SALUD

¿Cuánto dura la comida en la heladera? Claves para evitar desperdicios y cuidar el bolsillo

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Ya sea por mala conservación, desconocimiento o falta de planificación, una parte importante de los alimentos que se compran termina en la basura. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), a nivel mundial se pierden o desperdician 1.300 millones de toneladas de alimentos cada año, lo que equivale a un tercio de toda la producción destinada al consumo humano.

Esta cifra representa no solo un fuerte impacto ambiental, sino también una pérdida económica y social significativa en la gestión de los hogares. Frente a esta realidad, especialistas en nutrición e inocuidad de Aramark Argentina, compañía multinacional especializada en servicios de alimentación y soporte de instalaciones, señalan que incorporar pequeñas pautas de organización diaria en la cocina puede marcar una gran diferencia.

“Muchas veces el problema no es la cantidad de alimentos que compramos, sino cómo los gestionamos en casa. Organizar bien la heladera, entender la vida útil de cada ingrediente y aplicar técnicas sencillas de conservación permite cuidar el presupuesto familiar, evitar riesgos para la salud y reducir el desperdicio”, expresó Eugenia Bozzoni, Jefe de Calidad de Aramark Argentina.

¿Cuánto duran realmente los alimentos en la heladera?

Conocer los tiempos promedio de conservación resulta fundamental para planificar el consumo y evitar descartar comida de manera apresurada:

  • Carnes crudas: de 2 a 3 días. Deben mantenerse siempre en recipientes cerrados para evitar goteos.
  • Comidas cocidas y sobras: hasta 3 o 4 días como máximo.
  • Lácteos abiertos: entre 5 y 7 días.
  • Huevos: hasta 3 semanas si se conservan refrigerados.
  • Frutas y verduras: entre 3 y 10 días, según el tipo y la forma de almacenamiento.

Cómo organizar la heladera de forma eficiente

El orden dentro de la heladera cumple un rol técnico esencial para garantizar la correcta circulación del frío y prevenir la contaminación cruzada:

  • Estantes superiores e intermedios: espacio ideal para alimentos cocidos, preparaciones listas para consumir, lácteos y fiambres.
  • Estante inferior: zona asignada a carnes crudas, siempre bien selladas para evitar que sus jugos entren en contacto con otros insumos.
  • Cajones: destinados a frutas y verduras, idealmente separadas entre sí.
  • Uso de envases y rotulado: guardar las sobras en recipientes transparentes y colocar los productos más antiguos al frente ayuda a visualizarlos con facilidad para consumirlos primero.

Recomendaciones prácticas para prolongar la frescura

Con pequeños cambios en la manipulación cotidiana es posible extender la durabilidad de varios insumos:

  • Hojas verdes (lechuga, espinaca): conservarlas lavadas, bien secas y envueltas en papel absorbente dentro de un contenedor hermético.
  • Limones: guardarlos sumergidos en un frasco con agua dentro de la heladera para mantener su jugosidad por más tiempo.
  • Bananas: separarlas del racimo o congelarlas en rodajas cuando alcancen un grado alto de maduración.
  • Manzanas: mantenerlas alejadas de otras frutas, ya que liberan etileno, un componente natural que acelera la maduración de los alimentos vecinos.
  • Paltas: si están abiertas, rociar la superficie con jugo de limón, cubrir con film al contacto y conservar con el carozo. Ante un exceso de paltas maduras, se pueden triturar con unas gotas de limón y congelar en porciones.

Con presencia en 14 provincias y más de 150 sitios operativos en todo el país, Aramark trabaja diariamente en entornos tan diversos como oficinas corporativas, plantas industriales, centros logísticos, establecimientos de salud y espacios de alta circulación. Esa experiencia le permite observar de primera mano cómo la calidad de los ambientes laborales influye en el bienestar de las personas y acompañar a las organizaciones en la construcción de espacios más seguros, confortables y saludables para sus equipos.

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Integrar, no empezar de nuevo: una agenda posible para la salud argentina

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Por Mario Koltan, presidente de Boreal Salud – Cada vez que hablamos de los problemas del sistema de salud argentino aparece la idea de una reforma profunda. Como si para resolver sus dificultades fuera necesario desarmar lo existente y comenzar de nuevo.

