EN FOCO

En Corrientes, el boleto subirá a 204,45 pesos, más del doble que en Posadas

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Después de muchas negociaciones, finalmente el boleto del transporte urbano aumentará en Corrientes. Desde septiembre valdrá 204,45 pesos, de acuerdo a lo que aprobó el Concejo Deliberante de la capital correntina. Los empresarios habían pedido un boleto de $360,73 y el intendente capitalino, al menos por ahora, habilitó un suba de $204,45.

El último aumento en Corrientes se había dado en los primeros días de enero pasado cuando la tarifa plana quedó en $96,40 siendo la más cara del nordeste argentino. Ahora, con la nueva suba volverá a ese primer puesto.

El aumento efectivamente coloca a Corrientes como la capital con el boleto más caro del Norte. En Resistencia por el servicio se pagan 75 pesos. En Posadas desde hoy vale 90 con SUBE y 120 sin el plástico. En Formosa se paga un poco 84 pesos.

La suba en Corrientes refleja la enorme disparidad entre el costo del transporte en la Argentina. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde se ejecuta la mayor parte de los subsidios al transporte, se aplicó un aumento de 5,8%, por lo que el boleto mínimo de colectivo pasó a costar $ 52,96.

El nuevo cuadro tarifario para el transporte público de pasajeros por automotor del AMBA se actualiza mensualmente y el aumento en agosto es del 5,8% para colectivos, por lo cual el boleto mínimo (entre 0 y 3 kilómetros) pasó a costar $ 52,96 mientras que el tramo de 3 a 6 km, $ 59; el de 6 a 12 kilómetros, $ 63,54; de 12 a 27 km, a $ 68,09; y el de más de 27 km, $ 72,61.

Los precios de la región

Corrientes 200,45

Santa Fe 120 pesos

Rosario 120 pesos

Paraná 117,20

Misiones 90 pesos con SUBE, 120 sin SUBE

Formosa 84 pesos

Tucumán 84 pesos (están en negociaciones para subir a 120)

Chaco 75 pesos

Santiago del Estero 70 pesos 

Catamarca 70 pesos

Jujuy: 69,89 pesos

Salta 61,50 pesos (están en negociaciones para subir)

La Rioja 60 pesos

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Encuesta: ocho de cada 10 hombres rompen con los viejos patrones de paternidad

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Desde hace ya un tiempo algo está cambiando en los hogares. Las nuevas dinámicas familiares y una nueva mentalidad frente a las tareas de cuidado y la corresponsabilidad están equiparando la crianza de los hijos por parte de hombres y mujeres. Hay una tendencia creciente a que el hombre asuma un rol más activo frente a la educación y la atención de sus hijos y en muchas familias ya es común ver que se hacen cargo de la crianza de sus hijos y de las tareas domésticas en condiciones similares a su pareja. Después de varias décadas en que ellas fueron las únicas responsables del cuidado, a partir de su creciente incorporación en el mercado laboral, y teniendo que conciliar el trabajo dentro y fuera de casa, ahora son “ellos”, los hombres, los que se muestran más atentos a la rutina familiar, más responsables con sus hijos y buscando nuevas maneras de paternar para transformar la responsabilidad en tiempo de calidad.

Para conocer el nuevo rol de los padres y cómo viven su paternidad, Matías Criado (Psicólogo – Perspectiva de género) y Diego Pins (Counselor – Facilitador de Disciplina Positiva), creadores de la cuenta de Instagram @paternando.ok realizaron una encuesta a padres, cuyos resultados permiten entender el rol activo de los varones en los últimos años en relación a la crianza de sus hijos, avanzando así hacia la concepción de un “nuevo padre” versus los modelos que sostenían las generaciones anteriores.

Según la encuesta, el 76% asegura haber tenido muy pocos o ningún modelo positivo de crianza; aún más, el 52% reconoció no estar repitiendo los mismos patrones de crianza que recibieron ellos; y el 78% afirma que siente que lo está haciendo mejor que sus propios padres.

