Cumbre del Mercosur: ante el anfitrión Lula, Milei criticó al bloque y pidió mayor apertura comercial
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Javier Milei formó parte de la “foto de familia” con vista a las Cataratas y participa de la cumbre del Mercosur en Foz de Iguazú. El encuentro, que arrancó minutos después de las 9.30 de este sábado, reunió a los mandatarios del bloque con un objetivo central: definir una postura firme ante las idas y vueltas de la Unión Europea respecto al acuerdo de libre comercio que lleva más de dos décadas en veremos.
La postal grupal dejó ver la frialdad que domina el vínculo entre los líderes de las dos economías más grandes de la región. Si bien el presidente argentino saludó a su par de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, el gesto fue protocolar, sin sonrisas y con una distancia física que se mantuvo durante toda la previa. Mientras Lula charlaba animadamente con Santiago Peña (Paraguay) y Yamandú Orsi (Uruguay) sobre el paisaje, Milei se quedó un tanto apartado, ubicado entre Peña y el panameño José Raúl Mulino.
Milei que marcó un quiebre explícito con la tradición discursiva del bloque regional. Con un tono confrontativo y reformista, el mandatario sostuvo que el Mercosur “fracasó en cumplir sus objetivos centrales” y advirtió que, si no se adapta a los cambios globales, corre el riesgo de convertirse en “un freno para el futuro”.
Tras agradecer a Brasil por la organización del encuentro, Milei saludó a sus pares de Paraguay, Uruguay y Panamá, dio la bienvenida a Bolivia -que participa por primera vez en esta instancia- y felicitó al pueblo chileno por la reciente elección presidencial que consagró a José Antonio Kast, a quien definió como “un amigo” y como expresión de un giro regional hacia economías más abiertas y competitivas.
El núcleo del discurso estuvo centrado en una crítica estructural al Mercosur. Milei afirmó que, a más de tres décadas de su creación, el bloque no logró consolidar un verdadero mercado común: “No hay libre circulación efectiva, no hay coordinación macroeconómica, no hay armonización normativa real, ni un incremento significativo del comercio interno”, enumeró.
Según el presidente argentino, la contracara de ese estancamiento es una “burocracia sobredimensionada e ineficaz” que se expandió sin generar resultados. En ese marco, citó datos oficiales del propio Mercosur para señalar que el comercio intrazona, medido como proporción del comercio total, se encuentra “muy por debajo de sus niveles históricos”, a pesar de que el bloque mantiene algunos de los aranceles externos más altos del mundo.
“Un arancel así no protege el empleo, lo destruye”, sentenció Milei, y defendió la ampliación de las excepciones al Arancel Externo Común impulsadas durante la presidencia pro témpore argentina como un “primer paso” hacia un esquema más competitivo.
El mandatario reclamó un “arancel moderno, simple y alineado con los bloques dinámicos del siglo XXI” y una reforma institucional integral que reduzca el costo económico del Mercosur. “La integración debe estar al servicio del comercio, no de la burocracia”, enfatizó.
En esa línea, reivindicó la flexibilidad como un valor central para el crecimiento, al sostener que la innovación y la creatividad —factores clave del desarrollo— sólo florecen en entornos flexibles. Milei defendió las distintas modalidades de flexibilización ya existentes en el bloque y advirtió que intentar congelarlas sería “condenar al Mercosur al anacronismo”.
Como ejemplo de las limitaciones del enfoque monolítico, mencionó la prolongada negociación con la Unión Europea, que tras décadas aún no logró materializarse en un acuerdo comercial efectivo. “Nuestros países no tienen diez años más para desperdiciar en discusiones administrativas”, advirtió.
El discurso también incorporó una dimensión política y de seguridad. Milei alertó sobre la criminalidad transnacional en la región, con especial mención a la triple frontera, y destacó la creación de la Comisión Mercosur contra el Crimen Organizado Transnacional, impulsada por la Argentina.
En uno de los pasajes más duros, se refirió a la situación de Venezuela, país suspendido del Mercosur, al que describió como una “dictadura atroz e inhumana”. El presidente argentino respaldó la presión internacional encabezada por Donald Trump y reclamó una condena “tajante” del bloque al régimen de Nicolás Maduro. Además, exigió la liberación de los presos políticos, entre ellos el ciudadano argentino Nahuel Gallo, y celebró el reconocimiento internacional a María Corina Machado.
Malvinas y cierre
Antes de concluir, Milei reafirmó el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, y agradeció el respaldo histórico del Mercosur en esa causa.
El cierre retomó el tono ideológico del inicio: “El proteccionismo, la burocracia y la complacencia nos hundieron en el estancamiento”, afirmó. Según Milei, la Argentina ya decidió “romper con ese modelo fallido” y avanzar hacia una economía abierta, competitiva y orientada a la libertad económica.
Con una pregunta directa a sus pares, el presidente dejó planteado el desafío central del bloque: “¿Queremos un Mercosur que sea un motor de crecimiento o un freno para el futuro?”. Para Milei, la respuesta de la Argentina ya está dada y marca, según sostuvo, un nuevo rumbo para la integración regional.
Puertas adentro, el clima está marcado por el fastidio ante el nuevo plantón de Europa, que postergó la firma del tratado hasta enero por las presiones de los sectores agrícolas de Francia e Italia.
En este contexto, el canciller de Paraguay, Rubén Ramírez, fue tajante al señalar la postura del bloque: “Estamos dispuestos a avanzar, entendiendo que Europa tiene sus plazos para cumplir las cuestiones institucionales internas, pero al mismo tiempo los plazos no son infinitos”.
