SALUD

El Madariaga innovó con la cirugía de Epilepsia y terapias alternativas

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A pesar de ser una de las enfermedades neurológicas más frecuentes junto con las cefaleas, la epilepsia sigue cargando con un fuerte estigma social que afecta la vida cotidiana de quienes la padecen, limitando oportunidades laborales, interacciones sociales y la plena inclusión en la comunidad.

El rol del Hospital Escuela “Doctor Ramón Madariaga” y su Servicio de Neurología en Misiones se ha convertido en un referente para la atención de pacientes con epilepsia y otras patologías del sistema nervioso central.

El doctor Cristian Hardaman, neurólogo del servicio, destaca que la epilepsia es una causa frecuente de consulta después de las cefaleas y que distinguir una crisis epiléptica de una convulsión aislada es clave para un diagnóstico adecuado.

Subraya que “no toda persona que convulsiona tiene epilepsia” y que las herramientas diagnósticas modernas, como el electroencefalograma, los estudios por imágenes y el análisis clínico, permiten ofrecer tratamientos más precisos.

El hospital cuenta con un equipo de profesionales especializados en neurología que atiende a personas con epilepsia, brinda seguimiento continuo y ajusta terapias de manera individualizada.

El enfoque no se limita únicamente al tratamiento con medicamentos anticonvulsivos, sino que también integra opciones avanzadas para quienes no responden a los fármacos, como la cirugía de epilepsia, las dietas terapéuticas —como la dieta cetogénica— y dispositivos de neuromodulación, como el estimulador del nervio vago, ya implementado en varios pacientes con buenos resultados.

Además, desde el hospital se trabaja en la difusión de la Ley número veinticinco mil cuatrocientos cuatro, que garantiza derechos para quienes viven con epilepsia, incluyendo el acceso a medicamentos y el acompañamiento en su vida laboral y social.

Tratamiento, desafíos y estadísticas de respuesta

A nivel global, la mayoría de las personas que viven con epilepsia responden favorablemente al tratamiento farmacológico. Estudios internacionales indican que hasta el setenta por ciento de los pacientes logra controlar sus crisis con medicación adecuada.

Sin embargo, existe un treinta por ciento de pacientes con epilepsia farmacorresistente, es decir, personas que no responden a las terapias convencionales y que requieren abordajes más complejos, como cirugía, dietas especiales o terapias de estimulación neurológica.

Aunque no existen cifras nacionales recientes para Argentina, investigaciones epidemiológicas previas estimaron tasas de prevalencia cercanas a entre tres coma ocho y seis coma dos casos por cada mil personas en algunas regiones, lo que permite dimensionar la magnitud de esta condición en la población.

Pese a los avances médicos, persisten desafíos importantes, como el acceso a atención neurológica especializada, la demora en los diagnósticos y la necesidad de una mayor sensibilización social para reducir el estigma y promover la inclusión social y laboral de quienes conviven con esta condición.

El Día Mundial de la Epilepsia representa una oportunidad para recordar que se trata de una condición neurológica que afecta a millones de personas, que es tratable en la mayoría de los casos y que los servicios de neurología, como el del Hospital Madariaga en Misiones, cumplen un rol fundamental en el diagnóstico, el tratamiento y el acompañamiento integral. La concientización, la educación y la eliminación de prejuicios son pasos clave para mejorar la calidad de vida de quienes viven con epilepsia y de sus familias.

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La Sociedad Argentina de Cardiología alerta sobre la polución ambiental en la Patagonia

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Durante décadas, los paisajes de los Andes Patagónicos -con sus lagos transparentes, cielos límpidos y densos bosques. representaron una imagen de pureza ambiental. Sin embargo, recientes mediciones realizadas por vecinos organizados en El Bolsón, junto a científicos y profesionales de la salud, revelan que esta percepción ya no se condice con la realidad. La polución del aire, impulsada por quemas agrícolas, incendios forestales y acumulación de residuos, ha alcanzado niveles peligrosos incluso en estas zonas alejadas de centros urbanos e industriales.

