Sergio César Santiago

La moral declamada y la moral practicada: una contradicción que erosiona la confianza

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Hay dirigentes que construyen su identidad política sobre la base de una supuesta superioridad moral: hablan de “verdad”, de “pureza”, de “principios innegociables”, de una ética que los distinguiría del resto. Pero cuando el discurso se vuelve un pedestal demasiado alto, cualquier gesto, decisión o concesión que no encaje con esa imagen genera una fractura profunda entre lo que se dice y lo que se hace. En el caso del presidente Javier Milei, esa tensión se ha vuelto un rasgo central de su gobierno.

Para muchos ciudadanos, la contradicción no es un detalle técnico sino un problema ético. Se percibe un dirigente que denuncia la “casta” mientras negocia con sectores que antes demonizaba; que promete transparencia mientras toma decisiones opacas; que reivindica la libertad mientras concentra poder; que se presenta como guardián de una moral superior mientras actúa según conveniencias coyunturales. Esa brecha entre la palabra y la acción no solo erosiona credibilidad: también habilita la sospecha de amoralidad.

No se trata de exigir pureza —ningún gobierno puede funcionar sin acuerdos, pragmatismo y decisiones difíciles— sino de advertir que cuando un líder convierte la moral en arma retórica, cada incoherencia se vuelve más visible y más grave. La ética deja de ser un marco y pasa a ser un recurso. Y cuando la moral se usa como herramienta de combate, pierde su valor como guía de conducta.

Algunos observadores incluso plantean que esta dinámica puede rozar lo perverso: no en un sentido clínico, sino político. La perversión, en este contexto, aparece cuando el poder se ejerce desde la provocación constante, la humillación del adversario, la descalificación sistemática y la ruptura deliberada de normas de convivencia democrática. Cuando la agresión se vuelve método y la crueldad se convierte en espectáculo, la política deja de ser un espacio de deliberación y se transforma en un escenario de sometimiento simbólico.

La pregunta de fondo es simple y urgente: ¿puede un país sostener un proyecto de futuro cuando su máximo dirigente predica una moral que él mismo no practica? La confianza pública no se construye con consignas incendiarias ni con enemigos imaginarios, sino con coherencia, responsabilidad y respeto por las reglas que sostienen la vida democrática.

La historia demuestra que los liderazgos que se presentan como salvadores morales suelen terminar atrapados por sus propias contradicciones. Y cuando eso ocurre, no es el líder quien paga el precio, sino la sociedad que depositó en él su esperanza.

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El país federal que no tenemos: la base de crisis

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La Argentina se define constitucionalmente como un Estado federal, pero en la práctica se  ha consolidado un esquema centralista, donde las grandes reformas —tributarias,  laborales y penales— se deciden en la Nación sin participación real de las provincias.  Paradójicamente, son las justicias provinciales las que deben aplicar esas normas en la  mayoría de los casos, generando una tensión entre la letra constitucional y la praxis  política. 

Federalismo en crisis 

El federalismo fiscal se encuentra debilitado: los recursos se concentran en el nivel  nacional y se distribuyen discrecionalmente, lo que genera desigualdades y dependencia  de las provincias. 1) 

Reformas recientes en materia tributaria y laboral han sido diseñadas sin instancias de  consulta federal, lo que contradice el espíritu de la Constitución de 1853 y sus reformas  posteriores.2)  

La falta de participación provincial erosiona la legitimidad de las políticas y debilita la  cohesión territorial. 

El desafío de reconvertir el federalismo 

El reto es pasar de un federalismo formal a uno sustantivo, donde las provincias tengan voz  y voto en las decisiones estratégicas. Como señalan Martín Redrado y José Urtubey,  avanzar hacia un federalismo efectivo requiere autonomía provincial y una distribución  equitativa de fondos, de modo que cada jurisdicción pueda definir sus prioridades en  infraestructura, salud y educación.3)  

En un mundo cambiante, marcado por crisis económicas y transformaciones tecnológicas,  el federalismo debe reconvertirse en un modelo cooperativo: Participación  institucionalizada: generándose la creación de consejos federales vinculantes en materia  tributaria, laboral y penal.  

