El uso del dinero electrónico a través de canales como billeteras digitales y aplicaciones móviles consolidó su crecimiento en el inicio de 2021, con aumentos interanuales en torno al 30% para ambas plataformas, mientras se estanca el uso de cajeros automáticos para retiro de efectivo y otras operaciones, según el último informe mensual de Uso de Dinero Electrónico de la Red Link.
Puntualmente, los usuarios de Link Celular y Mobile Banking crecieron un 32,2% y 27,9% en enero de 2021 en comparación a igual mes del año anterior, mientras que la billetera virtual Valepei registró un aumento del 202,5% en igual período.
Según el informe -que cuenta con datos de 36,7 millones de usuarios- “volvieron a destacarse en el primer mes de 2021 la expansión de los usuarios totales y de la frecuencia de las operaciones”.
Este comportamiento es una constante que, en el último año, tuvo una fuerte aceleración: en enero de 2019 se registraron 2,6 millones de nuevos usuarios interanuales, en 2020 los nuevos usuarios fueron casi 3 millones y, en 2021, aumentaron en 5,1 millones, siempre cotejado con enero del año previo.
Una de las excepciones de este crecimiento consolidado fueron las transacciones a través de los cajeros automáticos (ATM).
Si bien se mantuvieron en expansión, en enero 2021 registraron un aumento interanual de apenas el 3,5%
“Esto es indicio de que el comportamiento de los individuos se ha modificado, inclinándose a utilizar para sus operaciones monetarias más los canales digitales (transferencias, pagos, Debin Crédito y Débito)”, señaló el informe.
En comparación con el nivel de igual mes del año anterior los usuarios de Mobile Home Banking crecieron 27,9%, a 1.916.270, un crecimiento impulsado por las transacciones consultivas, tanto de saldos, agenda de vencimiento, préstamos, CBU y agenda de Pagos.
Por su parte, Link Celular creció 32,2% en cantidad de usuarios, a 1.095.036, y un 41,9% en sus operaciones, a 82.884.183.
La pandemia de Covid-19 amplió las brechas estructurales en Latinoamérica y las necesidades financieras para afrontar la emergencia, a la vez aumentó el endeudamiento poniendo en peligro la recuperación y capacidad de los países para una reconstrucción sostenible y con igualdad, afirmó hoy la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
Durante una reunión virtual, la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, presentó el informe “Financiamiento para el desarrollo en la era de la pandemia de Covid-19 y después: Prioridades de América Latina y el Caribe en la agenda de políticas mundial en materia de financiamiento para el desarrollo”.
En el trabajo el organismo de las Naciones Unidas propone cinco medidas para afrontar los retos que plantea la agenda de financiamiento para el desarrollo a corto, mediano y largo plazo, y pone énfasis en iniciativas que se podrían emprender para construir un futuro mejor.
“En todos los países de la región, sin excepción, la situación fiscal se ha deteriorado y el nivel de endeudamiento del gobierno general ha aumentado”, afirmó Bárcena.
Según ella, “se espera que dicho endeudamiento se incremente de 68,9% a 79,3% del PIB entre 2019 y 2020 a nivel regional, lo que convierte a América latina y el Caribe en la región más endeudada del mundo en desarrollo y la que tiene el mayor servicio de deuda externa en relación con las exportaciones de bienes y servicios (57%)”.
Bárcena añadió que la brecha de financiamiento del sector público se agrava por la necesidad de apoyar la balanza de pagos; además, en la región habrá una importante caída de la inversión extranjera directa que será de entre 45% y 55%, aproximadamente.
El informe afirma que, en el contexto actual de la pandemia, la agenda de financiamiento para el desarrollo exige, a corto plazo, “favorecer la expansión del gasto público y prestar una atención especial a los grupos vulnerables, en particular a los segmentos de ingresos bajos y a las personas mayores”.
A ello se suma la necesidad de “políticas de financiamiento para el desarrollo a corto plazo (…) para compensar los efectos perjudiciales que las políticas de contención -basadas en el distanciamiento físico y el aislamiento voluntario- tienen sobre la actividad económica, el tejido y la estructura productiva, y el empleo”.
