CON SELLO PROPIO

De San Ignacio al mundo: I Love Mate fue elegida como la mejor yerba argentina en Caminos y Sabores

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La industria yerbatera misionera sumó un nuevo reconocimiento nacional con impacto comercial y estratégico. La marca I Love Mate, elaborada en San Ignacio, fue distinguida como la mejor yerba argentina en la categoría yerba mate con palo durante la feria Caminos y Sabores, uno de los principales encuentros gastronómicos del país. El galardón no solo premia la calidad del producto, sino que también posiciona a Misiones como un referente en innovación, diferenciación y sustentabilidad dentro de una cadena productiva que busca cada vez más competir por valor agregado y no únicamente por volumen.

La premiación tuvo una particular relevancia porque surgió de una cata a ciegas, sin identificación de las marcas participantes, evaluada por un jurado integrado por sommeliers, chefs, ingenieros en alimentos y especialistas coordinados por la reconocida crítica gastronómica Betty Coste. El proceso eliminó cualquier sesgo comercial y puso el foco exclusivamente sobre las cualidades sensoriales del producto.

Todavía sigo muy emocionada por este honor. Nos llena de orgullo haber sido reconocidos como la mejor yerba argentina“, expresó Yamila Cámpora, propietaria de I Love Mate, al regresar de Buenos Aires. La empresaria destacó que la sorpresa fue total porque los participantes desconocían tanto la identidad de los competidores como la composición final del jurado.

El reconocimiento adquiere un valor adicional por el contexto que atraviesa la actividad yerbatera. En momentos en que buena parte del debate sectorial gira alrededor del precio de la hoja verde y de la rentabilidad primaria, la experiencia de I Love Mate muestra otra dimensión de la competitividad: la construcción de marcas capaces de capturar mayor valor en el mercado nacional e internacional mediante diferenciación, identidad y calidad.

Un modelo basado en innovación y origen

La yerba premiada se produce en la Colonia Santo Domingo Savio, en San Ignacio, donde una familia con cuatro generaciones de tradición yerbatera desarrolla una producción orgánica pionera en la provincia.

Uno de los principales factores diferenciales es el sistema de secado sin humo, desarrollado por Juan Kraus, referente de la familia y considerado el creador del primer sistema de este tipo. Esa innovación tecnológica permite preservar el perfil natural de la hoja y constituye la base del carácter distintivo de la marca.

Aunque la materia prima proviene del establecimiento familiar, Cámpora explicó que I Love Mate desarrolló un perfil propio junto a un maestro yerbatero para obtener características organolépticas específicas.

Buscamos un sabor limpio, sin humo, suave, herbal y que mantenga su intensidad durante toda la mateada“, describió. Esa combinación fue precisamente uno de los atributos que sorprendió al jurado durante la degustación.

Del emprendimiento familiar a una marca exportadora

La historia de I Love Mate comenzó de manera artesanal. La idea surgió, según relató Cámpora, por iniciativa de su hija, quien siendo apenas una niña propuso crear una marca propia y comenzó a dibujar corazones junto a un mate, imagen que terminaría convirtiéndose en el logotipo definitivo.

Durante los primeros años las etiquetas eran colocadas manualmente y la comercialización se limitaba al entorno cercano. Seis años después la empresa renovó completamente su identidad visual y comenzó una etapa de profesionalización que hoy encuentra un punto de inflexión con este reconocimiento nacional.

Actualmente la firma comercializa sus productos en supermercados, estaciones de servicio, panaderías y a través de canales digitales, mientras avanza en la reorganización de su red de distribuidores.

La estrategia comercial también tiene un fuerte componente internacional. La empresa ya exporta a seis países, motivo por el cual eligió un nombre en inglés que facilite el reconocimiento de la marca entre consumidores extranjeros y el turismo internacional.

Sustentabilidad como ventaja competitiva

La diferenciación no se limita al producto. La empresa incorporó prácticas de producción sustentable mediante el uso de energía solar, secaderos alimentados a gas y procesos orientados a minimizar el impacto ambiental.

Ese posicionamiento responde a una demanda creciente de consumidores que valoran alimentos elaborados bajo estándares ambientales y de producción responsable, especialmente en mercados externos donde estos atributos suelen traducirse en mejores precios y mayor competitividad.

La experiencia de I Love Mate refleja además un cambio de paradigma dentro de la cadena yerbatera misionera. Mientras el negocio tradicional continúa concentrado en la producción de materia prima, un número creciente de emprendimientos apuesta a desarrollar marcas propias, construir identidad comercial y competir en segmentos premium.

En ese escenario, el premio obtenido en Caminos y Sabores trasciende el reconocimiento individual. Representa una señal de que la innovación tecnológica, la sustentabilidad y la diferenciación comercial pueden convertirse en herramientas concretas para ampliar mercados, fortalecer las exportaciones y aumentar el valor capturado por la producción misionera.

