Juan Carlos Argüello

Periodista, director de Economis

Pasar el invierno

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Hay que pasar el invierno. La frase quedó eternizada como sinónimo de ajuste y políticas en contra de los trabajadores. La pronunció Alvaro Alsogaray, recién ungido ministro de Economía de Arturo Frondizi para poner en marcha un feroz plan de ajuste en medio de una escalada inflacionaria y las primeras privatizaciones. El discurso de Alsogaray del 28 de junio de 1959, tiene enorme “actualidad”: “Muchos años de desatino y errores nos han conducido a una situación muy crítica. Es muy difícil que este mes puedan pagarse a tiempo los sueldos de la administración pública. […]. Todavía seguiremos por algún tiempo la pendiente descendiente que recorremos desde hace ya más de diez años. […]. Las medidas en curso permiten que podamos hoy lanzar una nueva fórmula: ‘Hay que pasar el invierno”.
El “Plan de Estabilidad y Desarrollo” hizo que el salario real cayese 24 por ciento en 1959, hubo miles de despidos en el Estado y se puso en marcha un plan de flexibilización laboral que se profundizó años después y que sobrevuela el presente.
A lo lejos, en tiempo y distancia, la frase del economista radical liberal cobra otro significado en Misiones, donde el Estado, lejos de batirse en retirada, asume protagonismo para pasar el invierno, entendido como estación del año y de la economía.
Ante el frenesí de los aumentos de precios, la corrida financiera y el Gobierno nacional cada vez más volcado al ajuste para cumplir con su programa y las pautas de ajuste impuestas por el Fondo Monetario Internacional, Misiones toma pequeñas medidas de aliento a la economía y de protección al bolsillo. Primero fueron subsidios a la energía de industrias y comercios, después un creativo programa de financiación de compras bautizado Ahora Misiones, que parió al tiempo el Ahora Papá, el Ahora Pan y esta semana el Ahora Gas.
El Ahora Misiones fue una eficaz herramienta para sostener el consumo dentro de la provincia, agobiada por una sangría permanente de recursos hacia Paraguay y Brasil en busca de precios más bajos. El Ahora Pan congeló durante 90 días el precio del francés, emblema del consumo en la mesa familiar que estaba sintiendo los efectos de una inflación que doblegó todas las proyecciones oficiales, incluso las recalibradas por el mejor equipo. El Ahora Gas va en el mismo camino: cuidar el bolsillo de cientos de familias con el mango justo para parar la olla.

El gobernador Hugo Passalacqua intuye que sin una mano del Estado, la situación de cientos de familias misioneras sería muy compleja, pese a que Misiones es de las pocas provincias que todavía soportan el embate de la crisis, con una economía privada que se mantiene a flote, bajo desempleo y con finanzas en orden. Las fronteras, especialmente Paraguay, más allá de las quejas de los comerciantes por las asimetrías, funcionan como una válvula de escape para hacer rendir un poder adquisitivo deprimido.
En el Gobierno provincial advierten que “si no se revierte la tendencia económica nacional tendremos que profundizar medidas como el Ahora Misiones”, aunque si el tipo de cambio real se sigue manteniendo alto habrá un microclima económico favorable.
La preocupación por el estado de la economía recorre todos los estamentos. El Gobierno lo expresa en sus acciones, los empresarios marcan cada vez más distancia con el cambio que les había seducido.

En la Legislatura también comienza a alzarse la voz para advertir que los problemas se están profundizando. El jueves, el presidente del bloque Renovador, Marcelo Rodríguez, presentó una iniciativa que pretende instruir a los legisladores nacionales a que generen herramientas para el financiamiento de las pymes de todo el país, pero especialmente de Misiones.

El texto fue en realidad una excusa. El mensaje, estructurado con el conductor de la Renovación, Carlos Rovira, estaba en la argumentación. Rodríguez utiliza la palabra “estanflación”, para referirse al momento económico: “Un fenómeno que se caracteriza por un elevado índice de inflación (la inflación semestral del 15% ya ha consumado la meta anual), recesión y estancamiento o enfriamiento de la economía, y pérdida del poder adquisitivo de la moneda que se traduce en una pérdida en el poder de compra de la gente”.
“A esto debemos sumarle una devaluación de nuestra moneda en el primer semestre superior al 40%, una caída del consumo masivo y de las ventas en el mismo periodo (caída de la venta minorista que en junio fue del 4,2 % interanual); gravitando en torno a incrementos permanentes en el precio de los combustibles y en el costo de las  tarifas de los Servicios Públicos”, explicó el legislador.
La preocupación de Rodríguez no es exagerada. “Todo indica que el presente año se caracterizará por un proceso de estanflación; esto es: la combinación de estancamiento con inflación”, señala el último reporte del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano, titulado “El regreso de la estanflación”. Sería el tercer episodio del Gobierno de Macri.
“Las Pymes necesitamos pasar URGENTE, del reconocimiento que tenemos en la economía nacional  a disponer de herramientas laborales, financieras e impositivas que nos permitan seguir sosteniendo empleo formal. Es importante y necesario para las Pymes, bajar el “costo laboral”, no el salarial, necesitamos consumo para retroalimentar la actividad”, advirtió el presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, el misionero Gerardo Díaz Beltrán. El presidente de la Confederación Económica de Misiones, Alejandro Haene, recordó que la provincia está reclamando medidas especiales para recuperar competitividad más allá de los vaivenes de las asimetrías.
Lejos de atender la demanda de los empresarios que generan trabajo, el Banco Central mantiene una política que solo encuentra ganadores en la especulación financiera. Ahora es Luis Caputo en lugar de Federico Sturzenegger, pero la tasa de interés se mantiene por encima del 40 por ciento. Es la más alta del mundo.
“El BCRA mantendrá el actual sesgo contractivo de la política monetaria hasta que la trayectoria de la inflación, así como la inflación esperada, se alineen con la meta de diciembre 2019”, dijo el banco en el comunicado que acompañaba la decisión. Pero la inflación, lejos de disminuir volverá a estar por encima del 30 por ciento annual, como consecuencia de la devaluación.
La complejidad del momento económico preocupa a otros gobernadores, pero no todos cuentan con recursos y una relación aceitada con los actores económicos como para poner en marcha medidas similares.
La situación económica es muy mala”, admitió el jujeño Gerardo Morales, apenas unas horas después de cenar con el presidente Mauricio Macrio. El radical es uno de los ultraoficialistas de Cambiemos, pero advirtió que “los dos o tres meses que vienen serán difíciles y el desafío central del Gobierno nacional, me parece, es que los que tenemos responsabilidades en las provincias evitemos que caiga la economía”.
¿Fuego amigo? No fue el único. La gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal y el intendente porteño, Horacio Rodríguez Larreta, coincidieron en reconocer la “difícil situación económica”. Ambos son puntales de la alianza gobernante, pero actúan como si fueran espectadores.
La misma actitud tienen los referentes de Cambiemos en Misiones. La crisis es algo que está pasando allá a lo lejos, de la que no se sienten responsables ni obligados a dar cuentas, pese a que sus vaticinios y promesas hasta ahora no se han cumplido, como el famoso artículo 10 de la ley Pymes. Ya sin timbreos, las reuniones políticas son escasas, porque es difícil explicar que estamos mal pero vamos bien. Las redes sociales son casi el único refugio.  
Cuanta será la preocupación que el propio Macri reconoció “temas de la propia gestión” como disparadores de la crisis que tiene en vilo a la sociedad. Sin embargo, el Presidente ratificó que el remedio será profundizar el modelo. Cómo hará el mismo modelo para mutar es una incógnita.
Como en aquel invierno de Alsogaray, la receta es más ajuste y volver a privatizar los activos del país. Eso es lo que aparece en la letra chica del acuerdo firmado con el FMI, que se conoce recién ahora. Las exigencias serán extenuantes. Profundizar la baja de subsidios a la energía y el transporte, reducir salarios en el Estado y las transferencias a las provincias, demorar hasta 2020 la implementación de algunas disposiciones establecidas en la reforma tributaria (la reducción de cargas laborales para los empleadores y la posibilidad de deducir impuesto al cheque del impuesto a las Ganancias), bajar 15 por ciento el gasto público en bienes y servicios, durante el año que viene, son los principales puntos del acuerdo. Se estima un ajuste de 300 mil millones para el 2019 y que la mitad de ese recorte sea absorbido por las provincias.
También se sugiere “recortar empleados no prioritarios” en 2018 y congelar las contrataciones en el sector público en 2019 y 2020, excluyendo a las universidades, además de limitar la suba nominal de los salarios del sector público (incluyendo pagos no remunerativos) al 8% entre junio de 2018 y junio de 2019.
En cuanto al Presupuesto 2019, que comienza a delinearse, se pretende “reducir las transferencias a las provincias un 1,2% del PBI en 2019, y asegurar que esa reducción se complete con recortes en los gastos provinciales en bienes, servicios y salarios”. De esta manera, se impulsa que la reducción del déficit fiscal se refuerce a nivel provincial.
Y, por último, una medida intrínseca del modelo: privatizar. El Fondo sugiere “vender tierras e inmuebles públicos y amortizar los activos en fondos de pensión (el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES) para financiar parcialmente el gasto público en antiguos litigios judiciales por jubilaciones”.
Esta parte del acuerdo se elaboró luego de que concluyeran las negociaciones  del auxilio por US$50.000 millones, que pidió la Argentina. Si estas cláusulas se hubieran conocido antes, quizás no hubiese sido tan sencillo para el Gobierno argumentar sobre las bondades del acuerdo que, impone condiciones gravosas para millones de argentinos, que son, en definitiva, quienes pagan las consecuencias, con intereses.
Lo que va a quedar ahora va a ser un país peor que el que dejó Menem“, definió, con crudeza, la pensadora Beatriz Sarlo, hasta hace no demasiado tiempo una entusiasta  del cambio.
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Soja, propinas y recesión

