Juan Carlos Argüello

Periodista, director de Economis

El peor resultado

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Si hubiera que medir el estado de un Gobierno en función del acierto de sus proyecciones y el número de promesas cumplidas, el de Mauricio Macri debe estar en su peor momento. En los últimos días hubo un aluvión de datos negativos que exceden a la coyuntura y son consecuencia de las decisiones tomadas en los últimos dos años y medio. Repasemos.
De aquel: “Daniel, no vamos a devaluar”, a una caída del peso que superó el 75 por ciento en los últimos doce meses. Desde el inicio de la corrida cambiaria, en abril, la pérdida de valor del peso llegó al 45 por ciento y es del 56,5 en lo que va de 2018. Esa devaluación significa un ajuste directo en el bolsillo.
Del “está todo bien” de un lunes, al dramatismo del martes de volver al Fondo Monetario Internacional a pedir un auxilio financiero record de 50 mil millones de dólares.
Del “fuimos al Fondo para evitar a una crisis” a un dólar incontenible, que acarició los 30 pesos y no encuentra techo.
“Estamos en una transición hacia una mayor estabilidad”, sostenía, firme, el ahora presidente del Banco Central, Luis Caputo. No hace mucho, en mayo, la efusiva Lilita Carrió prometía sin ponerse colorada: “El dólar va a quedar en 23 pesos, yo no le miento a mi electorado”.
De la promesa de “un país normal” a celebrar ser un mercado emergente, para volver a estar pendiente del riesgo país, que tocó los 612 puntos, récord desde 2015, con pánico en la Bolsa y caída de acciones. Todo en una misma semana.
O el mercado está fuera de control o es la esquizofrenia del mejor equipo que interviene, que no, que vende mucho, vende poco, promete flotación limpia pero subasta deuda para tranquilizar a los amigos ávidos de dólares más baratos que en las casas de cambio.
Hay que explicar el mecanismo para entender quienes ganan con este descalabro. Todos los días el Gobierno está subastando porciones de la deuda asumida con el FMI –que pagarán las generaciones futuras- para “calmar” la fiebre alcista. En el remate, los grandes compradores acceden a billetes un peso por debajo de lo que se consigue en las casas de cambio, accesibles para el pequeño ahorrista o el que se quiere ir de vacaciones.
También se pasó de la crítica al cepo a analizar un corralito para los que compren dólares para viajar al exterior.
De la pobreza cero a un lapidario informe de la Universidad Católica Argentina que revela que la pobreza infantil aumentó de 60,4 a 62,5 por ciento, lo que implica que hay ocho millones de niños privados de algún derecho. Si se toman los datos más actualizados de la UCA con una muestra más abarcativa del último trimestre del 2017 se observa que la intensidad de privaciones en los menores llegó al 65 por ciento. En paralelo, el Instituto Nacional de Estadística y Censos reveló un informe sobre la evolución de la distribución del ingreso: más del 35 por ciento de los hogares tiene ingresos inferiores al umbral de la pobreza. No es casual, en lo que va del año, el salario perdió 1,7 por ciento en la carrera contra los precios (oficiales).
El presidente Mauricio Macri visitó esta semana a la sede de la Confederación Económica de la Mediana Empresa para celebrar el día de las Pymes. Las ponderó y prometió respaldos para las empresas que generan el 60 por ciento del empleo del país. Apenas unas horas después, la Confederación General Empresaria informaba que en los últimos dos años se cerraron 4800 pymes.
El ministerio de Trabajo admite que en el primer cuatrimestre se perdieron 94.500 empleos en blanco. Entre los asalariados privados se perdieron 39.800 empleos, monotributistas (2.000), los autónomos (500) y monotributistas sociales (5.700). La pérdida es transversal. “Un 60 por ciento de la producción industrial está dedicada al servicio de la construcción. Prácticamente despareció. No hay obra nueva. Eso provocó un corte en la línea de pago”, explicó Héctor Fernández, presidente de la Cámara Misionera de Industriales Metalúrgicos en declaraciones a radio Activa.
Pero en el Gobierno no entienden el paro general de la CGT, aunque antes celebraban las protestas por el impuesto a las Ganancias.
Según la misma Came, la industria Pyme cortó una racha de 10 meses consecutivos de crecimiento. En mayo sólo el 39,4% de las empresas crecieron y el uso de la capacidad instalada bajó a 60,5%. Además, solamente el 39,5% tuvo rentabilidad positiva y el 75% se encontró con más dificultades para cobrar a sus clientes, con un plazo promedio de cobro que se estiró a 53 días.
Ante los empresarios, liderados ahora por el misionero Gerardo Díaz Beltrán, Macri prometió “una nueva ley pymes”, pese a que la vigente se aprobó hace apenas dos años, el 1 de julio de 2016. También garantizó que en agosto se hará la postergada reglamentación del artículo 10, una promesa incumplida de la campaña, con beneficios para las economías de frontera.
Pero ahora esos beneficios no llegarán a todas las provincias, sino a aquellas que cobren Ingresos Brutos a la actividad comercial por debajo del tres por ciento. Hace apenas unos meses, el Pacto Fiscal que impuso la Nación en enero, había elevado el techo para los tributos a esa actividad, al cinco por ciento.
Se modifican nuevamente las reglas de juego, pero los beneficios no llegaron nunca. Solo Posadas perdió más de 18 mil millones de pesos en los últimos dos años mediante la sangría hacia Encarnación, en busca de precios más bajos.
El nuevo ministro de Producción, Dante Sica, no parece tener mayor velocidad que su sonriente antecesor, el eyectado Francisco Cabrera, para entender el problema. “Todos deben hacer un esfuerzo compartido, las provincias deben poner lo suyo, Posadas y toda esa zona tiene tasas de Ingresos Brutos muy altas que de alguna manera también castigan al comercio y son fuertemente distorsivas”, sostuvo el funcionario en declaraciones a FM Show.
Nuevamente, el Gobierno nacional pretende que el esfuerzo y el costo político sean compartidos por los gobernadores. Ante el desmadre de los últimos días, el Presidente volvió a apelar a los gobernadores para dar señales de “cohesión” en defensa de las políticas económicas. El Jefe de Estado subrayó que “la mayoría de los gobernadores de Cambiemos, del Peronismo, intendentes, senadores, diputados estamos comprometidos” en los objetivos de achicar el déficit fiscal en todos los niveles del Estado.
“Si decimos que lo vamos a hacer, lo haremos y, si resolvemos eso, el crecimiento será ilimitado e infinito porque nuestra capacidad y talento son enormes”, enfatizó.
Y nadie duda en aplicar medidas que equilibren cuentas y achiquen costos. Pero son varios los gobernadores que salieron a advertir que el principal ajuste debe pasar por los gastos de la Nación –que no se reducen y, por el contrario, crecen con intereses de deuda- y no por las provincias que, con matices, están mucho más equilibradas.
