CON SELLO PROPIO

Kerato Lens cumple 15 años: la visión de Paula Giménez para crecer sin perder de vista al cliente

Compartí esta noticia !

Paula Giménez abrió su óptica en Posadas en agosto de 2011, cuando su primera hija tenía apenas seis meses. Quince años después, celebra haber atravesado crisis, pandemia y cambios tecnológicos sin abandonar una premisa: calidad

Paula puede medir los quince años de su óptica en generaciones: algunos de quienes llegaron adolescentes a Kerato Lens hoy vuelven llevando de la mano a sus hijos. Ese detalle probablemente diga más sobre el negocio que cualquier balance.

La historia comenzó formalmente el 16 de agosto de 2011, aunque había empezado bastante antes. Giménez se recibió de óptica en 2005 en la Universidad Nacional de Rosario, trabajó durante un tiempo en esa ciudad y después decidió regresar a Misiones. En Posadas pasó varios años por Óptica Rueda, uno de los comercios tradicionales del rubro, hasta que llegó el momento de intentar construir algo propio.

El salto tuvo además una particularidad familiar que Paula todavía recuerda con una sonrisa.

“Ese año 2011 tuve mis dos bebés, como siempre digo. Sofi nació en febrero y la óptica en agosto”.

Su hija tenía apenas seis meses cuando abrió las puertas. Emprender, en aquel momento, significó entonces bastante más que poner en marcha un comercio. Era combinar maternidad, profesión, inversión, incertidumbre y largas jornadas de trabajo en una Argentina que, como demostrarían los quince años siguientes, nunca ofrecería demasiado tiempo para acomodarse.

Una silla también puede ser una idea de negocio

Desde el comienzo, Giménez quiso diferenciarse en algo aparentemente sencillo: escuchar antes de vender.

Cuando inauguró, recuerda, llamaba la atención que la óptica tuviera un espacio preparado para que el cliente pudiera sentarse. Hoy parece un detalle menor. Entonces no lo era.

La intención era recibir la receta, conversar, entender para qué necesitaba los anteojos esa persona y recién después recomendar cristales, materiales y armazones. Porque detrás de una misma graduación puede haber vidas completamente distintas: alguien que maneja durante horas, un niño que necesita sus anteojos para jugar, una persona que trabaja frente a una computadora o un usuario que debe adaptarse por primera vez a multifocales.

Esa filosofía terminó convirtiéndose en la identidad comercial del negocio.

No se trata solamente de vender un armazón que quede bien. La estética importa -y mucho-, pero comparte protagonismo con la función.

Hasta una gafa de sol cambia según quién vaya a utilizarla. No es lo mismo elegir anteojos para caminar por la Costanera que para viajar a la nieve, ir al mar, manejar o asistir a un casamiento de día. La venta, explica Giménez, comienza preguntando. Y quince años después, esa conversación continúa siendo parte del producto.

Sobrevivir también es innovar

En Argentina, cumplir quince años al frente de una pyme implica haber aprendido bastante más que el oficio original. Giménez atravesó distintas crisis económicas y también la pandemia, uno de los momentos que recuerda entre los más difíciles del recorrido. Hubo que modificar horarios, reorganizar el equipo y adaptarse al comportamiento de los clientes. Durante aquella etapa llegaron a trabajar de 8 a 19.30 de corrido, almorzando dentro del local y rotando al personal para poder sostener la atención.

Pero algunas transformaciones quedaron. Hoy una parte considerable de la relación con el cliente empieza antes de que cruce la puerta. WhatsApp y las redes sociales se convirtieron en una extensión del mostrador: llegan consultas, fotografías y audios; se muestran modelos y se brinda asesoramiento. Muchas veces, cuando finalmente entra al negocio, el cliente ya sabe qué armazón quiere probarse.

La tecnología también modificó el corazón técnico de la actividad.

Giménez y su equipo realizan capacitaciones permanentes, presenciales y virtuales, y fueron incorporando nuevas soluciones. Entre las más recientes aparece el control de miopía infantil, para el cual realizaron una capacitación específica, además de nuevas generaciones de multifocales cuyo diseño utiliza inteligencia artificial y software que incorpora distintos parámetros del usuario.

La personalización llega hasta los hábitos cotidianos: además de la graduación indicada por el oftalmólogo, determinados sistemas pueden contemplar parámetros visuales y actividades habituales para calcular las características de las lentes.