Quizás el desafío sea otro. Argentina cuenta con profesionales capacitados, hospitales de referencia, una extensa tradición de obras sociales y un sector privado con capacidad prestacional y tecnológica. Sin embargo, todas esas capacidades conviven dentro de un sistema profundamente fragmentado.

Hospitales públicos, obras sociales, empresas de medicina privada y PAMI administran recursos, padrones, información y redes diferentes. Esa fragmentación genera superposiciones, dificulta determinar quién debe financiar cada prestación y produce enormes diferencias de acceso. Por eso, antes que pensar en construir un sistema completamente nuevo, deberíamos preguntarnos cómo conectar mejor el que ya tenemos.

Según el Censo 2022 —la última fotografía poblacional integral disponible—, el 60,9% de la población declaró contar con obra social, prepaga o PAMI y el 35,8% dependía exclusivamente del sistema público. 

Pero tener una credencial no garantiza una atención oportuna. Los tiempos para conseguir un turno, la disponibilidad de especialistas, las distancias, los medicamentos o la continuidad de un tratamiento también forman parte de la cobertura.

Necesitamos pasar de medir solamente cuántas personas tienen cobertura a conocer cómo acceden realmente a la salud.

Integrar también significa usar mejor los recursos

El hospital público ocupa un lugar insustituible y debe continuar atendiendo a toda persona que lo necesite. Pero cuando alguien que posee obra social, prepaga u otro financiador se atiende allí, esa prestación debería poder identificarse y facturarse de manera eficiente al responsable.

Preservar el acceso universal y recuperar esos recursos no son objetivos contradictorios. Cobrar correctamente a quien corresponde también fortalece al sistema público. 

Algo similar ocurre con los medicamentos y tratamientos de altísimo costo. Hay riesgos que una obra social o un financiador, especialmente si es pequeño, difícilmente pueda afrontar individualmente. Necesitamos mecanismos colectivos, evaluación técnica y reglas transparentes que permitan distribuir mejor esos riesgos. 

Una agenda posible

No todo requiere empezar de cero. Podemos avanzar hacia una identificación sanitaria única; lograr que las historias clínicas sean interoperables; mejorar la recuperación de costos de los hospitales públicos; fortalecer la atención primaria; generar mecanismos comunes para tratamientos de altísimo costo y construir indicadores públicos sobre acceso y calidad. 

También debemos encontrar un equilibrio entre libertad de elección y solidaridad. La competencia puede generar eficiencia, pero la salud no es un mercado convencional. Los riesgos son diferentes y quienes más necesitan del sistema no pueden quedar en desventaja por su edad, sus enfermedades o su condición socioeconómica.

La discusión sobre el futuro de la salud argentina no debería reducirse a una disputa entre lo público y lo privado, entre obras sociales y prepagas o entre Nación y provincias.

Ninguno de esos actores puede resolver por sí solo las necesidades sanitarias de toda la población.

Argentina no necesita necesariamente empezar de nuevo. Necesita conectar mejor sus capacidades, distribuir los riesgos de manera más inteligente y lograr que los distintos actores funcionen como partes de un mismo sistema.

Quizás por allí empiece una reforma posible.

Mario Koltan es presidente de Boreal Salud
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Well-Aging: la dermocosmética cambia el enfoque y pone el cuidado de la piel antes que el daño

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Más de 100 profesionales participaron el lunes 21 de septiembre de una jornada organizada por Nora Simkin Distribuidora junto a IDRAET, dedicada al Well-Aging y a las nuevas tendencias en dermocosmética facial. El encuentro puso en discusión un cambio de paradigma dentro del sector: dejar atrás la lógica centrada exclusivamente en combatir los signos del envejecimiento para avanzar hacia una estrategia preventiva, basada en hábitos de cuidado sostenidos a lo largo de la vida.

Para Nora Simkin, referente de la distribuidora que lleva su nombre, la transformación empieza incluso antes de que aparezcan los primeros signos visibles. “Hoy en día no se habla más de anti age y de reparar un daño. Lo que estamos transmitiendo es el cuidado previo”, explicó durante una entrevista con Economis.

