Daniela Irupé Rodríguez

Periodista y Profesora en Ciencias Políticas

Ezequiel González, el tóxico hombre rata que exporta  humor con sello misionero y triunfa en las tablas de la calle Corrientes

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Con 45 años y una extensa carrera en los medios locales, Ezequiel González se da sus gustos. A pesar de su conocida aversión a gastar de más, sus vacaciones, desde hace varios años, incluyen los teatros de Buenos Aires y ahora de Mar del Plata. El humorista nacido en Caseros, provincia de Buenos Aires, a los 19 se instaló por estas latitudes, y estudió la carrera de Productor y realizador audiovisual. Desde allí eligió la tierra colorada como punto de partida para cumplir sus sueños. Sus primeros pasos en la televisión misionera los dio en programas como “El desafío”, “Aire acondicionado” y “Revista Doce”, entre otros.

 En la actualidad, encarna algunos de los virales más queridos  por la red  como  “El toxi” y el experto en el arte del regateo, el “Hombre rata”, personajes que ya se ganaron el corazón de más 210 mil seguidores en Tik Tok y 183 mil en Instagram,  a lo largo y ancho del país. Su crecimiento artístico no tiene techo, tanto es así que por cuarta temporada consecutiva se presenta en el Paseo La Plaza de  Calle Corrientes en Capital Federal, llenando butacas y próximamente aterrizará por primera vez en el Centro de Arte de Mar del Plata, con su popular personaje del Hombre Rata.

Fiel a su estilo, el dueño de la celebridad más “roedora” del momento, fue puliendo su talento y haciéndose eco de las diversas técnicas propias en el arte del humor. Entre monólogos y shows de stand up recorrió un largo camino que lo llevó a consagrarse en las redes sociales más consumidas. Destaca la práctica del comediante y la osadía para encarar a los nuevos públicos de hoy, claves a la hora de delinear un personaje que roza entre lo absurdo y lo cotidiano.

¿Cómo surgió la idea de “Tik-Tokear” tu sentido del humor? ¿cuándo hiciste ese click?

El click lo hice antes de que surja Tik Tok, es decir Youtube era la plataforma mayormente utilizada e Instagram sólo era conocida por permitir subir fotos, por ende, con esa única red social comencé haciendo videos con humor, producidos pero de forma muy esporádica. Pero cuando más le di bolilla fue meses antes de la pandemia ya que vi que Tik Tok venía creciendo y ganando terreno a las demás, vi la oportunidad y hay que aprovechar cuando eso sucede porque la plataforma da más chances al usuario de crecer. 

¿Te costó adaptarte a los cambios comunicacionales?

Al principio era todo nuevo y no entendía nada. Yo era grande y no un pibe porque los adolescentes son más cancheros para manejar las herramientas, por eso me costó más, hasta que arranqué a descubrir cada rincón, mirando a otros lo que hacían y viendo muchos tutoriales , así que sí, obvio que costó.

¿Quienes son tus referentes del humor?

De chico miraba mucha televisión, los sketch, el Negro Olmedo, fue surgiendo Cha Cha Cha, Peter Capusotto, el humor absurdo al estilo ATP, pero era otra forma de hacer humor, una especie de humor blanco para personas de diferentes edades. Les Luthiers son los artistas y humoristas más grandes que tuvo este país, son unos de mis preferidos.

¿Humorista se nace o se hace?

Yo creo que uno puede tener una predisposición al humor o a tener sentido del humor, hay personas que son graciosas o divertidas, pero no significa que sean humoristas (hay que cultivarlo) y  lo contrario. Hay humoristas que no son graciosos en el día a día pero lo toman como un trabajo, tienen la técnica y viven de eso, pero en algún punto hay que nacer con ese algo que te despierte el bichito para hacer humor.

Hay toda una técnica para esta labor, la gente tal vez no sabe que detrás de este desafío hay que entender las reglas para que el que nos está escuchando se divierta, pero hay que estudiar, saber cuándo es por acá y cuándo por allá. Por ello, vemos que muchos comediantes los ves hace años atrás y los comparas con el hoy y crecieron, lo hacen mejor que hace diez años.

¿Qué plataforma te parece la más completa para generar y fidelizar un público?