Equilibrio fiscal: reglas claras de coparticipación que eviten discrecionalidad y aseguren  recursos estables.  

Justicia federalizada RESPETANDO LA CONSTITUCION NACIONAL. LAS FACULTADES NO  DELEGADAS. LA CONSERTACION: coordinación entre poderes judiciales provinciales y  nacionales para garantizar uniformidad en la aplicación de reformas pero respetando las  potestades no delegadas de las provincias anteriores al estado nacional. En tal sentido me  animo a decir que habría que dar mayor peso específico a JUFEJUS que de por si es un  ámbito virtuoso de encuentro e intercambio dándole tal vez un rol institucional y de  generación de políticas públicas de articulación de contenidos y funcionamiento  contemplado la característica de las regiones como la complementariedad de instrumentos 

técnicos, tecnológicos normativos y capacitación. Trabajando con CSJN en un grado de  respeto y a la vez integración. 

Comparación internacional: experiencias como el federalismo cooperativo alemán y el  modelo estadounidense muestran que la clave está en la corresponsabilidad y en la  existencia de mecanismos de control mutuo.4 ) y 5). 

Fundamentos constitucionales y políticos. 

La Constitución Nacional (arts. 1, 5, 75 inc. 2 y 22) establece un sistema federal que  reconoce autonomía provincial. La reforma de 1994 reforzó la idea de concertación, pero  su aplicación ha sido débil. En la práctica, el federalismo argentino se ha convertido en un  “federalismo de ejecución”, donde las provincias aplican normas que no ayudaron a  diseñar.6) 

Opinión crítica 

El país federal que no tenemos es aquel donde las provincias son socias plenas del  proyecto nacional. La reconversión exige superar la lógica de subordinación y avanzar hacia  un federalismo cooperativo, fiscalmente equilibrado y políticamente inclusivo. Sin ello, las  reformas seguirán siendo percibidas como imposiciones centralistas, con el riesgo de  fragmentar aún más la cohesión social y territorial. 

Conclusión: El desafío es construir un federalismo real, capaz de adaptarse a un mundo  cambiante, donde las provincias participen en el diseño de las políticas que luego deberán  aplicar. Solo así se logrará un equilibrio entre unidad nacional y diversidad regional,  condición indispensable para un desarrollo sustentable y democrático. 

La viabilidad de la República Argentina no puede pasar por movimientos facticos, sino  institucionalizados en el marco de una república democrática moderna, que necesita una  refundación del siglo XXI ajustada a derecho, manteniendo el sistema de controles y  contrapesos, tal vez estudiando una nueva división del trabajo y de los poderes, pero  asegurando el equilibrio con un poder judicial independiente, fuerte y con presencia en el  territorio a través del juego de las instituciones y su eficacia de funcionamiento, es tal vez  articular poderes judiciales residuales con los provinciales, para hablar de la justicia  argentina. 

 El federalismo que soñamos no es un mapa de fronteras ni un reparto de  competencias: es un pacto vivo entre pueblos que se reconocen en su diversidad y se  elevan en su unidad. No puede seguir siendo un artificio centralista disfrazado de  autonomía; debe renacer como un tejido de voces, justicias y memorias que dialogan en  igualdad.  

 En este mundo cambiante, donde las reformas bajan como decretos desde un  centro distante, el desafío es convertirlas en acuerdos que nazcan desde abajo, desde las  provincias, desde las comunidades que sostienen la Nación. Convocamos desde el anhelo  y la utopía entonces a un federalismo nuevo, místico en su raíz y político en su acción, capaz 

de reconciliar lo humano con lo territorial, lo social con lo espiritual. Un federalismo que  sea canto coral de provincias libres, que transforme la obediencia en participación, y la  fragmentación en destino común.  

Porque en el país federal que no tenemos aún late como promesa: un país donde cada  provincia es templo y cada ciudadano es guardián, donde la justicia no se impone,sino que  se comparte, donde la Nación no se decreta sino que se construye, y donde la diversidad  se convierte en fuerza creadora. Ese es el horizonte: un federalismo de carne y espíritu, de  tierra y de cielo, de historia y de futuro. Un federalismo que nos convoque a todos, como  una patria que todavía está por nacer.  

