CON SELLO PROPIO

“Manos a la Tierra” un proyecto que rescata el barro para transformarlo en viviendas populares

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Impulsado por la organización “La Hornera – Construcción Natural y Huertas Urbanas”, la iniciativa busca trascender la construcción tradicional de viviendas, proponiendo el contacto con la tierra colorada como material noble, saludable y de alta tecnología social.       

La bioconstrucción es una respuesta de la salud pública, además de lo estético. En una provincia con altos índices de humedad y calor extremo, las viviendas convencionales suelen convertirse en focos de enfermedades respiratorias.            
“Construir con tierra es recuperar nuestra soberanía habitacional con los pies en el barro y la mirada en el futuro”, explicó la Técnica Superior en Ecología Urbana, Valeria Silvestri, responsable de La Hornera.                                          

El proyecto pone énfasis en la inercia térmica y la capacidad reguladora de humedad de la tierra cruda. Un muro de bioconstrucción “respira”, eliminando las condensaciones que afectan especialmente a niños, niñas; ancianos y ancianas, manteniendo los hogares frescos sin depender exclusivamente del consumo eléctrico.

Educación y territorio: manual y talleres en los barrios    

 
Como eje central de esta iniciativa, se desarrollará la creación del primer Manual de Bioconstrucción Social de la provincia, una guía práctica diseñada para que los conocimientos técnicos lleguen a cada rincón de Misiones.            

La implementación del proyecto se realizará mediante talleres prácticos directamente en barrios populares de Posadas, donde se trabajará junto a vecinos y vecinas en la restauración de sus viviendas.                                         

Este manual será la herramienta que permitirá que el aprendizaje no termine con la obra, sino que se multiplique en cada comunidad.

Identidad y territorio: el valor de lo nuestro   

“Manos a la Tierra” propone un cambio de paradigma: volver la mirada a nuestra tierra colorada, entendiendo a ésta como el elemento natural más valioso para construir el futuro de nuestra provincia.                                                               

Al utilizar materiales de “Km 0” (fibras locales, madera y tierra del lugar), el proyecto reduce inmensamente la huella de carbono y elimina los costos de transporte de materiales industriales que hoy resultan inaccesibles para gran parte de la población.

Un pilar fundamental del proyecto es su enfoque comunitario. La iniciativa reconoce que son las mujeres y las familias quienes mejor conocen las necesidades de sus hogares.          

A través de los talleres en el territorio, el proyecto empodera a vecinos y vecinas, transformándolos de “beneficiarios” en constructores de su propio hábitat, a través de materiales naturales que están a su alcance, y les posibilita replicar estas técnicas para fortalecer todo el tejido social de su entorno.

Validación internacional con la Fundación Goteo  

La seriedad y el impacto de esta propuesta permitieron que sea seleccionada por la Fundación Goteo (España), la plataforma líder mundial en financiamiento colectivo para proyectos de impacto social.                                                                                                                                            

Esta alianza estratégica no sólo permite recibir donaciones desde cualquier parte del mundo, sino que posiciona a Posadas en el mapa global de la innovación sustentable y el urbanismo ecológico.

Desde La Hornera se invita a la comunidad, a las empresas misioneras y a los medios de comunicación a ser parte de este hito. “Buscamos demostrar que otro modo de habitar es posible, respetando nuestros ciclos naturales y nuestra dignidad”, concluyó Silvestri.

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Saint-Gobain abre la competencia global de arquitectura y convoca a estudiantes argentinos

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La compañía Saint-Gobain puso en marcha en Argentina una nueva edición del Architecture Student Contest 2026, un certamen internacional dirigido a estudiantes de arquitectura, diseño e ingeniería civil que busca posicionar la sostenibilidad como eje central del debate sobre las ciudades del futuro. La convocatoria, cuya inscripción permanecerá abierta hasta el 31 de marzo, tendrá como premio principal el acceso a la final internacional en Belgrado, donde el equipo ganador nacional representará al país con viaje y estadía cubiertos.

El movimiento de la multinacional —referente global en soluciones para construcción liviana y sostenible— no es solo una iniciativa académica. Forma parte de una estrategia más amplia de posicionamiento dentro del ecosistema profesional de la arquitectura y la construcción, un sector atravesado por cambios tecnológicos, exigencias ambientales y nuevas regulaciones vinculadas a eficiencia energética y reducción de emisiones.