“Cuando el aire que respiramos deja de ser limpio, el corazón es uno de los primeros órganos en sufrir las consecuencias. Durante años, creímos que la contaminación atmosférica era un problema exclusivo de grandes ciudades, pero hoy sabemos que sus efectos se expanden, muchas veces de forma invisible, hasta regiones consideradas prístinas”, advirtió el doctor Sergio Baratta, presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología.

El disparador de esta preocupación es una investigación publicada en el boletín Reduxxion de enero de 2026, en la cual el doctor César Berenstein -cardiólogo y miembro del Consejo de Cardioecología y Hábitos Saludables de la Sociedad Argentina de Cardiología- describió la iniciativa comunitaria llevada adelante en El Bolsón. El proyecto consistió en la instalación de sensores de monitoreo de la calidad del aire, específicamente para medir el material particulado fino, uno de los contaminantes con mayor evidencia de impacto negativo sobre la salud cardiovascular.

El material particulado fino está compuesto por partículas en suspensión con un diámetro menor a 2,5 micrones, capaces de penetrar profundamente en los pulmones y alcanzar el torrente sanguíneo. Numerosos estudios han demostrado que la exposición sostenida a estos contaminantes incrementa el riesgo de desarrollar hipertensión arterial, arritmias, enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca y eventos agudos como el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular. Asimismo, se demostró que un incremento de 10 microgramos por metro cúbico en los niveles de material particulado fino aumenta un once por ciento el riesgo de muerte cardiovascular.

“La evidencia es contundente. La polución del aire se comporta como un factor de riesgo cardiovascular silencioso, que acelera procesos inflamatorios y de aterosclerosis, incluso en personas jóvenes o sin antecedentes”, explicó el doctor Berenstein. “Y lo más preocupante es que este daño puede ocurrir con niveles de exposición que previamente eran considerados moderados, según algunos estándares internacionales”.

El caso de El Bolsón expone cómo la percepción de un entorno sano puede desmentirse mediante datos objetivos. En septiembre de 2025, durante la temporada de quemas, los sensores instalados por el grupo Eco Comarca, un equipo de trabajo abocado al estudio de la contaminación ambiental, detectaron niveles de contaminación que llegaron a un Índice de Calidad del Aire de 200, una cifra calificada como muy insalubre por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Pero lo más alarmante ocurrió en enero de 2026, cuando incendios forestales en la región elevaron el Índice de Calidad del Aire a 350, un nivel considerado peligroso para la salud. En ese contexto, la comunidad inició una campaña de comunicación con recomendaciones preventivas para la población: reducir la actividad al aire libre, sellar las viviendas y, de ser necesario, utilizar mascarillas con estándar N95.

También hay que considerar que gran parte de la población se calefacciona y cocina con leña, lo que la expone a altos niveles de polución del aire dentro de sus hogares si los sistemas no son eficientes o no cuentan con una ventilación adecuada.

“Estas medidas de protección inmediata son fundamentales, pero no resuelven el problema estructural. Necesitamos políticas públicas que incluyan sistemas de monitoreo permanentes, regulación efectiva de las quemas, reforestación con especies nativas y educación ambiental, así como dar acceso a sistemas de calefacción y cocina menos contaminantes”, sostuvo el doctor Baratta. “Desde la Sociedad Argentina de Cardiología proponemos que cada provincia cuente con una red de vigilancia de la calidad del aire y protocolos de respuesta sanitaria ante eventos de contaminación extrema”.

En 2021, la Organización Mundial de la Salud actualizó sus guías de calidad del aire y estableció que no existen niveles seguros de exposición prolongada al material particulado fino. Incluso concentraciones por debajo de los límites anteriores pueden provocar daño cardiovascular, especialmente en poblaciones vulnerables: personas mayores, niños, mujeres embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas.

Según reportes publicados en 2024, se estima que la polución del aire contribuye con 8,1 millones de muertes anuales en el mundo, constituyéndose en el segundo factor de riesgo de mortalidad a nivel global, solo por debajo de la hipertensión arterial. Más de la mitad de estas muertes son de causa cardiovascular. En niños menores de cinco años, la contaminación del aire también representa la segunda causa de mortalidad, después de la desnutrición.