Todos los ganadores de Experiencias del Sabor

Yerba mate con palo: I Love Mate

La yerba I Love Mate obtuvo el premio en la categoría Yerba Mate con Palo. Yamila María Campora recibió la distinción con emoción y contó que la marca nació junto a su hija Jazmín “entre viajes y mateadas”. Además, destacó el espacio que brinda la feria para visibilizar a los pequeños productores de todo el país.

Miel de abeja: Praderas Neuquinas

El reconocimiento a la Mejor Miel de Abeja fue para Praderas Neuquinas. Agostina Farías celebró el premio obtenido por este emprendimiento patagónico, que comenzó elaborando aceite de oliva y recientemente incorporó la producción de miel.

La mejor miel de abieja es patagónica (Foto: Praderas neuquinas)
La mejor miel de abieja es patagónica (Foto: Praderas neuquinas)

Queso de vaca pasta semidura: Fermier

Fermier volvió a quedarse con el premio al Mejor Queso de Vaca Pasta Semidura. Daniel Santamaría definió la distinción como “un reconocimiento a lo artesanal” y destacó que Caminos y Sabores permite que productores de todo el país puedan mostrar sus elaboraciones y fortalecer la cultura quesera.

Salame picado grueso: Cagnoli

El mejor Salame Picado Grueso fue para Cagnoli. Lucio Rancez, embajador de la marca, recibió el premio en nombre de la familia y aseguró que representa “la tenacidad, el trabajo y la historia” de una pyme familiar. Además, recordó que el producto ganador obtuvo en 2011 la Denominación de Origen, por lo que definió al reconocimiento como “un premio para Tandil”.

Dulce de leche familiar: Dulce de Leche & Co.

Dulce de Leche & Co. obtuvo por tercera vez el premio al Mejor Dulce de Leche Familiar. Luis González afirmó que, pese a los reconocimientos anteriores, la emoción sigue siendo la misma y contó que la empresa, que emplea a 50 personas, avanza con una planta de producción para ingresar al mercado brasileño. “Nuestra misión es llevar el dulce de leche al mundo”, resumió.

EL mejor dulce de leche familiar de Caminos y Sabores.
EL mejor dulce de leche familiar de Caminos y Sabores.

Aceite de oliva virgen extra: Familia Saleme

Desde San Juan, Familia Saleme fue distinguida con el premio al Mejor Aceite de Oliva Virgen Extra. Sus representantes destacaron que se trata de un aceite certificado libre de gluten y con indicación geográfica, y aseguraron que el objetivo es seguir posicionando al aceite de oliva sanjuanino en todo el país.

Gin argentino: Eternal

El premio al Mejor Gin Argentino quedó en manos de Eternal, una destilería familiar de Potrero de los Funes, San Luis. Mariela Thimental celebró el reconocimiento y destacó que, pese al tamaño del emprendimiento, la empresa cuenta con la certificación Marca País, sello Kosher, 66 medallas nacionales e internacionales y fue elegida como la Mejor Destilería de Argentina en 2023 y 2025.

Los mejores alfajores del país

Otra de las grandes atracciones de la feria fue la entrega de la Copa Alfajor Argentino, el certamen que distingue a las mejores elaboraciones del país. En esta edición se incorporó por primera vez la categoría Alfajor de Autor, destinada a reconocer propuestas innovadoras.

También se eligieron los mejores alfajores del país (Foto: caminosysabores)
También se eligieron los mejores alfajores del país (Foto: caminosysabores)

Tres productores levantaron la copa en sus respectivas categorías.

Mejor Alfajor Estilo Marplatense Negro: Manjares de Merlo

El premio quedó en manos de Manjares de Merlo, de la provincia de San Luis. Su alfajor combina una tapa elaborada con masa tipo Oreo, dulce de leche y cobertura de chocolate semiamargo.

Noelia Masaglia recibió el reconocimiento entre aplausos y celebró que el premio “representa el esfuerzo, la dedicación y la pasión” con la que trabajan. Además, destacó que el emprendimiento genera trabajo para unas 30 familias.

Mejor Alfajor de Chocolate con Cobertura Blanca: Punto & Coma

El emprendimiento Punto & Coma, de Ramallo (Buenos Aires), ganó gracias a un alfajor elaborado con galleta de cacao intenso, mermelada casera de frambuesa, ganache de chocolate semiamargo y cobertura de chocolate blanco.

Soledad Gallego, creadora de la marca junto a su marido José, aseguró que el reconocimiento es “un mimo” para el trabajo que realizan diariamente.

Mejor Alfajor de Autor: Dulce de Leche & Co.

