Lucas Doronuk

Docente, divulgador e investigador en proceso

¿Don’t tread on me?: El dilema de las armas en Estados Unidos

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Desde el siglo pasado, la sociedad estadounidense puso sobre la mesa una discusión más que interesante: el uso de las armas. Este país, entre tantas cosas, se ha caracterizado por ser el lugar indicado en donde conseguir un arma es más fácil que acceder al odontólogo. El verdadero american dream para los conservadores de todo el mundo.

Estas premisas vuelven a salir a la luz a partir de lo sucedido en la masacre de Uvalde, Texas, el pasado 24 de mayo. Nuevamente, las armas utilizadas para dañar a los inocentes, en manos de agresores con una historia de vida que fue dejada de lado por los círculos sociales y por el mismo sistema. La pérdida de más de 20 vidas, entre ellas, la mayoría de niños, volvió a teñir de sangre a la tenencia de armas en Estados Unidos. Voces a favor y en contra, en una sociedad donde la portación de una pistola es más corriente que en algún otro país.

¿Guns, Freedom and God? 

La historia de Estados Unidos con las armas está signada por un fuerte proceso independentista de carácter virulento. En 1776 se declara la independencia de Estados Unidos por sobre la hegemonía británica en la zona. Los primeros años de la joven nación estadounidense tuvo como protagonista a fuertes combates en la guerra de independencia y el intento de construcción de una nación autónoma y soberana. Lógicamente, Gran Bretaña, madre de la patria de Estados Unidos, no pensaba dar el brazo a torcer, y es, con absoluta claridad, uno de los determinantes para el apogeo de la utilización de las armas en la actualidad estadounidense. 

Para la construcción del propio estado de los Estados Unidos, era necesario, como en todos los actuales modelos republicanos y democráticos de la actualidad, la necesidad de tener un corpus de leyes que pueda ser mediador de las relaciones sociales internas del país. Esta ley magna, conocida como la Carta de Derechos estadounidense (Bill of rights) contiene una enmienda fundamental para entender el proceso de construcción de consenso a la hora de portar armas: la Segunda Enmienda. Esta permite, hasta el día de hoy que los defensores de la tenencia de armas sigan manteniendo sus discursos. Dicha enmienda protege al pueblo de Estados Unidos de poseer y portar armas. 

La Segunda Enmienda dice lo siguiente: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”. 

Esta traducción es tomada de los Archivos Nacionales de Estados Unidos. Esa enmienda fue propuesta en 1789 y finalmente aprobada en 1791. 

Ahora bien… ¿Hay una explicación para semejante institucionalización de la portación de armas? Claro que la hay, y básicamente se explica en la amenaza constante de las potencias europeas. Desde que la independencia de Estados Unidos se transformó en un hecho, la necesidad de Gran Bretaña de volver a contar con las colonias norteamericanas era imperante. Ante esto y los consecuentes roces armados en distintas zonas de la región atlántica de Estados Unidos, incluyendo a comerciantes, llevó a los actuales próceres estadounidenses a pensar en la posibilidad de la defensa como parte del aparato institucional. Armar a toda su población a través de la Segunda Enmienda fue básicamente una estrategia interna y externa. En la primera premisa se entiende la necesidad de tener un ejército robustecido ante cualquier avance de fuerzas extranjeras, más allá que los mismos sean tropas no profesionales. Por otro lado, a nivel externo, fue un llamado de atención para Reino Unido. Esto se explica en la necesidad de construir una imagen de un pueblo fuerte, resistente y con capacidad de dar batalla a un gigante mundial como lo era la corona británica por esos años. De hecho, esa constante sensación de invasión y conflagración fue argumentada con los sucesos ocurridos en la Guerra Anglo – estadounidense entre 1812 y 1815.

Entendiendo este derrotero histórico, es simple ver que la Segunda Enmienda tiene un fundamento meramente contextual. El hecho de una nación en defensa de su territorio dista mucho de la actualidad de Estados Unidos, la gran potencia mundial desde el siglo XX y con un prontuario enorme en cuanto al “mal uso” de las armas respecta.

En base a esto, modificar una enmienda de semejante preponderancia pareciera ser una tarea prácticamente imposible. Aquí cabe recordar que hay un gran sector de la población de Estados Unidos que apoya a ultranza la posesión y comercialización de las armas. Sin embargo, hay otra cuestión por demás importante: el costo político. Suponiendo que el gobierno de Joe Biden decida tomar cartas en el asunto y llevar adelante la sola idea de una reforma constitucional con el fin de revocar o cambiar esta enmienda, no solo sería histórico o revolucionario, sino que abriría el panorama a una situación de descontento generalizado tan evidente en la ciudadanía más conservadora y recalcitrante de Estados Unidos, que inclusive podría abrir el panorama a una radicalización de estos grupos. El costo político de trastocar una de las leyes fundamentales del génesis estadounidense podría significar una mayor oposición armada, e inclusive la posibilidad de ejercer golpes de Estado con total liviandad. La rudeza del ala más dura de los republicanos podría manifestarse y poner en riesgo el afianzamiento del Estado de Derecho de Estados Unidos. 

Palabras más, palabras menos… El intento de sofocar las oleadas de matanzas y masacres en Estados Unidos a través de una prohibición o cambios en la Segunda Enmienda, sólo podría generar una reacción aún más violenta. De hecho, uno de los argumentos expuestos por los “pro-guns” es que el hecho de tener una ciudadanía armada podría servir para tener en constante amenaza a la clase dirigente en que no transformen al Estado de Derecho en una tiranía. Don’t tread on me

¿Quiénes defienden el uso de las armas?

La política estadounidense es, casi por definición e historia, un sistema bipartidista. En este sentido, hay dos grandes partidos políticos que priman por sobre el resto: demócratas y republicanos. Estos últimos son generalmente los más asociados, desde la opinión popular como desde la defensa pública, como los más allegados al uso de las armas como así también a su comercialización. Sin embargo, y más allá de sobradas pruebas que demuestran el affaire de los republicanos con revólveres, pistolas y rifles, cierto es que no todo se puede remitir meramente a la cuestión partidaria.

Hay situaciones que ameritan una perspectiva mucho más sociológica. El sur de Estados Unidos es una región la cual, luego de la Guerra de Secesión (1861 – 1865) se comenzó a construir, desde el imaginario social, un prototipo de persona con características denotadas y, principalmente, una postura de defensa absoluta de la portación de armas. Más allá de los prototipos creados sobre los rednecks, hay una explicación para comprender el deliberado uso de armas, como se dijo previamente. En principio, el sur de los Estados Unidos luchó por un modelo de producción agraria, contra un modelo de producción industrial del norte durante la Guerra de Secesión. Ante la derrota del sur, Washington supo comenzar a unificar su estrategia de modo de acumulación del capital. Sin embargo, en el sur, casi por costumbre, se heredaron una serie de comportamientos: uno de ellos fue el de mantener un fuerte arraigo a la producción en los campos en contraste con las urbes cosmopolitas industriales. Este es un fenómeno interesante, ya que la protección de los campos lleva al auto – sustento de seguridad de los propietarios, quienes, mediante la utilización de armas de fuego, cuidaron y siguen cuidando sus campos hasta el día de hoy. Solo basta con ver la típica imagen de las películas “yankees”, donde se aprecia a un anciano con una escopeta en una silla mecedora. Cabe recalcar que esta imagen no es completamente homogénea y, claramente, no toda la población sureña es así, sino una pequeña parte, aunque peligrosa.

Ahora bien, la utilización de las armas para defender sus campos es una explicación hasta casi obvia. En este apartado hay que leer entrelíneas, y de esa forma cabe ver que la formación de la idiosincrasia del sureño estadounidense mucho tiene que ver con romper toda semejanza con el norte. La portación de armas, entre otros aspectos, son formas de rebelarse históricamente al dominio del norte industrial, cosmopolita y europeísta. Así también, son varias las aristas que se conjugan aquí, como ser los extremistas religiosos, el racismo confeso (por ejemplo, el KKK) y la exaltación de la cultura regional. Esos parámetros ampliamente polémicos conforman a un colectivo imaginario que es uno de los más grandes defensores de la portación de armas, casualmente avalados por la propia constitución estadounidense. 

Lógicamente que, en este gran grupo de adherentes, hay facciones anarcocapitalistas, conspiranoicos, grupos cuasi paramilitares, mafias y organizaciones criminales, y personas que han sido atravesadas por procesos de asimilación y de consumo del “ser” ultranacionalista estadounidense, que enarbola la bandera de la utilización, posesión y comercialización de las armas. Asimismo, el paulatino crecimiento de los niveles de inseguridad en las grandes urbes en conjunción con el precario accionar de la policía local y estatal en Estados Unidos, llevó a que la propia ciudadanía tome cartas en el asunto sobre cómo defenderse a sí mismo y a su propiedad. Detroit es el claro ejemplo del crecimiento industrial casi porcentualmente con el crecimiento de la inseguridad.

Para mayor complejidad, se suma un agregado más, y es el de las nuevas tecnologías de la comunicación. Las redes sociales han sido y siguen siendo grandes plataformas de formadores de opiniones, en los cuales pululan los discursos racistas, supremacistas, golpistas, anti cientificistas y xenófobos, entre otros. Se transformó en un sitio ideal en donde los adeptos a estas nefastas ideas encuentran a sus pares, y ven potenciados sus discursos al creer en la magnificación de los mismos. De esta forma, la formación de generaciones jóvenes se ven claramente seducidas por estas ideas puestas en una plataforma de consumo inmediato y virtual.

Asimismo, Estados Unidos presenta una situación que suele repetirse también en Latinoamérica. El bullying pareciera ser una problemática transversal a los modelos occidentales, en los cuales el acoso de una persona o un grupo sobre un perjudicado, termina provocando una herida enorme. En gran parte de las masacres que se han visto en Estados Unidos durante las últimas décadas, se puede apreciar a un agresor que pasó por un círculo de familia y escolar que han sido complicados o no lo suficientemente contenedores para con esas personas, como así también una sociedad cómplice que replica estas prácticas, sin poder generar un consenso para evitarlas con total solvencia desde las decisiones políticas. Es, lastimosamente, una constante cuando uno habla de matanzas o tiroteos. Claro está, que estas personas pueden llevar a cabo con total liviandad los semejantes actos que cometen debido a una legislación que los ampara y con una sociedad que fogonea la portación de armas, inclusive con un reciente ex presidente, tal como lo es Donald Trump.