“El crecimiento de la mujer en el mercado laboral y el empoderamiento del género femenino, dejó en evidencia una responsabilidad que hasta hace poco no era compartida e invitó a los hombres a recoger un guante que siempre estuvo en el piso”, afirma Johanna Gambardella, Directora Creativa y Co-Fundadora de @mami.tasking. 

En cuanto a cómo se sienten paternando y lo que más les gusta hacer, el 60% reconoce que disfruta de educar, jugar y realizar todas las actividades vinculadas a su hijo; y el 33% el de tener la posibilidad de modificar patrones de crianza. Relacionado a conciliar su rol de padre con otras actividades, sólo el 27% siente que puede equilibrar su vida laboral con las responsabilidades que implican la crianza, mientras que un 75% siente que lo logran poco y nada.

Cuando se les preguntó qué es lo más difícil de la paternidad el 42% respondió “lograr tener momentos y espacios para estar solo”; el 21% encontrar el equilibrio entre las actividades laborales y las familiares; el 18% la crianza en sí misma y finalmente el 15% la relación con la pareja.

“La sociedad pegó inmensos saltos de maduración que provocaron que hoy la figura paterna activa sea muy celebrada. Los hombres, después de luchar contra viejos patrones y de liberarse de etiquetas que los estigmatizaban, empiezan a demostrar estar a la altura de la situación, aunque por momentos son las mujeres las que tienen problemas para delegar o soltar la responsabilidad de criar”, finaliza Victoria Pardo, psicóloga y co-fundadora de @mami.tasking

Los cambios en los vínculos y las emociones

Estos cambios dentro de las dinámicas familiares no vienen sin costos para los varones. “Un aspecto que vemos mucho en los grupos y los espacios individuales es la aparición de emociones y experiencias que antes solo escuchábamos en las madres. La angustia de dejar a tus hijos al cuidado de alguien más, cuando sufren alguna gripe o separarse cuando comienzan el jardín son algunas experiencias nuevas para estos hombres, que se animan a expresar sus emociones.” nos cuenta Matias Criado, Psicólogo y co-fundador de @paternando.ok

A su vez, la llegada de hijos a una casa supone un cambio en la vida de la pareja. Aunque esta crisis no es una novedad, sigue siendo una alerta que se desprende de la encuesta ya que el 50% reconoce que su pareja empeoró con la llegada de los hijos, para un 36% que mejoró; y para un 12% no modificó nada.

En relación a las crisis de parejas vemos que una explicación a la tensión que se genera durante los primeros años tiene que ver con el reparto de tareas de cuidado y la carga mental. Muchas son las parejas que sin poder acomodarse a la nueva conformación familiar y sin adecuadas herramientas de comunicación, deciden separarse en los primeros años de su mapaternidad. Estamos convencidos que la información adecuada, y compartiendo con otros papás las experiencias que vamos atravesando en el rol, son buenas herramientas que posibilitan que estas crisis tengan el mejor resultado posible, evitando así la escalada en el conflicto.” agrega sobre el tema Diego Pins, Counselor especializado en pareja y familia y co-fundador de @paternando.ok

Esta tendencia justamente reafirma la necesidad por parte de los hombres en pasar más tiempo con su pareja (el 36%). Sin embargo el 32% necesita compartir más con sus hijos y el 28% con amigos. 

Paternando nace justamente para acompañar estas nuevas formas de paternar y con esa mirada ofrece a los papás diferentes espacios como talleres exclusivos para varones, los grupos de padres y la información que van compartiendo en las redes sociales.  Además, a comienzo de año salió publicado su primer libro “Nace un papá” Ed. El Ateneo. 

