Bloqueo a Cuba: una política de Estado

El mundo volvió a condenar el embargo

La Asamblea General de la ONU condenó una vez más el bloqueo impuesto a Cuba hace casi 60 años por 184 votos contra dos -Estados Unidos e Israel- y algunas ausencias notorias en las deliberaciones como la de Brasil, que en la última sesión había votado contra la resolución. Hubo tres abstenciones: Ucrania, Emiratos Árabes Unidos y por segunda vez Colombia, otro gran aliado de Washington. Y cuatro países -República Centroafricana, Moldova, Myanmar y Somalia- no votaron.

Con su voto en contra de una resolución anual de condena al embargo en la Asamblea General de Naciones Unidas, Biden mostró que no ha suavizado su política hacia la isla y sigue la misma línea dura de la administración de Donald Trump, quien endureció el bloqueo. Solo en 2016, bajo la presidencia de Barack Obama, Estados Unidos se abstuvo por primera vez en 25 años de votar en contra de la resolución. En esos momentos había un acercamiento entre ambos países que ya ha quedado atrás.

La resolución se vota cada año (excepto en 2020 por la pandemia) en la ONU desde 1992 para desaprobar las medidas impuestas por Washington a fin de presionar un cambio de sistema político y social en la isla tras la llegada de Fidel Castro al poder. Lo más importante que tenes que saber es que la resolución NO tiene carácter vinculante, por lo que Estados Unidos puede hacer caso omiso de la opinión del resto de los países. Además, el peso político de la ONU es superado por el del Congreso estadounidense, único en la capacidad de levantar el embargo. 

Por su parte, el canciller cubano Bruno Rodríguez dio un discurso muy duro contra Washington. Algunas de las frases más destacadas fueron:

“Al igual que el COVID-19, el bloqueo asfixia y mata y debe cesar”

“Las 243 medidas coercitivas unilaterales impuestas por Trump se mantienen hoy vigentes y en completa aplicación práctica y, paradójicamente, van conformando la conducta del actual gobierno estadounidense”. 

“La plataforma de campaña del Partido Demócrata prometía a los electores revertir rápidamente las acciones tomadas por el gobierno de Donald Trump, en particular la eliminación de las restricciones a los viajes a Cuba, las remesas y el cumplimiento de los acuerdos migratorios bilaterales, incluyendo los visados”

Rodriguez hizo hincapié en que las pérdidas ocasionadas por las sanciones de Estados Unidos alcanzaron los 9.157 millones de dólares entre abril de 2019 y diciembre de 2020.

La cifra es astronómica para un país que atraviesa una dura crisis económica agudizada por las medidas de Washington. Mercancías cuyo nivel de producción son bajos en la isla tal como alimentos -harinas, pollo, leche en polvo- o insumos deben ser importados al doble de su precio ya que no pueden adquirirse en el vecino país. Además, Cuba no puede exportar sus productos a Estados Unidos ni usar dólares.

No distingue entre demócratas y republicanos 

En 1959, el éxito de la Revolución Cubana dio un nuevo puntapié en el ya complicado contexto de la Guerra Fría. El asomo del sistema comunista en el área natural de influencia de los Estados Unidos provocó la implementación de medidas críticas sobre la isla.

El embargo comercial, económico y financiero de Estados Unidos hacia Cuba fue impuesto sobre la venta de armas por primera vez el 14 de marzo de 1958, durante el régimen de Fulgencio Batista. La segunda vez fue en 1960, como respuesta a las expropiaciones de las compañías y demás propiedades de los ciudadanos estadounidenses en la isla por parte del nuevo gobierno revolucionario. 

En 1961, el entonces presidente Eisenhower, rompió relaciones diplomáticas con Cuba. Un año más tarde, el recién electo John F. Kennedy, declaró el bloqueo unilateral de ese país contra Cuba. Kennedy firmó la orden presidencial para implantar un bloqueo total contra la Isla, cuyo objetivo era cortar todo tipo de vínculo comercial con Cuba y cercar al país para provocar el derrocamiento del gobierno revolucionario.

En adelante, las relaciones se tornaron cada vez más hostiles. El gobierno prohibió la importación de toda mercancía de origen cubano en territorio estadounidense con el fin de asfixiar económicamente a la nación caribeña y hostigar el régimen revolucionario para así lograr su derrocamiento.

La ausencia de relaciones diplomáticas resultó ser un elemento perjudicial para Estados Unidos en sus relaciones con Cuba entre los años 1961 y 1977. Por ejemplo en 1965 se vio obligado a negociar a través de terceros un acuerdo migratorio debido a la gran cantidad de inmigrantes cubanos que llegaban a las costas de la Florida. 