 SERGIO CESAR SANTIAGO. Abogado. 

1) FEDERALISMO FISCAL EN CRISIS. EXCESOS RECUADATORIOS CP Ricardo M.  Chicolino1 

2) Introducción: El federalismo en tiempos de crisis: economía política y desafíos  estructurales. Introduction: The Federalism in Times of Crisis: Political Economy  and Structural Challenges. ALCIDES BAZZA. VÍCTOR RAMIRO FERNÁNDEZ

3) Infobae. Martín Redrado y José Urtubey reclamaron reformas para fortalecer el  federalismo nacional y equilibrar el desarrollo. 

4) ANTONIO MARÍA HERNÁNDEZ. Doctor en Derecho y Ciencias Sociales (UNC).  Profesor Titular Plenario de Derecho Constitucional y de Derecho Público  Provincial y Municipal de la UNC. Profesor Honorario de la UBA (2018).  Postdoctorate. ESTUDIOS DE FEDERALISMO COMPARADO ARGENTINA, ESTADOS  UNIDOS Y MÉXICO. 

5) DIALNET. EL FEDERALISMO ARGENTINO EN PERSPECTIVA COMPARADA.Tulia  Falleti, Lucas González y Martín Lardone (eds.), EDUCA, Buenos Aires, 2013, 344  págs.Miguel Ignacio Mamone 

6) DIARIO LA CAPITAL DE MAR DEL PLATA. Ciclo de Encuentros Federales, una serie  de charlas abiertas al público en las que se abordarán ejes claves para el  desarrollo nacional, con la participación de académicos y especialistas de  distintas provincias.

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La costa es de todos, no de unos pocos

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En Posadas, la historia de las tierras expropiadas por Yacyretá vuelve a interpelarnos. Y es necesario decirlo con claridad: la Entidad Binacional Yacyretá nunca expropió para sí misma, sino por cuenta y orden del Estado argentino, en nombre de la utilidad pública. Esa diferencia no es un tecnicismo: es la clave para entender por qué hoy la privatización de sectores costeros constituye una violación del orden público y una frustración del bien  común.  

El mandato original y la ley 

La Constitución Nacional, en su artículo 17, establece que la propiedad es inviolable y que solo puede ser privada por causa de utilidad pública y mediante indemnización previa.  

La Ley Nacional de Expropiaciones N.º 21.499 desarrolla este principio y dispone que:  – La expropiación debe estar fundada en un fin público determinado (arts. 1 y 2).  – El bien expropiado debe destinarse a ese objeto y no a otro (art. 51).  – Si el destino se desvía, corresponde la acción de retrocesión (arts. 51 a 56).  

En el caso Yacyretá, la expropiación se justificó en la necesidad de recomponer la trama urbana, garantizar la relocalización de familias, completar el tratamiento costero y sostener la actividad náutica. Nunca se trató de un negocio inmobiliario.  

El convenio que aún obliga

El convenio firmado entre Carlos Rovira y Martínez Raimonda reconoció que los remanentes de tierras debían pasar a la Provincia o al Municipio. Ese  compromiso sigue vigente y constituye un límite jurídico: la EBY no podía apropiarse de  esas tierras, porque actuaba como mandataria del Estado argentino.  

Retrocesión y orden público 

La doctrina y la jurisprudencia son claras: La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha  sostenido que el cambio de destino de un bien expropiado habilita la retrocesión y la  nulidad de los actos que lo desvirtúan (Fallos 308:647, “Provincia de Buenos Aires c/ YPF”).  

– La función social de la propiedad (arts. 14, 17 y 41 CN; arts. 240 y 241 CCyC) impone que  los bienes expropiados se integren al proyecto colectivo y no se privaticen en beneficio de  unos pocos. La privatización de parcelas ribereñas, sin cumplir la finalidad de  recomposición urbana o acceso público, constituye una violación del objeto expropiatorio  y del orden público constitucional. Alguna vez lo sostuvimos como ministro del Superior tribunal en un caso de discusión sobre el nuevo distrito COSTANERA en el municipio  separado del barrio Aguacates. 