Es menester también tener en cuenta a un grupo que institucionalizó y aglomeró a los fanáticos de las armas en Estados Unidos. En este sentido, la Asociación Nacional del Rifle es un espacio fundamental para los defensores de la portación de armas. El mismo fue fundado en 1871 y es el lugar en donde los discursos se transforman en acción, en donde, colectivamente, se defienden los ideales más conservadores del Estados Unidos profundo. Las decisiones que se tomen en esta comunidad son fundamentales para entender la problemática de la portación de armas en Estados Unidos. 

Estados Unidos y el culto al revolver 

Ante el inmenso grupo de personas que abogan por el uso de las armas, la proliferación de matanzas, masacres y tiroteos públicos ha sido moneda corriente, como ya lo hemos comentado previamente. Cifras de hasta el año 2018, tomadas por encuestadoras privadas dan un total de 120 armas por cada 100 habitantes de Estados Unidos, un número verdaderamente sorprendente. Según datos recabados por Gun Violence Archive, desde el año 2019, en Estados Unidos hubo más atentados y tiroteos públicos que días, con cifras realmente escalofriantes. Sin ir mas lejos, según esta asociación sin fines de lucro, el año pasado hubo 692 episodios violentos en donde las armas fueron el protagonista principal. Siguiendo con los datos, en 2020 hubo más de 45 mil víctimas por armas de fuego según el Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. 

Estos datos solamente revelan el flagelo de un país entero ante la propagación de una verdadera cultura de las armas. Las diferencias sociales, políticas, económicas, culturales y étnicas, pareciera ser que quedan en segundo plano cuando se trata de este tipo de crímenes que, claramente, conmueven al total de la sociedad. Más allá de esto, solamente hay 8 Estados que tienen estrictas regulaciones a las armas de guerra y asalto: Nueva York, Nueva Jersey, Washington DC, California, Massachusetts, Maryland, Connecticut y Hawái. El resto de los Estados que conforman al gran imperio del norte simplemente se apegan a las leyes establecidas desde nación, e incluso hay Estados con menores regulaciones que el resto: Minnesota y Virginia. 

Las armas en el resto del mundo 

Indudablemente que para poder afirmar que la posesión de armas como una práctica legal y accesible en Estados Unidos es uno de los motivos por el cual tienen lugar más atentados, cabe realizar una comparativa con el resto del mundo y sus realidades. 

Según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, 53 personas murieron por día con ataques que incluyen a las armas de por medio, y  pareciera ser un número verdaderamente alto. El mismo dato está cruzado con el total de que 79% de los homicidios en general en Estados Unidos están asociados a la utilización de armas. Ante esto, cabe ver de manera comparativa con el resto del mundo. Por ejemplo, en Canadá, el 37% de las muertes fueron por armas de fuego, siempre tomando al 2020 como el año de análisis, en tanto que en Australia fue del 13% y Gran Bretaña del 4%. Estas cifras están fuertemente atadas a la explicación de una legislación que apoya (o no) a la proliferación de las armas en el común de las calles. 

Uno podría pensar que estos números simplemente explican la actualidad de Estados Unidos. Sin embargo, en un país de amplia complejidad como se explicó en clave histórica, un punto a tener en cuenta es el dato que revela Adam Lankford, un profesor asociado de justicia criminal en la Universidad de Alabama, quien reveló que entre 1966 y 2012 hubo 90 tiroteos masivos en Estados Unidos. Lógicamente, ese número se incrementó de manera exponencial como se expuso previamente, sin embargo, esos tiroteos y matanzas en EE.UU. forman parte de un total de 292 en todo el mundo con el mismo lapso de tiempo. Es decir, que, en 46 años, la cantidad de tiroteos solamente en Estados Unidos representó al total del 31% de los tiroteos globales. Una cifra indudablemente alarmante. 

Por otro lado, Estados Unidos es, por “goleada” el país del G7 con más cantidad de tiroteos, y asimismo es el país que representa un 57% más de atentados en sus escuelas que en el resto de las naciones industrializadas. Estos son datos tomados de diversos medios de comunicación con asiento en el país hoy presidido por Joe Biden. 

En el caso de Argentina, la compra de armas de manera legal es algo regulado firmemente por el Estado. La tenencia de armas está sujeta a poder transportarla descargada y separada de sus municiones, como así también para fines lícitos como la caza o el tiro deportivo. Previamente hay que contar con la credencial de Legítimo Usuario de Armas de Fuego y con un registro completo del arma en cuestión. En este apartado cabe recordar que, en el mercado negro y sobre todo en los sectores más desfavorecidos la compra y venta de armas no goza de estas regulaciones, ya que se encuentran fuera del sistema. Esto también es una constante que se repite en América Latina, donde Argentina si bien presenta día tras día casos de violencia relacionados a la utilización de armas en grandes urbes como CABA, Gran Buenos Aires y Rosario, es incomparable a los datos de otros países de la región, como Brasil, en donde el 72% de los homicidios se deben a la utilización de armas de fuego, y, yendo más lejos, el brutal caso de El Salvador, en donde el 91% de los homicidios son por armas de fuego. En este sentido, las desigualdades sociales son las explicaciones centrales que dichas problemáticas, sin contar con el accionar de las pandillas en el caso salvadoreño. 

Más armas que rosas

Estados Unidos, una de las capitales históricas del rock n’ roll definitivamente tiene más armas que rosas, parafraseando a la emblemática banda de hard rock, Guns n’ Roses. El panorama de este país pareciera no poder torcerse con una simple medida del Senado, ni tampoco podría cambiar radicalmente con una imposición rígida. Así como se construyó durante décadas e incluso siglos, esa cultura a las armas, costará mucho tiempo poder desarticularla. Si bien, la progresía a nivel mundial pudo poner de manifiesto esta situación, lo cierto es que, dentro de las propias fronteras de Estados Unidos, los demócratas cuestionan y lamentan los tiroteos y sus víctimas, pero engrosan su presupuesto nacional en defensa y en capacidad armamentística. Los estadounidenses lloran por las víctimas de los tiroteos en las escuelas, pero paralelamente bombardean escuelas en Medio Oriente. Estados Unidos y sus representantes demócratas buscan repensar estrategias como el alza de la edad para adquirir un arma (de 18 a 21 años) pero mientras tanto financia la defensa total de países que les sirven de aliados geopolíticos en diversas regiones del mundo. Nuevamente, el problema pareciera no ser meramente las armas, sino los intereses detrás de las mismas. Mientras los debates siguen, la problemática estructural se agranda aún más, y lo más lamentable de todo, son los inocentes quienes siguen pagando.

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Cuando el mundo se detuvo en 1810

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El mes de mayo es un mes de gran importancia para el pueblo argentino. A través de la agitada semana del 18 al 25 de mayo de 1810, Buenos Aires dio el primer paso de los procesos independentistas y emancipadores de Sudamérica. La agitación de una Plaza de la Victoria con la incertidumbre de los sectores más pudientes, como comerciantes, letrados y clérigos, fueron testigos de un cambio fundamental en la historia argentina.

A pesar de lo ya conocido en los distintos sistemas educativos, sea nivel primario, secundario, terciario o universitario, la noción de la “Revolución de Mayo” constantemente se comprende como un punto de inflexión en la historia nacional con repercusiones inmediatas en el resto del globo. Luego del pronunciamiento revolucionario de mayo de 1810, el mapa geopolítico sudamericano y europeo cambió para siempre.

La explosión de mayo 

El principio del siglo XIX fue signado por una serie de problemáticas territoriales y de soberanía del entonces Virreinato del Río de la Plata. Cabe recordar que, previo a los sucesos de mayo de 1810, Buenos Aires soportó y logró repeler una serie de invasiones inglesas dadas en 1806 y 1807. En ese momento, y a nivel comercial, el dominio del puerto de Buenos Aires era estratégicamente fundamental. Cabe recordar que el dominio virreinal de España sobre el entonces Río de la Plata era ley: Buenos Aires solamente podía comerciar con barcos de bandera española. 

Ante semejante panorama comercial y, también, en el marco de comprender que el puerto de Buenos Aires era primordial no solamente para la producción de la pampa húmeda, sino también para lo producido fronteras adentro del Virreinato del Río de la Plata, como por ejemplo gran parte de las riquezas del Alto Perú, Cuyo, Mesopotamia y Tucumán, la queja por parte de los terratenientes, ganaderos y productores era moneda corriente.

Más allá de la penetración de las ideas ilustradas, lo cual fue una realidad, uno de los ejes fundamentales para la explosión de mayo fue determinar quién debía tener el monopolio del puerto de Buenos Aires. Los criollos pujaban por una política aduanera y comercial distintas, donde pudiesen llevar adelante sus transacciones económicas con tantos países quieran, principalmente con aquellos de bandera inglesa, holandesa y portuguesa. Sin embargo, esa situación fue denegada e imposibilitada con constancia. Tal y como se tratase de la actualidad, fue el establishment económico quien comenzó a mover el termómetro del humor social a favor de Buenos Aires. 

Sin embargo, como un fenómeno a tener en cuenta, esta imposición por parte de la corona española, solo motivó al favorecimiento y afianzamiento de una práctica: el contrabando. Gran cantidad de lo producido en Buenos Aires, como carnes saladas y cuero, fueron destinadas al comercio del contrabando. Cuando los jefes aduaneros de Buenos Aires dormían o miraban para otro lado, los extranjeros se llevaban gran parte de esa producción, y el bolsillo de los hacendados engordaba. Uno de ellos fue Domingo Belgrano, padre de Don Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, el padre de la patria. 

Esta es una de las razones más interesantes para comprender parte del proceso de emancipación de la incipiente futura patria argentina. Las causas políticas internas, como la aceptación rotunda de las ideas de la ilustración, son generalmente conocidas, pero el ensamblaje de las causas económicas corrientemente es dejado de lado. Mayo de 1810, una explosión política y económica. 

El derrumbe español 

El Imperio de los Reyes Españoles supo ser una de las organizaciones políticas más grandes del mundo. Colonias españolas no solamente en América, sino también en Asia. Sin embargo, el devenir histórico se llevó por delante a un coloso que no supo aggionarse a los tiempos. En el año 1688 se dio la Revolución Gloriosa en Inglaterra, abriendo camino al reformismo inglés y en 1789 se da la Revolución Francesa, con sus posteriores estadios, siendo el suceso creador de época de la contemporaneidad y el Estado de Derecho. En 1799 se da el golpe de Estado llevado adelante por Napoleón Bonaparte, donde se congratula como cónsul y, posteriormente, comienza la etapa del Imperio Napoleónico que duró desde 1804 hasta 1815. 

