“El bullicio de la inocencia”

Escribe Facundo López Sartori

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Todavía resuena en mi cabeza aquella dolorosa noticia de la muerte de un nene de 5 años, maltratado a golpes en Santa Rosa, La Pampa. Lucio Dupuy era su nombre. Y más triste aún es saber que no es la única infancia, y que es la punta de un iceberg que necesitamos demoler con urgencia: el drama de la violencia instalada y naturalizada hacia las personas más desprotegidas de todas, las nenas, nenes y adolescentes.

Por supuesto no es casual que diga “personas” en referencia a las infancias y adolescencias, justamente porque a veces parece que no se les considera personas a juzgar por el maltrato del que son objeto. 
Hoy 25 de abril se conmemora el Día Internacional de Lucha contra el Maltrato Infantil, y sí, lea de nuevo porque no se equivocó, hablamos de maltrato infantil, de violencia hacia quienes más necesitan de los cuidados de personas adultas.

Pero pongamosle dimensión al drama de la violencia infantil. Dije que casos como el de Lucio muestran la punta del iceberg que necesitamos demoler. ¿Por qué un iceberg? Porque en todo el mundo alrededor de 300 millones de niñeces de 2 a 4 años son habitualmente víctimas de algún tipo de violencia disciplinadora por parte de sus cuidadores, lo que implica un 75 % (3 de cada 4), según un informe de 2017 de UNICEF.

Y según la misma fuente, más de un 25 % de las personas adultas (1 de cada 4 adultos con niños a su cuidado) piensa que es necesario algún tipo de castigo físico para una adecuada educación. Ni qué decir del maltrato emocional o psicológico, menos visible pero no menos dañino.

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Lamentablemente el maltrato emocional o psicológico es mucho más común de lo que pensamos, se encuentra fuertemente arraigado y hasta legitimado, y es más difícil de reconocer y de erradicar. Pero es a la vez imperioso denunciarlo y atacarlo. Es un duro espejo en el que mirarnos como personas adultas cuando nos encontramos por ejemplo con datos que nos dicen que aunque muy pocos encuestados consideran admisibles los castigos físicos, sin embargo el 66 % (dos de cada tres) piensan que los castigos, aunque no sean físicos, cumplen un rol en la formación de niñas y niños, un 16% reconoce haber insultado a sus hijos, más de 25 % admite haber dado un chirlo, 22% dice haberlos zamarreado, 14% le pegó en una extremidad y un 7% reconoce haberlos golpeado en algún lugar de la cabeza (UNICEF, 2016).

No sé ustedes, pero tengo la convicción de que estos números deberían avergonzarnos. Tengo la impresión de que el problema está demasiado naturalizado, demasiado justificado y avalado por una sociedad compuesta de personas adultas que francamente perdimos el rumbo. No podemos permitirnos que esto siga pasando. No podemos permitirnos legitimar semejante barbarie silenciosa.

Frente a esto, prefiero toda la vida el bullicio de niñas y niños jugando antes que el silencio cobarde de adultos dispuestos a tolerar la violencia hacia las personas más necesitadas de cuidados (o peor aún, dispuestos a ejercerla).      

Por eso la importancia de esta fecha: para ponerle nombre a este trágico fenómeno, a esta triste realidad. Y para poner en discusión qué estamos haciendo como sociedad si somos capaces de tolerar y hasta promover la violencia hacia las personas que más debemos proteger. Ojalá seamos capaces de lograr que predomine el bullicio de la inocencia.

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Informes:

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Una situación habitual: La violencia en las vidas de niños y adolescentes, UNICEF, Nueva York, 2017.UNICEF 2021 Informe Nro.9 – Serie Violencia contra Niñas, Niños y Adolescentes.
UNICEF 2017 Una situación habitual Violencia en las vidas de los niños y los adolescentes.
UNICEF 2016 Estado de la situación de la niñes y la adolescencia en la Argentina.

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