Martin Boerr

La tragedia de Aymará, la economía argentina y el negocio de las torres de lujo en Posadas

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Este martes la ciudad amaneció con la conmoción que provocó la noticia de la trágica muerte del empresario Guillermo Vázquez, quien concibió, impulsó y construyó la torre Aymará, aún inconclusa.

A pesar de que al edificio todavía le faltan –visiblemente-, varias etapas de terminación, Vázquez se mudó igual a vivir en absoluta soledad a la mole de 124 departamentos y esto terminó costándole la vida. Al caer por el hueco de uno de los tres ascensores –el único que no estaba instalado- desde una altura de casi 60 metros.

Por ahora la hipótesis principales la de un accidente. Aún así las preguntas surgen solas.

¿Por qué estaba viviendo allí? ¿Por qué la torre no estaba terminada? ¿Por qué Aymará y el resto de las torres de lujo de Posadas demoraron mucho más de lo prometido cuando se lanzaron a la venta?

Cuando hablamos de torres de lujo, nos referimos a edificios de más de 10 pisos, con costos de construcción de varios millones de dólares, amenities al nivel de los mejores edificios de Capital Federal y vistas espectaculares al río (por lo cual, se construyeron sobre terrenos carísimos). Algunos de los más emblemáticos: Villa Ángela, Victoria Residence (El Brete), Aymará, El Faro.

Lo bueno: Se trata de lugares maravillosos para vivir, construcciones que le cambiaron la cara a la ciudad, la embellecieron, cuyas obras movieron la economía y generaron trabajo, pero hoy no encuentran compradores.

¿Por qué edificios como Villa Ángela (Costanera), El Faro (Parque Paraguayo), recientemente inaugurados, están semivacíos?

La respuesta es casi obvia, la castigada clase media “acomodada” o media-alta de Posadas, con aspiraciones de vivir en esos lugares, no tiene 200.000 dólares para comprar una unidad en esas torres (tomando un precio medio).

¿Construir con el dólar a 20 y vender con el dólar a 120?

Y los precios no bajan y no se adecúan a la nueva realidad. El motivo es que se construyeron con valores en dólares cuando el billete estaba barato y los inversores, desarrolladores y aquellos que adquirieron departamentos como inversión (para revenderlos o alquilarlos, pero no para habitarlos) quieren recuperar lo invertido.

Pero el dólar ahora está carísimo. Y el mercado, para moverse, exige una rebaja sustancial de los valores en dólares, como es de esperar.

Si alguien le entregó a uno de estos fideicomisos 150.000 dólares cuando el valor del billete verde era de 15 pesos al final del gobierno de Cristina Kirchner, o de 20 pesos antes de la corrida de mayo del 2018, ese inversor quiere recuperar ese valor. Y si es posible con una mínima ganancia.

Pero el valor del billete verde hoy en el circuito informal es de 120 pesos y en el mercado cambiario el dólar “turista” es de 75 pesos y la realidad se impone.

“Cash is king” dice el dicho, cuando hay complicaciones en la economía. El que tiene el efectivo, es rey y manda. Y quien hoy tiene dólares, está dispuesto a comprar esa unidad que cotizaba a u$s 150.000 pero por u$s 100.000.

(Nota: los desarrolladores están vendiendo a un “dólar” intermedio entre el precio turista y el “blue”).

Todo bajó en dólares, menos los departamentos de lujo

Y es lo razonable porque si uno piensa en dólares, hoy todo cuesta muchísimo menos. Nuestro salario medido en dólares es mucho menor al de 2017. Lo que pagamos por un alquiler de un departamento en Posadas, también es mucho menos, si se mide en moneda dura.

Con las torres de lujo pasa lo mismo. El valor real también cayó drásticamente, pero son pocos los que quieren asumir la pérdida.

Entonces se opta por esperar a que la economía mejore, que el dólar vuelva a estar barato (que todos vayamos a vacacionar a Brasil o a comprar a Paraguay masivamente) y entonces aparezcan los compradores que puedan reunir esas cantidades.

O al menos los inquilinos que permitan a los inversores empezar a generar una modesta rentabilidad por el dinero que pusieron y, sobre todo, dejar de tener gastos fijos.

Negocio que fue boom en el kirchnerismo

El negocio de construir torres de lujo con el sistema de fideicomiso al costo en el pozo, apareció en todo su esplendor en los inicios del gobierno de Néstor Kirchner, cuando la economía empezaba a transitar un período de boom de cuatro años. Todo iba para arriba.

Las casas y departamentos estaban muy baratos en dólares y prometían un camino siempre ascendente. Si alguien compraba un departamento en Palermo en 2004 o 2005 por 60.000 dólares, ni siquiera necesitaba estar “fino” con el precio que había pagado. El mero paso del tiempo iba a generar una ganancia en esa inversión.

Como era un negocio tan “cantando”, empezaron a entrar desarrolladores sin experiencia, aprovechando el boom.

En esa época, cuando se lanzaba un fideicomiso, se vendía en su totalidad antes –incluso- de empezar a remover la tierra para hacer los cimientos de la obra. Incluso, algunos compraban el departamento y lo revendían antes de que el edificio estuviera terminado, con una ganancia.