En ese marco, la empresa presentó oficialmente al jurado que evaluará los proyectos argentinos, integrado por arquitectos con trayectoria académica, institucional y profesional. El panel tendrá la responsabilidad de seleccionar el proyecto que representará a Argentina en la instancia internacional del concurso.

Un jurado que combina academia, profesión y sector productivo

La instancia nacional estará a cargo de un jurado con perfiles que reflejan distintos espacios de influencia dentro del campo arquitectónico.

Entre ellos se encuentra Fernando Robles, arquitecto y director de la carrera de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), quien lidera el desarrollo académico de esa carrera desde 2024 y cuenta con experiencia en docencia universitaria y concursos nacionales e internacionales.

También integrará el jurado Valeria del Puerto, arquitecta y ex presidenta del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU). Cofundadora del estudio Del Puerto-Sardín, se destaca por su trayectoria en arquitectura sustentable y por proyectos exhibidos en bienales internacionales como Buenos Aires, São Paulo, Quito y Venecia.

El panel se completa con Pablo Engelman, arquitecto, editor general asociado de Bisman Ediciones y profesor de Urbanismo en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), con especialización en Alta Dirección en Urbanismo y experiencia en proyectos vinculados a ciudad y territorio.

La cuarta integrante es Sandra Carina Lambiase, arquitecta formada en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), quien actualmente se desempeña como jefa de Asistencia Técnica y Especificación en Saint-Gobain Argentina y especialista en soluciones sustentables de aislamiento térmico, acústico y construcción en seco.

La composición del jurado combina perfiles académicos, profesionales e institucionales, una arquitectura de decisión que busca equilibrar criterios técnicos, innovación proyectual y viabilidad constructiva.

El desafío: diseñar un proyecto urbano sostenible en Belgrado

El concurso propone a los estudiantes trabajar sobre un sitio real en la ciudad de Belgrado, Serbia, ubicado a orillas del río Sava. El desafío consiste en desarrollar un proyecto integral que combine obra nueva y renovación urbana.

La consigna plantea dos intervenciones principales: el diseño de un nuevo alojamiento para atletas (edificio A) y la reforma del Club Náutico de la Academia de Belgrado (edificio B).

Las propuestas deberán incorporar criterios vinculados a salud y bienestar de los usuarios, eficiencia energética y reducción de la huella de carbono durante todo el ciclo de vida del edificio.

Además, se exige integrar estrategias bioclimáticas, garantizar confort térmico, acústico y lumínico e incorporar soluciones y materiales de Saint-Gobain.

Más allá del ejercicio académico, el concurso reproduce las tensiones que hoy atraviesan la arquitectura global: cómo construir más, pero con menor impacto ambiental; cómo renovar estructuras urbanas existentes sin perder funcionalidad ni identidad; y cómo integrar tecnología constructiva con criterios de sostenibilidad.

Un espacio de proyección internacional para estudiantes

El certamen se organiza en dos etapas. En la fase nacional, los equipos —integrados por hasta tres estudiantes y acompañados por un docente— presentan sus proyectos representando a sus universidades.

El equipo ganador accederá a la final internacional en Belgrado, donde competirá con representantes de otros países ante un jurado integrado por arquitectos, urbanistas y especialistas en construcción sostenible.

El concurso contempla premios de hasta 5.000 euros, además de reconocimientos académicos para estudiantes y docentes participantes.

Para quienes cursan los últimos años de sus carreras, la competencia funciona como un espacio de visibilidad profesional temprana y de contacto con redes internacionales vinculadas a la arquitectura y el urbanismo.

Formación, industria y arquitectura sostenible

La iniciativa también revela cómo las empresas del sector de la construcción buscan influir en la formación de futuros profesionales.

El Architecture Student Contest funciona como un punto de encuentro entre universidades, industria de materiales y comunidad profesional, un triángulo que define buena parte del desarrollo del sector.

En ese esquema, la sostenibilidad aparece como el eje central del debate. Las exigencias de eficiencia energética, reducción de emisiones y confort ambiental se están transformando en estándares globales que impactan tanto en la normativa urbana como en las decisiones de diseño.