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Milei: La tentación autoritaria

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Por José Natanson, Le Monde Diplomatique. La irrupción de Javier Milei y su veloz transformación de panelista de televisión en candidato competitivo es consecuencia del malestar hondo de una sociedad a la que una década de recesión puso contra las cuerdas, de la desesperación de no saber de dónde vendrá la próxima trompada y de la angustia que produce la inflación. Nuevos fenómenos sociales, como el trabajador pobre, que cuenta con empleo estable pero no llega a fin de mes, o la expansión de los trabajos por cuenta propia en los ámbitos de la economía digital, el comercio electrónico y el reparto, completan el cuadro, que la pandemia agudizó: si el origen del macrismo puede rastrearse en las movilizaciones del campo de 2008, el nacimiento del mileísmo se sitúa en las marchas anticuarentena y su reclamo de libertad. La sociedad está mutando de manera acelerada. Son corrientes submarinas que apenas podemos intuir.

El ascenso de Milei tiene dos dimensiones. La primera es conocida: el candidato libertario refleja un rechazo rotundo al actual estado de cosas. Es una impugnación fuerte, un “hasta acá llegamos” que encontró en su lengua de furia la forma de expresarse (1). Con Juntos por el Cambio estabilizando el voto antiperonista, el PJ convertido en un “partido del orden” y hasta el Frente de Izquierda integrado al sistema político, jugando con soltura el juego parlamentario, Milei se ofrece como el más remoto de los outsiders, el que vive en la isla más distante. Un excéntrico en su acepción original: alejado del centro. Alguien que no se priva de apelar a la “resistencia”, por ejemplo llamando a la rebeldía fiscal o reivindicando el derecho a no escolarizar a los hijos, y que además lo hace encarnando en su figura la bronca social contenida: parafraseando a Pablo Stefanoni, podríamos decir que no sólo la rebeldía, también la pasión se volvió de derecha (2).

Pero no es sólo este rechazo sordo lo que explica el crecimiento de Milei. Si el macrismo fue en esencia una coalición antiperonista, Milei es eso, pero es más que eso. ¿Hay un voto de esperanza? Digamos que hay una expectativa, sobre todo en los jóvenes, en los varones de clase media baja y en los cuentapropistas. Tras una década de empate político, de “hegemonía imposible” entre dos coaliciones que no logran ni derrotar a la otra ni acordar un programa común (3), Milei dice, claro y fuerte, que él sí puede, que las cosas que promete, por más delirantes que suenen, son factibles. Frente a la “impotencia de Estado” del Frente de Todos, Milei promete, por usar la expresión canónica, un ejercicio de voluntad. Su ascenso también es consecuencia del fracaso del gradualismo; Milei es un deseo de shock.

Veamos si no lo que sucede con la dolarización. Aunque los economistas ortodoxos y heterodoxos coinciden por una vez en que, con los actuales niveles de reservas del Banco Central, la deuda acumulada y el contexto internacional, una dolarización sería dolorosísima, el debate político de los últimos días gira en torno a esta propuesta, que Milei formula envuelta en una nube de tecnicismos y especulaciones econométricas que nadie entiende, mientras deja correr alegremente la versión de que dolarizar la economía supone dolarizar salarios. Y por supuesto que en el contexto actual la dolarización no es factible, pero también era imposible construir un muro en la frontera con México y Trump ganó las elecciones −lo que no significa que Milei vaya a ganar, sino que la sociedad está dispuesta a escuchar sus ideas−.

En todo caso, la discusión pública generada alrededor de la iniciativa confirma la centralidad de Milei en este tramo del proceso electoral. Algo similar sucede con la participación de las Fuerzas Armadas en asuntos de seguridad interna o la libre portación de armas, propuestas que otros candidatos, como Patricia Bullrich, también suscriben. Empujado por la época, el economista ha logrado girar el eje programático de la campaña varios grados a la derecha. En este sentido, Milei ya ganó.