Un retraso clave

Pero todo lo que sucede en Buenos Aires llega a Misiones con unos años de retraso y en el negocio de los torres de lujo, ese retraso fue fatal.

Las torres Aymará, El Faro, Villa Ángela, Victoria Residence y demás, llegaron al mercado de Posadas con la economía exhausta, los superávit gemelos evaporados (generaban ingreso de dólares y estabilidad).

Por ejemplo, Aymará y Villa Ángela se empezaron a concebir en 2012 y pusieron las primeras piedras en 2013.

Cuando se lanzaron los fideicomisos lograron adhesiones, pero no del 100 por ciento como en la época de “oro” de este negocio. A la hora de firmar y entregar el dinero, muchos inversores se echan atrás.

Cuando eso sucede, el desarrollador tiene que “llevarse la mano al bolsillo” y empezar a hacer los aportes por la obra de los departamentos que no pudo vender. ¿Vendió el 50 por ciento de las unidades? Cada mes tiene que hacer aportes a la obra por el otro 50 por ciento, mientras se afana por encontrar nuevos inversores que compartan el esfuerzo.

Se trata de poner recursos todos los meses, rezando para que las condiciones de la economía cambien y la clase media acomodada quiera invertir en departamentos de lujo para alquilar.

“Las torres se construyeron con un dólar barato, cuando los argentinos se van a Miami, y ahora se tienen que vender con un dólar alto y los números no cierran”, explicó a Economis, un experto del mercado inmobiliario y desarrollador de torres de lujo.

¿Existe la clase media “acomodada” misionera?

Un párrafo aparte para la clase “media acomodada” posadeña o “media alta” que sería el mercado potencial para las torres de lujo. ¿Existe realmente?

Un estudio de la Universidad de la Cuenca del Plata en 2017 arrojó que la clase media de la capital misionera se auto-percibe de un nivel económico superior al que realmente tiene.

En Buenos Aires, Córdoba o Rosario hay una gran cantidad de familias o parejas que tienen ingresos altos, de más de 200.000 pesos al mes, capacidad de ahorro y/o familias que pueden ayudarlos económicamente a la compra de un inmueble.

Misiones –históricamente- es la tercera provincia con salarios privados más bajos detrás de Tucumán y Santiago del Estero. Aspiracionalmente esa “clase media alta” existe, pero a la hora de revisar la profundidad de los bolsillos, la situación cambia.

Edificios más chicos

Por todas estas condiciones, el negocio de las torres de lujo en Posadas se “reperfiló” hacia un nuevo formato.

Los nuevos emprendimientos, además, buscan aprovechar que el dólar subió mucho -y por ende-, el costo de construir en moneda norteamericana cayó. Construir hoy en Posadas es como comprar acciones de una empresa que valía u$s100 y hoy cuesta u$s50.

Edificios más chicos, menos amenities (piscina, gym, solárium), que a su vez generen menos gastos en expensas, algo que asusta a los compradores. El posadeño no está acostumbrado a pagar expensas que tienen el valor de un alquiler.

Aymará arrancó prometiendo un mundo soñado: restaurant gourmet, fast food, espectacular piscina en la terraza, guardería, free-shop. Era el modelo para vender en esos años donde todavía se mantenía la inercia de los años de vacas gordas del kirchnerismo.

Pero como los compradores/inversores se asustaban con las potenciales expensas, “reperfiló” el negocio y sacó de la galera un novedoso modelo de expensas cero. Por el cual su restaurant, gimnasio o piscina generarían ingresos para pagar las expensas comunes.

Un esquema inédito, que aún debe probarse. Una promesa demasiado aventurada, que acaso refleje la imperiosa necesidad del proyecto por colocar las unidades remanentes.

Igual que la desgraciada decisión de Vázquez -un empresario luchador y optimista que remaba contra la corriente de la economía argentina- de mudarse a la maravillosa torre que diseñó y construyó, pero absolutamente vacía y sin terminar.

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Se preparó con los mejores en Mendoza y volvió para fundar su “bodega” en Alem: “Quiero cambiar la historia”

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Fernando Brys (38 años) es un misionero que piensa en grande, pero también un emprendedor con mucha vocación por hacer, por llevar a la práctica sus sueños.

“Quiero cambiar la historia de mi provincia”, afirma sin achicarse, con pasión y entusiasmo, en una entrevista con Economis.

Cuando habla de cambiar la historia de Misiones, Brys se refiere a sus planes para hacer de la chacra misionera una unidad productiva rentable, que genere valor a partir de prácticas sustentables, que vayan de la mano del cuidado del medio ambiente.

Pero sobre todo, una estrategia donde Misiones explote al máximo, cuidando la selva, todo el potencial y las características únicas que tiene.

Esa búsqueda llevó a Brys a explorar la posibilidad de producir vino en Misiones. Para eso, este oriundo de Alem, hijo de un arquitecto y egresado de un bachillerato con orientación agropecuaria (IEA Nº1 de Bonpland) se fue a Mendoza y trabajó con algunos de los mejores profesionales de la industria del vino.