La idea detrás del Well-Aging, concepto asociado al “buen envejecer”, no consiste en negar el paso del tiempo sino en incorporar prácticas que permitan atravesarlo con mejores condiciones. La piel deja de ser observada únicamente como una cuestión estética y pasa a ser entendida como parte de un enfoque integral de bienestar.

Del anti-age a la prevención

El cambio de perspectiva también modifica el momento en que comienza el cuidado. Simkin plantea que la educación sobre la piel debería incorporarse desde edades tempranas, de manera similar a otros hábitos preventivos vinculados con la salud.

“La piel transmite un montón de cosas, transmite emociones, transmite salud y es un gran mapa de lectura para los médicos”, señaló. Desde esa mirada, aprender a reconocer alteraciones y consultar a tiempo puede contribuir a detectar problemas que exceden el campo estrictamente estético.

El planteo introduce una frontera importante entre estética y medicina. Los profesionales especializados en dermocosmética pueden trabajar sobre pieles normales o con determinadas alteraciones, pero deben reconocer cuándo una manifestación requiere evaluación médica. La recomendación, según Simkin, es derivar ante los primeros indicios que excedan el ámbito estético hacia especialistas como dermatólogos o endocrinólogos.

La lógica preventiva cambia así también el rol del profesional. Ya no se trata solamente de indicar un producto o un protocolo, sino de observar la piel, conocer los hábitos de la persona y adaptar el tratamiento a sus condiciones concretas.

Una piel no es igual durante todo el año

Uno de los puntos destacados durante la jornada fue la necesidad de abandonar los tratamientos estandarizados por edad. Para Simkin, el criterio debería ser la necesidad específica de cada piel.

El acné, por ejemplo, no es exclusivamente un problema adolescente. Los cambios hormonales, determinados hábitos y la alimentación pueden influir sobre la aparición de alteraciones en diferentes momentos de la vida. A esto se agregan las actividades cotidianas: una persona que nada regularmente en una pileta con productos químicos enfrenta condiciones diferentes de quien no tiene esa exposición; lo mismo ocurre con quienes trabajan al aire libre, viajan con frecuencia o permanecen buena parte del día frente a una computadora.

Por eso, un tratamiento que funcionó un mes atrás puede no ser adecuado en otro momento. El profesional debe considerar la estación del año, la exposición ambiental y las rutinas de cada persona antes de definir un protocolo.

La misma lógica alcanza a los hombres, un segmento que durante años tuvo una participación menor en el mercado del cuidado facial. “Los hombres también tienen piel y se tienen que cuidar”, resumió Simkin, aunque con protocolos que pueden contemplar necesidades específicas.

El nuevo consumidor también mira el origen

La transformación no se limita a los activos y tratamientos. También está cambiando el perfil de quienes consumen dermocosmética.

Según explicó Simkin, existe una generación cada vez más interesada no solamente por la eficacia de un producto, sino también por su procedencia, sus procesos de elaboración y su impacto ambiental. En ese mercado ganan espacio conceptos como sustentabilidad, productos no testeados en animales y formulaciones vinculadas con una producción responsable.

Nora Simkin Distribuidora trabaja con líneas que, según explicó su titular, buscan combinar el cuidado de la piel con criterios de sustentabilidad y procesos productivos desarrollados localmente. Algunas de esas líneas tienen además presencia en mercados internacionales.

El cambio revela una tendencia más amplia en el consumo: la decisión de compra comienza a incorporar variables que exceden el resultado inmediato sobre la piel. El origen de los activos, los procesos productivos y la relación entre cosmética y ambiente forman parte de una conversación que también llega al mostrador de las farmacias, centros de estética y espacios especializados.

Misiones y el desafío de cuidar la piel frente al sol

En Misiones, la discusión adquiere una dimensión particular por la exposición solar y por la cantidad de actividades que se desarrollan al aire libre durante buena parte del año. Con la llegada de la primavera y el verano, el cuidado preventivo vuelve a ocupar un lugar central.

Simkin remarcó la importancia de evitar la exposición solar en los horarios de mayor intensidad y utilizar protección adecuada cuando las actividades obligan a permanecer al aire libre. También planteó que la exposición solar no debe analizarse desde una lógica de prohibición absoluta, sino desde la incorporación de hábitos que permitan reducir el daño.