“La buena noticia es que se trata de un factor modificable. Si tomamos decisiones basadas en evidencia, como ocurrió con el tabaco o las grasas trans, podemos reducir sustancialmente el impacto de la contaminación en la salud del corazón”, agregó el doctor Berenstein.

El caso de la Comarca Andina ilustra un fenómeno más amplio que afecta a diversas zonas rurales de la Argentina. En los últimos años, regiones tradicionalmente consideradas limpias están siendo impactadas por el cambio climático, la expansión de actividades extractivas y la presión demográfica. El aumento de incendios forestales —muchos de ellos agravados por la proliferación de especies exóticas como el pino— genera emisiones de partículas contaminantes que recorren cientos de kilómetros impulsadas por el viento, afectando a poblaciones que no tienen forma de prevenir ni medir esa exposición.

“Debemos dejar atrás la idea de que vivir en la montaña o el campo garantiza buena salud cardiovascular. Sin datos, no hay protección. Y sin monitoreo ambiental, no hay datos”, enfatizó el doctor Baratta. “La contaminación del aire ya no es un problema del futuro. Es una urgencia del presente. Como sociedad científica, nuestra responsabilidad es anticipar daños, generar conciencia y promover políticas que salven vidas. El aire que respiramos también forma parte de la salud cardiovascular”, concluyó.

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Misiones: fuerte caída del embarazo adolescente, natalidad en mínimos históricos y una alerta por la mortalidad infantil

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El nuevo Anuario de Estadísticas Vitales 2024 del Ministerio de Salud de la Nación confirma que Misiones atraviesa una transformación demográfica profunda, con cambios estructurales en la fecundidad, la edad de la maternidad y la dinámica de nacimientos. La provincia sostiene una natalidad superior al promedio nacional, pero registra mínimos históricos en embarazo adolescente y, en contraste, un repunte reciente de la mortalidad infantil que enciende señales de alerta sanitaria, aunque no escapa de la tendencia nacional, donde se registró un primer aumento desde 2002.

Los datos consolidados permiten afirmar que Misiones logró una de las reducciones más marcadas del embarazo adolescente del país. La comparación de series largas muestra una tendencia clara, persistente y estadísticamente significativa.

En el grupo de 15 a 19 años, la provincia alcanzó un techo de 5.582 nacimientos en 2015. A partir de allí, la curva inició un descenso continuo: 3.199 nacidos vivos en 2020 y 2.009 en 2024, el valor más bajo de la historia reciente. En menos de una década, la cantidad de nacimientos de madres adolescentes se redujo en más del 60%.

El descenso también se verifica en el indicador más rígido y socialmente sensible, porque implica abusos sexuales: los embarazos de niñas de entre 10 y 14 años. En 2015 se habían registrado 223 nacidos vivos de madres niñas en Misiones. En 2020 el número bajó a 139, y volvió a caer en los años siguientes. En 2023 fueron 92 y en 2024 se registraron 89, el mínimo histórico, según los datos oficiales.

Este dato es doblemente relevante. Por un lado, confirma el impacto de políticas de salud sexual y reproductiva, educación, acceso a anticoncepción y mayor visibilización institucional. Por otro, recuerda que todavía hay 89 historias de violencia sexual extrema, un piso inaceptable desde el punto de vista de derechos humanos.

Qué explica la baja del embarazo adolescente

El Anuario de Estadísticas Vitales 2024 confirma que Misiones acompaña la tendencia nacional de derrumbe de la fecundidad adolescente, pero con un impacto especialmente fuerte por el peso histórico que este grupo tenía en la estructura de nacimientos provincial.

La baja del embarazo adolescente explica una parte central de la reducción de la fecundidad total, que hoy se ubica muy por debajo de los niveles de hace dos décadas. También explica el corrimiento de la maternidad hacia edades adultas: en 2024, los nacimientos se concentran en mujeres de 25 a 29 años y 30 a 34, mientras que las adolescentes pierden peso relativo.