“Primero fueron tres vendimias en bodegas Rutini y luego en Zuccardi Valle de Uco, que fue elegido mejor viñedo del mundo”, señala. También trabajó bajo las órdenes de Mariano di Paola, uno de los enólogos más reconocidos. “Mariano es mi ídolo, es un hombre que me indicó el camino”, reconoce Brys.

Producir hidromiel o honey wine

Después volvió a la chacra que compró su padre arquitecto, y puso manos a la obra. Como Misiones no tiene las características para producir una uva que sea apta para vinos de calidad, pensó en la biodiversidad y las flores misioneras, que nutren a las abejas para producir una miel de características únicas.

Así fue como apuntó sus esfuerzos a la producción de hidromiel. Una bebida alcohólica que se produce a partir de la fermentación de la miel y que puede ser consumida como un vino blanco, tiene más o menos la misma graduación. “Es poco conocida, pero es la bebida más antigua del mundo”, explica Brys.

“Nosotros tenemos flores muy diversas, una gran biodiversidad, así como Mendoza puede tener las mejores uvas, nosotros podemos producir una bebida de calidad mundial a partir de lo que tenemos”, afirma.

La hidromiel que hace Brys en su chacra de Alem. También logró uvas de muy interesante calidad: “Hago un vino sólo para mi papá”.

Este emprendedor ya produce y envasa en su chacra el producto que está vendiendo todavía en forma muy acotada.

“Quiero producir unas 10.000 botellas por año”, detalla. Su condicionante es el capital para expandirse. “Se necesitan más recursos para tener más miel, acondicionar el lugar, poder recibir turistas, hay mucho por hacer, contamos con nuestro trabajo y nuestro esfuerzo, pero nada más, y por eso vamos de a poco”, cuenta.

Brys trabaja de sol a sol en su emprendimiento en la chacra familiar que su padre arquitecto compró casi por impulso hace 20 años, sin saber absolutamente nada sobre el campo. Ahora está buscando materializar esos sueños con las mismas ganas que entonces.

Una botella de hidromiel tiene un costo de unos 600 pesos y para adquirirla se pueden contactar con la página de Brys en facebook (Fernando Brys) o instagram (Brysconsult Meadery).

“Mead” es el nombre de la hidromiel en inglés, y “meadery” es como se denomina a lo que sería el equivalente de una “bodega”, pero de hidromiel. La industria del vino cuida con celo la denominación de oirgen y no permite a los productores utilizar los términos “bodega” o “vino de miel”.

“Todavía hay un problema de comunicación con el producto, el nombre hidromiel no es muy llamador como el de vino, en Estados Unidos si se lo denomina honey wine”, reconoce Brys.

Conferencista TED y reconocimiento internacional

Un párrafo aparte merecen los elogios y reconocimientos del camino que está encarando Brys en su chacra de Alem. Su emprendimiento ya cosecha notables logros fuera de la provincia, como suele ocurrir con muchos visionarios que primero captan la atención del mundo, pero todavía no llegaron a despertar un gran interés por lo que hacen, en su terruño.

El caso de Brys Consult Meadery (así se llama su emprendimiento) se estudia incluso en un curso de negocios que brinda Francisco Santolo, un economista que estudió en Harvard y el MIT, donde la audiencia está conformada por CEOs y ejecutivos de grandes empresas.

También recibió reconocimientos como el de la CAME-CEM y todo el tiempo lo están convocando para dar conferencias afuera de Misiones. Por ejemplo, en el aula magna de la Universidad de Cuyo.

“Soy conferencista de las charlas TED”, explica Brys, quien se muestra muy agradecido con todos los que le dan una mano en este largo camino que está recorriendo para ver cristalizado su sueño.

“Quiero agradecer a Alejandor Haene de la CEM, a Alejandro Di Paola y a mucha gente que me ayuda”, avisa, pidiendo que lo incluyamos en la nota.

El logro principal fue la obtención de la Medalla de Oro, en la categoría hidromiel, en el concurso internacional VINUS 2013 que se realizó en Mendoza.

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La increíble historia de “Porongo”: La marca de yerba del publicista que asesoró a las FARC y el argentino que ganó dos Oscar

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Aunque Misiones sea la tierra de la yerba mate por excelencia, hay marcas del popular producto que prácticamente no se conocen por aquí, pero luchan por ganarse un lugar entre los consumidores de los grandes centros urbanos.

“Porongo” es una de esas marcas. Detrás hay una historia increíble y un verdadero “dream team” de profesionales argentinos que tienen categoría internacional.

Su fundador y dueño principal es el exitoso publicista Carlos Bayala, un argentino que fue jefe de la división de fútbol mundial de Nike, asesoró nada menos que a la NASA y también a las FARC en el proceso de pacificación en Colombia. Desde hace un tiempo busca conectar el mundo del consumo masivo, con el concepto de lo natural, orgánico y los proyectos con un costado social.

“La idea de la yerba mate nació hace cuatro años conversando con gente de Greenpeace sobre la forma de ayudar a los pequeños productores yerbateros. La marca la lanzamos hace un poco más de dos años”, explica Bayala a Economis, en una entrevista via zoom.