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“Yo sé que esa desesperanza existe, que hubo un impacto sobre los salarios. Por eso, lo primero que le quiero recomendar a la clase media y media-alta es que dé propinas y changas, aunque le cueste. Hay más de dos o tres millones de personas que viven de eso, y a veces, cuando nos ajustamos, lo primero que hacemos es dejar de dar propina, y es ahí cuando cortamos un círculo, un esfuerzo solidario como el que se hizo con los cartoneros en 2001”, implora, con rostro adusto, Elisa “Lilita” Carrió, la principal aliada del presidente Mauricio Macri.
Curioso modo el de Carrió para expresar su solidaridad. La propina siempre es de arriba hacia abajo y no cambia sustancialmente la situación de quien la recibe. Está apenas por encima de la limosna, que mantiene el estatus quo, pero calma las conciencias de los dadivosos.
La apelación esconde, sin embargo, algunas otras consideraciones. Carrió pide que sea la “generosidad” la que brinde contención social a quienes están padeciendo las consecuencias del modelo económico que impone el Gobierno del que ella es pilar insustituible. Y, sin querer, emparenta al momento político con el 2001, cuando la crisis hizo eclosión después de dos años de gobierno de otra alianza que también integró y que terminó en fuga en helicóptero. El país quedó devastado. La pobreza y el desempleo fueron la pesada herencia, con consecuencias que se perciben hasta ahora en un círculo doloroso. La acumulación de deuda, la especulación financiera y el sometimiento a las políticas dictadas por el Fondo Monetario Internacional son otros factores comunes.
Carrió parece tener algún drama oculto con el radicalismo. Alfonsín la había definido como la gran enemiga. Ahora volvió a burlarse de los correligionarios. Aseguró que “la alianza está asegurada” porque “los radicales van a hacer lo que nosotros digamos”.
El radicalismo recogió el guante y acusó a la blonda de “debilitar” la alianza “en momentos difíciles para el país”. Todo muy vintage, sin Chacho Álvarez.
Para más coincidencias con aquellos años aciagos, el Gobierno suspendió el desfile por el día de la Independencia. “Por cuestiones presupuestarias” no habrá muestra militar, dice el ministerio de Defensa para disimular el descontento entre las fuerzas por el exiguo aumento del 8 por ciento ofrecido. En 2001 también De la Rúa había suspendido el desfile militar del 25 de mayo por temor a los abucheos. “No hay clima social para el desfile”, fue el argumento de entonces.

