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La película es espectacular, el problema es el costo de la entrada

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Antes que nada, un aplauso para los abogados de Adorni que, después de cuatro meses de pedir prórrogas y demás recursos para explicar lo inexplicable, finalmente presentaron una explicación que, por lo que se conoce públicamente, cuesta bastante creer. Lo curioso es que, además, el exfuncionario habría tenido que pagar honorarios -capaz la pagó con “la tuya” amigo lector- para recibir una explicación que tampoco parece haber convencido demasiado al resto. 

Un negocio jurídico extraordinario: cuatro meses para llegar a una conclusión que, según algunos, no convence ni a una criatura de cinco años. Pero bueno. A los bifes.

Hay dos maneras de mirar la Argentina. En realidad hay muchas, pero para simplificar -que es una actividad nacional que practicamos con enorme entusiasmo- podemos decir que hay dos. La primera ve el déficit cero, la inflación bajando, las exportaciones creciendo, la minería avanzando, Vaca Muerta prometiendo dólares y al mercado recuperando, según el relato oficial, el protagonismo que durante décadas le habría quitado un Estado empeñado en hacer exactamente lo contrario de lo que debía. Es una Argentina que tiene una explicación para casi todo y, sobre todo, tiene una frase para cada cosa. Si la economía crece, es el modelo. Si un sector cae, es la transición. Si una empresa invierte, es la libertad. Si una fábrica cierra, habrá que esperar a que llegue la inversión. Si la pobreza baja, es el resultado. Si todavía queda pobreza, es la transición. Y si alguien pregunta cuándo termina la transición, bueno… para eso está la película.

La otra Argentina tiene una costumbre bastante menos sofisticada: mira la vida cotidiana. Mira el supermercado, el comercio de la esquina, la fábrica, la pyme, el salario, el alquiler, la cantidad de clientes que entraron hoy y esa vieja tradición nacional de hacer cuentas antes de llegar a la caja. No discute demasiado sobre la tasa de retorno del capital ni sobre la productividad marginal. Pregunta algo bastante más primitivo: “¿Hay trabajo bueno?” “¿Me voy a quedar sin laburo?” “¿pido un préstamo para gastos diarios?”…

Y acá aparece una discusión ideológica que no es menor. Hay una mirada que entiende que si se ordenan las cuentas, se libera al sector privado, se eliminan regulaciones, se reducen impuestos y se atrae inversión, la economía crecerá y, con el tiempo, el bienestar se extenderá al conjunto. Digamos… 38 años y seremos Irlanda. Eso lo dijo el Presidente, no lo inventé yo. La otra mirada desconfía de que el crecimiento, por sí solo, alcance para garantizar ese resultado y sostiene que también hay que mirar qué sectores crecen, cuánto empleo generan, qué salarios pagan y cuánto de esa prosperidad termina llegando al resto de la economía -a la mayoría, digamos-. 

No es una discusión entre buenos y malos. Sería demasiado simple. Y justamente ahí está el problema: la Argentina ya tuvo demasiadas soluciones sencillas para problemas bastante complicados.

Porque la primera mirada tiene algo extraordinariamente eficaz a su favor: el algoritmo la adora. Todo puede explicarse en quince segundos. Estado malo. Mercado bueno. Déficit peor. Libertad mejor. Regulación mala. Inversión buena. Y si todavía no entendiste, probablemente necesites otro video de veinte segundos. 

La complejidad económica, que antes requería años de estudio, ahora puede resolverse mientras uno espera que cargue una historia de Instagram. El problema es que la economía real tiene la desagradable costumbre de ser bastante más compleja que el algoritmo.

Puede crecer la minería y caer la industria. Pueden aumentar las exportaciones y debilitarse el consumo. Puede mejorar una parte de la macroeconomía y seguir habiendo empresas que no consiguen vender. Puede haber inversiones millonarias en energía y, al mismo tiempo, comercios preguntándose dónde están los clientes. De hecho, los datos actuales muestran justamente esa convivencia: las exportaciones de bienes crecieron 21,4% entre enero y agosto, mientras la actividad económica cayó 2,9% en julio y la industria manufacturera retrocedió 5%. 

Y eso no significa que las exportaciones sean malas, ni que la minería sea mala, ni que la energía sea mala. Al contrario. Argentina necesita producir, invertir, exportar y generar dólares. El problema aparece cuando confundimos una economía que tiene algunos sectores extraordinariamente dinámicos con una economía en la que todos los sectores y todos los argentinos están mejor.