El concurso se inscribe precisamente en ese proceso de transformación.

Un escenario en evolución para la arquitectura del futuro

Con la inscripción abierta hasta el 31 de marzo, la convocatoria entra ahora en su fase más dinámica: la presentación de proyectos por parte de los equipos universitarios.

En las próximas semanas se verá qué universidades logran posicionar propuestas competitivas y qué enfoques emergen entre los estudiantes frente al desafío de diseñar un espacio urbano sostenible.

Más allá del resultado del certamen, el concurso funciona como un termómetro del momento que atraviesa la arquitectura contemporánea: una disciplina cada vez más atravesada por la innovación tecnológica, las exigencias ambientales y la necesidad de repensar las ciudades.

La final en Belgrado definirá a los ganadores. Pero el verdadero proceso comienza antes, en las aulas y en los estudios donde se imaginan las ciudades que todavía no existen.

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Amelia Ice Tea, un té frío en lata producido en Argentina que quiere disputar el mercado de bebidas sin alcohol

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El mercado argentino de bebidas suma un nuevo jugador en un segmento que crece a nivel global. Se presentó Amelia Ice Tea, un emprendimiento desarrollado en Mar del Plata que busca instalar el primer té frío en lata producido en el país y disputar un espacio dentro del mercado de bebidas listas para consumir. En Misiones hay un Ice Tea que va ganando mercado bajo la marca Ykua, producida en Dos de Mayo.

La iniciativa está liderada por Melisa Retrivi, quien impulsó el proyecto tras detectar un vacío en la oferta de bebidas sin alcohol disponibles en el mercado local. El producto se elabora con té negro proveniente de Misiones y se presenta en cuatro variedades en formato de lata de 354 mililitros.

La apuesta no es menor. La categoría Ready To Drink (RTD) —bebidas listas para tomar— muestra una expansión sostenida en los mercados internacionales, con tasas de crecimiento cercanas al 6% anual, impulsada por consumidores que buscan alternativas más naturales y prácticas frente a las gaseosas tradicionales.

La pregunta que subyace al lanzamiento es si este nuevo producto podrá transformar una tendencia global en un mercado real dentro de Argentina, un país que paradójicamente produce grandes volúmenes de té pero históricamente lo destina a exportación.

Un emprendimiento que conecta producción local y nuevas tendencias de consumo

El proyecto de Amelia Ice Tea se inscribe en un cruce interesante entre producción regional, innovación de producto y cambio en los hábitos de consumo.

Argentina ocupa el noveno lugar entre los productores mundiales de té y concentra su producción en Misiones y Corrientes, provincias que abastecen principalmente al mercado internacional. De hecho, el 92% del té argentino se exporta, especialmente a Estados Unidos, donde se utiliza para la elaboración de té frío.

En ese contexto, el desarrollo de una bebida RTD basada en té nacional intenta capturar parte de ese valor dentro del mercado interno.

Retrivi, abogada y emprendedora vinculada a la industria alimentaria marplatense, ya tenía experiencia en el sector de bebidas a través de Bristol, una marca independiente que creó junto a su marido. Desde esa experiencia detectó una ausencia en la góndola de bebidas no alcohólicas: la falta de un té frío diseñado específicamente para el consumidor argentino.

La marca se construye además sobre una identidad conceptual ligada al origen del té. El nombre Amelia remite a Camellia sinensis, especie botánica de la que provienen las infusiones tradicionales.

Innovación técnica y lógica de consumo “on the go”

El producto se presenta en latas de aluminio de 354 ml, un formato pensado para consumo inmediato y transporte sencillo. El diseño responde a una tendencia que domina el mercado de bebidas: productos listos para beber que acompañan actividades fuera del hogar.

A diferencia de las gaseosas o bebidas carbonatadas, el té frío de Amelia no contiene gas. Para mantener la firmeza de la lata y preservar el producto, la empresa utiliza tecnología de dosificación de nitrógeno líquido, un proceso que protege el sabor y la frescura de la infusión hasta el momento de consumo.

El posicionamiento nutricional también forma parte de la estrategia. Cada lata aporta 43 kilocalorías, muy por debajo de las 150 kilocalorías promedio de una gaseosa, lo que permite ubicar el producto dentro del segmento de bebidas consideradas más livianas.