Para quienes trabajan en exteriores, la protección solar deja de ser un recurso asociado únicamente a vacaciones o jornadas de playa y se transforma en una práctica cotidiana. La diferencia es importante en una provincia donde numerosas actividades productivas, comerciales y recreativas se desarrollan bajo exposición ambiental.

El cuidado también requiere contemplar que las necesidades de la piel cambian. Una persona que viaja, practica natación, trabaja al aire libre o modifica sus rutinas puede necesitar ajustar sus protocolos. Allí vuelve a aparecer el papel del profesional: evaluar la situación concreta antes de repetir mecánicamente un tratamiento.

La nueva frontera: envejecer bien

La jornada de IDRAET mostró que la evolución de la dermocosmética no pasa solamente por nuevos productos o activos. El cambio más profundo está en la pregunta que organiza el tratamiento.

La lógica tradicional buscaba intervenir cuando el daño ya era visible. El Well-Aging propone anticiparse: construir hábitos, proteger la piel, observar sus cambios y recurrir a profesionales cuando una alteración excede el campo cosmético.

“Lo importante es ahora”, sintetizó Simkin al referirse al buen envejecer. La frase resume una transformación que va más allá de la estética: asumir que el envejecimiento es un proceso inevitable, pero que las condiciones en las que se llega a cada etapa están atravesadas por decisiones acumuladas durante años.

En ese recorrido, la solución no pasa por perseguir una apariencia determinada, sino por convertir el cuidado preventivo en un hábito. Para una provincia como Misiones, donde el sol, el clima y las actividades al aire libre forman parte de la vida cotidiana, esa conversación puede adquirir además una dimensión concreta de salud y educación.

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El costo de tener un bebé en Latinoamérica: ¿Dónde son más baratos los productos esenciales?

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Tener un hijo también tiene su propia inflación doméstica. Pañales, fórmula, ropa, cuna, colchón, cochecito y silla para el auto forman una canasta que empieza a pesar sobre el presupuesto incluso antes de sumar gastos médicos, guardería o educación. Y cuánto pesa depende, de manera extraordinaria, del país en el que nace el bebé.

Un relevamiento internacional realizado por Remitly en más de 90 países calculó cuánto cuesta afrontar durante el primer año una canasta de productos considerados básicos para la crianza. El resultado muestra diferencias de más de cinco veces entre los extremos: mientras en Pakistán el costo estimado alcanza los US$1.720, en Uzbekistán trepa hasta US$8.879.

Pero el precio nominal cuenta apenas una parte de la historia. La verdadera diferencia aparece cuando esa canasta se compara con los ingresos de cada país.

En Uzbekistán, por ejemplo, los US$8.879 necesarios para adquirir esos productos equivalen al 177% del ingreso anual promedio, calculado en US$5.028. Es decir, la canasta seleccionada para un bebé cuesta casi 1,8 años completos de ingresos promedio.

Estados Unidos presenta el fenómeno inverso. Allí, los mismos productos demandan unos US$5.150 durante el primer año, pero representan apenas el 6,8% de un ingreso promedio anual estimado en US$75.275. Esa relación lo ubica como el cuarto país más accesible del relevamiento, aun cuando existen 49 países donde el precio nominal de la canasta es menor.

La comparación pone en evidencia una cuestión central: no alcanza con saber cuánto cuestan los productos; importa cuánto del salario hay que entregar para comprarlos.

Pañales: miles de cambios durante el primer año

Una parte considerable del presupuesto se va literalmente en cada cambio de pañal.

Para hacer comparables los países, el estudio construyó una canasta anual que contempla 1.110 pañales talla S, 960 talla M y 840 talla L. Son 2.910 pañales durante el primer año, además de 7.800 toallitas húmedas y 400 mililitros de crema para rozaduras.

En Estados Unidos, ese conjunto cuesta aproximadamente US$1.228, equivalente al 1,6% del ingreso promedio. Finlandia presenta una de las mejores relaciones entre precios e ingresos: allí la canasta cuesta US$892 y representa alrededor del 1,3% del salario promedio.

En el extremo opuesto aparecen países donde un gasto cotidiano se convierte en una carga enorme sobre los hogares. El costo anual de los pañales y productos asociados equivale al 123,6% del ingreso promedio en Nigeria, al 44,9% en Egipto y al 43,6% en Ghana.