Bayala está en las coquetas oficinas de New, su agencia de publicidad con sede en Londres, donde vive desde hace cinco años. “Nunca fui a Misiones, es una deuda pendiente y viajaré apenas pueda, pero mis socios si van por ahí”, señala.

Ignacio González es el socio que maneja el día a día de la marca, incluyendo el contacto con los productores misioneros a los que les compra y la industria que les produce la marca a facón, una firma reconocida.

El tercero socio es nada menos que Gustavo Santaolalla, el músico, compositor y productor que ganó dos Oscar. “Gustavo se sumó con sus ideas, su talento y su inspiración”, explica Bayala.

Santaolalla también tiene una inclinación por los proyectos que vinculan a la agricultura en pequeña escala y buscan darle valor agregado a partir de la producción orgánica. Desde hace 15 años, produce un vino en su Mendoza natal con su bodega “Cielo y Tierra”.

Campaña de marketing audaz

En la entrevista con Bayala, el publicista argentino se afana en explicar sus ideas en lo que tiene que ver con hacer un producto que retribuya el trabajo y el esfuerzo del pequeño productor y la agricultura orgánica. “Por supuesto que también buscamos ganar dinero con Porongo”, aclara.

Pero como no podía ser de otra manera, lo más interesante de “Porongo” no ocurre del molino hacia atrás en la cadena productiva, sino con la publicidad y el marketing.

Hace unas semanas, en plena cuarentena por la pandemia del Coronavirus, “Porongo” logró un gran impacto con una campaña de publicidad estática en las calles del centro porteño. Enormes carteles con la publicidad de Porongo, donde predomina el color rosa. Y como para sorprender aún más, una larga leyenda larga, explicando el origen del nombre y del producto.

“Calculamos que mucha gente iba a pasar de largo, pero también había gente que iba a querer detenerse y leer”, señala Bayala. Este experto en comprar grandes espacios publicitarios, también supo ver la oportunidad que le dio la pandemia.

“Ahora los anunciantes están asustados, pero en octubre cuando vuelva el calor y si mejora la situación sanitaria, van a salir todos al mismo tiempo a comprar espacios y a hacer lo que no hicieron en estos meses”, argumenta, ya fuera de la actividad yerbatera y hablando con mucha seguridad de en una actividad que conoce al detalle.

La reflexión queda picando: ¿serán Carlos Bayala y Gustavo Santaolalla los que ayuden a traer a la actividad yerbatera dos o tres ideas frescas que contribuyan a que este producto a siga creciendo y conquistando mercados?

“Tenemos mucho que aprender con la yerba y queremos seguir creciendo”, señala.

-¿Cómo surgió la idea de hacer una marca de yerba mate?

-Lo que dio comienzo a “Porongo” fue una conversación con Greenpeace hace unos años donde surgió el tema de la yerba, por el asunto ambiental y social. Como en todos los mundos de la agroindustria, está enfrentando desafíos y siempre está presente la situación de los pequeños productores. Quisimos experimentar, pero en los hechos, cómo sería tratar de tener mejores relaciones con los pequeños productores. Hablamos con mucha gente y cuánto más aprendíamos, nos dábamos cuenta lo poco que sabíamos.

-¿Cómo surgió la marca?

-Buscamos una marca llamativa, sonora, interesante, intensa, con un cierto sentido del humor. También con un valor estético y una idea afincada en los valores argentinos y vinculada al orgullo de ser misioneros. También con un lema que dice que “yerba buena nunca muere”, dándole una vuelta de tuerca al viejo dicho.

-¿Y lo orgánico?

-Nos dimos cuenta que lo orgánico es un timbre que todavía no suena, entonces dijimos, vamos a tocar el timbre del de al lado. Y buscamos crear una marca potente y luego que esa marca lleve al concepto de lo orgánico.

-¿En dónde se vende la yerba?

-Capital y Gran Buenos Aires, Córdoba y zonas suburbanas y Rosario. Nos están pidiendo de todos lados, tenemos poca cantidad. También Santiago del Estero, Salta, Mendoza, y Patagonia cada vez más. No estamos trabajando con las grandes cadenas de supermercados, sino con aquellos que pueden entender la propuesta y crecer desde allí. Quizás algún dia llegar a los supermercados chinos y al almacén de la esquina. El supermercado te fuerza a una ecuación de precios donde tenés que pagarle mal a todo el mundo y no queremos eso. Somos muy chiquitos, te quiero aclarar.

-¿Cuál es el rol de Gustavo Santaolalla?

-Se sumó hace poco. El ya era socio mío en la agencia New, pero ahora se sumó al proyecto de “Porongo” y es uno de los socios. El pone: inspiración, talento, química y la difusión de este mensaje. El otro socio es “Nacho” González, que es quien más vinculado está con el día a día de la marca.

-¿Cómo fue el tema de la última campaña en plena cuarentena?