Hablar de Napoleón es hablar de la Corona Española, por cuestiones históricas. En 1808, tuvo lugar la invasión de las tropas napoleónicas sobre la península ibérica, dando como resultado la evidente ocupación de España. Las implicancias políticas más grandes fueron la abdicación de Fernando VII y el panorama de derrumbe político y económico español cada vez mas evidente. José Bonaparte, hermano de Napoleón, ocupó el lugar de la plaza del poder real español y las noticias repercutieron en todo el mundo, sobre todo en las colonias. 

¿Qué nos dice esto? Durante la Revolución de Mayo en 1810, el poder político monárquico que monopolizaba al actual territorio argentino, se encontraba acéfalo. La figura de Napoleón triunfaba, no solo a nivel político, sino a nivel social, intelectual y carismático. Las ideas francesas no fueron frenadas por ninguna frontera, sino que fueron potenciadas a través de la figura de los letrados criollos, quienes cuestionaron el orden real del poder español.

En este apartado cabe preguntarse si realmente hubo un levantamiento rebelde contra el orden político, entendiendo que el Virrey Cisneros huyó despavoridamente ante la evidente caída de Fernando VII, sumado a grandes situaciones de crisis económicas evidenciadas por la pésima gestión de los recursos de la corona en al menos un siglo. 

En la cuestión del proceso de debilitamiento del Imperio Español, hay otra arista interesante para comprender la diferencia para con las grandes potencias de la época: la religión. España ha sido la espada del catolicismo en América desde tiempos de la conquista. Ya sea con la evangelización y la inquisición, para los españoles fue primordial la imposición eclesiástica como parte de un modelo de organización socio – político. Ante esta decisión, casi de carácter hereditario, la expansión del catolicismo en las colonias españoles, terminó siendo un revés para el mismo imperio. España, por priorizar las órdenes religiosas, no logró ver las condiciones cambiantes de la institucionalidad política y de la dinámica capitalista del momento, y lo pagó caro.

 España no tomó nota de la incipiente formación del parlamentarismo inglés y del concepto reformista de la política que comenzó a tomar forma en Inglaterra luego de la Revolución Gloriosa. Los reyes españoles tampoco tomaron dimensión del cambio en el eje de producción de capital y de comercialización que los ingleses supieron plantear. No vieron el fin de los open fields y el comienzo de los cercamientos de terrenos. España no vio que el futuro del capital y que la figura de potencia económica estaba en la Primera Revolución Industrial iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII. Finalmente, la “madre patria” de América Latina no aprendió de Inglaterra, que los problemas religiosos debían ser internos y no extenderse hacia las colonias. Esto último no significa que no hayan existido problemas de índole eclesiástica en colonias inglesas, simplemente evidencia donde pusieron su prioridad los españoles y marcaron su propio declive imperial. 

España tampoco miró a la rebelde Francia. La caída de la monarquía francesa en manos del Tercer Estado y de cierta sensación de mancomunión de clases sociales yuxtapuestas, tuvo que haber servido de ejemplo para España, pero no alcanzó. Los españoles no supieron frenar el avance de las ideas de la ilustración, el achicamiento del Estado déspota, la creación de los tres poderes, el gobierno constitucional y la separación de la Iglesia – Estado. El siglo de las luces oscureció al retrógrado sistema político real español. 

Francia también demostró que la lucha armada era una vía de cambio significativo en la matriz política y social, y en ese sentido, sirvió de ejemplo para los combates independentistas en Latinoamérica. En algo donde España imitó a Francia, fue en la subestimación de las clases subalternas y del devenir histórico, desde el punto de vista de sus consecuentes reyes.

El impacto en Latinoamérica 

Finalmente llegó el 25 de mayo, el primer grito de libertad tras siglos de presencia española, las antípodas de una nación gigante como Argentina, comenzaba a tomar forma. Sin embargo, no hay que dejar de lado que el Virreinato del Río de la Plata no era conformado solamente por el actual territorio argentino, sino también por Paraguay, Uruguay y Bolivia. Las repercusiones regionales fueron inmediatas.

Paraguay, de la mano de Bernardo Velasco, se opuso fervientemente a la decisión revolucionaria de Buenos Aires. La decisión inmediata de Asunción fue la de jurarle lealtad al rey de España, aunque el mismo se encontraba apresado por las tropas napoleónicas. Ante esta iniciativa, la primera lectura que se puede hacer no es solamente la de la idea de pertenencia al imperio español, sino también la oposición a formar parte de un gobierno dirigido desde Buenos Aires. Paraguay tuvo su propia Revolución de Mayo en 1811.

Curiosamente, en este apartado, Misiones toma relevancia a nivel internacional. Fue el enclave estratégico para Buenos Aires, un territorio de las antiguas Misiones Jesuíticas, ubicado entre Paraguay y Brasil. De hecho, en 1810, Misiones se transformó en la primera provincia de la actual República Argentina en acatar el pronunciamiento de la Revolución de Mayo. Esta es una de las razones por la cual se desataron tantas batallas en territorio misionero, dando como resultado las épicas actuaciones bélicas de Andrés Guacurarí, el caudillo guaraní que se transformó en el gran ícono de la historia de Misiones. 

Con mucha relación con la historia misionera, el estallido de la Revolución de Mayo en 1810, sumó a José Gervasio Artigas a la causa revolucionaria, encabezando la Banda Oriental. Esta situación socio – política esta estrechamente asociada al comienzo del proceso revolucionario e independentista en Uruguay. El caso del actual país “charrúa” es interesante. Se han dado idas y vueltas en cuanto a causa revolucionaria uno refiere, aunque es inasequible que el estallido del cabildo abierto en Buenos Aires marcó el comienzo de su era de construcción de un Estado soberano e independiente. 

Para entender a la región en 1810, es necesario un breve panorama por el contexto económico. Si bien se nombró previamente sobre la importancia del monopolio del puerto de Buenos Aires como la salida principal del Virreinato del Río de la Plata hacia el Océano Atlántico, es menester también entender que Montevideo tuvo uno de los puertos más importantes de Sudamérica. Estos puertos siempre han mantenido una cierta competencia en cuanto a mayor capacidad de materias primas y manufacturas se podían comerciar; una cuestión meramente asentada en los sectores hacendados y su método de acumulación de capital. De hecho, un gran sector del actual territorio uruguayo, no vieron con malos ojos el desapego político de Buenos Aires para con la corona española, entendiendo que esta podría haber sido una oportunidad para posicionar a su puerto como el predominante de los ex territorios coloniales de Sudamérica. Más allá de eso, Uruguay fue epicentro de disputas armadas y de utilización de enclave estratégico. Luego de un año de agitación entre Montevideo y Buenos Aires, el Grito de Asencio en febrero de 1811 se considera el inicio del proceso revolucionario en Uruguay. 

Bolivia, por su parte, tuvo su propio 25 de mayo, pero de 1809 con los levantamientos de las ciudades de Chuquisaca y La Paz. Este proceso revolucionario se vio envalentonado por el accionar de los revolucionarios de Buenos Aires exactamente un año después. Asimismo, Bolivia tuvo una situación de inestabilidad caracterizada por el choque contra los realistas que duró hasta 1825. Casualmente fue el 9 de julio de ese año, el Congreso Constituyente en Chuquisaca proclamó la Independencia de Bolivia, aunque la misma fue fechada el 6 de agosto para que coincidiera con el primer aniversario de la Batalla de Junín. Bolivia y Argentina tuvieron sus “25 de mayo y 9 de julio”; naciones hermanadas por la historia. 

Las actuales potencias mundiales en 1810 

Si bien, con el correr de la contemporaneidad en el mundo, España y Francia siguen siendo países bien posicionados a nivel mundial, hoy los verdaderamente colosos de la política y economía global son otros.

En este sentido, se puede denotar que Estados Unidos ya había consumado su independencia en el año 1776 con su consiguiente guerra de independencia. En el caso del actual país gobernado por Joe Biden, lucharon contra los británicos. Curiosamente, la conflagración entre los incipientes estados de Norteamérica contra la realeza británica, fue un punto débil que favoreció a la Revolución Francesa. En la lucha por la geopolítica global a principios del siglo XIX, Inglaterra y Francia se disputaban la presencia en el norte de América. En ese sentido, las trece colonias atlánticas fueron apoyadas militar y económicamente, en parte, por Francia. Esto profundizó la crisis económica interna del país europeo continental, que tuvo su decante en un aumento generalizado de impuestos sobre bienes de primera necesidad, como la harina, la sal y el vino. Esta fue la gota de rebalsó el vaso y provocó el estallido sucedido en 1789.

Volviendo a Estados Unidos, luego de la Declaración de Independencia, se puede decir que, en 1810, la actual mega potencia de Norteamérica, se encontraba en la antesala de la Guerra Anglo – estadounidense en 1812. Este conflicto bélico duró hasta 1815 y significó el comienzo de la unificación de Estados Unidos. Casi como si fuese una condición sine qua non de las grandes potencias, una de las consecuencias de este enfrentamiento fue la imposibilidad de Estados Unidos de comerciar con otras naciones europeas. Un calco con el Río de la Plata. 

Rusia, actual país que se encuentra en guerra con Ucrania, casi como si estuviese en el genoma de la política rusa, en 1810 se encontraba en guerra contra el Imperio Otomano. En este enfrentamiento, el Imperio Ruso se quedó con Besarabia. Aunque, como si fuera poco, Rusia se encontraba con otro frente bélico: la Guerra ruso – persa. El resultado también fue de una victoria rusa, con el mantenimiento del dominio de los territorios en disputa y el freno a las tropas persas en Europa. Cabe recordar que, durante 1810, se llevaban adelante las batallas napoleónicas, y Rusia supo resistir a las mismas. De hecho, en 1815 y con Napoleón derrotado, Rusia fue parte del Concierto Europeo y la Paz Armada. Situación de reconstrucción del mapa político del viejo continente. 

En 1810, China se encontraba bajo un proceso de transformación social, política, económica y cultural de enormes dimensiones. Ya a fines del siglo XVIII, las fuerzas británicas buscaban a toda costa la dominación del gigante asiático, aunque nada hacia pensar que se podía corromper semejante cultura milenaria. Sin embargo, el as bajo la manga británica vino de la mano de una “droga”: el opio. La introducción de este aditivo provocó un descontento generalizado en los manejos imperiales chinos y que buscaron a toda costa el impedimento de la proliferación del opio. Esto desembocó en la Guerra del Opio entre 1839 y 1842 con la cual cayó la inmensa tradición china en manos británicas y abrieron paso a la primera etapa de occidentalización y dominio europeo de China. 