Porque Argentina tiene petróleo, pero no todos vivimos arriba de Vaca Muerta. Tiene litio, pero no todos tenemos una mina en el fondo de casa. Tiene agroindustria, pero no todos somos dueños de un campo. Tiene inversiones, pero no todos estamos sentados en la mesa donde se decide dónde se invierte. Es una pequeña dificultad del modelo: para beneficiarse directamente de algunas de las actividades más dinámicas del país hay que tener alguna relación con ellas. Y si uno vive en Posadas, tiene un comercio, trabaja en una pyme, fabrica muebles, tiene un restaurante o presta un servicio, puede pasar perfectamente que el precio internacional del litio le resulte interesantísimo y que, sin embargo, no haya cambiado demasiado su vida.

Es lo que podríamos llamar el milagro de la macroeconomía: el país puede estar haciendo negocios extraordinarios y uno puede seguir mirando la cuenta bancaria con la misma expresión con la que se mira un electrocardiograma.

Mientras tanto, la otra Argentina sigue haciendo preguntas bastante incómodas. No pregunta solamente cuánto creció el PIB. Pregunta si hay clientes. No pregunta solamente cuánto exportamos. Pregunta si la fábrica está produciendo menos. No pregunta solamente cuánto bajó la inflación. Pregunta cuánto cuesta llenar el changuito. Y no pregunta solamente cuánto va a invertir una multinacional durante los próximos diez años. Pregunta si el negocio de la esquina va a poder llegar hasta diciembre, porque parece que no llega.

Ahí aparece la verdadera tensión. Porque una economía puede mejorar en sus grandes variables y, al mismo tiempo, dejar sectores enteros atravesando una transición muy dura. Y la transición tiene una particularidad bastante antipática que parece que a veces se olvida: la gente necesita comer durante el proceso.

El Gobierno tiene derecho a defender su modelo y a mostrar los indicadores que considera favorables. De hecho, el propio Presidente sostuvo recientemente que “la foto todavía sigue siendo mala, pero la película es la mejor de la historia”. Perfecto. Pero también hay derecho a preguntar cuánto dura la película, cuánto cuesta la entrada y, sobre todo, si todos consiguieron asiento.

Porque la foto actual tampoco es inventada. La desocupación fue del 7,9% en el segundo trimestre; la pobreza alcanzó al 32,3% de las personas durante el primer semestre; en julio la actividad económica cayó 1,4% interanual y las ventas de supermercados disminuyeron 2,1%. No es la foto de un país destruido. Tampoco es la foto de un país que pueda darse por llegado a ninguna parte. Es la foto de una economía en transformación, con sectores que avanzan y otros -la mayoría- que todavía están pagando una parte importante del costo de ese proceso.

Y ahí está, quizás, la discusión que deberíamos tener. No si queremos mercado o Estado. Esa pelea ya tiene demasiadas temporadas y, además, la conocemos de memoria. La pregunta es qué hacemos para que los sectores que pueden competir con el mundo crezcan muchísimo, pero que ese crecimiento genere alrededor una economía suficientemente grande como para que también crezcan las fábricas, los comercios, las pymes, los servicios, el empleo y los salarios.

Porque una cosa es que la Argentina tenga una minería competitiva. Otra es que alrededor de esa minería aparezcan proveedores, tecnología, transporte, servicios, empleo y nuevas empresas. Una cosa es exportar más petróleo. Otra es que esa energía ayude a transformar la estructura productiva del país. Una cosa es que nos salgan dólares por las orejas. Otra es que esos dólares terminen multiplicándose en actividad económica y que a Erna de Picada Polaca le vaya bien, vendiendo huevos de su chacra.

Y una cosa es tener una película extraordinaria. Otra es que la gente pueda reconocer su propia vida cuando aparece en pantalla.

Porque también hay una pequeña diferencia entre quienes toman las decisiones -los ex amigos de Adorni- y quienes reciben las consecuencias. Para algunos, la economía se mira desde una planilla, una pantalla o una conferencia de prensa. Para otros, se mira desde el resumen de la tarjeta. Y hay que reconocer que son dos instrumentos de medición bastante diferentes. En uno aparecen el déficit, el superávit, las exportaciones y el riesgo país. En el otro aparecen supermercado, combustible, colegio, farmacia, cuotas, seguro, alquiler y ese misterioso “consumo pendiente” que uno no recuerda haber hecho pero que evidentemente alguien hizo.