La flamante categoría Alfajor de Autor tuvo como ganador a Dulce de Leche & Co.. La receta, creada por la maestra alfajorera Damaris Díaz, combina masa de cacao, un anillo de dulce de leche, corazón crocante de coco y cobertura de chocolate semiamargo.

Al recibir el premio, Díaz aseguró que el reconocimiento es “un orgullo enorme” y una valoración al trabajo que realiza todos los días.

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De la resiliencia a facturar USD 13,5M: la estrategia de RVM, la moto argentina que compite a nivel global

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En 1983, en una ruta argentina, un joven de 20 años vio cómo su vida se desmoronaba en cuestión de segundos. Roberto Vicente Martínez regresaba de Luján a bordo de una motocicleta JAWA 350 cuando un Ford Falcon se cruzó en su camino. El impacto fue brutal: el fémur se desplazó, perforó la cadera y salió por el glúteo derecho. Pasó 35 minutos tirado en la ruta. Luego vinieron 64 días de internación y un año entero sin poder caminar.

Cualquiera hubiera abandonado las motos después de una experiencia así. Roberto no. Apenas dos meses después de comenzar su recuperación, reunió a sus padres y les confesó que no podía imaginar una vida sin las dos ruedas. Su padre, comprendiendo la profundidad de su vocación, simplemente le respondió: “Cuidate”.

Cuatro décadas después, ese joven que se negó a rendirse ante la tragedia se convirtió en una figura central de la industria motociclista argentina. Hoy, Roberto es el presidente de F.A.M.S.A. (Fábrica Argentina de Motovehículos S.A.) y el fundador de RVM, la marca que lleva sus iniciales y que ha logrado lo que parecía imposible: posicionarse como la única empresa argentina de motocicletas con presencia real en competencias internacionales de rally. Esta trayectoria empresarial es el reflejo directo de sus características personales: la determinación ante la adversidad, la capacidad de innovación y el compromiso sin concesiones con sus objetivos.

El legado de una familia de pioneros

La historia de Martínez no comienza con él, sino con su padre, Vicente Martínez. En la década de 1950, tras realizar el servicio militar en el Regimiento Motorizado de Buenos Aires, Vicente comenzó a trabajar como “combinador” de películas de cine, transportando rollos a bordo de una motocicleta JAWA 250 modelo 1948. Fue así como la marca checoslovaca entró en su vida y, posteriormente, en la de su hijo.

Roberto creció rodeado de motos. De pequeño jugaba sobre ellas y leía manuales técnicos durante horas. A los 12 años, su hermano mayor le enseñó los primeros secretos de la conducción en una Siambretta 125. A los 15 años, cuando se reabrió la importación de motocicletas en Argentina en 1977, comenzó a trabajar como mecánico en el servicio técnico oficial de JAWA, junto a su padre. Pero la vida tenía otros planes para este joven apasionado.

El accidente que definió su carácter

El 1983 marca un antes y un después en la vida de Roberto Martínez. Ese año, mientras regresaba de Luján con una foto recién revelada en mano. Al intentar sobrepasar a un automóvil, otro vehículo se cruzó en su camino. “Estaba sobrepasando a un auto y, cuando vuelvo a mi carril, se cruza un Falcon que me pega en la rótula derecha, el fémur se desplazó, perforó la cadera y terminó saliendo por el glúteo derecho”, cuenta Roberto.

Lo que vino después fue una pesadilla. Treinta y cinco minutos tirado en la ruta. Sesenta y cuatro días internado. Un año entero sin poder caminar. Los médicos le advirtieron que eventualmente necesitaría un reemplazo de cadera. Cualquier persona en su situación hubiera abandonado las motos. Hubiera buscado una vida más segura, más predecible.

Roberto no. Apenas dos meses después de comenzar su recuperación, mientras su padre le proponía construir juntos un automóvil Lotus Seven, Roberto reunió a sus padres y les confiesa “No me imagino una vida sin las motos”. Su padre, con una mirada cómplice con su madre, respondió con una frase que se convertiría en su guía en la vida: “Cuidate”.

Del taller a la gloria: Los récords que demostraron lo imposible

Pasaron años. Roberto trabajó en el campo, fue custodio, manejó colectivos y camiones. Pero en 1991, cuando se reabrió la importación en Argentina, su oportunidad llegó. Una empresa había descubierto que JAWA tenía miles de motocicletas abandonadas en la República Checa, fabricadas originalmente para Rusia pero nunca entregadas por la crisis que atravesaba ese país. Necesitaban a alguien que pudiera poner en marcha esas máquinas. Contactaron a Roberto. En 1992, abrió su primer taller en Lugano, Buenos Aires con un éxito inesperado: llegó a comercializar 1.000 motocicletas por mes. En 1994, quedó al frente del único Servicio Técnico Oficial JAWA CZ de Argentina. La marca era tan confiable en sus manos que incluso la fábrica checa lo consultaba sobre cómo resolver problemas de garantía.