También existen diferencias llamativas dentro de los países de altos ingresos. En Suiza, por ejemplo, la provisión anual calculada por el estudio llega a US$2.534 y en Kosovo a US$2.448.

La alimentación abre otra brecha. El estudio calculó el costo de seis meses de fórmula Etapa 1 y otros seis meses de Etapa 2. Entre los países relevados, Armenia aparece con uno de los valores más elevados, US$3.471 anuales, seguida por Costa Rica, con US$3.396.

Estados Unidos alcanza los US$2.740 y figura entre los países con mayores precios absolutos.

En Reino Unido, en cambio, el suministro anual estimado cuesta US$759, alrededor del 1,8% del ingreso promedio nacional.

Las diferencias son todavía más profundas cuando el costo se relaciona con los salarios: en Nigeria y Bangladesh, según el relevamiento, un año de fórmula puede superar el ingreso anual promedio.

La ropa, el gasto que más pesa

Entre todas las categorías relevadas, la ropa resultó la más costosa en promedio.

La metodología contempla 60 bodis, 60 mamelucos o pantalones y 24 pares de calcetines durante el primer año. Esa canasta tiene un costo mundial promedio de US$1.496.

Tailandia encabeza los precios con US$3.807, seguida por Suecia, con US$3.649, y Países Bajos, con US$3.462.

En Estados Unidos, en contraste, la selección cuesta US$548. Es 36,4% menos que los US$861 calculados para Reino Unido y 55,2% menos que los US$1.223 de México.

Otra vez, el ingreso modifica por completo la lectura: en Tailandia, la ropa considerada necesaria representa el 63,2% del salario promedio anual.

Dormir y trasladarse también tienen precio

El relevamiento sumó una cuna o moisés, colchón, cinco sábanas ajustables y cinco mantas para estimar el costo básico asociado al descanso.

Brasil aparece aquí entre los países más económicos, con apenas US$148, seguido por Bosnia-Herzegovina, con US$163. Islandia se encuentra en el otro extremo: US$1.347.

Estados Unidos registra US$242, equivalentes a apenas el 0,3% de su ingreso anual promedio.

Para transporte se consideraron dos bienes: una silla de seguridad para automóvil y un cochecito.

Filipinas registra un costo conjunto de US$71 y Bangladesh de US$79. Islandia vuelve a ubicarse en el extremo superior, con US$1.103. España, Albania, Austria y Mónaco rondan o superan los US$700.

Una canasta internacional con una advertencia

Los números permiten comparar países, aunque no deben confundirse con el costo integral de criar a un hijo.

El estudio no incluye parto, atención médica, medicamentos, cuidado infantil, guarderías, vivienda ni otros gastos familiares. Tampoco pretende establecer una canasta universal de crianza: los productos y cantidades fueron seleccionados siguiendo estándares habituales en Estados Unidos, que no necesariamente coinciden con las costumbres de cada sociedad.

La metodología incluyó el relevamiento manual de tiendas de artículos para bebés, supermercados y farmacias online en más de 90 países. Se tomaron opciones económicas para 14 productos, agrupados en seis categorías, y luego se proyectaron las cantidades necesarias para un año.

Los precios fueron convertidos a dólares con cotizaciones del 18 de junio de 2026. Para analizar la accesibilidad, los costos se contrastaron con datos de salarios promedio de la Organización Internacional del Trabajo.

Ese detalle metodológico es importante porque revela qué mide realmente el ranking: no cuánto cuesta criar a un hijo, sino cuánto cuesta comprar una determinada canasta internacional de bienes durante sus primeros doce meses de vida.

Y allí aparece quizá el dato económico más potente del relevamiento. El mismo pañal, la misma cuna o una necesidad semejante pueden significar una fracción menor del sueldo en un país y varios meses de ingresos en otro. El precio importa; el salario que debe pagarlo, mucho más.

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Fundación GEDyT busca llevar la detección y prevención del cáncer de colon a todo el país

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Como cada año, este fue el sexto, Fundación GEDyT realizó su gala solidaria de recaudación de fondos para llevar adelante políticas y campañas de detección y prevención del cáncer de colon, una patología que afecta principalmente a mayores de 45 años pero que cada vez más se observan casos de morbilidad a edades tempranas.