El problema es que quienes toman las grandes decisiones económicas, por lo general, no tienen que sentarse a mirar el resumen de la tarjeta preguntándose qué gasto sacar este mes para que cierre. Pueden discutir durante horas si la economía crece, si la inflación bajó o si el mercado está recuperando confianza. Todo eso puede ser importante. Pero hay un pequeño detalle: mientras ellos miran los indicadores, alguien tiene que pagar la tarjeta o llenar el tanque de nafta.

Y ahí aparece una diferencia bastante argentina. Hay quienes pueden esperar que la película termine para ver cómo les fue. Y hay quienes necesitan llegar a fin de mes durante la película.

Porque una cosa es decir: “hay que atravesar el ajuste”. Otra bastante distinta es atravesarlo con la tarjeta en la mano.

Tal vez ese sea el verdadero desafío de esta nueva Argentina: que la macroeconomía deje de ser solamente una buena noticia para quienes miran los grandes números y empiece a convertirse también en una buena noticia para quienes miran el resumen de la tarjeta. Eso no puede esperar y todavía no aparece con demasiada claridad en el horizonte.

Porque al final del día hay dos preguntas distintas. Una es cuánto creció la Argentina. La otra es cuánto creció el argentino promedio.

Bueno gente, nos vamos yendo. Pero antes, y ya que hablamos de números, hay otro capítulo que merece atención. Después de la auditoría realizada en la Agencia Nacional de Discapacidad, se informó una diferencia de alrededor de $158.700 millones entre los registros contables y las deudas que figuraban en el organismo. En medio de todo eso, Alejandro Vilches, que estaba al frente de la ANDIS después del escándalo de los audios, Karina, el 3% y todo aquello que los mismos abogados de Adorni nos harán entender en algún momento, presentó su renuncia por “razones estrictamente personales”. Nada que ver, por supuesto. Simplemente coincidieron en el tiempo la auditoría, el faltante y la renuncia. Cosas que normalmente pasan.

Ahora bien, si alguien conoce algún trabajo para el amigo Vilches -ya sé, está difícil conseguir uno formal-, pero aunque sea unas horas en Rappi o Uber, avise. Eso sí: si puede ser de delivery, mejor. Por lo menos ahí uno sabe exactamente dónde tiene que llegar la plata.

Mientras tanto, mi amigo lector, habrá que seguir mirando. La película, por supuesto. Y afrontar el costo de pagar la entrada.

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Antecedentes poco conocidos de la Sociedad Rural Argentina

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La Sociedad Rural Argentina (SRA) está muy vinculada con la oligarquía campera, o sea con los terratenientes poseedores de grandes extensiones de campos, principal pero no excluyentemente compuesta por los titulares de extensas propiedades en la Pampa Húmeda.

Muy poco difundido es como fue que unas pocas familias que hoy componen el “patriciado rural”, lograron hacerse con tan vastas extensiones, en las tierras más fértiles de Argentina, y entre los más preciados lugares del mundo para la agricultura y ganadería en gran escala.

Los orígenes de la muy ultra conservadora (en lo político), y muy ultra liberal (en lo económico) oligarquía, se sitúan en los períodos presidenciales de Mitre y Sarmiento, durante los cuales se dieron en propiedad, vastas extensiones de tierras, mediante el accionar de leguleyos “doctores” (abogados y gestores), que tramitaron los títulos de propiedad, amparados por la legislación y el entorno político unitario; tal como lo describieron historiadores revisionistas y analistas políticos, como Jauretche y el Pepe Rosa, entre otros.

Esa descomunal entrega de enormes extensiones de campos, que en muchos casos favoreció a “familias importantes” radicadas en la ciudad de Buenos Aires; tuvo características diferentes y opuestas a los criterios aplicados en EEUU (supuesto “gran ejemplo” de oligarcas apátridas y otros colonizados mentales subordinados a los anglosajones), pues allá se fraccionó la tierra en lotes de dimensiones suficientes pero no descomunales, dándose en propiedad a quienes se radicaran a vivir y trabajar en esos lotes.