El valor social de la ribera: La costa no es un simple activo inmobiliario: es un espacio de integración, de encuentro, de identidad. Privatizarla es amputar un derecho colectivo. Es negar a las generaciones futuras el acceso a un bien común que pertenece a todos.  

Un llamado ciudadano: La pregunta es simple: ¿vamos a permitir que lo que se expropió en nombre del pueblo termine en manos de unos pocos? La respuesta no puede quedar  en manos de tecnicismos administrativos ni de conveniencias políticas. Es un debate de  ciudadanía, de dignidad y de memoria. La ribera de Posadas debe ser pública, abierta y  social. Porque fue expropiada en nombre de todos, y porque el bien común no se negocia. 

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Lo viejo sirve: valorar la experiencia frente a los límites de la tecnología

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En el clásico del cómic argentino El Eternauta, obra maestra de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, se encuentra una frase que ha resonado en la memoria colectiva: “Lo viejo sirve“. Esta afirmación, aparentemente simple, encierra una profunda reflexión sobre la importancia de la experiencia acumulada por las generaciones anteriores y la necesidad de equilibrar el avance tecnológico con la sabiduría humana. En un mundo donde la tecnología parece avanzar a pasos agigantados, esta idea nos invita a detenernos y reconsiderar qué significa realmente el progreso.

 La sabiduría de lo viejo. Cuando hablamos de “lo viejo”, no nos referimos únicamente a objetos o herramientas obsoletas, sino al conocimiento, las experiencias y las lecciones aprendidas por quienes nos precedieron. Los ancianos, los maestros, los trabajadores experimentados y aquellos que han vivido situaciones extremas poseen un bagaje invaluable que no puede ser reemplazado por máquinas ni algoritmos. En *El Eternauta*, esta idea cobra especial relevancia cuando los personajes enfrentan desafíos inesperados; allí, la experiencia y el ingenio humano son tan importantes como cualquier arma o tecnología sofisticada.

En nuestra sociedad contemporánea, donde la juventud y la innovación suelen ser exaltadas, es fácil olvidar que el conocimiento no surge de la nada. Cada avance tecnológico está construido sobre los cimientos de descubrimientos previos, y detrás de cada innovación hay personas que dedicaron años, décadas incluso, a perfeccionar sus habilidades y comprender los matices de su campo. Valorar lo viejo implica reconocer que el progreso no es lineal ni exclusivo de una generación, sino el resultado de un diálogo intergeneracional.

 Los límites de la tecnología

Si bien la tecnología ha transformado nuestras vidas de maneras insospechadas, no está exenta de limitaciones. La velocidad con la que evolucionan las herramientas digitales y los sistemas automatizados puede generar la falsa impresión de que la tecnología es infalible o que puede resolver todos nuestros problemas. Sin embargo, la historia nos enseña que incluso los avances más prometedores tienen consecuencias imprevistas.

Por ejemplo, la dependencia excesiva de la inteligencia artificial y los algoritmos puede llevar a la pérdida de habilidades humanas fundamentales, como el pensamiento crítico, la empatía o la capacidad de tomar decisiones éticas. Además, la tecnología, por muy avanzada que sea, carece de la intuición y la adaptabilidad que caracterizan a los seres humanos. En momentos de crisis, como los enfrentados por los protagonistas de El Eternauta, son precisamente estas cualidades humanas -forjadas a través de la experiencia- las que marcan la diferencia.

Otro aspecto crucial es que la tecnología no siempre tiene en cuenta el contexto cultural, social o emocional en el que se implementa. Las soluciones tecnológicas pueden ser eficientes desde un punto de vista técnico, pero si ignoran la complejidad de las relaciones humanas, pueden resultar contraproducentes. Aquí es donde entra en juego la importancia de escuchar a quienes han vivido situaciones similares antes, pues su perspectiva puede ayudarnos a evitar errores costosos.

