CIENCIA

Diez estudiantes argentinos ganaron el mundial aeroespacial organizado por la NASA

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Por primera vez en la historia del certamen, un equipo latinoamericano conquistó la cima del CanSat Competition, un prestigioso torneo internacional de ingeniería organizado por la American Astronautical Society con respaldo de la NASA, Lockheed Martin y Siemens. El grupo de diez estudiantes del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) fue el gran campeón de la edición 2025, que se llevó a cabo del 3 al 9 de junio en Virginia, Estados Unidos.

La competencia recrea todo el ciclo de una misión espacial: desde la idea inicial hasta el diseño, la construcción, el lanzamiento y el análisis de datos. El objetivo: desarrollar un satélite del tamaño de una lata de gaseosa, capaz de transmitir datos en tiempo real, grabar video aéreo y medir variables como presión y temperatura durante su descenso desde 700 metros.

Durante la fase final, los estudiantes argentinos lograron que su dispositivo cumpliera cada requerimiento técnico. La misión fue ejecutada con precisión milimétrica y evaluada por ingenieros con experiencia en la NASA. Así, el ITBA superó a universidades de Estados Unidos, Polonia, Turquía y México, y obtuvo la mayor puntuación general del certamen.

Un equipo diverso, creativo y autogestivo

El grupo estuvo conformado por estudiantes de Ingeniería Mecánica, Electrónica, Industrial, Informática y Bioingeniería. La mayoría cursa sus estudios en la Ciudad de Buenos Aires, aunque el equipo tiene integrantes de otras provincias del país.

Uno de ellos es Agustín Martínez Haarth, oriundo de General Alvear, Mendoza, estudiante de Bioingeniería con una trayectoria destacada en competencias científicas: fue Medalla de Oro en la Olimpíada Argentina de Biología y ganador de la Olimpíada Argentina de Tecnología. Su experiencia técnica fue clave durante el proceso.

El proyecto se gestó como una iniciativa extracurricular a comienzos de año, sin ser parte de la currícula obligatoria. Cada estudiante asumió un rol dentro de subgrupos de trabajo en áreas como estructuras, hardware, software y logística.

“Tenemos un equipo que abunda en creatividad, conocimiento y persistencia”, destacó Santiago Bolzicco, estudiante de Ingeniería Industrial y líder del grupo.

Varios de los integrantes habían participado en ediciones anteriores. En 2024, el ITBA había quedado quinto, detrás de universidades de Estados Unidos y Europa. Este año, tras obtener un 99% de cumplimiento técnico en la primera etapa, accedieron a la final entre los cinco mejores del mundo y lograron consagrarse.

Orgullo argentino y visión de futuro

La participación fue posible gracias al apoyo del ITBA y a la autogestión de los propios estudiantes, que organizaron el viaje con el respaldo de la Cancillería Argentina y la marca país. “Muchos de nosotros somos becados, sin sponsors hubiera sido muy difícil viajar”, remarcó Daniela Maradei, estudiante de Ingeniería Mecánica.

“La competencia busca replicar cómo se trabaja en la industria aeroespacial real”, explicó Thomas Marthi, estudiante de Ingeniería Electrónica, al detallar el funcionamiento del satélite: “Se lanza a 700 metros, se abre y gira como un helicóptero. Usamos una antena direccional para capturar los datos en vuelo”.

Más allá del triunfo, los estudiantes valoran el aprendizaje, los vínculos internacionales y la posibilidad de haber sido evaluados por referentes del sector aeroespacial. “Nos evaluaron personas con cargos clave en la NASA. Fue un honor”, resumió Maradei.

El triunfo del ITBA es también un hito para la educación superior argentina. Muestra que, aún con recursos limitados y desde una universidad sudamericana, es posible liderar desarrollos tecnológicos de vanguardia a escala global.

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Se invierten cerca de USD 750 millones en investigación y están llevándose a cabo más de 1.000 estudios clínicos en Argentina

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Cada avance médico que hoy damos por sentado -desde una vacuna hasta una droga para el manejo del cáncer- fue posible gracias a la investigación clínica. En el marco de su día mundial, que se conmemora el 20 de mayo, CAEMe destaca el impacto real de esta actividad en la salud de millones de personas, el compromiso de quienes la impulsan y el papel central que cumple en el desarrollo de medicamentos seguros, eficaces y de calidad.