Esto supone “sostener el consumo de las personas y las familias, para lo que es necesario adoptar medidas excepcionales transitorias de mantenimiento del ingreso, como una renta básica temporal garantizada por el Estado”, explica.
A mediano y largo plazo, el programa de financiamiento para el desarrollo debe “promover una orientación de política anticíclica que tenga por objeto aumentar el empleo y mantener un crecimiento adecuado”, completó.
A través de un extenso hilo en Twiter el ministro de Hacienda de Misiones, Adolfo Safrán, explicó que el objetivo del programa, “es incentivar la implementación de la tecnología blockchain para potenciar el desarrollo social y económico de nuestra provincia, otorgando valor a nuestros recursos naturales, a través de la creación de una criptomoneda misionerista”.
Safrán contó, vía redes sociales, que “siguiendo los lineamientos estratégicos, me encuentro coordinando con un equipo interdisciplinario de trabajo integrado por el diputado provincial y Coordinador del Polo Tic, Lucas Romero Spinelli; el titular del Fondo de Crédito Misiones, Horacio Simes; Gustavo Turkienicz, gerente de administración del organismo; Rodrigo Vivar, responsable de la Agencia Tributaria Misiones; Francisco Arizaga, Rodrigo Aranda, Alicia Penayo y otros integrantes”.
MISIONES AVANZA EN LA CREACIÓN DE SU PROPIA CRIPTOMONEDA
Por iniciativa del presidente de la Cámara de Representantes @rovira_carlos , el año pasado se presentó un proyecto de ley para crear el Programa Misionero de Innovación Financiera con Tecnología Blockchain y Criptomoneda
El contador Safrán explicó que “actualmente hay miles de criptomonedas en el mundo, en su mayoría impulsada por empresas privadas. Pero en los últimos años, los gobiernos están comenzando a generar sus propias alternativas como forma de obtener financiamiento y como herramienta de gestión de sus recursos públicos”.
Dijo que “en Misiones estamos avanzando en la generación de una criptomoneda que, respaldada en bonos verdes o bonos de carbono, sea un activo financiero que genere ingresos al Estado y a los ciudadanos, expresando en un activo digital los servicios ecosistémicos que la selva misionera aporta al desarrollo económico”
cuyo objetivo es incentivar la implementación de la tecnología blockchain para potenciar el desarrollo social y económico de nuestra provincia, otorgando valor a sus recursos naturales a través de la creación de una criptomoneda misionerista.
“En ese sentido, junto a los funcionarios de las distintas áreas nos encontramos desarrollando tres líneas de trabajo: En primer lugar, investigando en profundidad toda la potencialidad de la tecnología blockchain, que permite la transferencia de datos digitales de manera completamente transparente y segura”, reconoció. “A través de una codificación de la información muy sofisticada, esta tecnología es como un libro de asientos contables de una empresa que se escribe y controla a sí mismo, sin necesidad de intervención ajena a su propio funcionamiento”, agregó.
Safrán adelantó que “junto a la Agencia Tributaria Misiones, estamos analizando cómo incorporar esta tecnología al portal Ciudadano Digital, para volver más eficientes y transparentes las gestiones administrativas del Estado Provincial”.
Con relación a la segunda línea de desarrollo, “está vinculada a emplear la tecnología blockchain para traducir un activo digital (criptomoneda) al valor económico que representa la selva misionera”.
“El objetivo será tokenizar nuestros bonos de carbono a partir de las toneladas de oxigeno que emite la selva misionera diariamente. Los aportantes voluntarios o las empresas privadas, por Responsabilidad Social Empresaria o por multas a la contaminación ambiental, podrán comprar estos bonos de carbono de la selva misionera”, precisó.
La tercera línea de desarrollo buscará de forma simultánea, “crear una criptomoneda estable que se encuentre respaldada en otro activo económico. El impulso a estos desarrollos es una forma de respaldar la política ambiental de la provincia para enfrentar el cambio climático a través de una herramienta digital de vanguardia y transformadora”, enfatizó.