Es, en cierto modo, la versión tecnológica de aquella silla colocada hace quince años para escuchar al cliente.

Cuando el crecimiento no se mide en sucursales

Hay una conversación familiar que resume bastante bien la filosofía empresaria de Giménez. Su hijo Bruno alguna vez le preguntó por qué no abría otra sucursal. La lógica parecía irrebatible: otro local permitiría vender más.

La respuesta de Paula fue sencilla: “No hace falta”.

No porque haya perdido ambición. Su idea de crecimiento pasa por otro lugar.

Prefiere conservar el control sobre todo el recorrido del cliente: la primera atención, la elección del anteojo, el armado, la entrega y, especialmente, la postventa. En graduaciones elevadas o en personas que comienzan a utilizar multifocales, por ejemplo, la venta no termina cuando el cliente se lleva los anteojos. Empieza un período de adaptación que requiere seguimiento.

En tiempos en los que el discurso empresario suele asociar éxito exclusivamente con escala, Giménez eligió  crecer hacia adentro.

Más tecnología. Más capacitación. Mejores instrumentos. Nuevos materiales. Más precisión.

Entre los próximos pasos está la incorporación de nuevo equipamiento para realizar mediciones todavía más exactas. Las metas, dice, aprendió a pensarlas cortas. Una detrás de otra.

El valor de que vuelvan

También hubo pequeños hitos comerciales. Después de la pandemia se propuso convertirse en representante de Luxottica Italia y sumar marcas internacionales como Ray-Ban, Vogue y Armani Exchange. Cada renovación de la certificación es recibida como una pequeña confirmación de que el camino continúa. Pero cuando mira hacia atrás, Giménez no empieza hablando de marcas.

Habla de sus padres. De su familia. De sus amigas. De las colaboradoras que estuvieron y están en el negocio. Y, especialmente, de los pacientes y clientes que regresaron durante estos quince años.

“Estoy enormemente agradecida”, resume.

Hay clientes que llegaron siendo adolescentes. Otros llevaron primero a sus padres o a sus abuelos. Ahora algunos aparecen con sus propios hijos para hacerles sus primeros anteojos.

“Confiabas tus ojos y ahora estás confiando los ojitos de tus hijos”, dice Paula.

Para un comercio dedicado a la salud visual, difícilmente exista un indicador de fidelidad más potente.

El aniversario encuentra al negocio con promociones especiales durante agosto. Entre ellas aparecen modelos seleccionados de lentes de sol en modalidad dos por uno, beneficios vinculados con la compra de anteojos recetados, promociones en cristales y descuentos en distintas líneas y formas de pago. Las colecciones seleccionadas corresponden, según explicó Giménez, a temporadas anteriores y mantienen sus prestaciones y protección.

Es la parte comercial de una celebración que, en realidad, cuenta una historia mucho más larga.

Porque entre aquel agosto de 2011 y este aniversario pasaron cambios de hábitos, nuevas tecnologías, redes sociales, WhatsApp, crisis económicas y una pandemia. La óptica sigue allí. Y Paula también.

Quizás porque entendió tempranamente algo que no figura en ninguna receta: en un negocio donde el producto puede parecerse mucho al de la vidriera de al lado, la verdadera diferencia está en cómo se mira a quien entra por la puerta.

Compartí esta noticia !

Terapia: el nuevo espacio gastronómico que apuesta a convertir una salida en una experiencia en Oberá

Compartí esta noticia !

Daniela Imbach convirtió un proyecto nacido entre viandas saludables y hamburguesas de delivery en un restaurante que integra gastronomía, música y arte. Tras invertir sus ahorros en Terapia, la empresaria misionera busca consolidar una propuesta que ya encontró una respuesta positiva del público.

Oberá incorporó una nueva propuesta gastronómica, pero detrás de la apertura de Terapia hay una historia de reconversión, inversión y una apuesta empresarial que comenzó mucho antes de que el local abriera sus puertas como restaurante. Daniela Imbach, su propietaria, transformó una idea nacida durante la pandemia en un espacio que hoy intenta reunir gastronomía, encuentro, música y arte bajo una misma marca.

