El Banco Central vendió USD 3.812 millones en futuros para frenar el dólar en julio

El Banco Central realizó en julio la mayor intervención en futuros de dólar de los últimos tres años

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) cerró julio con una posición neta vendida de USD 3.812 millones en el mercado de futuros, la más elevada desde agosto de 2022 y la mayor en los últimos tres años. La medida buscó contener la escalada del dólar, que igualmente aumentó más del 13,6% en el mes, y moderar la volatilidad financiera en un contexto de liquidez excedente y tensiones cambiarias.

Según los datos publicados por la autoridad monetaria en el marco de las Normas Especiales para la Divulgación de Datos (NEDD) que exige el Fondo Monetario Internacional (FMI), la exposición intermensual creció en USD 1.902 millones, tras mantenerse estable en junio. El FMI había estimado incluso que, durante el mes, la posición vendida llegó a un pico de USD 5.000 millones, antes de cerrar en el nivel informado oficialmente por el BCRA.

La intervención masiva se inscribe en la estrategia del Gobierno de Javier Milei de sostener el “carry trade”, limitar expectativas devaluatorias y evitar un salto brusco del tipo de cambio. La autoridad monetaria no puede utilizar reservas internacionales para intervenir en el mercado spot, salvo que se alcance el techo de la banda cambiaria fijada tras el levantamiento del cepo a personas físicas. Ante esas restricciones, optó por canalizar su defensa a través de contratos de futuros.

El economista Salvador Vitelli, director de research de Romano Group, señaló que “este fue el mayor nivel vendido desde agosto de 2022, al inicio de la gestión de Sergio Massa en plena crisis financiera”. En tanto, Hernán Letcher advirtió que “desde principios de agosto, la exposición acumulada en interés abierto creció alrededor de USD 850 millones, lo que revela que las intervenciones superaron los USD 4.000 millones en pocas semanas”.

El resultado fiscal de la estrategia no es menor: estimaciones privadas calculan que la posición del BCRA implicó una pérdida de unos $500.000 millones entre mayo y julio, debido a que las liquidaciones se realizan en pesos a precios inferiores a los alcanzados por el tipo de cambio. Esto supone una expansión monetaria adicional que aumenta el riesgo inflacionario y tensiona la meta de equilibrio fiscal.

Riesgos fiscales y advertencias del FMI

El BCRA fijó un límite de USD 9.000 millones para esta herramienta, aunque el acuerdo con el FMI no establece un tope explícito. El organismo multilateral, sin embargo, fue claro al remarcar que el uso de futuros “no debe reemplazar otras herramientas de política monetaria para la gestión de liquidez y tasas de interés”.

Si bien los contratos no implican un drenaje directo de reservas internacionales, generan un elevado costo cuasi fiscal por la emisión de pesos cada vez que la entidad debe compensar posiciones perdedoras. El riesgo es que esa expansión monetaria complique la estabilidad financiera y alimente nuevas presiones inflacionarias.

La comparación histórica ayuda a dimensionar la magnitud actual. En diciembre de 2015, al finalizar el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el BCRA de Alejandro Vanoli acumulaba una posición vendida en futuros de USD 17.500 millones, equivalente al 14% de la base monetaria de entonces. Tras la devaluación inicial de la gestión de Mauricio Macri, la compensación representó un costo de $90.000 millones, aunque regulaciones posteriores lo redujeron al 7% de la base monetaria.

La actual intervención del BCRA refleja tanto la voluntad del Gobierno de Milei de mantener la calma cambiaria de cara a las elecciones legislativas de 2025, como la dificultad de sostener esa estrategia sin generar costos crecientes.

El dólar, que llegó a un máximo de $1.380 a fines de julio, retrocedió a la zona de $1.335 tras las medidas oficiales, lo que da aire en el corto plazo. Sin embargo, persisten dudas sobre la sostenibilidad: con reservas internacionales todavía por debajo de las metas pactadas con el FMI y con un mercado que exige definiciones más claras sobre el régimen monetario y cambiario futuro, el margen de maniobra de la política económica es estrecho.

El desafío será evitar que el uso intensivo de contratos de futuros se convierta en una bomba cuasi fiscal, mientras se mantiene el objetivo oficial de equilibrio y se intenta anclar expectativas en un escenario de alta inestabilidad política y social.

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