La marca argentina formó parte de la 11ª Competición Internacional de Cata de Agua de Guangzhou, que reunió a referentes y aguas premium de distintos países. El encuentro volvió a posicionar a Misiones dentro de un mercado que valora la procedencia y las cualidades distintivas de cada agua.
Organizada en colaboración con The Fine Water Society, la competencia contó con un jurado especializado encabezado por el Dr. Michael Mascha, de Estados Unidos, creador de FineWaters.com, reconocido sommelier de agua y autor de Fine Waters. Doctor en Antropología y Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Viena, es uno de los principales referentes en la difusión y el análisis sensorial de esta industria.
El panel también estuvo integrado por especialistas de diferentes partes del mundo: Jason Cook, primer sommelier de agua certificado de Macao; Lee Kwun Wai Ivan, primer sommelier de agua de Hong Kong y fundador de Aqua House Hong Kong Limited; Haneul Kim, sommelier de agua y vino de Seúl, Corea del Sur; y Oliver Lu, de Taiwán, sommelier certificado por la Fine Water Academy.
La trayectoria y diversidad de los profesionales convocados aportaron distintas perspectivas para evaluar atributos como el sabor, la textura, el perfil mineral y las características propias de cada producto.
Agua de las misiones, entre las aguas de baja mineralidad
En este marco, Agua de las misiones se destacó dentro del segmento de baja mineralidad. Con aproximadamente 190 mg/l de sólidos disueltos totales (TDS) y un pH de 7,5, presenta un perfil suave y equilibrado, con una importante presencia de sílice y un buen nivel de bicarbonatos.
“Estamos ante un agua que se siente muy suave porque tiene mucha sílice. Además, tiene un buen nivel de bicarbonatos, que ayudan con la digestión y le otorgan redondez y peso”, explicó Mascha.
Este conjunto de atributos le otorga al producto misionero un perfil diferencial, en un segmento donde cobran especial relevancia tanto las propiedades naturales del agua como su vínculo con el lugar del que proviene.
Para Mascha, las aguas naturales tienen la capacidad de transmitir rasgos propios de su entorno. “El agua no es solo agua. Es un producto natural que tiene terroir, da bienestar y guarda experiencias”, afirmó.
Esta mirada adquiere especial relevancia para Agua de las misiones, nacida en el corazón de la selva misionera. Su identidad está estrechamente ligada a este entorno natural, que imprime características particulares y se convierte en uno de los principales valores de la marca.
Desde esta perspectiva, apreciar las aguas finas implica descubrir la diversidad y los matices que ofrece cada una. “No se trata de encontrar la mejor agua, sino de descubrir las diferentes experiencias que cada agua puede ofrecer. Agua de las misiones es perfecta para ser el centro de la mesa, con su equilibrio único entre suavidad y carácter”, sostuvo Mascha.
La participación en la 11ª Competición Internacional de Cata de Agua de Guangzhou fortalece la presencia de Agua de las misiones en ámbitos especializados de alcance global y proyecta a Misiones y a la Argentina a través de un producto que lleva consigo las cualidades de la selva donde nace.
El Mundial terminó, pero la pasión por los colores argentinos sigue intacta. Agua de las misiones mantiene disponible su edición limitada de termos, vasos y botellas térmicas, una colección que combina calidad garantizada y el celeste y blanco que nos representa.
Hay pasiones que van mucho más allá de un partido. Con esa premisa, Agua de las misiones propone seguir llevando los colores argentinos a cada momento con su colección especial de productos térmicos.
La línea reúne tres opciones: un termo de 1,3 litros, una botella térmica de 500 mililitros y un vaso térmico de 850 mililitros, todos con una estética inspirada en nuestra bandera y con el sello distintivo de El Agua de la Selva.
El termo combina gran capacidad, conservación térmica y un práctico pico pulsador. Una opción pensada para acompañar el mate en casa, en el trabajo, durante un viaje o en cualquier encuentro.