La investigación clínica es mucho más que un proceso científico: es una puerta abierta a nuevas posibilidades cuando todo parece haberse agotado. Para muchos pacientes, representa la oportunidad de acceder a tratamientos innovadores antes de que estén disponibles comercialmente, especialmente en casos de enfermedades que no tienen opciones terapéuticas aprobadas o en las que los medicamentos que existen ya no hacen efecto. Para sus familias, puede significar la esperanza que necesitaban para seguir adelante.

“Gracias a la investigación clínica, hoy existen tratamientos para enfermedades que antes eran incurables. Cada ensayo clínico es una oportunidad para mejorar, aliviar o inclusive salvar una vida. Valoramos enormemente la confianza de cada voluntario que decide participar: sin ellos, los continuos avances de la medicina no serían posibles”, afirmó la Dra. Susana Baldini, Directora Médica de CAEMe.

Actualmente, las compañías asociadas a CAEMe (incluyendo a CAOIC) están llevando a cabo en el país más de 1000 ensayos clínicos. Recientemente, se publicó el informe sobre I+D de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología de la Nación, que mostró que en 2023 la inversión en investigación clínica fue de 750 millones de dólares, cifra que representa el 46% del total invertido en I+D por el sector empresarial argentino (por ej. software y químicos, entre otros). 

De las 57 compañías relevadas en el informe, 28 están asociadas a CAEMe (incluyendo a CAOIC) y explican el 93% de la inversión y el 85% del capital humano involucrado.

Las cifras reflejan que esta actividad productiva de la economía del conocimiento atrae la inversión extranjera generando ingreso genuino de dólares (9,5 de cada 10 dólares que ingresan al país a través de actividades de I+D, provienen del sector de investigación clínica).

Los estudios clínicos se llevan a cabo siguiendo rigurosos estándares internacionales, tanto a nivel ético como de calidad, cuidando la seguridad de los participantes. Al mismo tiempo se realiza el desarrollo farmacéutico y analítico del futuro medicamento, para que al llegar a las manos de quien lo necesita, esté garantizada su seguridad, eficacia y calidad.

Además de los beneficios particulares, los estudios farmacológicos aportan a la construcción de conocimiento médico para toda la sociedad. “Lo que aprendemos hoy puede salvar vidas mañana. La información que se genera en cada investigación nos permite entender mejor las enfermedades y diseñar terapias más efectivas para las próximas generaciones”, sostuvo la Dra. Baldini. 

Por otro lado, la investigación clínica tiene un impacto positivo en el sistema de salud en su conjunto: permite la formación continua de los profesionales de salud, que acceden a capacitación, tecnología y protocolos internacionales de alto nivel. También fortalece a las instituciones que participan, dotándolas de infraestructura, recursos y vínculos con centros de excelencia global. En 2023, los asociados de CAEMe y CAOIC celebraron alrededor de 4000 contratos para el desarrollo de investigación clínica. 

Este esfuerzo es posible gracias al compromiso sostenido de la comunidad científica, los equipos profesionales, centros de salud, organismos regulatorios, comités de ética y, fundamentalmente, las personas que confían en la ciencia y participan activamente de los estudios. 

“Cuando un paciente participa en una investigación, se convierte en parte del cambio. No se trata solo de datos: se trata de historias reales, de personas que apuestan al futuro, a la contribución para vivir mejor y generar nuevo conocimiento”, subrayó. 

Desde CAEMe, remarcaron además que “la investigación clínica es el origen del desarrollo de medicamentos innovadores, siendo un pilar imprescindible para garantizar que los medicamentos aprobados sean seguros, eficaces y de calidad. La investigación clínica brinda el respaldo a las terapias que resultan de años de trabajo riguroso de miles de profesionales, y del compromiso de quienes impulsan esta actividad, invirtiendo sostenidamente en ella”.
Por eso, ante una enfermedad o un diagnóstico complejo, saber que existen estudios clínicos en marcha puede marcar una diferencia. Detrás de cada tratamiento, hay ciencia, años de desarrollo, tecnología de punta y, sobre todo, un objetivo común: mejorar la vida de las personas.

Ante cualquier duda sobre la posibilidad de participar en un estudio clínico, se recomienda siempre consultar con un médico de confianza.