Cuatro variedades para disputar la góndola

La línea inicial de Amelia Ice Tea incluye cuatro variedades, todas elaboradas a partir de infusión real de té negro:

  • Té negro con limón, la versión clásica y equilibrada de la línea. Elaborada con infusión real de té negro y endulzada con azúcar orgánica, se caracteriza por un perfil cítrico definido y un dulzor balanceado.
  • Té negro con durazno, una propuesta de perfil aromático y frutal. Elaborada con infusión real de té negro y endulzada con azúcar orgánica, se destaca por la combinación del sabor del durazno con las notas naturales de la infusión, logrando una bebida liviana y equilibrada.
  • Té negro con ginseng y miel, la variante que combina la infusión de té negro con el toque herbal del ginseng y la suavidad de la miel. Se destaca por un dulzor sutil y un toque herbal, logrando una bebida refrescante y con carácter.
  • Té negro con limón y stevia, la propuesta 0% azúcares de la marca. Elaborada a base de una infusión de té negro, utiliza stevia como endulzante natural para mantener el perfil cítrico tradicional del té con limón sin aporte calórico..

El precio sugerido es de $2.500 por lata.

La comercialización comenzó en la Costa Atlántica desde diciembre de 2025 y actualmente el producto se distribuye a través de su tienda online y en cafeterías de especialidad y tiendas saludables de Mar del Plata.

Expansión productiva y apuesta al mercado nacional

El proyecto no se limita a un lanzamiento de nicho. La empresa proyecta multiplicar por diez su capacidad productiva hacia finales de 2026, alcanzando una escala de 120.000 latas anuales en su primer año completo de operación.

Para sostener ese crecimiento, la marca planea inaugurar una planta en el Parque Industrial de Mar del Plata, lo que permitirá ampliar la producción y desarrollar nuevas variantes de producto, entre ellas té verde.

El plan comercial también incluye una expansión territorial. La compañía apunta a concretar su desembarco nacional en agosto de 2026, con el objetivo de ingresar en cadenas de supermercados y tiendas saludables antes de fin de año.

Un cambio de hábitos que reconfigura el mercado de bebidas

El lanzamiento de Amelia Ice Tea coincide con una transformación más amplia en el consumo global de bebidas.

Según relevamientos de la consultora IWSR, el 58% de los consumidores está migrando hacia bebidas sin alcohol o con bajo contenido alcohólico, un fenómeno vinculado a prácticas de consumo más moderadas.

Al mismo tiempo, estudios de la firma Attest indican que el 35,8% de la Generación Z se identifica como abstemio, lo que amplía el mercado potencial para bebidas funcionales y naturales.

Estas tendencias globales explican el crecimiento del segmento RTD, una categoría que incluye desde tés fríos hasta bebidas energéticas o cócteles sin alcohol.

Un mercado en construcción

El lanzamiento de Amelia Ice Tea revela una paradoja productiva: Argentina es un actor relevante en la producción mundial de té, pero el consumo local de derivados como el iced tea aún es limitado.

La apuesta del emprendimiento marplatense consiste justamente en cerrar esa brecha. Transformar una materia prima que hoy se exporta casi en su totalidad en una bebida de consumo masivo dentro del país.

El desafío será construir ese mercado desde cero. Si la expansión proyectada se concreta y el producto logra ingresar a las cadenas de supermercados, el té frío podría comenzar a ocupar un lugar estable en la góndola argentina.

Por ahora, la marca inicia ese recorrido desde la Costa Atlántica. El verdadero test llegará cuando el producto se enfrente al mercado nacional y a una competencia dominada históricamente por gaseosas y jugos industrializados.

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El yacaratiá pone a Misiones en tendencia con la “madera comestible” y reabre el debate sobre biodiversidad y valor productivo

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Un árbol de la selva misionera volvió a irrumpir en la conversación pública, esta vez empujado por las redes sociales. El yacaratiá, una especie nativa cuya madera es 100% comestible, se convirtió en tendencia en la red social X luego de la difusión de un video que generó asombro, curiosidad y también críticas entre los usuarios.

El fenómeno no surge de un anuncio oficial ni de una política pública. Nace de la viralización de una particularidad biológica: el árbol Jacaratia spinosa, originario de la selva de Misiones, es considerado el único del mundo con madera completamente comestible.

