Borrón y refundación nueva
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Aún resuena en el mundo futbolístico la temprana eliminación de la Selección Argentina del Mundial de Rusia, sobre todo y con mucho énfasis en nuestro país. Por estas horas se agigante el rumor de cambio en la conducción técnica sin abundar demasiado en los serios problemas que desencadenaron en la resolución final de la Copa del Mundo. Y obviamente la danza de nombres de posibles reemplazantes, a un cargo que está ocupado, comienzan a surgir uno tras otros.
Estamos acostumbrados a que todo lo que se haga en Argentina, en todo aspecto, sea desechable, descartable, efímero. Se constituye todo desde el resultado, siendo siempre más sencillo encontrar culpables superficiales, en este caso el entrenador o bien los jugadores. Sin embargo el problema que acecha al fútbol argentino es más profundo, de raíz: es estructural. Para eso habría que preguntarse si realmente estábamos para llegar hasta instancias más decisivas o bien, ¿Cómo fue el camino durante el proceso para llegar a Rusia? Mínimamente esos interrogantes.
De memoria sale la cadena de errores que retumbaron fuertemente con el pitazo final ante Francia: Renuncia de Alejandro Sabella, asume “Tata” Martino, 38 a 38, Comisión Normalizadora, bochorno en Río 2016, renuncia Martino, asume por ocho meses Bauza, se va, llega Sampaoli, clasificación celestial ante Ecuador y a Rusia. Línea de 3, de 4, arquero jugador, con 9, con “falso 9”.
Rusia fue un auténtico golpe de realidad. Se entró por la ventana a un Mundial que se estuvo a punto de mirar por TV. Pero esta generación, que dejó la vara alta para lo que vendrá, invitó a esperanzarse por el peso propio de las individualidades. Sin embargo este juego es colectivo. El equipo sacó el fuego sagrado ante Nigeria, cuando la soga apretaba el cuello. Jugando con el corazón en la mano, con espíritu, entrega y compromiso, aristas que nunca quedaron al debe, como sí la materia futbolística, el trabajo en equipo. ¿Fue temprana la eliminación? Prácticamente estábamos de regalo. Pero teníamos a Messi, un plus que cualquier selección del mundo le gustaría tener, aunque nunca se lo rodeó de elementos que lo hagan lucir para explotar al máximo sus virtudes. La esperanza estuvo hasta el último segundo del partido con Francia – a pesar que el desarrollo del mismo marcaba la cruda verdad -, la última pelota, pero en la libreta de deseos ya no había lugar para un nuevo pedido.
Llegó el momento de barajar y dar de nuevo. Una generación ha llegado al epilogo con resultados satisfactorios para fútbol nacional, con una medalla dorada en Pekín 2008, un subcampeonato mundial 2014 y dos en América 2015 y 2016.
Es tiempo de constituir un proyecto que sea perdurable en el tiempo, respetando los procesos, con bases fuertes y sólidas. Con tutores en las juveniles para alimentar en el futuro a la selección mayor. Dejando los intereses personales al margen – dirigentes, clubes, empresarios, jugadores y técnico, etc. – por el bien común para continuar entre las potencias mundiales.
