COLUMNISTAS

Imputabilidad y anomia

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La posibilidad de sanción de una nueva ley penal que disminuya la edad de imputabilidad responde a una sensación, entendible, de la sociedad de que no existe una política pública que castigue a quienes violen las normas. Creemos que se tratan de dos cuestiones que, si bien están vinculadas, no necesariamente deben ser consideradas idénticas.

Estamos convencidos de que, como decía Ronald Dworkin, vivimos dentro y según la ley, y esta nos convierte en lo que somos. O deberíamos al menos. He aquí un gran problema nacional: indiferencia total respecto del cumplimiento de las normas. A lo que debe sumarse la creciente inseguridad en los polos urbanos. La situación es compleja sin lugar a dudas.

Existe una enraizada concepción en la sociedad de que “no pasa nada” si las leyes no se cumplen. Los derechos individuales prevalecen por sobre lo colectivo. La vulneración de las leyes se justifica en el habitual “todos lo hacen”.  Cualquier intento de orden por parte de las autoridades es calificado como “represión”. La tradicional costumbre del piquete es un ejemplo.

Es evidente que en un sistema jurídico donde el sistema de premios y castigo no resulta eficaz, la modificación de las leyes penales no aportará mucho a los fines buscados.

Entendemos inaceptable el abolicionismo. Resulta imposible el orden social sin penas que castiguen las faltas. Ninguna organización podría funcionar sin control sobre el cumplimiento de las reglas (familia, trabajo, clubes, tránsito, etc.). Las penas deben existir y aplicarse, porque de esa manera el resto del ejido social utiliza y valora el ejemplo. Funciona casi como por contagio.

Sabemos bien quela existencia de normas no implica necesariamente la comprobación de la justicia. Si existe una incorrecta distribución de bienes y obligaciones, oportunidades y deberes, entonces habrá estado de injusticia. Esta percepción es la que tiene hoy (o parece que posee) la sociedad. Un número relevante de personas entiende que existe una notable discrepancia entre las leyes y la justicia como valor. Hay leyes pero no hay justicia. Y puede que tengan razón.

Argentina posee un corpus normativo suficiente pero falla en la aplicación del mismo. El sistema constitucional y convencional vigente, así como el derecho privado y público nacional es de vanguardia. El problema es el control de cumplimiento de las normas y la rápida y eficaz respuesta ante las inobservancias.

La baja de la edad de imputabilidad para los menores se enmarca en ésta búsqueda por “castigar realmente” a quienes violan las leyes. La cuestión es que a los menores la pena impuesta no puede ser la común, o la misma que a los mayores, y además, requerirá de mayor asignación de recursos y seguimiento de los chicos que ingresen al sistema. Esto debería tener muy claro quienes impulsan este tipo de normas. Es un mandato constitucional y convencional.  

Si bajar la edad de imputabilidad de los menores implica la creación de un sistema eficaz e integral de reeducación de los menores, con estricto control de objetivos y metas interinas como definitivas y que tenga como principal fin la protección integral del niño en situación de delincuencia, entonces, podría verse como un aporte.

Tratar la baja de la edad de imputabilidad es sólo tratar el efecto y no la causa del problema, pero no por ello debe dejar de analizarse. Entiendo que aporta mucho al origen del problema esta anomia social crónica, por cuanto, cuando un niño ingresa a la delincuencia es porque ha transcurrido ya por una innumerable sucesión de ausencias, entre ellas, la del Estado y la sociedad toda.

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La imputación penal de menores como discurso de emergencia

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Hoy se inician las sesiones ordinarias del Congreso Nacional. En su discurso de apertura, el Presidente de la República, Mauricio Macri, entre otros proyectos, va a proponer la creación del fuero penal juvenil y la disminución de la edad para atribuir responsabilidad  penal en los adolescentes. Si bien la segunda propuesta es una consecuencia de la primera, en realidad son cuestiones distintas, con orígenes absolutamente disimiles.

El primero proviene de las responsabilidad internacional de la Argentina que al suscribir la Convención de los Derechos del Niño y Adolescente (CDN), tratado con rango Constitucional, donde se obligó a desarrollar un fuero especial en materia penal y correccional para los menores de 18 años.

A partir de dicha edad, a todo ser humano se los considera plenamente responsable de sus actos. La segunda propuesta, muy alejada  de la primera, responde a una cuestión política coyuntural, tratando de dar respuesta a legítimos reclamos sociales sobre recientes casos de extrema violencia en donde se vieron involucrados jóvenes menores de 16 años.