Por último, remarcó Safrán que “favorecer la digitalización integral y transparente de los procedimientos administrativos, nos permitirá despapelizar los documentos en los organismos del Estado, contribuyendo también así al cuidado del medio ambiente”.
El informe de Marcelo Capello y Agustín Cugno de Fundación Mediterránea – IERAL analiza la recaudación y las transferencias automáticas a las provincias
• El Presupuesto prevé una suba del PIB del 5,5% para 2021, guarismo que parece razonable dado el arrastre estadístico que deja el 2020 y factores tales como el rebote de la economía mundial; los precios de las commodities y el aporte extra de las exportaciones agroindustriales; la inversión pública y la dinámica de salarios y consumo, aunque en este último punto lo determinante es lo que ocurra con la inflación • Se estima que en 2021 la recaudación nacional habrá de crecer 0,5 puntos del PIB, producto de mayores Derechos de exportación (0,4 puntos) y del impuesto a las grandes fortunas (0,4 puntos), que se contabilizan junto a una merma de 0,3 puntos del PIB en Ganancias y Bienes Personales • Las transferencias automáticas a provincias aumentarán menos que lo que se estima lo harán los recursos a favor del Tesoro nacional. La porción de la recaudación tributaria que quede en manos del gobierno nacional pasará del 66% en 2020 a 68% en 2021, mientras que la participación de provincias caerá del 34% al 31%, aunque la provincia de Buenos Aires tendrá una mejora adicional del 0,8%, como consecuencia de la creación del Fondo de Fortalecimiento Fiscal de la Provincia de Buenos Aires (FFFPBA) • En términos nominales, la recaudación neta nacional tendría una mejora interanual de 59,8 % en 2021, o sea, 15 puntos porcentuales más que el incremento de las transferencias a provincias, estimado en el 44,2 %. Esta asimetría se explica por dos razones: 1) Aumentó el coeficiente de coparticipación para Nación, en desmedro de CABA; 2) El grueso de las mejoras en la recaudación de 2021 se origina en tributos no coparticipables, como los Derechos de exportación y Aporte Solidario (grandes fortunas)
Los números fiscales de 2021 resultarán fundamentales para determinar la viabilidad de la estrategia económica y anti inflacionaria del gobierno. Luego de un déficit primario del 6,3% en 2020, las expectativas están puestas sobre el desequilibrio al que apunta el gobierno en 2021, pues ello dará mayor certeza sobre la necesidad de asistencia del BCRA al Tesoro Nacional este año, y pistas sobre el rumbo político-ideológico del gobierno.
Para la definición del resultado fiscal este año resulta fundamental, por supuesto, lo que ocurra con ingresos y erogaciones fiscales, en un año electoral. A continuación, se presentan estimaciones sobre la recaudación tributaria nacional en 2021 y las consecuentes transferencias fiscales a provincias. Dado que la recaudación está ligada en gran medida a lo que ocurra con la actividad económica, en la sección siguiente se presentan algunos factores claves al respecto.
Factores de impulso para la actividad y la recaudación en 2021
La recaudación fiscal de 2021 dependerá en gran medida del nivel de actividad económica en 2021, la tasa de inflación, el aporte extra por Derechos de Exportación que generen los altos precios de la commodities y los cambios en la legislación tributaria, como la introducción de nuevos tributos este año.
Respecto al nivel de actividad económica, en el Presupuesto Nacional para 2021 se prevé una suba del PIB del 5,5%, lo que parece razonable dado el arrastre estadístico existente y los siguientes factores:
• Rebote economía mundial • Precios commodities y aporte extra de las exportaciones agroindustriales • Inversión pública • Salarios y consumo
Sobre el primer punto, el FMI espera un rebote de la economía mundial en 2021, con una suba del PIB mundial del 5,5%, y guarismos favorables para algunos países importantes para el comercio exterior de Argentina, como los casos de Brasil (3,6%), Estados Unidos (5,1%) y China (8,1%). La Eurozona tendría una recuperación del 4,2%. La mejoría en la economía mundial en 2021 ayudaría a revitalizar el comercio exterior, y por ende las exportaciones de Argentina, que dependen del nivel de ingreso de sus compradores.