-Nos dimos cuenta que si era posible, legal y correcto, por qué no invertir en vía pública en este momento donde los gigantes están durmiendo. Pensá que somos muy chiquitos y estamos con ganas de destacarnos en lo que podemos hacer. Salimos con un mensaje que tiene que ver con recordarle a la gente el nombre de la yerba, la marca y el paquete. Pero también ubicuos de en qué momento estamos saliendo. Escribimos un texto largo, en general escribimos largo para aquel que tuviera ganas de pararse y leer. Hubo gente que hizo eso. Se paró y leyó y dijo: “Ah, mirá”. Ese es el diálogo que tenemos ahora con nuestro público, y la gente. Qué dice, cómo lo dice y sobre todo, porque hace.

-¿Qué rol tuviste en el asesoramiento a las FARC en el acuerdo de Paz?

-Nos pidieron conocer a las partes en esa negociación. Nos acercó Francisco Moreno Ocampo, que ayuda a un líder espiritual indú del Arte de Vivir, el Ravi Shankar. Estaban interesados en hacer saber lo que se estaba haciendo para acercar a las partes. Shankar se encargó de dialogar con las FARC para hacerles entender el beneficio de acercarse a un acuerdo más duradero, deponer las armas, entregarlas y optar por la revolución pacífica, una expresión de resistencia pacífica. Por es un líder hindú traía otra perspectiva al tema. Me llevaron a mí para poder contar todo lo que estaba pasando. Después directamente asesoramos a las FARC: “¿Si ustedes están convencidos que ésta es la manera, cómo hacer para que las gente les crea?”. Los ayude y acompañe para las reuniones en las que se encontraron cara a cara con las víctimas, para pedirles perdón y escucharlos, eso fue algo tremendo, un momento culminante de desactivación de muchas cosas. También ayudamos al Gobierno colombiano en la orientación de las encuestas y fuimos los primeros en darnos cuenta de que el referéndum no venía como decían otros. Primero fue ganó el “NO” a la Paz por estrecho margen, y después recién se impuso el “SI”. Quedamos en muy buena relación con  los líderes de las FARC. En la medida que signa en Paz, yo sigo con ustedes.

Carlos Bayala

Edad: 51 años

Publicista: Trabajó para Nike y asesoró a la NASA, FARC en el proceso de Paz en Colombia. Fundador y director creativo de New Creative Sciences.

Socios en Yerba Porongo: Ignacio González (director de la agencia New en Argentina) y Gustavo Santaolalla (músico y productor, ganador de dos Oscar).

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El empresario santafesino que se enamoró de Misiones y apuesta contra viento y marea a la energía renovable

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René Mangiaterra, quien esta semana cumple 55 años, nació en Matilde un pueblito a 30 kilómetros de la ciudad de Santa Fe. Allí hizo su vida y su carrera empresaria, en Molino Matilde, productor de harina que exporta el 30%, principalmente al mercado brasileño.

Tanto trabajan con el gigante del Mercosur que incluso tienen allí su propio molino, que está a cargo de una de las hijas de Mangiaterra.

Y fue justamente ese vínculo con Brasil lo que -casi sin querer-, lo terminó trayendo hasta la tierra colorada, donde hoy vive y apuesta a un proyecto único en su tipo, que enfrenta incertidumbres y contratiempos, pero sigue avanzando sin pausa. Generar la energía que el país necesita para crecer y crear empleos, a partir de un recurso que hoy se desecha.

A mediados de los 2000, cuando atravesaba Misiones camino a Río Grande o Paraná (donde tuvo una comercializadora) Mangiaterra empezó a mirar cada vez con más interés el negocio forestal.

“Empezamos a comprar algunas chacras y a forestar, como una inversión a largo plazo, eso desde hace unos 15 años”, señala.

Pero hace unos años apareció la posibilidad de generar energía renovable a partir de la biomasa.

El país necesitaba energía sí o sí, tras años de crecimiento sostenido y falta de inversiones suficientes en el sector de generación. Por otra parte, Misiones –junto a Corrientes- es algo así como “la Arabia Saudita de la
biomasa”, que no es otra cosa que el desperdicio de la actividad forestal.

El negocio cerraba, tenía demanda asegurada y ventajas competitivas. Y Mangiaterra apostó fuerte: se adjudicó un contrato Renovar para proveer energía a CAMMESA durante 20 años y se comprometió a levantar, de cero, una sofisticada planta de biomasa a 2 kilómetros de Cerro Azul.

El proyecto demanda una inversión millonaria en moneda dura, aunque Mangiaterra no quiere hablar de cifras por pudor.

Hasta comienzos del 2018 venía todo bien, hasta que empezó la corrida cambiaria en mayo y ahí todo cambió. Le sucedió a muchos otros que apostaron a generar energía renovable con el viento, el sol o el agua. Los inversores y bancos se asustaron y muchos cancelaron proyectos.

Después llegaron las PASO y la incertidumbre respecto a la política energética del nuevo Gobierno. ¿Apostará a la generación pagando a las empresas precios que justifiquen la inversión que hicieron?

A todo esto hay que agregarle que si bien la Argentina necesitará energía sí o sí en un futuro próximo, la caída de la economía de los últimos años, acentuada por el Coronavirus, deja la cuestión entre los temas “importantes” pero no “urgentes”. Con todo lo que eso implica en la Argentina.

“Tenemos un contrato firmado por 20 años y nosotros tenemos que empezar a entregar energía en febrero, ya está embarcada la turbina que viene de la India y la obra civil avanza, más lento pero avanza”, explica Mangiaterra en una entrevista vía zoom con Economis.