La botella térmica se destaca por su formato compacto y fácil de transportar. Permite conservar bebidas frías o calientes y resulta ideal para llevar al gimnasio, la oficina o sumar a la rutina diaria.
Por su parte, el vaso ofrece una gran capacidad y permite mantener agua, jugos, gaseosas y otras bebidas frías durante más tiempo.
Aunque el Mundial haya llegado a su fin, los colores argentinos siguen siendo sinónimo de identidad, encuentro y pasión. Por eso, esta colección trasciende la competencia y convierte esa identificación en productos pensados para disfrutar todos los días.
La colección de Agua de las misiones continúa disponible a través del WhatsApp oficial de la marca. Al tratarse de una edición limitada, las unidades se comercializan hasta agotar stock.
Elegí tu favorito y llevá los colores argentinos con vos todos los días.
Detrás de ese pequeño símbolo hay una historia mucho más grande. Una historia que habla de identidad, de costumbre y de lo que sucede cuando miles de personas se unen detrás de una misma pasión.
Hace más de una década, Establecimiento Santa Ana, creadora de CBSé y MATEANDO, impulsó una iniciativa que parecía tan ambiciosa como necesaria: lograr que el mate, una de las costumbres más representativas de la cultura argentina, tuviera su lugar entre los emojis oficiales aprobados por Unicode. La propuesta movilizó a la comunidad matera, reunió miles de adhesiones y convirtió un deseo compartido en una causa colectiva.
La marca impulsó la campaña masiva #UnEmojiParaElMate, una iniciativa que durante años llevó adelante distintas acciones para convocar a miles de personas a sumarse al pedido y visibilizar la importancia cultural de esta tradición. Gracias a ese trabajo colectivo, en 2019 el objetivo se hizo realidad: el emoji del mate fue incorporado oficialmente a los teclados de dispositivos y plataformas digitales de todo el mundo, convirtiéndose en un reconocimiento global para una costumbre que forma parte de la vida cotidiana de millones de personas.
“El emoji del mate es mucho más que un ícono digital. Representa la fuerza de una comunidad que se unió para llevar una parte de nuestra identidad al mundo. Demostró que cuando los argentinos compartimos una pasión y trabajamos por un objetivo común, podemos lograr cosas que trascienden fronteras y generaciones”, señala Carolina Valeria, Gerenta de Marketing y Comunicaciones de CBSé.
Más que una bebida, el mate representa encuentros, compañía, conversación y pertenencia. Está presente en los momentos cotidianos, en las reuniones familiares, entre amigos, en el trabajo, en la universidad y también en cada argentino que lleva esta costumbre a cualquier rincón del planeta. Por eso, su llegada al universo digital significó mucho más que una incorporación tecnológica: fue la validación internacional de una tradición profundamente arraigada en nuestra cultura.
Hoy, en un contexto en el que los argentinos vuelven a encontrar motivos para unirse detrás de desafíos y sueños compartidos, el emoji del mate recuerda que existen símbolos capaces de representarnos a todos. Símbolos que hablan de quiénes somos y de aquello que nos conecta más allá de cualquier diferencia.
Ese mismo espíritu es el que impulsa actualmente la campaña de CBSé “Hagamos ruido de mate por el sabor que nos reúne en el mundo”, una iniciativa que busca que el Día Nacional del Mate, celebrado cada 30 de noviembre, alcance reconocimiento internacional y se convierta en el Día Mundial del Mate.
“Si logramos que el mate llegara a los teclados de millones de personas alrededor del mundo, también podemos seguir construyendo nuevos hitos para nuestra cultura. El emoji es la prueba de que cuando la comunidad matera se une detrás de una causa, el mate puede conquistar nuevos espacios y seguir llevando nuestra identidad cada vez más lejos”, agrega Valeria.