Natalidad en mínimos históricos

En 2024 se registraron 16.469  nacimientos en Misiones, lo que marcó la tasa bruta de natalidad más baja de la historia provincial. El descenso es sostenido desde 2015, cuando la tasa era de 23,9 nacidos vivos por cada mil habitantes. En apenas una década, la natalidad se redujo casi a la mitad.

Aun así, Misiones mantiene una tasa de natalidad superior al promedio nacional. En 2024, la tasa provincial rondó el 12,7 por mil, frente a un promedio nacional cercano a 8,6–8,9, según el año de referencia. La comparación histórica muestra la magnitud del cambio: en 1990, Misiones tenía una tasa de 39,4 nacidos vivos por cada mil habitantes, más de tres veces el valor actual.

Este contraste confirma que la provincia sigue siendo demográficamente joven, pero ya no escapa al proceso de desaceleración poblacional que atraviesa a todo el país.

¿Dónde nacen más y menos argentinos? Misiones, con 12,3, Chaco, con 11,9, Santiago del Estero, 10,8, y Formosa, 10,7, están entre las provincias con mayor cantidad de nacidos vivos por cada 1.000 habitantes. La Ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego, en tanto, es donde menos nacen, ambas con 6,9, seguidas por Jujuy, con 8, y La Pampa y Río Negro, las dos con 8,1, y la provincia de Buenos Aires, con 8,4.

Mortalidad infantil: la señal que preocupa

Mientras los nacimientos y el embarazo adolescente caen, la mortalidad infantil muestra un movimiento inverso. En Misiones, el piso reciente se había alcanzado en 2022, con una tasa de 7,88 muertes por cada mil nacidos vivos. En 2024, la tasa subió a 8,81, lo que implica un repunte luego de varios años de descenso.

Aunque Misiones se mantiene en torno o levemente por debajo del promedio nacional, el dato es sensible porque rompe una tendencia histórica descendente. La mortalidad infantil es uno de los indicadores más robustos para medir condiciones sociales, nutrición, acceso al sistema de salud y calidad de la atención perinatal.

La serie larga dimensiona el progreso logrado y el riesgo de retroceso: en 1990, la mortalidad infantil en Misiones había alcanzado un pico de 32,10 por mil. El descenso posterior fue sostenido durante más de tres décadas, lo que vuelve especialmente relevante cualquier repunte, por pequeño que parezca en términos absolutos.

El comportamiento de la mortalidad posneonatal (muertes entre los 28 días y el año de vida) refuerza esta lectura. En Misiones, este indicador había llegado a 20,20 por mil en 1987. En la actualidad se ubica en torno a 5,10, con un piso reciente de 4,48 en 2018.

La mejora estructural es innegable, pero las oscilaciones recientes sugieren que las condiciones sociales y sanitarias siguen siendo determinantes, especialmente en contextos de pobreza, inseguridad alimentaria y desigualdad territorial.

MISIÓNES EN NÚMEROS (SERIES Y ALERTAS)

Embarazo adolescente 15–19
2015: 5.582 nacimientos
2020: 3.199 nacimientos
2024: 2.028 nacimientos
Caída de más del 60% en menos de una década (mínimo histórico reciente).
Niñas madres 10–14 (indicador crítico)
2015: 223 nacimientos
2020: 139 nacimientos
2023: 92 nacimientos
2024: 89 nacimientos
Mínimo reciente, pero persisten 89 casos asociados a violencia sexual (alto impacto social y sanitario).
Natalidad (tendencia de fondo)
2024: 16.680 nacimientos
Tasa 2024: 12,7 por mil (mínimo histórico provincial)
2015: 23,9 por mil
1990: 39,4 por mil
En una década, la natalidad se redujo casi a la mitad; Misiones sigue arriba del promedio nacional.
Alerta sanitaria
Mortalidad infantil:
2022 (piso): 7,88 por mil nacidos vivos
2024: 8,81 por mil nacidos vivos
1990 (pico): 32,10 por mil
El repunte tras el piso reciente quiebra una tendencia de mejora sostenida: clave reforzar control prenatal, red perinatal y condiciones de vida.
Mortalidad posneonatal (28 días–1 año)
1987: 20,20 por mil
2018 (piso): 4,48 por mil
Hoy: 5,10 por mil
Mejoró fuerte en el largo plazo, pero con oscilaciones recientes asociadas a determinantes sociales y acceso sanitario.