La de Carrió no es la única mirada alarmante entre quienes se asumen amigos del Gobierno. El empresario Cristiano Rattazzi, firme defensor del modelo económico, pronosticó que “para mayo terminará la recesión y vamos a estar mejor”. Mayo de 2019.
Hasta entonces, habrá pérdida de empleo “en algunos sectores”, porque “no puede uno atarse a un empleo que quizás es obsoleto”. “La fiesta la tiene que pagar alguien”, insiste el “Tano” a quien en el Gobierno le reconocen su sinceridad.
Pero esa “sinceridad” contradice el discurso oficial. Nadie reconoce oficialmente que el país esté en recesión y en todo caso, le atribuyen las dificultades al “shock externo”. Ninguna responsabilidad.
“Sé que a muchos les está costando, sé que muchos están poniendo el hombro, pero este es el camino”, señaló Macri en la reapertura de un frigorífico en Santa Fe.
“Nos tenemos que sacar de encima a aquellos que de forma mafiosa nos complican el trabajo a todos”, dijo el Presidente al ratificar el modelo. “Estamos en el rumbo correcto y vamos a avanzar contra viento y marea”, insistió.
Mientras tanto, la volatilidad de los “mercados” y la permanente sangría de divisas, continúa sin cesar. Las medidas tomadas por el Gobierno no logran calmar la voracidad financiera y la (poca) credibilidad de los funcionarios alienta las más variadas especulaciones. Saciar a los mercados es, sin embargo, la preocupación central del Gobierno. Todas las medidas están dadas para complacerlos. Emergen, junto al campo, como únicos ganadores en una balanza que se inclina demasiado y deja del otro lado a gran parte de la Argentina.
El propio presidente Mauricio Macri se muestra garante de las ganancias del “campo”, que ha abonado el terreno para su triunfo electoral. Pero el campo no es el mismo en toda la geografía. La soja no es lo mismo que el tabaco. Mientras el Presidente les prometió a los sojeros que no volverán a aumentar las retenciones, el ministerio que conduce el ex Sociedad Rural, Luis Miguel Etchevehere ratificó la desaparición del monotributo social, que beneficia a unos 20750 misioneros.
Los primeros, según Agritrend, una de las consultoras más respetadas del sector agrícola, tendrán una campaña con un valor de exportación de u$s30.550 millones.
Esto implicaría u$s 6.700 millones por encima del valor del ciclo que ya concluyó, equivalente a un salto de casi 30%, gracias a la devaluación.
Los segundos, unos 50 mil productores en todo el país, verán desaparecer un beneficio que les garantizaba jubilación y obra social para ellos y sus familias. Solo en Misiones, 10.250 titulares del monotributo social y 11.500 adherentes, deberán ahora pagar por la obra social 268 pesos cada uno. Una familia tipo tendrá que pagar mil pesos por mes. En total, 5,5 millones de pesos mensuales. Una propina en comparación con el volumen de ganancias de los sojeros. Es, básicamente, una redistribución de ingresos a la inversa, desde la chacra al Estado.
Pero la decisión política está tomada “en el marco del ajuste del déficit fiscal”, insisten en la secretaría de Agricultura de la Nación. Es tanta la desproporción que los mismos diputados de la alianza Cambiemos en Misiones se vieron obligados a acompañar un reclamo a la Nación para que la medida no se haga efectiva. “Somos de Cambiemos y defendemos las políticas económicas, pero en este caso advertimos que no es una medida feliz”, reconoció Jorge Ubaldo Ratier Berrondo, actual presidente del PRO, al acompañar las protestas impulsadas por el partido Agrario y Social.
De cualquier modo, Jerónimo Lagier, coordinador provincial de la Secretaría de Agricultura Familiar, Coordinación y Desarrollo Territorial, expresó que “el Monotributo Social Agropecuario es un ciclo cumplido” y convocó a que “los productores se acerquen a realizar la actualización de sus datos ya que de no hacerlo podrían empezar a generarse deudas”.
Lagier aseguró que “este pasaje del Monotributo Social Agropecuario al Monotributo Social, además de permitir una mayor eficiencia en el uso de los recursos, permitirá transparentar el sistema ya que se detectaron muchos beneficiarios que no lo utilizan, muchos que no facturan y una enorme cantidad que no pertenecían al sector. Ejemplo de ello, el caso de 350 taxistas en Formosa y un sinnúmero de proveedores de servicios”.
Con el cambio, el Gobierno se ahorraría 360 millones por año. En intereses de Lebac, se van más del doble por día.
La diferencia de criterios dentro de Cambiemos Misiones se hace evidente entre los PRO puros y los radicales que no se cuadran. Formalmente el radicalismo parece ser el mayor defensor del modelo. Pero puertas adentro, las críticas se hacen oír y algunas grietas se hacen visibles.
El economista Federico Villagra abandonó el equipo del converso Gustavo González y podría armar una línea interna propia. El eldoradense que pidió no ver videos de Alfonsín en la Legislatura, no tolera escuchar críticas a la alianza. Villagra era uno de su equipo que públicamente había comenzado a esbozar críticas al rumbo económico.
Macri parece lejano a las demandas de los sectores más postergados y blindado a las críticas. Esta semana volvió a cuestionar a la oposición. “Les pido que en vez de pedir soluciones mágicas, nos digan qué van a hacer para ayudarnos”, exigió.
Nadie pide soluciones mágicas, pero también es cada vez menor la voluntad de ser arrastrado por el modelo. Incluso dirigentes propios toman distancia de las políticas de ajuste y exigen que la Nación y los propios den el ejemplo con el recorte del gasto público.
El gobernador Hugo Passalacqua planteó públicamente la necesidad de que se discutan los subsidios al agua y la luz que reciben Buenos Aires y Capital Federal gracias a los recursos de todas las provincias.
“Al país lo salvan las provincias”, indicó el misionero después de participar de una presentación de la fundación Observatorio Pyme, junto al flamante ministro de Producción, Dante Sica y el dueño de Techint, Paolo Rocca.
“Los índices de pobreza del NOA o el NEA no son porque la gente del norte no quiere trabajar sino porque hay una aspiradora del puerto de Buenos Aires que viene de la época de la colonia y que hay que redefinir”, argumentó Passalacqua.
Hasta ahora el esquema de ajuste recae casi con exclusividad en las provincias, mientras que el Estado nacional y los sectores financiero y agrario, emergen como intocables.
Las provincias apuntan a revisar el Pacto Fiscal sellado en diciembre pasado. Pero no porque estén en contra de lo firmado, sino porque se transformó en letra muerta a poco de firmarse. El punto clave es que las compensaciones a las provincias por la pérdida de recaudación estaban garantizadas por un crecimiento de la economía del 3 por ciento. Con suerte este año habrá crecimiento. Sería un milagro llegar a ese piso. “El Pacto Fiscal está muerto”, definió un ministro provincial. Y no le falta razón. Todas las variables pensadas hace seis meses fueron arrastradas por el tsunami de la corrida financiera y la inflación que se disparó en los últimos meses (en junio la suba de precios en Posadas fue del 4 por ciento) y superaría largamente el 30 por ciento anual.
Es tal el cambio de las reglas de juego que en la primera proyección del presupuesto que hizo el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, no hay un valor promedio del dólar. Simplemente no se sabe cuánto valdrá el año que viene.
Los “errores” de la política económica generan cada día más rechazo. Las encuestas muestran un descontento creciente y hasta los operadores políticos de Cambiemos se despegan. Columnistas como Julio Bárbaro y Beatriz Sarlo firmaron duras columnas. “Me avergüenzo de haber votado a Macri”, dijo el pensador peronista. ¡Que cambie Cambiemos”, disparó la ensayista. Son expresiones que se reflejan, silenciosas, en la mayoría de las encuestas, incluso en la ciudad de Buenos Aires, cuna de su poder político. El malhumor creciente obligó a suspender los timbreos, marca registrada de la campaña electoral del gobierno.
“Casi un 66% de argentinos manifiesta con claridad que se sienten defraudados con Mauricio Macri. Solo el 26,7% se sostiene como núcleo duro de respaldo al presidente, señaló el consultor Gustavo Córdoba.