La creación del fuero especial, responde al enfoque orientador de la Doctrina de la Protección Integral de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia, que surge de la CDN como paradigma de reflexión y acción, siendo insistente la existencia de este fuero por varios organismos internacionales creados para fiscalizar la protección de los Derechos Humanos, como ser el caso de  UNICEF.

Este organismo exige que la ley penal juvenil Argentina, sea compatible con los estándares internacionales en la materia, que tienen como objetivo principal, la resocialización de los jóvenes y la no profundización de sus condiciones de vulnerabilidad.

El servicio de justicia especializada para adolescentes y jóvenes debe garantizar el abordaje diferenciado desde el inicio de la investigación hasta la finalización del cumplimiento de la sanción, incluyendo cada una de las instancias superiores. Hablamos de asignación de recursos económicos y el nombramiento de jueces, fiscales, defensores y equipos técnicos interdisciplinarios, con procesos de selección transparentes, que contemplen efectivamente la especialización en materia de niñez y adolescencia. Todo esto cuesta mucho dinero y lleva tiempo.

Según los estándares internacionales de protección de derechos humanos, en materia de niños y adolescentes, exige como regla, medidas no privativas de la libertad y medidas alternativas al proceso judicial, dejando como sanción excepcional,  en casos de extrema necesidad, la restricción de la libertad personal.

El lector, podrá advertir sin esfuerzo, que la segunda propuesta, bajar normativamente la edad de las personas para que respondan penalmente por actos disvaliosos, va claramente a contramano de la primera propuesta, no solo por contradecir el texto internacional incorporado a nuestra Constitución Nacional, sino también, a todas las posiciones de organismos internacionales que advierten sobre la falta de desarrollo intelectual del menor, conciencia y comprensión de sus actos, sumado a ello, la inestabilidad familiar, vulnerabilidad social y económica, carencia de grupo de contención, combo que coloca en una frágil situación al menor involucrado y lo inhibe para atribuir responsabilidad penal.

Además de ser interpretado como un retroceso en materia de derechos humanos y como una medida regresiva, un menor en prisión es sumamente oneroso, podría ser un potencial delincuente en su vida adulta, lo decimos desde la observación de la vida en las cárceles argentinas, no olvidemos, que los adolescentes vulnerables, que son los que el sistema punitivo atrapa, al haber cumplido su condena, son liberados, siendo las posibilidades de reinserción social tan escasas o nulas, que los lleva a delinquir nuevamente, un circulo nefasto en el cual la sociedad argentina no puede permitirse para el futuro del país.

La inmensa e inagotable tarea de todos y cada uno de nosotros, es apostar a la educación familiar y pública, recuperar las buenas costumbres, contener a los niños y niñas que serán el futuro de la sociedad toda, rescatar a nuestros adolescentes de la llamada generación NI NI (ni estudia ni trabaja) apostando a darles un futuro promisorio para ellos. Es muy fácil y altamente cínico, creer que bajando la edad de imputabilidad penal solucionaremos los gravísimos problemas sociales que presenta nuestra Nación.

Esta probado en otros países, que disminuir la edad de imputabilidad no ha tenido el menor efecto sobre los delitos graves, surgiendo de las estadísticas nacionales, que los delitos de mano propia son en su alta mayoría, concretados por personas en un rango de edad de 18 a 25 años, lo que nos demuestra, que nuestro sistema sancionatorio abarca plenamente a las personas consideradas plenamente consientes de sus actos. Bajar la edad de responsabilidad penal no genera en ningún caso, mayor seguridad.

Este discurso de emergencia, propia de la política argentina, no debe ser aceptado por la sociedad, pues esconde, y esto está fuera de discusión, la consagración subliminar de renunciar a políticas de Estado, para proteger, educar y sociabilizar laboralmente a todos nuestros niños y adolescentes, siendo una franca contradicción con los fines supremos fijados por el preámbulo de la Constitución Nacional y los documentos internacionales en materia de derechos humanos que la integran.

Mi pronóstico de ambos proyectos del Ejecutivo: se aprobara la creación del fuero penal juvenil, cuya  ejecución llevará años de preparación y la disminución en la edad, esta será ampliamente rechazada. Es mi opinión.