A cinco años de su incorporación al universo digital, el emoji del mate continúa siendo uno de los mayores logros culturales impulsados por la comunidad matera. Un símbolo que trasciende pantallas y dispositivos para recordarnos que algunas tradiciones son tan fuertes que encuentran nuevas formas de seguir creciendo.
Porque el mate no solo se comparte en una ronda. También se comparte en mensajes, conversaciones y pantallas de todo el mundo. Y cada vez que alguien envía , hay una parte de la cultura argentina que sigue viajando más allá de las fronteras.
La industria yerbatera misionera sumó un nuevo reconocimiento nacional con impacto comercial y estratégico. La marca I Love Mate, elaborada en San Ignacio, fue distinguida como la mejor yerba argentina en la categoría yerba mate con palo durante la feria Caminos y Sabores, uno de los principales encuentros gastronómicos del país. El galardón no solo premia la calidad del producto, sino que también posiciona a Misiones como un referente en innovación, diferenciación y sustentabilidad dentro de una cadena productiva que busca cada vez más competir por valor agregado y no únicamente por volumen.
La premiación tuvo una particular relevancia porque surgió de una cata a ciegas, sin identificación de las marcas participantes, evaluada por un jurado integrado por sommeliers, chefs, ingenieros en alimentos y especialistas coordinados por la reconocida crítica gastronómica Betty Coste. El proceso eliminó cualquier sesgo comercial y puso el foco exclusivamente sobre las cualidades sensoriales del producto.
“Todavía sigo muy emocionada por este honor. Nos llena de orgullo haber sido reconocidos como la mejor yerba argentina“, expresó Yamila Cámpora, propietaria de I Love Mate, al regresar de Buenos Aires. La empresaria destacó que la sorpresa fue total porque los participantes desconocían tanto la identidad de los competidores como la composición final del jurado.
El reconocimiento adquiere un valor adicional por el contexto que atraviesa la actividad yerbatera. En momentos en que buena parte del debate sectorial gira alrededor del precio de la hoja verde y de la rentabilidad primaria, la experiencia de I Love Mate muestra otra dimensión de la competitividad: la construcción de marcas capaces de capturar mayor valor en el mercado nacional e internacional mediante diferenciación, identidad y calidad.
Un modelo basado en innovación y origen
La yerba premiada se produce en la Colonia Santo Domingo Savio, en San Ignacio, donde una familia con cuatro generaciones de tradición yerbatera desarrolla una producción orgánica pionera en la provincia.
Uno de los principales factores diferenciales es el sistema de secado sin humo, desarrollado por Juan Kraus, referente de la familia y considerado el creador del primer sistema de este tipo. Esa innovación tecnológica permite preservar el perfil natural de la hoja y constituye la base del carácter distintivo de la marca.
Aunque la materia prima proviene del establecimiento familiar, Cámpora explicó que I Love Mate desarrolló un perfil propio junto a un maestro yerbatero para obtener características organolépticas específicas.
“Buscamos un sabor limpio, sin humo, suave, herbal y que mantenga su intensidad durante toda la mateada“, describió. Esa combinación fue precisamente uno de los atributos que sorprendió al jurado durante la degustación.
Del emprendimiento familiar a una marca exportadora
La historia de I Love Mate comenzó de manera artesanal. La idea surgió, según relató Cámpora, por iniciativa de su hija, quien siendo apenas una niña propuso crear una marca propia y comenzó a dibujar corazones junto a un mate, imagen que terminaría convirtiéndose en el logotipo definitivo.
Durante los primeros años las etiquetas eran colocadas manualmente y la comercialización se limitaba al entorno cercano. Seis años después la empresa renovó completamente su identidad visual y comenzó una etapa de profesionalización que hoy encuentra un punto de inflexión con este reconocimiento nacional.
Actualmente la firma comercializa sus productos en supermercados, estaciones de servicio, panaderías y a través de canales digitales, mientras avanza en la reorganización de su red de distribuidores.