Pero en 1995, con el “Efecto Tequila” las ventas se desplomaron de 1.000 a apenas 70 unidades mensuales. Fue entonces cuando Roberto demostró su capacidad para transformar la adversidad en oportunidad. Propuso un audaz plan de marketing: demostrar la confiabilidad de JAWA mediante actos de resistencia extrema. El primero fue un raid que uniría los puntos extremos de Argentina. El 25 de marzo de 1995, Roberto Martínez, parte desde La Quiaca en una JAWA 350 con destino a Ushuaia. Paraba solo para cargar combustible. 76 horas después, había recorrido los puntos extremos de Argentina, con un mensaje claro: JAWA era robusta y confiable.

En 1996, propuso un nuevo desafío: batir el récord mundial de kilómetros recorridos en 100 horas. El resultado: 10.103 kilómetros certificados en 100 horas. Un nuevo récord mundial. Esos actos de resistencia no solo demostraron la calidad de JAWA; también demostraron quién era Roberto Martínez: un hombre que va por sus objetivos.

Representante exclusivo: La visión de un empresario

A pesar de todos los esfuerzos realizados la empresa importadora decidió cerrar, liquidó el stock y desapareció del mercado. En 1997, Roberto viajó a Praga para reunirse directamente con los directivos de JAWA. Les explicó que en Argentina había miles de personas que demandaban repuestos y motocicletas, pero no había quien las suministrara. La fábrica checa lo escuchó. En 1998, lo nombraron representante exclusivo de JAWA en Argentina.

El camino de Martínez no estuvo exento de grandes turbulencias. A comienzos de la década de 2000, la crisis económica que azotó al país había golpeado fuertemente a su empresa. En medio de ese caos, fue convocado para asociarse a un reconocido fabricante del sector que tras varios intentos fallidos previos no lograba recuperar el liderazgo de su histórica marca nacional de motos. En tiempo récord —menos de 4 años— la alianza conquistó el 10% del mercado local de motocicletas, en buena medida gracias a su expertise para desarrollar productos que el público motociclista estaba esperando. Sin embargo, la sociedad se disolvió en diciembre de 2005.

Fue entonces cuando reactivó JAWA Argentina, demostrando una visión empresarial extraordinaria: propuso a los directivos checos fabricar motocicletas en China bajo los estándares y la marca JAWA. Un modelo híbrido que funcionó durante una década. En 2007, a través de F.A.M.S.A., comenzó el ensamblaje local de motocicletas. Finalmente, en 2017, dio el paso más importante de su carrera: creó su propia marca, RVM (Roberto Vicente Martínez).

RVM: La marca argentina que desafía a las multinacionales

RVM no es solo una marca de motos, es la expresión corporativa de la filosofía de su fundador. Cada decisión estratégica, cada producto desarrollado, refleja los mismos principios que guiaron a Roberto Martínez a través de sus mayores desafíos: la innovación ante la crisis, la búsqueda de excelencia y la determinación de no rendirse ante lo que parece imposible.

Hoy, RVM es la única marca argentina de motocicletas con presencia internacional. A través de un joint venture con una empresa china, la compañía opera una planta desde donde exporta a múltiples mercados. En 2026, F.A.M.S.A. proyecta producir 2.800 unidades de RVM y JAWA, con una facturación estimada de USD 13,5 millones, lo que representa un crecimiento del orden del 30% respecto a 2025.

Otro logro significativo de RVM se impone, y es su participación en competencias internacionales de rally. La marca es la única empresa argentina de motocicletas que compite en el Campeonato Mundial de Rally Raid (W2RC), específicamente en el Desafío Ruta 40, codo a codo con marcas multinacionales como Honda, Yamaha y KTM.

RVM ha trazado un ambicioso objetivo: participar en el Rally Dakar 2027, la competencia más dura del mundo. Para ello, han formado una alianza con el joven piloto salteño Baltazar Frezze, quien compite con el modelo RVM Rally 450. 

La pasión que no se extingue

Con 63 años, Roberto Martínez sigue siendo el mismo hombre de voluntad inquebrantable que se negó a colgar el casco tras un accidente que lo dejó un año sin caminar. Hoy, consolidado como un ávido viajero, devora miles de kilómetros en motocicleta junto a su esposa. Su pasión lo ha llevado a recorrer la Patagonia, completar la Ruta 40 y explorar Sudamérica y Europa; travesías que realiza con la convicción del primer día y con el valor añadido de testear sus propios productos antes que nadie. En 1999, fundó el JAWA CLUB ARGENTINO, una organización que no solo reunía a entusiastas de la marca, sino que también realizaba importantes obras solidarias, como el apadrinamiento de hogares de niños huérfanos.