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Necesitamos líderes capaces de liderar

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Cómo liderar a otros cuándo no nos podemos liderar, cuando nos cuesta cumplir con nuestra palabra, tomar riesgos y, comunicarnos efectivamente, ser capaces de inspirar. 

 

Todos podemos ser líderes desde el lugar en el que estamos, cuando impactamos positivamente en nuestro entorno haciendo que los demás también puedan ser felices y vivir cada día mejor. Para lograrlo tenemos que ir más allá, pensar en otros, pero sobre todo tener en cuenta que no necesariamente lo que para nosotros funciona para otros también funcionará.

 

A veces somos muy buenos en algún área o actividad en especial, motivo por el cual nos eligen para estar a cargo de un sector o de un grupo de gente en particular. El problema es que ser líder supone mucho más que saber “hacer bien una tarea”, o tener “resultados”. No se trata de un cargo asignado, sino de hacernos cargo y cuidar a aquellos que acompañamos. El liderazgo extraordinario consiste en desarrollar lo mejor de nosotros mismos y de los demás despertando al líder interior. 

 

Es cierto que todos podemos ser líderes, desde nuestro rol como ciudadanos comunes, o nuestro lugar de trabajo, pero para lograrlo tenemos necesariamente que aprender, y prepararnos. Generalmente queremos aplicar con los demás lo que a nosotros nos da resultado, así como nos motivamos, así buscamos motivar a otros. Vemos que algunos, los que se nos parecen, nos siguen mientras que el resto del grupo no sólo no nos sigue, tampoco se interesa ni se motiva con nuestras propuestas. Esto sucede porque la manera de motivarnos es para cada uno diferente, y depende de lo que cada uno valora o selecciona como válido.

 

Lo mismo sucede con la comunicación. Creemos que porque hablamos y nuestros interlocutores comparten nuestro idioma, comunicarnos es sencillo. Nada más alejado de la realidad.  La comunicación es una de las funciones más importantes del líder. De acuerdo a las estadísticas, entre 70% a 80% de sus esfuerzos dedican a informar o direccionar a otros para la acción. Pero la comunicación suele ser uno de los puntos débiles, y no estamos preparados para generar sintonía con otros, comprender el lenguaje no verbal, mucho menos dominamos la oratoria.

 

Ser capaces de generar comunicaciones que inspiran, impactar positivamente cuando hablamos en público, movilizar inspirando a los demás a alcanzar su máxima potencialidad requiere de conocimiento y maestría. Nuestra sociedad también necesita de personas increíbles que sean capaces de liderarse para liderar, de superarse para acompañar a otros en su propio camino de superación.

 

Algunos dicen que “líder se nace”, otros confían en que “líderes se hacen”. Si esto último es cierto y nos resuena tenemos la obligación de ser optimistas, pero aún más de acompañar a otros a que también lo logren. Las librerías están llenas de libros de auto-ayuda, qué pasaría si tuviéramos aún más estantes de libros que nos enseñen a cooperar, a poner las necesidades de otros en primer lugar, o lograr juntos nuestra máxima posibilidad como sociedad?

 

Formarnos es clave. Por eso este año se llevará a cabo una Formación intensiva e integral para líderes, a cargo de la Lic. Sol Jouliá, Trainer en Programación Neurolingüística y Coach. La propuesta tiene 7 meses de duración y arranca en marzo. Las inscripciones están abiertas.  Para más información: www.soljoulia.com.ar / facebook.com/soljoulia – correo: soljoulia@gmail.com

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Repensando la violencia de género desde una perspectiva sociológica

