FINANZAS

El dólar superó los $1.500 y el mercado mira ahora las tasas y la actividad

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El dólar mayorista cerró este lunes en $1.510 y superó por primera vez la barrera de los $1.500, en una jornada que dejó una señal relevante para el mercado: el Gobierno permitió una mayor corrección del tipo de cambio, aunque hacia el final de la rueda apareció intervención oficial para contener la cotización. El movimiento volvió a colocar en el centro de la escena la relación entre dólar, tasas de interés y actividad económica.

La suba fue de $11 respecto del cierre previo, equivalente a 0,7%, y representó el avance diario más importante para un lunes en varias semanas. El dólar oficial en el Banco Nación terminó en $1.480 para la compra y $1.530 para la venta, mientras que el blue cerró en $1.545 y $1.565, respectivamente. El MEP se ubicó en $1.539,70 para la venta y el contado con liquidación llegó a $1.600,40.

El dato central, sin embargo, no estuvo únicamente en el nuevo precio del dólar. Los operadores observaron desde el comienzo de la rueda una menor presencia oficial en el mercado de futuros, una señal que fue interpretada como un relajamiento de la estrategia utilizada durante las semanas anteriores para evitar que el tipo de cambio perforara el techo informal de $1.500.

Gabriel Caamaño, de Outlier, señaló que por primera vez desde el martes anterior la variación diaria del interés abierto en futuros de dólar Rofex resultó negativa, con una reducción de 34.782 contratos. La lectura del mercado fue que el Banco Central habría reducido su participación mediante este mecanismo.

La intervención, de todos modos, no desapareció. Según reportes citados por el mercado, la presencia oficial se hizo visible hacia el cierre para defender el nivel de $1.510. PPI, además, observó un fuerte incremento en la negociación de la letra dólar linked más corta, que movilizó US$168 millones, frente a los US$77 millones del viernes, lo que podría indicar participación del Banco Central en el mercado secundario de estos instrumentos.

El cambio de estrategia adquiere relevancia porque durante las últimas semanas el Gobierno había utilizado distintas herramientas para moderar la presión cambiaria. A las operaciones en futuros y dólar linked se sumaron intervenciones puntuales del Tesoro y una política de tasas que buscó absorber liquidez y contener la demanda de dólares.

Ahora aparece una tensión diferente. Una tasa elevada puede contribuir a sostener la estabilidad financiera y cambiaria, pero también encarece el crédito, dificulta la refinanciación de empresas y familias y puede retrasar la recuperación de sectores con menor capacidad de acceso al financiamiento.

Por eso, el mercado empieza a observar el movimiento del dólar no solo como una cuestión cambiaria sino como parte de una ecuación más amplia. Gustavo Ber planteó que una estabilización de las tasas en pesos resulta necesaria para que la economía pueda recuperar dinamismo. En esa lectura, una menor presión para sostener artificialmente el dólar en $1.500 podría abrir margen para una relajación de los rendimientos financieros.

El costo de defender ese nivel cambiario ya había sido advertido por la consultora 1816. La discusión pasa ahora por determinar cuánto puede desplazarse el tipo de cambio sin trasladar presión significativa a precios y expectativas, y cuánto espacio existe para reducir las tasas sin reactivar una demanda de dólares que vuelva a tensionar el mercado.

El calendario financiero agrega otro elemento. Esta semana vence la D31G6 por US$2.595 millones, el mayor vencimiento de este tipo durante la gestión de Javier Milei, por encima de los US$2.247 millones correspondientes al vencimiento de julio. PPI recordó que, ante el vencimiento anterior, el Banco Central no compró dólares y el Tesoro llegó a vender US$150 millones para mantener el tipo de cambio por debajo de $1.500.

La señal que deja la rueda es, entonces, más compleja que un simple salto del dólar. El Gobierno parece haber tolerado un movimiento alcista acotado, mientras conserva herramientas para intervenir si la cotización amenaza con desbordarse. En paralelo, el mercado empieza a descontar que una menor presión sobre el tipo de cambio podría permitir una reducción de las tasas.

Ese eventual cambio sería relevante para la economía real. La construcción, entre otros sectores que enfrentaron mayores dificultades durante esta etapa, podría beneficiarse de condiciones financieras menos restrictivas. También podrían mejorar las posibilidades de refinanciación para empresas y hogares, siempre que la reducción de tasas no vuelva a alimentar una presión cambiaria que obligue a revertir la estrategia.

