como instrumento de los poderes plutocráticos que buscan la globalización salvaje, es lo que le da un tinte de sustento “académico” para perpetrar todo tipo de tropelías, bajo la cobertura de cierto “cientificismo” a la medida, tan falso y funcional como lo fue el liberalismo de Adam Smith como instrumento del poderío y expansionismo político – económico de Gran Bretaña, en los siglos XVIII y XIX.
En artículos precedentes expliqué que todos los indicios apuntan a que en Argentina están aplicando una versión remozada del siniestro Plan Morgenthau, mientras que otros analistas geopolíticos como Claudio Fabián Guevara, Jorge N. Poma, Miguel A. Barrios y varios más, coinciden en considerar que estamos bajo un operativo semi encubierto en gran escala, tendiente a la disolución nacional.
Que lo logren o no, depende de múltiples factores, entre ellos principalmente del accionar decidido y esclarecido de quienes defendemos el auténtico patriotismo, sin dogmas preinstalados, ni racismos ni clasismos, para denunciarlo y evitarlo.
(*) “Si pasa, pasa” es la definición de los muchos intentos de hacer pasar medidas de gobierno monstruosamente perversas y dañinas, o antipopulares, o lesivas al patrimonio nacional, como el caso del Correo Argentino y la autocondonatoria de los abultados intereses que debe la empresa base de los Macri, entre muchos otros casos; usualmente dentro de un paquete de novedades para disimularlo, y si no hay protestas populares queda instalado, si las hay, retroceden para después volver a la carga para imponer la implementación.
(**) NED – National Endowment for Democracy, organismo de cooptación de políticos, gremialistas y otras figuras destacadas o potencialmente destacadas, que coordina y “baja líneas” respecto a pensamientos y acciones orientados hacia los intereses de la globalización salvaje y los intereses geopolíticos de las Potencias Atlantistas, y más específicamente de las Potencias Neocolonialistas del Siglo XXI. Viene a ser algo así como “la CIA de buenos modales”.

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Acerca de nacionalismos puramente formales