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A pesar de importantes avances en materia de políticas públicas de abordaje de la violencia contra la mujer, la discriminación en razón del género confronta con la democracia. Se origina en los rasgos patriarcales que aún perviven y que remiten a una distribución desigual del poder entre hombres y mujeres en la cual los varones dominan en aspectos sociales como, la participación mayoritaria en el espacio público o la atribución de mayor estatus a sus ocupaciones. La división del trabajo ha relegado históricamente a las mujeres al ámbito doméstico, mientras que “naturalmente” los hombres fueron parte de la vida política y ocuparon puestos asalariados.
El cuidado de la casa, la crianza de los hijos o profesiones como la docencia que requerían de “amor materno” quedaban como única opción para las mujeres hasta que poco a poco, a partir de los 60, se comenzó a interpelar el orden histórico social construido culturalmente y reforzado legislativamente, desde el código de Hammurabi que consideraba que el hombre deudor podía pagar su crédito ocupando a su esposa como sirvienta en casa del acreedor (1), pasando por la criminalización en las leyes de indias a las mujeres que vestían oro y piedras preciosas, hasta nuestro Código Civil sancionado en 1869, en el que las mujeres han sido consideradas incapaces durante décadas, adquiriendo capacidad civil plena recién en el año 1968.
Como se advierte, el referido orden social no se construyó de un día para el otro. Ya en la antigüedad, Platón creía que el varón poseía un alma racional inmortal, ubicada en la cabeza, y otras dos alojadas en el pecho (el alma irascible, del coraje militar) y en el vientre (el alma concupiscente). La mujer no poseía alma racional y por tanto se la consideraba un hombre castigado e incompleto. Aristóteles también mantenía la teoría del sexo único, la mujer era un varón disminuido, imperfecto, y el varón tenía que mandar sobre los esclavos, los hijos y la esposa por ser naturalmente más apto que la mujer. Estas viejas ideas han ido consolidando un tejido social de características androcentristas que se ha arraigado fuertemente.
La cultura y sus prácticas deben ser interpeladas cuando producen discriminación y colocan en un lugar de inferioridad a otras personas en razón de su etnia, religión o género. Alcanzar una sociedad inclusiva implica reconducir o reconstruir las instituciones con prácticas más equitativas que, contemplando la diversidad, promuevan la igualdad y eviten la falsa superioridad masculina. Es importante, y solo a modo de ejemplo, reafirmar que la crianza y el cuidado de los hijos e hijas y de personas de avanzada edad esté descentralizada de la mujer y compartida con la pareja; en ese sentido cabría repensar las licencias laborales, concretamente por maternidad y paternidad, y las responsabilidades domésticas.
La violencia de género integra un sistema de dominación contrario a la justicia y el derecho, que se consolida como estructuras psíquicas (modos de sentir, pensar y actuar), sociales, económicas, políticas y jurídicas que interactúan y construyen realidad: una realidad que reproduce la desigualdad. La institucionalización de una de la igualdad de género demanda del diseño de políticas y de estrategias tendientes a transversalizar la perspectiva de género como herramienta teórico-metodológica que permite identificar mecanismos o dispositivos económicos, sociales e institucionales que sustentan la subordinación de mujeres a hombres.
En la actualidad, las políticas públicas referidas a la violencia de género toman como punto de referencia la Ley 26.485, de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, sancionada en marzo de 2009 y los tratados internacionales a los que ha adherido el Estado Argentino. También la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), el Pacto de San José de Costa Rica —aprobado por ley nacional N° 23.054 de 1984) y la CEDAW,que han adquirido jerarquía constitucional a partir de la Reforma de 1994 (art 75,inc. 22).
La ley nacional no sólo se aplica a la violencia intrafamiliar, sino a otras modalidades de violencia contra las mujeres ejercidas en diferentes ámbitos, incluso perpetradas desde el Estado o por sus agentes: violencia institucional, laboral, contra la libertad reproductiva, violencia obstétrica y mediática (art.6) Su artículo 3 garantiza todos los derechos reconocidos por la CEDAW, la Convención de Belem Do Pará, la Convención sobre los Derechos del niño y la Ley nacional 26.061 de protección integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, en especial los referidos a: a)una vida sin violencia y sin discriminaciones; b)la salud, la educación y la seguridad personal c) la integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial d) la intimidad y la libertad de creencias d) de gozar de medidas de protección y seguridad e) de acceso gratuito a la Justicia en los casos comprendidos en la ley e) de igualdad real de derechos , oportunidades y trato entre varones y mujeres y f)un trato respetuoso de las mujeres que padecen violencia, evitando toda conducta, acto u omisión que produzca revictimización.
La Convención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) fue aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 28 de diciembre de 1979, ratificada en nuestro país por ley 23.179 de 1985. Establece en su art. 15 que “Los Estados partes reconocerán a la mujer la igualdad con el hombre ante la ley (…) reconocerán a la mujer en materias civiles, una capacidad jurídica idéntica a la del hombre y las mismas oportunidades para el ejercicio de esa capacidad…”A su vez dispone en su art. 16 que “Los Estados parte adoptarán todas las medidas adecuadas para eliminar la discriminación contra la mujer en todos los asuntos relacionados con el matrimonio y las relaciones familiares y, en particular, asegurarán, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres (…) los mismos derechos y responsabilidades durante el matrimonio y en ocasión de su disolución y los mismos derechos personales como marido y mujer, entre ellos, el derecho a elegir apellido, profesión y ocupación”.
La Convención de Belem Do Pará, para Prevenir, Sancionar y erradicar la violencia contra la mujer fue suscripta en Brasil en el año 1994 y nuestro país la incorporó al derecho interno mediante ley 24.632 en el año 1996. Reconoce expresamente la violencia de género y que ésta constituye una violación a los derechos humanos de las mujeres. En ella los Estados Partes se comprometieron a “adoptar medidas jurídicas para conminar al agresor a abstenerse de hostigar, intimidar, amenazar, dañar o poner en peligro la vida de la mujer de cualquier forma que atente contra su integridad o perjudique su integridad (art. 7, inc. d).
Siendo Argentina parte del Sistema Interamericano de Protección a los Derechos Humanos a partir de la firma y ratificación de los tratados mencionados, esta pertenencia implica un expreso compromiso con los derechos y libertades a los que refieren, y la adopción de las medidas que resultaran necesarias para hacerlos efectivos. Sustancialmente se promueve la modificación de patrones socioculturales discriminatorios y de prácticas que se basen en la premisa de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los géneros, y se convoca a los Estados a fomentar la educación y capacitación del personal en la administración de justicia, policial y demás funcionarios encargados de la aplicación de la ley, así como del personal a cuyo cargo esté la ejecución de las políticas de prevención, sanción y eliminación de la violencia contra la mujer (2).