La pérdida de confianza obedece a promesas que no se cumplieron y algunos retrocesos que se hacen cada día más evidentes. La promesa de pobreza cero mutó en cuotas adeudas a comedores escolares y la creación de empleo en amargas cuotas de despidos que no encuentran más justificación que cumplir con un plan diseñado para responder a las demandas del FMI.
En Misiones se sienten algunas consecuencias de la caída económica. Junio cerró con una caída del 22,4 por ciento en los patentamientos de cero kilómetro en relación con el mismo mes del año pasado y de 22,1% respecto a mayo pasado. Es una señal clara de desaceleración de la economía.
Solo el orden en las cuentas públicas y finanzas ordenadas permiten que la economía no caiga en una depresión. El esfuerzo privado también acompaña y por ello Misiones es una de las pocas provincias en las que bajó el desempleo en la primera parte del año. El interrogante es que sucederá en la segunda parte, cuando se perciban a pleno las consecuencias de la corrida financiera y la devaluación.
Lejos de políticas de ajuste y especulación financiera, Misiones redobla la apuesta por la inclusión en la educación. La escuela de Robótica -y sus enseñanzas- estarán al alcance de la mano de los estudiantes de las Escuelas de la Familia Agrícola.
El presidente de la Legislatura, Carlos Rovira, creador de la escuela de Robótica, señaló que “los tiempos de crisis permiten centrarnos en la educación y, a través de ella, aprender”.
El conductor de la Renovación consideró que la modalidad de los institutos EFA “debería ser ampliada, en el país y en nuestra provincia, siguiendo esa experiencia entre la escuela y la chacra”.

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El peor resultado

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Si hubiera que medir el estado de un Gobierno en función del acierto de sus proyecciones y el número de promesas cumplidas, el de Mauricio Macri debe estar en su peor momento. En los últimos días hubo un aluvión de datos negativos que exceden a la coyuntura y son consecuencia de las decisiones tomadas en los últimos dos años y medio. Repasemos.
De aquel: “Daniel, no vamos a devaluar”, a una caída del peso que superó el 75 por ciento en los últimos doce meses. Desde el inicio de la corrida cambiaria, en abril, la pérdida de valor del peso llegó al 45 por ciento y es del 56,5 en lo que va de 2018. Esa devaluación significa un ajuste directo en el bolsillo.
Del “está todo bien” de un lunes, al dramatismo del martes de volver al Fondo Monetario Internacional a pedir un auxilio financiero record de 50 mil millones de dólares.
Del “fuimos al Fondo para evitar a una crisis” a un dólar incontenible, que acarició los 30 pesos y no encuentra techo.
“Estamos en una transición hacia una mayor estabilidad”, sostenía, firme, el ahora presidente del Banco Central, Luis Caputo. No hace mucho, en mayo, la efusiva Lilita Carrió prometía sin ponerse colorada: “El dólar va a quedar en 23 pesos, yo no le miento a mi electorado”.
De la promesa de “un país normal” a celebrar ser un mercado emergente, para volver a estar pendiente del riesgo país, que tocó los 612 puntos, récord desde 2015, con pánico en la Bolsa y caída de acciones. Todo en una misma semana.
O el mercado está fuera de control o es la esquizofrenia del mejor equipo que interviene, que no, que vende mucho, vende poco, promete flotación limpia pero subasta deuda para tranquilizar a los amigos ávidos de dólares más baratos que en las casas de cambio.
Hay que explicar el mecanismo para entender quienes ganan con este descalabro. Todos los días el Gobierno está subastando porciones de la deuda asumida con el FMI –que pagarán las generaciones futuras- para “calmar” la fiebre alcista. En el remate, los grandes compradores acceden a billetes un peso por debajo de lo que se consigue en las casas de cambio, accesibles para el pequeño ahorrista o el que se quiere ir de vacaciones.
También se pasó de la crítica al cepo a analizar un corralito para los que compren dólares para viajar al exterior.
De la pobreza cero a un lapidario informe de la Universidad Católica Argentina que revela que la pobreza infantil aumentó de 60,4 a 62,5 por ciento, lo que implica que hay ocho millones de niños privados de algún derecho. Si se toman los datos más actualizados de la UCA con una muestra más abarcativa del último trimestre del 2017 se observa que la intensidad de privaciones en los menores llegó al 65 por ciento. En paralelo, el Instituto Nacional de Estadística y Censos reveló un informe sobre la evolución de la distribución del ingreso: más del 35 por ciento de los hogares tiene ingresos inferiores al umbral de la pobreza. No es casual, en lo que va del año, el salario perdió 1,7 por ciento en la carrera contra los precios (oficiales).
El presidente Mauricio Macri visitó esta semana a la sede de la Confederación Económica de la Mediana Empresa para celebrar el día de las Pymes. Las ponderó y prometió respaldos para las empresas que generan el 60 por ciento del empleo del país. Apenas unas horas después, la Confederación General Empresaria informaba que en los últimos dos años se cerraron 4800 pymes.
El ministerio de Trabajo admite que en el primer cuatrimestre se perdieron 94.500 empleos en blanco. Entre los asalariados privados se perdieron 39.800 empleos, monotributistas (2.000), los autónomos (500) y monotributistas sociales (5.700). La pérdida es transversal. “Un 60 por ciento de la producción industrial está dedicada al servicio de la construcción. Prácticamente despareció. No hay obra nueva. Eso provocó un corte en la línea de pago”, explicó Héctor Fernández, presidente de la Cámara Misionera de Industriales Metalúrgicos en declaraciones a radio Activa.
Pero en el Gobierno no entienden el paro general de la CGT, aunque antes celebraban las protestas por el impuesto a las Ganancias.
Según la misma Came, la industria Pyme cortó una racha de 10 meses consecutivos de crecimiento. En mayo sólo el 39,4% de las empresas crecieron y el uso de la capacidad instalada bajó a 60,5%. Además, solamente el 39,5% tuvo rentabilidad positiva y el 75% se encontró con más dificultades para cobrar a sus clientes, con un plazo promedio de cobro que se estiró a 53 días.