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Descubren proteínas clave para comprender la forma progresiva de la esclerosis múltiple

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Un equipo de investigación de la Fundación Instituto Leloir (FIL) y el CONICET identificó un conjunto de proteínas potencialmente útiles como biomarcadores para diagnosticar el compromiso cortical en la forma progresiva de la esclerosis múltiple, así como posibles blancos terapéuticos. Los resultados, obtenidos a partir de un modelo animal desarrollado en la FIL, fueron publicados recientemente en la revista Frontiers in Immunology.

A diferencia de la esclerosis múltiple recurrente-remitente —la variante más frecuente y con mayores opciones terapéuticas—, la forma progresiva de la enfermedad presenta un deterioro más severo y sostenido, tanto físico como cognitivo. Esta variante compromete principalmente la corteza cerebral y actualmente no cuenta con tratamientos específicos que puedan detener su avance.

El grupo de investigación, liderado por la doctora en Ciencias Biológicas Carina Ferrari y la médica neuróloga Berenice Silva, analizó las proteínas presentes tanto en lesiones corticales como en líquido cefalorraquídeo, utilizando un modelo experimental previamente validado. “En 2018 presentamos en una revista internacional este modelo animal, que reproduce de forma precisa los aspectos clínicos, patológicos y radiológicos más discapacitantes de la esclerosis múltiple progresiva, incluyendo la degeneración neuronal sostenida”, explicó Silva.

Gracias a técnicas de proteómica, se logró establecer un perfil molecular de los procesos que intervienen en la neurodegeneración, la inflamación y la desmielinización. “Identificamos 16 proteínas novedosas en tejido cortical y siete en líquido cefalorraquídeo que hasta ahora no se habían vinculado con esta variante de la enfermedad”, indicó Silva.

Entre las moléculas detectadas, dos resultaron especialmente relevantes: orosomucoid-1 y S100A8, que mostraron niveles significativamente elevados en ambos tipos de muestras. Según detalló Ferrari, “estas proteínas podrían estar desempeñando un rol central en el proceso neurodegenerativo, y si se confirma su participación, podrían convertirse en dianas terapéuticas para frenar la progresión del daño cortical”.

Un modelo animal único en su tipo

El modelo desarrollado por el equipo de la FIL es uno de los cuatro en el mundo capaces de reproducir lesiones corticales sostenidas, y se destaca por su capacidad de generar daño persistente en la corteza cerebral durante más de 60 días, así como por su capacidad de inducir “lesión crónica activa” mediante estímulos inflamatorios periféricos. Esta última forma de lesión es reconocida como una de las principales causas de discapacidad en pacientes con esclerosis múltiple progresiva.

“Este modelo no solo reproduce con precisión la patología cortical, sino que además exhibe perfiles proteicos similares a los observados en modelos ampliamente validados, como la encefalomielitis autoinmune experimental (EAE), que sirvió de base para el desarrollo de varios tratamientos actuales”, destacó Silva.

Análisis internacional y futuro terapéutico

El estudio incluyó el envío de tejidos lesionados a centros especializados en España, donde se realizaron los análisis proteómicos de alta resolución. En total, se identificaron cerca de 6.000 proteínas en tejido cerebral y 4.000 en líquido cefalorraquídeo. Posteriores análisis estadísticos permitieron reducir esas cifras a un listado más específico: 45 proteínas en tejido y 48 en líquido, dentro de las cuales se seleccionaron las candidatas más prometedoras.

El siguiente paso será validar estos hallazgos mediante técnicas complementarias, como inmunohistoquímica para el tejido cerebral y ELISA para el líquido cefalorraquídeo. Esta etapa ya se encuentra en marcha en la FIL.

“Si se demuestra que estas proteínas cumplen una función determinante en la patología, se abre la posibilidad de desarrollar terapias dirigidas. Por ejemplo, si orosomucoid-1 está sobreexpresada, podría buscarse un compuesto que inhiba su producción”, explicó Ferrari antes de iniciar el proceso de validación.

Un legado científico y humano

La investigación fue posible gracias a un subsidio otorgado por la empresa farmacéutica Biogen, que financió la etapa preclínica del estudio. Para avanzar en ensayos con pacientes, el equipo se encuentra en la búsqueda de nuevos fondos, en un contexto nacional complejo para la investigación científica. “El paso de la validación en modelos animales al ensayo clínico en humanos es imprescindible para que estos descubrimientos puedan traducirse en tratamientos concretos”, coincidieron Ferrari y Silva.