Personalmente prefiero Instagram, Tik Tok me sirvió para generar y atraer público pero cuando IG añadió todos los recursos de Tik tok me volqué hacia la primera ya que apunta a un público no tan joven y adolescente (acorde a mi edad). Tik Tok es más universal, el algoritmo es de exposición global y si el humor es argentino no siempre se entiende para el que está en otros países. En cambio IG primero lo muestra a una audiencia local y es ahí donde vas ganando adeptos y fidelizando seguidores.

¿Te hiciste amigo de ese “algoritmo”?

Obviamente que hay cosas que no son tan simples como se piensan, no existe una receta única y mágica para sacarle la ficha al famoso “algoritmo”, tenes que tomarlo con pinzas sobre cómo funciona el gran sistema, muchos te van a sugerir ciertos lineamientos, pero a veces sucede que aplicando todo al pie de la letra los videos son escasamente vistos, y otras donde haces todo lo contrario a lo aconsejado y tu video explota de visualizaciones . Es un poco azaroso y mañoso el funcionamiento.

También depende de cómo pegue el contenido del video si alguien ve tus publicaciones, lo comparte y así se va replicando en la red, pero cuando el usuario termina en tu perfil tenes que tener mucho contenido que ofrecer para que no se aburra y se escape.

¿Cómo es el público local a diferencia del porteño?

Trato de hacer un humor universal más que regional, cuando hago eventos en Posadas sí le agrego condimentos del humor local pero en general está apuntado a que lo entienda cualquiera y que nadie se quede afuera. Se puede sentir identificado todo el que lo escucha, por ende no encuentro mucha diferencia entre el público posadeño y el porteño, siempre que hago shows sea el lugar que sea me divierto mucho y siento que la gente la pasa bárbaro.

Hace unos meses atrás te vimos subir videos junto a tu madre, ¿viene de la cuna  el jugar a divertirse?

Mi mamá siempre fue muy divertida, le gustaba actuar, escribir cuentos así que supongo que viene un poco por la cuna y la sangre me lo transmitió, tiene muchas ideas. Es una persona grande que ve la vida con humor y alegría.

Yendo a puntualizar tus personajes, ¿Cuánto hay de vos en el “Hombre rata” y el “Toxi”?

Cuando era más joven o adolescente había un poco del “toxi” (sonríe…) pero crecí y cambié, y en cuanto al “hombre rata” NO. El rata tiene guita pero no la quiere gastar, todavía no tengo la plata que tiene él, cuando la tenga vemos si soy amarrete. (Risas) Sí cuido el dinero porque no me sobra.

En el caso del “Toxi” me llegaron cientos de mensajes de docentes y alumnos que  indicaban que mis videos fueron utilizados en sus clases a modo de ejemplo de lo que NO se debe permitir dentro de un vínculo, así que lo toman como manera de prevenir comportamientos ante la violencia de género, bienvenido sea.

En un contexto de mucha irritabilidad social que se refleja en las plataformas, ¿Estás de acuerdo con la segmentación del humor tanto para el público femenino o masculino?

Yo armo un humor para todo público, como dije antes, lo más universal posible, por ello no tengo haters pero porque hago un humor muy tranquilo, no me meto en cuestiones políticas, sociales o de otro ámbito. Eso genera empatía con los seguidores, es un humor blanco que evita que la gente se moleste, no segmento el contenido en lo absoluto, pero cada uno es libre de hacer el humor con el que se sienta más cómodo.

No obstante, con el hombre rata noto identificación por parte de hombres y mujeres, un 50 y 50% pero con el “toxi” son más las mujeres quienes comentan los videos y aportan más datos.

Además de regalar una sonrisa a tus seguidores, ¿te solés tentar a la hora de armar los contenidos y videos?

Me tiento  a la hora de armar el guión, me divierto mucho haciéndolo, primero tiene que darme gracia a mí, es decir no contaría algo si a mí no me pareció un chiste. Generalmente lo ensayo bastante hasta que sale lo mejor posible y ahí lo subo, pero evito tentarme en el “durante”.

.-.-.-.-.-.-.–.

Ezequiel próximamente se presentará con su peculiar show de stand up en el local de café y bar Lolo, ubicado sobre Avenida Centenario y Santa Catalina de la ciudad de Posadas. Los interesados en adquirir entradas deben comunicarse al número de celular 3764357173.