Fuente: Estadísticas Vitales (DEIS) y series provinciales citadas en el texto. Datos 2024: Ministerio de Salud de la Nación.

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Jornada de Cardiología del Madariaga pone el foco en la prevención cardiovascular en mujeres misioneras

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En el marco de una jornada de prevención organizada por el Servicio de Cardiología, profesionales evalúan factores de riesgo cardiovascular en mujeres, realizan controles clínicos, estudios de laboratorio y promueven hábitos saludables. La iniciativa incluye toma de presión, signos vitales, análisis de glucemia y perfil lipídico, y culmina con una charla abierta a la comunidad, con el objetivo de concientizar y detectar de manera temprana enfermedades que suelen estar subestimadas en la población femenina.

En una apuesta fuerte a la prevención y a la educación sanitaria, el Servicio de Cardiología llevó adelante una jornada destinada a visibilizar los factores de riesgo cardiovascular en la mujer, una problemática que históricamente ha sido menos considerada que en los hombres, pese a su alto impacto en la salud pública.

La actividad estuvo orientada a conocer la realidad de la población femenina misionera, detectar factores de riesgo y fomentar la consulta temprana, además de promover cambios en el estilo de vida que permitan reducir la incidencia de enfermedades cardiovasculares.
“Estamos llevando a cabo una jornada de prevención de factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares en la mujer con el objetivo de poder conocer un poco a nuestra población misionera en cuanto a los factores de riesgo cardiovasculares y, a partir de ahí, tomar medidas de prevención y educación”, explicó la Dra. Cyntia Monte, residente del Servicio de Cardiología.


La profesional remarcó que uno de los ejes centrales de la campaña es romper con la idea de que las enfermedades cardiovasculares afectan principalmente a los hombres. “Muchas veces el riesgo cardiovascular en las mujeres se subestima. Siempre se tiene más en cuenta al hombre, y por eso esta jornada está pensada especialmente para ellas”, señaló.
Según detalló, la respuesta de la comunidad superó las expectativas. “La gente se re sumó, estamos teniendo muy buenos resultados, y eso nos motiva a seguir reforzando este tipo de campañas preventivas”, destacó.


Por su parte, la Dra. Naiara Fassa, también residente del Servicio de Cardiología, subrayó la amplia participación y el trabajo interdisciplinario que se viene desarrollando durante la jornada. “Estamos teniendo una muy buena repercusión. Muchas mujeres se están sumando a la toma de la presión arterial y de los signos vitales”, afirmó.
Además, indicó que la iniciativa cuenta con el respaldo del Laboratorio Central, lo que permite ampliar los controles clínicos. “Tenemos el apoyo del laboratorio para la toma de muestras de perfil lipídico y glucemia, lo que nos permite hacer una evaluación más completa”, explicó.


La jornada culminará este viernes con una charla abierta a la comunidad, pensada como un espacio de intercambio directo con las pacientes. “Vamos a cerrar con una charla para que puedan sacarse dudas y llevarse tips básicos de cuidado y prevención”, adelantó Fassa.
Desde el Servicio de Cardiología destacaron que este tipo de acciones buscan fortalecer la prevención primaria, promover hábitos saludables y reforzar el mensaje de que la detección temprana y el seguimiento médico son claves para reducir el impacto de las enfermedades cardiovasculares en la población femenina.

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Hasta 8 de cada 10 pacientes con cáncer presentan algún grado de malnutrición

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Especialistas advierten sobre una problemática que atraviesa a una gran proporción de pacientes con cáncer y que influye de manera directa en su evolución: el estado nutricional.

El desafío del abordaje nutricional, en realidad, comienza antes del diagnóstico, incluso en ausencia de enfermedad, con la recomendación de llevar un estilo de vida saludable que incluya una alimentación variada y equilibrada, como estrategia para contribuir a la prevención de complicaciones de salud. Sin embargo, una vez diagnosticado un cáncer, el estado nutricional no debe ser una preocupación exclusiva de los estadios avanzados de la enfermedad o de los cuidados paliativos, sino un aspecto que requiere atención desde el inicio del tratamiento.