El emprendimiento funciona sobre calle San Martín, junto al Cine Teatro Oberá, y propone hamburguesas gourmet de autor, pizzas, empanadas, sandwiches, platos elaborados, ensaladas y una carta de bebidas que incluye coctelería, vinos y opciones sin alcohol. Pero la novedad no está solamente en la amplitud de la carta: la apertura del restaurante representa para Imbach la posibilidad de llevar a su máxima expresión el concepto que eligió para bautizar el proyecto.

“Terapia” no surgió como una denominación comercial pensada únicamente para identificar hamburguesas. Imbach cuenta que desde hacía tiempo soñaba con tener un bar con ese nombre. La idea era que la palabra pudiera convertirse en una respuesta cotidiana y, sobre todo, en una definición del espíritu del lugar. “¿Dónde estás? Estoy en terapia”, resume la empresaria para explicar un concepto que asocia con compartir, relajarse, comer, tomar algo y disfrutar con amigos o en familia.

La historia empresarial de Imbach también tiene una dimensión regional. Nacida en Eldorado, vivió durante varios años en Buenos Aires, donde desarrolló su formación gastronómica. Más tarde trabajó en Iguazú, vinculada al aeropuerto y a hoteles cinco estrellas, hasta que decidió instalarse nuevamente en Misiones. Hace seis años llegó a Oberá y comenzó un nuevo capítulo profesional.

El primer proyecto fue el de las viandas saludables, junto con una socia. Luego apareció Terapia Burger, inicialmente bajo una modalidad centrada en el delivery. La evolución continuó con una oportunidad para hacerse cargo de la concesión del Oberá Tenis Club, donde se desarrollaron las propuestas de Restaurante Celeste, Terapia y Saludables Oberá.

Con el tiempo, la sociedad original se disolvió e Imbach adquirió la participación de su entonces socia. Actualmente conduce el emprendimiento junto con su marido, quien tiene un rol importante en la concepción artística y estética del espacio. El resultado es un proyecto que intenta que la gastronomía sea solamente una parte de una experiencia más amplia.

Terapia es un todo”, explica Imbach. Esa definición también permite entender por qué el nuevo restaurante incorporó un espacio destinado a artistas y músicos. La idea es que las propuestas culturales formen parte de la identidad del lugar y que la experiencia gastronómica pueda convivir con otras expresiones creativas.

Para concretar esa transformación, el emprendimiento reunió a un equipo que excede a sus propietarios. Imbach destaca especialmente el trabajo de Lucas Fernández, de Posadas, quien participó en el desarrollo de la estética, las modificaciones del espacio, la iluminación y la ambientación. A ese trabajo se suma un equipo estable que sostiene la operación cotidiana, con responsables de atención, cocina y salón.

La estructura también mantiene una característica central del proyecto original: durante el mediodía funciona Saludables Oberá, con menús ejecutivos y viandas preparadas en la misma cocina. La propuesta apunta a clientes que necesitan resolver sus comidas de la semana y también a quienes tienen requerimientos específicos.

“No tenemos frituras y tenemos muchos clientes que, por ejemplo, necesitan especialmente comida sin sal o que no contenga harinas”, explica Imbach. En esos casos, el equipo adapta las preparaciones de manera individual. La propuesta de viandas envasadas al vacío busca conservar sabor, frescura y practicidad, con una modalidad que permite llevar la comida a casa y almacenarla.

La diversificación también aparece en la carta del restaurante. Las hamburguesas continúan siendo el producto central, pero el menú se amplió con pizzas, empanadas, ensaladas, milanesas, bifes de lomo, pechugas y diferentes guarniciones. La incorporación de nuevos platos también permitió sumar preparaciones como ramen con vegetales y carne, osobuco con arroz cremoso y distintos postres.

En las hamburguesas existe además una particularidad que apunta directamente a la interacción con el cliente. Imbach desarrolló recetas propias y creó una carta de hamburguesas de autor cuyos nombres están vinculados con conceptos de la psicología, como Freud, sueño, deseo y placer. Pero quien no encuentre una combinación que lo convenza puede armar su propia hamburguesa a partir de una selección de toppings.

La misma lógica se extiende al resto de la carta. “Es interacción con el cliente, qué es lo que desea comer realmente y se lo preparamos”, explica la propietaria. Esa flexibilidad busca diferenciar al restaurante de una oferta cerrada y convertir la elección de la comida en parte de la experiencia.