Durante el periodo 1977 y 1980, ambos países intentaron comenzar un proceso de normalización donde centro del interés de sus gobiernos estaba en la búsqueda de solución de problemas concretos como por ejemplo el acuerdo y delimitación de la frontera marítima entre las zonas económicas exclusivas de ambos estados como resultado de la aprobación de la fórmula jurídica en la convención de las Naciones Unidas sobre el derecho al mar y otro sobre derechos de pesca. Ésos acuerdos fueron los primeros de una serie de actos de cooperación que posteriormente se ampliaron casi todos referidos a intereses mutuos de seguridad nacional, regional e internacional. 

Podría decirse que el inicio de una relación diplomática a través de las Secciones de Intereses quedó sin efecto con el advenimiento del gobierno de Reagan en 1980. Desde entonces Estados Unidos ha mostrado muy poco interés en desarrollar y ampliar los vínculos por esa vía. Ni siquiera bajo el mandato del demócrata Bill Clinton cambió esta tendencia. La oficina de Washington en La Habana fue priorizando la función subversiva, es decir, promover grupos de oposición y financiar y estimular sus actividades, más que la función como representación diplomática en sí. 

En 1992, el embargo adquirió el carácter de ley con el propósito de mantener las sanciones contra la República de Cuba. Según lo recogido en el Cuban Democracy Act estas sanciones continuarían mientras el gobierno se negara a dar pasos hacia “la democratización y mostrara más respeto hacia los derechos humanos”. 

En 1996, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley llamada Helms-Burton Act mediante la cual se eliminó la posibilidad de hacer negocios dentro de la isla o con el gobierno de Cuba por parte de los ciudadanos estadounidenses. En 1999, el presidente Bill Clinton amplió el embargo comercial prohibiendo a las filiales extranjeras de compañías estadounidenses comerciar con Cuba por valores superiores a 700 millones de dólares anuales, siendo por ello la primera ley transnacional en el mundo. No obstante, en el 2000 el mismo Clinton autorizó la venta de ciertos productos humanitarios a Cuba.

El punto culminante de este cambio en las funciones de las secciones de intereses ocurrió en 2002-2003 cuando el gobierno de George W. Bush instó a su enviado a La Habana a provocar una ruptura total de relaciones. Un tímido cambio pudo vislumbrarse bajo la primera administración Obama. Propuso a Cuba reiniciar las conversaciones migratorias bianuales suspendidas por Bush en el año 2003. Además en vísperas de la Cumbre de las Américas en 2009 en Trinidad y Tobago, Washington tomó una serie de disposiciones, la más importante fue la liberación de los viajes para los cubanoamericanos. Recordemos que hoy Barack Obama había reconocido que la política hacia Cuba había sido un fracaso. 

Los avances que se podrían haber logrado a partir del anuncio realizado el 17 de diciembre de 2014 bajo la administración Obama, sobre restablecer conversaciones para mejorar las relaciones diplomáticas, quedaron sin efecto con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca quien retomó la política de mano dura hacia la isla, incluso durante la pandemia, impidiéndole acceso a ciertos insumos básicos para combatir el COVID. 

La administración de Trump endureció el embargo con medidas que van desde la suspensión de cruceros y envíos de remesas y restricciones de viajes, pasando por recortes de la atención consular a la isla o abrir la persecución a los barcos con combustible que la isla compra.

Además abrió la posibilidad de que personas lleven a los tribunales a empresas de terceros países que se atrevan a invertir u operar con Cuba e impuso multas a bancos internacionales que aceptaron dinero de la nación caribeña.

El argumento de Trump es que el gobierno cubano viola los derechos humanos de los ciudadanos. Durante su campaña electoral, Biden dijo que desarticularía algunas de esas medidas para volver a la política de diálogo iniciada por Obama, pero hasta ahora no hubo cambios.

El embargo comercial hacia Cuba es el más prolongado que se conoce en la historia moderna. A pesar de las diversas manifestaciones realizadas por parte del gobierno cubano en Naciones Unidas, y del gran apoyo que la comunidad internacional ha mostrado, apoyándose sobre los principios de igualdad soberana de los Estados, la no intervención y no injerencia en asuntos internos, la libertad de comercio y navegación internacionales, y las pérdidas económicas que ambos estados sufrieron como consecuencia del bloqueo, el conflicto parece no tener una pronta solución.

Geopolítica cubana ¿qué onda?