La estrategia comercial también tiene un fuerte componente internacional. La empresa ya exporta a seis países, motivo por el cual eligió un nombre en inglés que facilite el reconocimiento de la marca entre consumidores extranjeros y el turismo internacional.
Sustentabilidad como ventaja competitiva
La diferenciación no se limita al producto. La empresa incorporó prácticas de producción sustentable mediante el uso de energía solar, secaderos alimentados a gas y procesos orientados a minimizar el impacto ambiental.
Ese posicionamiento responde a una demanda creciente de consumidores que valoran alimentos elaborados bajo estándares ambientales y de producción responsable, especialmente en mercados externos donde estos atributos suelen traducirse en mejores precios y mayor competitividad.
La experiencia de I Love Mate refleja además un cambio de paradigma dentro de la cadena yerbatera misionera. Mientras el negocio tradicional continúa concentrado en la producción de materia prima, un número creciente de emprendimientos apuesta a desarrollar marcas propias, construir identidad comercial y competir en segmentos premium.
En ese escenario, el premio obtenido en Caminos y Sabores trasciende el reconocimiento individual. Representa una señal de que la innovación tecnológica, la sustentabilidad y la diferenciación comercial pueden convertirse en herramientas concretas para ampliar mercados, fortalecer las exportaciones y aumentar el valor capturado por la producción misionera.
Todos los ganadores de Experiencias del Sabor
Yerba mate con palo: I Love Mate
La yerba I Love Mate obtuvo el premio en la categoría Yerba Mate con Palo. Yamila María Campora recibió la distinción con emoción y contó que la marca nació junto a su hija Jazmín “entre viajes y mateadas”. Además, destacó el espacio que brinda la feria para visibilizar a los pequeños productores de todo el país.
Miel de abeja: Praderas Neuquinas
El reconocimiento a la Mejor Miel de Abeja fue para Praderas Neuquinas. Agostina Farías celebró el premio obtenido por este emprendimiento patagónico, que comenzó elaborando aceite de oliva y recientemente incorporó la producción de miel.
La mejor miel de abieja es patagónica (Foto: Praderas neuquinas)
Queso de vaca pasta semidura: Fermier
Fermier volvió a quedarse con el premio al Mejor Queso de Vaca Pasta Semidura. Daniel Santamaría definió la distinción como “un reconocimiento a lo artesanal” y destacó que Caminos y Sabores permite que productores de todo el país puedan mostrar sus elaboraciones y fortalecer la cultura quesera.
Salame picado grueso: Cagnoli
El mejor Salame Picado Grueso fue para Cagnoli. Lucio Rancez, embajador de la marca, recibió el premio en nombre de la familia y aseguró que representa “la tenacidad, el trabajo y la historia” de una pyme familiar. Además, recordó que el producto ganador obtuvo en 2011 la Denominación de Origen, por lo que definió al reconocimiento como “un premio para Tandil”.
Dulce de leche familiar: Dulce de Leche & Co.
Dulce de Leche & Co. obtuvo por tercera vez el premio al Mejor Dulce de Leche Familiar. Luis González afirmó que, pese a los reconocimientos anteriores, la emoción sigue siendo la misma y contó que la empresa, que emplea a 50 personas, avanza con una planta de producción para ingresar al mercado brasileño. “Nuestra misión es llevar el dulce de leche al mundo”, resumió.
EL mejor dulce de leche familiar de Caminos y Sabores.
Aceite de oliva virgen extra: Familia Saleme
Desde San Juan, Familia Saleme fue distinguida con el premio al Mejor Aceite de Oliva Virgen Extra. Sus representantes destacaron que se trata de un aceite certificado libre de gluten y con indicación geográfica, y aseguraron que el objetivo es seguir posicionando al aceite de oliva sanjuanino en todo el país.