Desdiabolización

Aunque los modos destemplados de sus intervenciones públicas nos hagan caer en la tentación de tomarlo en broma, hay una cierta inteligencia en el ascenso de Milei, que se revela en cuatro decisiones estratégicas. La primera es construirse como el candidato de la antipolítica apelando a la gesta contra la “casta”, un concepto importado de Podemos al que le saca todo el jugo posible. La segunda, que se deriva de la anterior, es no ingresar a Juntos por el Cambio (“Juntos por el Kargo”), como sí lo hicieron José Luis Espert y Ricardo López Murphy, cuidándose al mismo tiempo de no atacar ni a Macri ni a Bullrich y concentrando sus invectivas en Horacio Rodríguez Larreta, al que llama “Harry el sucio”. La tercera, cerrar acuerdos con fuerzas provinciales del espectro conservador, casta de la casta, pero esenciales para completar las listas legislativas y asegurar un mínimo de fiscalización en las elecciones. Y la última, dejar de lado sus propuestas de dinamitar el Banco Central o habilitar el mercado de compraventa de hígados y riñones para limitar sus apariciones mediáticas a los temas que sabe que funcionan: fracaso del Estado, inseguridad, economía.

En realidad, Milei no está haciendo nada nuevo. La desdiabolización es un proceso que han seguido otros candidatos de extrema derecha en diferentes países. En Francia, Marine Le Pen tomó distancia del origen fascista de su padre y revisó su propuesta original de abandonar el euro; en Italia, Georgia Meloni logró ser elegida primera ministra luego de enviar todo tipo de señales tranquilizadoras a la Unión Europea; y en Brasil, Jair Bolsonaro buscó −y consiguió− el apoyo de la centroderecha tradicional. Como ellos, Milei transita una línea finita entre la exigencia táctica de contener sus desbordes discursivos y la voluntad de no perder la autenticidad, de seguir siendo él.

Al mismo tiempo, el discurso ultraconservador procura retener al núcleo duro de la derecha tradicional. Por lejos el más ideológico de los candidatos presidenciales, Milei se ha declarado contra la legalización del aborto, contra el feminismo y contra cualquier política prodiversidad, un mix que no resulta tan extraño en Argentina: es, al fin y al cabo, el de los gobiernos militares, que combinaron neoliberalismo económico con reaccionarismo cultural. La inclusión en su coalición de dirigentes que han construido sus carreras reivindicando la última dictadura, como Victoria Villarruel o Ricardo Bussi, expresa esta amalgama.

La estrategia se completa con una operación simbólica audaz: la revalorización del legado económico de Menem, muy oportuna en tiempos de inestabilidad del dólar e inflación descontrolada. Durante años, Menem fue una especie de punto ciego de la política argentina, como si la historia hubiera saltado de Alfonsín a Kirchner, a punto tal que ni siquiera los políticos que crecieron a su sombra se animaban a reivindicarlo. En contraste, Milei sostiene que “Menem fue el mejor presidente de la historia y Cavallo el mejor ministro de Economía”, y con ello planta una bandera. Si declararse fan de la Generación del 37 es una tentación a la que casi ningún político argentino puede resistirse, la reivindicación de Menem y Cavallo constituye un gesto más atrevido, que ubica a Milei en el grupo de líderes de extrema derecha que bucean en el pasado para encontrar su lugar en el presente: el Tea Party como antecedente de Donald Trump, Vox y el franquismo, José Antonio Kast y el pinochetismo, Jair Bolsonaro y la dictadura brasileña.

Hasta dónde llegará

Las encuestas coinciden en que Milei, que hasta hace poco crecía sobre la base de los votantes macristas y que últimamente también comenzó a alimentarse de peronistas desencantados, sigue en ascenso, y que si las PASO fueran hoy podría salir tercero e incluso segundo, desplazando al peronismo. Si las dos coaliciones llevan más de un candidato, es probable que, considerado individualmente, resulte el postulante más votado en agosto. La pregunta es si una vez que esto ocurra la sociedad reaccionará asustada y correrá a ponerle un techo o si por el contrario se subirá a la ola, lo que a su vez dependerá de la profundidad de la crisis económica y del resultado de las otras PASO, en particular la de Juntos por el Cambio: Bullrich podría disputarle el electorado a Milei y jugarse al clásico de clásicos contra el peronismo, mientras Rodríguez Larreta apostaría a un gran frente moderado yendo a buscar los votos peronistas. Y si el Frente de Todos logra un resultado aceptable, entonces deberá competir con el candidato del macrismo por los votos libertarios. En un escenario de empate de tercios cualquier cosa puede pasar.