El empresario cuenta que se enamoró de la tierra colorada, se construyó una casa en Alem y ahí se instaló desde que arrancó la cuarentena, dedicando la mayor parte de su tiempo a construir su planta de generación por biomasa.

La única de las que tiene la provincia que se levantó pensando exclusivamente en producir energía para inyectar a la red. Otras firmas forestales como Pindó, Arauco Argentina o Papel Misionero/Arcor utilizan sus plantas para autoabastecerse, inyectando a la red los excedentes.

En díálogo con este diario, Mangiaterra compartió sus proyectos, sueños y también algunos temores, propios de alguien que apostó fuerte a la Argentina del trabajo y la producción.

Incluso sin tener la necesidad, ya que Mangiaterra gerencia un negocio importante en su provincia natal. “Sigo trabajando en Molino Matilde, con muchas reuniones por zoom y viajando permanentemente”, explica este hombre. Mangiaterra sacó a la empresa molinera del concurso de acreedores a fines de los 90 y ayudó a convertirla en una firma sana, sin deudas, que va camino a cumplir 127 años.

-¿Cuándo empiezan a generar energía en Cerro Azul?

-Somos una empresa privada pero totalmente ligada a los lineamientos que se bajan desde la Secretaría de Energía y CAMMESA para estos proyectos. Hay plazos muy estrictos. Originalmente teníamos fecha el 5 de agosto nosotros (MM Bioenergía). Pero por la pandemia y la cuarentena, eso se postergó seis meses. Ahora tenemos que estar funcionando en febrero, pero nosotros estimamos que vamos a estar técnicamente en condiciones de arrancar en diciembre e inyectar energía a la red.

-También hay cuestiones administrativas que tienen que resolver

-Necesitamos inspecciones del INTI y muchos organismos que miden y auditan cuestiones técnicas y ellos también tienen sus plazos. Espero que eso no nos demore más los plazos, la cuarentena también hace que tengan otros tiempos de trabajo.

-En algún momento hubo dudas respecto a si los contratos Renovar se iban a respetar o no, sobre todo a partir de la crisis financiera. ¿Qué mirada tienen Ustedes?

-Esto es como todo el mundo. Hay incertidumbre, de todo tipo. Esto está hecho a partir de una ley de promoción de energía renovables, la 27.191 con fondos constituidos por organismos financieros multilaterales. En un país normal duermo sin frazada por 20 años. No sé si un decreto el día de mañana va a decir otra cosa, que diga que el Estado no puede pagar, no
se…Tenemos un contrato por 20 años, donde año a año nos dicen cuánto vamos a producir, cuánto a poveer y cuánto nos van a pagar. Si estuviese en Uruguay te digo: “Tranquilo”.

–¿Cómo está la construcción de la planta?
-La obra civil quedan detalles, la parte donde se maneja la biomasa queda algo y caminos internos. Hay tres cosas importantes en una planta de estas: la obra civil, el generador/turbina y la caldera. La turbina/generador se fabricaron en la India, iban a llegar en marzo y se postergó por la pandemia, ahora mismo están en viaje y llegan al puerto el 24 de julio, en
un mes. Qué puede pasar de ahí hasta que llega a Misiones? También es un tema que genera mucha incertidumbre, porque no está claro, la ley de promoción contempla que se pague una tasa de estadística en casi todos los productos, pero no en los eólicos. Puede pasar que nos demoren un mes en la aduana o al tercer día está viajando de Buenos Aires para acá. Son ocho
equipos-o camiones, no es poca cosa. Hay que sacar permisos para transportarla por el ancho.

-La Argentina cuando normalice la economía, va a necesitar energía.

-Sin dudas, la demanda va a estar, está asegurada. Y lo que también deberá aumentar, si todo va bien, es la sustitución de la energía renovable y menos hidrocarburos. En Misiones hay plantas generadoras de energía que no son eficientes. La energía generada de esa forma, le cuesta a la provincia el doble de lo que va a costar la energía que hagamos nosotros.

-¿Cómo fue la relación con el gobierno de Misiones?
-No empezamos bien con EMSA, después sí. Tuvimos mucho apoyo de la cooperativa eléctrica de Alem y del intendente de Cerro Azul. Pero si te tengo que decir, no tenemos tanto contacto como nos gustaría. Nosotros hicimos audiencias públicas, participó la gente de Cerro Azul, vamos a generar 20 puestos de trabajo directos y 200 indirectos, aproximadamente. En su momento en enero del 2019 a Sergio Lanziani no le gustó alguna cosa de este proyecto.

Ficha personal

René Mangiaterra, 55 años (cumple esta semana)

Formación: Lic. En Sistemas, (Instituto de Estudios Superiores).

Oriundo: Matilde (Santa Fe). Residencia: Alem

Hobbies: Fúbol

MM Bioenergía

Accionistas: 72% Molino Matilde; 28% socios de MM y algunos empresarios conocidos.

Generación de energía: 3MW (equivalente al consumo de dos localidades como Cerro Azul).