Mucho más que un feriado 

El recorrido histórico en clave de análisis geopolítico de las causas económicas y políticas, externas e internas del Río de la Plata dan una gran cantidad de respuestas a los aún más interrogantes que se plantean. Sin embargo, abrir el juego hacia el paradigma internacional genera un mayor panorama de comprensión y análisis de lo sucedido. Algunas de las reflexiones acerca de esto, es que el comienzo del siglo XIX vivió un dinámico cambio de fronteras, de poderes políticos, de dominios económicos y la paulatina caída de los regímenes monárquicos en el mundo. Indudablemente, las causas nacieron en Europa, pero Latinoamérica pudo mucho más que simplemente combatir al realismo. Buenos Aires fue artífice del proceso revolucionario integral de la Patria Grande de América Latina. Sin el cabildo rebelde de mayo de 1810, no hubiesen existido la independencia paraguaya ni la uruguaya. Bolivia no hubiese tenido una equivalencia de fuerzas para luchar en el Alto Perú contra los españoles, sin la decisión de Buenos Aires. Chile y Perú no hubiesen sido liberados tan fácilmente por la gesta patriótica, entre otras razones. 

Hoy en día, el panorama ha cambiado. Quienes supieron ser hermanos, hoy en día se encuentran amparados por una asimetría total. Cierto es que pasaron 212 años del grito de libertad de los revolucionarios de mayo y que sucedieron una cantidad de procesos históricos que han marcado el rumbo de la historia nacional. Pero esto solamente desnuda la diferencia que se mantiene hoy en día, Buenos Aires se ha posicionado como el gran centro de Argentina, y las provincias que lucharon por la causa de mayo, ven desvanecerse sus posibilidades de igualdad. Misiones fue la primera provincia en acatar la revolución, Tucumán y el norte argentino fueron grandes partícipes de la gesta independentista con la sangre de sus tropas. Pero hoy en día, la diferencia entre ellos y la capital argentina es sublime. Argentina fue tan grande en su génesis que, al mismo tiempo, las grandes potencias que llevan adelante la actual Guerra Comercial no eran ni la sombra del Río de la Plata. Estados Unidos solo era un puñado de colonias y China comenzó a ser dominada por Gran Bretaña. Un millar de palabras podrían explicar este proceso histórico, pero una frase podría resumir el origen argento: Argentina nació para ser gigante.

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Las mil y una noches de Erdogan: Turquía frena la expansión de la OTAN

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La dinámica europea es absolutamente vertiginosa desde que explotó el conflicto armado provocado por la invasión de las tropas rusas en suelo ucraniano, y ante eso, muchos países del viejo continente comenzaron a (re)pensar sus políticas de seguridad nacional.

Finlandia y Suecia, junto a otros países nórdicos europeos, históricamente se han caracterizado por no resaltar militar ni armamentisticamente, aunque también gozan de una reserva bélica de importancia. Pero la creciente amenaza rusa llevó a estos países escandinavos a buscar el cobijo en la OTAN. Sin embargo, un actor inesperado le puso un dramatismo novelesco: Turquía. 

La decisión turca

Recep Tayyip Erdogan es el presidente de Turquía desde 2014, y uno de los líderes más importantes de la geopolítica global. Un hombre de decisiones políticas recias y hasta conservadoras, pero que logró transformar a Turquía es un verdadero termómetro de la política europea.

El veto turco en la OTAN, dado desde la voz y decisión de Erdogan y su mesa chica, lejos está de ser un mero capricho. Aquí se habla de una estrategia de suma importancia que Ankara debe sobrellevar en un contexto internacional complicado. En principio, hablamos de la necesidad imperiosa de Turquía de poder promoverse, a los ojos del resto de los países, como un mediador diplomático entre Ucrania y Rusia. El hecho que Finlandia y Suecia ingresen a la OTAN, simboliza un giro de 180 grados en la política europea, dada por el impensado robustecimiento de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Turquía dice no, porque pierde protagonismo escénico como epicentro de resolución del conflicto bélico más importante que afrontó Europa desde la descomposición de la ex Yugoslavia. 

Paralelamente a esta postura de Erdogan, es de suma importancia leer el discurso o la construcción de relatos que se engendran desde Turquía como un impedimento al ingreso de Finlandia y Suecia a la OTAN. En este sentido, se habla pura y exclusivamente de la presencia de diásporas kurdas que han sido refugiadas en los países nórdicos. Esta es una debilidad de Erdogan, y aún potenciada por la figura del PKK. Turquía es un país intercontinental con diversas problemáticas internas. 

¿Qué pasa en Turquía? 

El gobierno de Erdogan se ha caracterizado por el intento de tener un orden impermeable por ningún tipo de asociación que no sea el mismísimo Estado. En este sentido, los kurdos se transformaron en el chivo expiatorio de todas las políticas represoras de choque que Ankara ha llevado como estandarte en los últimos años. 

En este apartado cabe resaltar que los kurdos conforman una nación milenaria que busca la construcción de un Estado (Kurdistán) desde, por lo menos, la descomposición del Imperio Otomano luego de la Segunda Guerra Mundial. Esta nación se ubica, territorialmente, en partes de Siria, Irán, Irak y el sur de Turquía. Para este último país, la presencia kurda simboliza una piedra en el zapato.

Para la construcción de Estados fuertes, tener conflictos, pero sobre todo territoriales, con movimientos separatistas, son un escollo, y aún más para un país jactado de potencia emergente como la Turquía de Erdogan. En este punto, el problema no es meramente étnico, entendiendo que los kurdos no representan una abrumadora amenaza en cuanto a adhesión social. Sin embargo, es el partido político mayoritario el verdadero desafío de Ankara: el PKK.

El PKK es el Partido de los Trabajadores de Kurdistán, fundado en 1978 y en plena Guerra Fría. Este representante de los valores históricos de los kurdos tiene unas características de origen que son de vital molestia para Turquía. El PKK se define como un partido político socialista, antiimperialista, antioccidental, feminista y ecologista. Lejos de las prácticas o discursos progresistas promovidos por las clases medias en países capitalistas de Occidente, los kurdos que forman parte del PKK, viven de acuerdo a los valores que pregonan.

Desde 1978, la presencia del Partido de los Trabajadores de Kurdistán ha significado una representación radical de los kurdos en los países en donde han tenido presencia, aunque el histórico conflicto siempre se desató en el sur de Turquía. Aquí, cabe resaltar que ante el impedimento de formar parte de coaliciones políticas de representatividad en el seno de los países donde se ubicaría el territorio kurdo, han radicalizado sus acciones hasta el punto de llevar adelante una serie de atentados en formato de estrategia militar guerrillera. El Estado turco siempre los combatió y son el enemigo público número 1 de Erdogan.

Ante la militarización de las facciones de choque del PKK, las respuestas de diversos países han sido inmediatas. De hecho, prácticamente no hay países en el mundo que reconozcan la autonomía histórica de los kurdos, y, asimismo, los embanderados en defensa de los derechos humanos de los pueblos, devenidos en potencias mundiales, siempre han mirado al costado cuando de Kurdistán se habló.

Las razones de la persecución al PKK, más allá de la cuestión enquistada en la seguridad nacional, se basa también en las consecuencias del mismo. Primero, se trataría de la formación de un Estado de carácter socialista en una zona del mundo en donde ni siquiera la Unión Soviética en sus mejores años pudo penetrar con absoluta solvencia. Por otro lado, la mera formación estatal kurda en manos del PKK, significaría delegar las grandes rutas de gasoductos y oleoductos que parten desde Oriente hacia Europa, y allí, ni Irán, ni Irak, ni Siria, ni Turquía se quieren dar el lujo de perder. 

Los diversos confrontamientos civiles del PKK con el Estado de Turquía, como así también su efectivo combate contra las fuerzas de ISIS, promovieron una gran diáspora de kurdos en el mundo. Han buscado no solamente asilo político, sino también un lugar estable en donde desenvolverse, y allí, el norte de Europa se ha convertido en un lugar de características idílicas. Cabe recordar que hoy, los kurdos, tienen representación en el Parlamento turco, aunque prácticamente sin peso en la balanza política que determina el corpus de leyes en Turquía. 

Un largo camino al norte 

Hasta el día de hoy, se habla de 3 millones de kurdos en las diásporas, muchos de ellos en calidad de refugiados. Lógicamente, las crisis humanitarias generadas por contextos desfavorables como las guerras y conflagraciones, han acelerado la decisión de los habitantes de buscar lugares de confort y bienestar social.

Los diversos gobiernos de centroizquierda que han tenido lugar en Finlandia y en Suecia, sobre todo desde la década de los 70, y más en el siglo XXI, han promovido políticas migratorias que buscan acoger a aquellos quienes han padecido en zonas de gran conflictividad. En ese sentido, Suecia y Finlandia son La Meca para los kurdos que se escapan de Siria, Irán, Irak y Turquía. 

Sin embargo, en esas corrientes migratorias, se fugaron varias personas consideradas como criminales de guerra para Ankara y su necesidad de eliminación del “terrorismo”. Una de ellas es Salih Muslim, un kurdosirio que se encuentra refugiado en Suecia desde hace varios años.

Ahora bien, en el marco del “pretexto” turco, los estadounidenses y los europeos tienen una razón para el apoyo de la cuestión kurda, más allá de sus ideas radicalizadas, aunque han sido medianamente aminoradas casi relativamente con el mayor aumento de representatividad diplomática y gubernamental de los kurdos en Turquía y Siria. El YPG (Unidades de Protección Popular), en su facción miliciana y guerrillera, han sido de vital ayuda en el combate contra ISIS y Estado Islámico en la zona en cuestión. Si bien, el islam es la religión mayoritaria en la nación kurda, gran parte de ellos no comparte las ideas del islamismo político propuesto por las células previamente nombradas. En este sentido, para Estados Unidos son vitales. Sin embargo, para Erdogan no es suficiente, entendiendo que el PKK y el YPG son exactamente lo mismo, ambas agrupaciones son consideradas terroristas. Desconexión con Europa. 

El jaque mate de Erdogan 

A simple vista, el viejo continente considera terrorista a uno (PKK) y como aliado al otro (YPG), pero para Ankara son lo mismo. 

Aquí hay que hilar fino y recordar que la política internacional es mucho más complicada de lo que parece. Erdogan busca posicionar las miradas y opiniones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte por el simple hecho de que países como República Checa y Noruega, también miembros de la OTAN, han dejado de exportarle armas a Turquía para combatir al YPG. 