De esta nueva edición participaron Flor de la V, Carmen Barbieri, Araceli González, Flor Torrente, Fabián Mazzei, Guillermina Valdés, Germán Paoloski, Marcelo Polino,Fabián Medina Flores, Evelyn Botto, Fede Bal, Osvaldo Gross, Gladys Florimonte, Guillermo Capuya, Daniel López Rosetti, Barbie Simons, Ailén Bechara, Claudio Rigoli, Susana Roccasalvo, entre otros.

A su vez se hicieron presentes funcionarios del Ministerio de Salud de CABA, Subsecretaría de Salud Pública de la Provincia de Buenos Aires, representantes de la embajada de USA e Italia, representantes del Director de Hospital de Clínicas (UBA), legisladores Carlos Arce y Graciela Ocaña. 

Llegar a tiempo y a todo el país

Con la conducción de Mariana Fabbiani y Guillermo Lobo, como anfitriones, y la organización de Be Plan Eventos, desde Fundación GEDyT se resaltó la importancia de la detección temprana del cáncer colorrectal. Así, el Dr. Luis Caro, presidente de la organización social, destacó que siempre piensa “en las mismas caras: las de quienes hoy no están y las de quienes, gracias a un control a tiempo, siguen estando. Esa es la razón por la que existe Fundación GEDYT. Hace años sabemos algo que debería interpelarnos a todos: el cáncer colorrectal es una enfermedad que, en gran medida, podemos prevenir. Tenemos el conocimiento. Tenemos profesionales preparados. Tenemos herramientas para detectarlo antes. Fundación GEDYT nació de esa convicción. Todo lo que recaudamos en la Noche Azul anterior hoy se convirtió en estudios, formación y prevención en el territorio. Detrás de cada uno de esos resultados hay algo mucho más importante que un número: hay una persona que tuvo la oportunidad de llegar a tiempo. Lo que empieza hoy acá, en esta mesa, en esta noche, es lo que el año que viene se convierte en más personas cuidadas a tiempo”.

A su vez, trascendiendo y reforzando las acciones que viene desarrollando la Fundación, se anunció el trabajo que se realizará durante el año entrante: impulsar una política pública para llevar los controles diagnósticos y la prevención a todo el territorio nacional.

Emilia Caro, directora de Fundación GEDYT y presidente global de Women in Global Health, señaló que “este año, por segundo año consecutivo, salimos al territorio en la Ciudad de Buenos Aires junto a Merck, LALCEC y Enfermeros Protagonistas, con el aval de la Asociación Argentina de Oncología Clínica y de la Sociedad Argentina de Gastroenterología. Fuimos a los barrios. Puerta a puerta. A buscar a personas que nunca se habían hecho un estudio. Distribuimos más de 300 tests gratuitos. El resultado fue que el 92% de esos test volvieron para poder ser analizados. La voluntad de las personas está. Lo que tenemos que construir es un sistema capaz de llegar. Hoy, en la Ciudad de Buenos Aires, la prevención del cáncer colorrectal es ley, y la Fundación fue protagonista de ese proceso acompañado e impulsado por la legisladora Graciela Ocaña”. Con este impulso y conocimiento de las acciones que se desarrollaron en la Ciudad, desde GEDyT se trabaja intensamente en el proyecto de un plan nacional y, así, extender la prevención y la detección a toda la Argentina.

“Hoy hay un proyecto en la Comisión de Salud del Congreso de la Nación que impulsamos con un objetivo muy concreto: que la prevención del cáncer colorrectal se convierta en una política nacional. Por eso esta noche quiero anunciar que en 2027 vamos a dar el próximo paso: desde Fundación GEDYT vamos a impulsar un Programa Federal de Prevención del Cáncer Colorrectal construido sobre todo lo que aprendimos hasta ahora y junto a la red de más de cien instituciones que vienen trabajando con nosotros y desde ya todo aquel que quiera sumarse será bienvenido para aunar fuerzas y lograr nuestro objetivo”.