El menú también incorpora productos vinculados con la identidad gastronómica regional. Ante la demanda de opciones que reduzcan el consumo de harina de trigo, por ejemplo, el restaurante utiliza mbejú como reemplazo del pan en algunas preparaciones. Imbach aclara que, debido al riesgo de contaminación cruzada, el establecimiento no puede ofrecer productos certificados como libres de gluten, pero sí desarrolla alternativas que no contienen harina de trigo.

En bebidas, la carta mantiene una lógica similar de amplitud. Hay coctelería, diferentes etiquetas de vino y alternativas sin alcohol, además de jarras de limonada, frutos rojos y jugo de naranja preparados en el momento. El objetivo es que la experiencia no quede limitada a una comida rápida, sino que permita permanecer en el lugar y extender el encuentro.

La apuesta empresarial adquiere una dimensión especial por el contexto económico. Imbach reconoce que poner en marcha el restaurante implicó una decisión de alto riesgo: “Nosotros invertimos todos nuestros ahorros en este proyecto”, cuenta. Para una empresa familiar que vive de la actividad gastronómica, la inversión representa una apuesta directa al futuro del emprendimiento.

La respuesta inicial, sin embargo, funcionó como un respaldo. Al momento de la entrevista, Terapia llevaba tres fines de semana abierto como restaurante con propuesta musical. La empresaria asegura que la recepción de los obereños superó sus expectativas: además de los clientes habituales, llegaron nuevos visitantes que regresaron en sucesivas oportunidades.

“Vinieron una vez, vinieron dos, vinieron tres”, relata Imbach, al describir una dinámica que considera especialmente alentadora para una propuesta que todavía está en etapa de instalación. Incluso las condiciones climáticas adversas de las últimas semanas, con lluvias persistentes, no impidieron una concurrencia que la propietaria calificó como muy buena.

Ese dato resulta relevante para medir el desempeño de un emprendimiento gastronómico más allá del entusiasmo de una inauguración. La repetición del consumo y la incorporación de nuevos clientes son señales tempranas de aceptación de una propuesta que busca construir una relación de largo plazo con su público.

Desde la economía urbana, la apertura también representa un movimiento que excede al restaurante. Una inversión gastronómica activa una cadena de proveedores, demanda empleo, incorpora servicios y genera nuevos espacios de consumo. En una ciudad como Oberá, donde el comercio y los servicios tienen un peso significativo en la dinámica económica, la diversificación de propuestas contribuye a ampliar el entramado privado.

El intendente de Oberá, Pablo Hassan, valoró precisamente ese componente durante la inauguración y destacó la llegada de proyectos con ideas nuevas y capacidad para generar puestos de trabajo. “Nos pone muy contentos que se esté inaugurando otro nuevo espacio para los jóvenes, para la familia”, señaló.

Para Imbach, el desafío ahora es sostener lo construido. La transformación de Terapia desde un emprendimiento de delivery hasta un restaurante con música, arte, gastronomía de autor y una línea de alimentación saludable supone pasar de una etapa de supervivencia empresarial a otra de consolidación.

La clave estará en convertir la novedad inicial en hábito. La ubicación, la amplitud de la carta, la posibilidad de personalizar platos, las propuestas musicales y el espacio para artistas forman parte de una estrategia destinada a que el cliente no vaya solamente a comer, sino que encuentre un motivo para regresar.

Así, la historia de Terapia condensa una tendencia que puede observarse en distintos emprendimientos locales: frente a un escenario económico exigente, algunos negocios buscan sobrevivir ampliando su propuesta y transformando una actividad puntual en una experiencia integral. En este caso, la apuesta de Imbach consiste en que una hamburguesería nacida en tiempos de pandemia pueda convertirse en algo mucho más ambicioso: un espacio donde comer, encontrarse, escuchar música, acercarse al arte y, como propone su nombre, hacer un poco de “terapia”.

Compartí esta noticia !

Saúl recupera un local emblemático del shopping y ofrece elegancia en pleno centro de Posadas

Compartí esta noticia !

En tiempos en los que cada nueva persiana que se levanta tiene un significado adicional, el centro de Posadas recuperó uno de sus espacios comerciales más reconocibles. Saúl Ibarrola y Laura Berti abrieron Saúl en el histórico local que dejó vacío Etam en el Posadas Plaza Shopping, un amplio espacio con una característica diferencial: conecta directamente el interior del centro comercial con la calle Colón.

