Terminar el año…¿en un registro de infieles?
En las últimas semanas, la creación de un supuesto registro de personas infieles, que expone nombres y comportamientos íntimos ha puesto en jaque a más de una pareja consolidada. En un contexto donde la vida privada parece cada vez más frágil, el debate se instaló también en Argentina: ¿qué pasa con la seguridad, la confidencialidad y el cuidado emocional cuando se habla de infidelidad?
Se trata de una especie de búsqueda o detector de infieles, del estilo de algunos clásicos de la TV como el programa Exponiendo infieles, en el que una conductora acompaña a personas a descubrir en cámara la doble vida de su pareja, poniendo en primer plano una lógica de entretenimiento basada en la exposición pública de la intimidad. Algo que deja en evidencia un fenómeno creciente: la naturalización del escrache emocional como espectáculo.
Casos recientes como el de la separación pública entre Nicolás Vázquez y Gimena Accardi, o el “Wandagate”, entre muchos otros, son un claro ejemplo en el que la mediatización de cuestiones de índole íntima se vuelven el eje de acaloradas discusiones en lo social: sobre quién tiene razón o qué parte ha gestionado mejor los ‘cuernos’, algo que se entendería como el núcleo de la privacidad de cada pareja.
Frente a ese modelo desde Gleeden, la plataforma líder de encuentros extramaritales y no monógamos pensada por y para mujeres, advierten sobre los riesgos psicológicos y sociales de convertir decisiones privadas en material viral, y refuerzan la importancia de contar con espacios seguros, confidenciales y sin juicios, donde las personas puedan explorar sus vínculos sin miedo a ser exhibidas o señaladas públicamente.
En los últimos tiempos también son innumerables las veces en las que alguien comparte en redes que ha tenido un encuentro con una persona famosa -quien generalmente tiene un vínculo de pareja o está casado/a-, rompiendo un poco con el misticismo de la infidelidad. “Tenemos que abrir una conversación necesaria sobre los riesgos de la exposición pública y la importancia de contar con espacios digitales que prioricen la discreción, el anonimato y el consentimiento”, comenta Florencia Pollicita, sexóloga de Gleeden.
Vergüenza y control: el nuevo estrés de la infidelidad
Otro episodio que tuvo eco a nivel mundial fue el que ocurrió en el recital de Coldplay, cuando la clásica kiss cam enfocó al entonces CEO de Astronomer, Andy Byron, junto a la directora de Recursos Humanos de la misma compañía, Kristin Cabot, en un abrazo que rápidamente se volvió viral y desató especulaciones sobre una posible relación íntima entre ambos. El impacto fue inmediato: tras la difusión del video, Byron presentó su renuncia como CEO y Cabot también dejó su cargo, y fue tal el escrutinio público que generó un impacto trascendental en sus vidas profesionales y personales.
“Cuando la intimidad se expone sin consentimiento, aparecen emociones muy fuertes: vergüenza, ansiedad, miedo a perder vínculos o incluso el trabajo. El problema no es solo la infidelidad en sí, sino el castigo social que se construye alrededor”, señala la especialista de Gleeden, subrayando cómo la viralización de cuestiones íntimas puede devastar reputaciones y trayectorias.
En este marco, la viralización de un “registro de infieles” toca una fibra sensible: la estigmatización pública de decisiones íntimas. Según Pollicita, el contexto sociocultural argentino sigue asociando la infidelidad a la condena moral, incluso cuando las estadísticas muestran que es una práctica extendida y transversal a edades, géneros y clases sociales.
Frente a estos sucesos, plataformas como Gleeden ponen el foco en la protección de datos, la confidencialidad y el control del usuario sobre su información. “Explorar un deseo, una fantasía o una decisión personal no debería implicar el riesgo de ser expuesto públicamente. La privacidad no es un lujo: es una condición básica para vivir la sexualidad y los vínculos sin miedo”, confiesa Silvia Rubies, Directora de Marketing de Gleeden Latinoamérica. Y agrega que: “la discreción no solo protege identidades, sino también la salud emocional de quienes atraviesan situaciones complejas, especialmente en un momento del año como diciembre, atravesado por balances personales, tensiones familiares y decisiones de cierre.
Fin de año: balances y decisiones en el plano amoroso
Las fiestas suelen ser un momento de revisión interna. Para algunas personas, eso incluye replantear vínculos, límites y deseos que no siempre encuentran espacio en la pareja tradicional. “Lo importante no es romantizar ni condenar la infidelidad, sino entender que detrás hay personas reales, con historias, miedos y contradicciones. Y que cualquier decisión tomada desde el deseo debería poder vivirse sin el estrés constante de la exposición. Por eso, siempre aconsejamos utilizar plataformas que garanticen la seguridad, privacidad y discreción del usuario, pilares sobre los que se fundamenta Gleeden”, concluye Rubies.
En ese cruce entre intimidad, tecnología y relaciones humanas, la conversación recién empieza. El debate sobre los registros públicos, la privacidad y la infidelidad abre una pregunta más profunda: ¿estamos preparados como sociedad para hablar de vínculos, deseo y límites sin recurrir al escrache o al castigo público?
Lo cierto es que ya queda poco espacio para “hacerla de callado/a”, lo cual muchas veces dificulta la gestión de encuentros paralelos.