Gin argentino: Eternal
El premio al Mejor Gin Argentino quedó en manos de Eternal, una destilería familiar de Potrero de los Funes, San Luis. Mariela Thimental celebró el reconocimiento y destacó que, pese al tamaño del emprendimiento, la empresa cuenta con la certificación Marca País, sello Kosher, 66 medallas nacionales e internacionales y fue elegida como la Mejor Destilería de Argentina en 2023 y 2025.
Los mejores alfajores del país
Otra de las grandes atracciones de la feria fue la entrega de la Copa Alfajor Argentino, el certamen que distingue a las mejores elaboraciones del país. En esta edición se incorporó por primera vez la categoría Alfajor de Autor, destinada a reconocer propuestas innovadoras.
También se eligieron los mejores alfajores del país (Foto: caminosysabores)
Tres productores levantaron la copa en sus respectivas categorías.
Mejor Alfajor Estilo Marplatense Negro: Manjares de Merlo
El premio quedó en manos de Manjares de Merlo, de la provincia de San Luis. Su alfajor combina una tapa elaborada con masa tipo Oreo, dulce de leche y cobertura de chocolate semiamargo.
Noelia Masaglia recibió el reconocimiento entre aplausos y celebró que el premio “representa el esfuerzo, la dedicación y la pasión” con la que trabajan. Además, destacó que el emprendimiento genera trabajo para unas 30 familias.
Mejor Alfajor de Chocolate con Cobertura Blanca: Punto & Coma
El emprendimiento Punto & Coma, de Ramallo (Buenos Aires), ganó gracias a un alfajor elaborado con galleta de cacao intenso, mermelada casera de frambuesa, ganache de chocolate semiamargo y cobertura de chocolate blanco.
Soledad Gallego, creadora de la marca junto a su marido José, aseguró que el reconocimiento es “un mimo” para el trabajo que realizan diariamente.
Mejor Alfajor de Autor: Dulce de Leche & Co.
La flamante categoría Alfajor de Autor tuvo como ganador a Dulce de Leche & Co.. La receta, creada por la maestra alfajorera Damaris Díaz, combina masa de cacao, un anillo de dulce de leche, corazón crocante de coco y cobertura de chocolate semiamargo.
Al recibir el premio, Díaz aseguró que el reconocimiento es “un orgullo enorme” y una valoración al trabajo que realiza todos los días.
En 1983, en una ruta argentina, un joven de 20 años vio cómo su vida se desmoronaba en cuestión de segundos. Roberto Vicente Martínez regresaba de Luján a bordo de una motocicleta JAWA 350 cuando un Ford Falcon se cruzó en su camino. El impacto fue brutal: el fémur se desplazó, perforó la cadera y salió por el glúteo derecho. Pasó 35 minutos tirado en la ruta. Luego vinieron 64 días de internación y un año entero sin poder caminar.
Cualquiera hubiera abandonado las motos después de una experiencia así. Roberto no. Apenas dos meses después de comenzar su recuperación, reunió a sus padres y les confesó que no podía imaginar una vida sin las dos ruedas. Su padre, comprendiendo la profundidad de su vocación, simplemente le respondió: “Cuidate”.
Cuatro décadas después, ese joven que se negó a rendirse ante la tragedia se convirtió en una figura central de la industria motociclista argentina. Hoy, Roberto es el presidente de F.A.M.S.A. (Fábrica Argentina de Motovehículos S.A.) y el fundador de RVM, la marca que lleva sus iniciales y que ha logrado lo que parecía imposible: posicionarse como la única empresa argentina de motocicletas con presencia real en competencias internacionales de rally. Esta trayectoria empresarial es el reflejo directo de sus características personales: la determinación ante la adversidad, la capacidad de innovación y el compromiso sin concesiones con sus objetivos.