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Un posteo muy claro acerca de los paralelismos entre Videla y Macri, realizado en algunos grupos supuestamente muy patrióticos, provocó una catarata de reacciones violentas pero nada fundamentadas, incluso algunas con caracteres de psicópatas, por parte de numerosos retirados de las FFAA y FFSS.
El problema está en que muchos que se dicen “muy nacionalistas” no son más que patrioteros de bandera, sin idea concreta de soberanía nacional, además que no saben nada de Historia, Economía y Geopolítica. Por eso, son proceseros contumaces, anclados en erróneos y perimidos dogmas de los años ’70, además de lo cual, en el colmo de las contradicciones profundas, muchos se dicen “nacionalistas liberales” y apoyan al apátrida macrismo, el mismo núcleo político neoliberal que está entregando soberanía en todos los frentes, en forma descarada y alevosa. ¡Pero los proceseros y patrioteros de bandera se dicen “muy nacionalistas! ¡TIENEN UNA CONFUSIÓN DESCOMUNAL EN SUS CABEZAS!
Tienen marcada tendencia a “hablarse encima”, solo con sus “camaradas” y otros que piensan igual o muy parecido, por eso no evolucionan ni razonan un ápice, no saliéndose jamás de la abultada carga de dogmas que les inculcaron como supuestas verdades absolutas.
Dogmas repetidos en los Institutos Militares (en los que se “enseña” que –falsamente- “hay solo dos doctrinas económicas”, no se enseña nada de Historia, excepto algunos formalismos huecos del academicismo mitrista, y evidentemente no dan ni pizca de Geopolítica); parece reforzarse a diario en los cuarteles (casi totalmente huérfanos de Doctrina Nacional desde 1955), y se machaca más aun en los cursos de “formación” de la Escuela de las Américas y similares.
También se les enseña que “el enemigo es interno” y que se debe desconfiar de “los civilachos”, sobre todo si tienen formación universitaria.
Ven “comunistas” hasta en la sopa, pero no ven ni entienden que los neoliberales están destruyendo la patria. Y se enfurecen como desquiciados si se les hace ver lo equivocados que están.
Viven anclados en los años ’70, defendiendo ideas ya por entonces bastante erróneas o muy sesgadas y fuera de foco real; y hoy totalmente anacrónicas; ¡pero montan en cólera si se les pone en evidencia como muy ignorantes de la realidad y muy cargados de falsos y en muchos casos burdos prejuicios!
Por lo general creen a pies juntillas en lo que podríamos llamar “la
santificación del uniforme”. O sea que por el mero hecho de ser uniformado, cualquiera sería merecedor de credibilidad, y portador de patriotismo y buenas intenciones.
Por eso elevan al rol de supuestos “próceres” a personajes siniestros que fueron meras marionetas de los poderes anglosajones, como Aramburu, Rojas, Videla y otros (por no ir más atrás en el tiempo). Y se enfurecen hasta el paroxismo
más irracional e incluso psicópata, cuando se les demuestra palmariamente que esos nefastos individuos fueron simples traidores a la patria.
Hablan y declaman grandilocuentemente acerca de Malvinas, pero no se les mueve ni una neurona ante los brutales actos de entrega de soberanía que el macrismo –al cual apoyan casi sin fisuras- perpetra a diario y sistemáticamente.
Odian o recelan de Rusia y China, sea por “solidaridad” con EEUU y la UE, o por asimilar a esas dos Potencias Continentalistas con un perimido “comunismo subversivo” de los años ’70. Por esa misma cerrazón mental extrema, algunos – incluso altos oficiales retirados- despotrican y recelan de Venezuela y de su buen 
armamento ruso y chino, ignorando que precisamente esas alianzas estratégicas del país hermano cuna de Bolívar, son las que obran de formidable contrapeso ante las intenciones de agresión militar que evidencian las Potencias Atlantistas (EEUU, UE y otros), más los “cuzquitos dóciles de gobiernos subordinados a ellos de nuestro continente.
Tampoco entienden que los militares venezolanos les podrían dictar cátedra de auténtico patriotismo, pues mientras aquellos priorizan su patria sobre “el sistema”, por estos lares olvidaron el patriotismo o lo distorsionaron por completo, para ser únicamente defensores “del sistema anticomunista”. Dicho de otra forma, acá entronizan la doctrina de la seguridad nacional, no aprendiendo nada en 40 años, mientras sepultan la necesaria Doctrina de la Defensa Nacional, 
bajo cuyas enseñanzas llegamos a tener muchos señeros patriotas de uniforme.
Como no entienden nada fuera de la “lógica” cuartelera – liberal
recalcitrante, ignoran que la soberanía se respalda con industria y tecnología propia, con un pueblo culto y sano además de patriota, con un territorio integrado y con una economía sana y desendeudada; no les importa e incluso se alegran ante los cierres de fábricas, las paralizaciones de proyectos tecnológicos y las
cancelaciones de obras públicas estratégicas, y no tienen ni idea de lo perverso de los acuerdos con el FMI y el brutal endeudamiento que hoy nos atenaza.
Desprecian a los obreros, siendo que los orígenes de la mayor parte de los suboficiales son del sector de clase media baja, al igual que el grueso de los obreros; a los que reprimen con ferocidad e incluso sadismo.
Los oficiales provienen mayoritariamente de la clase media (hay estudios que lo prueban, como uno meduloso del sociólogo Luis De Imaz), pero se asimilan por lo general muy fácilmente a las oligarquías (y sus intereses clasistas y antinacionales), a las que algunos llegan, sea por pasar a ser “generales de empresas”, o por braguetazos u otras vinculaciones oportunas. Por algo, desde 1955 les inculcan el desprecio por “el populismo”. Hay excepciones, tal vez unas cuantas.
Lo dicho a comienzos de los años ’80, por el historiador y gran patriota José María Rosa, en un fuerte editorial de la revista Línea, a la cual dirigía, a propósito del fallecimiento de gran Guglialmelli, parecería aun hoy tener –lamentablemente  mucha vigencia, al expresar “ha muerto el último General de la Patria, ahora solo 
quedan generales de empresa”.
Podríamos actualizar esa contundente frase, diciendo: “ahora solo parecen quedar militares de alto rango retirados, integrantes de la versión castrense del NED; National Endowment for Democracy”, o “CIA de buenos modales”, con la que cooptan políticos, jueces, sindicalistas y otros, que demuestren “flexibilidad” ante las “sugerencias” del establishment neoliberal transnacional y los intereses de las Potencias Atlantistas. De otra forma, cuesta entender como pese a la preparación que deben tener, y los fáciles accesos a informaciones de primera mano, puedan sostener posturas tan carentes de lógica y del elemental patriotismo. Claro que siempre hay honrosas excepciones.
El tema no se agota. Necesitamos Fuerzas Armadas, pero dotadas de espíritu y mentalidad Nacional; lejos de confusos en grados crónicos y cipayos asumidos.