La apertura tiene así una doble dimensión. Por un lado, incorpora una nueva propuesta al mapa textil de la capital misionera. Por otro, recupera un local emblemático que había quedado vacío tras la salida de Etam, devolviendo vidrieras, iluminación, circulación de clientes y movimiento comercial a ese tramo de calle Colón, en pleno microcentro.

La inversión se produce, además, en una coyuntura que está lejos de ser sencilla. El consumo continúa condicionado por la pérdida de poder adquisitivo y el comercio tradicional enfrenta simultáneamente la competencia de las plataformas digitales, las promociones online y una clientela mucho más cuidadosa a la hora de decidir una compra.

Saúl busca responder precisamente a ese nuevo consumidor.

“Estamos tratando de trabajar con los márgenes más pequeños y con la mejor calidad de ropa, ajustándonos obviamente a lo que exige el mercado actualmente”, explicaron Ibarrola y Berti.

El objetivo es ofrecer prendas de calidad a precios competitivos, pero sumando una ventaja que el comercio electrónico todavía no puede replicar completamente: la posibilidad de probarse una prenda, recibir asesoramiento personalizado y salir del local con la compra resuelta. Ropa italiana para mujeres y elegancia para hombres. 

Saúl no representa el comienzo de una experiencia empresarial para Ibarrola y Berti, sino una nueva etapa después de 25 años vinculados al negocio de la indumentaria.

La experiencia acumulada les permitió detectar cambios importantes en los hábitos de compra. El precio ganó protagonismo, pero no desplazó completamente otras variables como calidad, diferenciación, comodidad y atención.

“Saúl es un concepto de negocio en donde incorporamos la demanda actual que hay respecto de la compra y venta, con mercadería de primera calidad”, definió Ibarrola.

Entre las prendas se incluyen opciones importadas y propuestas de lino italiano, además de una selección pensada especialmente para diferenciarse de la oferta habitual del mercado local.

La intención es evitar también uno de los problemas que identifican en un mercado relativamente pequeño como el de Posadas: la repetición de productos.

“Tratamos siempre de traer algo diferente. Posadas es chico y, quiera o no, uno compra una prenda y después se encuentra con otra persona que tiene la misma. Buscamos apuntar a algo distinto, que no haya en la provincia”, explicó Berti.

Competir contra el clic

La irrupción de las compras online modificó profundamente el negocio de la indumentaria. La comparación de precios es instantánea y las fronteras geográficas prácticamente desaparecieron: un comercio de Posadas ya no compite solamente con el negocio de la cuadra siguiente, sino con tiendas de cualquier punto del país.

Saúl decidió asumir esa competencia mediante una combinación de precios, márgenes reducidos y servicio.

“Hay mucha competencia con la compra online. Nosotros apostamos a que, sobre todo la gente más grande, todavía quiere probarse la ropa. Tenemos esa opción: que vengan, se prueben y se lleven la prenda al mismo precio que en el resto del país”, señalaron.

En esa estrategia, la atención ocupa un lugar central.

“No hay en nosotros una necesidad de vender, sino de solucionarle el problema al cliente que viene con un evento determinado y lograr que salga feliz de acá con la ropa que va a usar para ese evento y también para otras circunstancias”, explicó Berti.

La lógica comercial se apoya además en algo tan tradicional como efectivo: el cliente satisfecho como herramienta de fidelización. “Nuestra mejor propaganda es que el cliente salga contento, realmente use la ropa que lleva, vuelva a comprar y se lo cuente a sus amigos”.

Otro rasgo de Saúl es su carácter familiar. El emprendimiento reúne dos generaciones y busca combinar la experiencia acumulada durante décadas con nuevas herramientas comerciales y tecnológicas.

“La verdad es que es hermoso, porque de repente por un lado está la experiencia y por el otro está lo nuevo que te trae la juventud. Ahí se forma realmente un verdadero equipo de trabajo”, destacó Berti.

La fórmula tiene roles complementarios: experiencia comercial, conocimiento del cliente y constancia de un lado; innovación, tecnología y nuevas tendencias del otro.