En todo caso, enfrentar a Milei exige una sintonía fina que la política, sobre todo el progresismo, todavía no logra encontrar. Un ejemplo: las reivindicaciones huecas de un Estado al que parte de la sociedad observa muy críticamente (no todos los votantes de Milei quieren abolir la educación pública o cerrar los hospitales, pero probablemente todos coincidan en que son cosas que funcionan mal desde hace muchos años). A esta altura de la crisis, los privilegios de las elites progresistas generan cada vez más irritación, y el establishment económico tampoco parece entender lo que está pasando: las críticas que recibió Milei por su participación en la cumbre de empresarios en el Hotel Llao Llao, que los medios se ocuparon de difundir, ¿son un problema para Milei o un argumento más para eirigirse en el candidato antisistema?

Por último, calificarlo sin más de “fascista” no parece el camino más adecuado para frenar su crecimiento, en buena medida porque nadie cree que, en caso de ganar las elecciones, Milei vaya a instalar campos de concentración en la Panamericana. Esto no implica subestimar la catástrofe que implicaría su llegada al poder, sino entender mejor la naturaleza exacta de su autoritarismo: ajuste fiscal, recorte de los servicios públicos, eliminación de los planes sociales, retroceso en las políticas de género y derechos humanos, flexibilidad para la portación de armas, política de manos libres para las fuerzas de seguridad: ahí está el peligro. Las experiencias de Trump y Bolsonaro revelan que, más que la improbable creación de un régimen fascista, las nuevas derechas producen una brutal degradación de la vida cívica, el desmantelamiento de los mecanismos estatales de solidaridad y la creación de una zona liberada a nivel nacional para los ataques al pluralismo y la diversidad. La previsible resistencia de una sociedad movilizada como la argentina llevaría al país a la ingobernabilidad y al caos.

Pero no nos dejemos vencer por la tentación de imaginar distopías; todavía falta bastante y nada está dicho, así que volvamos al comienzo.

Surgido de las entrañas mismas del capitalismo contemporáneo (la consultoría económica y los estudios de televisión), Milei es el emergente más visible del hartazgo de una cantidad creciente de argentinos con el rumbo del país y con la política, con una crisis que no termina de estallar pero que igual va destruyendo la trama social a su paso. Desengañada de todo, sumida en una sensación de fracaso colectivo, la sociedad ya castigó al kirchnerismo (en 2015), al macrismo (en 2019) y al Frente de Todos (en 2021). Hoy parece más proclive que nunca a ensayar un salto al vacío.

1. Ignacio Ramírez, “La naturaleza política de una desilusión”, Revista Anfibia, www.revistaanfibia.com

2. Pablo Stefanoni, ¿La rebeldía se volvió de derecha?, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 2021.

3. Fernando Rosso, La hegemonía imposible, Capital intelectual, Buenos Aires, 2022.

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Infectólogos destacan la eficacia de la vacuna contra el dengue que aprobó la Anmat

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La vacuna contra el dengue del laboratorio japonés Takeda aprobada por la Anmat tiene una eficacia “muy buena” frente a los cuatro serotipos de la enfermedad, destacaron hoy infectólogos consultados por Télam, quienes también remarcaron que se trata de “una herramienta más” de prevención y recordaron la importancia de usar repelentes, desmalezar y evitar la acumulación de agua en recipientes.

“La vacuna frente al dengue, Qdenga, del laboratorio japonés Takeda protege contra los cuatro serotipos de dengue”, aseguró el médico infectólogo Javier Farina.

“El virus atenuado ‘original’ con el que se diseñó la vacuna es el virus del dengue tipo 2 (DENV-2), pero al mismo se le añadieron genéticamente ADN de los otros tres serotipos y es por eso que la eficacia es muy buena frente a los cuatro y es excelente frente al 2”, explicó el miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) y exdirector del Comité de Infectología Crítica de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI).

