De Gobernador Virasoro a un castillo en Los Alpes: la historia del chef correntino que cocina para una condesa italiana
Raúl Omar Geneyro Bragagnolo tiene 55 años, nació en Gobernador Virasoro, Corrientes, y hoy vive y trabaja en un castillo del norte de Italia como chef privado de una condesa. Su historia no es la de un golpe de suerte, sino la de un recorrido largo, exigente y sostenido, que comenzó en el interior del país y lo llevó a las cocinas más exclusivas de Europa.
Geneyro emigró en 2003, empujado por la necesidad y el deseo de progresar. Empezó desde abajo, pasó por restaurantes de alta exigencia y eventos internacionales de primer nivel, y cocinó para presidentes, príncipes y figuras del deporte mundial. Tras cinco años en Mónaco, donde estuvo al frente de la cocina del restaurante Bella Vita —considerado el mejor de la ciudad—, en enero se mudó a su nuevo destino definitivo: el Valcastello Chateau & Polo Club, una mansión aristocrática del siglo XIX ubicada entre San Candido y Dobbiaco, en plena región de los Alpes italianos.

El castillo pertenece a la condesa Chantal D’Aquarone, heredera de una familia central en la historia política italiana del siglo XX. Su abuelo, Pietro D’Aquarone, fue ministro del rey Víctor Manuel III y la persona que firmó la orden de arresto contra Benito Mussolini en 1943, un hecho clave en la caída del régimen fascista. Durante la Segunda Guerra Mundial, la propiedad fue ocupada por tropas nazis y utilizada como base militar.
Hoy, Valcastello no es un hotel ni un museo: es una residencia privada, con un estricto código de privacidad, donde se combinan tradición, equitación, polo y una vida cotidiana austera para los estándares de la nobleza europea. Allí, el correntino es responsable de diseñar y ejecutar cada comida.

“La gastronomía es de altísimo nivel, basada en productos regionales y sin industrializados, bajo la filosofía de la huerta a la mesa”, explica Geneyro. El menú combina clásicos italianos con platos argentinos que despiertan entusiasmo entre los anfitriones y sus invitados. Empanadas fritas de carne cortada a cuchillo, asados, humitas y postres con dulce de leche conviven con recetas tradicionales del norte italiano.
En el castillo vive junto a su esposa, Patricia Cabral, pastelera, que lo asiste en la cocina y se encarga de la mesa dulce. También trabajan allí otros tres argentinos: una maestra, un mozo y un cuidador de caballos. “Nos tratan de igual a igual”, resume Raúl, lejos del estereotipo distante de la aristocracia europea.
El contrato que firmó es indefinido, prácticamente de por vida: incluye salario, vivienda y comida dentro del castillo. Una estabilidad absoluta, impensada en los años de vértigo en los que llegó a cocinar para más de 200 personas durante eventos como el Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco.
Hoy, el ritmo es otro. No hay comensales masivos ni presión extrema: el desafío está en el detalle, la presentación y la perfección. “Después de cocinar para doscientas personas, cocinar para diez es otra historia”, dice.
Desde Gobernador Virasoro hasta un castillo enclavado entre montañas declaradas Patrimonio de la Humanidad, la vida de Raúl Geneyro Bragagnolo confirma que el talento del interior también puede llegar lejos. Muy lejos.