Cabe señalar que la doctora Carina Ferrari, quien lideró esta investigación, falleció el pasado 27 de abril. A pesar de su delicado estado de salud, participó activamente en las etapas finales del estudio. Su compromiso con la ciencia y su pasión por la investigación se mantuvieron intactos hasta el último momento, dejando un legado valioso para la comunidad científica y para las personas que conviven con esta enfermedad.

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Una nueva estrategia para combatir la brucelosis porcina

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Investigadoras de la Fundación Instituto Leloir y científicos del Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral (IDEHU), dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CONICET, desarrollaron un enfoque innovador que podría abrir el camino al desarrollo de una vacuna contra la brucelosis porcina, una enfermedad zoonótica que representa un grave problema sanitario y económico en la Argentina y el mundo. El estudio fue publicado en la revista Frontiers in Immunology.

La brucelosis es causada por bacterias del género Brucella, que afectan a animales como bovinos, caprinos y porcinos, y pueden transmitirse a los seres humanos. Aunque existen vacunas preventivas para vacas y cabras, no hay aún inmunización disponible para cerdos ni para personas.

El nuevo enfoque se basa en el uso de vesículas de membrana externa (OMVs, por sus siglas en inglés), pequeñas estructuras liberadas naturalmente por la bacteria Brucella suis. Estas vesículas contienen componentes bacterianos capaces de estimular el sistema inmunológico sin provocar la enfermedad, por lo que se consideran candidatas prometedoras para vacunas acelulares.

“Este avance representa un paso significativo hacia el desarrollo de una vacuna contra la brucelosis porcina, lo que podría contribuir al control de la transmisión de la bacteria y mitigar su impacto en la salud pública y en la producción animal”, señaló la doctora en Química Biológica Magalí Bialer, primera autora del estudio junto con la biotecnóloga Florencia Muñoz González.

En el desarrollo del trabajo, el equipo científico estudió una proteína llamada MapB, presente en la membrana de Brucella suis, que cumple un rol clave en la integridad de la envoltura celular de la bacteria. “Es un posible blanco para nuevas estrategias preventivas”, explicó la biotecnóloga Mariana C. Ferrero, coautora del estudio. La investigación fue coordinada conjuntamente con la doctora en Ciencias Químicas Ángeles Zorreguieta, jefa del Laboratorio de Microbiología Molecular y Celular de la Fundación Instituto Leloir.

En la Argentina, Brucella suis es la especie que se aísla con mayor frecuencia en pacientes humanos con brucelosis, y su principal reservorio son los cerdos.

El equipo comparó las OMVs obtenidas de una cepa normal de Brucella suis con las de una cepa modificada genéticamente para que no expresara la proteína MapB. Luego se evaluó su capacidad de inducir una respuesta inmune en modelos murinos. Los resultados indicaron que las vesículas de la cepa modificada generaron una respuesta inmunológica más robusta y, al exponer a los animales a la bacteria, se observó una menor carga infecciosa en los vacunados.

Además, se analizaron sueros de cerdos infectados naturalmente con Brucella suis, los cuales reconocieron los antígenos presentes en las OMVs. Este hallazgo sugiere que las vesículas contienen los componentes necesarios para activar el sistema inmunológico en el hospedador natural.

El director del IDEHU y coautor del trabajo, el bioquímico Pablo Baldi, destacó: “Nuestros hallazgos indican que las OMVs son candidatas vacunales prometedoras, ya que inducen una respuesta inmune potente y brindan protección frente a la infección con Brucella suis”.

Un enfoque integral: “Una Salud”

La Organización Mundial de la Salud (OMS) promueve el concepto de “Una Salud”, que reconoce la interdependencia entre la salud humana, animal, vegetal y ambiental. Bajo esta perspectiva, la brucelosis es una enfermedad que afecta simultáneamente a animales y personas, y cuya prevención requiere estrategias interdisciplinarias.

La infección humana puede producirse por contacto directo con animales infectados, por consumo de productos lácteos sin pasteurizar o mediante la inhalación de partículas contaminadas. Si bien el contagio entre personas es raro, se han registrado casos por transmisión perinatal. La enfermedad provoca síntomas como fiebre prolongada, sudoración excesiva, debilidad, dolor muscular y articular, entre otros, y puede volverse incapacitante si no se trata adecuadamente.