El gobernador Hugo Passalacqua fue terminante. “Vamos a bregar todos, aún desde nuestro espacio de oposición, para que las metas de déficit de las cuentas públicas de Nación estén equilibradas para el 2020. Ya muchas provincias -y Misiones entre ellas-, con gran esfuerzo y austeridad han logrado ese equilibrio. Requerimos que la Nación también lo haga y sin perjudicar ni un milímetro a los sectores sociales más vulnerables; como tampoco se afecte la solvencia fiscal y bienestar de las provincias y de Misiones en particular”, expresó en un comunicado.
Misiones, efectivamente, es una de las provincias que puede exhibir un buen manejo de las cuentas públicas, con empleo público lejos por debajo de la media, desendeudada y con escasa exposición en dólares. Otras provincias, alentadas a tomar deuda, hoy deben 50 por ciento más que hace uno o dos meses por la corrida cambiaria.
Pero así y todo, el déficit se explica mucho más por el gasto de la Nación que por el de las provincias. No es, claro, con despidos a destajo ni con recortes de obligaciones elementales, que debería subsanarse ese rojo. La acumulación de vencimientos de deuda es una presión adicional que hasta hace un par de años no existía.
Misiones ha venido haciendo los deberes incluso antes de que el ajuste sea una obligación emergente del sistema. Passalacqua se anticipó al congelamiento de ingresos al Estado y Maurice Closs, como antecesor, había ideado una creativa medida para fomentar el retiro de estatales sin que pierdan demasiado poder adquisitivo. Sin estridencias ni el uso de dolorosos telegramas de despido. Ahora, la Legislatura provincial acaba de sancionar la ley de adhesión a la modificación de la ley de Responsabilidad Fiscal, para sumar a los municipios  al ajuste. Los intendentes no podrán gastar por encima de la inflación del Indec ni tomar empleados por encima de la proyección de crecimiento poblacional que mida el Instituto Provincial de Estadística y Censos. Como carta de intención, incuestionable. Pero los papeles no suelen ser fiel reflejo del terreno. ¿Cómo harán los intendentes para contener el gasto ante demandas sociales cada día más acuciantes? Lo mismo vale para los gobernadores, que piensan lo mismo que Passalacqua: que el peso del ajuste no debe recaer únicamente en las provincias.
Esta semana comenzarán los primeros escarceos en el debate por el Presupuesto. Los gobernadores están dispuestos a acompañar, pero también a poner condiciones.
Misiones es caso de estudio. No un fenómeno casual. Hasta fines del siglo pasado, la provincia estaba entre los primeros puestos de cuanta estadística social negativa se analizara. Aplicó descuentos salariales a los estatales y se endeudó dos veces y medio su presupuesto, mientras que la pobreza y el desempleo crecían sin parar.
Hoy es una de las pocas que paga los sueldos a término, anticipó un aumento pactado en paritarias y sigue sin endeudarse. No pasó tanto tiempo, pero hubo decisión política.
Por eso en la Renovación advierten que es momento de refugiarse en el “misionerismo” como concepto político. No se deja de lado el compromiso de gobernabilidad, pero habrá cambios en la gestualidad. Los principales dirigentes recibieron un consejo del presidente de la Legislatura, Carlos Rovira, a sazón, el conductor de la Renovación: “Trabajar más y fortalecer el misionerismo”. ¿Qué es el misionerismo? “Es pagar los sueldos al día, estar desendeudado, la reducción histórica de la mortalidad infantil o batir récords de secuestro de droga.
En la oposición, en cambio, reina la desorientación. Los del PRO puro no encuentran cómo defender algunas decisiones del Gobierno nacional y algunas actitudes de los propios –cayó muy mal el viaje del concejal Diego Barrios al Mundial de Rusia, donde compartió tribuna con Facundo Sartori, aunque éste no tiene que justificar faltazos-. Los radicales se inmolan como los conversos, mientras intentan disimular que el último gran boina blanca, Raúl Alfonsín, se paraba en las antípodas del modelo político actual.
Desde afuera, hace su juego el partido Agrario, que puede lanzar dardos sin preocuparse por los efectos en la gobernabilidad.

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El partido de la Argentina

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A falta de una alegría que llegue desde la estepa rusa, el Gobierno nacional celebró las jugadas del equipo económico y la calma aportada por el Messi de las finanzas, ahora sentado en el Banco Central.  Los primeros días de Luis Caputo en su nuevo rol vinieron acompañados por una tardía y leve baja del billete verde.  En paralelo, en el día de la Bandera, el Fondo Monetario Internacional giró la primera parte del auxilio de 50 mil millones de dólares, que se usará para fortalecer reservas y bajar la presión cambiaria, con la promesa de liquidar cien millones de dólares diarios para calmar a las fieras del mercado. Pero el gol que se gritó con ganas fue la calificación de la Argentina como “mercado emergente”, por parte de la consultora Morgan Stanley Capital Internacional (MSCI).
El reconocimiento  permitió un “ascenso” de la Argentina en el mundial de las inversiones financieras. ¿Qué méritos hizo para celebrar? ¿Qué significa ese reconocimiento? Para el Gobierno es una muestra de “confianza” de los mercados y una oportunidad para generar la demorada lluvia de inversiones y aumentar el empleo que está mostrando los primeros síntomas de agotamiento.
La realidad es que no hay que celebrar en exceso. Morgan Stanley no hace más que premiar que los países que liberan trabas a los movimientos de capitales. No hace una evaluación de la situación económica ni social. Por caso, Grecia, que pasa una de las peores recesiones, es un mercado emergente y era un mercado “desarrollado” mientras se desataba la crisis. El FMI bueno, que le brinda financiamiento, le acaba de exigir 42 años de ajuste para poder cumplir las metas y repagar la deuda asumida.
Tampoco es garantía que ser un mercado emergente modifique sustancialmente las condiciones económicas y atraiga capitales productivos. Argentina fue considerada un mercado emergente en 1988, a meses de la hiperinflación que apuró la salida de Raúl Alfonsín. Siguió durante todos los 90, mientras que crecían la pobreza y el desempleo e incluso se mantuvo durante el fugaz mandato de Fernando De la Rúa. El corralito, la pobreza explosiva y el estallido no modificaron la nota. La devaluación de Eduardo Duhalde y los primeros años del kirchnerismo, tampoco. Recién en 2009, cuando la ex presidenta Cristina Fernández impuso controles de capitales, se perdió la categoría para pasar a ser un mercado “fronterizo”.
Cuando Macri asumió, se pidió el reingreso. Desde entonces, el Congreso argentino aprobó una reforma a la ley de mercados de capitales para reducir el poder de los reguladores y aflojar restricciones. Pero recién se “premió” al país después de garantizarse de que no hubiera ninguna intención de volver a aplicar restricciones.
La agencia Reuters señaló que “la respuesta ortodoxa del Gobierno a corrida devastadora contra el peso demostró que el riesgo de un retorno a las políticas intervencionistas era bajo”, según Jeffrey Lamoureux, analista senior de riesgo país para América Latina en BMI Research en Nueva York.
“En ningún momento consideraron tirar las vallas y decir que no se puede sacar dinero”, observó Lamoureux. “Es un claro respaldo a la respuesta del Gobierno a la crisis”, enfatizó.
