El Banco Mundial, UNESCO y UNICEF invitaron a los estados a recuperar el rumbo de los niños después de la pandemia

El Banco Mundial, Diálogo Interamericano, UNESCO y UNICEF, realizaron una conferencia, donde a través de datos sobre la niñez, invitaron a todos los sectores a realizar acciones urgentes y coordinadas por parte de los estados para garantizar que los niños recuperen su rumbo.

Ítalo Dutra, asesor regional de educación de UNICEF sostuvo que “el cierre escuelas por el contexto de pandemia que dejó a niños y niñas sin la necesaria relación con sus pares, más la falta de presencialidad de estudiantes y docentes durante el proceso pedagógico tiene consecuencias que aún no se pueden mensurar a largo plazo”.

Dutra, señaló que ante la reapertura de las escuelas se detectaron casos de violencia dentro de ella y, además, casos de violencia en los hogares, pero lo realmente preocupante es que “la escuela, que es el sitio que debe acoger y acompañar estas situaciones, no está preparada para lidiar con eso. Maestros, directores y sistemas educativos no están preparados para hacer un abordaje más profundo de la salud mental, ni de la violencia contra la niñez”.

A su vez, el coordinador del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Educación de UNESCO explicó que “los sistemas educativos están muy demandados por la convivencia escolar y la salud mental, elementos centrales y arbitradores de los aprendizajes”. En este regreso a la escuela existen actitudes disruptivas de los niños marcadas por la dificultad de compartir con los compañeros, para resolver problemas y vincularse.

Ambos expertos señalan que esta situación requiere de capacidades, recursos y financiación para garantizar el bienestar y los aprendizajes de niños, niñas y adolescentes, donde los estados deben ser los encargados de proveerlos.

Recomendaciones desde la salud

Dos profesionales de la salud, Juan Vasen, psicoanalista y especialista en psiquiatría de las infancias y adolescencias; y Gabriela Paglia, licenciada en psicología y profesora especializada en los niveles inicial y primario, hicieron foco en dos preguntas claves:

¿Cuál es la situación emocional de niños, niñas y adolescentes hoy, tras más de dos años en pandemia?

Donde Vasen respondió, “El contexto de pandemia fue como una gangrena en una pierna, y el encierro la amputación de esta para seguir viviendo. Lo que hoy empezamos mensurar son las consecuencias de esta amputación del “afuera” tan necesario especialmente a partir de los 9 años”.

Además, el experto enfatizó en los cambios producidos durante el periodo de aislamiento y el confrontar con la presencialidad nuevamente, es un proceso difícil: “Con el regreso a la presencialidad tras dos años de importantes cambios físicos y emocionales, muchos chicos y chicas se sienten impresentables. Porque aumentaron mucho de peso, porque mutaron de género y quienes eran chicas hoy son chicos, o viceversa. Salir de la virtualidad ha sido como otra manera de “salir del clóset” también y eso es muy difícil”.

Por otro lado, la socialización, el juego en los más chiquitos promueve el lenguaje y esto se vio afectado puesto que no tuvieron contacto con otros niños.

Para Paglia, quien trabaja en dos escuelas de CABA y atiende en consultorio. “Para muchos chicos y chicas, durante los dos años de pandemia, la escuela se presentó como un espacio más lúdico donde lo que importaba era que se conectaran. Para ellos y ellas, este año, volver a la escuela formal y a la disciplina arbitraria que esta ya tenía desde antes hizo que muchos niños y niñas no entiendan qué está pasando, que se sientan perdidos”.

También señala, la falta de comprensión de los adultos sobre la niñez, sobre el juego o la necesidad de juego del niño, “Las personas adultas están poco tolerantes con las niñeces. Les tranquiliza que un profesional diagnostique (y de ser necesario medique) por falta o exceso de movimiento, lenguaje, etc. Si bien esto ya venía pasando, ahora se ha profundizado. Y la mayoría no lo necesita”.

Por otro lado, la especialista señaló que en los adolescentes ve más ensimismamiento, que hay más fobias y tienen miedo a encontrarse con otros adolescentes, tienen más dificultades de entrar a un grupo, sobre todo si estuvieron en la etapa de terminar la primaria e ingresar a la secundaria de modo virtual, “En muchas escuelas secundarias tienen el foco en dar materias, que se cumpla con las tareas, pero ningún docente pregunta cómo están. O entran a un aula, ven a un chico solo y no se acercan ni preguntan”.

Según Paglia, en este contexto es más frecuente que los adolescentes se practiquen autolesiones para expresar eso que están pasando en las escuelas. Aún ante este panorama expresa “No estamos ante una tragedia, sino ante un drama. Es decir, tiene solución”.

La siguiente pregunta que respondieron fue: ¿Qué deben saber y pueden hacer docentes y familias para acompañarlos?

Vasen, en este sentido subraya la necesidad de no etiquetar a los chicos: “En primer lugar, evitar patologizar. Por ejemplo, no creer que hay niños con Trastorno del Espectro Autista por todos lados, no medicalizar y no sacar de contexto las cosas porque si no vamos a encontrar síntomas por doquier, cuando en verdad son efectos de un contexto alterado”.

Por otro lado, también advierte que no se puede pretender que no pasaron los dos años de aislamiento y volver a las mismas rutinas “Abrumar con tareas, con una pretensión de que ‘aquí no ha pasado nada y tenemos que recuperar todo lo perdido’. La vuelta a la escuela requiere de otros tiempos y otras formas, pero yo creo que en el acervo de los maestros hay capacidades para sensibilizarse. Y esto es importante porque creo que más que capacitación se necesita sensibilización. Es decir, intentar aflojar creativamente la sujeción burocrático institucional disciplinaria y generar otro tiempo en el que poder detenerse, mirar, escuchar y abrazar si es necesario. Así resucitará el aprendizaje”.

El experto a modo de reflexión invita a tener en cuenta que: “se educa y se cura a través de un vínculo, que para los psicoanalistas es por transferencia, es decir se deben poder depositar entre las personas sentimientos de confianza, de aproximación, de familiarización. Además, cuando hablamos de educación lo importante es que los chicos y chicas quieran aprender y a eso lo tenemos que desarrollar los adultos”.

En esa línea, Paglia refuerza: “Hay que escuchar a les pibes. En ese sentido, hay escuelas que están haciendo mucho. Por ejemplo, trabajan con las necesidades de cada niño o niña. Hay algunos que aún no pueden ingresar al aula, pero con un trabajo sostenido desde la escuela y la familia ya han logrado llegar a la puerta, a los pasillos y a los patios. Y, en esos casos, la apuesta no puede ser la educación domiciliaria ya que lo mantendría alejado de sus pares, la escuela domiciliaria en este sentido sería el último recursos”.

Y llama a la reflexión de los adultos, “Es necesario que ejercitemos la mirada y la escucha atenta. Hoy no hay un registro de las alertas, de los síntomas que son pedidos de ayuda: un chico solo, agresiones entre compañeros, noviazgos violentos, consumo de drogas o alcohol —a veces en la misma escuela—. Digo esto porque cuando ese registro empieza a funcionar, vemos que pasan cosas positivas y que los lazos de los adultos sostienen como redes a las niñeces y adolescencias”. 

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