La brucelosis está presente en todo el mundo. En la Argentina, el primer caso fue reportado en 1922 y desde 1960 es de notificación obligatoria. Según datos del Boletín Epidemiológico Nacional, en 2023 se registró el mayor número de casos confirmados del período 2019-2023. Brucella suis fue la especie más frecuente (60% de los casos), seguida por Brucella abortus (17%) y Brucella melitensis (13%).

A nivel global, se notifican anualmente cerca de 500.000 casos, y se estima que 2.400 millones de personas están en riesgo de contraer la enfermedad.

Una contribución con impacto regional y global

El desarrollo de vacunas más seguras y eficaces resulta fundamental para avanzar en el control de enfermedades zoonóticas como la brucelosis, que afectan la producción ganadera, la salud de las comunidades rurales y la seguridad alimentaria. El avance logrado por este equipo científico argentino refuerza el compromiso de la investigación nacional con los desafíos sanitarios globales.

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Los científicos reviven al lobo gigante de Game of Thrones, o algo parecido

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Por Carl Zimmer, New York Times. Durante más de una década, los científicos han perseguido la idea de revivir especies extintas, un proceso que a veces se denomina desextinción. Ahora, una empresa llamada Colossal Biosciences parece haberlo conseguido, o algo cercano, con el lobo gigante, una especie extinta que se hizo famosa por inspirar a los lobos huargos de la serie de televisión Juego de Tronos.

En 2021, otro equipo de científicos consiguió recuperar ADN de los fósiles de lobos gigantes, que se extinguieron hace unos 13.000 años. Con el descubrimiento de ADN adicional, los investigadores de Colossal han editado 20 genes de lobos grises para imbuir a los animales de características clave de los lobos gigantes. Después crearon embriones a partir de las células editadas de lobo gris, los implantaron en madres sustitutas caninas y esperaron a que dieran a luz.

El resultado son tres lobos sanos —dos machos de 6 meses y una hembra de 2 meses, llamados Rómulo, Remo y Khaleesi— que tienen algunos rasgos de los lobos gigantes.

Para empezar, son grandes y tienen un pelaje denso y pálido que no tienen los lobos grises. Colossal, valorada en 10.000 millones de dólares en enero, mantiene a los lobos en una instalación privada de más de 800 hectáreas en un lugar no revelado del norte de Estados Unidos.

Beth Shapiro, directora científica de Colossal, describió las crías de lobo como el primer caso de éxito de desextinción. “Estamos creando copias funcionales de algo que solía estar vivo”, dijo en una entrevista.

Los animales permanecerán en cautiverio. Pero la tecnología que ha desarrollado la empresa podría ayudar a conservar especies que aún no se han extinguido, como el lobo rojo, en peligro crítico de extinción, que se limita en gran medida a Carolina del Norte.

En 2022, se descubrieron híbridos de lobo rojo y coyote en Texas y Luisiana. El lunes, Colossal también anunció que había producido cuatro clones a partir de los híbridos. Hipotéticamente, la introducción de estos clones en Carolina del Norte podría mejorar la diversidad genética de la población de lobos rojos de allí y ayudar a la especie a evitar la extinción.

A lo largo de los años, los científicos han propuesto diversas formas de revivir una especie perdida. Supongamos, por ejemplo, que recuperaran una célula intacta del cadáver congelado de un mamut lanudo. Quizá la célula pudiera descongelarse y utilizarse para crear un clon de mamut.

Los empresarios y científicos que pusieron en marcha Colossal en 2021 tomaron un camino diferente. Analizaron el ADN antiguo para identificar las mutaciones clave que diferenciaban a las especies extintas de sus parientes vivos. A continuación, los investigadores modificarían el ADN de un pariente vivo y utilizarían esos genes para producir animales viables. Los animales revividos no serían genéticamente idénticos a la especie extinta, pero sí lo serían en aspectos cruciales.

Colossal inició experimentos de gran repercusión con mamuts lanudos y el dodo, un ave no voladora que se extinguió hace tres siglos. Entonces surgieron los retos.

Por un lado, mientras que es relativamente fácil hacer una sola edición en el ADN de un animal, los científicos esperaban hacer decenas de ediciones. Luego estaba la cuestión de producir animales a partir del ADN editado. Los investigadores de Colossal preveían criar fetos de mamut en elefantes asiáticos, pero nadie había realizado nunca una fecundación in vitro con elefantes. Para resucitar a un dodo, tendrían que maniobrar de algún modo para introducir un embrión de ave modificado en un huevo de cáscara dura.