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Día del abogado: “El derecho debe ser ejercido desde la pasión y la vocación de servicio”

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Así lo expresó Ernesto Javier Do Santos en diálogo con Economis en una jornada que tiene como objetivo reconocer la labor que a diario ejercen hombres y mujeres para conseguir un mundo más justo. 

Do Santos es abogado, especialista  en daños y perjuicios y ejerció la profesión primeramente como asistente de un estudio jurídico  y ya graduado comenzó de forma independiente esta noble carrera que se encuentra al servicio del más próximo. En sus primeras experiencias relató que  aprendió casi todo lo necesario para desempeñarse en el mundo de las leyes, y aún así “desde muy joven descubrí que se necesita pasión para ejercer la abogacía, no obstante sigo aprendiendo”. Do Santos destacó que es muy reconfortante ayudar al otro, tiene una carga social muy alta como la profesión del médico, pero para llegar a una ayuda exitosa, en el camino se sacrifican cosas y temas personales  para llevar a cabo nuestro trabajo”. 

A su vez indicó que la pandemia vino a “dar un giro de 180º en materia tecnológica”, ya que “la digitalización transformó el tiempo, ya sea en el tratamiento de las causas y expedientes como así también, en el cobro de los procesos judiciales”. 

No obstante, remarcó que los tiempos judiciales de por sí son lentos, es necesario utilizar el sentido común y unificar criterios, “estamos a mitad de camino, fue un gran paso, pero para avanzar verdaderamente, se debe digitalizar la totalidad del funcionamiento de la justicia”.

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¿Verdad o Consecuencia?

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Y  Alicia prosiguió…

—- ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

—– Eso depende en gran medida de adónde quieres ir— le respondió el Gato de Cheshire.

—- No me importa mucho adónde… dijo Alicia.

—- Entonces, tampoco importa mucho el camino que tomes— dijo el Gato.

Entre los infinitos aportes realizados por los pensadores en el campo de las ciencias, se encuentra la ley de causa y efecto, desarrollada por Inmmanuel Kant, un filósofo alemán del Siglo XVIII,  considerado como el mayor exponente de la edad moderna. En el esquema conceptual presentado sostiene que, ambos términos (causa y efecto) están presentes en la consciencia del sujeto, lo rigen siempre y de manera absoluta, porque la razón humana tiende a captar todo lo que sucede a su alrededor, como una relación de causa-efecto.

Entonces, y según este postulado, nada de lo percibido por el hombre sobre el mundo exterior, puede escapar a tal principio. Una de las principales diferencias entre las ciencias sociales y las ciencias naturales, es que la primera no puede recrear hechos o sucesos sociales bajo un microscopio para estudiar cuáles fueron las condiciones iniciales que dieron origen a tal resultado.

En cuestiones de política internacional, la experiencia del pasado genera bases de actuación para el presente y sobre todo crea expectativas para el futuro, pero ¿qué sucede con esta pretensión cuando no se hallan registros compatibles?.

Lo cierto es que, ya no es posible medir y responder nuevos interrogantes con viejas categorías

La imperiosa necesidad del hombre por comprender la realidad actual, explicarla para re-ordenar y barajar de nuevo, es un punto central de debate en la comunidad científica. No caben dudas, que el fenómeno de la globalización como un dato estructural presente en el orden mundial, cruzó el límite de lo soportable.

Este macro proceso es entendido como el aumento de la integración mundial de economías, sociedades, y culturas, por medio del intercambio de productos a través del comercio, individuos mediante el transporte y la información gracias a las comunicaciones.

Este supremo poder globalizador expuso al sistema mundial a un desequilibrio nunca antes visto. Si antes operaba en una suerte de aldea global, ahora es inminente el replanteo ante la dinámica de ese nuevo des-orden, que se presenta como invasivo, imparable e imprevisto.

La transversalidad de hoy es el eje que define la realidad a lo largo del globo y lo cierto es que al margen de toda singularidad, surge una serie de debates teóricos que buscan entender las circunstancias actuales en el marco de un caos generalizado.

Las medidas políticas adoptadas por los diferentes estados con el objeto de resguardar a la población fueron diversas y en ciertos casos como el argentino, reflejaron el nivel de autonomía frente al contexto internacional, que lo ubicó como un estado verdaderamente soberano. Por primera vez, la decisión fue  no seguir recetas ajenas, Europa ya no es ejemplo de nada, y en el juego de poder desplegado por las  potencias centralizantes, la capacidad o “soft power” (poder blando) ya no resultó atractiva ni mucho menos impuesta.

