DN Training: entrenamiento para futbolistas amateur

El fútbol cumple un rol muy importante en la cultura popular. Debe ser uno de los deportes más practicados, tanto a nivel profesional, ligas menores, amateur o entre amigos. Muchos (y ahora también muchas) añoraron en competir y entrenar este deporte, en alto rendimiento, aunque pocos lograron triunfar realmente de manera profesional.

Daniel Nicollier es un profesor de educación física apasionado por el fútbol e impulsar DN Training, un espacio de entrenamiento personalizado y grupal, con especial énfasis en este deporte que desarrolla sus actividades en una conocida cancha ubicada por la calle 3 de Febrero, de Posadas.

Daniel es un profesor joven, amable que trabaja con dos grupos numerosos de jóvenes (y otros no tanto) en la preparación física, perfeccionamiento de técnica, entre otras cosas. “Muchos vienen a prepararse para llegar mejor manera a las ligas donde compiten o también porque juegan con amigos un fin de semana”, indicó.

Reinventarse en pandemia

Los comienzos de DN Training pueden remontarse desde antes de la pandemia por el COVID-19, cuando Daniel armó sus primeros grupos de trabajo al aire libre. “Era más recreativo, hacíamos lo que a mí me gustaba y de lo poco que conocía en ese entonces”, recuerda.

No obstante, no perduró y suspendió las actividades. “Algunos fueron con una idea y de repente no les gustó demasiado. Apenas tenía unos cinco conos y no mucho más, era varias un poco en lo que se podía hacer con los pocos insumos”, agregó.

Luego, con el aislamiento social y preventivo, todas las competencias pararon y, cuando se empezó a habilitar el deporte recreativo, surgió la posibilidad de retomar los entrenamientos. “Unos cinco chicos me preguntaron si volvería a entrenar y ahí arrancamos, llegué a tener cuatro grupos de trabajo que tuve que reducir a dos por cuestiones de tiempo y algunas cosas personales”, advirtió.

“Las clases la dividimos en dos partes, una es más funcional, ejercicios para optimizar resistencia física y la segunda jornada ya son más trabajo con pelota, técnica”, explicó. “Es necesario aclarar que no es una escuela de fútbol, acá no les enseño a patear una pelota, sí a mejorar lo que saben”, aseguró.

Fair Play

En la cancha están distribuidas diferentes postas: cerca del arco del fondo, dos grupos que hacen ejercicio de cabeza, luego otros dos pares que practican recepción, después devolución a un toque, repiqueteo y maniobras de defensa. Mientras rotan en los ejercicios se ríen, bromean sobre la presencia de la cámara de fotos, pretenden demostrar indiferencia a la lente que los enfoca para dar una mejor imagen.

Es una imagen que tranquilamente podría confundirse con los entrenamientos de algún equipo de primera división, aunque Daniel asegura que es un poco menos exigente. “Depende del grupo, pero los ejercicios no llegan a ser de alto rendimiento, aunque estamos un escalón por debajo”, asegura.

Adrián Cáceres es uno de ellos, de sonrisa fácil y una barba prominente que lo asemeja a Jorge Cremades (un humorista español). Él se acercó a entrenar para mejorar su rendimiento en las competencias del cual participaba y trajo, con invitaciones, a varias personas más.

Una de esas personas fue Cristian Amarilla, que admite haber sentido negativamente el sedentarismo ocasionado por la pandemia. “Si quería volver a competir, no estaba en estado, esto me ayuda a volver de a poco y a compartir con un gran grupo de trabajo”, enfatizó.

“Se genera un ambiente lindo, siempre se mantiene la buena onda, a veces organizamos una juntada afuera del entrenamiento, aunque no seamos amigos, nos llevamos bien”, asegura Adrián con alegría. “Hay de todos, algunos que juegan mejor que otros, pero mantenemos de integrar a todos y ver que todos se sientan parte”, agregó.

Para el entrenamiento de esa tarde llegaron las camisetas que mandaron a hacer y todos la lucen orgullosos, como un uniforme escolar. Durante la sesión de fotos, dos nuevos integrantes del grupo no tenían estas camisetas, no importa, rápidamente dos compañeros se la prestaron. Esa es la dinámica del grupo.

“Yo juego en un equipo los fines de semana y hay varios acá que me los cruzo en otros equipos, pero nos saludamos como amigos y eso mejora el trato en la competencia”, asegura Adrián. “Digamos que colabora con el fair play, porque la buena onda que hay acá, en los entrenamientos, se traslada afuera”.

Es que, uno de los mayores miedos que tuvo Daniel al crecer el grupo, es que algún roce o mal contacto, genere discordia interna. “Me había mentalizado un escenario donde dos personas (o más) llegaran a discutir, se amenazaran con continuar la pelea afuera, que se yo, es algo que podía pasar y por suerte nunca pasó”, reflexionó.

“Se trata un poco de esto, de que los chicos vean y sientan que el entrenamiento les rinde, les sirve y, de paso, compartan un buen rato, porque el deporte se trata de esto, de compartir”, apuntó.

Daniel es celoso de su profesión, no le gusta que otras personas que no se prepararon de la misma manera se meta a querer realizar los mismos trabajos y, por ese mismo motivo, no se mete en áreas donde considera que no está preparado.

“Muchas veces me preguntan sobre qué alimentos consumir y entonces les recomiendo un nutricionista, me piden que les explique cómo vendarse, entonces les mando a que consulten un kinesiólogo que sabrá decirles qué hacer correctamente”, afirmó.

El entrenamiento terminó, juegan un picado hasta que se cumpla la hora bajo un mural del Diego que observa el entrenamiento y el juego. Daniel no les aconseja, les pide que estiren antes de volver a sus casas, porque a él le importa, el grupo importa.

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