Financiamiento: Fondos propios y BICE

Según el relevamiento de Economis: MM Bioenergía está entre las 10 principales inversiones privada de Misiones en los últimos años, detrás de las adquisiciones de Papel Misionero/Zucamor, el Hotel Meliá (ex Sheraton), la compra de Supermercados California o la actualización de la planta de Arauco Argentina en Puerto Esperanza.

Empleados directos: 20 / Indirectos: 200

Comienzo de operación: febrero 2021


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¿El asado del domingo? Los tips de Legnoverde, veterano de Malvinas y dueño de Friar, que representa al frigorífico del grupo Vicentín

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Roberto Legnoverde, 58 años, es dueño de cuatro carnicerías en Posadas que trabajan con el frigorífico Friar, una marca que se ha consolidado entre el público posadeño como un sinónimo de calidad y buen precio. 

Nuestro mejor día es el sábado, y el corte que más se vende -por lejos-, por supuesto, es el asado, el misionero tiene pasión por el asado”, explica este bonaerense oriundo de General Rodríguez, cuna de la empresa láctea Mastellone/La Serenisima.

Fue justamente esta empresa líder la que trajo a Legnoverde a Posadas hace 35 años. “Mi familia tenía una distribuidora de La Serenísima y la empresa necesitaba distribución acá y me vine a radicar”, recuerda en una entrevista en la redacción de Economis donde vino a explicar cómo impactó la cuarentena en el consumo de carne.

“Los últimos días de marzo y todo abril, fue complicado, bajamos mucho la venta. La gente se volcó a comprar en supermercados, que vendieron mucho. En mayo fue mejorando y ya en junio estamos de vuelta más o menos a niveles normales”, señaló.

“Este domingo viene el Día del Padre que para las carnicerías es uno de los fines de semana del año de venta muy fuerte, como el Dia de la Madre o las Fiestas y las ventas van a alcanzar el nivel del 2019”, detalla este hombre que maneja el negocio familiar junto a su esposa Alejandra, y sus hijos Matías, Antonela y Juan Martín.

El frigorífico de los dueños de Vicentín

Las carnicerías de Legnoverde son franquicias del frigorífico Friar, que en estas últimas semanas estuvo sonando mucho porque forma parte del Grupo Vicentín, que el Gobierno nacional intervino y planea expropiar, aunque con muchas resistencias de todo tipo.

Sin embargo, a pesar de las versiones iniciales, el Gobierno no planteó en el decreto de intervención a Vicentin, al frigorífico Friar o a otras empresas del grupo, sino únicamente a la nave insignia: Vicentin SAIC. 

Vicentin SAIC no controla a Friar, sino que los dueños de Vicentin, son también dueños de Friar. “Están los accionistas principales de Vicentin que controlan el 51 por ciento, pero también hay varias decenas de socios minoritarios en el frigorífico”, enumera Legnoverde.

“Hay muchas versiones, pero nosotros jamás tuvimos problemas de ningún tipo, el frigorífico trabaja muy bien, es líder y tiene más de 200 carnicerías franquiciadas en todo el país, nosotros fuimos la primera”, detalla.  

El sistema de franquicias funciona así: Legnoverde pone los locales, el personal y vende por cuenta y orden de Friar. Además de las cuatro carnicerías que controla este bonaerense que ya adoptó a la tierra colorada (Rademacher, Uruguay, Centro y Lavalle) , hay otras dos carnicerías Friar en Posadas, de allegados a este empresario de la carne (Itaembé Guazú y Tambor de Tacuarí).

-¿Cómo es el sistema de franquicias?

-Nosotros facturamos por cuenta y orden para Friar, para el frigorífico. Ganamos una comisión por facturación, por kilo y por ventas. Nosotros ponemos el negocio, el local, los empleados. Ellos nos envían la carne.

-¿Cuánto hace que tenés carnicerías en Posadas?

-Arranqué en 2003 con un abasto, después de la crisis, ahí Friar me ofreció vender asado porque a ellos les sobraba asado y vacío. En 2005 o 2006 pusimos la primera boca. Fui el primero que puso una carnicería de Friar en el país. Después ellos al poquito tiempo abrieron en Reconquista, que es la localidad de origen de Friar.

-¿Cómo es el público posadeño?

-Nosotros trabajamos mucho con la limpieza del local, que no haya olor a carne. La forma de vender, casi el 80 por ciento es carne envasada, cerrada al vacío. Con diferentes cortes. La nalga viene grande, mediana y feteada, por ejemplo. Me gustaría incluso que estén mejor los locales. Pero hoy poner un negocio a full te sale 3 o 4 millones de pesos o más, también. Y el otro tema es la atención al público, se trabaja mucho.

-¿Y los precios? 

-Para la gente es importante y se queja, pero al final no influye tanto. Trabajamos con muy buenos precios. Nosotros tenemos una relación precio calidad que deberían llevarse de todo.

-¿Cuánto vendés por semana?

-Normalmente vendo 500 planchas de asado por semana. Ahora le pedí 500 o 600 planchas más porque se vende el doble, por el Día del Padre. 

-¿Va a ser un buen Dia del Padre?