Ante los empresarios, liderados ahora por el misionero Gerardo Díaz Beltrán, Macri prometió “una nueva ley pymes”, pese a que la vigente se aprobó hace apenas dos años, el 1 de julio de 2016. También garantizó que en agosto se hará la postergada reglamentación del artículo 10, una promesa incumplida de la campaña, con beneficios para las economías de frontera.
Pero ahora esos beneficios no llegarán a todas las provincias, sino a aquellas que cobren Ingresos Brutos a la actividad comercial por debajo del tres por ciento. Hace apenas unos meses, el Pacto Fiscal que impuso la Nación en enero, había elevado el techo para los tributos a esa actividad, al cinco por ciento.
Se modifican nuevamente las reglas de juego, pero los beneficios no llegaron nunca. Solo Posadas perdió más de 18 mil millones de pesos en los últimos dos años mediante la sangría hacia Encarnación, en busca de precios más bajos.
El nuevo ministro de Producción, Dante Sica, no parece tener mayor velocidad que su sonriente antecesor, el eyectado Francisco Cabrera, para entender el problema. “Todos deben hacer un esfuerzo compartido, las provincias deben poner lo suyo, Posadas y toda esa zona tiene tasas de Ingresos Brutos muy altas que de alguna manera también castigan al comercio y son fuertemente distorsivas”, sostuvo el funcionario en declaraciones a FM Show.
Nuevamente, el Gobierno nacional pretende que el esfuerzo y el costo político sean compartidos por los gobernadores. Ante el desmadre de los últimos días, el Presidente volvió a apelar a los gobernadores para dar señales de “cohesión” en defensa de las políticas económicas. El Jefe de Estado subrayó que “la mayoría de los gobernadores de Cambiemos, del Peronismo, intendentes, senadores, diputados estamos comprometidos” en los objetivos de achicar el déficit fiscal en todos los niveles del Estado.
“Si decimos que lo vamos a hacer, lo haremos y, si resolvemos eso, el crecimiento será ilimitado e infinito porque nuestra capacidad y talento son enormes”, enfatizó.
Y nadie duda en aplicar medidas que equilibren cuentas y achiquen costos. Pero son varios los gobernadores que salieron a advertir que el principal ajuste debe pasar por los gastos de la Nación –que no se reducen y, por el contrario, crecen con intereses de deuda- y no por las provincias que, con matices, están mucho más equilibradas.
El gobernador Hugo Passalacqua fue terminante. “Vamos a bregar todos, aún desde nuestro espacio de oposición, para que las metas de déficit de las cuentas públicas de Nación estén equilibradas para el 2020. Ya muchas provincias -y Misiones entre ellas-, con gran esfuerzo y austeridad han logrado ese equilibrio. Requerimos que la Nación también lo haga y sin perjudicar ni un milímetro a los sectores sociales más vulnerables; como tampoco se afecte la solvencia fiscal y bienestar de las provincias y de Misiones en particular”, expresó en un comunicado.
Misiones, efectivamente, es una de las provincias que puede exhibir un buen manejo de las cuentas públicas, con empleo público lejos por debajo de la media, desendeudada y con escasa exposición en dólares. Otras provincias, alentadas a tomar deuda, hoy deben 50 por ciento más que hace uno o dos meses por la corrida cambiaria.
Pero así y todo, el déficit se explica mucho más por el gasto de la Nación que por el de las provincias. No es, claro, con despidos a destajo ni con recortes de obligaciones elementales, que debería subsanarse ese rojo. La acumulación de vencimientos de deuda es una presión adicional que hasta hace un par de años no existía.
Misiones ha venido haciendo los deberes incluso antes de que el ajuste sea una obligación emergente del sistema. Passalacqua se anticipó al congelamiento de ingresos al Estado y Maurice Closs, como antecesor, había ideado una creativa medida para fomentar el retiro de estatales sin que pierdan demasiado poder adquisitivo. Sin estridencias ni el uso de dolorosos telegramas de despido. Ahora, la Legislatura provincial acaba de sancionar la ley de adhesión a la modificación de la ley de Responsabilidad Fiscal, para sumar a los municipios  al ajuste. Los intendentes no podrán gastar por encima de la inflación del Indec ni tomar empleados por encima de la proyección de crecimiento poblacional que mida el Instituto Provincial de Estadística y Censos. Como carta de intención, incuestionable. Pero los papeles no suelen ser fiel reflejo del terreno. ¿Cómo harán los intendentes para contener el gasto ante demandas sociales cada día más acuciantes? Lo mismo vale para los gobernadores, que piensan lo mismo que Passalacqua: que el peso del ajuste no debe recaer únicamente en las provincias.
Esta semana comenzarán los primeros escarceos en el debate por el Presupuesto. Los gobernadores están dispuestos a acompañar, pero también a poner condiciones.
Misiones es caso de estudio. No un fenómeno casual. Hasta fines del siglo pasado, la provincia estaba entre los primeros puestos de cuanta estadística social negativa se analizara. Aplicó descuentos salariales a los estatales y se endeudó dos veces y medio su presupuesto, mientras que la pobreza y el desempleo crecían sin parar.
Hoy es una de las pocas que paga los sueldos a término, anticipó un aumento pactado en paritarias y sigue sin endeudarse. No pasó tanto tiempo, pero hubo decisión política.
Por eso en la Renovación advierten que es momento de refugiarse en el “misionerismo” como concepto político. No se deja de lado el compromiso de gobernabilidad, pero habrá cambios en la gestualidad. Los principales dirigentes recibieron un consejo del presidente de la Legislatura, Carlos Rovira, a sazón, el conductor de la Renovación: “Trabajar más y fortalecer el misionerismo”. ¿Qué es el misionerismo? “Es pagar los sueldos al día, estar desendeudado, la reducción histórica de la mortalidad infantil o batir récords de secuestro de droga.
En la oposición, en cambio, reina la desorientación. Los del PRO puro no encuentran cómo defender algunas decisiones del Gobierno nacional y algunas actitudes de los propios –cayó muy mal el viaje del concejal Diego Barrios al Mundial de Rusia, donde compartió tribuna con Facundo Sartori, aunque éste no tiene que justificar faltazos-. Los radicales se inmolan como los conversos, mientras intentan disimular que el último gran boina blanca, Raúl Alfonsín, se paraba en las antípodas del modelo político actual.
Desde afuera, hace su juego el partido Agrario, que puede lanzar dardos sin preocuparse por los efectos en la gobernabilidad.