Aquí es donde aparece la jugada maestra de Erdogan: crear una crisis interna en la OTAN. Para ello, hay que partir de la premisa que Estados Unidos es el país más poderoso de esta alianza militar, y como tal, siempre tiene la última palabra, por sobre los trazos burocráticos. Por consiguiente, casi como si fuese un “niño malcriado”, el berrinche de Erdogan es para poder establecer un trato directo con Joe Biden y que Estados Unidos pueda seguir brindándole armas para su lucha interna contra las facciones consideradas terroristas. 

Por otro lado, para Biden es el momento perfecto de ser el cabecilla de la Organización del Tratado del Atlántico Norte que se agranda con dos colosos económicos como Suecia y Finlandia en sus filas. 

Es decir, el impedimento turco solo ralentiza los intereses nórdicos y fastidia la necesidad de Biden de tener un ejército internacional fuerte, en un contexto bélico en Ucrania donde el ejército ruso pareciera no tener fin y el rublo se posiciona cada vez mejor. De esta forma, la presión de Erdogan es prácticamente extrema contra Washington, y ante un líder débil como lo es Biden, pareciera poder dar el brazo a torcer contra el gigante norteamericano. 

Lógicamente que cabe recordar que para que Suecia y Finlandia puedan ingresar a la OTAN, necesitan de todos los votos positivos de los miembros actuales, y el de Turquía con su veto, es verdaderamente una molestia para Occidente. Erdogan combate a los terroristas como si fuera occidental, y molesta a los estadounidenses como si fuera oriental. 

En consonancia hay que hablar de otra comunidad con la que Ankara coquetea hace décadas, pero no tiene el lujo de formar parte de ese selecto grupo de países: la Unión Europea. Turquía sueña desde 1990 con formar parte de la comunidad más importante de países europeos, pero se ve imposibilitado. En principio, cabe recordar que ha conseguido el estatus de candidato para ingresar a la UE en 1999. Sin embargo, siempre le cerraron las puertas, entendiendo que la ex Estambul no cumple con los requisitos básicos necesarios para formar parte de la comunidad. 

Aquí hablamos de los Criterios de Copenhague, escritos en el año 1993.  En ese documento se establece que un país que solicita su ingreso a la UE, debe respetar y utilizar el sistema democrático, debe proliferar el Estado de Derecho, debe formar parte de un sistema económico de libre mercado, pero el gran inconveniente de Turquía se da en los respetos por los derechos humanos y las minorías. El Estado turco no se hace cargo, hasta el día de hoy, de los actos cometidos por los Jóvenes Turcos contra el pueblo armenio entre 1915 y 1923. Este es conocido como el primer genocidio de la historia. 

El máximo mandatario turco actual, no solamente no lo reconoce enmarcado en el concepto de genocidio o crímenes de lesa humanidad, sino que además niega de la existencia de semejante aparato sistemático de tortura, persecución y asesinato al que se sometió al pueblo armenio durante el proceso de descomposición del Imperio Otomano. Esta es una de las razones por las cuales la Unión Europea le cierra las puertas a Turquía. El rol del gobierno turco como combatiente contra los movimientos considerados terroristas y la posición como mediador en la guerra en Ucrania son ejes fundamentales de comunicación externa, con el cual intentan decirle a la Unión Europea: “Acá estamos”. 

Línea directa con Putin 

Erdogan es uno de los pocos líderes mundiales que puede tener una charla de igual a igual con Vladimir Putin. Ambos gobiernan países con similitudes, tienen facciones orientales y occidentales, ambos son países que resultaron de la descomposición de imperios en el siglo XX, son líderes fuertes, estratégicos, calculadores, conservadores y de convicciones internas y externas dignas de emperadores. Ambos combaten el “terrorismo” o aquellas amenazas para las fronteras nacionales y la cohesión social; y también, manejan un país primordial para la geopolítica y el orden mundial, histórico y actual.

De esta forma, también hay que entender que Turquía y Rusia son grandes aliados comerciales, por su cercanía geográfica y por el “temor” que se tienen ambos. Turquía, como miembro de la OTAN, es una amenaza para Rusia desde tiempos soviéticos, y Erdogan sabe bien que tan solo una señal que Vladimir Putin haga, puede desencadenar en un brutal conflicto bélico entre potencias. 

Erdogan y Putin saben también que ambos son dueños y usufructuarios de los gasoductos y oleoductos que Europa necesita para sobrevivir. En ese sentido, las condiciones ideológicas quedan de lado, y se realza la necesidad de mantenerse en el tope del oro negro y el oro gaseoso. 

A partir de esto, es menester aclarar que la posición de Erdogan como un mediador entre Putin y Zelenski en el contexto bélico actual responde a la necesidad de tener equilibrio en el tablero geopolítico. Turquía sabe bien que, si la balanza se inclina en demasía para la OTAN, Vladimir Putin puede responder con la fiereza de una potencia militar con herencia soviética, capacidad nuclear y con amistades poderosas, como China, Irán y Corea del Norte. El resultado puede ser devastador. Sin embargo, si se mantiene al margen esa situación de hipotética expansión de acciones bélicas por parte de Moscú, hay otra razón más palpable: los mercados. 

Turquía, al igual que todos los países inmersos en la economía de acumulación de capital, no quiere perder sus negocios ni enfriar sus finanzas. Una guerra en un enclave tan importante como Ucrania, solo desemboca en una crisis que agudiza la situación económica ya existente promovida por el cimbronazo del COVID – 19. Desde esta perspectiva, Turquía busca también, con su veto, poder cuidar el mercado internacional y la capacidad de producción propia. Asimismo, cabe recordar que Turquía tiene una gran red de exportación de industria liviana con diversas zonas del mundo. Erdogan cuida a Turquía, cuida a Rusia y cuida a Europa, aunque lo padezcan los suecos, finlandeses y kurdos. 

El mundo a la espera de Turquía

En sintonía con la política de promoción de la cultura turca a través de las novelas, que tan populares son en Latinoamérica, lo de Erdogan pareciera ser el capítulo esperado, en donde el protagonista principal puede cambiar la historia de la novela para siempre. 

El resto del mundo se encuentra en vilo a través del posible ingreso de Suecia y Finlandia, de la reacción rusa y de las innumerables variables que puedan deslindarse a partir de ello. América Latina, en este sentido, espera en silencio. Prácticamente porque son pocos los países que no condenaron la invasión rusa y porque son varios los que velan por la expansión de la OTAN. Sin ir más lejos, la Organización del Tratado del Atlántico Norte tiene una suerte de sucursal de Sudamérica: Colombia. 

¿En qué afecta esto al sur de América? Básicamente hay que volver a pensar en la economía, en el gran golpe que podría significar una profundización de las acciones bélicas o, inclusive, el hecho de que Turquía se involucre aún más en este conflicto, puede llevar al fantasma de la desatención de un mercado con mucha demanda, como lo es el latinoamericano. Por otro lado, está el cambio de relaciones diplomáticas de Turquía con Sudamérica, se entiende que no es lo mismo el trato con Brasil que con Paraguay. Mercados e intereses distintos. 

Por otro lado, se puede pensar rápidamente en las consecuencias en el humor social generado desde las relaciones diplomáticas con Suecia y Finlandia, las rispideces que se puedan generar y el probable cambio de 180 grados si es que ingresan a la OTAN. Latinoamérica simplemente espera. 

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Soldado desconocido: Finlandia y el refugio de la OTAN

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La guerra ruso – ucraniana en suelo del país dirigido por Volodimir Zelenski ha dejado una serie de consecuencias tempranas que están a la vista de todos. Una de las resultantes de la invasión del ejército de Vladimir Putin en territorio ucraniano, es el dinamismo prácticamente inmediato en el tablero geopolítico mundial. Desde esta perspectiva, la OTAN se volvió a posicionar como causa y solución de los países, no solamente en disputa bélica, sino en condición de amenaza constante.

De esta forma, es conocida la posición de diversos países de formar parte de la OTAN. El primero que se mostró abrumadoramente interesado fue Ucrania. Las razones son lógicas, se encuentran padeciendo una invasión por parte de uno de los ejércitos más grandes del mundo y con mayor trayectoria y experiencia: Rusia. Sin embargo, una serie de países han mostrado interés en formar parte de las filas de la OTAN, como por ejemplo Moldavia, Suecia y Finlandia. El último caso es emblemático, ya que Finlandia rompió con ocho décadas de neutralidad a raíz de la amenaza de su seguridad nacional en el hipotético caso de una invasión rusa en suelo finlandés. Claro que no es la primera vez que Finlandia y Rusia tienen conflictos. En la Segunda Guerra, los escandinavos lucharon contra las potencias aliadas, y tras ser derrotados por la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, combatieron al Tercer Reich. Pero al finalizar la conflagración, Finlandia inicia otra guerra para recuperar los territorios perdidos a manos de los rusos. Un costado poco conocido de la guerra que fue retratado de forma magistral por la película Soldado Desconocido, basada en la novela del escritor finlandés Väinö Linna.

¿Qué es la OTAN?

Cabe la necesidad de realizar un breve contexto histórico. La palabra OTAN son siglas que significan Organización del Tratado del Atlántico Norte. Se trata de una alianza de carácter militar, gubernamental y política que aglutina a países europeos y de América del Norte. Fue fundada el 4 de abril de 1949 y en un contexto bastante particular: la Segunda Guerra Mundial había terminado, pero comenzaba la Guerra Fría.

En este sentido, si bien la amenaza nazi-fascista había acabado, el “fantasma” del comunismo asolaba a Occidente, y fiel a su estilo, Estados Unidos puso manos en el asunto para formar esta alianza que perdura hasta el día de hoy. Por su parte, la Unión Soviética formó su propia alianza llamada “Pacto de Varsovia” en el año 1955. 

Si bien el contexto fundacional ya no existe, la OTAN perdura y tiene preponderancia hasta el día de hoy. La razón se justifica en varias cuestiones. Por un lado, es el fin máximo entendido como la protección territorial de los países miembros, en dónde ante la amenaza de las fronteras o de la seguridad nacional de alguno de ellos, se activa la alianza para defender a ultranza de una amenaza externa. Prácticamente, y bajo esta premisa, la OTAN pareciera ser una comunidad que nunca tendría fin, entendiendo que los conflictos geopolíticos existirán en tanto existan los intereses de las naciones, gobernantes o Estados. 

Así y todo, hay otras razones. Por ejemplo, el país que es el líder simbólico y real de la OTAN es Estados Unidos. El gigante de América, de acuerdo a su historia siempre se encuentra en peligro y se embandera en la “defensa” de la democracia y el capitalismo, aunque sus intereses son más profundos de lo que puede parecer. 