Curiosamente, los controles que se eliminaron para ser un “mercado emergente”, son los que permitieron la fuga de más de 15 mil millones de dólares en las últimas semanas (en mayo se fugaron 6213 millones de dólares, la mayor cifra desde la salida de la Convertibilidad).
Con excesos Cristina, se impusieron límites para la compra de dólares, había que justificar ingresos y se fijaron techos para el giro de utilidades al exterior. Todo eso desapareció.  El precio de pertenecer es resignarse a ceder ante las ambiciones del capital de moverse con libertad.
Parece no ser motivo de preocupación en el Gobierno, que todavía celebra las consecuencias de la corrida cambiaria. “En el corto plazo estas cosas tienen costo, pero yo creo que de mediano y largo plazo no hay mal que por bien no venga, es lo mejor que nos pudo haber pasado, esto nos obligó a ir a pedir el crédito al Fondo Monetario y esto da mucho mayor certidumbre particularmente con el financiamiento, porque dependemos del financiamiento externo”, explicó Caputo con la singular empatía con quienes padecen en el bolsillo el exceso de optimismo del equipo económico.
Para atenuar la especulación contra el peso, el Gobierno entregará cien millones de dólares diarios de reservas durante 75 días. También subió las tasas de interés de las Lebacs hasta un gravoso 47 por ciento. El efecto cascada es una economía paralizada con empresas imposibilitadas de financiarse. Los empresarios misioneros comienzan a advertir que el modelo se inclina  hacia un sector que no los tiene como destinatarios.
 “No vendemos nada”, confesó preocupada una fuente bancaria al ser consultada por el efecto de las tasas en la economía misionera.  La tasa del 47 por ciento es referencia como piso. Llegan hasta triplicarse de acuerdo al tiempo del préstamo y las garantías ofrecidas. Un asalariado medio, por un crédito a doce meses, debe pagar una tasa efectiva anual del 48,21 por ciento, sin IVA. A 36 meses se eleva a 54 por ciento. Mientras que al Gobierno le extendieron el margen de la tarjeta de crédito, la financiación minoritaria se hace insostenible.  Las empresas que están endeudadas en dólares –muchas industrias misioneras y especialmente aquellas que tienen alguna porción de su mercado en el exterior-, tienen una deuda 50 por ciento más  elevada que en diciembre del año pasado.
El segundo semestre será mucho más difícil”, prometió, alentador, el flamante ministro de Producción, Dante Sica, quien venía a poner a andar la maquinaria que no supo mover el sonriente Francisco Cabrera.  
Misiones no escapa a la realidad económica ni a las consecuencias políticas. El debate de fondo estará dado en la ley de Presupuesto 2019, analizó el secretario de Hacienda, Adolfo Safrán. Es que la Nación tiene la idea fija de compartir el costo del ajuste con los gobernadores, especialmente en subsidios y fondos para obra pública.
“Vamos a hacer lo mismo, pero en vez de ir a 50 kilómetros por hora, a cien”, aseguró el radical Luis Pastori en defensa del gradualismo de Macri,  pero ahora a gran velocidad.  El achique se sentirá en subsidios, primero, aportes discrecionales y obra pública, reconoció. Para el diputado aspirante a la fórmula de Cambiemos en 2019, las provincias pueden asumir el ajuste nacional porque “reciben coparticipación como nunca y en ascenso”.
A contramano de la especulación financiera, en Misiones se sigue apostando a financiar a las pequeñas y medianas empresas con créditos blandos. El Fondo de Crédito, diseñado por el gobernador Hugo Passalacqua como promesa de campaña, prepara nuevas líneas a tasas bajas, anticipó el director del ente, Horacio Simes. Una de las condiciones marcadas por el Gobernador es que se priorice a aquellos empresarios que generen mayor mano de obra.
La preocupación no es casual. Misiones se mantiene en el pequeño lote de provincias donde el desempleo no es una preocupación gravitante. De hecho, la desocupación bajó del 4,1 por ciento al 2,8 en el primer trimestre de este año. Es en la provincia gobernada por María Eugenia Vidal donde se concentra la mayor tasa, con 10,7 por ciento.
El promedio del país es de 9,1, con una “significativa” suba desde diciembre pasado, cuando se ubicaba en 7,2. En 2015 la desocupación era de 6,6 por ciento.
Por eso, la preocupación por sostener el empleo está más que justificada. Cualquier variación tiene un impacto directo en el poder adquisitivo y la pobreza de las familias. Hasta la Iglesia, distanciada del Gobierno nacional por el impulso que tomó el debate por la despenalización del aborto, pone el acento en la protección social. En la apertura de la Semana Social en Mar del Plata, la Iglesia cuestionó que “se acentúe cada vez más el enorme nivel de inequidad” y pidió que “el ajuste no lo tengan que pagar los pobres”.
Pero no hay nada que permita advertir una mejora en el corto plazo en momentos en que la Nación presiona por recortes y trasladar costos al interior. Una de las ideas sería que los gobernadores asuman parte de los subsidios y recortar al máximo los programas sociales. Es un ajuste que ya comenzó con la subejecución de partidas. Hasta ahora no hubo respuestas de Carolina Stanley sobre los fondos adeudados a comedores escolares en Misiones.  Por lo menos, el coordinador del Fondo Especial del Tabaco, Marcelo Claudio Viegas Calçada, asegura que el dinero de los tabacaleros no se tocará y que no está entre las imposiciones del FMI.
La otra variante es minimizar el gasto en obra pública y que éstas se financien con Participación Público Privada, un mecanismo que se probó en el centro del país. Pero una cosa es una autopista en el centro del país y otra el asfaltado de una ruta en un paraje del interior. El interés no será el mismo, se quejan los gobernadores, que advierten que habrá que hacer muchas concesiones para atraer inversores.
Es cierto que las provincias hoy cuentan con mayores recursos, como celebra Pastori. Pero ese veranito obedece a condiciones que no son permanentes, como la elevada tasa de inflación y la paulatina devolución de fondos retenidos por la Anses. En cambio, la Nación quiere imponer un gasto permanente, como ya ocurrió antes con otros servicios, como la educación. Algunas sobrevivirán más tiempo. Otras colapsarán bajo el peso presupuestario y ya no por el “exceso de gasto”. La mayoría, no es el caso de Misiones, tiene problemas serios para sostener el pago de la deuda pública que creció exponencialmente de la mano del dólar libre.
Son varios los gobernadores que tienen sus cuentas en orden y por eso no quieren aceptar la imposición del ajuste. No quieren ser parte de una foto en la que las provincias salgan desfavorecidas.  
En medio del Mundial, Argentina vivirá una pulseada con mucho en juego. El paro general de la CGT promete ser contundente. El más duro en los últimos ocho años y el primero en una escalada de mayor conflictividad si “no se corrige el rumbo”, según Juan Carlos Schmid, uno de los tres gordos del sindicalismo.   
En este escenario, la reelección de Mauricio Macri, que se daba por garantizada hace algunos meses, es hoy una incógnita. Es llamativo que las únicas defensas a ultranza provengan del radicalismo, que tiene escasa presencia en la mesa chica. En el PRO puro reconocen que no es tiempo de hablar de candidaturas y que aunque Humberto Schiavoni es el candidato principal para Misiones, es “pronto” para definiciones. Podría no serlo, lo que no garantiza que la fórmula sea encabezada por un radical.