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El partido de la Argentina

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A falta de una alegría que llegue desde la estepa rusa, el Gobierno nacional celebró las jugadas del equipo económico y la calma aportada por el Messi de las finanzas, ahora sentado en el Banco Central.  Los primeros días de Luis Caputo en su nuevo rol vinieron acompañados por una tardía y leve baja del billete verde.  En paralelo, en el día de la Bandera, el Fondo Monetario Internacional giró la primera parte del auxilio de 50 mil millones de dólares, que se usará para fortalecer reservas y bajar la presión cambiaria, con la promesa de liquidar cien millones de dólares diarios para calmar a las fieras del mercado. Pero el gol que se gritó con ganas fue la calificación de la Argentina como “mercado emergente”, por parte de la consultora Morgan Stanley Capital Internacional (MSCI).
El reconocimiento  permitió un “ascenso” de la Argentina en el mundial de las inversiones financieras. ¿Qué méritos hizo para celebrar? ¿Qué significa ese reconocimiento? Para el Gobierno es una muestra de “confianza” de los mercados y una oportunidad para generar la demorada lluvia de inversiones y aumentar el empleo que está mostrando los primeros síntomas de agotamiento.
La realidad es que no hay que celebrar en exceso. Morgan Stanley no hace más que premiar que los países que liberan trabas a los movimientos de capitales. No hace una evaluación de la situación económica ni social. Por caso, Grecia, que pasa una de las peores recesiones, es un mercado emergente y era un mercado “desarrollado” mientras se desataba la crisis. El FMI bueno, que le brinda financiamiento, le acaba de exigir 42 años de ajuste para poder cumplir las metas y repagar la deuda asumida.
Tampoco es garantía que ser un mercado emergente modifique sustancialmente las condiciones económicas y atraiga capitales productivos. Argentina fue considerada un mercado emergente en 1988, a meses de la hiperinflación que apuró la salida de Raúl Alfonsín. Siguió durante todos los 90, mientras que crecían la pobreza y el desempleo e incluso se mantuvo durante el fugaz mandato de Fernando De la Rúa. El corralito, la pobreza explosiva y el estallido no modificaron la nota. La devaluación de Eduardo Duhalde y los primeros años del kirchnerismo, tampoco. Recién en 2009, cuando la ex presidenta Cristina Fernández impuso controles de capitales, se perdió la categoría para pasar a ser un mercado “fronterizo”.
Cuando Macri asumió, se pidió el reingreso. Desde entonces, el Congreso argentino aprobó una reforma a la ley de mercados de capitales para reducir el poder de los reguladores y aflojar restricciones. Pero recién se “premió” al país después de garantizarse de que no hubiera ninguna intención de volver a aplicar restricciones.
La agencia Reuters señaló que “la respuesta ortodoxa del Gobierno a corrida devastadora contra el peso demostró que el riesgo de un retorno a las políticas intervencionistas era bajo”, según Jeffrey Lamoureux, analista senior de riesgo país para América Latina en BMI Research en Nueva York.
“En ningún momento consideraron tirar las vallas y decir que no se puede sacar dinero”, observó Lamoureux. “Es un claro respaldo a la respuesta del Gobierno a la crisis”, enfatizó.
Curiosamente, los controles que se eliminaron para ser un “mercado emergente”, son los que permitieron la fuga de más de 15 mil millones de dólares en las últimas semanas (en mayo se fugaron 6213 millones de dólares, la mayor cifra desde la salida de la Convertibilidad).
Con excesos Cristina, se impusieron límites para la compra de dólares, había que justificar ingresos y se fijaron techos para el giro de utilidades al exterior. Todo eso desapareció.  El precio de pertenecer es resignarse a ceder ante las ambiciones del capital de moverse con libertad.
Parece no ser motivo de preocupación en el Gobierno, que todavía celebra las consecuencias de la corrida cambiaria. “En el corto plazo estas cosas tienen costo, pero yo creo que de mediano y largo plazo no hay mal que por bien no venga, es lo mejor que nos pudo haber pasado, esto nos obligó a ir a pedir el crédito al Fondo Monetario y esto da mucho mayor certidumbre particularmente con el financiamiento, porque dependemos del financiamiento externo”, explicó Caputo con la singular empatía con quienes padecen en el bolsillo el exceso de optimismo del equipo económico.
Para atenuar la especulación contra el peso, el Gobierno entregará cien millones de dólares diarios de reservas durante 75 días. También subió las tasas de interés de las Lebacs hasta un gravoso 47 por ciento. El efecto cascada es una economía paralizada con empresas imposibilitadas de financiarse. Los empresarios misioneros comienzan a advertir que el modelo se inclina  hacia un sector que no los tiene como destinatarios.
 “No vendemos nada”, confesó preocupada una fuente bancaria al ser consultada por el efecto de las tasas en la economía misionera.  La tasa del 47 por ciento es referencia como piso. Llegan hasta triplicarse de acuerdo al tiempo del préstamo y las garantías ofrecidas. Un asalariado medio, por un crédito a doce meses, debe pagar una tasa efectiva anual del 48,21 por ciento, sin IVA. A 36 meses se eleva a 54 por ciento. Mientras que al Gobierno le extendieron el margen de la tarjeta de crédito, la financiación minoritaria se hace insostenible.  Las empresas que están endeudadas en dólares –muchas industrias misioneras y especialmente aquellas que tienen alguna porción de su mercado en el exterior-, tienen una deuda 50 por ciento más  elevada que en diciembre del año pasado.
El segundo semestre será mucho más difícil”, prometió, alentador, el flamante ministro de Producción, Dante Sica, quien venía a poner a andar la maquinaria que no supo mover el sonriente Francisco Cabrera.  
Misiones no escapa a la realidad económica ni a las consecuencias políticas. El debate de fondo estará dado en la ley de Presupuesto 2019, analizó el secretario de Hacienda, Adolfo Safrán. Es que la Nación tiene la idea fija de compartir el costo del ajuste con los gobernadores, especialmente en subsidios y fondos para obra pública.
“Vamos a hacer lo mismo, pero en vez de ir a 50 kilómetros por hora, a cien”, aseguró el radical Luis Pastori en defensa del gradualismo de Macri,  pero ahora a gran velocidad.  El achique se sentirá en subsidios, primero, aportes discrecionales y obra pública, reconoció. Para el diputado aspirante a la fórmula de Cambiemos en 2019, las provincias pueden asumir el ajuste nacional porque “reciben coparticipación como nunca y en ascenso”.
A contramano de la especulación financiera, en Misiones se sigue apostando a financiar a las pequeñas y medianas empresas con créditos blandos. El Fondo de Crédito, diseñado por el gobernador Hugo Passalacqua como promesa de campaña, prepara nuevas líneas a tasas bajas, anticipó el director del ente, Horacio Simes. Una de las condiciones marcadas por el Gobernador es que se priorice a aquellos empresarios que generen mayor mano de obra.
La preocupación no es casual. Misiones se mantiene en el pequeño lote de provincias donde el desempleo no es una preocupación gravitante. De hecho, la desocupación bajó del 4,1 por ciento al 2,8 en el primer trimestre de este año. Es en la provincia gobernada por María Eugenia Vidal donde se concentra la mayor tasa, con 10,7 por ciento.
El promedio del país es de 9,1, con una “significativa” suba desde diciembre pasado, cuando se ubicaba en 7,2. En 2015 la desocupación era de 6,6 por ciento.
Por eso, la preocupación por sostener el empleo está más que justificada. Cualquier variación tiene un impacto directo en el poder adquisitivo y la pobreza de las familias. Hasta la Iglesia, distanciada del Gobierno nacional por el impulso que tomó el debate por la despenalización del aborto, pone el acento en la protección social. En la apertura de la Semana Social en Mar del Plata, la Iglesia cuestionó que “se acentúe cada vez más el enorme nivel de inequidad” y pidió que “el ajuste no lo tengan que pagar los pobres”.
Pero no hay nada que permita advertir una mejora en el corto plazo en momentos en que la Nación presiona por recortes y trasladar costos al interior. Una de las ideas sería que los gobernadores asuman parte de los subsidios y recortar al máximo los programas sociales. Es un ajuste que ya comenzó con la subejecución de partidas. Hasta ahora no hubo respuestas de Carolina Stanley sobre los fondos adeudados a comedores escolares en Misiones.  Por lo menos, el coordinador del Fondo Especial del Tabaco, Marcelo Claudio Viegas Calçada, asegura que el dinero de los tabacaleros no se tocará y que no está entre las imposiciones del FMI.
La otra variante es minimizar el gasto en obra pública y que éstas se financien con Participación Público Privada, un mecanismo que se probó en el centro del país. Pero una cosa es una autopista en el centro del país y otra el asfaltado de una ruta en un paraje del interior. El interés no será el mismo, se quejan los gobernadores, que advierten que habrá que hacer muchas concesiones para atraer inversores.
Es cierto que las provincias hoy cuentan con mayores recursos, como celebra Pastori. Pero ese veranito obedece a condiciones que no son permanentes, como la elevada tasa de inflación y la paulatina devolución de fondos retenidos por la Anses. En cambio, la Nación quiere imponer un gasto permanente, como ya ocurrió antes con otros servicios, como la educación. Algunas sobrevivirán más tiempo. Otras colapsarán bajo el peso presupuestario y ya no por el “exceso de gasto”. La mayoría, no es el caso de Misiones, tiene problemas serios para sostener el pago de la deuda pública que creció exponencialmente de la mano del dólar libre.
Son varios los gobernadores que tienen sus cuentas en orden y por eso no quieren aceptar la imposición del ajuste. No quieren ser parte de una foto en la que las provincias salgan desfavorecidas.  
En medio del Mundial, Argentina vivirá una pulseada con mucho en juego. El paro general de la CGT promete ser contundente. El más duro en los últimos ocho años y el primero en una escalada de mayor conflictividad si “no se corrige el rumbo”, según Juan Carlos Schmid, uno de los tres gordos del sindicalismo.   
En este escenario, la reelección de Mauricio Macri, que se daba por garantizada hace algunos meses, es hoy una incógnita. Es llamativo que las únicas defensas a ultranza provengan del radicalismo, que tiene escasa presencia en la mesa chica. En el PRO puro reconocen que no es tiempo de hablar de candidaturas y que aunque Humberto Schiavoni es el candidato principal para Misiones, es “pronto” para definiciones. Podría no serlo, lo que no garantiza que la fórmula sea encabezada por un radical.
En la Renovación insisten en que la mejor campaña es sostener las políticas públicas que son una marca registrada. El turismo, la seguridad y la salud están al tope de la agenda y eso se refleja en el grado de aceptación que tienen esas políticas en las encuestas. El Ahora Pan –que forma parte del Ahora Misiones- es un ejemplo del éxito de las medidas de protección de la economía local: panaderos de varios puntos del país pidieron a sus colegas locales la información de cómo se hizo el acuerdo para congelar el precio del pan mientras que en el resto del país sube por tarifazos y el costo de la harina. Misiones marcó la diferencia también en el Día del Padre: las ventas crecieron entre 20 y 30 por ciento. En el país, cayeron 6,4 por ciento.