Ante este recorrido histórico, es simple dilucidar las razones por las cuales hay diversos países que buscan ser parte de la OTAN. Una alianza que protege el status quo occidental. Además de eso, esta alianza está compuesta por 30 miembros actuales: el último de ellos en ingresar fue Macedonia del Norte en 2020, y según cifras símiles en los años anteriores, el presupuesto militar de los países miembros redondea el 52% del gasto militar mundial. La OTAN, con sede en Bruselas, es un coloso armamentístico global.

La sombra de la OTAN, la amenaza de Putin

Los alcances de la Organización del Tratado del Atlántico Norte pueden ser enormes. En este sentido, el mínimo ataque a un blanco de un país miembro puede desencadenar un conflicto de escalas apocalípticas. Ahora, la pregunta es: ¿La OTAN quiere una guerra contra Rusia? Contra viento y marea, esta alianza monumental busca evitar un enfrentamiento directo con Vladimir Putin, y viceversa, el Kremlin no quiere problemas con el Tratado de Washington.

Ambos son brutalmente poderosos, enormes y con un derrotero digno de imperios históricos. Cabe recordar que Putin heredó el poderío militar soviético y supo elevarlo al carácter de mega-potencia que el Ejército Rojo supo tener hasta 1991. Pero este “superclásico” de la política global no quieren enfrentarse. 

Hay varias razones por las cuales buscan evitar un enfrentamiento directo. En principio, algo que ambos comparten es el hecho de que los miembros de la OTAN como Rusia por su parte, buscan acrecentar su ritmo de generación de excedentes económicos y de posicionar a sus economías como líderes en un mundo regido por el capital. Aquí no hay pasado soviético que valga. 

De esta forma, es inviable pensar en un crecimiento económico a corto plazo en un contexto de guerra, aunque Estados Unidos sea una potencia en el marco de la industria armamentística. Sin embargo, hay más cuestiones y sobre todo una “voz cantora” que es determinante: China.

El país gobernado por Xi Jinping y, que mantiene una curiosa estructura estatal de política y economía denominada Capitalismo de Estado no quiere frenar su abrumador crecimiento. China es un aliado estratégico de Vladimir Putin, con sus idas y vueltas, pero siempre más cerca de Moscú que de Washington. 

El acercamiento estratégico de ambos países forma parte de un eje poderosísimo en términos políticos que no tiene un fundamento en común más allá que el de detonar los cimientos de poder internacional en el que se fundó la hegemonía estadounidense en todo el globo. A este dúo poderoso y bajo la idea anti-estadounidense, se le suman Irán y Corea del Norte. Un cuarteto extremadamente fuerte si hablamos en clave militar. 

Si bien la amistad sino-rusa es una realidad enmarcada en la complejidad de los dilemas geopolíticos y de la construcción de una coraza simbólica contra la OTAN, Xi Jinping no quiere frenar a la inmensa maquinaria económica china. Por consiguiente, si se desencadenara una guerra y aunque China tome o no postura, su economía se enfriará, y los chinos nunca pierden

De esta forma, hay dos razones por el momento: la economía y la palabra china. Sin embargo, se debe agregar algo más. Putin no buscaba generar un efecto en cadena de adhesiones a la OTAN, sino una guerra de conquista rápida que conlleve paulatinamente la anexión de parte de un territorio ucraniano. 

Tomando en cuenta esta última noción, a simple vista los planes de Putin se vieron frustrados ante la imposibilidad de vencer las fuerzas de Kiev. Sin embargo, Rusia acaparó prácticamente todas las ciudades y regiones más importantes del este de Ucrania. Más allá de las pretensiones militares del Kremlin, se ha provocado un efecto inesperado que puede impactar en la reconfiguración del mapa político de Europa del Este. Estamos hablando del posicionamiento de la OTAN como el refugio de los países limítrofes de Rusia.

Una de las razones esbozadas por Putin para comprender la invasión a Ucrania se basó en la seguridad nacional rusa a través del avance y la presencia de la influencia de la OTAN y la Unión Europea en Ucrania, pero su operación militar especial podría tener un efecto rebote y es algo que el Kremlin busca evitar a toda costa. Es decir, si Moldavia, Finlandia y Suecia logran afianzar su solicitud para ser parte de la OTAN y posteriormente son incorporados como miembros, las fronteras político- militares de la OTAN se encontrarán limitando con Rusia

Esto último se puede entender como la puesta en funcionamiento de un cinturón ejercido por la alianza occidental sobre territorio ruso y bielorruso. Putin no lo quiere y para él, esa es la amenaza más grande, aunque sabe que la Organización del Tratado del Atlántico Norte tampoco busca un enfrentamiento directo. Esta situación deriva en la creación de un ambiente de tensión total en Europa, al cual hay que ir varias décadas detrás en la historia para poder ver algo similar. Esta tensión genera incertidumbre, tanto para los poderosos como para los países que buscan ingresar a la OTAN y para Bielorrusia, que es el fiel aliado europeo de Moscú.

Un largo camino hasta la OTAN

Indudablemente, desde su fundación, la Organización del Tratado del Atlántico Norte se transformó en el faro de muchos países. Deseos, aspiraciones, anhelos y peticiones públicas por parte de países que vieron su seguridad nacional afectada de cerca o que responden a la agenda hegemónica de Occidente. 

En ese trajín, muchos deseos terminaron transformándose en realidad y muchos otros quedaron por el camino. Lógicamente, la OTAN no arriesgará su propio privilegio por el simple hecho de llevar un plan de salvataje a algún país que atraviesa una crisis de seguridad, sino que, por el contrario, abogará por robustecer su alianza con Estados que sean funcionales a sus intereses. Caso muy parecido al ingreso a la Unión Europea. 

A partir de la decisión de Finlandia de solicitar el ingreso a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, es necesario comprender los requisitos que son fundamentales para poder aprobar el ingreso de un miembro nuevo o no a la alianza militar más grande del mundo. 

En principio, ser un país europeo es el requisito específico y más segregacionista que se establece para el ingreso. En base a este último punto, Finlandia tiene claramente el visto bueno. Sin embargo, hay otros países de diversas zonas del mundo que han intentado ingresar y no han podido, como por ejemplo Colombia. Pese a esto, el país sudamericano es socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte desde 2018, junto a otros 19 países. Estos no cuentan con la protección de la alianza, pero sí pueden mantener mejores relaciones para afianzar la defensa de sus fronteras.

Otro punto a tener en cuenta para el ingreso como miembro de la OTAN es ser un estado democrático. Este último apartado es fundamental, entendiendo el concepto de la estabilidad gubernamental y la garantía de planificar políticas estatales a largo plazo respetando la pluralidad, pero por sobre todo el modelo de la democracia liberal que es la estirpe de Occidente. Teniendo en cuenta esto, Finlandia es modelo de un sistema democrático, que, de hecho, suele ser el país cliché en cualquier ejemplo de funcionamiento de un sistema socio-político integrado. Factor clave y determinante donde los finlandeses incluso son más viables que varios países que ya integran la OTAN. 

Finalmente, y como punto neurálgico de la acción de la alianza, la capacidad de contribución a la defensa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, a todos sus miembros que requieran el accionar militar, sin excepción. Los escandinavos entran a la OTAN con un currículum impactante en términos armamentísticos. Finlandia es la mayor potencia militar del norte báltico, un poderío explicitado en uno de los países europeos que mayor cantidad de aviones de combate F-35 tiene en su haber. El potencial de la armada es imponente, contando con un programa de corbetas que hacen del Mar Báltico, la piscina de la casa de Finlandia. 

La situación armamentística del país del norte de Europa se ha logrado a través de una serie de debates enormes en términos de seguridad nacional que se vienen dando desde los años de la Guerra Fría, potenciados en la década de 1980. Asimismo, la población finlandesa nunca ha visto con buenos ojos semejante gasto público destinado a la defensa. De hecho, Finlandia se caracteriza por destinar gran parte de su presupuesto a la educación y a los programas sociales. Esta perspectiva cambió luego del avance de las tropas rusas en suelo ucraniano el 24 de febrero. Según consultoras privadas, la entrada del país nórdico a la OTAN tiene, actualmente, una aprobación de casi el 80% del total de la población. Una cifra asombrosa para un país donde el ejército nunca fue prioridad, aunque tampoco fue desarmado ni dejado completamente de lado. 

Entonces… ¿OTAN si u OTAN no?

Es un hecho que la reconfiguración del tablero político internacional cambió y seguirá cambiando en tanto dure esta guerra y sus consecuencias. Sin embargo, el ingreso de más países a la OTAN supone un nivel de variabilidad que podría incrementar o enfriar la tensión en la región. Europa deberá afrontar años difíciles

Yendo a los datos duros, cabe aclarar que, en el caso del ingreso de Finlandia a la Alianza Atlántica, la frontera terrestre con Rusia pasaría de 1215 a 2600 kilómetros, un número sumamente considerable que no muestra optimista a Putin. Cuidar tantos kilómetros de frontera con un país que ya afronta un conflicto bélico es una tarea dificultosa, más allá de la capacidad militar del Kremlin. 

Esta frontera es decididamente importante, entendiendo, como se explicó previamente, la formación de un cinturón geopolítico de la OTAN sobre Rusia, el mayor temor de Putin. 

Sin embargo, hay otro factor a considerar: los mares. Finlandia y Rusia son socios comerciales y quienes, junto a Dinamarca y Suecia, monopolizan el Mar del Norte. Sin embargo, esto podría cambiar, no tanto en lo que respecta exclusivamente a los acuerdos bilaterales, sino en las rispideces que se puedan generar en mar abierto o aguas internacionales. Esto significa, lisa y llanamente que, si un barco de bandera finlandesa es hundido o atacado por un barco ruso, la OTAN activa el accionar propuesto por el artículo 5. Este se basa en que, si un país miembro sufre un ataque armado en Europa o en América del Norte, se tratará de un ataque dirigido a toda la alianza, que responderá con la dureza y firmeza correspondientes. En otras palabras, un barco hundido de Finlandia por parte de Rusia, desencadenaría en una guerra de dimensión masiva. 