Sin lugar a dudas el año 1989 fue un punto de inflexión en la historia reciente de Cuba. 

La desintegración del bloque socialista sumergió a la economía cubana en una crisis sin precedentes. En apenas cuatro años la pérdida del 85% de los nexos comerciales y financieros con el exterior arrastró al país a un deterioro de las principales variables económicas prácticamente insostenible se contrajeron las exportaciones, las importaciones y el PBI. Como consecuencia de eso Cuba quedó completamente aislado y este aislamiento de un escenario internacional marcado por el fin de la Guerra Fría no fue sólo económico sino también geopolítico.

Ya que en 1989, comenzó la transición de un mundo caracterizado por la bipolaridad hacia la unipolaridad bajo la hegemonía absoluta de Estados Unidos, una hegemonía que limita las posibilidades de Cuba de defender el modelo político, económico y social sobre el que ha sustentado y desea seguir sustentando se la revolución. Es por eso que se pueden identificar cambios en el patrón de intercambio de relaciones como por ejemplo el proceso de acercamiento a socios que cumplan con un doble requisito: deben repercutir positivamente en la recuperación económica de la isla y al mismo tiempo no deben intervenir en las decisiones soberanas de la misma. 

Durante los años 90 y los 2000 la presencia de la Unión Europea en la economía de Cuba se consolidó día tras día hasta lograr casi 1/3 del comercio internacional de bienes de Cuba. Pero la incidencia de Venezuela y China en la importancia de intercambio comercial en un nuevo contexto geopolítico con el advenimiento de ciertos gobiernos populares en la región y un no alineamiento a las políticas de Washington en la región latinoamericana, empezó a complicar las relaciones estables que tenía con la Unión Europea y así comenzaron los problemas como por entre 2003 y el 2005 cuando se reavivaron viejas posiciones respecto a un modelo económicamente más liberal y políticamente pluripartidista. 

La Unión Europea le exigió a Cuba también más libertad de civiles e indicios de mejoras en la supuesta violación de derechos humanos es por esto que las relaciones empiezan a tener un transcurso más conflictivo y los antiguos países socialistas comienzan a jugar un papel muy importante en la geopolítica cubana. Sobre todo destacando el papel que cumplió España en todo este proceso entendiendo que el vínculo es mucho más estrecho que con el resto de los países, teniendo en cuenta el pasado colonial y la posición del gobierno español en aquel momento con la creencia de qué la transición española de la dictadura franquista a la democracia puede ser un ejemplo para la isla.

Es por ello, que Venezuela y China, entre muchos motivos, se convirtieron en los principales nexos comerciales. No podemos dejar de lado que en un contexto tan complejo, hoy China es el principal socio comercial de la isla. 

A pesar de la lejanía geográfica de la cooperación económica y comercial entre China y Cuba ha mantenido siempre un desarrollo estable desde el establecimiento de las relaciones diplomáticas. 

Dichas relaciones con el gigante asiático se han desarrollado en el plano comercial, finanzas, nuevas energías, biotecnología y en distintos temas de cooperación. Pensemos que la Habana se suscribió oficialmente a la Belt and Road Iniciative (BRI) en 2018 durante la primera visita al extranjero del presidente Miguel Díaz-Canel, en un itinerario marcado también por la nostalgia de la Guerra Fría donde incluyó a Rusia, Vietnam y Laos.

Y si hablamos de Rusia, tenemos que nombrar las relaciones en aumento que poseen ambas naciones, conformando una de las alianzas estratégicas de más larga data que no le caen para nada bien a Washington. 

Claramente desde 1990 en adelante el punto de vista político hagamos países coinciden los principales temas de la agenda internacional sobre todo construir un orden mundial basado en la multipolaridad y el principio del derecho internacional con la organización de las Naciones Unidas asumiendo un rol clave sobre todo en materia de seguridad e incluso coincidiendo con la visión de la importancia de un desarrollo sanitario a nivel internacional, estratégico en este contexto de pandemia donde Cuba ha sido perjudicada por el bloqueo estadounidense a ciertos insumos básicos.

Es por eso que nos últimos dos años se han hecho énfasis en la importancia de garantizar la calidad de la salud de ambos pueblos a partir no sólo de la exportación de medicamentos y productos de la industria farmacéutica y biotecnológica sino de también la utilización de capacidades existentes en Rusia que le permitan a Cuba producir medicamentos para el gigante euroasiático y para la región latinoamericana hoy aliada del bloque conformado por Rusia y China en la diplomacia de vacunas. 

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