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Cambios que nada cambian

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El 20 de noviembre de 2001 Federico Sturzenegger, entonces secretario de Política Económica presentó su renuncia por “razones personales”. El 14 de junio, de este año, Federico Sturzenegger volvió a renunciar, ahora a la presidencia del Banco Central, por culpa de “diversos factores” que “fueron deteriorando mi credibilidad”.
Sturzenegger fue uno de los diseñadores del “megacanje” que se selló el 16 de mayo de 2001, que no sacó a la Argentina de la crisis de la deuda, sino que la aumentó en 53 mil millones de dólares sumando capital e intereses. Fue procesado por esa operación financiera.
El Fondo Monetario Internacional, unos meses antes, había acordado el blindaje por 38 mil millones de dólares. Ahora Sturzenegger fue uno de los negociadores del nuevo acuerdo con el FMI, por un monto más generoso, de 50 mil millones de dólares para “prevenir” otra crisis. Se lo vio exultante y todos lo consideraban “fortalecido” por haber recuperado “independencia”.
En su carta de despedida, el economista no hace ninguna alusión a sus herencias, sino apenas a un “deterioro de credibilidad”.
El “deterioro” no lo pone, claro, en sus fracasos en cumplir las metas autoimpuestas. La inflación ya se calcula en más de 30 por ciento para este año y desactivar la bomba de vencimientos de las Lebacs será la prioridad de su reemplazante, Nicolás Caputo, el ex ministro de Finanzas. El dólar se disparó a 29 pesos, sin control, pese a la enorme pérdida de reservas para parar la corrida –más de 12 mil millones de dólares-.
Por supuesto que Sturzenegger no alude a esos problemas, sino a los internos, que le fueron licuando poder. En diciembre del año pasado el propio Caputo, Marcos Peña y Nicolás Dujovne habían anunciado el relajamiento de las metas de inflación, contradiciendo sus propios argumentos en favor de la “independencia” del Banco Central, que fueron enarbolados ahora en medio del acuerdo con el FMI.
La pérdida de confianza en el manejo del Central se profundizó desde ese 28 de diciembre, coinciden analistas, economistas y dirigentes políticos. ¿Por qué ahora Caputo, un hombre de Peña, podría generar confianza si a él le atribuyen la responsabilidad de esa pérdida? ¿Por qué si había “un modelo consistente” hace una semana, Sturzenegger se fue por falta de “credibilidad”?
Dujovne, ahora superministro de Economía, intentó mostrarse optimista después de una nueva baja en el equipo. Pero ratificó el mismo plan económico “para prevenir crisis”. Nuevamente, el problema no son las acciones propias, sino las externalidades.     
Dujovne se deshizo de Sturzenegger y aseguró que Caputo buscará “normalizar el mercado cambiario”. También dio el primer indicio de la subordinación al FMI: “Estamos en comunicación permanente con la directora gerente, Christine Lagarde, y otras autoridades del organismo, quienes ratificaron el apoyo ante los cambios que llevamos adelante”.
La llegada del Messi de las finanzas al Banco Central no generó la “confianza” esperada en los mercados. El dólar mantuvo su escalada y cerró la semana rozando los 29 pesos, con todo lo que eso implica en la evolución de los precios.
Este lunes habrá una nueva prueba con la licitación de nuevos bonos por cuatro mil millones de dólares para estirar vencimientos de las Lebacs.
Por ahora no habrá problemas. El FMI garantiza respaldos hasta con una inflación del 32 por ciento, aunque el Gobierno promete que no será más de 27. La meta “recalibrada” en diciembre del año pasado era del 15. Pero ahora se admite una inflación mayor a la de 2017.
La salida de Sturzenegger no fue la única de una semana convulsionada. Un par de horas después del decepcionante debut de Messi y Argentina en Rusia, Macri echó a Juan José Aranguren y Francisco Cabrera. El ex CEO de Shell es el responsable de los aumentos de combustible y tarifas. El otro, de casi nada.