 El equilibrio entre lo antiguo y lo nuevo

Valorar “lo viejo” no significa rechazar el progreso ni negar los beneficios de la tecnología. Más bien, se trata de encontrar un equilibrio entre ambos extremos. La clave está en integrar la sabiduría de las generaciones pasadas con las innovaciones del presente para construir un futuro más sostenible y humano.

Por ejemplo, en campos como la medicina, la agricultura o la educación, el conocimiento tradicional ha demostrado ser complementario a los avances científicos. Las técnicas ancestrales de cultivo, desarrolladas durante siglos mediante prueba y error, hoy son estudiadas para mejorar la resiliencia agrícola frente al cambio climático. Del mismo modo, las prácticas curativas tradicionales han inspirado nuevos tratamientos médicos que combinan lo mejor de ambas épocas.

En nuestra vida cotidiana, también podemos aplicar este principio. Escuchar a nuestros mayores, aprender de sus errores y aprovechar su experiencia no solo enriquece nuestro entendimiento, sino que también fortalece los lazos comunitarios. Al mismo tiempo, debemos estar abiertos a adoptar nuevas herramientas y métodos, siempre evaluando críticamente cómo afectan nuestras vidas y las de quienes nos rodean.

La frase “lo viejo sirve” nos recuerda que el verdadero progreso no radica en desechar lo anterior en favor de lo nuevo, sino en reconocer el valor intrínseco de cada etapa del camino. La experiencia de las generaciones mayores y los límites de la tecnología son recordatorios de que el ser humano es, ante todo, un ser social y reflexivo. Solo al combinar la sabiduría acumulada con la innovación podremos enfrentar los desafíos del futuro sin perder de vista lo que realmente importa: nuestra humanidad.

Como en *El Eternauta*, donde los personajes encuentran fuerza en la cooperación y el aprendizaje mutuo, nosotros también podemos mirar hacia atrás para avanzar hacia adelante. Lo viejo no solo sirve; es fundamental. Y, en un mundo que cambia rápidamente, tal vez sea la clave para construir un mañana más consciente y equilibrado. No olvidemos que la tecnología es una herramienta, pero la experiencia es un faro. Valorémosla, respetémosla y aprendamos de ella, porque lo viejo, efectivamente, sirve.

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La necesidad de un nuevo esquema jurídico político para el mundo, la región y el país

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Muchos se preguntan sobre la utilidad del derecho internacional luego de producida la invasión rusa a Ucrania: “si Rusia puede hacer esto, ¿para qué sirven Naciones Unidas y todas esas instituciones internacionales?”.

Los hechos parecieran demostrar que el derecho internacional no existe o que es irrelevante, análisis que nace de una visión idealizada sobre el funcionamiento del derecho en la sociedad, una lectura falsa tanto del derecho nacional como del internacional.

El derecho internacional no es un elemento mágico que transforma la realidad, tampoco el derecho penal por sí solo elimina la criminalidad, ni el derecho tributario impide la evasión de impuestos.

En el caso de Ucrania, el derecho internacional sirve en primer lugar para saber que la invasión no es justificable (brinda certeza moral). En segundo lugar, brinda herramientas para imponer sanciones y, finalmente, permite coordinar y legitimar la imposición de esas sanciones.

El panorama internacional está cambiando. Putin decidió atacar y justificó esta decisión apelando a una interpretación amplia y errada del derecho a la legítima defensa (consagrado en el Artículo 51 de la Carta de la ONU) y de la protección contra el genocidio (Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio). De igual forma, justificó el reconocimiento de Lughansk y Donetsk como repúblicas a partir del principio de libre determinación de los pueblos, tal como lo establece la Carta de la ONU.

Hay un peligro de vaciamiento de los contenidos y principios jurídicos, que so pretexto de interpretaciones amplias y hasta antojadizas, generan la decadencia del sistema internacional, fenómeno que se traslada peligrosamente a los estados nacionales.