Durante la Gala Azul se hicieron presentes Juan Carlos Baglieto y Julia Zenko, quienes dieron un mini recital con grandes clásicos del rock nacional. También, como acto de agradecimiento a los presentes y apoyo a la causa de Fundación GEDyT, Patricia Sosa subió al escenario y repasó algunos de sus grandes éxitos.

Reconocimiento a la labor femenina

Entre las novedades que tuvo esta Gala Azul, este año se entregó el “Premio Mujeres Destacadas en Gastroenterología y Endoscopía”, que cuenta con el apoyo de Laboratorios Domínguez. El premio busca visibilizar a mujeres que, con su compromiso, talento y liderazgo, inspiran transformaciones en el campo de la gastroenterología. 

La entrega estuvo a cargo de Emilia Caro acompañada de la Dra. Claudia Negri, recientemente elegida como la primera mujer decana en la historia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA). El galardón fue para la Dra. Salma Salim, médica gastroenteróloga y endoscopista. “Las mujeres somos una parte enorme de quienes sostienen todos los días nuestros sistemas de salud. Pero esa presencia todavía no se refleja de la misma manera cuando miramos las jefaturas, los espacios académicos y los lugares donde se toman las decisiones. Cuando las mujeres no están en los lugares donde se decide, perdemos talento, perspectivas y capacidad para construir mejores sistemas de salud”, señaló la directiva de la Fundación.

Subasta solidaria

Gracias al aporte de los clubes River, Boca, Racing e Independiente, se realizó la tradicional subasta de camisetas de fútbol, una de las formas que la Fundación desarrolla para recaudar fondos durante la Noche Azul. 

El segmento, conducido por Guillermo Lobo y contó con la presencia de Federico Bal quien dijo “quería estar acá esta noche, y por suerte se pudo dar. Porque hay algo que quiero decirles desde un lugar muy personal: yo sé lo que significa que una enfermedad cambie tu historia, tu vida. Y también sé lo importante que es tener la posibilidad de detectarla a tiempo. Hoy estamos acá para hablar de prevención. Pero, sobre todo, para hacer que la prevención llegue a más personas”. En total, las 4 camisetas se subastaron en $3.600.000. 

Como cierre de este momento, la artista rusa Nina Kurpyakova, que pintó su cuadro durante la Noche Azul reflejando las emociones y momentos de la gala,  logró recaudar durante la subasta $500.000.

Pero más allá de estos importantes aportes puntuales, cabe destacar que durante todo el año la Fundación mantiene canales de donación para que toda persona que lo desee pueda ser parte de esta gran misión y, así, extender el plan a toda la Argentina. Para poder ser parte de este proyecto se puede ingresar a Mercado Pago o a https://donaronline.org/fundacion-gedyt/fundacion-gedyt

Galas anteriores

En la edición anterior, se recaudaron más de $265 millones, que permitieron llevar adelante el desarrollo de una política pública en CABA para establecer a marzo como “Mes del Cáncer de Colon” y así desarrollar campañas de prevención y detección. De esta forma, en 2026 se dispuso de información y testeo en las Postas Saludables de la Ciudad. Además, se realizó la entrega de test Q-FIT al Hospital de Clínicas.

Con lo recaudado en 2024 se financiaron estudios de tamizaje para pacientes de hospitales públicos y se impulsaron investigaciones, proyectos y programas de la Fundación GEDYT, con un enfoque en la prevención y detección temprana del cáncer de colon.

En el 2023 con lo recaudado se pudieron financiar estudios de prevención y detección temprana del cáncer de colon, además del desarrollo de programas de formación para endoscopistas, con el objetivo de fortalecer la atención y mejorar la calidad del diagnóstico en los pacientes.

Por su parte, en 2022, se realizó la renovación y puesta en valor del servicio de gastroenterología del Hospital de Clínicas “José de San Martín”. El objetivo de la obra fue ampliar y renovar el servicio de gastroenterología con el fin de mejorar la capacidad y la calidad de atención de los pacientes que asisten a consultas médicas relacionadas con la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades digestivas. 

En 2019 se desarrolló la primera Noche Azul, los fondos se destinaron al desarrollo de la plataforma virtual de docencia y al desarrollo del Programa de Formación de cáncer de colon. También en 2020, se realizó el simposio virtual sobre cáncer de colon y en 2021 el simposio híbrido en el Complejo La Plaza.

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