En el año 2012 el Congreso de la Nación sancionó la ley 26791 que incorpora al Código Penal el Femicidio, como figura agravada del delito de homicidio simple. La reforma introdujo la modificación y ampliación del inciso 1º del artículo 80 del Código Penal que prevé una pena de reclusión o prisión perpetua para quien matare a su “ascendiente, descendiente, cónyuge o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no violencia”. Al inciso 4º del mismo artículo, se incorporó la motivación por odio “de género, o a la orientación sexual, identidad de género o a su expresión”. Se agregaron los incisos 11º y 12º. El primero define la figura del femicidio como el crimen de una mujer como consecuencia de la violencia de género. Por su parte, establece la misma pena para la situación planteada en el nuevo inciso 12º que prevé el caso del que matare a otro “con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una relación en los términos del inciso 1º”.
También en el mes de diciembre de ese mismo año, la ley 26.842 modificó la ley 26.364 de Prevención y sanción de la trata de personas y asistencia a sus víctimas. Una de las modificaciones más significativas ha sido establecer la configuración delictiva sin que se requiera un consentimiento de la víctima viciado o anulado por empleo de medios coercitivos, engañosos o intimidatorios. Se ha establecido expresamente que el consentimiento del sujeto pasivo es irrelevante a los fines de la perpetración delictiva.
La labor de sensibilización y concientización sobre la problemática llevada a cabo por distintos sectores del Estado contribuyó a transformar la conciencia social sobre la vulnerabilidad de la vida y de la integridad física de las mujeres en el seno de la familia y en otros ámbitos de la sociedad, que merecen atención desde que conforman un problema público y no privado. Afirmar que la problemática de la violencia de género es un asunto público significa situarla en la agenda de los Estados como una cuestión de derechos humanos. Aunque las distintas jurisdicciones nacional y provinciales, en las áreas del Poder Judicial como en las distintas dependencias del Poder Ejecutivo que prestan servicio a mujeres víctimas de violencia, aún no garantizan mecanismos suficientes (en términos de recursos humanos, equipos interdisciplinarios, subsidios, licencias, guarderías, acompañamiento y continuidad en los tratamientos) para la atención de esta problemática.
Es necesario pensar en la implementación de un sistema de atención integral de la víctima de violencia en el contexto de un nuevo paradigma que, recogiendo lo recorrido hasta el momento, constituya una respuesta más eficiente.
Las estadísticas indican que todavía no se ha logrado reducir el número de femicidios registrados por año en nuestro país. En lo que va del 2016, según el observatorio de la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá), 226 mujeres fueron asesinadas por su condición de género. Solo en 17 días del pasado mes de octubre, hubo 19 casos. En todo 2015, de acuerdo con el informe anual que publica la ONG “La Casa del Encuentro”, fueron 286, cifra similar a las del 2014 (277) y 2013 (295) (3).
La violencia de género sigue produciendo manifestaciones aberrantes. En Nigeria, el pasado 14 de octubre, se han liberado a 21 chicas de la localidad de Chibok que habían sido secuestradas en el año 2014 (4), oportunidad en la que el grupo terrorista Boko Haram irrumpió en un establecimiento educativo y raptó 200 niñas. Provocar tan aberrante atentado en una escuela expresa un especial significado. Es que la educación es una práctica para la transformación social y tiene la virtuosidad de volver cada vez más inestable cualquier orden social autoritario que sólo pretende proscribir derechos y atribuirse facultades en nombre de valores que buscan legitimarse tanto a través de sutiles proverbios como de crueles asesinatos.
Aunque las líderes mujeres ya no son una rareza en el mundo, los hombres las siguen superando holgadamente en número. Para junio de 2016, el 22,8 % de los parlamentarios del mundo eran mujeres, según Naciones Unidas, y hace una década, las mujeres eran el 11,3%. En Estados Unidos, de 50 estados, sólo 6 son gobernados por mujeres, y de 100 senadores, sólo 20 son mujeres (5). Incrementar el cupo femenino para el acceso a cargos públicos configura un avance importante en determinadas circunstancias de tiempo y lugar, pero no es suficiente para alcanzar la igualdad.
La reflexión sobre la mujer y su lugar en la sociedad es objeto de los estudios de género. Ellos proponen desnaturalizar los estereotipos y repensar las capacidades humanas que trascienden la mera división hombre/mujer y son propias de la persona, con la finalidad de alcanzar una visión más completa e integradora sobre el mundo social.
El acceso de la mujer a lugares socialmente asignados al género masculino habrá de instalar un nuevo paradigma desde el cual ejercer esas prácticas, dotándolas de un nuevo sentido, porque la forma de cambiar un lugar es debatiendo sobre su contenido y resignificándolo con otros valores que cooperen en la construcción de una sociedad democrática. No se trata de suplantar la facción masculina y que la presencia de la mujer produzca una inversión de los roles dominante- dominado. Su participación en las instituciones públicas necesariamente se relaciona con nuevas prácticas sociales sobre la base de valores emancipatorios, que tengan como norte la democracia y la mejor calidad de vida de todas las personas. Por dar un ejemplo de lo antes dicho, Paulo Freire, en su pedagogía del oprimido, expresa que la educación no debe ser más un acto de depositar, donar o transferir saberes , una práctica en la que no hay un grupo de maestros poseedores del saber que quieren colonizar a un sector despojado de conocimientos, sino una relación dialéctica en la que ambos grupos emprenden una reflexión sobre la realidad para crear un mundo más justo e igualitario (6).
Los estudiosos del género sostienen que el “modo de ser femenino” atado a la crianza y el ámbito doméstico es sociológicamente impuesto. Ello permite echar luz sobre discursos sociales reificados (cosificados, naturalizados). Desde esta mirada es posible romper la categorización binaria tan arraigada en nuestra cultura, que opone lo público con lo privado, lo personal con lo político, lo femenino con lo masculino.
Un ejercicio para entender mejor la idea de la construcción social de la realidad es pensar por un segundo qué tan diferente del mundo real podemos imaginar al mundo. Y nos encontraremos con que el límite de lo “imaginable” va a estar dado por nuestros valores y pejuicios. A modo de ejemplo, nos remontemos a nuestros antepasados; ellos podrían haber estado más cerca de sospechar que la humanidad llegaría a la luna, a que una mujer a lugares jerárquicos en el ámbito público. Esto ilustra claramente que las mujeres tienen la tarea de lo “inimaginable”, de generar otros mundos posibles, atravesando una mentalidad patriarcal y promoviendo otros modos de relación y convivencia.
Surge evidente entonces que la igualdad de género no es un problema solamente cuantitativo. No se trata de ir a una biblioteca a constatar la cantidad de libros escritos por mujeres, o la sumatoria de presidentas, legisladoras, juezas, gobernadoras etc. Desde luego que eso expresa el carácter androcéntrico de nuestro conocimiento socialmente acumulado. Pero ¿qué hacer en consecuencia? no se trata de buscar un “empate”. Al problema de fondo, que es cualitativo, se trata de oponerle una nueva forma de pensar y de actuar que no sea libre de valores —la neutralidad no existe cuando se trata de instituciones y prácticas sociales- sino que los asuma. A propósito señala Longino que la tarea crítica de la mujer no es desplazar unos valores por otros sino de reconocer que no hay objetividad axiológica. Lo que existe es una intersubjetividad que se presenta como posibilidad de instalar nuevos modos de hacer, decir, sentir y pensar (7).
El desafío entonces va a ser para hombres y mujeres generar un nuevo sentido común, refundar las instituciones, producir una mejor ciencia y recoger y profundizar el impacto positivo que ello generará en la calidad de vida y el bienestar común de todas las personas.