Este proceso comenzó el 11 de septiembre de 2001. Los pilares internacionales comenzaron a ser desmontados mediante la llamada “Guerra contra el Terrorismo” que justificó dejar de lado al Consejo de Seguridad de la ONU y usar interpretaciones amplias del derecho a la legítima defensa, como la teoría de la legítima defensa preventiva. La posterior expansión del nacionalismo agresivo de Donald Trump y sus imitadores, mostró el rechazo al consenso de que el orden jurídico internacional era algo deseable. Poniendo en crisis el corazón del sistema internacional.

Ahora cualquiera viola la Carta de la ONU y usa cínicamente los argumentos jurídicos humanitarios creados para justificar anteriores usos de la fuerza, y patea una de las últimas columnas del derecho internacional.

Comienza un abrupto proceso extremadamente rápido de redefinición de los pilares de un orden jurídico eficaz y válido, con verdaderas posibilidades de ser impuesto, respetado y cumplido, extraño fenómeno que debe cumplirse en las regiones y ordenamientos jurídicos nacionales, provinciales y municipales antes de sucumbir por ineficacia e ineficiencia. Los liderazgos se pondrán en crisis, o las cuestiones de hecho podrán en evidencia su inexistencia, finiquito o necesidad de reemplazo por consensos o renovaciones de dirigencia que puedan conducir el proceso de cambio.

El orden impuesto al mundo después de la segunda guerra mundial ha caído estrepitosamente, y los liderazgos aun los que presumen de democráticos, han ido cediendo espacio a concentraciones de poder que los nuevos derechos no aceptan o al menos los empiezan a poner en crisis. La hipocresía pone al mundo en un dilema porque algunos usan las normas del derecho internacional para criticar y sancionar a los demás, pero únicamente para legitimar sus propios ejercicios abusivos de la fuerza ya sea militar o aplicada a través de formas jurídicas irrevisables, por ausencia, inercia o deserción de los poderes constituidos.

La otrora ilicitud, los procedimientos violatorios del estado de derecho se han vuelto lícitos en apariencia, quebrando el estado ideal de convivencias a partir del derecho de gentes, en función de la paz y el desarrollo con igualdad de oportunidades.

El sistema de derechos humanos en América Latina, como de los derechos individuales en Europa, Rusia o China quedan inermes frente al vaciamiento de la asamblea de las Naciones Unidas y la inexistencia del Consejo de Seguridad, poniendo en crisis la importancia del derecho internacional, pues nos debería permitir debatir y rechazar las acciones violatoria de los derechos elementales con la misma certeza.

El cambio profundo de la arquitectura internacional que traerá este conflicto tardará en cristalizarse. Pero ya es posible ver algunos cambios profundos que se acelerarán. El primero es la revelación de que puede aislarse a Rusia del sistema económico. No hay duda de que la invasión a Ucrania cambia el cálculo jurídico y geopolítico en otras áreas del mundo, cuya estabilidad han dependido hasta el momento de la proyección de hegemonía militar de Estados Unidos, hoy a nuestro juicio en franca decadencia, por ello habría que prestar mucha atención a China.

Podemos afirmar que esta guerra es el evento con implicaciones jurídicas internacionales más importante de esta generación. El derecho internacional conserva así una importancia crucial en los conflictos extremamente politizados, pues, aun cuando la solución definitiva sea política, el derecho impone no sólo su negociación, sino también, en cierta medida, las condiciones de su realización.

Salvando las distancias, el cimbronazo que implica para estados nacionales y regiones no es menos importante. La globalización está también de mudanza, y los esquemas de poder monopólicos entrarán en discusión. Asimismo, el destinatario de los bienes que debe asegurar el estado de derecho como los derechos básicos y fundamentales, se deben recrear en un esquema de libertad, alternancia política, equidad económica. La pregunta es quiénes son los líderes que podrán gestionar ese cambio que requiere el mundo, antes de que la anarquía y el vale todo se imponga.

Una vez más el derecho es la salida, la sujeción a la ley y los valores, no como una cáscara. Los cambios producen miedo, pero son el reaseguro de recuperar la humanidad.

*Sergio Santiago, abogado. Estudio Jurídico Santiago y Asociados.

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