Cuando el río decide: el desafío de producir en la primera línea del Alto Uruguay

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En la costa del Alto Uruguay el pronóstico del tiempo nunca es una simple conversación de sobremesa. Allí, donde la ganadería comparte espacio con la caña de azúcar, la forestación y las pequeñas chacras familiares, una lluvia intensa puede transformar en pocas horas la rutina de cientos de productores. El río crece, los caminos desaparecen bajo el agua, la balsa deja de cruzar hacia Porto Xavier y el aislamiento vuelve a convertirse en una amenaza cotidiana.

Miguel Ángel Mendoza lo sabe porque lo vive. Antes que presidente de la Federación de Asociaciones Rurales de Misiones (FARM), es productor de San Javier. Su campo está sobre la costa y cada creciente le recuerda que, en esa geografía, la naturaleza siempre tiene la última palabra.

Durante una entrevista en Frontera Jesuita, por FM República, Mendoza describió una realidad que pocas veces aparece en los informes técnicos: detrás de cada metro que gana el río hay productores que dejan de mover hacienda, camiones que no pueden retirar caña, vecinos que quedan incomunicados y familias enteras pendientes de los partes de Prefectura.

“Cuando el río supera determinados niveles se corta el paso a Porto Xavier y varios productores quedan aislados. Mi propio establecimiento queda incomunicado. Ahí ya no hablamos solamente de producción; hablamos de poder llegar a la chacra.”

La creciente de estos días volvió a poner en pausa la actividad en buena parte de la costa misionera. El servicio de balsa quedó suspendido y varios caminos vecinales volvieron a desaparecer bajo el agua.

Más que una inundación, un problema logístico

El dirigente insiste en que el impacto económico comienza mucho antes de que el agua ingrese a los campos.

Cuando un camino se corta, el productor pierde capacidad de reacción. No puede trasladar animales, sacar madera, entregar caña al ingenio ni abastecerse de insumos. La producción queda literalmente detenida.

“Hay colonos que saben que durante varios días no van a poder mover un solo animal.”

Por eso celebra la conformación de una comisión de emergencia hídrica integrada por Prefectura, Ejército, Salud Pública, Educación, municipios y las entidades rurales.

“No alcanza con reaccionar cuando el río ya está arriba. La prevención tiene que empezar mucho antes.”

Mientras los pronósticos anticipan un posible evento Niño de gran intensidad para la próxima primavera, Mendoza vuelve sobre un viejo reclamo: los caminos rurales.

Recuerda que cuando era niño, antes de cada zafra azucarera, las máquinas recorrían sistemáticamente la colonia para dejar toda la red vial en condiciones. “No había la tecnología que existe hoy, pero los caminos se preparaban igual”.

Hoy cree que el desafío pasa por recuperar esa lógica de trabajo conjunto. “No siempre el municipio tiene recursos suficientes. Pero si el Estado y los productores colaboran, muchas soluciones pueden encontrarse. Nosotros nunca apostamos a la confrontación; apostamos al diálogo”.

La llegada de Mendoza a la presidencia de la FARM también marca un cambio territorial.

Después de gestiones encabezadas desde otras regiones productivas de Misiones, la conducción vuelve su mirada hacia la costa del Uruguay, donde la combinación entre producción y vulnerabilidad climática exige una presencia permanente.

La entidad reúne actualmente 15 asociaciones rurales distribuidas en toda la provincia y busca fortalecer especialmente el trabajo con los productores de San Javier, Alba Posse, Panambí, El Soberbio y Aurora.

“No queremos esperar que aparezca la emergencia para empezar a trabajar”.

Gobernar antes que reclamar

Quizás la definición más interesante de Mendoza no tenga que ver con el agua, sino con la forma de ejercer la representación gremial. En tiempos donde muchas entidades construyen su identidad desde la confrontación política, el presidente de la FARM plantea otra lógica.

“Nuestro trabajo es aportar ideas y sentarnos a dialogar con quien tenga que tomar decisiones. Lo importante es que las soluciones lleguen al productor.”

En la costa del Alto Uruguay esa filosofía tiene un sentido práctico. Allí el río no distingue colores políticos. Cuando crece, deja aislados por igual a productores, vecinos y escuelas. Y cuando finalmente baja, vuelve a quedar al descubierto la verdadera discusión: cuánto de esa emergencia podría haberse evitado con planificación.

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