Respecto a la mejora en las exportaciones del complejo agro-industrial argentino, por mejores precios de las commodities, según estimaciones del área agroindustrial de IERAL podrían aportar 2,2% extras del PIB en 2021, que resulta similar al aporte extra generado en 2011, y sólo superado por lo ocurrido en los años 2007 y 2008, en las últimas dos décadas.
Por otra parte, a la recuperación que ya se observa en la construcción privada, se agregaría una suba en la inversión pública que, de acuerdo al Presupuesto Nacional, adicionaría 1,1 puntos del PIB este año. Incluye la inversión pública ejecutada directamente por el sector público nacional y las transferencias a provincias para que ejecuten gastos de capital. Por supuesto, la concreción de ese nivel de inversión pública incidirá también sobre el resultado fiscal del gobierno nacional en 2021.
Para la actividad económica de 2021 también resultará importante lo que ocurra con los salarios y por ende el consumo masivo. A este respecto, desde el gobierno esperan una suba de salarios 2 o 3 puntos superior a la inflación, pero a su vez el aumento salarial que se pacte para este año es visualizado como una de las anclas nominales para la inflación de 2021. Aquí se presenta un problema, porque si se apunta a subas salariales apenas por arriba de la inflación prevista por el gobierno (29%), y luego la inflación resulta mayor, habrá nueva caída del salario real en 2021, sin recuperación del consumo masivo.
Recaudación nacional en el primer bimestre de 2021
La recaudación nacional de impuestos en febrero de 2021 experimentó una variación interanual nominal del 51,9%, equivalente a un aumento del 8% en términos reales. El mayor aumento se dio en Bienes Personales, con suba del 307,4% y 190% i.a., nominal y real, respectivamente, seguido por los derechos de exportación, que crecieron un 117% i.a. real, producto de un incremento en las alícuotas y los precios de los bienes exportables; caso contrario fue el del Impuesto PAIS el cual fue el único con una disminución nominal (-20,6%) por lo que cayó un 44% i.a. real, explicado principalmente por las restricciones a las compras de divisas que existen la actualidad, las cuáles no existían en febrero de 2020 (por ejemplo, la retención del 35% de IIGG y la necesidad de justificar ingresos para comprar divisas).
En el primer bimestre del año, la recaudación nacional acumulada aumentó un 49,1% respecto al primer bimestre del año anterior, es decir, un aumento del 7% real. El impuesto a los Bienes Personales y los Derechos de exportación fueron los que más crecieron en este período, un 216% i.a. real y 129% i.a. real, respectivamente. En el otro extremo se encuentra la recaudación vía seguridad social con un aumento del 25,8% i.a. lo que equivale a una caída del 7% en términos reales.
Estimación de recaudación nacional para el año 2021
En 2021 IERAL estima que la recaudación nacional crezca en 0,5 pp. del PIB, principalmente producto de mayores Derechos de exportación, por la mejora en los precios internacionales e incremento de alícuotas (+0,4%), en conjunto con el impuesto a las grandes fortunas (+0,4%) del cual se supone recaudar la mitad de lo previsto por el gobierno ($150.000 millones) en función de posibles judicializaciones del impuesto.
También crecerán brevemente IVA (por la mejora en la actividad) y la recaudación de impuestos ligados a la seguridad social, debido tanto al crecimiento del PIB como la menor base de comparación: en 2020 hubo meses donde se postergaron pagos.
En cuanto a las mermas, se destaca el impuesto a las Ganancias, por el costo del aumento del MNI para personas físicas, que se aprobaría en el Congreso en próximas semanas.
Distribución Nación – Provincias y estimación de transferencias automáticas a provincias en 2021
Las transferencias automáticas a provincias aumentarán menos que lo que se estima lo hará la recaudación nacional en 2021, por cuanto los tributos que aportarán recursos adicionales, en % del PIB, son no coparticipables con provincias (Derechos de Exportación y Aporte Grandes Fortunas). Esto es, la distribución relativa de recursos tributarios nacionales, entre Nación y Provincias, se inclinará hacia el Poder Central el presente año.
