Cómo algunas ciudades del mundo están enfrentando el turismo masivo
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Por Florencia Tuchin / Otra Economía – En los últimos años, ciudades como Venecia, Kioto o Ámsterdam se han convertido en ejemplos de lo que se conoce como sobreturismo: lugares hermosos que atraen multitudes, pero que ya no pueden sostener la afluencia sin dañar su esencia. El turismo masivo deja dinero, claro, pero también expulsa a vecinos, encarece la vivienda, deteriora el patrimonio cultural y natural, y genera una experiencia más frustrante que placentera tanto para visitantes como para quienes habitan esos lugares.
En 2024, el número de visitantes internacionales a Japón alcanzó aproximadamente los 36,87 millones, un récord histórico que representa un aumento del 47,1 % en comparación con el año anterior. En 2023, el gasto de los visitantes extranjeros totalizó 5,3 billones de yenes, un 10,2 % más que en 2019, antes de la pandemia de COVID-19. En respuesta, el gobierno japonés fijó como meta recibir a 60 millones de turistas internacionales para 2030. Estos datos se desprenden de un artículo del World Economic Forum.
La concentración excesiva de turistas en los destinos más populares ha perjudicado a las comunidades aledañas. En Kioto, una ciudad histórica con gran atractivo turístico, el transporte público se ha saturado, dificultando los desplazamientos cotidianos de los residentes. El aumento de alojamientos en zonas urbanas también ha generado desafíos, como la contaminación acústica y la gestión de residuos. También se reportaron problemas similares asociados al sobreturismo en Hokkaido y Tokio.
En octubre de 2024, Japan Airlines y Hoshino Resorts colaboraron para promover entre los turistas internacionales regiones menos conocidas de Japón. La iniciativa incluye la difusión de “joyas ocultas” relativamente poco conocidas a través de sus sitios web, campañas en Instagram y paquetes que combinan vuelos de Japan Airlines con alojamiento en instalaciones de Hoshino Resorts. Esta iniciativa busca facilitar la exploración de regiones que los turistas quizás no habrían considerado, mitigar el sobreturismo y, al mismo tiempo, contribuir a la revitalización regional.
En Hokkaido, el monte Hakodate, conocido por sus vistas panorámicas, ha enfrentado problemas de saturación en su mirador de la cima. En enero de 2025, la ciudad de Hakodate implementó un sistema para visualizar la congestión y así abordar esta situación.
Se instalaron señalizaciones digitales en la estación de Hakodate, que permiten el seguimiento en tiempo real de los niveles de congestión en ocho puntos, incluido el mirador de la cima y la estación del teleférico que lleva a la cima. Además, los visitantes pueden consultar los niveles de congestión en sus teléfonos móviles escaneando un código QR.
Para evitar el turismo masivo, en Ámsterdam decidieron que no van a permitir nuevos hoteles en el centro de la ciudad. La medida busca frenar el crecimiento indiscriminado de alojamientos turísticos que elevan el precio de la vivienda y expulsan a quienes viven y trabajan en la ciudad. Allí también comenzaron a cobrar impuestos más altos a quienes visitan por un solo día.
Desde abril de 2024, en Venecia quienes no duermen en la ciudad deben pagar una tasa de ingreso. La medida es simbólica pero también práctica: los fondos se destinan a tareas de limpieza y preservación. Cada turista aporta, al menos económicamente, al cuidado del lugar.
Pero más allá de las restricciones, los especialistas coinciden en que la clave está en un cambio cultural: dejar de pensar el viaje como una conquista o un consumo rápido. Volver a viajar con curiosidad, sí, pero también con respeto por quienes habitan esos lugares todos los días del año.
Parte del problema es que muchos turistas no conocen las normas locales. Japón, por ejemplo, es famoso por sus calles limpias, pero eso es posible porque la mayoría de los residentes llevan sus residuos consigo hasta sus casas. No hay tachos en la vía pública. Los visitantes no siempre comprenden esa lógica, lo que genera fricción y molestias.
Mientras tanto, algunas iniciativas combinan turismo con acción positiva. CopenPay es un programa piloto lanzado por Copenhagen entre el 15 de julio y el 11 de agosto de 2024. La propuesta incentiva a visitantes y residentes a adoptar conductas amigables con el ambiente —como andar en bicicleta, usar transporte público o participar en limpieza urbana— a cambio de recompensas ofrecidas por más de 24 negocios locales, incluyendo cafés, museos, senderismo urbano o alquileres de kayak . En 2025, CopenPay se llevará a cabo durante 9 semanas, del 17 de junio al 17 de agosto.
Además de ofrecer beneficios inmediatos —como un almuerzo, café, acceso a museos, incluso una sesión adicional de esquí en la azotea de una planta de energía— el programa está centrado en generar un impacto a largo plazo: inspirar hábitos que trasciendan la estadía del turista.