También cabe agregar que el ingreso de Finlandia a la OTAN significaría una mayor relación comercial con los países de la alianza. Aunque no se establezcan primordialmente, en la práctica, las relaciones diplomáticas son fundamentales. Pero en este apartado hay que entender la otra cara de la moneda. La sede central en Bruselas podría comenzar a pujar por un cese paulatino de comercio entre Finlandia y Rusia. Esto va más allá de las sanciones impuestas desde Helsinki o de las respuestas de Moscú con su monopolio del gas, sino más bien a la imposición de decisiones ajenas al estado de Finlandia. Un problema enorme de soberanía podría abrirse en el norte báltico, generado a partir de la presencia de la OTAN. Dar y recibir

Argentina y Finlandia

Ante el posible escenario que se generaría en Europa por el ingreso de nuevos miembros a la Organización del Tratado del Atlántico Norte y la evidente crisis económica desatada por la guerra en Ucrania, Argentina debería comenzar a pensar en una gran cantidad de probabilidades. En caso de que Finlandia represente algún tipo de problemas de abastecimiento por el boicot ruso, deberán concentrar sus fuerzas económicas en el mercado interno para poder subsanar ciertos productos y servicios, o bien, volcar la balanza del presupuesto para sectores de la producción que podrían verse afectados, y casi como un efecto dominó, podría repercutir en Argentina. 

Según Estadísticas de la Aduana de Finlandia, hasta el año 2019, el país europeo le proveyó de una gran cantidad de papel y cartón a Argentina, de hecho, fue el producto más importado. Seguido a ello, maquinarias industriales y artefactos eléctricos fueron también de lo más requerido por Argentina. Finlandia no solo exporta su educación.

En un panorama de economía de guerra, en donde Finlandia ponga sus esfuerzos económicos en solventar su consumo interno de energía a partir de las represalias rusas, podría significar que falte inversión estatal en las industrias que proveen de los bienes previamente nombrados a Argentina. Esta es otra prueba más de como un conflicto en otro lado del mundo puede repercutir en la realidad argentina. Así también desvela que una alianza militar puede generar, indirectamente, un sinfín de problemáticas de índole económica. 

Rumbo a un nuevo orden 

La OTAN agranda su familia y Rusia se mantiene cerca de China, Corea del Norte e Irán, la resultante de esto es que el mundo vive un 2022 cargado de tensiones, que más allá del conflicto bélico desatado en tierras ucranianas, mantiene en vilo al mundo por varios aspectos. Claramente, nada de lo que conocíamos previamente, volverá a tener el mismo sentido. La década de 2020, marca el proceso de transición de nuevos modelos de sociedades y de nuevas configuraciones geopolíticas. La pandemia de COVID – 19 y la Guerra en Ucrania tienen consecuencias directas en el Orden Mundial, el mismo que día a día continúa sorprendiendo, e inclusive planteando incógnitas a futuro. Si Suecia y Finlandia ingresan a la OTAN y la tensión bélica continúa o se expande, ¿podría pensarse en la posibilidad de incorporar países no europeos a la alianza? ¿Rusia conformará una alianza símil o, casi en forma de reversión del Pacto de Varsovia? Ejes de supina importancia que demuestran la complejidad de los tiempos, pero también de la misma vorágine y dinámica de la política internacional.

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Lula 2.0

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Luiz Inácio Lula da Silva es una de esas figuras imprescindibles para cualquier persona que busque comprender el presente, la actualidad y la vorágine de la política latinoamericana en el siglo XXI. Su figura, envuelta en un sinfín de contradicciones, marca la agenda (a grandes rasgos) de la polarización en Brasil y en la región en general, pasando por un proceso de transformaciones socioeconómicas y culturales bastante similares.

El regreso de Lula da Silva a la política brasileña es una de las tantas señales del hartazgo político latinoamericano. Lógicamente que él es un líder carismático y con muchos seguidores, pero su figura abrumadoramente positiva en la opinión pública simboliza en gran parte ese rechazo a la fatídica gestión de Jair Bolsonaro al mando de Brasil con una gran cantidad de debilidades: pandemia, corrupción, discriminación de toda índole y proliferación de discursos de odio. Lula vuelve, recargado, pero con un mundo completamente distinto.

Hagamos un poco de historia

Lula da Silva fue presidente de la República Federativa de Brasil entre 2003 y 2010. Una persona que, a diferencia de las renombradas figuras de máximos mandatarios estatales, no nació de una formación intelectual, sino desde el ámbito obrero. Lula fue obrero metalúrgico y sindicalista. Su condición de un funcionario nacido desde el seno de los trabajadores fue uno de los puntos que lo llevó a ser quién es y una de las razones por la cual vuelve a ser una válvula de escape para una sociedad brasileña confundida.

El gobierno de Lula estuvo signado internamente por un fuerte robustecimiento del sistema productivo y una reactivación de la pujante economía verdeamarela. De hecho, los programas Bolsa de Familia y Hambre Cero fueron grandes responsables del repunte de los sectores más golpeados históricamente en Brasil, logrando un gran avance en materia de movilidad social ascendente. A nivel económico, fue tan importante la contribución de Lula da Silva, que Brasil tuvo la oportunidad de organizar y ser anfitrión de una Copa Mundial de Fútbol en 2014 y de que Río de Janeiro sea sede de los Juegos Olímpicos en 2016.

Paralelamente a la cuestión interna en Brasil, la región tuvo un importante protagonismo durante los años de Lula. En consonancia a las fronteras interiores, Brasil mantuvo lazos cercanos a la Argentina de Kirchner-Fernández, Venezuela de Hugo Chávez, Cuba de Castro, Bolivia de Evo Morales, Uruguay de “Pepe” Mujica y Paraguay de Fernando Lugo. Este grupo de países sudamericanos embanderados en conceptos como el antiimperialismo y el socialismo del siglo XXI, marcaron un tiempo de recuperación económica y superación del monetarismo estatal o neoliberalismo, simbolizando estabilidad, gobernabilidad y autonomía. 

Ahora bien, fuera del continente, Lula da Silva tuvo un protagonismo en el programa nuclear de Irán y la polémica desatada a nivel de seguridad internacional, como así también poner sobre la mesa el debate del que tanto se habla ahora: el cambio climático. 

Finalmente, Lula fue involucrado en casos de corrupción que sacudieron sus cimientos. El lawfare regional se inició con Petrobras. En 2017 fue condenado. En 2018 se entregó y no pudo participar de las elecciones presidenciales. En 2019 se ordenó su liberación y en 2021 se anularon todas las sentencias contra él. Lula vuelve, recargado. 

Lula, modelo 2022

La primera incógnita que suscita el retorno del líder del Partido de los Trabajadores de Brasil, es, lógicamente, cuál será su perspectiva para ejercer el poder en Brasil. 

Principalmente uno puede ver que Lula, desde el punto de vista de su discurso y construcción del relato político, apela al retorno de políticas sociales y económicas destinadas a los sectores más afectados durante la gestión bolsonarista. Esto hace pensar en el retorno de políticas similares a las que aplicó previamente, aunque no todo es tan fácil como parece. El contexto entre 2003 y 2022 es absolutamente yuxtapuesto. 

El mundo, en principio, está padeciendo las consecuencias económicas de la pandemia del SARS – COV- 2. Ante esto, Brasil no es ajeno y está sufriendo un proceso inflacionario de los más grandes en décadas. Esto, por un lado, posiciona como necesidad primera el hecho de cuidar a los sectores más vulnerables, aunque por otra parte es menester pensar en que el Banco Central de Brasil no cuenta con las divisas y los fondos como para poder solventar semejante inyección monetaria. La impresión de billetes sería una oportunidad, aunque parte de la sociedad no ve como un gran plan esa salida. Programas de políticas socio-económicas, el primer rompecabezas de Lula. 

Ahora bien… Judicialmente, ¿qué sucederá? Uno piensa que el revanchismo político y mediático de Lula podría ser un efecto inmediato. En este punto, la decisión que tome es fundamental para comprender su forma de comunicar la política hacia sus opositores. Si el ex presidente decide perseguir a quienes lo persiguieron, podría verse envuelto en un sistema de operación mediática por los medios de comunicación hegemónicos de la derecha brasileña. Por otra parte, si decide no hacer nada al respecto, la figura de sus opositores, y sobre todo la de Jair Bolsonaro, podría gozar de aceptación pública ascendente, y volver a posicionarlo como una opción para gobernar al país más grande de América del Sur. 

Sur: ¿La moneda de la Patria Grande?

Entre las promesas preelectorales de Lula Da Silva, quién será candidato a la presidencia de Brasil en las próximas elecciones del 2 de octubre, se encontró una polémica monetaria que causa asombro a algunos y estupor a otros. 

Sur es su nombre, y según el expresidente brasileño, sería la materialización de la unificación de una moneda común en toda América Latina. Su formato sería digital

Más allá de lo que signifique la declaración de Lula da Silva, su poder discursivo puso sobre la mesa una serie de cuestiones. En principio, se retoma la idea de la unificación monetaria de Latinoamérica, como un bloque político-económico-territorial (la Patria Grande hecha moneda). Rápidamente uno puede pensar en la inevitable comparación con la importancia del Euro en la Unión Europea, aunque con innumerables diferencias. 

Salvando las distancias y las discusiones de los detractores y los defensores de Sur, hay una idea entre líneas que hay que saber leer: la moneda no es la noción, sino la unidad latina. Una moneda en común traerá grandes beneficios a la región, eso es indudable. Ahora bien, la idea va mucho más allá y devela el concepto de la política para Lula da Silva. La unificación no busca ser meramente monetaria, sino una adhesión política regional emergente que pueda soportar los embates de un mundo en guerra (Rusia-Ucrania-Occidente), una guerra comercial (China-Estados Unidos), una comunidad debilitada (Unión Europea) y economías en constante crecimiento (India). La idea detrás de Sur, es, además, marcar el camino rupturista con el dólar estadounidense. Latinoamérica es dólar  dependiente por excelencia, como gran parte de los países del mundo, aunque Lula da Silva aún tiene la constante idea de la soberanía económica, financiera y monetaria. 

La primera inquietud sería el proceso de aplicación de la unificación monetaria. Hay sobrados ejemplos en la historia que demuestran que estos son los procesos a mediano-largo plazo que tienen avances y retrocesos y donde hay países (en este caso) más beneficiados que otros. La consecuencia de esta moneda digital que pueda ser usada por empresarios o Estados podría generar alguna inestabilidad a las monedas reales, o inclusive a la competencia con otras monedas digitales. Tan solo vale pensar en la equiparación de las distintas monedas nacionales con el dólar para entender el abismo que hay entre los miembros del sur de América. Sin ir más lejos, Brasil y Argentina son países vecinos, aunque con diferencias siderales si de finanzas y moneda hablamos. 

Ante este panorama, Sur pareciera ser más una utopía que una realidad. Sin embargo, Lula no está cantando envido con 33 en mano. Es decir, la noción de la unificación de la moneda es simplemente la punta del iceberg de la verdadera unificación de un bloque regional competente, el cual Brasil se posicionaría como el eminente líder. 

¿A qué se enfrenta Lula?