En 2023, el equipo de Colossal empezó a centrarse en los lobos gigantes como especie objetivo potencialmente más fácil. Los lobos gigantes están emparentados con los perros, por lo que los científicos podrían aprovechar los años de investigación sobre la clonación de perros y la implantación de embriones caninos.

“Hemos trabajado mucho con perros, porque la gente adora al lobo gris domesticado”, dijo Shapiro.

Shapiro, quien se incorporó a Colossal en 2024, formó parte del equipo que recuperó por primera vez ADN de lobo gigante a partir de fósiles, en 2021. Pero aquel trabajo solo recuperó restos de material genético. En Colossal, ella y sus colegas decidieron buscar más ADN de lobo gigante, con la esperanza de comprender mejor la biología de la especie extinta, y tal vez revivir el animal.

“Era el camino más sencillo para obtener un resultado predecible”, dijo Shapiro.

El equipo echó un nuevo vistazo a los fósiles de lobo gigante, utilizando nuevos métodos para aislar el ADN. Esta vez dieron en el clavo, descubriendo abundante material genético en dos fósiles: un diente de 13.000 años de Ohio y un cráneo de 72.000 años de Idaho. Los genomas de lobo gigante permitieron a Shapiro y sus colegas reconstruir la historia de los lobos gigantes con mayor detalle.

Los lobos gigantes resultaron pertenecer al mismo linaje que dio origen a los lobos, chacales y perros salvajes africanos que viven en la actualidad. El lobo gigante se separó de la rama principal hace unos 4,5 millones de años. Posteriormente, hace unos 2,6 millones de años, los lobos gigantes se cruzaron con otras especies, incluidos los antepasados de los actuales lobos grises y coyotes.

Los lobos gigantes dominaron el sur de Canadá y Estados Unidos, según Julie Meachen, paleontóloga de la Universidad de Des Moines, quien trabajó en el proyecto del ADN antiguo. Y superaban a los lobos grises, siendo un 25 por ciento más grandes y poseyendo enormes dientes y mandíbulas. Cazaban caballos, bisontes y posiblemente mamuts. Cuando muchas de esas especies de presa se extinguieron —probablemente en parte a causa de los cazadores humanos—, el lobo gigante pudo quedar amenazado, y el lobo gris se extendió desde el norte de Canadá y Alaska para llenar el vacío ecológico.

Según Meachen y sus colegas, los lobos gigantes y los lobos grises son genéticamente idénticos en más de un 99 por ciento. Ochenta genes eran radicalmente distintos; se sabe que algunos influyen en el tamaño de perros y lobos vivos, lo que sugiere que eran responsables de los grandes cuerpos de los lobos gigantes.

Más sorprendente fue el descubrimiento de que los lobos gigantes portaban genes para un pelaje de color claro, y el pelo era probablemente grueso y denso. Shapiro y sus colegas están preparando un artículo en el que describirán estos resultados.

Con una lista de genes de lobo gigante en la mano, los científicos de Colossal empezaron su proyecto de desextinción.

En primer lugar, aislaron células de la sangre de lobos grises y las cultivaron en una placa. Allí, alteraron el ADN del lobo.

Hace diez años, los científicos modificaron un único gen en los beagles para darles grandes músculos. Desde entonces, los investigadores han aprendido a editar varios genes a la vez en el ADN de los mamíferos. Para el proyecto del lobo gigante, el equipo de Colossal se propuso editar 20 genes, llevando la tecnología a sus límites actuales.

Los científicos introdujeron mutaciones de lobo gigante en 15 genes. Pero no introdujeron las cinco restantes, porque estudios anteriores habían demostrado que esas cinco mutaciones causan sordera y ceguera en los lobos grises.

Así que el equipo de Colossal encontró mutaciones de esos cinco genes que están presentes en perros y lobos grises sin causar enfermedades. Introdujeron esas cinco mutaciones de reserva en las células del lobo gris.

“Hay que caminar por una línea muy fina”, dijo Shapiro. “Quieres poder resucitar estos fenotipos, pero no quieres hacer algo que vaya a ser malo para el animal”.

Después, los investigadores transfirieron el ADN editado de las células sanguíneas de lobo gris a un óvulo vacío de perro. Crearon decenas de estos óvulos, que implantaron en perras grandes que sirvieron de madres sustitutas.