El legado de una familia de pioneros
La historia de Martínez no comienza con él, sino con su padre, Vicente Martínez. En la década de 1950, tras realizar el servicio militar en el Regimiento Motorizado de Buenos Aires, Vicente comenzó a trabajar como “combinador” de películas de cine, transportando rollos a bordo de una motocicleta JAWA 250 modelo 1948. Fue así como la marca checoslovaca entró en su vida y, posteriormente, en la de su hijo.
Roberto creció rodeado de motos. De pequeño jugaba sobre ellas y leía manuales técnicos durante horas. A los 12 años, su hermano mayor le enseñó los primeros secretos de la conducción en una Siambretta 125. A los 15 años, cuando se reabrió la importación de motocicletas en Argentina en 1977, comenzó a trabajar como mecánico en el servicio técnico oficial de JAWA, junto a su padre. Pero la vida tenía otros planes para este joven apasionado.
El accidente que definió su carácter
El 1983 marca un antes y un después en la vida de Roberto Martínez. Ese año, mientras regresaba de Luján con una foto recién revelada en mano. Al intentar sobrepasar a un automóvil, otro vehículo se cruzó en su camino. “Estaba sobrepasando a un auto y, cuando vuelvo a mi carril, se cruza un Falcon que me pega en la rótula derecha, el fémur se desplazó, perforó la cadera y terminó saliendo por el glúteo derecho”, cuenta Roberto.
Lo que vino después fue una pesadilla. Treinta y cinco minutos tirado en la ruta. Sesenta y cuatro días internado. Un año entero sin poder caminar. Los médicos le advirtieron que eventualmente necesitaría un reemplazo de cadera. Cualquier persona en su situación hubiera abandonado las motos. Hubiera buscado una vida más segura, más predecible.
Roberto no. Apenas dos meses después de comenzar su recuperación, mientras su padre le proponía construir juntos un automóvil Lotus Seven, Roberto reunió a sus padres y les confiesa “No me imagino una vida sin las motos”. Su padre, con una mirada cómplice con su madre, respondió con una frase que se convertiría en su guía en la vida: “Cuidate”.
Del taller a la gloria: Los récords que demostraron lo imposible
Pasaron años. Roberto trabajó en el campo, fue custodio, manejó colectivos y camiones. Pero en 1991, cuando se reabrió la importación en Argentina, su oportunidad llegó. Una empresa había descubierto que JAWA tenía miles de motocicletas abandonadas en la República Checa, fabricadas originalmente para Rusia pero nunca entregadas por la crisis que atravesaba ese país. Necesitaban a alguien que pudiera poner en marcha esas máquinas. Contactaron a Roberto. En 1992, abrió su primer taller en Lugano, Buenos Aires con un éxito inesperado: llegó a comercializar 1.000 motocicletas por mes. En 1994, quedó al frente del único Servicio Técnico Oficial JAWA CZ de Argentina. La marca era tan confiable en sus manos que incluso la fábrica checa lo consultaba sobre cómo resolver problemas de garantía.
Pero en 1995, con el “Efecto Tequila” las ventas se desplomaron de 1.000 a apenas 70 unidades mensuales. Fue entonces cuando Roberto demostró su capacidad para transformar la adversidad en oportunidad. Propuso un audaz plan de marketing: demostrar la confiabilidad de JAWA mediante actos de resistencia extrema. El primero fue un raid que uniría los puntos extremos de Argentina. El 25 de marzo de 1995, Roberto Martínez, parte desde La Quiaca en una JAWA 350 con destino a Ushuaia. Paraba solo para cargar combustible. 76 horas después, había recorrido los puntos extremos de Argentina, con un mensaje claro: JAWA era robusta y confiable.
En 1996, propuso un nuevo desafío: batir el récord mundial de kilómetros recorridos en 100 horas. El resultado: 10.103 kilómetros certificados en 100 horas. Un nuevo récord mundial. Esos actos de resistencia no solo demostraron la calidad de JAWA; también demostraron quién era Roberto Martínez: un hombre que va por sus objetivos.