La historia de Roberto Martínez es la historia es la historia de un hombre cuyas características personales —la resiliencia, la innovación, la determinación— se han convertido en los pilares de RVM, una empresa que no solo compite en mercados internacionales, sino que representa una forma diferente de entender el negocio motociclista en Argentina. 

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Mateando se consolida como la nueva apuesta de crecimiento de Establecimiento Santa Ana

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Después de marcar un antes y un después en el mercado con CBSé y crear la categoría de yerbas compuestas hace más de cuatro décadas, Establecimiento Santa Ana volvió a apostar por la innovación. Esta vez lo hizo en Caminos y Sabores, donde presentó Mateando, su marca de yerba mate tradicional, ante miles de visitantes que recorrieron la feria. Con degustaciones, juegos y actividades para toda la familia, la compañía aprovechó uno de los encuentros más importantes de las economías regionales para acercar una propuesta que nació a partir de un pedido concreto de los consumidores y que hoy se posiciona como una de sus principales apuestas de crecimiento.

Establecimiento Santa Ana (ESA), empresa creadora de CBSé y Mateando, formó parte de una nueva edición de Caminos y Sabores, la feria que reúne a productores, emprendedores y marcas de todo el país para celebrar la identidad gastronómica argentina. En este marco, la compañía continúa impulsando el desarrollo de Mateando, una marca que ingresa en la categoría de yerba tradicional, y refuerza su estrategia de innovación y diversificación.

“Caminos y Sabores es una de las ferias más representativas para las economías regionales y para las marcas que forman parte de la cultura de consumo de los argentinos. Para nosotros fue una gran oportunidad para encontrarnos con consumidores de todo el país y seguir dando a conocer Mateando”, señaló Gustavo Redondo, Gerente Comercial de Establecimiento Santa Ana.

Durante los cuatro días de la exposición, los visitantes pudieron conocer de cerca Mateando, la primera yerba mate producida y envasada en origen, Santa Ana, Misiones. El producto se caracteriza por un proceso de secanza y estacionamiento natural que le aporta un sabor suave y duradero, una molienda equilibrada con bajo contenido de polvo y palo, y un envase innovador diseñado para responder a las nuevas demandas de los consumidores.

“La recepción del público siempre fue muy buena. Trabajamos más de dos años en busca del perfil del sabor, hicimos varias acciones para que los consumidores nos acompañen, entre ellas ofrecimos catas a ciegas para encontrar el blend perfecto para el consumidor de hoy. El desafío está en las góndolas, nos animamos a sumar una propuesta única en un mercado ya consolidado, el de la yerba tradicional. Mateando es una propuesta sólida que viene acompañada de calidad de CBSé buscando llegar a nuevos consumidores. Seguimos innovando como desde 1978, desde la primera yerba con CBSé Hierbas Serranas”, agregó Redondo.

Con un packaging 100% sustentable, Mateando conquista a las nuevas generaciones. “Siempre estamos buscando la vanguardia y viendo las demandas mundiales, por eso, trabajamos muchísimo para poder lograr un producto en un packaging sustentable respondiendo a esa demanda de los consumidores. Los colores y el uso del colibrí nos destacan dentro de una góndola que se mantiene tradicional en el punto de venta.”, señaló Redondo.

Además, el espacio contó con degustaciones, promociones y distintas actividades pensadas para toda la familia. Los asistentes también pudieron conocer CBSé Hierbas Serranas Edición Mundial, el lanzamiento de edición limitada que sacó Establecimiento Santa Ana para acompañar este mundial.

Un lanzamiento que amplió la estrategia de la compañía

MATEANDO nació como una apuesta de Establecimiento Santa Ana para ingresar al segmento de yerba mate tradicional, luego de décadas de liderazgo e innovación a través de CBSé, marca que en 1978 creó la categoría de yerbas compuestas y saborizadas en Argentina y es líder desde entonces.

La propuesta respondió a una evolución en los hábitos de consumo. Actualmente, los consumidores muestran un interés creciente por conocer el origen de los productos, sus procesos de elaboración, la trazabilidad de las materias primas y el impacto ambiental asociado a cada compra. En este contexto, la compañía identificó una oportunidad para desarrollar una marca que combina tradición, calidad e innovación.

MATEANDO representó un hito para nuestra compañía. Nació de la escucha activa a nuestros consumidores y de la decisión de ofrecer una propuesta tradicional, con atributos diferenciales en calidad, origen y sustentabilidad. Hoy es una de nuestras grandes apuestas de crecimiento”, explicó Redondo.

El producto se comercializa en presentaciones de 500 gramos y cuenta con un envase fabricado con un 90% de material poliolefínico (PO), eliminando el uso de papel y reduciendo el impacto ambiental. Además, incorpora apertura fácil y pico vertedor para mejorar la experiencia de uso.

