Bibliotecas de la Buenos Aires siguen llenas pero el público no se renueva

Según el estudio del Foro Mundial de Ciudades Culturales, Buenos Aires es la ciudad con más librerías en el mundo, lo que da una referencia que en la ciudad de la furia se lee bastante, sin embargo, y hoy 13/09, cuando se celebra en el país el día del bibliotecario, las noticias del rubro no son tan buenas para festejar, por ejemplo, la producción nacional de libros mermó y aunque las salas de lectura de la mayoría de las bibliotecas están repletas, muchos de sus trabajadores aseguraron que el público no se renueva.

Desde el año 1954 el 13 de septiembre fue establecido el Día del Bibliotecario en el país. Buenos Aires se caracteriza por ser una ciudad con un enriquecimiento cultural bárbaro, es además, la ciudad con más librerías en todo el mundo por encima de Hong Kong, Madrid, Shanghai y Tokio,  y es que bien decía el escritor argentino Julio Borges: “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”.
Sin embargo, este año los bibliotecarios no saben si tienen muchos motivos para celebrar el día, pues en contexto que rodea la producción nacional del rubro no refleja un panorama favorable. Un informe de la Cámara del Libro Argentino reveló que Respecto de la producción local, se observa una disminución importante año a año: de 41.129.047 ejemplares en 2015, a 32.806.205 en 2016 y unos 25.115.762 en 2017, observado de enero a junio, sin incluir reimpresiones.
La CAL también expone en su informe que las exportaciones tuvieron un comportamiento inversamente proporcional. Pasaron de promediar los 40 millones en 2011-2012 a caer a 27.8 millones en 2016 y 14.1 en lo que va de este año. El saldo comercial fue de 50 millones de pérdida para el país el año pasado y 37 millones en lo que va de 2017.
Sumado a este panorama, la venta de libros también mermó, y se podría decir que las líneas editoriales están sufriendo y el primer trimestre del 2017 fue difícil, las ventas en las librerías bajaron entre un 20 y 25%, Ezequiel Lederkremer, vice presidente de la Cámara de Librerías, Papelerías y Afines (Capla). Debido a esta realidad, en marzo de este año se realizó una protesta denominada “El Librazo” en la que se repartieron al menos 30 mil textos.
Por su parte, los bibliotecarios coinciden con que su trabajo es “el mejor del mundo”, porque diferente a lo que todos piensan de que su tarea es la de solo administrar, clasificar y ordenar los libros, aseguran va más allá y que se “sumergen” en cada interesante historia que le cuentan los lectores  del por qué se interesó en ese libro.
Coincidieron también con que las salas de lectura en las bibliotecas están repletas, pero que el público generalmente es el mismo, es decir, no se renueva. “Mucha gente mayor, las mismas caras conocidas de siempre, o muchos estudiantes de historia, esos digamos que serían los más nuevitos, después casi siempre es gente adulta, los de siempre, que se terminan una novela y empiezan otra”, dijo una bibliotecaria que prefirió no revelar su identidad, “no estamos autorizados para hablar nada, solo el director”, aseguró.
Algunos bibliotecarios coincidieron con que el público joven no se ve tan atraído a las bibliotecas por el “boom” de la tecnología. “Ahora con esto de los libros electrónicos los chicos descargan el texto en su tabla o celular y no tienen necesidad de venir acá, si viene gente joven, pero más que todo a conocer, no es que vienen como un público frecuente”.
En Argentina, el consumo de libros electrónicos es bajo, en el país el mercado digital es pírrico y refleja solo el 2% del volumen de las ventas de libros, muy por debajo del 30% que ostenta Estados Unidos o incluso el 5% de España.

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