No se trata solamente de una división generacional. Los propietarios aseguran que detrás del concepto existe capacitación permanente en ventas y atención al público. “Nos preparamos mucho para todo lo que hacemos. Nada es improvisado”, remarcaron.

La propuesta también intenta cubrir un segmento que Ibarrola y Berti consideran insuficientemente atendido por buena parte del mercado de indumentaria: mujeres adultas que buscan diseño, calidad y una variedad más amplia de talles.

“Apuntamos a un nicho que está muy olvidado acá en Posadas, que es todo el tema de las señoras. Traemos ropa diferencial para ellas, algo lindo, porque en Argentina está muy instalada la ropa chica”, explicaron.

El concepto apunta así a ofrecer variedad de talles y prendas para distintas edades.

“Queremos que puedan estar bien vestidas, lindas, verse bárbaras. Tenemos variedad de talles y para todas las edades”, sintetizó Berti.

Del shopping a la calle

La elección del antiguo espacio de Etam tampoco fue casual. Saúl funciona en Colón 1846, entre Córdoba y Bolívar, con una particularidad que fue determinante para Ibarrola y Berti: cuenta con acceso tanto desde el Posadas Plaza Shopping como directamente desde la calle.

“Una de las cosas que nos hizo alquilar este local fue justamente que tenía una entrada por la calle y otra por el shopping”, explicó Ibarrola.

Esa doble circulación recupera una conexión comercial entre el shopping y una de las arterias tradicionales del microcentro. Y, después de permanecer vacío tras la salida de Etam, el espacio vuelve a encender sus vidrieras sobre Colón, aportando luminosidad y movimiento a la cuadra.

El interior fue acondicionado pensando especialmente en la experiencia de compra. Cuenta con cuatro probadores amplios y climatizados, una característica particularmente importante en una ciudad con temperaturas elevadas durante buena parte del año.

“Todo fue pensado desde el principio para que la gente que viene al local se sienta cómoda, que se sienta mimada”, definieron.

Por ahora, la atención estará concentrada fundamentalmente en la propia familia. Pero la apuesta mira más allá de la apertura.

“Esperemos crecer y prontamente dar empleo a mucha gente”, expresó Ibarrola.

En una coyuntura en la que el comercio enfrenta consumidores más cautelosos, menores márgenes y una competencia digital cada vez más intensa, la apertura adquiere un significado que excede al nuevo nombre sobre la vidriera. Saúl vuelve a encender las luces en un espacio que estaba vacío y apuesta por el comercio físico en pleno centro de Posadas.

Compartí esta noticia !

Sabor misionero en la élite: la hamburguesería posadeña Wacho de Barrio participará del Burger Palusa

Compartí esta noticia !

El talento y la identidad gastronómica de Misiones vuelven a estar presentes en la escena nacional. La hamburguesería posadeña Wacho de Barrio fue seleccionada para representar a la provincia en una nueva edición del Burger Palusa, el certamen más relevante de la cultura hamburguesera del país. Creado hace ocho años por Rodolfo “Rodo” Cámara -referente absoluto del rubro en Argentina y creador de una de las marcas más reconocidas del segmento a nivel mundial-, el festival se transformó en la plataforma por excelencia para medir y visibilizar a los mejores exponentes nacionales e internacionales.

En esta ocasión, la competencia federal reunió a proyectos de todo el país tras un riguroso proceso de selección que dejó a solo 24 hamburguesas en carrera. Misiones dirá presente a través de dos propuestas gastronómicas representativas, entre las cuales destaca Wacho de Barrio con su propuesta “La Veci”, una opción de su carta creada para fusionar la cultura urbana con la impronta local. El producto se distingue por combinar carne smasheada, doble feta de cheddar blanco ahumado y cebollita de verdeo, junto a dos diferenciales que acentúan la identidad regional: una lactonesa de mango picante y el toque crujiente de mandioca pay.

La cita competitiva se desarrollará los días 6, 7 y 8 de agosto en el barrio porteño de Palermo. Allí, la delegación participará primeramente de un encuentro de camaradería para luego trasladarse a los reconocidos estudios de grabación utilizados por el programa MasterChef. Bajo una modalidad de alta exigencia, los cocineros dispondrán de solo cinco minutos para armar su hamburguesa frente a las cámaras, en un formato audiovisual que incluirá interacción con el jurado y material del “detrás de escena”.