No obstante, la ruptura del orden mundial dejó expuesta una serie de factores que se venían gestando en el seno de las sociedades, y que subyacían a las sombras de lo legalmente aceptado. El gigante que no para de re-inventarse y al que se le sólo se le adjudica la aceleración  traumática de tendencias ya existentes aunque sin  posibilidad de medir las implicancias  en un mediano y largo plazo.

En la mayoría de los casos la pandemia evidenció una crisis del sistema intra e inter continental en todos los órdenes, sumado a la ausencia de políticas regionalistas, pero en otros, significó la profundización en modelos de larga incubación como el autoritarismo legitimado.

Allí, los recursos poco democráticos aplicados para sostener el orden y aislar a las ciudades, variaron en función del estilo de gobierno. Los abusos en la utilización de los superpoderes y la fuerte tendencia hacia el hiperpresidencialismo habilitó una vez más a ciertos líderes, a actuar desde el sillón sin restricción alguna. Ejemplo de ello es el caso de Brasil y la postura de su mandatario al no aceptar “un superministro”de salud.

El efecto arrasador de la tragedia tan sólo demuestra que detenerse a acusar al poder político por los acontecimientos no sólo es irrisorio, sino que exhibe la magnitud del poder de una entidad viral, donde los gobiernos parecen ser  sólo meros ejecutores, lo que no deja de ser una maniobra de distracción del verdadero enemigo invisible: la estrategia.

Es innegable citar el rol central de los medios masivos de comunicación, que haciendo uso de la libertad de expresión colaboraron en muchos casos en alimentar el pánico social con evidente actitud destructiva y  otros, en atenuar los posibles efectos devastadores del virus.

Lo llamativo  es que, una sociedad  que se jacta de un evolucionismo rechazando todo tipo de presagio y misticismo, termina siendo víctima de la manipulación mediática como en aquel relato de Orson Welles en “La guerra de los mundos”, donde sembrar miedo colectivo llevó a ostentar la gran etiqueta de responsabilidad social que le concierne a los medios, como el cuarto poder.

La omnipresencia de las tecnologías sobre todo en las redes, sucumbió ante la hipertrofia participativa de un cuerpo social que se presenta cada vez más activo, crítico, y que cuestiona la veracidad de la información. Por otro lado , el desafío de los medios de comunicación  en recobrar el monopolio del uso de la palabra ante una audiencia hiper-conectada e independiente, ve una beta de luz en la desconfianza ante la sobre-información circulante en el ciberespacio.

En efecto, la sensación de deja vú que se percibe, al identificar las falsas noticias en un contexto de saturación informativa, remonta a la antigüedad, cuando ciertos grupos de poder difundían los pasquines con la intención de generar  confusión,  midiendo en última instancia la temperatura social.

La demonización de la virtualidad encontró su punto de fuga al ser funcional a la crisis, como la única forma de supervivencia del individuo. Lo que antes generaba una especie de autismo social, ahora impacta de lleno en la constitución de nuevas redes de interacción humana. 

La fuerte inclinación de los medios por centralizar la información, obnubila la capacidad de la ciudadanía de servirse de otros datos al alcance de las manos, como los provenientes de comunicados de divulgación científica, que tienen  por objeto la circulación pública de hallazgos y descubrimientos en temas de interés general. Sin dudas, las partes del  rompecabezas de este nuevo des-orden  que en la marcha se improvisan, sólo conocen entre otras cosas, dos tipos de piezas históricamente en pugna, lo cierto es que ninguno de esos modelos saldrá librado de alteraciones o modificaciones estructurales. Pero en palabras de Kafka, es menester “explorar cuántas posibilidades tiene el hombre de residir en lo extraño, de instalarse en una realidad que desconoce, y de la que no se sabe con certeza si sentir miedo o esperanza”.

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Pacto Social: ¿Civilización o Barbarie?

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         “Homo homini lupus”, versa la locución del latín “Lobo es el hombre para el hombre”. Cita  de algún poeta romano, alusivo al comportamiento humano y a la interacción característica entre las personas, dotado de un cierto egoísmo natural y compulsivo. Sobre la base de esta concepción de una moral viciada del hombre, nace una de las teorías de contrato social más antigua dentro de la ciencia política; propuesta por Thomas  Hobbes en su obra “El Leviatán”, quien caracteriza al estado de naturaleza como punto de partida,  que nace en la edad moderna y que sirvió para explicar el origen de la sociedad y justificar la existencia del Estado. 