(1) Cfr. DOMINGUEZ CASTELLANO, F. y otros, Guía de intervención judicial sobre violencia de género. Dikinson e book.ISBN 978-84-9085-4006.
(2) SBDAR, C. y DATO, M. (2013), La violencia de género en la experiencia nacional, Revista de Derecho Privado Nº 3, Ediciones INFOJUS.
(3) ¿Aumento de femicidios o mayor visibilización? Qué pasó en Argentina después del “Ni Una Menos” disponible en http://www.infobae.com/sociedad/2016/10/19/aumento-de-femicidios-o-mayor-visibilizacion-que-paso-en-argentina-despues-del-ni-
(4) Boko Haram libera a 21 chicas secuestradas disponible en http://www.clarin.com/mundo/Boko-Haram-libera-chicas-secuestradas_0_1667833214.html.
(5) “Una mujer en el salón oval. La realidad distante en la política norteamericana” http://www.lanacion.com.ar/1955590-una-mujer-en-el-salon-oval-la-realidad-distante-en-la-politica-norteamericana
6) Cfr.FREIRE P. (1994), Pedagogía del Oprimido, Buenos Aires, Siglo XXI.
(7) Cfr. LONGINO, H., Can There Be A Feminist Science? Disponible en http://www.studiagender.umk.pl/pliki/teksty_longino_can_there_be_a_feminist_science.pdf