Representante exclusivo: La visión de un empresario
A pesar de todos los esfuerzos realizados la empresa importadora decidió cerrar, liquidó el stock y desapareció del mercado. En 1997, Roberto viajó a Praga para reunirse directamente con los directivos de JAWA. Les explicó que en Argentina había miles de personas que demandaban repuestos y motocicletas, pero no había quien las suministrara. La fábrica checa lo escuchó. En 1998, lo nombraron representante exclusivo de JAWA en Argentina.
El camino de Martínez no estuvo exento de grandes turbulencias. A comienzos de la década de 2000, la crisis económica que azotó al país había golpeado fuertemente a su empresa. En medio de ese caos, fue convocado para asociarse a un reconocido fabricante del sector que tras varios intentos fallidos previos no lograba recuperar el liderazgo de su histórica marca nacional de motos. En tiempo récord —menos de 4 años— la alianza conquistó el 10% del mercado local de motocicletas, en buena medida gracias a su expertise para desarrollar productos que el público motociclista estaba esperando. Sin embargo, la sociedad se disolvió en diciembre de 2005.
Fue entonces cuando reactivó JAWA Argentina, demostrando una visión empresarial extraordinaria: propuso a los directivos checos fabricar motocicletas en China bajo los estándares y la marca JAWA. Un modelo híbrido que funcionó durante una década. En 2007, a través de F.A.M.S.A., comenzó el ensamblaje local de motocicletas. Finalmente, en 2017, dio el paso más importante de su carrera: creó su propia marca, RVM (Roberto Vicente Martínez).
RVM: La marca argentina que desafía a las multinacionales
RVM no es solo una marca de motos, es la expresión corporativa de la filosofía de su fundador. Cada decisión estratégica, cada producto desarrollado, refleja los mismos principios que guiaron a Roberto Martínez a través de sus mayores desafíos: la innovación ante la crisis, la búsqueda de excelencia y la determinación de no rendirse ante lo que parece imposible.
Hoy, RVM es la única marca argentina de motocicletas con presencia internacional. A través de un joint venture con una empresa china, la compañía opera una planta desde donde exporta a múltiples mercados. En 2026, F.A.M.S.A. proyecta producir 2.800 unidades de RVM y JAWA, con una facturación estimada de USD 13,5 millones, lo que representa un crecimiento del orden del 30% respecto a 2025.
Otro logro significativo de RVM se impone, y es su participación en competencias internacionales de rally. La marca es la única empresa argentina de motocicletas que compite en el Campeonato Mundial de Rally Raid (W2RC), específicamente en el Desafío Ruta 40, codo a codo con marcas multinacionales como Honda, Yamaha y KTM.
RVM ha trazado un ambicioso objetivo: participar en el Rally Dakar 2027, la competencia más dura del mundo. Para ello, han formado una alianza con el joven piloto salteño Baltazar Frezze, quien compite con el modelo RVM Rally 450.
La pasión que no se extingue
Con 63 años, Roberto Martínez sigue siendo el mismo hombre de voluntad inquebrantable que se negó a colgar el casco tras un accidente que lo dejó un año sin caminar. Hoy, consolidado como un ávido viajero, devora miles de kilómetros en motocicleta junto a su esposa. Su pasión lo ha llevado a recorrer la Patagonia, completar la Ruta 40 y explorar Sudamérica y Europa; travesías que realiza con la convicción del primer día y con el valor añadido de testear sus propios productos antes que nadie. En 1999, fundó el JAWA CLUB ARGENTINO, una organización que no solo reunía a entusiastas de la marca, sino que también realizaba importantes obras solidarias, como el apadrinamiento de hogares de niños huérfanos.
La historia de Roberto Martínez es la historia es la historia de un hombre cuyas características personales —la resiliencia, la innovación, la determinación— se han convertido en los pilares de RVM, una empresa que no solo compite en mercados internacionales, sino que representa una forma diferente de entender el negocio motociclista en Argentina.