-Si, el parámetro lo tuve ayer (por el jueves). Estimo que voy a vender en kilos, lo mismo que en 2019. En plata no va a haber mucha diferencia.

-¿Los precios no subieron mucho?

-El asado lo vendíamos a 260 o 240 en diciembre pasado. Hoy lo tengo en 330 pesos.

-¿Está barata la carne?

-Está barato comparado con otras cosas. No en plata, en el impacto en el bolsillo. El Gobierno también controla que el asado no se vaya a 600 pesos. Además, ¿quién lo va a comprar a ese valor?  En algún momento los gringos (dueños de los campos) quisieron empezar a levantar los precios. Además hay un acuerdo exportador. Los frigoríficos como Friar, a cambio de exportar, tienen que vender cierta cantidad de carne a un precio especial. El Gobierno le dice: “Vos exportá tranquilo, pero necesito que me garantice esto para la gente. Tantos kilos a todo el país con determinado precio”. En Buenos Aires no está, pero en todas las demás provincias si está. Nosotros tenemos que informar todos los lunes cuántos kilos se vendieron y ellos a su vez informan a la Secretaría de Comercio. Te vienen 10 planchas por semana de asado por carnicería. Hay gente que ya sabe cuando viene. Eso me permite poner el asado a 239 pesos por kilo, final.   

-¿Qué precios tenes del asado para este fin de semana?

-Tenemos una oferta por manta completa a 265 pesos por kilo. Después por kilo, 285 pesos. Y otros dos productos: uno de $320 y uno de $360 el kilo. El vacío lo tenemos 340 o 350 pesos.   

-¿Cómo ves la intención a largo plazo del Gobierno provincial de apuntar al autoabastecimiento de carne?

-Es como tirar la sábana. Hoy la plata se va a otra provincia pero vos estás generando impuestos acá, Ingresos Brutos, sueldos, la Municipalidad se paga acá. No es que todo se va a otra provincia. ¿Podés hacer que más plata quede acá? Si. Primero podés manejar el precio, tenes 5 por ciento menos de costo de flete. Pero creo que el producto que va a haber acá no va a ser lo mismo que Santa Fe, La Pampa o Entre Ríos. Es como que quieras plantar té y yerba en Santa Fe. Me preocupa porque es el Gobierno y ahí hay una desventaja contra los privados. 

-¿Hay evasión?

-Ese es el otro tema, el de la evasión en la carne. Hay gente que te pone el asado a 190 pesos, ¿cómo hace?

-¿Con Macri se comió menos asado?

-El negocio siempre va para adelante. No es que vendí menos con Macri. En el caso nuestro no sentimos una caída del consumo. Hay un folklore.

 -¿El Ahora Carne funcionó?

Fue un gol de media cancha. Estoy con el Ahora Carne, que es un 10 por ciento de bonificación los miércoles y un 5 por ciento por débito o crédito. Eso lo da el banco. El Frigorífico con otras tarjetas tiene buenas bonificaciones también. Ahora arrancamos lunes, martes y miércoles, el Gobierno nos da el 50 por ciento de luz, aclaro que con eso no cubrimos ni la mitad de lo que bonificamos, pero viene mucha gente. Anduvo muy bien el año pasado. Levantamos mucho las ventas. 

Veterano de Malvinas

A los 18 años Legnoverde se fue a hacer la colimba al Regimiento de Infantería Mecanizado 6, con asiento en Mercedes, provincia de Buenos Aires (localidad cercana a Luján). Cuando volvió, a su casa, se reincorporó a la distribuidora familiar. Estaba por comenzar el año 1982.

Manejaba uno de los camiones repartiendo yogures, leche y quesos cuando la Argentina invadió y recuperó las Malvinas el 2 de abril. A los pocos días le llegó un telegrama a la casa: La clase 62, a la que ya le habían dado la baja, se tenía que reincorporar al regimiento.

Legnoverde, a la derecha, en una batería antiaérea en Puerto Argentino.

“La verdad, fui muy inconsciente. Agarré mis cosas, me despedí de mi familia y me fui a incorporar. El 12 de abril despegamos en un Boeing 707 de Austral desde El Palomar, habían sacado todos los asientos, estábamos con otros cinco suboficiales y soldados, y el avión repleto de munición. Al otro día subí a un Hércules y crucé a las islas, ahí arriba cumplí los 20 años”, recuerda.

El destino quiso que a buena parte del Regimiento 6, no le tocará entrar en las acciones del 12 al 14 de junio, ya que se quedaron custodiando Puerto Argentino, donde estuvieron sometidos al bombardeo. El mando argentino consideró, durante buena parte de la guerra, que el desembarco inglés iba a producirse justamente por ahí, de frente a la ciudad. “Es un pueblo en realidad”, explica, con una sonrisa.

Legnoverde es un veterano atípico. Recuerda a Malvinas sin solemnidad, aclarando más de una vez que el rol que le tocó -afortunadamente- no fue el de un soldado de los que se llevaron la peor parte, defendiendo Monte Longdon, Tumbledown o Dos Hermanas. “Un día hasta pude hablar con mi mamá por teléfono”, explica. Casi sin advertir el extraordinario valor de lo que hizo por su país.

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