La marca también reflejó la estrategia de innovación permanente que caracteriza a la compañía desde hace más de cuatro décadas.

“En Establecimiento Santa Ana entendemos que innovar es escuchar al consumidor y transformar esas necesidades en productos concretos. Así nació CBSé en 1978, creando una categoría completamente nueva, y así nació MATEANDO, respondiendo a quienes buscaban una yerba tradicional con el respaldo y la experiencia de nuestra empresa”, agregó el ejecutivo.

En cuanto al mercado internacional, Redondo aclaró que Establecimiento Santa Ana  entendió las necesidades más allá del consumidor nostálgico tradicional, para captar nuevos públicos: “Hoy Chile, España —que además es la puerta de entrada a gran parte de Europa— y Estados Unidos son los tres mercados más importantes para nuestro producto terminado”, explicó el Gerente Comercial de ESA.

Nuevas generaciones y nuevas formas de consumir mate

La yerba mate continúa siendo una de las infusiones más consumidas por los argentinos y mantiene una fuerte presencia en los hábitos cotidianos de millones de personas. Sin embargo, la categoría también atraviesa una transformación impulsada por nuevas generaciones que incorporan el mate a distintos momentos de consumo y formas de socialización, muchas veces potenciadas por las redes sociales y los contenidos digitales.

En este contexto, MATEANDO buscó posicionarse como una marca cercana, asociada a los encuentros cotidianos. Su nombre surge de una acción en presente continuo y remite a esos momentos compartidos entre amigos, compañeros de estudio, colegas o familia.

“El mate es una costumbre clásica y tradicional en Argentina, y existe el Día Nacional del Mate. Hoy estamos trabajando junto a organizaciones internacionales, con una petición en Change.org, para que se instituya el Día Mundial del Mate. Así como en su momento impulsamos que el emoji del mate se sumara a los teclados de todo el mundo, seguimos buscando que nuestra cultura siga penetrando globalmente”, señaló Redondo.

Con más de 48 años de trayectoria, Establecimiento Santa Ana continúa consolidando su presencia en la industria yerbatera a través de marcas que combinan tradición, innovación y nuevas experiencias de consumo, acompañando la evolución de una costumbre que forma parte de la identidad argentina.

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De un tren sin regreso a una marca propia: la historia de la yerba Familia Zaragoza

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En la industria yerbatera abundan por estos días los números en rojo. Productores que venden por debajo de los costos, molinos que ajustan márgenes y un mercado que atraviesa una de las crisis más profundas de los últimos años. Sin embargo, entre ese escenario de incertidumbre todavía aparecen historias que recuerdan que la economía también se mueve por decisiones personales, afectos y apuestas que desafían toda lógica.

La de Familia Zaragoza es una de ellas.

No comenzó en un yerbal ni en un secadero. Empezó mucho antes, arriba de un tren que salió desde Buenos Aires rumbo a Misiones.

En 2008, Carla Zaragoza tomó una decisión que, vista desde afuera, parecía una locura. Dejó atrás la seguridad -aunque fuera precaria- de la gran ciudad, tomó a sus dos hijos y viajó hacia un destino donde no tenía trabajo, contactos ni familiares que la esperaran.

Solo tenía una certeza: necesitaba empezar de nuevo. Oberá fue la ciudad que eligió para reconstruir su vida.

“Vinimos de vacaciones invitados por una amiga. A mí me fascinó desde el primer día y a mamá le dio la certeza de que era el lugar donde podíamos crecer”, recuerda Santiago Paz, uno de sus hijos y hoy uno de los impulsores de la marca.

Volvieron a Buenos Aires, acomodaron las cosas que tenían y, pocos meses después, emprendieron el viaje definitivo.

“Mi hermano era un bebé y yo tenía apenas siete años. Oberá nos conquistó por su tranquilidad, por la naturaleza, por los cerros y, sobre todo, por la calidad humana de su gente. Sentimos que ahí podíamos construir otra vida”.

Empezar desde cero

Como ocurre con la historia misma de Misiones y la de miles de familias que migran buscando oportunidades, los primeros años estuvieron lejos de cualquier comodidad. Había que sobrevivir.

Carla hacía artesanías, cosía ropa, recorría ferias y vendía productos de limpieza puerta a puerta. Cada ingreso servía para sostener la casa.

No existían horarios. Tampoco fines de semana. Solo trabajo.

Los años pasaron hasta que apareció un golpe inesperado.

A Carla le diagnosticaron una artritis degenerativa. La enfermedad comenzó a limitarle los movimientos y el esfuerzo físico que había sostenido durante tanto tiempo dejó de ser posible.

Fue entonces cuando sus hijos entendieron que era momento de devolverle una parte de todo lo que ella había hecho por ellos.

Un homenaje que terminó convirtiéndose en empresa

La yerba mate no fue el primer emprendimiento de la familia. Tampoco nació como un gran proyecto empresarial.