En la Renovación insisten en que la mejor campaña es sostener las políticas públicas que son una marca registrada. El turismo, la seguridad y la salud están al tope de la agenda y eso se refleja en el grado de aceptación que tienen esas políticas en las encuestas. El Ahora Pan –que forma parte del Ahora Misiones- es un ejemplo del éxito de las medidas de protección de la economía local: panaderos de varios puntos del país pidieron a sus colegas locales la información de cómo se hizo el acuerdo para congelar el precio del pan mientras que en el resto del país sube por tarifazos y el costo de la harina. Misiones marcó la diferencia también en el Día del Padre: las ventas crecieron entre 20 y 30 por ciento. En el país, cayeron 6,4 por ciento.

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Cambios que nada cambian

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El 20 de noviembre de 2001 Federico Sturzenegger, entonces secretario de Política Económica presentó su renuncia por “razones personales”. El 14 de junio, de este año, Federico Sturzenegger volvió a renunciar, ahora a la presidencia del Banco Central, por culpa de “diversos factores” que “fueron deteriorando mi credibilidad”.
Sturzenegger fue uno de los diseñadores del “megacanje” que se selló el 16 de mayo de 2001, que no sacó a la Argentina de la crisis de la deuda, sino que la aumentó en 53 mil millones de dólares sumando capital e intereses. Fue procesado por esa operación financiera.
El Fondo Monetario Internacional, unos meses antes, había acordado el blindaje por 38 mil millones de dólares. Ahora Sturzenegger fue uno de los negociadores del nuevo acuerdo con el FMI, por un monto más generoso, de 50 mil millones de dólares para “prevenir” otra crisis. Se lo vio exultante y todos lo consideraban “fortalecido” por haber recuperado “independencia”.
En su carta de despedida, el economista no hace ninguna alusión a sus herencias, sino apenas a un “deterioro de credibilidad”.
El “deterioro” no lo pone, claro, en sus fracasos en cumplir las metas autoimpuestas. La inflación ya se calcula en más de 30 por ciento para este año y desactivar la bomba de vencimientos de las Lebacs será la prioridad de su reemplazante, Nicolás Caputo, el ex ministro de Finanzas. El dólar se disparó a 29 pesos, sin control, pese a la enorme pérdida de reservas para parar la corrida –más de 12 mil millones de dólares-.
Por supuesto que Sturzenegger no alude a esos problemas, sino a los internos, que le fueron licuando poder. En diciembre del año pasado el propio Caputo, Marcos Peña y Nicolás Dujovne habían anunciado el relajamiento de las metas de inflación, contradiciendo sus propios argumentos en favor de la “independencia” del Banco Central, que fueron enarbolados ahora en medio del acuerdo con el FMI.
La pérdida de confianza en el manejo del Central se profundizó desde ese 28 de diciembre, coinciden analistas, economistas y dirigentes políticos. ¿Por qué ahora Caputo, un hombre de Peña, podría generar confianza si a él le atribuyen la responsabilidad de esa pérdida? ¿Por qué si había “un modelo consistente” hace una semana, Sturzenegger se fue por falta de “credibilidad”?
Dujovne, ahora superministro de Economía, intentó mostrarse optimista después de una nueva baja en el equipo. Pero ratificó el mismo plan económico “para prevenir crisis”. Nuevamente, el problema no son las acciones propias, sino las externalidades.     
Dujovne se deshizo de Sturzenegger y aseguró que Caputo buscará “normalizar el mercado cambiario”. También dio el primer indicio de la subordinación al FMI: “Estamos en comunicación permanente con la directora gerente, Christine Lagarde, y otras autoridades del organismo, quienes ratificaron el apoyo ante los cambios que llevamos adelante”.
La llegada del Messi de las finanzas al Banco Central no generó la “confianza” esperada en los mercados. El dólar mantuvo su escalada y cerró la semana rozando los 29 pesos, con todo lo que eso implica en la evolución de los precios.
Este lunes habrá una nueva prueba con la licitación de nuevos bonos por cuatro mil millones de dólares para estirar vencimientos de las Lebacs.
Por ahora no habrá problemas. El FMI garantiza respaldos hasta con una inflación del 32 por ciento, aunque el Gobierno promete que no será más de 27. La meta “recalibrada” en diciembre del año pasado era del 15. Pero ahora se admite una inflación mayor a la de 2017.
La salida de Sturzenegger no fue la única de una semana convulsionada. Un par de horas después del decepcionante debut de Messi y Argentina en Rusia, Macri echó a Juan José Aranguren y Francisco Cabrera. El ex CEO de Shell es el responsable de los aumentos de combustible y tarifas. El otro, de casi nada.

Serán reemplazados por Javier Iguacel -hasta ahora en Vialidad- y Dante Sica, ex secretario de Industria, Comercio y Minería durante el interinato de Eduardo Duhalde y actual director de la consultora Abeceb.com.  
El año pasado, en Misiones, Sica había pronosticado la recuperación de la economía. “Hay consenso de que ello está sucediendo. Heterogéneo y a distintas velocidades y puede decirse que fue la salida más lenta de las últimas cinco recesiones, pero quizás sea la más sostenida, no por consumo inflado por anabólicos”, argumentó.
Tres cambios de ministros en menos de 48 horas. Quedan pocos del mejor equipo en 50 años. O no lo eran tanto. Solo sobreviven Marcos Peña, Rogelio Frigerio (Interior), Patricia Bullrich (Seguridad), Germán Garavano (Justicia), Carolina Stanley (Desarrollo Social), Sergio Bergman (Medio Ambiente), Jorge Triaca (Trabajo), Andrés Ibarra (Modernización), Pablo Avelluto (Cultura) y Lino Barañao (Ciencia y Tecnología). Ya no están Jorge Lemus (Salud), Julio Martínez (Defensa), Ricardo Buryaile (Agricultura), Esteban Bullrich (Educación), Francisco Cabrera (Desarrollo Productivo), Susana Malcorra (Cancillería), Oscar Aguad (Telecomunicaciones), Juan Aranguren (Energía) y Alfonso Prat-Gay (Hacienda). Queda claro que mantener el modelo económico en estas instancias, requiere de sacrificios de los peones.
El último antecedente de un cambio tan brusco de gabinete se registra en marzo de 2001, cuando el fugaz Fernando De la Rúa le pidió la renuncia a todos sus ministros. Después se le fueron tres más por el ajuste anunciado por Ricardo López Murphy, también eyectado del gabinete por la presión en las calles ante el ajuste prometido.
El punto en común no es arbitrario. Si el dólar sigue aumentando, las metas de inflación serán difícil de cumplir, por lo que el Gobierno debe apostar a cumplir las otras metas, especialmente la reducción del déficit fiscal y el ajuste de gastos, que, de acuerdo a la Carta de Intención firmada enviada a Lagarde, pasará por el recorte de obras públicas, giros a provincias y despidos de estatales. Ahí estará puesta la expectativa del éxito del plan económico: el grado de aceptación política y social del plan de ajuste.   