El episodio digital reactivó una pregunta más amplia que excede la anécdota gastronómica: ¿puede la biodiversidad misionera transformarse en un activo productivo y cultural con mayor visibilidad nacional?

Una rareza botánica que se transforma en alimento

El yacaratiá tiene una característica que lo diferencia de la mayoría de las especies forestales. Su madera no posee celulosa y presenta alrededor del 90% de humedad, lo que modifica completamente su estructura y permite que sea apta para consumo humano.

Esa singularidad abre un campo culinario poco habitual. El producto puede procesarse en filetes, preparaciones ahumadas o braseadas, con una textura que quienes lo probaron comparan con la carne.

En El Dorado, emprendedores locales ya transformaron esa materia prima en una línea de alimentos que incluye alfajores, bombones, mermeladas, budines, tablas confitadas, albóndigas y milanesas elaboradas con madera de yacaratiá.

La producción se presenta como una delicatessen regional, con una propuesta que combina tradición gastronómica, experimentación culinaria y aprovechamiento de recursos naturales locales.

Aunque el árbol forma parte del ecosistema de la selva misionera desde hace siglos, su difusión masiva es relativamente reciente. La viralización en redes sociales funcionó como catalizador de una curiosidad que hasta ahora circulaba principalmente en ámbitos gastronómicos o turísticos.

Redes sociales, humor argentino y visibilidad inesperada

La explosión digital comenzó con una publicación de la cuenta @porqueTTarg, que compartió un video bajo un título minimalista: “Madera”. El contenido describía el fenómeno de “la única madera comestible del mundo producida en Argentina”.

Lo que siguió fue una cadena de reacciones típicas del ecosistema digital argentino. Algunos comentarios ironizaron sobre el potencial gastronómico del producto, imaginando precios elevados en restaurantes. Otros cuestionaron su sabor o la idea misma de consumir madera.

La viralización convirtió un alimento regional en un objeto de conversación masiva, mezclando curiosidad científica, humor y escepticismo.

Este tipo de episodios no suele alterar el mapa productivo por sí solo. Sin embargo, sí puede modificar algo más sutil: la visibilidad de recursos naturales y culturales que hasta ahora permanecían en circuitos locales.

Biodiversidad, identidad y potencial económico

Más allá de la anécdota viral, el yacaratiá forma parte de un patrimonio biológico característico de Misiones, una provincia que concentra una porción significativa de la biodiversidad argentina.

El caso muestra cómo ciertos productos vinculados al ambiente natural pueden adquirir valor gastronómico y cultural cuando encuentran canales de difusión más amplios. En este caso, el motor no fue una campaña institucional ni una estrategia comercial de gran escala, sino un fenómeno espontáneo en redes sociales.

La aparición de alimentos basados en recursos nativos también dialoga con tendencias globales que valoran ingredientes regionales, gastronomía de origen y productos con identidad territorial.

Una tendencia viral que abre preguntas

El episodio digital dejó algo más que memes o comentarios irónicos. También instaló una pregunta sobre el potencial de productos poco conocidos fuera de su región de origen.

El yacaratiá no es un descubrimiento reciente ni una moda pasajera. Es parte de la historia natural de la selva misionera y de ciertas tradiciones gastronómicas locales.

Lo que cambió ahora es la escala de la conversación. En cuestión de horas, un árbol que crece en el noreste argentino pasó de ser un conocimiento regional a convertirse en tema de debate en redes sociales.

Si esa visibilidad se traducirá en mayor interés gastronómico, turístico o productivo es algo que todavía está por verse. Las tendencias digitales suelen ser efímeras. Pero, a veces, también funcionan como la puerta de entrada a historias más profundas sobre territorio, cultura y recursos naturales.

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Chicles de yerba mate, un invento húngaro que busca conquistar paladares en Estados Unidos

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Peter Csanyi tiene 30 años, nació en Hungría y, hasta hace poco, sabía muy poco sobre la Argentina. Sin embargo, hoy asegura que encontró en el país algo más que un destino de viaje: una conexión personal que terminó transformándose en un proyecto empresarial. Ese vínculo lo llevó a desarrollar un producto poco habitual: un chicle con yerba mate que busca abrirse camino en el competitivo mercado de Estados Unidos.