Surgió como una forma de darle a Carla una actividad que pudiera desarrollar sin exigir físicamente a un cuerpo castigado por la enfermedad.

Santiago trabajaba desde hacía años en una empresa yerbatera y conocía el negocio. Vio una oportunidad.

“Queríamos que tuviera algo propio. Un proyecto que nadie pudiera quitarle”, cuenta.

Así nació Familia Zaragoza.

El nombre nunca estuvo en discusión.

“Hay personas que merecen ser homenajeadas en vida. Gracias a mi madre, Carla Zaragoza”, resumen Santiago y Damián, los fundadores de la marca.

Cada integrante encontró naturalmente su lugar. Carla atiende desde su casa a sus clientes por teléfono. Damián organiza el armado de los paquetes y los despachos desde Oberá. Santiago mantiene el vínculo con productores, coordina el trabajo con el molino y desarrolla la marca, además de comercializar en Puerto Iguazú.

Los tres viven en ciudades distintas, pero el emprendimiento funciona como una sola familia. Porque, en definitiva, eso es.

Elegir lanzar una nueva marca de yerba en 2026 parece ir a contramano del contexto.

La cadena yerbatera atraviesa una crisis de precios, rentabilidad y consumo que golpea a todos los eslabones. Sin embargo, los Zaragoza eligieron mirar el largo plazo.

Hace casi tres años comenzaron a desarrollar el proyecto y recién en enero de este año obtuvieron el Registro Nacional de Producto Alimenticio (RNPA), que les permitió comercializar oficialmente con marca propia.

El crecimiento fue deliberadamente lento.

Hoy venden en Oberá, Puerto Iguazú y Posadas, además de realizar envíos a todo el país mediante pedidos que llegan desde redes sociales y WhatsApp.

No buscan todavía ingresar a supermercados. Prefieren crecer despacio.

“Queremos cuidar la calidad y mantener el trato personal. Aunque el primer contacto sea por redes, del otro lado siempre estamos alguno de nosotros”.

La filosofía del barbacuá

Si el nombre homenajea a la familia, el producto también refleja su historia.

Eligieron elaborar una yerba barbacuá, un sistema tradicional que prácticamente desafía los tiempos industriales. Mientras un secado convencional puede completarse rápidamente mediante calor industrial, el método barbacuá requiere entre diez y dieciocho horas de secado lento utilizando calor de leña.

Después llega otra espera. La yerba reposa entre dieciocho y veinticuatro meses antes de llegar al consumidor. El tiempo termina haciendo su trabajo.

El resultado es una yerba de perfil ahumado, cuerpo intenso, sabor equilibrado y baja acidez.

Pero para Santiago existe una explicación mucho más simple. “Nos enamoró desde el primer mate. Tiene una personalidad única. Pero además sentimos que representa nuestra propia historia. El barbacuá necesita paciencia, dedicación y tiempo. Nuestra familia también se construyó así: paso a paso y a fuego lento”.

La comparación aparece una y otra vez durante la conversación. No parece casual. La historia de los Zaragoza tampoco tuvo atajos.

La materia prima proviene de productores locales y de un molino artesanal con el que trabajan de manera tercerizada. No poseen plantaciones propias por ahora.

“Elegimos este esquema porque nos permite seleccionar cuidadosamente la hoja verde y sostener el estándar de calidad que buscamos”, explica Santiago.

El sueño, sin embargo, ya tiene un próximo capítulo. Tener sus propios yerbales. También proyectan nuevas presentaciones y productos vinculados al universo matero.

Pero siempre bajo una condición. “No queremos crecer a cualquier costo. Si algún día perdemos la esencia, deja de tener sentido”.

En cada paquete de Familia Zaragoza hay hojas secadas lentamente con leña. Hay casi dos años de estacionamiento. Hay productores, molinos y un proceso artesanal que desafía la velocidad de estos tiempos. Pero también hay algo que no figura en ninguna etiqueta. Está la madre que decidió empezar de nuevo cuando todo parecía perdido. Están dos hijos que transformaron ese sacrificio en un proyecto propio. Y está la convicción de que incluso en una actividad golpeada por la crisis todavía existen oportunidades para quienes encuentran una identidad diferente.

Porque, al final, la verdadera materia prima de Familia Zaragoza nunca fue solamente la yerba. Fue la perseverancia.

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Construcciones Flash: el modelo que acelera la arquitectura en Misiones

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Construir una casa siempre fue sinónimo de tiempo. De meses -a veces años- entre planos, materiales, albañiles y una obra expuesta al clima, a la inflación y a los inevitables imprevistos. Pero ese paradigma empieza a resquebrajarse. En Misiones, una nueva generación de empresas apuesta por un modelo que traslada buena parte del proceso desde el terreno hacia la fábrica, industrializando la construcción de la misma manera en que la industria automotriz revolucionó la fabricación de vehículos.