En un estudio clínico que incluyó a más de 20 mil participantes, durante 4,5 años, la vacuna demostró reducir un 84% las hospitalizaciones por dengue y un 61% los casos de dengue sintomático, según indicó un comunicado del laboratorio.

La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) autorizó ayer el uso de la vacuna contra el dengue desarrollada por el laboratorio japonés para las personas mayores de 4 años, hayan cursado o no previamente la enfermedad, luego de la evaluación de toda la evidencia disponible.

El Ministerio de Salud dijo en un comunicado que el laboratorio comenzará el proceso productivo para enviar el primer lote y se prevé que la vacuna estará disponible en el país para mediados de la primavera.

De esta forma, Argentina se suma a una lista de países que ya aprobó la vacuna, como Indonesia en agosto de 2022 y la Unión Europea en diciembre del año pasado.

Luego, le siguieron el Reino Unido en enero de 2023 y recientemente fue avalada por la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil (Anvisa).

La forma de administración de esta vacuna es de dos dosis que deben ser aplicadas con un intervalo de tres meses.

“Como cualquier vacuna, a partir de las dos a tres semanas se empiezan a generar anticuerpos, pero sin duda su eficacia alcanza los mejores niveles luego de la segunda dosis”, señaló Farina.

Además, dijo que pueden vacunarse las personas de 4 a 65 años porque a partir de los 65, en distintos estudios aparece “lo que se llama la inmunosenescencia, que es donde baja la respuesta inmune frente al estímulo de las vacunas y la respuesta puede ser menor”.

“Hay que ver igual la aprobación final de la Anmat, pero en otros países tiene esa etiqueta de hasta los 65 años porque para aprobarla más allá de eso necesitas cierto número de sujetos de ese rango etario en los ensayos clínicos que hayan tenido buena respuesta”, sostuvo Farina.

Respecto a si la vacuna tiene contraindicaciones para algún grupo de población, el médico indicó que “al ser a virus atenuado no puede aplicarse en personas con las defensas bajas, en inmunosuprimidos o en embarazadas”.

Por su parte, Lautaro De Vedia, médico infectólogo del Hospital Muñiz y expresidente de la SADI, señaló que la reciente aprobación es una “buena noticia” y aseguró que la vacuna es una “herramienta poderosa para una enfermedad que este año nos castigó bastante”.

Sin embargo, advirtió que “todavía falta” para su distribución y añadió que ahora el “gran desafío” es definir cuál va a ser el plan de vacunación.

Sobre esto, consideró que una estrategia adecuada sería sectorizar por áreas geográficas. “No tendría sentido vacunar en Santa Cruz o en Chubut, que son zonas que no tienen dengue o tienen una muy baja incidencia por razones climáticas y tal vez, por ejemplo, Tucumán y Salta deberían ser incluidas en el plan”.

En la misma línea, Farina indicó que una de las dificultades que podría tener el plan es el costo de la vacuna, “que ronda los 75 dólares las dos dosis en Indonesia y los 240 dólares en el sector privado en Alemania, así que habrá que ver esa cuestión en base a distintos acuerdos con el laboratorio proveedor para lograr que esté al menor precio posible y poder realizar una campaña de vacunación eficaz”.

Por otro lado, De Vedia destacó que “otra cosa importante es que la vacuna es una herramienta más en la lucha contra el dengue. No quiere decir que llega la vacuna y nos olvidamos de los repelentes, de desmalezar, de evitar las aguas estancadas”.

Además, enfatizó que para otras enfermedades que transmite el mosquito, como el zika y el chikungunya, no hay vacuna, por lo que “no tenemos que olvidar todas las medidas que se difunden”.

En ese sentido, subrayó que “en esta epidemia tenemos que seguir con los parámetros que estuvimos trabajando hasta ahora. Además, todavía nos quedan un par de semanas con la existencia de casos”.

Hasta la semana epidemiológica 15 de 2023, es decir hasta el 15 de abril, se notificaron en el país 56.324 casos de dengue, de los cuales 51.637 adquirieron la infección en la Argentina.