La porción de la recaudación tributaria nacional que quede en manos del gobierno nacional en en 2021 aumentará del 66% a un 68%. La participación de provincias caerá del 34% al 31%, y se producirá una suba adicional para provincia de Buenos Aires del 0,8%, como consecuencia de la creación del Fondo de Fortalecimiento Fiscal de la Provincia de Buenos Aires (FFFPBA). Incluyendo este fondo en los recursos provinciales, el reparto de la recaudación tributaria nacional en 2021 quedará 68% para Nación y 32% para provincias, versus 66% y 34% en 2020.
En el gráfico siguiente se muestra la variación interanual de la recaudación nacional neta de transferencias automáticas a provincias y de las transferencias a provincias. Como se advirtió, en 2021 subirá más la recaudación neta nacional que las transferencias a provincias, con guarismos de 59,8% y 44,2% 1, respectivamente, situación explicada fundamentalmente por dos razones: 1) Creció el coeficiente de coparticipación para Nación, en desmedro de CABA; 2) El grueso de las mejoras en la recaudación en 2021 dependería de tributos no coparticipables, como los Derechos de exportación y Aporte Solidario (grandes fortunas).
Por Luis Brandão-Marques y Gastón Gelos – Las tasas de interés son bajas, y la frase «más bajas durante más tiempo» se ha convertido en una suerte de mantra para los responsables de las políticas económicas, los reguladores y otros observadores del mercado. Pero las tasas de interés negativas plantean una serie de preguntas totalmente nuevas.
Tras ocho años de experiencia con políticas de tasas de interés negativas, el escepticismo inicial (no cabe duda de que pagar intereses a los prestatarios en lugar de a los ahorradores era algo inusitado) se ha demostrado en general infundado. Los datos empíricos recabados hasta la fecha sugieren que las tasas de interés negativas han funcionado.
Desde 2012, varios bancos centrales han introducido políticas de tasas de interés negativas. Los bancos centrales de Dinamarca, la zona del euro, Japón, Suecia y Suiza recurrieron a estas políticas en respuesta a unas tasas de inflación persistentemente inferiores al objetivo (la mayoría de los bancos centrales fijan las tasas de interés en el marco de un mandato más general de mantenimiento de precios estables destinado a respaldar el empleo y el crecimiento económico). Reaccionaban también ante un nivel muy bajo de la «tasa de interés real neutral», que es la tasa de interés real a la que la política monetaria no es ni contractiva ni expansiva. Esta decisión obedeció a los problemas que los bancos centrales tenían para estimular la inflación pese a haber rebajado ya las tasas de interés hasta cero.
Los efectos de la crisis de la COVID-19, en un contexto en el que muchos bancos centrales carecen de margen de maniobra, han devuelto al primer plano las políticas de tasas de interés negativas.
En general, estas políticas han relajado las condiciones financieras y, de paso, es probable que también hayan respaldado el crecimiento y la inflación. Sin embargo, las tasas de interés negativas continúan siendo controvertidas desde el punto de vista político, en parte porque con frecuencia no se comprenden bien.
Territorio desconocido
Cuando se introdujeron, fueron muchos los que pusieron en duda que las políticas de tasas de interés negativas fueran a dar los resultados apetecidos.
Preocupaban los riesgos, dado que esta medida nunca se había aplicado y, en muchos sentidos, parecía contraria a la lógica. ¿Iban bancos, hogares y empresas a reaccionar a esta nueva política pasándose en masa al efectivo, lo que debilitaría el vínculo entre las tasas de los bancos centrales y otras tasas de interés? ¿Se resistirían los bancos a bajar las tasas de los préstamos, o incluso reducirían el crédito para evitar una caída de sus beneficios? ¿Lograrían las políticas de tasas de interés negativas proporcionar un estímulo monetario significativo?
También se temían los posibles efectos secundarios de estas políticas novedosas. Los principales motivos de preocupación eran los riesgos para la estabilidad financiera derivados de la menor rentabilidad de los bancos y las posibles perturbaciones del funcionamiento de los mercados financieros y los fondos del mercado monetario.