El certamen combinará la evaluación de un jurado técnico de especialistas con la participación activa de los espectadores. Tras las jornadas de rodaje, los episodios completos se emitirán a través de YouTube, permitiendo que el público de todo el país vote por sus propuestas favoritas. Si bien la deliberación inicial del jurado definirá a los primeros clasificados durante los días de producción, la nómina completa se mantendrá en reserva hasta el 31 de agosto, fecha en la que se abrirá la votación general para consagrar a los ganadores del torneo federal.

Para Wacho de Barrio, que abrió sus puertas en septiembre del año pasado en el polo gastronómico de La Esquina de Barrio, esta convocatoria representa la materialización de un objetivo trazado desde sus inicios. “Desde el primer día que encendimos las planchas, nuestro objetivo no era solo asentarnos en el barrio con un producto de calidad que se distinga en la oferta local, sino también demostrar que desde Posadas podemos competir de igual a igual en las grandes ligas del país”, expresó Gastón Brizuela, uno de los propietarios del local.

Asimismo, Brizuela remarcó la relevancia estratégica de esta oportunidad: “Haber logrado calificar en menos de un año es un orgullo enorme y una validación al trabajo de todo el equipo. Más allá de la instancia competitiva, esta primera participación nos permitirá vivir una experiencia única, entablar lazos comunitarios y generar redes con los principales referentes del rubro en Buenos Aires y el país”.

Compartí esta noticia !

De tanques de aceite de oliva a la élite del vino mundial: la historia de Durigutti Family Winemakers

Compartí esta noticia !

Hay historias que explican por qué una botella puede contener mucho más que vino. Puede guardar sacrificios familiares, intuición, paciencia y una forma de entender la tierra. La de Durigutti Family Winemakers es una de ellas.

Hoy, sus etiquetas integran las listas de las mejores bodegas del planeta y su restaurante figura entre los recomendados por la Guía Michelin. Pero el origen de este proyecto está muy lejos del glamour de la alta gastronomía y los grandes concursos internacionales. Comenzó con dos tanques destinados originalmente a almacenar aceite de oliva, un puñado de ahorros y la convicción de dos hermanos de que era posible construir una bodega propia.

A los 21 años, Mateo Durigutti representa la segunda generación de una familia que transformó el trabajo de cosecha en un proyecto vitivinícola de prestigio internacional. Para él, el vino no es simplemente una industria: es el relato de su familia.

“Somos la primera generación haciendo vinos”, resume. No hubo apellidos históricos ligados a la vitivinicultura ni grandes extensiones heredadas. Su abuela Victoria era ama de casa; su abuelo, camionero en Rivadavia, Mendoza. Durante las vendimias de las décadas del 80 y 90, ella trabajaba como cosechadora para complementar los ingresos familiares, acompañada muchas veces por sus hijos, Héctor y Pablo, que crecieron entre viñas.

La muerte temprana del abuelo obligó a Héctor Durigutti a incorporarse a una bodega local con apenas 18 años para sostener económicamente a la familia. Aquella responsabilidad cambió sus planes: dejó atrás el sueño de estudiar Ingeniería Agronómica y optó por cursar Enología en horario nocturno. Poco después, su hermano Pablo siguió exactamente el mismo camino.

El nacimiento de una bodega

Tras años asesorando bodegas de distintas regiones -llegaron a trabajar simultáneamente con 17 establecimientos durante el boom del Malbec-, la crisis argentina de 2001 terminó convirtiéndose en una oportunidad.

Recién regresado de Italia, Héctor tomó una decisión que cambiaría la historia familiar.

“No quiero trabajar para nadie más. Quiero empezar algo propio”.

Con apenas 10.000 euros de ahorro, los hermanos compraron dos tanques de acero inoxidable fabricados para aceite de oliva, los adaptaron para elaborar vino y comenzaron a trabajar en un espacio prestado por un antiguo profesor universitario.

En 2002 nacieron las primeras 3.000 botellas de Durigutti Familia.

La consolidación internacional llegó apenas dos años después gracias a una casualidad.

Un periodista de la prestigiosa revista Wine Spectator coincidió con Héctor Durigutti durante una recorrida por Mendoza. Lo encontró, sorprendentemente, asesorando tres bodegas diferentes en días consecutivos. Intrigado por aquella historia, decidió conocer más sobre ese pequeño proyecto familiar.