Acá al dar en propiedad esas grandes extensiones de tierras, no se tuvieron en cuenta los derechos de gauchos que ya vivían en modestas parcelas ubicadas en las mismas, pero que, por ser analfabetos, no entendían las supuestas razones de quienes -con el poder del Estado, unitario y excluyente del pueblo, a su favor-, los desalojaron de sus humildes viviendas, empujándolos a la miserable vida nómade; la cual fue romantizada por escritores afines a la por entonces nueva oligarquía. José Hernández fue de los muy pocos escritores que, con gran maestría, relató las penurias de los gauchos, en su gran obra Martín Fierro, y su continuación La Vuelta de Martín Fierro.

Por más de 6 décadas -desde Mitre a Victorino De La Plaza-, los sucesivos gobiernos nacionales fueron ultra conservadores muy afines a la oligarquía campera, y de dudoso o nulo patriotismo, con las excepciones de Carlos Pellegrini y Julio Argentino Roca, quienes sin marcar un quiebre de ese contexto, impulsaron medidas favorables a los Intereses Nacionales, y poe fuera de la miopía geopolítica de los oligarcas.

Pero en el contexto de “afinidad” con los intereses del Reino Unido, hasta tuvimos un presidente -Manuel Quintana- que operó a favor del Banco británico que hizo movilizar una cañonera para amenazar a Rosario, por un litigio que involucró a la provincia de Santa Fe.

Las primeras décadas del siglo XX

En todo ese período, la SRA mantuvo fuertes influencias en el gobierno nacional, coincidiendo tácitamente en la total falta de apoyos al desarrollo industrial; como también en la exclusión social de las grandes mayorías nacionales, en su mayor parte analfabetas o poco más, y con muy pobre asistencia sanitaria.

Eso se pudo constatar al implementarse el servicio militar obligatorio (2da. Presidencia de Roca), que puso en evidencia el crítico estado sanitario y cultural de grandes porcentajes de nuestra población. Tal como diría Perón varias décadas después, “teníamos un ministerio para las vacas, pero no para la salud de nuestra población”.

Fue en el roquismo cuando con el decidido accionar del Ministro de Instrucción Pública Osvaldo Magnasco, se implementó un amplio plan de alfabetización, pero las presiones del establishment lo hicieron renunciar antes del fin del mandato de Roca. Un pueblo alfabetizado aprende también a pensar, y eso no suele ser del agrado de las oligarquías.

La SRA, tácitamente apoyaba el cuadro de exclusión social; lo cual favorecía la “cosificación” de la peonada rural, sometida a la voluntad y a los caprichos del respectivo patrón de estancia, inclusive con acciones aberrantes, como el infame derecho de pernada, brutalidad anacrónica proveniente de la edad media, que según referencias verbales pudo perpetrarse en feudos oligárquicos.

La SRA tiene un largo historial de prédicas y acciones ultra conservadoras, de claros tintes oligárquicos, permanentemente opuesta al desarrollo industrial y tecnológico (excepto lo directamente vinculado con lo agrícola – ganadero); partidaria del más acentuado liberalismo económico, y opuesta a las políticas de protección social de los asalariados. En ese contexto, evidenció operar gustosa, subordinada a los mandatos y “sugerencias” del Reino Unido, y después de las dos guerras mundiales, de EEUU.

Los comienzos y el contexto general

La SRA fue creada en 1866 durante la presidencia de Mitre, mientras se desencadenaba la “Guerra de la Triple Infamia”, de la cual existen evidencias históricas que el conflicto fue instigado por el Reino Unido -junto con los anglófilos locales y los imperiales de Brasil- contra Paraguay, conflicto que degeneraría en una masacre que exterminó gran parte de la población del hermano país, con lo que se castigó el “mal ejemplo” de una nación que no se había subordinado al poder de la Banca Británica, y además había cometido la “osadía” de desarrollar industrias, por fuera de la “bien vista” economía excluyentemente productora de materias primas, como “sugería” (imponía) la doctrina económica liberal.

          Esa guerra rápidamente cobró una enorme cantidad de vidas, fue una orgía de sangre, de pueblos básicamente hermanos; y ese contexto luctuoso cabe señalar que no pareció ser el marco adecuado para fundar un ente político – económico, como es la SRA. Claro está que, en el caso argentino, el grueso de la tropa se componía de jóvenes analfabetos, de las clases humildes, intuitiva o racionalmente partidarios del federalismo; siendo conocido -aunque poco o nada mencionado por historiadores del academicismo-, que muchos soldados -criollos humildes- fueron incorporados, y tuvieron que ser reclutados a la fuerza y llevados engrillados , pues se negaban a luchar contra un pueblo hermano, como con toda lógica sentían a los paraguayos.

