Cómo es la infancia de un niño superdotado “Me trataron como un mono de feria”

Javier González Recuenco, en una entrevista para la BBC contó su traumática historia como un niño superdotado.

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Javier González Recuenco, en una entrevista para la BBC contó su traumática historia como un niño superdotado.

 Javier González Recuenco, en esta entrevista reconoce que él mismo pronto se dio cuenta que no era igual a los niños que estaban en su escuela. Muchos años sufrió esa diferencia por sus compañeros, recordando su infancia como un infierno. Sin embargo, a pesar de la falta de ayuda familiar, ni de la escuela pudo salir adelante y aprender a vivir con su superdotación.

Hoy ya con 51 años, es presidente de la Asociación Internacional de Superdotados, ayuda a otros desde su rol, además de colaborar con proyectos como el documental “Las cebras”, de José Reguera, que trata sobre cómo mejorar la vida de los niños superdotados y de altas capacidades.

El hombre narra cómo es vivir con sus capacidades, con un cerebro que está pasos delante de sus pares, “Mis compañeros, mis socios y la gente con la que trabajamos, ya no se preocupan cuando estamos dentro de una reunión y yo estoy haciendo cualquier otra cosa con el móvil. Saben perfectamente que estoy metido en el asunto. Es como si tuvieras un exceso constante de energía o de espacio en el disco duro y es terrible”.

 Javier González Recuenco señala, que no es sencillo poner en blanco la mente, que todos los días, todo el tiempo su mente está activa, “cuando te duermes, lo que sucede es que el cuerpo colapsa físicamente. Pero no es que hayas logrado una paz mental”.

En este sentido, comenta que lo más importante es rodearse de personas comprensivas, “tienen que entender que tú haces esas cosas de manera inconsciente”. “La gente se sorprende cuando parece que estás distraído o haciendo otra cosa. Normalmente tienes que tener cuidado de tener unos básicos de cortesía humana, porque a la gente le gusta que le mires a los ojos, tener la sensación de que tiene toda tu atención. La línea entre las altas capacidades y el asperger, el autismo es bastante fina”.  

Infancia

Javier narra que, de niño hasta la adultez, jamás fue consciente de ser superdotado, aunque pensaba que era raro que lo habían cambiado de salas de 3 a 5 años, con los de segundo de EGB que tenían entre 7-8 años. A su corta edad sabía todos los nombres de sus compañeros de clase, pero no eran cosas que él daba mayor importancia.

Reconociendo que su infancia fue terrorífica, hoy trata de ayudar a padres de hijos con altas capacidades, porque a él le hubiera gustado que alguien hubiese ayudado a los suyos. Sus padres, oriundos de pueblos pequeños de España, no conocían el mundo en el que él vivía.

Vivió unos años en Madrid, en el pueblo de sus abuelos Valera de Abajo, en Cuenca. Según cuenta la había pasado bien, a pesar de pequeños problemas “había una especie de cosas raras como sacar todo sobresalientes o cómo organizar la biblioteca del colegio”.

Lo que más le costó fue que al salir de ese lugar, con apenas 12 años, ingresó a un colegio con mucha jerarquía en la educación física en Madrid, pero él no tenía ningún conocimiento sobre educación física.

Según Javier, tuvo dos momentos críticos en su infancia, o el cree que son momentos críticos en las infancias de los niños superdotados, el momento de aprender a andar en bicicleta, que en general lo hacen muy tarde, porque al estar acostumbrados a hacer todo bien inmediatamente, pero “la bicicleta es la primera cosa a la que tienen acceso cuando eres pequeño y que implica una serie de cosas como la coordinación, equilibrio, que no tienen que ver con tu capacidad mental”.

Él como tantos otros niños con altas capacidades, rápidamente desistió de aprender porque no se agradaba de sentirse incompetente en algo, no estaba acostumbrado.

Otro de los momentos críticos, para él, es el inicio de los trabajos grupales. “Hay un momento dado en el que se empiezan a encargar trabajos en grupo y este tipo de chicos ven el trabajo de sus compañeros y no se pueden creer. Piensan que es una especie de broma o algo por el estilo”.

Según Javier, esto lo degeneró, profundizado a que no era el más atlético, tampoco tenía la serie de cosas que compensan sus capacidades mentales, por lo que su infancia fue muy compleja.

El acoso que sufrió en el colegio, no sucedió hasta que ingresó a su segunda etapa escolar, donde se dio cuenta que era diferente por las malas, a través de insultos y el Bullying salvaje. “En esos momentos te sientes muy mal. Tienes la sensación de que tus padres no se enteran de nada. Le daba las notas a mis padres, me daban un beso en la frente encantados y yo lo único que pensaba era en tirarme debajo del siguiente autobús. Cuando tienes esa edad el colegio es tu vida y si el colegio es un infierno, toda tu vida es un infierno”.