Si nos atenemos a la evidencia recabada hasta la fecha, la mayoría de estos temores no se han materializado. Las políticas de tasas de interés negativas han demostrado que pueden estimular la inflación y el producto casi tanto como recortes convencionales de las tasas de interés de magnitud comparable y otras políticas monetarias no convencionales. Por ejemplo, algunos autores estiman que las políticas de tasas de interés negativas alcanzaron una efectividad de hasta el 90% de la efectividad de la política monetaria convencional. Además, propiciaron un descenso de las tasas del mercado monetario, los rendimientos a largo plazo y las tasas bancarias.
Las tasas de interés de depósito aplicables a los depósitos corporativos han caído más que las de los depósitos minoristas, ya que pasarse al efectivo resulta más costoso para las empresas que para los particulares. En general, los volúmenes de crédito de los bancos han aumentado. Y, dado que no se ha producido un desplazamiento claro hacia el efectivo de los bancos ni de sus clientes, es probable que las tasas de interés puedan adentrarse aún más en territorio negativo antes de que eso ocurra.
Hasta ahora, todo bien
Hasta la fecha, cualquier efecto adverso sobre la rentabilidad bancaria y la estabilidad financiera ha sido limitado.
En general, los beneficios de los bancos no se han deteriorado, aunque las entidades que dependen más del financiamiento mediante depósitos — y también los bancos más pequeños y especializados— se han resentido más. Los bancos de mayor tamaño han incrementado su actividad de préstamo, han introducido comisiones en las cuentas de depósito y han logrado ganancias de capital. Por supuesto, es posible que la ausencia de un impacto significativo sobre la rentabilidad de los bancos se deba sobre todo a que estamos ante efectos a corto plazo, que podrían cambiar de tendencia con el tiempo. También es posible que surjan efectos secundarios si las tasas oficiales se tornan aún más negativas.
Los fondos del mercado monetario de los países que han adoptado políticas de tasas de interés negativas no se han derrumbado. Es más, incluso si el contexto actual de «tasas más bajas durante más tiempo» llega a generar problemas sustanciales para la estabilidad financiera (al provocar una búsqueda de rendimiento o una excesiva asunción de riesgos por parte de las instituciones financieras), no parece que las políticas de tasas de interés negativas per se hayan agravado el problema. Por ejemplo, la asunción de riesgos de los bancos no parece haber aumentado de forma excesiva.
Ante estos datos, ¿por qué no se han sumado a esta tendencia más bancos centrales? Probablemente, los motivos estén relacionados con características institucionales y otras particularidades nacionales. Las limitaciones institucionales y jurídicas pueden tener algo que ver, y algunos sistemas financieros —por su estructura o su interconexión con los mercados financieros mundiales —pueden ser más propensos a sufrir efectos secundarios adversos derivados de políticas de tasas de interés negativas. Por ejemplo, los países con gran número de bancos pequeños que dependen más de los depósitos de los hogares como fuente principal de financiamiento pueden mostrarse más reacios a adoptar tasas de interés negativas.
Incluso los bancos centrales que sí han optado por este tipo de política han avanzado poco a poco, aplicando normalmente pequeños recortes de tasas, ante el riesgo de que los efectos secundarios negativos se hagan más evidentes si la política de tasas negativas se prolonga mucho o si las tasas alcanzan un nivel muy negativo.
En resumen, los datos empíricos recabados hasta ahora indican que las políticas de tasas de interés negativas han logrado relajar las condiciones financieras sin plantear riesgos sustanciales para la estabilidad financiera. Por lo tanto, es posible que los bancos centrales que adoptaron tasas negativas puedan seguir bajándolas. Y los que no lo hicieron no deberían descartar incorporar una política de este tipo a su conjunto de herramientas, incluso si no esperan llegar a utilizarla.
En última instancia, dado el bajo nivel de la tasa de interés real neutral, muchos bancos centrales pueden verse obligados a plantearse, antes o después, la adopción de políticas de tasas de interés negativas.
Este artículo del blog se basa en el trabajo de Luis Brandão-Marques, Marco Casiraghi, Gastón Gelos, Gunes Kamber y Roland Meeks.