Con la colaboración de la Prof. Mariana Dato.

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Viven las ideologías o murieron las utopías

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Charla entre jóvenes.-

Soy un joven y en días de descanso familiar, pensando el nuevo ciclo lectivo coincidiendo con año electoral me vienen a la memoria quienes nos hablan del fin de la Historia, y también nos afirman que se murieron las ideologías.

Y me ilusiono conversando con mis amigos de promoción del secundario que iniciando esta nueva etapa universitaria nos prepararemos intelectualmente para cambiar el mundo, y llenos de incertidumbre nos preguntamos si vamos encontrar un mundo sin historia y un país no contaminado con ideologías como nos martillan la cabeza muchos medios de comunicación.-

Buscamos el significado de ideología: conjunto de ideas que caracterizan el pensamiento de una persona, de un grupo, de una época o de un movimiento cultural, religioso o político. Y luego de discutir un rato concluimos que la identidad ideológica no se define por el partido político que se milita sino por las acciones y políticas públicas que se ejecutan cuando se llega al gobierno, hay muchos ejemplos que en campaña electoral nos dicen una cosa y cuando llegan al poder hacen otra totalmente distintas, y en Argentina tenemos ejemplos de todos los colores.-

 Recordábamos que nuestros viejos no se olvidan cuando Menen prometía para ganar las elecciones, la revolución productiva, que reconquistaríamos las Islas Malvinas a sangre y fuego, que iba a defender la industria nacional y nuestra soberanía económica y que pasó,  ganó las elecciones y obviamente no reconquistamos las Malvinas, sino además no hubo revolución productiva, al contrario se desguazó al Estado, se vendieron las empresas públicas, las privatizaciones eran, dicen,  como un acto heroico para salvar  la Patria y muchas cosas más como el endeudamiento externo, y alguien se acordó lo que había pasado en nuestra provincia y se recordó con tristeza las ventas del Banco Provincia de Misiones, Papel Misionero, APOS, empresa de agua y obras sanitarias hoy SAMSA, todo aquello formó parte de lo que escuchamos bastante seguido como la famosa década del noventa, profundizando lo comenzado por la dictadura de los 70 con un Ministro de Economía llamado Martínez de Hoz, casualmente estirpe de una oligarquía nutrida de una ideología económica llamada neoliberal, que descree del Estado en su rol de mediador de los intereses en pugna en cualquier sociedad, Estado expresión de la sociedad organizada y que debe estar para proteger a los más débiles, a los trabajadores públicos y privados, garantizar la educación y la salud pública pero los neoliberales sostienen como dogma a una especie de Dios que llaman Mercado y que entienden que todo lo resuelve con una mano invisible, difícil de entender cuando una es joven y no vivimos experiencias anteriores.