          Ese medio siglo largo de gobiernos unitarios oligárquicos, terminó en 1916, con el yrigoyenismo, que significó un cambio sustancial en lo geopolítico, lo económico y lo social. Tuvo la oposición de sectores ultra conservadores, la cual en el caso de la SRA se manifestó en los diarios más importantes de Buenos Aires (con distribuciones nacionales), y de gobiernos provinciales afines al conservadurismo. Defendió la neutralidad argentina en la Primera Guerra Mundial, y creó YPF, primera petrolera estatal del mundo, entre otras acciones de afinidad con Lo Nacional.

La década infame, el estatuto legal del coloniaje y el asesinato en el Congreso.

En 1930 Uriburu perpetró el primer golpe de Estado del siglo, dando comienzo a uno de los más deplorables períodos de nuestra historia, conocido como la década infame (1930-1943). El operador político y militar de ese accionar fue el General Agustín P. Justo; cabeza visible del sector liberal de las FFAA. Como ocurrió con todos los sectores afines al liberalismo económico, la SRA al menos tácitamente apoyó el asalto al poder perpetrado por Uriburu.

En el período de la “década infame” la subordinación a los mandatos del Reino Unido fue total y descarada por parte de la oligarquía y los sectores vinculados, como buena parte de los personeros de la política, que incluso se ufanaban de dicha postura genuflexa ante los poderes antinacionales.

En 1933 fue firmado el Pacto Roca – Runciman, entre Argentina y el Reino Unido; siendo “Julito” Roca (hijo del General) el rubricante argentino, quien a los postres del banquete con el que finalizaron las tratativas, muy orondo exclamó “…Argentina es la joya más preciada de la corona de su majestad”.

A cambio de mantener las cuotas de exportaciones de carnes, prácticamente se entregó al RU el control total de la economía argentina…por lo que el convenio fue llamado por Jauretche “El Estatuto Legal del Coloniaje”. “Julito” Roca era del núcleo selecto de la SRA.

En 1935 el Senador Lisandro De La Torre (LDLT) consiguió contundentes pruebas de un infame accionar de evasión de impuestos nacionales y otros ilícitos en las operaciones de exportaciones de carnes, hechas por un frigorífico británico, con la evidente complicidad de altos funcionarios nacionales.

Los debates en el Senado Nacional se extendieron por varias jornadas, en las cuales la encendida verba, del citado Senador, tuvo a mal traer en particular a dos Ministros de La Nación, Federico Pinedo y Luis Duhau. En el que sería el anteúltimo día de esas contundentes denuncias, Duhau amenazó claramente a LDLT.

En la siguiente sesión del Senado, un policía, de pésimos antecedentes y muy vinculado con Duhau (como afirmó Felipe Pigna), se acercó a LDLT y efectuó cuatro disparos, pero en un acto heroico el amigo y compañero de bancada Enzo Bordabehere, se interpuso, recibiendo él los disparos, falleciendo.

El debate se suspendió, no pudiendo refutar ni Duhau ni Pinedo las muy serias acusaciones, pero en la conmoción general, no fueron afectados en sus cargos oficiales ni en sus roles de promotores del liberalismo a ultranza.

En la misma década infame, el más conocido economista al servicio del statu quo, consustanciado con el más crudo liberalismo, Federico Pinedo, afirmó “Argentina no debe exceder los diez millones de habitantes”, eso para mantener la relación de cuatro cabezas de vacunos por cada habitante; siendo su postulado el mantenimiento de la estructura económica exclusivamente primaria, sin industrias ni desarrollos tecnológicos. Claramente no le importaba nada considerar que el crecimiento poblacional es una necesidad geopolítica, como también lo es el desarrollo diversificado.

En esos años, Argentina era muy dependiente de las exportaciones de carnes y cereales, teniendo más cabezas de vacunos que Brasil.

Hoy Brasil exporta más carne vacuna que Argentina, pero no por eso descuidó su muy fuerte desarrollo industrial y tecnológico.

Claro está que tanto el empresariado como los uniformados brasileños, demuestran claramente tener evidentes mentalidades de real patriotismo, diferenciándose de las pobrezas ideológicas de sus pares de Argentina.