La jornada dejó así un nuevo precio de referencia, pero sobre todo una pregunta de política económica: cuánto puede dejar correr el Gobierno al dólar para aliviar las tasas sin perder el control sobre las expectativas cambiarias. La respuesta tendrá impacto directo sobre el crédito, la inversión y la velocidad de recuperación de la actividad.

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Finanzas convirtió el 34,12% de una Letra LELINK y extendió vencimientos hasta octubre

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La Secretaría de Finanzas concretó una nueva operación de administración de deuda mediante la conversión de la LELINK D31G6, con vencimiento el 31 de agosto de 2026, en el marco del artículo 2 del Decreto 846/24. La licitación recibió 255 ofertas y permitió rescatar instrumentos equivalentes al 34,12% del valor nominal en circulación de la letra elegible.

El mecanismo permitió a los tenedores de la LELINK D31G6 reemplazar parte de sus posiciones por nuevas Letras del Tesoro Nacional vinculadas al dólar estadounidense, extendiendo los vencimientos hacia septiembre y octubre. En términos financieros, la operación busca distribuir en el tiempo una porción de las obligaciones que concentraban vencimientos a fines de agosto.

La mayor parte de la adjudicación correspondió a la Letra del Tesoro vinculada al dólar estadounidense cero cupón con vencimiento el 30 de septiembre de 2026, identificada como D30S6 y emitida mediante reapertura. Se recibieron ofertas por USD 1.547 millones y se adjudicaron USD 1.213 millones, con un precio de corte de USD 989,90 por cada VNO de USD 1.000. Para concretar la operación se rescataron USD 1.344 millones de valor nominal de la LELINK D31G6.

El segundo instrumento fue la D30O6, también una Letra del Tesoro vinculada al dólar estadounidense cero cupón y con vencimiento el 30 de octubre de 2026. En este caso, las ofertas alcanzaron USD 190 millones y la adjudicación fue de USD 141 millones, con un precio de corte de USD 986 por cada VNO de USD 1.000.

En conjunto, los nuevos instrumentos adjudicados alcanzaron USD 1.354 millones de valor nominal. Frente al volumen de LELINK D31G6 rescatado, la operación representa una modificación relevante en el perfil de vencimientos de los inversores que participaron del canje, al desplazar obligaciones desde el cierre de agosto hacia septiembre y octubre.

La licitación se inscribe en la estrategia de la Secretaría de Finanzas para administrar los vencimientos en moneda extranjera y reducir la concentración de pagos en determinados momentos. La conversión no implica una cancelación integral de la deuda elegible, sino el reemplazo de una parte de los títulos por instrumentos con vencimientos posteriores.

Ahora comienza la etapa de liquidación. Los participantes cuyas ofertas fueron aceptadas deberán realizar una única transferencia de los títulos elegibles desde sus cuentas en la Central de Registro y Liquidación de Pasivos Públicos (CRYL) del Banco Central hacia la cuenta 99990-01 de la Secretaría de Finanzas antes de las 17 horas del jueves 20 de agosto, bajo el esquema T+2.

En caso de que los títulos se encuentren depositados en Caja de Valores, los participantes deberán transferirlos previamente a sus respectivas cuentas en CRYL y luego completar el envío a la Secretaría de Finanzas dentro del plazo establecido. El procedimiento busca garantizar que la entrega de los instrumentos elegibles quede concretada antes de la liquidación de la operación.

El resultado también establece un mecanismo específico ante eventuales incumplimientos. Si un participante no entrega la LELINK D31G6 comprometida, la liquidación se realizará mediante el débito en pesos del valor efectivo correspondiente en su cuenta CRYL. El monto se determinará utilizando el valor nominal del nuevo instrumento, su precio de corte, un factor de 1,20 y el tipo de cambio de referencia del Banco Central correspondiente al 20 de agosto de 2026, según la Comunicación A 3500.

Desde el punto de vista de la gestión de deuda, el dato central de la operación es que poco más de un tercio de la LELINK D31G6 en circulación quedó alcanzado por la conversión. El resultado permite observar el grado de participación de los inversores ante una alternativa que ofrece nuevos instrumentos dólar linked con vencimientos posteriores, mientras Finanzas continúa administrando el calendario de obligaciones del Tesoro.

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El dólar mayorista subió a $1.495 y el mercado vuelve a tensionarse por las tasas en pesos

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El dólar mayorista volvió a subir este martes y registró su mayor avance en dos semanas, aunque logró cerrar por debajo de los $1.500. El tipo de cambio avanzó $7,50 hasta los $1.495 en el segmento de contado, en una jornada atravesada por la intervención oficial y por una nueva tensión en las tasas de interés en pesos.

El movimiento se produjo luego de que el mercado consolidara al nivel de $1.500 como una referencia de corto plazo. Con el cierre de la jornada, el mayorista quedó a 24,8% del techo de la banda cambiaria, establecido este martes en $1.865,14. El volumen operado en el segmento de contado superó los US$343,6 millones.

La estabilidad relativa del dólar empieza, sin embargo, a mostrar una contracara financiera. La liquidez en pesos volvió a encarecerse y las tasas de cauciones, repos y plazos fijos institucionales comenzaron a reflejar esa presión. En algunas operaciones, la tasa nominal anual se ubicó cerca del 25%, mientras el mercado espera nuevos movimientos alcistas de la TAMAR.

La tensión resume uno de los dilemas centrales de la política económica: contener la volatilidad cambiaria sin generar una suba excesiva del costo del dinero y, al mismo tiempo, preservar capacidad para continuar acumulando reservas. Las herramientas utilizadas por el Banco Central y el Tesoro buscan administrar simultáneamente esas tres variables.

En el mercado de futuros, los contratos operaron con mayoría de subas de hasta 0,4% en los tramos correspondientes a 2026 y 2027. El volumen negociado rondó los US$600 millones y las cotizaciones implícitas ubicaron al dólar en torno a $1.508 para fines de agosto y en $1.623,50 para diciembre.

La señal que buscan interpretar los operadores es si los movimientos del tipo de cambio responden exclusivamente a la oferta y la demanda privadas o si existe una intervención oficial destinada a mantener al mayorista por debajo de determinados niveles. Esa distinción resulta relevante porque modifica la lectura sobre la sostenibilidad del esquema cambiario y sobre la formación de expectativas.

En el segmento minorista, el dólar llegó a $1.515 para la venta en el Banco Nación, mientras el dólar tarjeta se ubicó en $1.969,50. El promedio informado por las entidades financieras relevadas por el Banco Central fue de $1.515,02.

Los dólares financieros también acompañaron la tendencia. El MEP avanzó 0,2% hasta $1.517,76 y el contado con liquidación subió 2,4% hasta $1.607,10. En el mercado informal, el dólar blue aumentó $10 y alcanzó los $1.555, según el relevamiento citado.

El costo de sostener el dólar

La estrategia oficial se apoya en una combinación de instrumentos. El Banco Central redujo el ritmo de compras de divisas, opera en contratos de dólar futuro y bonos vinculados al tipo de cambio y procura administrar las tasas cortas mediante el mercado de repos. El objetivo es evitar que una liquidez excesiva en pesos termine trasladándose a una mayor demanda de cobertura cambiaria.

El cambio en la política de acumulación de reservas resulta especialmente visible. Durante julio, el BCRA compró un promedio de US$103 millones diarios, mientras que en agosto ese ritmo se redujo en alrededor de US$33 millones por día. La menor demanda oficial de divisas contribuye a contener la presión compradora y facilita que el tipo de cambio mayorista permanezca debajo de los $1.500.

La consultora 1816 interpretó que la decisión de sostener ese nivel como referencia de corto plazo también tuvo consecuencias sobre los activos financieros argentinos. En particular, señaló que la deuda argentina denominada en dólares quedó rezagada frente a otros mercados emergentes.

El Tesoro también ganó protagonismo en la administración de los pesos. Según Outlier, el Ministerio de Economía interviene de manera puntual en el mercado de contado, administra las licitaciones de deuda y utiliza los depósitos del Tesoro en bancos como una herramienta adicional para regular la liquidez.

La última colocación de deuda de julio ofrece un ejemplo de esa estrategia. El Tesoro obtuvo cerca de $4 billones por encima de los vencimientos, pero no transfirió inmediatamente esos recursos al Banco Central. Parte de los pesos permaneció dentro del sistema bancario, evitando una absorción inmediata de liquidez.

El mecanismo plantea un delicado equilibrio. Una extracción demasiado rápida de pesos puede llevar las tasas a niveles elevados y encarecer el crédito; una liquidez excesiva, en cambio, puede aumentar la demanda de dólares y dificultar la estabilidad cambiaria. La política monetaria y financiera queda así condicionada por la necesidad de administrar ambos riesgos simultáneamente.

El mercado espera un dólar por debajo de la inflación

Pese a la tensión de corto plazo, las expectativas cambiarias continúan relativamente contenidas. La última edición del LatinFocus Consensus Forecast, que reúne proyecciones de más de 50 bancos y consultoras internacionales, ubicó el dólar mayorista en $1.648,10 para fines de 2026.

El último Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA mostró una previsión prácticamente coincidente, con un dólar nominal estimado en $1.652 para diciembre. Desde el cierre de $1.487,50 registrado el viernes, esas proyecciones implican una suba de aproximadamente 10,8% durante el resto del año.

En términos interanuales, el consenso supone una depreciación nominal del peso de 14,1% durante 2026. El dato resulta significativo porque, de mantenerse esas previsiones, el dólar avanzaría por debajo de las expectativas de inflación, lo que implica una apreciación real del peso durante el período.

La fotografía actual, por lo tanto, combina dos señales aparentemente contradictorias. En el corto plazo, el mercado enfrenta mayores tasas en pesos y operadores atentos a la intervención oficial para sostener el tipo de cambio. En el horizonte de fin de año, en cambio, las principales encuestas de expectativas no anticipan un salto cambiario brusco.

La cuestión de fondo será cuánto puede sostenerse ese equilibrio. La política económica necesita evitar que la estabilidad nominal del dólar se consiga a costa de tasas excesivamente elevadas o de una menor acumulación de reservas. La respuesta estará en la capacidad del Gobierno para administrar la liquidez sin desanclar las expectativas cambiarias y, al mismo tiempo, sostener la confianza en el régimen de bandas.

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El Gobierno logró en julio un superávit financiero de $244.897 millones pese al fuerte pago de intereses

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El Sector Público Nacional volvió a mostrar un resultado fiscal positivo en julio, después del déficit registrado en junio. Según informó el Ministerio de Economía, las cuentas públicas cerraron el mes con un superávit primario de $2.960.333 millones y un superávit financiero de $244.897 millones, luego de afrontar un volumen particularmente elevado de vencimientos de intereses de la deuda pública.

El dato adquiere relevancia porque el resultado financiero se obtuvo después de descontar $2.715.436 millones correspondientes al pago de intereses de deuda pública netos de las tenencias intra sector público. La concentración de vencimientos estuvo vinculada principalmente con el pago de cupones de los bonos Globales y Bonares, de modo que el excedente fiscal de julio se construyó sobre una diferencia de casi $3 billones entre los ingresos y los gastos primarios, suficiente para absorber la carga financiera del mes.

El ministro de Economía, Luis Caputo, destacó precisamente ese componente al señalar que el superávit se alcanzó “en un mes con una alta concentración de vencimientos de intereses de deuda”. La señal que busca transmitir el Palacio de Hacienda es que el resultado no depende exclusivamente de una baja carga financiera coyuntural, sino de la generación de un excedente primario capaz de cubrir buena parte del servicio de la deuda.

Con el resultado de julio, el acumulado de los primeros siete meses del año arroja un superávit primario equivalente a aproximadamente 0,9% del PIB y un superávit financiero de alrededor de 0,1% del producto. La diferencia entre ambos indicadores refleja el peso que continúa teniendo el servicio de la deuda sobre las cuentas nacionales.

La dinámica del gasto constituye otro de los factores centrales. Durante julio, el gasto primario se redujo 7% interanual en términos reales, mientras que las erogaciones correspondientes a la Asignación Universal por Hijo crecieron 3,8%. El comportamiento muestra que el ajuste no fue homogéneo entre las distintas partidas y que algunas políticas sociales mantuvieron o incrementaron su cobertura real dentro de una estructura general de contención del gasto.

Para el Gobierno, el equilibrio fiscal funciona además como uno de los pilares de su estrategia de estabilización macroeconómica. Caputo sostuvo que el superávit se alcanzó en paralelo con una reducción acumulada de impuestos cercana a 3% del PIB desde el inicio de la gestión. La combinación busca mostrar que la mejora fiscal no se explica únicamente por un incremento de la presión tributaria, sino por una reducción del gasto y una modificación de la estructura de las cuentas públicas.

Sin embargo, el resultado también abre una discusión sobre la calidad y sostenibilidad del ajuste. En los últimos días cobró relevancia el debate sobre recursos retenidos a fondos fiduciarios que no habrían sido aplicados a los destinos específicos para los cuales fueron constituidos. La cuestión introduce una diferencia importante entre contabilizar un resultado fiscal positivo y determinar qué componentes explican ese resultado y cuáles son sus efectos sobre la prestación de políticas públicas.

Ese debate es particularmente relevante desde una perspectiva de largo plazo. El superávit fiscal contribuye a reducir las necesidades de financiamiento del Tesoro, mejora la señal de solvencia y puede favorecer la recomposición de las condiciones monetarias y crediticias. Pero su impacto económico depende también de qué gasto se recorta, qué obligaciones se difieren y qué recursos dejan de ejecutarse para alcanzar el equilibrio.

La cuestión central, por lo tanto, ya no es solamente si las cuentas públicas presentan superávit, sino cuánto de ese resultado puede sostenerse sin deteriorar infraestructura, servicios públicos o capacidades estatales necesarias para acompañar la recuperación económica. En otras palabras, la discusión fiscal empieza a desplazarse desde la aritmética del déficit hacia la composición y eficiencia del gasto.

El dato de julio ofrece, en ese sentido, una señal favorable para la estrategia de estabilización: aun después de afrontar intereses por $2,7 billones, el Estado nacional logró terminar el mes con resultado financiero positivo. Pero la consolidación fiscal enfrenta el desafío de sostener ese excedente mientras disminuye impuestos, atiende compromisos de deuda y evita que el ajuste sobre el gasto termine trasladándose a sectores estratégicos de la economía.

Para las provincias y, particularmente, para las economías regionales, esa discusión tiene una consecuencia concreta. La trayectoria de las cuentas nacionales condiciona la disponibilidad de recursos para infraestructura, transferencias y políticas productivas, pero también puede contribuir a generar un escenario macroeconómico más previsible. El punto de equilibrio estará en convertir la disciplina fiscal en una condición para crecer, y no solamente en un objetivo contable.

Julio dejó así una fotografía fiscal favorable para el Gobierno: $244.897 millones de superávit financiero, $2,96 billones de resultado primario y un acumulado anual positivo aun después de afrontar una elevada carga de intereses. El próximo desafío será demostrar que ese equilibrio puede sostenerse con una estructura de gasto eficiente, transparencia sobre los recursos utilizados y capacidad para preservar las inversiones que permitan transformar la estabilización en crecimiento.

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Finanzas ofrece canjear una LELINK por títulos dólar linked con vencimientos en septiembre y octubre

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La Secretaría de Finanzas volverá a utilizar el mecanismo de suscripción en especie para administrar los vencimientos de deuda en moneda local vinculada al dólar. El martes 18 de agosto ofrecerá a los tenedores de la LELINK D31G6, con vencimiento el 31 de agosto, la posibilidad de convertir sus títulos por nuevas letras dólar linked con vencimientos el 30 de septiembre o el 30 de octubre.

La operación se realizará en el marco del artículo 2° del Decreto 846/2024 y apunta a ofrecer una alternativa de continuidad a los tenedores de la LELINK que vence a fin de mes. En lugar de cancelar el instrumento en su fecha original, los inversores podrán participar de una licitación competitiva para recibir una reapertura de la LELINK D30S6 o de la LELINK D30O6.

La alternativa de septiembre corresponde a la Letra del Tesoro Nacional vinculada al dólar estadounidense cero cupón con vencimiento el 30 de septiembre de 2026, código D30S6. La segunda opción extiende el vencimiento hasta el 30 de octubre de 2026 y corresponde al código D30O6. En ambos casos, el parámetro que se licitará será el precio y el monto máximo de colocación estará sujeto a la normativa vigente.

El mecanismo permite extender los plazos de vencimiento sin recurrir a una operación tradicional de pago y nueva colocación. Los tenedores entregan la LELINK D31G6 que poseen y reciben, de acuerdo con el precio de corte de la licitación, un nuevo instrumento con un vencimiento posterior.

La recepción de ofertas comenzará a las 11:30 y finalizará a las 15 del martes 18 de agosto. La liquidación está prevista para el viernes 21 de agosto, bajo el esquema T+3.

Los participantes deberán presentar un único pliego competitivo por cada instrumento elegido e indicar la cantidad de valor nominal en dólares que pretenden recibir y el precio en dólares por cada VNO de USD 1.000, con dos decimales. La modalidad permite que el mercado determine el precio de corte de cada una de las dos alternativas.

La cantidad de la LELINK D31G6 que deberá entregar cada inversor no será necesariamente equivalente, en términos nominales, al nuevo título recibido. La conversión se determinará mediante una fórmula que relaciona el valor nominal del nuevo instrumento con su precio de corte y el precio de mercado ajustado de la LELINK elegible.

En términos simplificados, cuanto mayor sea el precio de corte del nuevo instrumento respecto del valor utilizado para la LELINK D31G6, mayor será la cantidad nominal del título viejo necesaria para acceder al nuevo instrumento. El mecanismo busca preservar la equivalencia económica de la operación en función de los precios determinados por el mercado.

El precio de mercado de la LELINK D31G6 utilizado para la liquidación será informado por la Secretaría de Finanzas antes de la apertura de la licitación. Esa referencia será determinante para calcular la cantidad de títulos que deberán transferir los participantes cuyas ofertas resulten adjudicadas.

Los inversores que resulten aceptados tendrán además una obligación operativa clave: antes de las 17 del jueves 20 de agosto deberán realizar una única transferencia de la LELINK D31G6 desde su cuenta en la CRYL del Banco Central hacia la cuenta 99990-01 de la Secretaría de Finanzas.

En caso de que los títulos estén depositados en Caja de Valores, los participantes deberán transferirlos previamente a su cuenta en la CRYL y desde allí completar la transferencia a la Secretaría de Finanzas dentro del plazo establecido. El requisito busca garantizar que los títulos elegibles estén efectivamente disponibles para la liquidación.

El prospecto incorpora además una penalidad relevante ante eventuales incumplimientos. Si un participante cuya oferta fue aceptada no entrega los títulos elegibles, la liquidación podrá realizarse mediante un débito en pesos sobre la cuenta CRYL de la entidad que presentó la oferta.

El monto efectivo se determinará tomando el valor nominal del nuevo instrumento, su precio de corte y el tipo de cambio de referencia publicado por el BCRA correspondiente al 20 de agosto, con un factor adicional de 1,20. Ese recargo funciona como mecanismo de cobertura frente al incumplimiento de la entrega de los títulos comprometidos.

El viernes 21 de agosto, fecha prevista para la liquidación T+3, la CRYL acreditará los nuevos instrumentos en las cuentas de los participantes. Si existiera un incumplimiento, primero se realizará el débito correspondiente al monto efectivo establecido y posteriormente se acreditarán los títulos adjudicados.

La operación se inscribe en una estrategia de administración de los vencimientos que busca extender parte de las obligaciones financieras sin alterar la naturaleza dólar linked de los instrumentos. Para los inversores, la decisión implica evaluar el rendimiento implícito de cada alternativa, el plazo adicional asumido y las condiciones de mercado al momento de la licitación.

Para Finanzas, el mecanismo ofrece una herramienta para gestionar el perfil de vencimientos de corto plazo y reducir la concentración de obligaciones que deberían resolverse el 31 de agosto. La posibilidad de trasladar esos compromisos hacia septiembre u octubre permite distribuir temporalmente las necesidades de refinanciamiento.

El dato relevante será el nivel de adhesión. Una participación elevada permitiría desplazar una parte significativa de los vencimientos de fines de agosto hacia los dos meses siguientes, mientras que una baja aceptación dejaría una mayor proporción de las obligaciones originales en manos del Tesoro.

La operación también será una señal sobre el apetito del mercado por instrumentos dólar linked de muy corto plazo. Al tratarse de una conversión voluntaria y competitiva, los precios ofrecidos por los inversores permitirán observar cuánto rendimiento adicional exige el mercado para extender la exposición hasta septiembre u octubre.

La licitación se realizará conforme a los procedimientos establecidos por la Resolución Conjunta de la Secretaría de Finanzas y la Secretaría de Hacienda N° 9/2019. El resultado permitirá medir no solo cuánto de la LELINK D31G6 logra ser convertido, sino también el costo implícito de continuar administrando la deuda dólar linked de corto plazo.

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