El emprendedor, que en redes sociales se presenta como “El Rey de CABA”, construyó una comunidad de casi 50 mil seguidores en TikTok mostrando su vida cotidiana en Buenos Aires. Sus videos siguen una fórmula que se volvió viral: tras recorrer distintas ciudades del mundo y destacar sus virtudes, siempre concluye con una frase que se volvió su sello. “Pero nada se compara con Argentina”, dice incluso cuando habla de su propio país de origen.

Csanyi llegó a Buenos Aires el 1° de junio de 2024 por trabajo. En ese momento no hablaba español ni conocía demasiado sobre la cultura local. Con el paso de los meses aprendió el idioma -aunque mantiene un marcado acento- y adoptó expresiones típicas del habla porteña como “canchero”, “tranqui”, “chamullero” o “fachero”.

Pero el vínculo con la Argentina no quedó solo en el plano cultural. También se transformó en un emprendimiento.

Un chicle con energía natural

Csanyi es uno de los impulsores de HiFlow Gum, un chicle funcional que incorpora ingredientes energéticos como cafeína, L-teanina, vitamina B, electrolitos y yerba mate. El producto se fabrica actualmente en Italia y su estrategia comercial está enfocada en el mercado estadounidense.

“Es un chicle como cualquier otro, pero con ingredientes activos que ayudan con el foco y la energía”, explicó durante una entrevista en el programa El Periodista, emitido por Canal 12 de Misiones.

Según detalló, la yerba mate cumple un rol central en la fórmula del producto. “La yerba mate es un buen ingrediente para darte energía sin hacerte sentir presión”, sostuvo.

Aunque el chicle tiene sabor a menta y no a yerba mate, Csanyi remarca que el componente energético del producto está ligado directamente a esta planta emblema en Misiones.

“Mate me dio energía, pero sin esa sensación de sobreestimulación que me daba el café. Por eso es perfecto para este producto”, explicó.

La marca comercializa sus productos a través de su sitio oficial y actualmente realiza envíos a distintos países, aunque el foco principal de su marketing está puesto en Estados Unidos.

Para Csanyi, la decisión de incorporar yerba mate al chicle tiene dos motivaciones claras. La primera es personal. “Es parte de mi relación con Argentina. Siempre hice proyectos sobre cosas que me apasionan”, afirmó.

La segunda es funcional: la yerba mate aporta cafeína natural y compuestos que favorecen la concentración.

El emprendedor vive hoy entre Miami y Argentina, donde pasa cerca de la mitad del año. Antes de iniciar este proyecto vendió una empresa que tenía en Hungría y comenzó a viajar por distintos países de América Latina. Cuando llegó a Buenos Aires sintió que había encontrado un lugar especial.

“Desde mis primeros días sentí que ya nos encontramos. Tal vez en otra vida. Encontré la paz acá y aprendí castellano. Ahora tengo un sentimiento especial por este hermoso país”, expresó.

Un recorrido por Misiones

La relación con el mate lo trajo también a la provincia donde se produce la mayor parte de la yerba argentina. Csanyi llegó por primera vez a Misiones para conocer de cerca la cultura yerbatera y generar contenidos para sus redes. “Vine para mostrar la cultura y la tradición de la yerba mate a la gente de Estados Unidos”, explicó.

Durante su estadía planeaba recorrer chacras y plantaciones para documentar el proceso productivo y visitar las Cataratas del Iguazú. Su objetivo, a largo plazo, es que el producto también se venda en la Argentina.

“Me gustaría que algún día esté en todos los kioscos del país”, señaló.

Por ahora, el lanzamiento de HiFlow Gum es reciente -apenas cuatro meses en el mercado-, pero Csanyi confía en el crecimiento del proyecto.

“Es difícil porque soy extranjero en Argentina y también en Estados Unidos, y hay mucha competencia. Pero este es un proyecto para los próximos diez años”, afirmó.

Mientras desarrolla su emprendimiento, el húngaro sigue difundiendo su fascinación por la cultura argentina en redes sociales. Y cada vez que viaja o compara destinos, repite la misma conclusión que lo volvió viral. “Nada se compara con Argentina”.

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