 Este pensador parte de la idea de que la voluntad humana, así como su conducta, son movidas por el deseo y la pasión. Y en esta búsqueda incesante consiste el vivir. El problema surge, cuando son muchos los que desean la misma cosa. Es entonces cuando empieza la “Guerra de todos contra todos”, reconociendo en ello el primer estadío  denominado: “estado de naturaleza”, donde la condición humana es egoísta, hedonista y racional. Las leyes de la naturaleza tales como justicia, equidad y piedad, pueden ser respetadas y cumplidas siempre y cuando se constituya un poder como fruto de un pacto social entre individuos. 

De otra manera, sin el temor a un determinado poder que motive su observancia, son contrarias a las pasiones naturales del hombre que, como menciona, contrarrestan el raciocinio, la libertad y la igualdad.

         Curiosamente algún tiempo atrás, las plataformas de entretenimiento virtual, habían estampado entre tantas, una interesante y paradójica opción escrita por el gran novelista Stephen King, quien en tan ingeniosa imaginación, relata la vida de los habitantes de un pueblo llamado Chesters Mill, que, un día cualquiera se despiertan viviendo bajo una especie de “cúpula” que los envuelve y atrapa en una suerte de barrera invisible, transparente e impenetrable. 

          Insertos en esa nueva realidad se desata el caos y la confusión entre los habitantes, que al no contar con una autoridad que rija el nuevo orden, deciden tomar las riendas del pueblo. La desconexión, el aislamiento y la amenaza del desabastecimiento, los convierte poco a poco en seres irracionales, instintivos que luchan y compiten entre sí por satisfacer sus  necesidades más básicas. De cierto modo, la autoridad vigente es puesta bajo la lupa por actuar con cierto grado de incompetencia a fin de frenar el desborde social.

           De repente, desaparecen las reglas de juego tradicionales y se encuentran ante un nuevo escenario, donde la cotidianeidad se presenta ante sí como una realidad paralela. Cada  uno de estos ingredientes se funden en una carrera, que en la ficción resulta emocionante y da paso a una trama atrapante, reflejando la capacidad humana de hacer el bien y el mal. 

           Esta alegoría literaria, que representa la psicosis social desatada a partir de cierto punto y la complejidad de las situaciones que de ellas se desprenden, intenta describir de manera apocalíptica e hipnótica en términos coyunturales, la delgada línea existente entre un argumento utópico y su materialización.  

         En este caso, la analogía  resulta más que propicia, para  revisar la función paternalista que ha recobrado el Estado recientemente, en materia de intervención sobre ciertos ámbitos.

         Quizás, por estos días, el centro de la reflexión no sólo redunde, sino que refuerce la rigurosidad de aquella noción de Estado y el poder de policía presentes en diversas corrientes de pensamiento del siglo pasado.  

         La antelación y previsión respecto a la  problemática de salud pública instalada  a nivel mundial y de la cual Argentina no está exenta, marcaron el ritmo en los procesos decisorios y la manera en que  estos temas son abordados por la mecánica del poder político.

         En términos conceptuales, la democracia sigue siendo el régimen más apto  para la consecución de los fines esenciales del ser humano. Y aunque hay países donde son más o menos avanzadas, siempre persigue el mismo objetivo: mejorar la calidad de vida del hombre y lograr el pleno desarrollo en todas sus dimensiones.

         Como principio organizador del desarrollo humano, es inherente mencionar entonces el carácter sustentable de las políticas de un gobierno y el modo en que ellas se relacionan con la democracia. La sustentabilidad, entendida  como la ordenación de las relaciones del hombre con su medio ambiente, y la consecución del equilibrio entre lo social y lo natural. En efecto no es únicamente un principio técnico y científico, sino antes y sobre todo, un principio de carácter normativo y político. 

Ciertos autores diferencian una sustentabilidad tecnocrática donde la racionalidad  técnica es dominante y las decisiones de interés general son producto de un conjunto de cálculos  y valoraciones científicas, que dejan fuera a la discusión política. Y por otro, una concepción más normativa y abierta, donde no se trata de prescindir del conocimiento experto, sino de subordinarlo a la política.