Hasta ahora el debate político estuvo ocupado en la despenalización del aborto. La discusión en Diputados mantuvo en vilo a la sociedad, con una votación que no se resolvió sino sobre el final. Como con la 125, el país se dividió y hasta se puede percibir que las mitades estaban equilibradas en un tema que apareció en la agenda para obviar otros. Será el Senado el que tenga la última palabra sobre la ampliación de un derecho largamente buscada por el colectivo femenino.
La oposición parece tener los votos para sacar la ley tal cual salió de Diputados y está decidida a acompañar el impulso dado por la onda verde, sin ceder la iniciativa ante el Gobierno, pese a que fue el presidente Mauricio Macri el que instaló el debate.
Como en la Cámara baja, los misioneros votarán divididos. Hasta ahora el único que hizo público su voto a favor es Humberto Schiavoni. Maurice Closs tiene reservas y quiere introducir cambios para que se garanticen recursos a la salud pública y que las provincias tengan la potestad de adherirse o no. Maggie Solari aclaró que “hoy mi voto es el silencio”. La senadora salió al cruce de versiones que ya anticipaban su voto a favor. “No esperen verme en ningún espacio enarbolando un cartel a favor o en contra porque no lo haré por respeto a quienes piensan diferente. El único cartel que alzo es el de militante cuando estoy en ámbitos de política partidaria, en coherencia con el espacio político o movimiento que integro, las políticas públicas que propone y lleva adelante siendo Gobierno, como asimismo con sus definiciones y pronunciamientos respecto de los distintos temas que interesan a la sociedad. Esta legisladora estudia, escucha  y deja de lado sus creencias (y no me refiero sólo a las de tipo religioso) para plasmar en su voto aquella que entienda es la voluntad popular en Misiones”, sintetizó.
La oposición quiere apurar el debate en el Senado. Sabe que al Gobierno le conviene extender la discusión para que no se hable de otro tema, o por lo menos divida la agenda. Saludable sería que la pasión puesta en la onda verde se extienda al análisis de la economía. El Presupuesto 2019 será clave para las provincias y también para la marcha de la economía.
El Gobierno quería que el debate por el aborto se estire hasta septiembre, pero la oposición acelera los tiempos para comenzar a discutir las variables económicas.
La corrida cambiaria y los cambios en el mejor equipo tienen sus efectos en el humor social. Una encuesta de Synopsis revela una caída en la valoración positiva de la gestión de Macri (-1,3) y que las preocupaciones económicas siguen liderando el ranking de preocupaciones (51,0), mientras que por tercer mes consecutivo recupera terreno la preocupación por la corrupción (19,7). Luego de la crisis cambiaria, la percepción sobre la situación actual llega a su registro negativo más alto (65,9 cree que el país está peor en comparación al año pasado).
Y ya no es un problema solo de la política. El sector empresario también comienza a interpelar por resultados. El miércoles, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, pasó calores para defender el momento de la economía ante empresarios nucleados en la Fundación Mediterránea, un público que suele ser receptivo. Peña insistió en que se está “construyendo a largo plazo”, pero no supo qué responder cuando se le inquirió por el ahora. Los empresarios empezaron a “sentir el rigor” del momento, según admitió un misionero que estuvo en el cónclave con Peña.  Las altas tasas impiden el financiamiento operativo de las empresas y el acuerdo con el FMI trae más ajuste y recesión, sintetizó el hombre, que nada tiene que ver con la política.
No es el único. En distintas ramas de la economía misionera advierten que el descontrol de la suba del dólar y las altas tasas hacen difícil el funcionamiento de las empresas. En el sector exportador advierten que la devaluación no termina de beneficiar si va acompañada por una suba de precios. La rentabilidad se anula al tener que financiarse a valor dólar, mezclada con la disparada de los costos internos.
En el turismo, a diferencia de lo que celebró el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, tampoco están celebrando por la devaluación. Advierten que recién en el mediano plazo puede haber un repunte turístico que obedezca al dólar alto. Por lo pronto, sufren por la suba de los costos internos vía inflación.   
En el Gobierno provincial comenzaron a monitorear otras consecuencias del momento.
El impacto de la demora en los giros de fondos para comedores escolares obliga a la Provincia a redoblar esfuerzos para sostener la comida de 200 comedores que dependían de la Nación. Es poco dinero, nada en comparación con los millones de la especulación financiera.
La Legislatura tomó nota y ya hizo un pedido de informes al Gobierno nacional. Es allí donde se evidencian las mayores diferencias de modelos. La retórica de Martín Sereno –partido Agrario y Social- retumba en medio del silencio de los representantes de la alianza Cambiemos: ninguno sale en defensa del Gobierno nacional.
El esfuerzo propio todavía permite que se mantenga la actividad en áreas clave, como la construcción y hasta se sostengan el consumo y los precios, como las promociones bancarias y el congelamiento de tarifas eléctricas para las panaderías. Variables, como la deuda pública, que encendieron todas las alarmas en provincias vecinas, permiten advertir el acierto del rumbo tomado en Misiones en los últimos años.
Según un análisis del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), Chubut y Salta, gobernada por Juan Manuel Urtubey, son las dos provincias que más miran la devaluación y su deuda en dólares.
Buenos Aires y Chubut cuentan con un 33% y un 43%, respectivamente, de vencimientos en moneda extranjera.
El gobernador Hugo Passalacqua volvió a marcar distancias con el modelo nacional, más allá de la permanente apelación a la gobernabilidad. En Dos de Mayo, en una fría siesta y rodeado de productores de la zona centro, hizo una encendida defensa del modelo provincial que está siempre “del lado del más débil”.
 “Estamos viendo cómo y por qué defendemos con tanta energía el Fondo Especial del Tabaco. Se escuchan rumores, no debe ser cierto… pero  lo vamos a sostener todos los que estamos acá, siempre vamos a estar del lado pequeño, del vulnerable, del que necesita, del que mete la mano en la tierra…nos van a tener al lado”, sentenció Passalacqua.

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Buenas noticias

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Qué bueno es dar buenas noticias, decía, con una firmeza que no tenía, el fugaz Fernando De la Rúa, justo un año antes de tomar el último vuelo en helicóptero. Su mensaje, en diciembre de 2000, anunciaba el Blindaje del Fondo Monetario Internacional por 39.700 millones de dólares, con el apoyo de bancos, AFJP y otras entidades financieras.
“Festejemos, porque este año se va y viene uno nuevo, mejor, llegó el momento de cosechar los frutos del esfuerzo. La Argentina ya no tiene riesgos, es segura y previsible, ahora podemos crecer en paz. El 2001 será un gran año para todos”, pronosticaba el líder de la alianza.

El monto del préstamo que terminaba con la incertidumbre en la Argentina, era mucho mayor a lo que los “mercados” esperaban.    
“Hemos acordado un stand by de acceso derivado por el monto de 50 mil millones de dólares que es once veces la cuota de la Argentina. Demuestra el apoyo que tenemos de la comunidad internacional y es una muy buena noticia“, dijo este jueves un fortalecido Nicolás Dujovne al anunciar el nuevo préstamo del FMI que permitirá “evitar una crisis” tras el sacudón cambiario”. “El país va a seguir creciendo”, prometió.