La tendencia aún es incipiente, pero crece. Ya no se trata solamente del steel frame, un sistema que comenzó a difundirse hace algunos años en el país, sino de estructuras metálicas más robustas, diseñadas digitalmente y fabricadas con precisión antes de llegar al lote. El objetivo es simple: construir mejor, más rápido y con mayor previsibilidad.

Una de las empresas que impulsa este cambio es Construcciones Flash, radicada en Aristóbulo del Valle. En poco más de un año de actividad ya entregó más de diez proyectos y alrededor de 800 metros cuadrados construidos, especializados en viviendas modulares, locales comerciales, quinchos y cabañas destinadas al turismo.

Dennis Steinhorst, responsable del área comercial de Construcciones Flash, sostiene que el sistema representa una evolución respecto del steel frame convencional. “Trabajamos con perfiles de acero plegados de entre 1,8 y 2 milímetros de espesor, mucho más reforzados. Además, al fabricar nosotros mismos las estructuras podemos aplicar tratamientos anticorrosivos incluso en el interior de los perfiles, algo que prolonga su vida útil y mejora el comportamiento frente a la humedad”, explica. Esa ingeniería, agrega, permite ofrecer construcciones modulares destinadas tanto a viviendas familiares como a emprendimientos turísticos, locales comerciales y proyectos transportables para distintas provincias del país.

Dennis Steinhorst

Pero la verdadera ventaja aparece cuando se habla de tiempos.

Mientras una obra convencional puede extenderse durante varios meses, una vivienda modular pequeña puede completarse en apenas diez días hábiles. Incluso proyectos superiores a los 100 metros cuadrados pueden estar terminados en alrededor de dos meses. Esa reducción de plazos también disminuye costos indirectos, reduce la exposición a la inflación de materiales y permite comenzar a utilizar o rentabilizar la inversión mucho antes.

En una provincia donde el turismo continúa expandiéndose y la demanda habitacional sigue siendo elevada, esa velocidad abre nuevas oportunidades. No solo para quienes buscan construir su vivienda, sino también para desarrolladores de complejos turísticos, comercios e inversores que necesitan recuperar capital en menos tiempo.

La velocidad es, según Steinhorst, el principal factor que explica el creciente interés por este tipo de obras. “Una vivienda pequeña puede estar terminada en unos diez días hábiles y una casa de más de cien metros cuadrados demanda alrededor de sesenta días. Es muchísimo más rápido que la construcción tradicional y eso también reduce el costo de mano de obra”, afirma. Pero, asegura, el atractivo no termina allí: “La gente busca una casa que tenga la misma durabilidad que una construcción convencional, pero con menos mantenimiento y con tiempos mucho más cortos”.

La industrialización también cambia la lógica del negocio. Muchas de estas construcciones pueden fabricarse completamente en planta y trasladarse en camión listas para su instalación. Eso permite llegar a distintos puntos del país sin montar grandes equipos de obra, una ventaja que la empresa ya explora con proyectos vinculados al desarrollo de Vaca Muerta y módulos para estaciones de servicio.

Otro aspecto novedoso es el financiamiento. Ante la ausencia de créditos hipotecarios accesibles, algunas constructoras comenzaron a ofrecer planes propios. En este caso, los clientes pueden iniciar un plan de pago mensual y, una vez alcanzado aproximadamente el 50% del valor de la vivienda, comienza la construcción mientras continúan abonando el saldo restante. Las cuotas se actualizan según el índice de la construcción, pero sin los costos financieros habituales del sistema bancario.

Para Steinhorst, el cambio no pasa únicamente por el sistema constructivo, sino también por la manera de acceder a la vivienda. “Hoy mucha gente no puede obtener un crédito hipotecario. Por eso desarrollamos un sistema de financiación propia. El cliente comienza pagando cuotas y, cuando alcanza aproximadamente el cincuenta por ciento del valor de la vivienda, iniciamos la obra. El resto lo sigue abonando ya viviendo en su casa”, explica. Es un esquema que traslada parte del financiamiento desde el sistema bancario hacia la propia empresa y que busca responder a una demanda cada vez más frecuente en el mercado.

Más que una moda, la construcción industrializada parece responder a una necesidad. Frente a un mercado que exige reducir costos, acortar plazos y ofrecer mayor previsibilidad, el modelo gana terreno como una alternativa cada vez más competitiva.

La arquitectura también cambia. Ya no alcanza con diseñar buenos espacios; ahora también importa cómo se producen. Y en ese cambio de paradigma, Misiones empieza a construir una nueva forma de pensar la vivienda: más industrial, más eficiente y adaptada a los desafíos de una economía donde el tiempo vale tanto como los materiales.

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