A los 15 años, al haber crecido tomó la decisión de que la violencia funcionaba. “Descubrí que si he sido el mejor, ahora voy a ser el peor”. De sufrir Bullying salvaje se convirtió en un líder de un grupo de gente complicada.

Javier cuenta que, a su amigo y compañero de Mensa, Pepe Beltrán, un profesor le salvó la vida cuando entró a la clase y los compañeros lo estaban colgando con una soga de una persiana. “Para algunos de nosotros, la adolescencia es un sitio lleno de malos recuerdos, porque la gente rápidamente identifica al diferente. Al menos eso sucede con los chicos, no tengo muy claro cuál es la dinámica, por ejemplo, con las chicas”, comenta.

Afrontar el proceso solo

Cuando sufría Bullying, Javier jamás buscó ayuda de los profesores o de sus padres, “tenía la sensación de que no hubieran entendido absolutamente nada por lo que estaba pasando. Lo mismo con los profesores”.

Él señala que sentía que para sus padres era un “Mono de feria”, “Era de estos niños que hablaban muy bien, muy articulado. Era capaz de recitar muchas cosas de memoria. Mis padres estaban encantados. Era muy buen estudiante, no daba problemas. Tampoco les conté nada de lo que pasaba en el colegio, si somos justos”.

Nunca ni en su adultez pudo hablar abiertamente al respecto con sus padres, con su hermano que era dos años menor, pudo hablarlo, pero al haber procesado todo lo que había pasado en la niñez y la adolescencia.

Javier cuenta, que terminó el bachillerato pobremente porque se había dedicado a ser un malo de la calle, pero al pasar a la universidad hizo la carrera de Ingeniería en Informática fácilmente, luego se recibió en Administración de Empresas.

Su padre, quién había conseguido ingresar en Telefónica, cuando tenía apenas 18 años, pidió una entrevista en esta empresa para él, como ayudante de informática.

Él, que por escapar de su realidad, desde los 12 había incursionado en los primeros ordenadores personales, se presentó a la entrevista con 18, donde frente a una 10 mil personas quedó entre los primeros 50.

En Telefónica estuvo varios años, porque entendió que tenía acceso al mundo de la tecnología, allí pudo desarrollar Telefónica Data en el 1995, además de montar una Startup en el 2002. Trabajando en este lugar se dio cuenta, que podría tener relación con un artículo que había leído a los 12 años. Buscó si en España existía Mensa, se acercó y en 1992 ingresó al superar los test.

Pero asume que ya había pasado lo más difícil de su vida, que bien podría haberse suicidado, como caer en las drogas, pero tuvo la suerte de que no fuera así. Hoy Javier está casado y tiene 3 hijas, una que posiblemente tenga una alta capacidad, las otras dos que posiblemente también. Pero por su experiencia se enfoca en hablar mucho con la más sobresaliente de las 3.

Aún así, con su experiencia por haber pasado por el camino de la superdotación en soledad y poder aconsejar a su hija, ella también sufre problemas de integración, además de problemas a la hora de empatizar en las dinámicas de grupo. Pero, él reconoce que no tiene el desamparo que sintió él, o el nivel de incomprensión, por lo que ya corre con bastante ventaja.

Organizaciones en Argentina

En la Argentina existen organizaciones dedicadas a apoyar a los niños con altas capacidades, tal es el caso de la Asociación Altas Capacidades Argentina, Abrazo Arco IrisMensa Argentina y Embajadores ACI Argentina. Todas ellas destinadas a difundir, capacitar a padres y profesionales de la docencia para apoyar a los niños, jóvenes y adultos con superdotación, con respecto a su temprana detección y ayuda.

Según un estudio del área de Neuropsicología de la UNC, un 15% de los niños del país tienen altas capacidades, de los cuales un 13% son talentosos y un 2% son superdotados, es decir que además de ser talentosos en un área específica pueden tener razonamiento lógico interrelacional.

Por lo cual una identificación temprana ayuda a la socialización, guía y estímulo necesario. Además de orientar a su familia y a los institutos donde asisten. Desde las asociaciones perciben que hay mucha desinformación y mitos sobre los niños con altas capacidades en los institutos educativos, lo que afecta la detección de casos puntuales.

A la vez las organizaciones, promueven la difusión sobre los aspectos que permiten reconocer a un niño con altas capacidades, para apoyarlos y que ellos tengan un desarrollo pleno, con un respaldo y comprensión necesarios. Ya que como en la narración de Javier González Recuenco, suelen ser niños incomprendidos en el ámbito social, por ello la necesidad del desarrollo emocional adecuado, para garantizar uno de los derechos del niño que es una infancia plena y feliz. 

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