Los pacientes que se encuentran bien nutridos al comienzo del tratamiento oncológico presentan una mayor probabilidad de sobrevida. No obstante, cerca de la mitad llega a la primera consulta oncológica con deficiencias nutricionales detectables y entre cuatro y ocho de cada diez presentan algún grado de malnutrición durante el tratamiento de la enfermedad.

“El estado nutricional es un determinante clave para atravesar el tratamiento oncológico, pero en ocasiones queda en segundo plano y pasa inadvertido, con consecuencias concretas sobre la salud de los pacientes”, explicó Agustina Senese, licenciada en nutrición y jefa de Cuidados Paliativos del Hospital Doctor Cosme Argerich.

Aproximadamente uno de cada cinco pacientes presenta malnutrición severa, una condición asociada a un mayor riesgo de complicaciones, menor tolerancia a los tratamientos, internaciones más prolongadas y una reducción de la sobrevida global. “Cuando el estado nutricional se deteriora, el impacto se refleja rápidamente en la respuesta clínica y en la capacidad del paciente para sostener el tratamiento”, señaló Martín Ángel, médico oncólogo e integrante del Departamento de Oncología Clínica del Instituto Alexander Fleming.

Muchos pacientes restringen su ingesta de alimentos como consecuencia directa de la enfermedad y de los tratamientos. La quimioterapia, así como otras terapias más modernas, puede provocar náuseas, vómitos, diarrea, úlceras en la boca, alteraciones del gusto y del olfato, además de una sensación persistente de saciedad precoz. Alimentos que antes resultaban agradables pueden volverse desagradables, lo que lleva a evitar comidas que formaban parte de la alimentación habitual.

“En la práctica clínica vemos pacientes que no sienten hambre, a quienes las comidas les caen mal o les generan rechazo, y esa situación sostenida en el tiempo termina restringiendo la ingesta e impactando en la salud general”, explicó Ángel.

Esta disminución progresiva de la alimentación puede afectar la eficacia del tratamiento oncológico y, además, favorecer la pérdida de peso y de masa muscular, contribuyendo al desarrollo de un síndrome de fragilidad. La debilidad física aumenta, la energía disponible disminuye y la autonomía se ve comprometida.

“Cuando el paciente pierde fuerza, actividades cotidianas como caminar, levantarse o mantenerse activo se vuelven más difíciles, lo que incrementa el riesgo de caídas y de complicaciones asociadas, incluso en términos de salud mental, ya que pueden acentuarse cuadros de ansiedad o depresión”, detalló Senese.

La nutrición como parte del abordaje integral

Frente a este escenario, los especialistas destacan la importancia de considerar la nutrición como parte del abordaje integral del cáncer, con la participación de un profesional de la nutrición dentro del equipo médico tratante.

La evaluación nutricional desde el diagnóstico y su seguimiento continuo antes, durante y después del tratamiento permiten identificar de manera temprana el riesgo nutricional y actuar a tiempo, ajustando la alimentación a cada etapa de la enfermedad antes de que el deterioro sea significativo.

Cuando la alimentación habitual no alcanza para cubrir los requerimientos nutricionales, una de las estrategias recomendadas es indicar, como parte del tratamiento oncológico, suplementos nutricionales especialmente diseñados para estas situaciones.

“Se trata de alimentos con propósitos médicos, en presentaciones líquidas o en polvo, que aportan energía, proteínas, vitaminas y minerales cuando la incorporación de nutrientes a través de la alimentación habitual es insuficiente”, explicó Senese. El objetivo es preservar la masa muscular, sostener la fuerza y acompañar al paciente durante todo el proceso terapéutico.

La evidencia muestra que un abordaje nutricional oportuno y multidisciplinario se asocia a mejores resultados clínicos, menos complicaciones y una mayor calidad de vida. “Tratar el cáncer implica acompañar a la persona en todas sus dimensiones, y la nutrición ocupa un lugar central en ese cuidado”, concluyó el oncólogo.

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