En 2000, el Blindaje había salido sin complicaciones porque “las autoridades argentinas decidieron encarar el problema en la etapa preliminar de la crisis“, y el organismo estuvo dispuesto a actuar también para evitar el contagio que ya se empezaba a sentir en los países vecinos y en los mercados emergentes en general.
“Estamos contentos, porque nos va a permitir seguir recorriendo el camino hacia el equilibrio fiscal y desterrar el problema que tiene la Argentina de gastar más de lo que tiene“, insistió Dujovne, investido superministro.
A los 50 mil millones del Fondo hay que sumarle 5.650 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial y CAF, que “despejan cualquier incertidumbre sobre el programa económico y la situación de los mercados”.
“Es un punto de partida importantísimo para la Argentina. Va a generar más posibilidades de desarrollo. Ayuda a fortalecer el desarrollo y el crecimiento y la generación de empleo; eso es lo que sirve”, completó el presidente Mauricio Macri al brindar por el día del periodista. Fue lo único que dijo después del dramático mensaje inicial.
El Fondo, en 2000 también había sido “generoso”. Autorizó a ampliar el déficit fiscal de 2001 a US$ 6400 millones en lugar de los 4100 millones pactados originalmente, y a alcanzar el equilibrio fiscal en 2005, en vez de en 2003.
El entonces ministro de Economía, José Luis Machinea, asumía “con realismo” ante el FMI que “el PBI crecerá menos del 4,5% previsto en el presupuesto de 2001”.
Dujovne ahora reconoció: “Sabemos que producto de la turbulencia financiera que tuvimos, vamos a crecer un poco menos y vamos a tener más inflación que la que pensábamos. No hay magia. El Fondo Monetario nos puede ayudar, pero nosotros tenemos que resolver nuestros problemas solos”.
Como en 2000, Argentina recibe un “respaldo” inusitado del FMI.
“Demuestra un fuerte liderazgo”, opinó el entonces titular de la entidad Horst Köhler, sobre Fernando De la Rúa. El organismo estaba entonces preocupado por la crisis política.
“El ajuste fiscal requerirá de un “fuerte compromiso político”. No solo ya de la clase política: de toda la sociedad”, dijo ahora Roberto Cardarelli, uno de los economistas del Fondo al frente de la relación con la Argentina en el primer mensaje tras el acuerdo.
El país gobernado por De la Rúa fue merecedor de una confianza excesiva. Argentina estaba sobreendeudada y el fantasma del default estaba a la vuelta de la esquina.
Hoy la Argentina es el país del mundo que más le debe al FMI, cuatro veces más que Grecia, hasta ahora el país más endeudado con 12.800 millones de dólares.
El país helénico recibió en 2010 también una ayuda extraordinaria, que alcanzó los 145 mil millones de dólares entre el FMI, la Unión Europea y otros organismos. Pero después de cumplir todas las metas impuestas, Grecia sigue hundida en una profunda depresión, con una caída de salario real que llega al 40 por ciento, un PBI 27 por ciento más bajo y una desocupación del 22 por ciento, porcentaje que se duplica entre los más jóvenes.
Peor aún, la relación deuda pública/PBI, que superaba el 80 por ciento en 2010, hoy llega al 180 por ciento. En Argentina, antes del acuerdo con el Fondo pero después de la devaluación por la corrida cambiaria, la deuda equivalía al 65 por ciento del PBI.
Argentina también tiene metas que cumplir. Varias. Aunque el FMI ofrece “cláusulas de salvaguarda social inéditas“. “Prevé eventuales relajamientos en la meta de déficit para ser aplicado una porción del gasto en programas sociales en caso de ser necesario intervenir e incrementar el gasto social”, festejó Dujovne. En realidad, no somos los únicos privilegiados: en Grecia también se prometían reformas para “combatir el despilfarro, frenar la evasión fiscal y proteger a los más pobres”. Los resultados no fueron  muy alentadores, como se puede apreciar: más del 35 por ciento de los griegos vive en riesgo de pobreza o exclusión social.
Entre las metas impuestas por el acuerdo con Christine Lagarde, Macri se comprometió a reducir el déficit en un monto cercano a los 20 mil millones de dólares, unos 500 mil millones de pesos. Los principales recortes pasarán la obra pública, con un ajuste del 81 por ciento y en transferencias a provincias, del 74% en tres años, para achicar el gasto en relación al PBI. Además, se prevé hasta 2020 una baja en salarios de los trabajadores estatales del 13 por ciento (la coincidencia es pura coincidencia) y en los subsidios a las tarifas y transporte de un 48 por ciento. El gasto “extraordinario” por jubilaciones también deberá reducirse 30 por ciento.
Las metas de inflación para este año simplemente desaparecieron y para los años próximos serán de 17%, 13% para 2020 y 9% para 2021.
Con este préstamo Macri se garantizó contar con respaldo financiero para lo que resta de su mandato, aunque esto no evite recurrir al mercado financiero para cubrir los gastos. De hecho, ya no podrá echar mano del Banco Central, que se encargará de hacer cumplir las metas de inflación y estará ocupado en intentar desactivar la bomba de tiempo -de fabricación casera, a manos del propio Federico Sturzenegger- de las Lebacs.
La contundente muestra de respaldo no es simple mérito. El FMI necesita que el sistema económico financiero argentino se sostenga. Argentina es un ejemplo de la derrota del “populismo” y un retroceso de Macri podría arrastrar a otros países de la región. La situación del hermano mayor no es la mejor: Lula preso sigue siendo el mejor candidato brasileño y los postulantes del establishment no tienen mayor imagen positiva que Michel Temer, que apenas roza el tres por ciento. 
No es la primera vez que el FMI premia a sus favoritos. Lo hizo antes con Carlos Menem, en momentos en que las señales de resquebrajamiento de la Convertibilidad eran evidentes. Pero siguió prestando y acompañando al “modelo”.
Para Macri, el respaldo del FMI es un arma con el que cual presionar para alcanzar las metas que hasta ahora fueron esquivas. La culpa del ajuste será del Fondo. Pero sigue sin haber un programa que sustente el crecimiento. El ajuste suele traer consigo un efecto negativo en la economía.
La situación política para el Gobierno no es la mejor. Los últimos meses acumularon conflictos y la vuelta al Fondo no es una buena noticia, para buena parte de la sociedad que no quiere repetir la historia. El consultor Gustavo Córdoba sostiene que los últimos días creció la sensación de que Cambiemos “es igual” que los partidos políticos tradicionales cambiados en las dos últimas elecciones. Del otro lado, el peronismo entendió con la discusión por las tarifas, que puede pensar en una unificación, aunque más no sea para recuperar poder.
El gobernador Juan Manuel Urtubey, uno de los que se pone en la largada para ser candidato a presidente, adelantó el respaldo al Gobierno. Pero advirtió: “Nosotros no cogobernamos. El presidente es Macri y la responsabilidad del destino de Argentina es suya”.  La idea es compartida por los demás gobernadores.