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Perduellis, cipayos, veletas y analfabetos políticos

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El desastroso estado actual de Argentina, en marcha desenfrenada hacia la disolución nacional, no es casual ni fortuito, pues existe una sumatoria de factores internos y externos que nos empujaron a esto, y quienes desde las sombras comandan todo el siniestro operativo evidencian estar decididos a llevar a cabo su siniestro objetivo hasta las últimas consecuencias.
En ese contexto, los colonizados mentales y otros confusos varios, juegan voluntaria o involuntariamente sus roles en contra de los Intereses Nacionales.
Entre otros destacados y patrióticos pensadores que tuvo Argentina, dos de ellos abordaron el tema con notable profundidad y muy precisa visión: el hoy menos conocido José Luis Torres y el notable referente del Pensamiento Nacional Arturo Jauretche.
Torres impuso el hoy casi desconocido concepto de “perduellis”, tomado del latín, y que significa “enemigo interno”, a diferencia de “hostis”, “enemigo externo”.
Jauretche creó el contundente concepto de “cipayo”, para definir a los que agreden y odian a propio pueblo y traicionan a la patria, tomando el nombre del regimiento homónimo de La India Colonial, tropa conocida por la ferocidad con la que reprimían a su propio pueblo, operando para los invasores británicos.
Este concepto es contundente, y en una sola palabra define una serie de lacras conductuales muy nefastas para nuestra patria, hoy tan agredida.
Desde hace mucho padecemos las muy negativas influencias de distintos tipos de cipayos en nuestro país, así como también en la Patria Grande que es Sudamérica.
Algunos se autodefinen solos, como ciertos “progres” llenos de fraseologías e ideologías foráneas, todas disolventes y sumamente agresivas, como los ultra ecologistas, los indigenistas, las feroces feministas (que llegan hasta a odiar “al macho”, pretendiendo un mundo sin hombres y sobre todo sin familia heterosexual), los antiteos revulsivos que pretenden imponer el ateísmo al como sea; y otros grupos minúsculos pero generalmente muy violentos en sus prédicas y a veces de hecho, como trotskistas, anarquistas y similares. Todos estos últimos, por pretendida “pureza ideológica” terminan siempre jugando a favor de las oligarquías apátridas y otros grupos antinacionales.
Por lo general casi todos ellos no se consideran argentinos y desprecian al sano patriotismo, con pretendidos descalificativos como “facho”, “concepto burgués” y otras muletillas que muchas veces no saben definir con precisión. Estos claramente se definen como cipayos asumidos. No hay confusiones.
Están los muy soberbios oligarcas, y sus claques de los sectores medios – altos que se les asimilan…aunque estén lejos social y económicamente. Su “patriotismo” es claramente clasista, racista y circunscripto a su casta y sus intereses. Se los ubica fácil, aunque cierto periodismo complaciente los proteja al tanto por cuanto. El “patriotismo” de esa gente se mide en los bolsillos, en los privilegios de “alcurnias” de estancias y billeteras, así como en las prebendas de clase.
Algo más difusos pero fácilmente perceptibles, son los acomodaticios de clases medias, volubles y carentes de convicciones, se sienten cercanos a las oligarquías a las que admiran, sin entender que son despreciados y marginados por esos núcleos del poder. A su vez suelen despreciar o “asquearse” de los pobres, no comprendiendo que apenas están uno o dos escaloncitos por sobre ellos en la escala socio económica, y que fácilmente pueden “descender” en el marco de gobiernos liberales, o sea antipopulares y antinacionales.
Hoy dicen odiar al “populismo” (los gobiernos populares), pues así les inculcaron los medios concentrados; olvidando que la Universidad gratuita, las mejoras sociales y otros avances notables, se los debemos a los gobiernos nacionales y populares, sobre todo al peronismo, mal que les pese o pretendan ignorarlo; o lo tapen con dosis descomunales de odios irracionales.
Incluso dentro de las clases medias, están los que odian a “los negros vagos” (y otros conceptos racistas), pese a que muchos odiadores distan mucho de ser nórdicos de pura cepa…u otras aberraciones similares.
Pero los que forman el Caballo de Troya, disfrazados de exultantes patriotas que gritan a voz en cuello el supuesto nacionalismo (meramente cosmético) que practican, son los patrioteros de bandera y sus mentores e impulsores principales de las últimas décadas, los proceseros cerrados y contumaces.
Como el patriotismo declamativo confunde a incautos y desprevenidos, así como dado el rol de fuerza pretoriana al servicio de las oligarquías apátridas y los intereses antinacionales, este sector del cipayaje es potencialmente mucho más funesto, amerita un análisis más exhaustivo.
Ese rol antinacional lo hicieron en la década infame (1930 / 1943), sobre todo desde el “justismo” (Agustín P. Justo, el General aliado de la oligarquía campera y subordinado a los británicos), desde “la fusiladora” (1955) en adelante con pocas excepciones, y muy acentuadamente desde el “proceso” (1976); revelando en sus mentores la intención de ser continuadores del anglófilo mitrismo ultra liberal y feudal campero, vigente desde 1862 hasta el advenimiento del Yrigoyenismo, con muy pocas excepciones positivas en esos largos años.
Al Caballo de Troya de proceseros y patrioteros de bandera, me referiré en artículo aparte, en mérito a la brevedad, Dios mediante.

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