Lula da Silva retorna en la época del apogeo de las redes sociales, algo que modificó estructuralmente el eje de las comunicaciones. En este sentido, el expresidente se enfrenta a un batallón anónimo al cual no había enfrentado antes y donde Jair Bolsonaro se supo mover muy bien. Bajo esta premisa, las plataformas de comunicación virtual son ejes de vital importancia para la construcción de relatos. Bolsonaro y su séquito de seguidores lo comprendieron a la perfección y prácticamente se adueñaron de la comunicación política brasileña en Twitter y Facebook. Lula deberá enfrentarse a trolls y fake news, algo nuevo para él, pero viejo para el concepto del poder político (en Argentina hay experiencia de sobra en los últimos años).

Más allá del fenómeno de redes sociales, hay un componente opositor abrumadoramente fuerte, simbólico, real y efectivo que pulula entre los brasileños, y que además tienen a Bolsonaro como aliado: el evangelismo político

Esto se entiende por la constante, paulatina y expansiva presencia de las Iglesias Evangélicas en Brasil. A priori, no significan nada más que una religión que predica para sus fieles, y en el marco de la libertad de culto es algo que siempre es bien recibido. Sin embargo, hubo una transformación hace al menos dos décadas que se potenció al cuadrado durante la gestión de Bolsonaro, e inclusive durante su campaña rumbo a la presidencia 2018. Hablamos del evangelismo en la política, de la utilización de las iglesias, cultos y retiros espirituales como centros de operación política que rozan la extrema derecha. Los sectores más vulnerables son aquellos quienes acuden allí, y que en lugar de conseguir la satisfacción espiritual que buscan, terminan bajo el manto de una editorial política que tiene valores extremadamente contrarios a los del Partido de los Trabajadores de Brasil. 

El evangelismo político será un obstáculo enorme para Lula da Silva. Se han multiplicado por todo Brasil y cuentan con un financiamiento dadivoso. Además de ello, son cercanos a Bolsonaro, a tal punto que varios de sus funcionarios provienen de este sector de la política. Que no se mal entienda, ni Dios ni la fe son un problema, sino la manipulación de ellos con intereses políticos.

En síntesis con ambos sectores o situaciones expuestas (redes sociales y evangelismo político) hay un factor de vital importancia que Lula deberá afrontar: los discursos de odio.

Durante la gestión bolsonarista existió desde el poder político, estatal y mediático el discurso racista, xenofóbico, clasista, sexista, machista, anti-científico y negacionista. Esta realidad de Brasil se sintetiza en la tríada bolsonarismo – evangelismo político – redes sociales.

Ante ello, la figura de Lula aparece como un protector de los derechos de todos aquellos que se han visto golpeados por el bolsonarismo. Desde ex presos políticos por la dictadura del 64’ en Brasil, hasta mujeres que fueron insultadas públicamente por el establishment del odio brasileño.

Los amigos de Lula 

Previamente hablamos de la región, de la importancia de la adhesión política, económica y social en América Latina, y también de cómo Luiz Inácio Lula Da Silva supo conformar el bloque de la Patria Grande… pero, ¿qué pasa en 2022?

Latinoamérica está pasando por un momento de fragmentación equilibrada de las fuerzas políticas e ideológicas de toda índole. Desde progresismos de centro izquierda o socialdemocracias como la de Alberto Fernández y Gabriel Boric; gobiernos de tendencia neoliberal como Lacalle Pou en Uruguay; modelos políticos heredados de la Guerra Fría como Cuba, Nicaragua y Venezuela; hasta personajes “disruptivos” u “outsiders” como Nayib Bukele en El Salvador. 

Entre ese mar de disparidades ideológicas, ¿dónde se ubicará Lula? La primera respuesta es la necesidad de recomponer algunos lazos simbólicos con sus vecinos más cercanos: Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Venezuela. Este pareciera ser un primer paso, aunque entre las naciones nombradas hay diferencias totales. Inclusive, cabe preguntarse en dónde se va a apoyar más Lula, ¿en la socialdemocracia argentina y chilena o en la tosca herencia chavista de Nicolás Maduro?. Aquí, Lula tendrá que mostrar sus dotes de malabarista. 

Por otra parte, ¿cómo afectaría a la política externa intercontinental de Brasil esta posición de Lula?  Recordemos que el país actualmente presidido por Jair Bolsonaro conforma un bloque de economías emergentes a nivel mundial llamado BRICS. Este se encuentra conformado por Rusia, India, China y Sudáfrica. Ante esto, si Lula rearma un grupo con “los chicos del fondo” de América, podría ser un problema para Estados Unidos en el sentido de su presencia económica y política, y por otro lado sería bien recibido por China y Rusia. 

De hecho, si seguimos ahondando en las relaciones internacionales, Rusia es un tema en cuestión. Ni el mismísimo Bolsonaro cuestionó la invasión rusa en Ucrania y Lula deslizó que Volodimir Zelenski, presidente de Ucrania, es igual de responsable de la guerra que Vladimir Putin. Allí confluyen Bolsonaro y Lula. La política internacional es más compleja de lo que parece. 

Asimismo, Brasil es la entrada de China a Sudamérica. Es justamente el gigante asiático, el país que más bienes, productos y servicios coloca en el mercado brasileño. Este factor es clave, ya que Lula podría reafirmar los lazos que se habían ablandado con la polémica política sanitaria y el rechazo pendulante de las vacunas chinas contra el COVID-19 por parte del gobierno bolsonarista. Además, en un contexto de guerra en donde la industria liviana y pesada de Brasil pueden resurgir en mercados europeos, es fundamental contar con el respaldo chino y, claro está, con el fondo enorme de divisas que maneja Shanghai. 

Previamente nombramos a Estados Unidos y el dolor de cabeza que podría significar la figura de Lula da Silva nuevamente al frente del gigante de Sudamérica. Esto no es solamente algo que podría afectar a Washington, sino que va mucho más allá. Podría ser, inclusive la OTAN una comunidad que ponga sus ojos sobre Brasilia. La autonomía de América Latina unida no es la misma que fragmentada. Esto puede ser un estorbo para la Organización del Tratado del Atlántico Norte si pensamos en la ocupación territorial para bases militares en Brasil y zonas aledañas, con una Sudamérica golpeada por el narcotráfico en donde la guerra llevada adelante por los big boys de la DEA, no solamente no funcionó, sino que la inundó de más violencia. El territorio es fundamental, Estados Unidos, la OTAN y Lula lo saben. 

¿A vida vai melhorar? 

Muchos brasileños se esperanzan en que los rieles de Brasil al mando del Partido de los Trabajadores puedan ser como un fragmento de “Canta canta, minha gente” de Martinho da Vila. La respuesta es incierta, aunque se pueden analizar ciertas aproximaciones entendidas en el marco del año 2022. De hecho, si hablamos de números, cabe recordar que la inflación de Brasil en marzo de este año fue la más alta en 28 años, algo inusitado para una economía creciente, aunque explicado por el contexto internacional. 

Otro dato revelador tiene que ver con la pobreza y este guarda relación que, según encuestadoras y agencias de análisis económico privadas, de los 213 millones de brasileños, 50 millones son considerados pobres y 28 millones viven en pobreza extrema o indigencia. Un panorama que dista mucho de los 28 millones de brasileños que lograron salir de la pobreza gracias a las medidas de Lula da Silva entre 2003 y 2010. 

A la inflación y la pobreza hay que agregarle el dato del empleo, un tópico tan recurrente por Lula y sus seguidores. Brasil presentó en marzo del 2022 una contracción del empleo de casi el 60%, una cifra asfixiante. En consonancia con estos números, es menester aclarar que de esos trabajadores muchos se encuentran en “negro” o en industrias severamente golpeadas por la pandemia, como por ejemplo el turismo. Este último, luego de dos años de pandemia, comienza a mostrar signos de recuperación. 

Brasil y Misiones

En cuanto a la relación de la tierra colorada con Brasil, es posible comenzar a pensar qué podría cambiar, mejorar o empeorar con la figura de Lula al frente del país vecino. En principio, la moneda es fundamental. El gigantesco abismo entre el Real y el Peso argentino trastocan y condicionan el día a día del misionero en zona fronteriza con Brasil. Nuevamente resuena la idea de una moneda digital unificada y sus consecuencias, aunque en los vínculos sociales de frontera, es menester que, si se generan mayores lazos comerciales y facilidades financieras y económicas en ambos lados, el flujo entre Misiones y Brasil puede ser más ameno. 

Otro punto es fundamental y guarda relación con la rigidez o flacidez de las fronteras (reales o imaginadas) entre Argentina y Brasil en contexto misionero. Es sabido que, durante la etapa más dura de la pandemia, el lado brasilero tuvo menor cantidad de cuidados sociales y sanitarios, lo que llevó a Misiones a doblegar los esfuerzos por evitar un contagio masivo que signifique una saturación del sistema de salud misionero, algo que finalmente se evitó. De hecho, desde el otro lado del Río Uruguay era común ver los hospitales colapsados. La presencia de Lula podría servir para unificar criterios de políticas sanitarias en la región, en donde no se dependa solamente de las decisiones de Buenos Aires y Brasilia, sino que tengan una visión transfronteriza de unificación de criterios.

Lógicamente que este panorama depende pura y exclusivamente de que Lula da Silva gane las elecciones en octubre de este año, aunque su reaparición en la escena pública de la política latinoamericana puede hacer retroceder varios casilleros a sus opositores. Por otro lado, Alberto Fernández y la comitiva presidencial nacional son los encargados de las relaciones bilaterales entre Argentina y Brasil. 

Lula, el retorno de un gigante 

Finalmente, el retorno del expresidente brasilero no significa solamente un nombre en una boleta electoral, sino que abre un panorama de análisis internacional que podría cambiar 180 grados con su presencia. Eso no lo logran todos, lo logran aquellos que supieron transformar la realidad desde la práctica. Lula trae un ápice de esperanza para los sectores de centro izquierda e izquierda de Brasil, como así también para aquellos que padecieron y padecen las consecuencias de un Estado ausente de la mano de Jair Bolsonaro. 

Esta presencia es tan grande que nos llevó automáticamente a pensar en la reconfiguración social y económica de nuestras fronteras, en términos de políticas puestas a disposición de una región. De todas formas, Misiones y Brasil han tenido una historia de siglos, y la mixtura entre lo portugués y lo misionero siguen siendo identitarios, es por eso que la reaparición de Lula hace ruido: molesta, alegra, ofusca o excita. Sea cual sea la reacción, la vuelta de un líder enorme siempre es digna de un análisis internacional.

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