Al momento, la circulación de este virus se ha identificado en 15 jurisdicciones correspondientes a cuatro regiones: Región Centro (Buenos Aires; Ciudad Autónoma de Buenos Aires; Córdoba; Entre Ríos; Santa Fe); región NEA (Corrientes; Formosa; Chaco); región NOA (Catamarca; Jujuy; La Rioja; Salta; Santiago del Estero; Tucumán) y la provincia de San Luis en la región Cuyo.

Por último, De Vedia expresó que de cara a la posible distribución de las vacunas para fin de año “tenemos tiempo para que los expertos del ministerio se reúnan y discutan con las sociedades científicas, con los distintos ministros, con los médicos y epidemiólogos para encontrar cuál es la mejor manera de aprovechar esta herramienta sin descuidar las otras”.

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Finlandia es el “país más feliz del mundo” y Argentina subió cinco puntos en ranking

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Finlandia fue elegido como el país “más feliz del mundo” por sexto año consecutivo y la Argentina escaló cinco puntos en el ranking de la Felicidad respecto al año anterior, con lo que se ubicó en el puesto 52 a nivel mundial, según el índice elaborado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) y publicado hoy en el marco del Día Internacional de la Felicidad.

El Informe Mundial sobre la Felicidad, que fue publicado por primera vez en 2012, se basa en las evaluaciones que hacen las propias personas sobre su situación, su bienestar económico y distintos indicadores sociales.

En esta nueva edición, los factores clave que fueron contemplados para medir “los niveles de felicidad autoinformados” en todo el mundo son el apoyo social, ingresos, salud, libertad, generosidad y ausencia de corrupción en los distintos países.

De esta manera y por sexto año consecutivo, Finlandia encabezó el ranking como el país “más feliz del mundo”, seguido por Dinamarca, Islandia, Israel -que escaló cinco lugares respecto al año pasado- y Países Bajos.

Suecia, Noruega, Suiza, Luxemburgo y Nueva Zelanda completan el Top 10 del Índice de la Felicidad de la ONU, que una vez más posiciona a los países del norte de Europa “como las naciones más felices”.

En tanto, el primer país latinoamericano en el ranking es Costa Rica con el puesto 23, seguido por Uruguay con el 28, y Chile con el 35, casi 10 puntos más que el año anterior.

Argentina, por su parte, escaló cinco puntos respecto al último informe y se posicionó en el número 52 del ranking mundial.

Según sus autores, el Informe de Felicidad de este año muestra que, a pesar de “varias crisis superpuestas”, la mayoría de las poblaciones en todo el mundo continúan siendo “notablemente resilientes”, con promedios globales de satisfacción con la vida en los años de la pandemia por Covid-19 (2020-2022) “tan altos” como los de los años previos a la pandemia.

Sin embargo, advirtieron que en muchos casos la felicidad “se distribuye de manera desigual” dentro de los países, por lo que el informe indaga a su vez en “la brecha de felicidad entre las mitades superior e inferior de la población” de un país.

El reporte destacó la situación de Ucrania, uno de los países actualmente en guerra, que “mejoró su posición” al pasar del puesto 98 al 92 respecto a la edición anterior, que fue elaborada antes del inicio del conflicto con Rusia, consignó la agencia de noticias AFP.

Pese a la “magnitud del sufrimiento y los daños en Ucrania”, existe un “sentimiento mucho más fuerte de que hay un propósito común, hay benevolencia y confianza en el liderazgo ucraniano”, señaló el informe.

En tanto, Afganistán y Líbano, también “devastados por la guerra”, se mantuvieron en lo más bajo de la clasificación, en el marco de “una agudización de la crisis humanitaria”.

El informe fue publicado por la ONU en el marco del Día Internacional de la Felicidad, que se conmemora cada 20 de marzo, con el objetivo de que sus resultados sean un aporte para apoyar políticas públicas y privadas para ayudar a promover la felicidad y el bienestar.

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