            Siguiendo esta línea teórica, las políticas de un Gobierno serán sustentables en la medida que las decisiones apunten a la consecución de los objetivos básicos: preservar y mejorar la calidad de vida, satisfacer las necesidades básicas de la población. Todo ello sin empobrecimiento ecológico, ni comprometer el bienestar de las futuras generaciones, en todas sus implicancias. 

            Históricamente, la experiencia demostró que la lógica de un Estado paternalista suele ser expansiva en detrimento y menoscabo de las libertades individuales. Si bien, aunque no es fácil definir sus límites, está claro que ante tales circunstancias de contingencia, un elemento clave a la hora de garantizar  la seguridad y protección a los ciudadanos, es la aplicación rigurosa en la observancia de las normas. 

Esto a su vez, expresado en restricciones, al punto que implique revestir a un Estado policial por una “causa noble”, encuentra su justificación con base en fines más concretos; la salud pública por ejemplo. 

            Es allí donde la  política anuda ese proceso y se expresa en algún tipo de decisión que implica la movilización de ciertos recursos de poder.

A su vez, la justicia, las Fuerzas Armadas, la administración pública, y en resumen, todos los entes subordinados del Estado, deben funcionar como partes de un andamiaje articulado, en términos de eficacia, eficiencia y efectividad.

           Sin buscar caer en generalizaciones simplistas, el comportamiento y la adhesión social son el otro elemento fundamental a la hora de juzgar el grado gobernanza, como cualidad legitimante en la toma de decisiones políticas,  ya que determina en mayor o menor grado el alcance y expansión de los resultados, que se traducen en positivos o negativos. No obstante, como  hijos del rigor, la ciudadanía parece no ser  consciente de la responsabilidad civil que le compete, porque cuando desafía los límites, conoce las reglas, pero elige infringirlas

Al parecer la incorporación de la obligatoriedad de las normas (en este caso el aislamiento social preventivo y obligatorio) es un problema  estructural recurrente en todas las sociedades, no solo en Latinoamérica.

Pero, lo cierto es que como decía el escritor estadounidense Thomas Merton “Todos somos responsables uno de los otros y ningún hombre es una isla”.

            La imprudencia o falta de responsabilidad ciudadana respecto al cumplimiento de las normas, son tan determinantes como las medidas políticas adoptadas  a la hora de elegir el rumbo. 

Una vez mas, el séptimo arte, sigue siendo, sin dudas  aquel lienzo que logra proyectar un sinnúmero de relatos, sumergidos en la imaginación. Sin embargo, en circunstancias reales, esas escenas devastadoras tantas veces vistas en la ficción y que devienen en la amenaza de un quiebre social, son posibles y hasta pueden presentar un tinte dramático aún mayor. 

Inicialmente versaba el poeta romano sobre las grandes  similitudes del ser humano con  las bestias,  y que lo único que lo diferencia de ellas  es la capacidad de razonar, pero paradójicamente es una cualidad a la cual renuncia con demasiada asiduidad. 

En efecto, la cruda expresión de una realidad golpeada, pone de manifiesto dos cuestiones: por un lado, la caducidad de ciertos consensos, y por otro la  necesidad imperiosa de sentar las bases para un nuevo contrato social, de lo contrario siguiendo esta ruta, el único destino posible es el regreso a la barbarie.

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Argentina, un mito babilónico 4.0

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En el principio de los tiempos, la idea de poder estaba fuertemente asociada a la divinidad de los reyes emanada de un Dios. En uno de los numerosos relatos bíblicos de la tradición judío-cristiana se encuentra el  de la torre. Este escrito describe la soberbia de un pueblo que a espaldas de su Dios y en su naturaleza humana busca la exaltación de lo bueno, lo perfecto a través de la construcción de una obra de magnitudes épicas, la Torre de Babel. Cuenta la historia que los habitantes de la Antigua Babilonia hablaban un mismo idioma y una sola lengua. Cuando la ciudad comenzó a prosperar, idearon una construcción que llegara  hasta el cielo, desafiando los poderes terrenales que les habían sido conferidos. Al ver su Dios semejante acto de fastuosidad y arrogancia, decide desatar una gran ira sobre ellos provocando un castigo eterno: el desentendimiento, la confusión y el  alboroto. 