Las provincias ya achicaron sus presupuestos y en muchos casos no tienen los problemas que exhibe la Nación.
El “misionerismo” no va a cambiar su decisión de no poner palos en la rueda. Pero al mismo tiempo, pide que los gobernadores sean escuchados para que se ponga el acento en el desarrollo económico y no únicamente en el ajuste que paraliza.
Misiones es un ejemplo en sustentabilidad financiera y una planta estatal sumamente moderada en relación a la cantidad de población.
El ajuste ya es un problema político. Lejos de ser una mera abstracción de los discursos presidenciales, se siente en la calle, con reproches permanentes incluso en aquellos que admiten haber votado por el cambio.
Resulta hasta llamativa la defensa a ultranza que hace el radicalismo de las medidas del Gobierno ante el silencio del PRO purista. “Recurrir al FMI pidiendo ayuda es bueno. No es pedirle ayuda al diablo como mucho creen”, reprochó el diputado nacional Luis Pastori, quien insiste en el buen andar de la economía, pese a que los datos de la realidad se empeñan en desmentirlo. La economía solo muestra algunos sectores que recuperaron dinamismo, mientras que la mayoría está en baja.
Posadas es un ejemplo. La coparticipación crece por efecto inflacionario, pero la recaudación propia está bastante por debajo de la inflación desde el año pasado.
La fe ciega de Pastori en el modelo parece ser la única en sostenerse dentro del radicalismo. Son varios los jóvenes criados al cobijo de Franja Morada que empezaron a mantener reuniones con los jóvenes de Podemos, el espacio creado por militantes de espacios políticos diversos. “Y se suman más”, contó uno de los principales de Podemos.  
No son los únicos desencantados. La Renovación también comenzó a recibir a dirigentes y profesionales que buscaban una alternativa al todo o nada del kirchnerismo, pero se sienten decepcionados con el cambio.
El misionerismo que se consolida en el tiempo con un modelo distinto al nacional, sin endeudamiento, con incentivos a la economía y con permanente ampliación de derechos, es un refugio ante un escenario de más ajuste. Mientras en Buenos Aires se realizaba un “panazo” en protesta contra los tarifazos y la suba de la harina, en Misiones el gobernador Hugo Passalacqua sellaba un acuerdo con los panaderos para congelar por tres meses el precio del pan a cambio de una bonificación de la tarifa eléctrica que llega al 50 por ciento. “La sensibilidad social nace de la cercanía, de conocer qué pasa en la realidad y hacer lo que esté al alcance del Gobierno en un momento difícil para todos”, señaló Passalacqua.

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Tiempo de ajuste

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El debate por las tarifas en el Senado fue el telón de fondo de una disputa que comienza a delinear el escenario para 2019. No estaba en juego el valor de la electricidad ni el gas, sino un primer tanteo entre oficialismo y oposición en el que el usuario y las provincias tenían poco y nada que ver. Un juego del gato y el ratón entre Cambiemos y el peronismo, en todas sus variantes, en el que ninguno perdió del todo.
Las encuestas revelan que el presidente Mauricio Macri salió mejor parado de la contienda, porque más allá del descontento por las tarifas, la sociedad cree que la oposición “no le está dando gobernabilidad”. No es poco, en momentos en que la imagen del Presidente está en sus peores niveles y los modelos “espejo” hacen agua.
En Brasil, Michel Temer pasa su peor momento con políticas de ajuste similares a las aplicadas en la Argentina, que desataron la furia de los camioneros que paralizaron el país. Su socio político, Eduardo Cunha, ex presidente de la Cámara de Diputados e impulsor del impeachment a Dilma Rousseff fue condenado a 24 años y diez meses de prisión por corrupción, lavado de dinero y violación de secreto funcional en la megacausa LavaJato, que tiene salpicaduras con varias empresas constructoras en la Argentina.
Del otro lado del océano, la caída de Mariano Rajoy en medio de un escándalo por corrupción en España significó un duro golpe para Macri, que hace poco tiempo lo puso como “ejemplo” a seguir. La justicia española estableció en una sentencia la semana pasada que en el Partido Popular de Rajoy funcionó durante años una contabilidad paralela en dinero negro procedente de donaciones de empresarios, y condenó a varios de los antiguos responsables de la formación política. Se trataba de una red de empresas que conseguían contratos de todo tipo de administraciones gobernadas por el PP en diversas partes de España. Lo lograban a cambio de sobornos a los cargos públicos responsables de decidir sobre esos contratos e incluso servían para financiar actos de campaña y otras gestiones del propio PP, según la Justicia española. Un LavaJato a la europea.
En la pulseada por las tarifas, el panperonismo logró demostrar que la unidad no es tan descabellada si el objetivo es recuperar poder -o porciones-.
Nunca estuvo en disputa frenar el aumento de tarifas, ya que se sabía de antemano que el Presidente iba a vetar cualquier iniciativa en ese sentido y el proyecto opositor tenía fallas insalvables, como la falta de propuesta de financiamiento y la conculcación de derechos adquiridos por parte de las distribuidoras eléctricas.
Por eso, buena parte de los gobernadores decidió correrse de la puja. No es que, como pretendió Macri, estuvieran de acuerdo con el nivel de los aumentos, sino que, en el marco de la “gobernabilidad”, advertían que no es el Congreso el que debe fijar el valor de las tarifas, facultad del Ejecutivo. Tampoco aceptaban la propuesta “alternativa” que hizo Macri a las apuradas de reducir el IVA a las tarifas. La generosidad era con billetera ajena y redundaría en una mayor desfinanciación de las arcas provinciales, ya que se trata de un impuesto coparticipable.
¿Conclusión? Las tarifas siguen estando por las nubes, los usuarios seguirán pagando caro y el Gobierno mantiene firme su política económica. “Los argentinos no quieren volver hacia atrás”, esgrime el Presidente, con la grieta como arma. La figura de Cristina es una herramienta de contraste, pero cada día con menos efectividad.
 “Aplicar la ley significaría suspender la Asignación Universal por Hijo por el resto del año”, argumentó Macri, ofreciendo una única falsa opción.
Hay otros muchos lugares donde el Estado puede echar mano para cubrir el déficit que no sea el mínimo ingreso de chicos y adolescentes o por lo menos para recuperar ingresos que achiquen el rojo financiero.
En cualquier caso, ofrecer esa única alternativa a menoscabar la rentabilidad de las empresas eléctricas, revela qué es lo que privilegia el Gobierno.  Las tarifas eléctricas aumentaron exponencialmente desde 2015, muy por encima de los índices salariales y de la inflación. La asignación universal se licúa por la suba de precios y la devaluación.
La pérdida de poder adquisitivo va de la mano de una enorme transferencia de recursos desde los sectores bajos y medios hacia las grandes empresas eléctricas con una mejora sustancial en su rentabilidad.
Es en los resultados económicos donde más se concentra la desilusión de la sociedad. Un estudio de la consultora Gustavo Córdoba & Asociados revela que la inflación es la principal preocupación de los argentinos, con un crecimiento de seis puntos porcentuales respecto a mayo y que el 45,3 por ciento advierte que la situación económica estará peor dentro de un año.