Serán reemplazados por Javier Iguacel -hasta ahora en Vialidad- y Dante Sica, ex secretario de Industria, Comercio y Minería durante el interinato de Eduardo Duhalde y actual director de la consultora Abeceb.com.  
El año pasado, en Misiones, Sica había pronosticado la recuperación de la economía. “Hay consenso de que ello está sucediendo. Heterogéneo y a distintas velocidades y puede decirse que fue la salida más lenta de las últimas cinco recesiones, pero quizás sea la más sostenida, no por consumo inflado por anabólicos”, argumentó.
Tres cambios de ministros en menos de 48 horas. Quedan pocos del mejor equipo en 50 años. O no lo eran tanto. Solo sobreviven Marcos Peña, Rogelio Frigerio (Interior), Patricia Bullrich (Seguridad), Germán Garavano (Justicia), Carolina Stanley (Desarrollo Social), Sergio Bergman (Medio Ambiente), Jorge Triaca (Trabajo), Andrés Ibarra (Modernización), Pablo Avelluto (Cultura) y Lino Barañao (Ciencia y Tecnología). Ya no están Jorge Lemus (Salud), Julio Martínez (Defensa), Ricardo Buryaile (Agricultura), Esteban Bullrich (Educación), Francisco Cabrera (Desarrollo Productivo), Susana Malcorra (Cancillería), Oscar Aguad (Telecomunicaciones), Juan Aranguren (Energía) y Alfonso Prat-Gay (Hacienda). Queda claro que mantener el modelo económico en estas instancias, requiere de sacrificios de los peones.
El último antecedente de un cambio tan brusco de gabinete se registra en marzo de 2001, cuando el fugaz Fernando De la Rúa le pidió la renuncia a todos sus ministros. Después se le fueron tres más por el ajuste anunciado por Ricardo López Murphy, también eyectado del gabinete por la presión en las calles ante el ajuste prometido.
El punto en común no es arbitrario. Si el dólar sigue aumentando, las metas de inflación serán difícil de cumplir, por lo que el Gobierno debe apostar a cumplir las otras metas, especialmente la reducción del déficit fiscal y el ajuste de gastos, que, de acuerdo a la Carta de Intención firmada enviada a Lagarde, pasará por el recorte de obras públicas, giros a provincias y despidos de estatales. Ahí estará puesta la expectativa del éxito del plan económico: el grado de aceptación política y social del plan de ajuste.   
Hasta ahora el debate político estuvo ocupado en la despenalización del aborto. La discusión en Diputados mantuvo en vilo a la sociedad, con una votación que no se resolvió sino sobre el final. Como con la 125, el país se dividió y hasta se puede percibir que las mitades estaban equilibradas en un tema que apareció en la agenda para obviar otros. Será el Senado el que tenga la última palabra sobre la ampliación de un derecho largamente buscada por el colectivo femenino.
La oposición parece tener los votos para sacar la ley tal cual salió de Diputados y está decidida a acompañar el impulso dado por la onda verde, sin ceder la iniciativa ante el Gobierno, pese a que fue el presidente Mauricio Macri el que instaló el debate.
Como en la Cámara baja, los misioneros votarán divididos. Hasta ahora el único que hizo público su voto a favor es Humberto Schiavoni. Maurice Closs tiene reservas y quiere introducir cambios para que se garanticen recursos a la salud pública y que las provincias tengan la potestad de adherirse o no. Maggie Solari aclaró que “hoy mi voto es el silencio”. La senadora salió al cruce de versiones que ya anticipaban su voto a favor. “No esperen verme en ningún espacio enarbolando un cartel a favor o en contra porque no lo haré por respeto a quienes piensan diferente. El único cartel que alzo es el de militante cuando estoy en ámbitos de política partidaria, en coherencia con el espacio político o movimiento que integro, las políticas públicas que propone y lleva adelante siendo Gobierno, como asimismo con sus definiciones y pronunciamientos respecto de los distintos temas que interesan a la sociedad. Esta legisladora estudia, escucha  y deja de lado sus creencias (y no me refiero sólo a las de tipo religioso) para plasmar en su voto aquella que entienda es la voluntad popular en Misiones”, sintetizó.
La oposición quiere apurar el debate en el Senado. Sabe que al Gobierno le conviene extender la discusión para que no se hable de otro tema, o por lo menos divida la agenda. Saludable sería que la pasión puesta en la onda verde se extienda al análisis de la economía. El Presupuesto 2019 será clave para las provincias y también para la marcha de la economía.
El Gobierno quería que el debate por el aborto se estire hasta septiembre, pero la oposición acelera los tiempos para comenzar a discutir las variables económicas.
La corrida cambiaria y los cambios en el mejor equipo tienen sus efectos en el humor social. Una encuesta de Synopsis revela una caída en la valoración positiva de la gestión de Macri (-1,3) y que las preocupaciones económicas siguen liderando el ranking de preocupaciones (51,0), mientras que por tercer mes consecutivo recupera terreno la preocupación por la corrupción (19,7). Luego de la crisis cambiaria, la percepción sobre la situación actual llega a su registro negativo más alto (65,9 cree que el país está peor en comparación al año pasado).
Y ya no es un problema solo de la política. El sector empresario también comienza a interpelar por resultados. El miércoles, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, pasó calores para defender el momento de la economía ante empresarios nucleados en la Fundación Mediterránea, un público que suele ser receptivo. Peña insistió en que se está “construyendo a largo plazo”, pero no supo qué responder cuando se le inquirió por el ahora. Los empresarios empezaron a “sentir el rigor” del momento, según admitió un misionero que estuvo en el cónclave con Peña.  Las altas tasas impiden el financiamiento operativo de las empresas y el acuerdo con el FMI trae más ajuste y recesión, sintetizó el hombre, que nada tiene que ver con la política.
No es el único. En distintas ramas de la economía misionera advierten que el descontrol de la suba del dólar y las altas tasas hacen difícil el funcionamiento de las empresas. En el sector exportador advierten que la devaluación no termina de beneficiar si va acompañada por una suba de precios. La rentabilidad se anula al tener que financiarse a valor dólar, mezclada con la disparada de los costos internos.
En el turismo, a diferencia de lo que celebró el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, tampoco están celebrando por la devaluación. Advierten que recién en el mediano plazo puede haber un repunte turístico que obedezca al dólar alto. Por lo pronto, sufren por la suba de los costos internos vía inflación.   
En el Gobierno provincial comenzaron a monitorear otras consecuencias del momento.
El impacto de la demora en los giros de fondos para comedores escolares obliga a la Provincia a redoblar esfuerzos para sostener la comida de 200 comedores que dependían de la Nación. Es poco dinero, nada en comparación con los millones de la especulación financiera.
La Legislatura tomó nota y ya hizo un pedido de informes al Gobierno nacional. Es allí donde se evidencian las mayores diferencias de modelos. La retórica de Martín Sereno –partido Agrario y Social- retumba en medio del silencio de los representantes de la alianza Cambiemos: ninguno sale en defensa del Gobierno nacional.
El esfuerzo propio todavía permite que se mantenga la actividad en áreas clave, como la construcción y hasta se sostengan el consumo y los precios, como las promociones bancarias y el congelamiento de tarifas eléctricas para las panaderías. Variables, como la deuda pública, que encendieron todas las alarmas en provincias vecinas, permiten advertir el acierto del rumbo tomado en Misiones en los últimos años.
Según un análisis del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), Chubut y Salta, gobernada por Juan Manuel Urtubey, son las dos provincias que más miran la devaluación y su deuda en dólares.
Buenos Aires y Chubut cuentan con un 33% y un 43%, respectivamente, de vencimientos en moneda extranjera.
El gobernador Hugo Passalacqua volvió a marcar distancias con el modelo nacional, más allá de la permanente apelación a la gobernabilidad. En Dos de Mayo, en una fría siesta y rodeado de productores de la zona centro, hizo una encendida defensa del modelo provincial que está siempre “del lado del más débil”.
 “Estamos viendo cómo y por qué defendemos con tanta energía el Fondo Especial del Tabaco. Se escuchan rumores, no debe ser cierto… pero  lo vamos a sostener todos los que estamos acá, siempre vamos a estar del lado pequeño, del vulnerable, del que necesita, del que mete la mano en la tierra…nos van a tener al lado”, sentenció Passalacqua.

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