Caso contrario, lo ocurrido en Pentecostés, fiesta donde se evoca el advenimiento del Espíritu Santo sobre los doce apóstoles, que  infundidos en la gracia divina hablan el mismo lenguaje y en una sola fe”, visualizando de esta manera la restauración de la “unidad” perdida en la torre de babel.

La historia transcurre, y la metáfora es perfecta para describir  el núcleo candente del eterno dilema argentino; la comunicación. Esa incómoda contradicción que representa la irreprimible necesidad de expresión del individuo y la incapacidad de escucha, que conforme se incorporan nuevos elementos al intercambio del mensaje se complejiza a niveles indescifrables

La “génesis” de la república argentina estuvo caracterizada por un flujo inmigratorio de  doble vara, por un lado, una inmigración legalmente amparada por el poder político de la época, que buscó crear una nación “modelo”, basada sobre parámetros europeizantes y de la que se enorgullece.

Por otro y de la cual  reniega, la segunda etapa, marcada por la afluencia desde países latinoamericanos (Paraguay, Uruguay, Bolivia, Perú) y en condiciones desventajosas (ilegalidad) que no se aproximaron ni remotamente a las aspiraciones de Sarmiento o Alberdi.

El espíritu civilizador que se escondía tras la llegada  de los inmigrantes se ve truncado cuando la realidad indicó que poblar el suelo argentino con  la “mejor porción” de Europa, sólo fue una utopía. 

La transculturación como la llaman, lejos de concretarse, se había convertido en una desordenada realidad ciudadana que derogó rápidamente el proyecto nacional que la coyuntura ponderaba.

 La estructura social se conforma entonces enclave con el primer ingrediente definitorio que persiste y evoluciona a través del tiempo; el conflicto de intereses.

  En la antesala de la grieta, Argentina enfrenta  el primer reto: la configuración de un estado cuyo objeto fuera la paulatina inclusión y una movilidad social.

   El mito babilónico parece recobrar vida en cada crisis, en cada quiebre    institucional, donde la ciudadanía parece abandonar la “torre” (idea de republica) huyendo hacia todas las direcciones posibles.

El retorno de la democracia en el 83 significó para la sociedad,  la gesta de los cimientos para la re-construcción de la república,  que en vistas de abandonar un pasado tormentoso, marcado por la rivalidad, apostaba a la idea de unidad, consenso, y el respeto, como pilares fundamentales de una nación. La unión y el esfuerzo colectivo habían dado sus frutos, en medio del caos y la discordancia social, un nuevo Pentecostés se asomaba para converger y formar una sola figura; la defensa irrestricta por  la libertad.

 Aun así, la falta de cohesión social que emerge en cada periodo histórico es materia pendiente,  y en la actualidad ha sufrido una suerte de “remake”, con nuevos ingredientes, que fogoneados por el ritmo vertiginoso de los cambios socio-culturales, no solo socava el orden sistémico, sino que acelera la apertura hacia las puertas de un nuevo “babel”.

La evolución de las estructuras sociales más básicas evidencia desde su genealogía fundacional, la incapacidad de lograr una integración. Pero, lo llamativo es que, en medio de semejantes mutaciones sociales de la época, se vislumbran ciertas singularidades de carácter contradictorio y a su vez coincidentes; la valoración del régimen democrático, la percepción sobre la justicia, la participación social, la confianza en las instituciones, el rechazo a los partidos políticos y la apatía generalizada

  Esta necesidad de búsqueda de un punto social en común es guiada por el instinto mismo de humanidad que todo  hombre posee: sin bien común no hay supervivencia de la especie.  

La tecnologización sólo potencia la diversificación de ideas, el choque cultural se vuelve desafiante y la influencia digital exige  el planteamiento de un nuevo humanismo integrador y abarcativo.

 El escenario digital parece ser es el territorio válido y socialmente legitimado donde se dirimen la mayoría de los intereses grupales. La estrategia de promoción del odio, la intolerancia y el antagonismo de intereses parece ser el motor que propulsa el desorden social. 

Así, este gigante caótico se vuelve una herramienta distanciadora,  que alienta la ruptura comunicacional y minimiza las cercanías. La accesibilidad que brindan las redes  sociales, la propagación masiva de mensajes, la instantaneidad con la que viaja una noticia se convierte así en un talón de Aquiles para el orden democrático actual.