El impacto de las políticas económicas se siente más, paradójicamente, en el sector medio, base electoral de Cambiemos. a diferencia de la clase baja, que todavía mantiene programas sociales y un bajo nivel de consumo, son familias que perdieron subsidios -servicios, transporte, combustible- y deben pagar mucho más para sostener un nivel de vida cada más caro producto de la inflación que no detiene su marcha y que volverá a tomar envión después de la última corrida contra el peso. La pérdida de poder adquisitivo, vía devaluación, llega al 56 por ciento en los últimos doce meses.  
El bolsillo y la heladera no suelen mentir. Son más sinceros que las convicciones políticas.
No existe una solución alternativa a que cada uno pague la energía que consume”, defendió el Presidente, planteando nuevamente una falsa dicotomía.
No se pone en dudas que hay que pagar lo que se consume. Lo que se pone en cuestionamiento es el elevado valor que hoy tiene lo que se consume –y que seguirá en aumento-.
Es una forma elocuente de tomar partido. Es ideológico, un modo de pensar que excede al Presidente. “¿Es de equidad que durante años hayamos poblado la provincia de Buenos Aires de universidades públicas cuando todos los que estamos acá sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad?”, se preguntó, lacónica, María Eugenia Vidal. “Todos los que estamos acá”, hace a un sentido de pertenencia: jóvenes del Rotary reunidos en el hotel Sheraton de Buenos Aires, donde pocos entran.
Una mirada de clase en la que los derechos son innecesarios si son de los otros. Una mirada de clase que encuentra muchos adeptos, especialmente entre aquellos que nunca necesitaron de una mano. Algo así como: “El pobre es pobre y nunca saldrá de esa condición”. O, ¿para qué tantas universidades si no se garantiza calidad? Van algunas respuestas. Quizás nunca llegaron porque nunca tuvieron acceso. ¿Cómo medir calidad en universidades con un par de años de funcionamiento? Los datos oficiales contradicen a Vidal, entre 2008 y 2015 la matrícula en universidades nacionales en el quintil más pobre del Conurbano bonaerense creció 47 por ciento, y el quintil siguiente, creció un 95 por ciento. El quintil de más altos ingresos creció 21%, y el que le sigue en ingresos, creció un 28 por ciento. Buenos Aires tiene 22 universidades nacionales públicas. De ese total, diez fueron creadas en los últimos 15 años durante las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner.
En tiempos de ajuste, cualquier “gasto” de “los otros” es innecesario. La necesidad de mostrar señales se hace urgente en medio de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Las tarifas son parte de esa señal de “fortaleza” que va dirigida a los mercados. El recorte de “gasto” público es otra premisa pedida por el Fondo.
El superministro Nicolás Dujovne anunció un paquete de ajuste enfocado sobre los “privilegios” de los empleados públicos. “A todos nos va a doler un poco”, dijo, compungido. No serán todos. 
Se recortarán viáticos, horas extra y premios de los empleados públicos. Se prohibirán los choferes 24 horas y los vuelos en clase ejecutiva para los que no tengan rango de ministro y se realizarán ajustes de “funcionamiento” para ahorrar entre el 15 y 30 por ciento en todos los ministerios. Por ahora nada cercano al recordado 13 por ciento, pero con la misma finalidad. Con esto, se pretende ahorrar unos 20 mil millones de pesos. Suena a mucho. No lo es tanto. Es apenas el tres por ciento del déficit fiscal y uno por ciento del gasto total. A ese ritmo, el déficit seguirá siendo eterno.
Se apunta a cumplir con una de las demandas del FMI: congelar ingresos al Estado durante 24 meses y más despidos en empresas públicas, pese a que el empleo público es hoy más elevado que en 2015.
El decálogo anunciado por Dujovne -imitado por Federico Sturzenegger en el Banco Central, que reducirá el sueldo de los 20 choferes que trabajan para la entidad monetaria-, tiene como paradoja revelar que “el cambio” nunca pasó por recortar el gasto. “Los privilegios del sector público se tienen que terminar”, dice, ahora, al mismo tiempo que revela que pasaron más de dos años sin tocar ningún “privilegio”.
Las “medidas” de apuro contrastan con las decisiones tomadas en Misiones como modelo de gestión. La Provincia está entre las cinco con menor cantidad de empleo público por cada mil habitantes y en 2016 el gobernador Hugo Passalacqua firmó el decreto para congelar el ingreso a la planta del Estado, salvo en las áreas esenciales, como Educación, Salud y Seguridad.
El contraste se extiende si se amplía la mirada al estado de las cuentas públicas. A diferencia de la Nación que aumenta su déficit por exceso de gastos y endeudamiento, Misiones dejó de endeudarse desde 2003 y en 2017 recuperó un superávit operativo superior a los 2.500 millones de pesos. Son pocas las provincias que pueden exhibir esos resultados.
La diferencia de modelos es evidente. Lejos de la deuda y la especulación, Misiones mantiene una obsesión por generar empleo y potenciar la economía local. Ese modelo, incipiente, bautizado misionerismo, tiene la ratificación en las urnas cada vez que es momento de elegir. El viernes hubo una elección de las ligas menores, pero que fortalece una forma de ver la política: los candidatos renovadores se impusieron en las elecciones de consejeros de la Rama Pasiva del Instituto de Previsión Social por el doble de votos de la lista apadrinada por el puertismo y Cambiemos.
Passalacqua eligió una frase que distingue a la tierra colorada del mapa nacional: “Misiones, chiquita, marginal, es la única provincia que logra traer una inversión genuina, cuando la timba financiera está en la tapa de todos los diarios”, dijo el jueves al presentar el plan de luminarias Leds que se pondrá en marcha con la fábrica polaca Lug, que comenzará a producir en un mes en el Parque Industrial de Posadas.
“Lug es una firma polaca que no fue a otro lugar del país, vino acá, porque ellos observaron que el misionero tiene una estirpe especial en sus ganas de trabajar y progresar”, señaló Passalacqua.
“Esto es producto de que nuestra provincia tiene una característica especial. Siempre pensamos desde la Renovación que el Estado provincial tiene que estar presente”, dijo Passalacqua, al tiempo que pidió valorar que esto se da en días de mucha dificultad, cuando el país está en una situación complicada y por supuesto, la provincia también”.
Misiones no va a parar de crecer por más crisis que haya, no va a parar…y eso es mérito de la gente, mérito de una conducción política, mérito de nuestras ideas, de nuestras convicciones de que hay que estar cerca de la gente y trabajando a destajo, fuera de hora, 24 sobre 24…esa es nuestra actitud. Cuesta mucho juntar la plata, le cuesta al municipio y a la Provincia también le cuesta mucho; y sin embargo lo hacemos, porque la actitud es ir hacia adelante, a veces con pasos largos, a veces con pasos cortos; pero la dirección que tiene el misionero y este modestísimo espacio político es ir siempre hacia adelante; no importa el largo del paso, lo que importa es la dirección del paso. En este marco de dificultades donde algunos discuten el pasado, nosotros tratamos a veces con éxito, a veces no, tener siempre políticas proactivas, políticas públicas hacia adelante”, manifestó.
 

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