El resultado fue una portada que cambiaría para siempre el destino de la bodega.

En noviembre de 2004, Durigutti Family Winemakers fue incluida entre las diez bodegas familiares con mayor proyección de Argentina.

“Ahí empezó nuestro primer happy problem“, recuerda Mateo entre risas. “Los importadores empezaron a buscarnos.”

En 2007 llegó otra decisión poco habitual para una industria acostumbrada a acelerar lanzamientos.

Los Durigutti compraron cinco hectáreas en Las Compuertas, Luján de Cuyo, pero no elaboraron inmediatamente un vino con ese origen. Esperaron y durante una década estudiaron cada rincón del viñedo.

Analizaron la composición del suelo, la disponibilidad hídrica, la influencia del clima y la diversidad geológica formada por miles de años de sedimentos provenientes del deshielo andino. El resultado fue revelador.

En una superficie relativamente pequeña identificaron cinco tipos de suelo completamente diferentes, cada uno con necesidades particulares de riego, manejo y momento de cosecha. Ese descubrimiento redefinió la filosofía de la bodega.

“Antes hacíamos vinos mirando al consumidor. Hoy hacemos vinos mirando a la montaña”, sintetiza Mateo. Así nació Proyecto Las Compuertas, una línea elaborada sin madera, fermentada en huevos de cemento y concebida para expresar con la mayor pureza posible el carácter del terroir. Todos los viñedos cuentan además con certificación orgánica.

Una producción donde la calidad marca el ritmo

Actualmente, Durigutti Family Winemakers produce entre 500.000 y 550.000 litros anuales, equivalentes a unas 600.000 botellas.

De ese volumen, unas 45.000 botellas provienen exclusivamente de sus 45 hectáreas propias en Las Compuertas. El resto se elabora con uvas adquiridas a pequeños productores mendocinos, manteniendo relaciones de largo plazo que fortalecen la producción regional.

El negocio también refleja un equilibrio poco frecuente: aproximadamente la mitad de la producción se destina al mercado argentino y la otra mitad se exporta, con Estados Unidos como principal destino internacional.

El reconocimiento internacional no tardó en reflejarse en los rankings especializados. En los prestigiosos World’s Best Vineyards, Durigutti Family Winemakers mostró una evolución constante: fue 13ª en 2023, alcanzó el 10º lugar en 2024 -la mejor ubicación lograda por una bodega argentina ese año- y se mantuvo entre la élite mundial con el 11º puesto en 2025.

En 2022 la familia inauguró Cinco Suelos Cocina de Finca, un restaurante comandado por la chef Patricia Courtois que rápidamente comenzó a recibir nominaciones consecutivas de la Guía Michelin.

Rodeado por los viñedos y diseñado con una arquitectura completamente vidriada, el espacio propone una cocina de kilómetro cero basada en productos de la huerta orgánica, ingredientes de productores cercanos y recetas inspiradas en la tradición familiar de la abuela Victoria.

La experiencia se completa con dos propuestas de alojamiento rural: Casa Victoria, que homenajea a la matriarca de la familia, y Casa del Viticultor, donde los visitantes pueden vivir el ritmo cotidiano del viñedo.

Aunque el Malbec continúa siendo el gran embajador argentino en el mundo, Mateo Durigutti observa el futuro desde otra perspectiva. Su entusiasmo está puesto en las variedades criollas.

“A mí hoy me entusiasman mucho las criollas. Argentina es conocida por el Malbec, pero el Malbec nació en Francia. Las criollas, en cambio, representan algo verdaderamente nuestro. Ahí veo un diferencial enorme para el futuro”.

No existe un mandato familiar que obligue a continuar el legado. Héctor y Pablo siempre dejaron en claro que cada integrante debía elegir su propio camino.

Sin embargo, Mateo encontró naturalmente el suyo. Ingresó al área comercial de la bodega apenas cumplió los 18 años y hoy imagina una vida ligada al vino, aunque con un sueño adicional: desarrollar algún día un proyecto gastronómico propio. Porque en Durigutti Family Winemakers el vino nunca fue solamente una bebida. Es la forma que encontró una familia para convertir el trabajo, la memoria y el paisaje mendocino en una identidad reconocida en todo el mundo.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin