FINANZAS

Deuda: el Gobierno capta $9,92 billones y reordena vencimientos en una licitación clave del Tesoro

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El Gobierno nacional logró adjudicar $9,92 billones en la última licitación de deuda del Tesoro realizada el 15 de abril, en una operación que combinó emisión de nuevos instrumentos, reaperturas y un canje de títulos para extender vencimientos. La decisión, instrumentada bajo las Resoluciones Conjunta 20/2026 y 21/2026, no solo buscó captar liquidez sino también reconfigurar el perfil de deuda en un contexto donde el manejo de los plazos se vuelve tan relevante como el volumen colocado.

El dato central es doble: por un lado, la demanda superó los $11,80 billones en instrumentos en pesos y dólar linked, lo que permitió seleccionar ofertas por debajo del total ofertado; por otro, el Tesoro avanzó con una conversión significativa de títulos con vencimientos en 2026 y 2027 hacia papeles más largos. En paralelo, se adjudicaron USD 295,57 millones en bonos en dólares, con una segunda vuelta prevista para el 16 de abril.

La señal es clara: el equipo económico busca sostener el financiamiento en el mercado local mientras descomprime vencimientos inmediatos. Pero el equilibrio no es lineal. Economía le sacó liquidez al mercado, al absorber más pesos de los que necesitaba para el próximo viernes (cuando se realice la liquidación). Esto se enmarca en la necesidad de “sacar todos los pesos de la calle hasta que colapse el índice de inflación”, tal como anunció el presidente Javier Milei durante su paso por el Summit 2026 de AmCham (Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina).

Financiamiento y tasas: entre la liquidez y el costo

La licitación mostró un menú amplio de instrumentos, con fuerte concentración en pesos. La nueva letra capitalizable a agosto de 2026 absorbió $4,44 billones con una tasa efectiva mensual de 2,00% (TIREA 26,82%), mientras que los bonos ajustados por CER y los atados a tasa TAMAR también captaron volumen relevante.

Los instrumentos a tasa variable (TAMAR) marcaron rendimientos elevados, con TIREA superiores al 33%, lo que expone el costo implícito de sostener la demanda en un contexto de tasas reales positivas. A la vez, los bonos CER a 2028 y 2029 consolidan la estrategia de indexación como ancla para los inversores.

En el tramo dólar linked, el Tesoro adjudicó la totalidad de las ofertas (USD 458 millones), reflejando interés por cobertura cambiaria aun con precios por debajo de la par (USD 835,50 por cada 1.000).

En el segmento en dólares, la licitación de BONAR 2027 y 2028 mostró un recorte significativo vía prorrateo: se adjudicaron USD 296 millones sobre USD 741 millones ofertados. La decisión de limitar la colocación sugiere una administración selectiva del endeudamiento en moneda dura.

Conversión de deuda: patear vencimientos sin ruido

El otro eje de la operación fue la conversión de títulos próximos a vencer. Con 133 ofertas recibidas, el Tesoro logró canjear bonos como el TZXD6, TZXM7 y el dual TTS26 por instrumentos con vencimiento en 2028.

El volumen más significativo se concentró en la Opción 1: se adjudicaron $14,42 billones en el BONCER TZXM8, lo que implicó rescatar $4,74 billones del bono con vencimiento en diciembre de 2026. A esto se suman otras conversiones menores y la emisión de un nuevo bono TAMAR a febrero de 2028.

La lógica es explícita: reducir presión en el corto plazo y trasladar compromisos hacia adelante. El marco legal que habilita estas operaciones —especialmente el decreto 846/2024— permite incluso suscripciones en especie, lo que amplía el margen operativo del Tesoro.

Respaldo del mercado, pero a un precio

El resultado exhibe un dato político clave: el Gobierno mantiene acceso al financiamiento en el mercado doméstico, con un nivel de ofertas que supera ampliamente lo adjudicado. Esa relación sugiere confianza relativa de los inversores en la continuidad del programa financiero.

Sin embargo, ese respaldo no es gratuito. Las tasas elevadas en instrumentos variables y la indexación creciente implican compromisos futuros más exigentes. El Tesoro consigue rollover y financiamiento adicional, pero consolida una estructura de deuda sensible a tasas e inflación.

Al mismo tiempo, la decisión de acotar la colocación en dólares marca un límite: el endeudamiento en moneda extranjera sigue siendo administrado con cautela, probablemente para evitar señales de vulnerabilidad externa.

Un equilibrio en construcción

La operación del 15 de abril combina tres movimientos simultáneos: captar pesos, ofrecer cobertura (CER y dólar linked) y estirar vencimientos. Es una arquitectura que busca estabilidad en el corto plazo sin resignar margen de maniobra.

La próxima señal será la segunda vuelta de la licitación en dólares y, más importante aún, la capacidad de sostener este nivel de demanda en futuras colocaciones. El calendario de vencimientos no se detiene y el costo financiero empieza a acumularse.

En ese contexto, el interrogante no es solo si el Tesoro logra financiarse, sino a qué precio y con qué composición de riesgo hacia adelante.

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Caputo anuncia acuerdo con el FMI y asegura acceso a USD 1.000 millones para sostener el programa económico

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El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó que Argentina alcanzó un Staff-Level Agreement con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el marco de la segunda revisión del programa de Facilidades Extendidas (EFF). El entendimiento, sujeto a aprobación del Directorio del organismo, habilitaría un desembolso cercano a los USD 1.000 millones.

El anuncio se produjo tras negociaciones entre el equipo económico argentino y técnicos del organismo en Washington. Según lo informado, el acuerdo forma parte del seguimiento del programa vigente y apunta a consolidar el proceso de estabilización macroeconómica iniciado por el Gobierno.

Revisión del programa y señales al mercado

El entendimiento técnico se inscribe dentro del acuerdo de 48 meses firmado con el FMI. La segunda revisión evalúa el cumplimiento de metas fiscales, monetarias y externas, así como el avance de reformas estructurales.

De acuerdo al organismo, el proceso se dio en un contexto de fortalecimiento del “momentum reformista”, con la aprobación del Presupuesto 2026 y otras iniciativas legislativas vinculadas a formalización de activos, flexibilización laboral, acuerdos comerciales e incentivos a la inversión, particularmente en sectores estratégicos.

Además, el FMI destacó mejoras en el esquema monetario y cambiario, con compras de divisas por parte del Banco Central que superan los USD 5.500 millones en lo que va del año, lo que contribuye a reforzar las reservas.

Metas fiscales, reservas y política monetaria

El nuevo entendimiento incluye un paquete de políticas orientado a sostener la desinflación, fortalecer la estabilidad externa y recuperar el crecimiento.

En el frente fiscal, el programa mantiene el equilibrio como ancla central, con un superávit primario proyectado de 1,4% del PBI. Este objetivo se apoya en el control del gasto público, aunque contempla márgenes para asistencia social focalizada.

En materia monetaria, se prevé continuar con una política contractiva, con medidas para reducir la volatilidad de tasas y mejorar la transmisión del crédito. También se profundiza el esquema cambiario con bandas más amplias y mayor transparencia en los objetivos del programa.

En el plano externo, el compromiso oficial apunta a incrementar las reservas internacionales netas en al menos USD 8.000 millones durante 2026, a partir de compras sostenidas de divisas y financiamiento en moneda extranjera.

El esquema de financiamiento incluye emisiones de deuda en dólares bajo legislación local, utilización de activos estatales, operaciones del Banco Central y préstamos externos.

Respaldo internacional y disciplina interna

El acuerdo refuerza la posición del Gobierno en dos niveles. Hacia el exterior, consolida el vínculo con el FMI y envía una señal de continuidad del programa económico ante los mercados. Hacia el plano interno, ratifica el rumbo basado en ajuste fiscal, desregulación y apertura.

El respaldo técnico del organismo también se apoya en avances legislativos recientes, lo que sugiere un alineamiento entre el Poder Ejecutivo y el Congreso en aspectos clave del programa.

Al mismo tiempo, el esquema establece condicionamientos claros: el cumplimiento de metas y la implementación de reformas estructurales siguen siendo requisitos para sostener el financiamiento y avanzar hacia el acceso a mercados internacionales.

Reservas, crédito y acceso a financiamiento

El desembolso potencial de USD 1.000 millones se suma a una estrategia más amplia de fortalecimiento de reservas, un punto crítico para la estabilidad cambiaria.

Según el FMI, la mejora en los buffers externos y la recomposición del marco macroeconómico buscan facilitar el retorno a los mercados internacionales de crédito en condiciones más favorables.

En paralelo, la continuidad de una política monetaria restrictiva y el orden fiscal apuntan a sostener el proceso de desinflación, aunque con impacto en la dinámica del crédito y la actividad económica.

Efectos indirectos en economías del NEA

Para regiones como el NEA y Misiones, el acuerdo no tiene medidas específicas, pero su impacto puede sentirse de forma indirecta.

La estabilidad macroeconómica, el acceso a financiamiento y la evolución del tipo de cambio inciden en variables clave para las economías regionales, como el costo del crédito, la inversión productiva y la competitividad exportadora.

En particular, sectores vinculados a la forestoindustria, la agroindustria y la energía podrían verse condicionados por la disponibilidad de financiamiento y el ritmo de apertura económica.

Aprobación pendiente y cumplimiento de metas

El acuerdo aún debe ser aprobado por el Directorio del FMI, paso necesario para habilitar el desembolso. Además, el cumplimiento de las metas fiscales, monetarias y de reservas será determinante para las próximas revisiones.

En el corto plazo, el foco estará en la evolución de las reservas, la dinámica inflacionaria y la capacidad del Gobierno para sostener el programa sin desvíos.

El entendimiento técnico marca un nuevo capítulo en la relación con el organismo, pero deja abierto el interrogante central: si el esquema actual logrará traducirse en estabilidad sostenida y recuperación económica.

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El dólar rebota y corta la baja tras compras del BCRA y el impacto de la inflación de marzo

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El dólar mayorista interrumpió su tendencia bajista y cerró en $1.364, con una suba de 0,7%, en una jornada marcada por las compras del Banco Central de la República Argentina y el impacto del dato de inflación de marzo. La divisa había tocado durante la mañana un mínimo de $1.347, el nivel más bajo desde septiembre de 2025.

En paralelo, el dólar al público se mantuvo estable en $1.385 en el Banco Nación, mientras que el dólar blue avanzó a $1.410, también con un incremento de 0,7%. El movimiento marcó un quiebre en la dinámica de las últimas ruedas, donde el tipo de cambio venía mostrando una tendencia descendente.

Marco cambiario: intervención y bandas en juego

El esquema cambiario vigente mantiene al dólar oficial dentro de una banda cuyo techo fue fijado en $1.677,45 para la jornada. Con el cierre en $1.364, la cotización se ubicó aún 23% por debajo de ese límite, lo que deja margen para la libre flotación sin intervención directa.

Sin embargo, el rol del Banco Central fue determinante. Según los datos del mercado, la autoridad monetaria sostuvo compras constantes de divisas, en una estrategia que busca fortalecer reservas en un contexto de apreciación del peso.

El volumen operado alcanzó USD 550 millones, un nivel considerado elevado aunque consistente con la estacionalidad del comercio exterior en el segundo trimestre.

Se frena la apreciación del peso

El dato introduce una señal de inflexión en el comportamiento del tipo de cambio. En lo que va de 2026, el dólar oficial acumula una caída de 6,3% (91 pesos), mientras que la inflación ronda el 10%, lo que implica una apreciación real del peso.

La suba de la jornada aparece vinculada a dos factores concretos: por un lado, la intervención compradora del Banco Central; por otro, una inflación más alta de lo esperado, que ajusta expectativas y presiona sobre la demanda de cobertura.

Aun así, el Gobierno continúa aprovechando este escenario para recomponer reservas. De acuerdo con estimaciones privadas, el BCRA mantiene compras diarias sostenidas, con promedios cercanos a USD 84 millones.

Acumulación de reservas y señal al FMI

La dinámica cambiaria no se explica solo por factores de mercado. La estrategia oficial apunta a consolidar el frente externo en un momento clave de negociación con el Fondo Monetario Internacional.

Según reportes del mercado, el Gobierno estaría cerca de cerrar un acuerdo a nivel técnico por la segunda revisión del programa vigente, lo que podría habilitar un desembolso de USD 1.000 millones. La acumulación de reservas aparece como un factor central para alcanzar ese objetivo, especialmente tras no haber cumplido metas previas.

En este contexto, la intervención del Banco Central cumple un doble rol: evitar una apreciación excesiva del peso y fortalecer el balance de reservas sin generar volatilidad abrupta.

Tasas, crédito y precios relativos

El escenario cambiario se combina con un proceso de baja de tasas en términos reales y expectativas de remonetización de la economía. Esto podría favorecer el crédito y la actividad, aunque el comportamiento del dólar sigue siendo una variable clave para precios e inflación.

La apreciación del peso, si se sostiene, contribuye a moderar precios de bienes importados, pero también tensiona la competitividad de sectores exportadores.

A nivel global, la evolución de otras monedas también influye. El real brasileño, por ejemplo, se apreció más de 10% frente al dólar en lo que va del año, lo que forma parte de un contexto de debilidad del billete estadounidense.

Señales para economías exportadoras del NEA

Para provincias como Misiones y el NEA, donde el comercio exterior y las economías regionales tienen peso, la dinámica cambiaria es un factor determinante.

Un tipo de cambio más bajo en términos reales puede afectar márgenes de exportación, mientras que una eventual corrección alcista —como la observada en la jornada— podría aliviar parcialmente esa presión, aunque con impacto en costos internos.

El rebote del dólar introduce una señal de alerta en una tendencia que parecía consolidada. La evolución de la inflación, la continuidad de las compras del Banco Central y el avance de las negociaciones con el FMI serán variables decisivas.

El mercado seguirá de cerca si este movimiento marca un cambio de tendencia o apenas una pausa en la apreciación del peso.

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El INDEC informó subas de hasta 2,6% en canastas básicas en marzo y marca presión sobre el poder adquisitivo

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El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) difundió los datos de marzo de 2026 sobre las canastas básicas alimentaria y total, que registraron subas del 2,2% y 2,6% respectivamente respecto de febrero. En términos interanuales, los incrementos alcanzaron el 32,8% en alimentos y el 30,4% en la canasta total, consolidando un escenario de presión sostenida sobre los ingresos de los hogares.

El dato se conoce en un momento clave para la política económica, donde el Gobierno busca consolidar la desaceleración de la inflación, pero aún enfrenta tensiones en variables sensibles como el costo de vida.

Evolución de las canastas: desaceleración con piso alto

Las cifras muestran una dinámica de aumentos mensuales moderados en comparación con períodos previos, pero con niveles acumulados que siguen siendo significativos. La canasta básica alimentaria —que define la línea de indigencia— avanzó 2,2% en marzo, mientras que la canasta básica total —que mide el umbral de pobreza— lo hizo en 2,6%.

En términos anuales, ambas mediciones reflejan subas por encima del 30%, lo que indica que, pese a la desaceleración inflacionaria, el costo de cubrir necesidades básicas continúa en niveles elevados.

Esta evolución implica que el proceso de desinflación no se traduce de forma inmediata en una mejora del poder adquisitivo, especialmente en los sectores más vulnerables.

Qué mide cada indicador y por qué importa

La canasta básica alimentaria incluye el conjunto de alimentos necesarios para cubrir requerimientos nutricionales mínimos. Su variación impacta directamente en la medición de la indigencia.

Por su parte, la canasta básica total incorpora además bienes y servicios no alimentarios, como transporte, salud o educación, y se utiliza para establecer la línea de pobreza.

El comportamiento de ambos indicadores funciona como termómetro social de la economía: incluso con menor inflación general, su evolución define la capacidad real de los ingresos para sostener condiciones de vida básicas.

Tensión entre desinflación y costo social

Los datos del INDEC introducen una variable sensible en la estrategia económica del Gobierno: la brecha entre la desaceleración inflacionaria y la percepción social del costo de vida.

Mientras el programa económico apunta a estabilizar precios, la persistencia de subas en las canastas básicas condiciona la narrativa oficial y mantiene presión sobre salarios, transferencias sociales y consumo.

En este contexto, los indicadores refuerzan el desafío político de sostener el rumbo económico sin deteriorar los niveles de ingreso real, una tensión que atraviesa tanto al Gobierno como a actores empresariales y sindicales.

Consumo bajo presión

El aumento de las canastas básicas tiene efectos directos sobre el consumo. Al incrementarse el gasto destinado a bienes esenciales, se reduce el margen disponible para otros productos y servicios.

Esto puede traducirse en una reasignación del gasto de los hogares y en un comportamiento más selectivo, especialmente en sectores de ingresos medios y bajos.

En términos agregados, la dinámica impacta en la actividad económica, ya que condiciona la demanda interna, uno de los componentes clave del crecimiento.

Implicancias para Misiones y el NEA

Aunque el informe no desagrega datos por región, el comportamiento de las canastas básicas tiene implicancias directas en provincias como Misiones, donde el peso de los alimentos en el gasto familiar suele ser mayor.

En economías regionales con fuerte dependencia del consumo interno, estos incrementos pueden amplificar el efecto sobre el comercio local y la dinámica productiva.

De forma prudente, puede inferirse que la evolución de estos indicadores será clave para monitorear el impacto social del proceso de estabilización en el NEA.

Variables a seguir

Hacia adelante, el comportamiento de las canastas básicas estará condicionado por la evolución de la inflación general, los ingresos y la dinámica del consumo.

Entre las variables a observar aparecen la tendencia del índice de precios, la política salarial y la recuperación —o no— del poder adquisitivo.

El desafío central será determinar si la desaceleración inflacionaria logra traducirse en una mejora concreta en el costo de vida o si la presión sobre los hogares se mantiene en los próximos meses.

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Economía convoca a licitación de deuda en pesos, dólares y habilita canje de bonos bajo el decreto 846

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La Secretaría de Finanzas del Ministerio de Economía lanzó un nuevo llamado a licitación de instrumentos del Tesoro en pesos y dólares, con recepción de ofertas prevista para el miércoles 15 de abril de 2026. La operación incluye títulos a tasa fija, variable, ajustados por CER y vinculados al dólar, además de una estrategia de conversión de deuda en el marco del decreto 846/24.

El esquema combina financiamiento fresco con un mecanismo de canje de bonos existentes, en una señal de gestión activa de pasivos en un contexto donde el Gobierno necesita sostener el financiamiento en moneda local y administrar los compromisos en dólares.

Un menú amplio de instrumentos para captar liquidez

La licitación incluye una nueva letra capitalizable en pesos con vencimiento en agosto de 2026, junto a la reapertura de bonos ajustados por CER con vencimientos en 2028 y 2029, instrumentos a tasa variable (TAMAR) y un bono dólar linked a 2028.

A esto se suman dos bonos en dólares (Bonar 2027 y 2028), con suscripción exclusiva en moneda estadounidense y un tope de hasta USD 150 millones en la primera vuelta para cada uno.

Según lo informado, las ofertas se dividirán en dos tramos: uno no competitivo —orientado a inversores sin especialización financiera— y otro competitivo, destinado a actores con mayor capacidad de análisis. La liquidación de las operaciones está prevista para el 17 de abril.

Conversión de deuda: extender plazos y reordenar vencimientos

En paralelo, el Gobierno habilitó una operación de conversión que permite a los tenedores de bonos con vencimientos entre 2026 y 2027 canjearlos por nuevos instrumentos con vencimiento en 2028.

Las opciones incluyen el traspaso hacia bonos ajustados por CER o hacia un nuevo bono a tasa TAMAR. La operatoria se realizará bajo condiciones competitivas y con liquidación prevista para el 20 de abril.

El mecanismo implica que los inversores entreguen títulos elegibles a cambio de nuevos activos, con una fórmula de conversión basada en precios de corte que serán definidos en la licitación.

Financiamiento en pesos y señales al mercado

La convocatoria se realiza bajo los procedimientos establecidos por la Resolución Conjunta 9/2019 y en el marco del decreto 846/24, que habilita operaciones de conversión de deuda.

En términos operativos, todos los instrumentos serán canalizados a través del sistema de licitaciones oficial y liquidados mediante cuentas en el Banco Central, lo que refuerza el rol del mercado doméstico como principal fuente de financiamiento del Tesoro.

El diseño técnico muestra una estrategia que combina distintos tipos de tasa —fija, CER y variable—, lo que permite al Gobierno diversificar riesgos y captar distintos perfiles de inversores.

Más opciones y segmentación de inversores

El llamado amplía el abanico de instrumentos disponibles, incorporando tanto alternativas en pesos como en dólares, con distintos mecanismos de ajuste.

Además, formaliza una segmentación clara del mercado: pequeños inversores pueden participar a través del tramo no competitivo con montos limitados, mientras que grandes jugadores acceden al tramo competitivo sin tope máximo.

La inclusión de una segunda vuelta para los bonos en dólares introduce una instancia adicional de colocación, lo que puede extender la capacidad de financiamiento en moneda dura.

El Tesoro busca sostener financiamiento y ordenar deuda

El esquema refuerza la centralidad de la Secretaría de Finanzas en la administración de la deuda pública y muestra una estrategia orientada a sostener el financiamiento en el mercado local.

La posibilidad de conversión de títulos indica un intento de postergar vencimientos y reducir presiones de corto plazo, mientras que la emisión en dólares sugiere la necesidad de captar divisas en un contexto de restricciones.

En este escenario, los inversores institucionales adquieren un rol clave, tanto en la absorción de nueva deuda como en la aceptación de los canjes propuestos.

Tasas, inflación y expectativas

La combinación de instrumentos ajustados por CER, tasa fija y tasa variable refleja la incertidumbre sobre la evolución de la inflación y las tasas de interés.

Para el mercado, las condiciones que surjan de la licitación —especialmente las tasas y precios de corte— funcionarán como señal sobre el costo del financiamiento del Estado y las expectativas macroeconómicas.

La emisión de bonos dólar linked y en dólares también impacta en la dinámica cambiaria, al ofrecer cobertura frente a movimientos del tipo de cambio.

Si bien la licitación no tiene un impacto territorial directo, las condiciones de financiamiento del Estado nacional inciden en la macroeconomía, lo que puede trasladarse a variables clave para provincias del NEA como Misiones, especialmente en términos de actividad, crédito y precios.

Una mayor presión sobre tasas o inflación podría repercutir en costos productivos y consumo, variables sensibles para economías regionales.

Señales del mercado y rollover de deuda

El resultado de la licitación y el nivel de adhesión a la conversión serán indicadores clave para evaluar la capacidad del Gobierno de renovar vencimientos y sostener el financiamiento.

Entre las variables a observar aparecen las tasas convalidadas, el volumen colocado en dólares y el grado de aceptación de los canjes, en un contexto donde el mercado sigue de cerca la consistencia de la estrategia financiera oficial.

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