Pero hoy concluíamos con los chicos que debemos interesarnos por muchos problemas que tiene nuestra sociedad, nuestro país, capacitarnos, adquirir conocimientos e ir forjando eso que para algunos es pecaminoso llamado ideología, y donde hacerlo fue la incógnita ya  que los partidos políticos tradicionales sin negar su historia, están como desaparecidos o se vaciaron de ideología y todo se juega en frentes electorales sin nexos ideológicos por lo tanto la conducta es errática y en beneficio de sectores que no son de la mayoría del pueblo, le llaman pragmatismo que a simple vista nos suena más a acomodo personal o de grupos sin ideología o doctrina definida que marque claramente qué hacer con el país que como jóvenes soñamos y debe ser para todos, porque libertad para ser pobres y sin oportunidades para todos es no ser libre, tema que continuaremos discutiendo.-

Analizábamos posibilidades de participación, una es en el campo nacional y popular como lo fueron los gobiernos de Irigoyen, Perón, Alfonsín y el Kirchnerismo y otro el campo Neoliberal que expresa los intereses de la oligarquía y corporaciones nacionales y multinacionales como fueron las dictaduras de Uriburu, Onganía, Videla y otros gobiernos liberales conservadores, hoy expresados por el frente PRO-UCR- y otros, que sin entrar en detalles que todos conocemos también llegó al gobierno diciendo una cosa y está haciendo otra, detalles que dejamos para próxima reunión.-

Unos expresan el progresismo entendido como pararse y estar con los pobres, con el hombre y la mujer que quedó sin trabajo o el joven que no puede estudiar o sea promoviendo y garantizando derechos sociales, económicos que incluyan a todos en un proyecto de país integrado sin discriminación a los diferentes,  y el otro proyecto se preocupa más por los ricos, cree en el derrame del mercado, y que el estado no debe intervenir en la economía y todo lo hace el libre mercado, y a la vez ahoga las políticas sociales desfinanciándolas para que les cierre el déficit.

Entendimos sin demasiada elaboración que toda política social sin recursos o desfinanciada es vacía no cumple su objetivo no sirve a la gente más pobre ni a la clase media, hoy hay varios ejemplos, y mientras no hay recursos para la asistencia social que se considera un derecho humano o para la educación  por otro lado se permite a las corporaciones, por ejemplo: no liquidar las exportaciones hasta diez años, se les exceptúa de impuestos, escasa o nula protección de las fuentes de trabajo y vemos que se cierran fábricas, se despiden obreros, por otro lado se abre la importación a infinidad de productos elaborados y manufacturados en otros países, compramos trabajo e impuestos extranjeros; en éste punto uno de los chicos recordó que su padre  repetía la frase de Martínez de Hoz “ da lo mismo fabricar caramelos que acero” para justificar la apertura indiscriminada a la importación, como otra de las reglas de oro de la ideología neoliberal. Mientras tanto la inflación se come el bolsillo cada vez más flaco de nuestros viejos, o tratan de empobrecer cada vez más a nuestros abuelos jubilados, obligando a la familia a ajustar por todos lados.-

En esta primera charla sacamos algunas conclusiones como: beneficiar a los poderosos sacándoles impuestos o retenciones es ideología. Extranjerizar nuestras tierras sin cumplir con la Ley o esquivarla es ideología. Tomar deuda externa sin consultar con el Congreso es ideología. Precarizar el trabajo y facilitar la explotación es ideología. Empobrecer la Salud Pública o la Educación es ideología, y varios etcéteras.-

Todo éste conjunto de acciones responde a un plexo de ideas y pensamientos que es la ideología. A no confundir chicha con limonada porque la política sin ideología no existe.-

Chicos, las ideologías no murieron, solo que algunos de manera interesada le ponen otros nombres y con palabras disfrazan el objetivo real, hablan de revolución de la alegría, y quien no quiere estar alegre, o vamos a ser felices, cuanto todos en esta vida buscamos la felicidad. Nosotros queremos creer que podemos cambiar el mundo empezando por nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra provincia, nuestro país, y que todo sea más justo. Queremos ilusionarnos, las utopías viven, soñemos y construyamos la nuestra.-

Hasta la próxima. 

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