La mayoría de los embriones no se desarrollaron, pero nacieron cuatro cachorros. Uno murió de una ruptura intestinal a los 10 días, pero la autopsia demostró que la muerte no se debía a una mutación perjudicial.

Matt James, jefe de animales de Colossal, supervisó los embarazos y los nacimientos. Supo que los experimentos habían sido un éxito en cuanto vio el pelaje blanco de una cría.

“Ese primer destello de blanco fue una auténtica bofetada en la cara”, dijo James. “Se me quedará grabado en la memoria para siempre”.

Un investigador sostiene a Rómulo y Remo, dos cachorros de lobo con genes de lobo gigante.Credit… Colossal Biosciences

Dos de los cachorros, Rómulo y Remo, deben su nombre a los míticos fundadores de Roma, quienes fueron criados por una loba. El tercer cachorro, Khaleesi, debe su nombre a un personaje principal de Juego de Tronos.

James dijo que los lobos eran un 20 por ciento más grandes que los lobos grises de su edad. No solo tienen el pelaje blanco y grueso, sino que también lucen una cola inusualmente tupida y vello en forma de melena alrededor del cuello.

Los investigadores esperan ver cómo crecen los lobos y están atentos a cualquier cambio inesperado en su biología. “Estoy fascinada por ver qué ocurre”, dijo Shapiro.

Añadió que es poco probable que los animales revelen mucho sobre el comportamiento de los lobos gigantes, dada su cría en cautiverio.

“Me encantaría conocer el comportamiento natural de un lobo gigante”, dijo. “Pero esencialmente viven el estilo de vida Ritz Carlton de un lobo. No pueden clavarse una astilla sin que lo sepamos”.

Adam Boyko, genetista de la Universidad de Cornell que no participó en el proyecto, dijo: “Es emocionante que podamos hacer versiones funcionales de especies extintas”. Pero no consideró que Rómulo, Remo y Khaleesi fueran verdaderos lobos gigantes resucitados. No están siendo criados en manadas de lobos gigantes, donde podrían aprender el comportamiento de esos lobos, señaló Boyko. Y no están comiendo una dieta antigua, por lo que no están adquiriendo el conjunto único de microbios intestinales de sus antepasados.

Los animales portan 20 genes de lobo gigante, lo que podría revelar algo sobre la biología de la especie extinta. Pero Boyko especuló que muchos otros genes también contribuyeron a diferenciarlos de otros lobos. “No sabemos cuál es ese número”, dijo. “Podrían ser 20, o podrían ser 2000″.

Colossal ha colaborado con varias comunidades nativas americanas de Estados Unidos. La Nación MHA (Mandan, Hidatsa y Arikara) de Dakota del Norte ha manifestado su interés por el proyecto del lobo gigante. “Su presencia nos recordaría nuestra responsabilidad como administradores de la Tierra”, dijo Mark Fox, presidente tribal de la Nación MHA en una declaración difundida por la empresa.

Pero si realmente se introdujeran en la naturaleza animales con ADN de lobo gigante, tendrían que sobrevivir en un mundo drásticamente distinto al de la era glacial. Los enormes animales en cuya caza se especializaban los lobos gigantes se han extinguido o sobreviven en pequeñas poblaciones. Cualquier lobo gigante resucitado y en libertad tendría que recurrir a presas más pequeñas y, potencialmente, competir con los lobos grises.

Por su parte, los lobos grises y los lobos rojos se enfrentan a amenazas, incluida la caza, a las que no puede hacer frente ningún ingenio genético.

El mes pasado, 60 organizaciones ecologistas protestaron contra un proyecto de ley presentado en el Congreso de Estados Unidos que eliminaría a los lobos grises de la lista de especies en peligro de extinción, un cambio que podría provocar más muertes por caza, advirtieron los grupos.

“Si se convierte en ley, el proyecto firmaría efectivamente sentencias de muerte para miles de lobos en todo el país”, escribieron.

Meachen, quien no participó en la creación de las crías de lobo, dijo que tenía sentimientos encontrados respecto al esfuerzo de desextinción. “Todos mis sentimientos de niña pequeña me dicen que quiero ver cómo son”, dijo. “Pero tengo dudas. Tenemos problemas con los lobos que tenemos hoy”.

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