La veracidad de la información como una de las vértices del proceso comunicacional también es puesta en jaque con la incorporación de nuevos soldados de batalla: los bots, trolls, haters, las fake,  que actúan como agentes del caos en un entorno que hiperestimula al internauta y lo empuja a alinearse dentro de una burbuja que oscila de un macro a un microclima. 

Este fenómeno que implica una deformación de la realidad va cosechando a su camino la construcción de nuevas identidades .La autorreferencia de las masas incrementa el nivel de participación y exposición de la totalidad de los actores del campo social. 

En aquel entonces, el mito de la torre desafió el poder de un Dios celoso e iracundo. Hoy, la apuesta arroja un doble resultado; por un lado la clase dirigente que sigue sosteniendo el control de la información y consigue manipular la opinión pública a través de diversos mecanismos de fortalecimiento o debilitamiento; y por otro, el surgimiento de nuevos liderazgos, que comandan e influencian comunidades virtuales, estableciendo nuevos códigos y valores como sistema de intercambio social.

Aún así, el poder político fue y sigue siendo el mayor responsable de permanecer en una visión más allá de lo cotidiano y lo necesariamente inmediato. Como máximo exponente y defensor por esencia del orden social, el Estado es quien debe buscar el consenso para minimizar las diferencias casi irreconciliables presentes en la nueva ágora (Redes).

A su vez, el surgimiento de nuevos procesos identitarios sociales  que pretenden sentar las bases para nuevas demandas, presionan a la clase política a replantear las prioridades y   tomar consciencia de que el ejercicio del poder es detentado de formas también horizontales.

El sujeto se torna co-propietario de la información y la palabra adquiere un nuevo valor, pero la atención sigue siendo hegemónica de un grupo selecto. Esa hegemonía articula los movimientos de una mano invisible que no hace sino ejecutar los mecanismos de control mediante dos vías efectivas: la incentivación al odio y el miedo como método desestabilizante.

      La psicología estructuralista define al odio como un mecanismo de defensa impuesto contra personas u organizaciones que amenacen y pongan en riesgo la estructura vigente. Este sentimiento tan visceral, pone de manifiesto la naturaleza competitiva e ingrata del ser humano y la primera consecuencia es la aversión o rechazo hacia el pensamiento que difiere del propio, la intolerancia, y el intento de homogeneizar los deseos e intereses. 

En las comunidades más primitivas el accionar guiado por el simple impulso fue reemplazado por ciertas reglas y normas sociales que buscaban asegurar el orden. En la actualidad, una sociedad  democrática que se precie como tal entiende que la discrepancia de pensamientos y el respeto sobre ello, forma parte del carácter evolutivo de la historia.

El enfrentamiento y la lucha de clases encontró en el ciberespacio el lugar ideal para la disputa actual que fortalece el muro divisorio entre un “nosotros” y un “ellos”, donde cada bando se desempeña como un jurado colectivo cuya mirada expectante va en busca  de la desacreditación y demonizacion de las diferencias, llevándolas hacia una especie de linchamiento digital.

 El alboroto que produce el entrecruce de voces como en la citada “Babel”, hace imposible proyectar una voluntad mínima que abogue por el establecimiento de un bien común social.

El miedo, una emoción presente desde los orígenes, que reproduce y se apropia de voluntades individuales, es el más efectivo de los métodos de control social; facilita el sometimiento y alinea rápidamente a los individuos que en busca de “protección  y seguridad“son incentivados a eliminar lo que consideran peligroso.

El espejismo generado por la interacción virtual entre la masa de “opinandos”, que liberan incluso desde el anonimato sus intereses, caen como una suerte de marionetas que juegan a opinar sin saber que no son escuchados.

Nuevamente, la realidad  invita a buscar una propuesta superadora que siente las bases para un nuevo contrato social, capaz de abandonar el conflicto y el desentendimiento. Resulta imperioso eliminar las barreras que separan a los argentinos hace décadas y caminar hacia un nuevo “Pentecostés”.  En ese transitar, la construcción de una nueva hermandad, donde la unidad, el respeto y la libertad sean los ejes de un nuevo orden, la comunicación es el pilar que debe replantearse a la hora de articular este proyecto.

Tal vez , el primer paso para aplicar la fórmula sea apelando a la vieja pero sabia frase “si quieres que te entiendan..Escucha”.

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