La SRA respaldó muy claramente a la desastrosa orientación del gobierno apátrida de la década infame.

El golpe de Estado nacionalista y el surgimiento de Perón.

El golpe de Estado de 1943 fue el único en el siglo XX, de clara orientación nacional, terminando con la impresentable década infame.

Perón se hizo conocer por su fuerte accionar de orientación nacional y por las medidas de sensibles mejoras a los trabajadores, implementadas entre 1943 y 1945, en el gobierno pretoriano – nacional, del cual formaba parte.

Al ganar las elecciones, el peronismo llegó democráticamente al poder, en el cual se mantendría por dos períodos (el segundo inconcluso), de 1946 a 1955, implementando numerosas acciones para mejorar las condiciones laborales de los asalariados (entre ellas el Estatuto del Peón, que dignificó al trabajador rural); e impulsó un fuerte y diversificado desarrollo industrial y tecnológico; todo lo cual molestó mucho a las oligarquías, en particular la muy tradicional de los grandes terratenientes rurales, de los cuales la SRA opera como el núcleo formal institucional de ese sector del empresariado ultra conservador de Argentina.

Con la creciente industrialización, los trabajadores accedieron a salarios mucho mejores que los por lo general muy pobres niveles usuales para los peones y otros trabajadores rurales.

Evidenciando la miopía típica de la soberbia oligárquica, en vez de apoyarse en el mayor poder que de hecho iba teniendo esa Argentina en pleno desarrollo; y con eso poder recibir mejores retribuciones por nuestras exportaciones tradicionales de carnes, cereales y derivados; los núcleos del poder ultra conservador campero, asumieron un rol fuertemente opositor al nacionalismo encarnado por el peronismo. Los objetivos de la oligarquía tradicional se centraron en impedir y luego destruir los múltiples beneficios sociales y claras mejoras en el nivel de vida, que el peronismo implementó y apuntaló.

En esa década peronista, fue permanente la oposición de sectores conservadores, no exenta de sangrientos atentados, como la colocación de bombas en una estación de subterráneos, un alzamiento armado en 1951, el brutal bombardeo a Plaza de Mayo en 1955, con cientos de civiles masacrados, y finalmente el cruento golpe de Estado en ese año, en el cual La Marina bombardeó los depósitos de combustibles de YPF en Mar Del Plata, amenazando destruir la refinería de La Plata (por entonces la mayor de Sudamérica), cuya destrucción habría afectado al área cercana muy poblada.

1955 y el retorno de la oligarquía al poder

La revolución de 1955 fue particularmente muy violenta y vengativa, derivando en fusilamientos (como los perpetrados en 1956), así como la feroz purga de todo aquel sospechado de adherir al nacionalismo peronista, encarcelando y expulsando de las FFAA y FFSS a todos los sospechados de adherir a ese pensamiento político – económico.

Desde 1955, y acentuado ello en 1962 y 1976, las FFAA y FFSS pasaron a ser casi monolíticamente, un bastión del más apátrida liberalismo económico, para lo cual pasaron a ser muy pobres o inexistentes los conocimientos en Geopolítica, Economía e Historia, enseñados a los uniformados en los institutos militares.

Apoyado y aplaudido el golpe de “la fusiladora” por todo el sector ultra conservador, mostró una vez más la ideología excluyente vigente y activa en la SRA, la cual apoyó claramente este y todos los golpes de Estado del siglo, excepto el de 1943, que tuvo orientación nacionalista.

En el período 1955/8, hubo acciones de claro entorpecimiento al desarrollo industrial que había caracterizado al peronismo. Por caso, una planta para construir camiones y chasis para colectivos, que Mercedes Benz planificó concretar en Argentina, fue derivada a Brasil, por las burdas acciones de entorpecimiento que se perpetraron por parte del gobierno militar con orientación económica ortodoxa liberal, o sea industricida.

En esos aciagos años, Argentina aceptó incorporarse al FMI, lo cual nunca había admitido Perón, por los implícitos condicionamientos a nuestra soberanía.

Con el desarrollismo en el poder formal, pero fuertemente condicionado por el establishment cívico – militar ultra liberal, hubo acciones de zapa para dificultar las fuertes acciones industrialistas emprendidas por el gobierno de Frondizi, incluso imponiéndole el poder militar un ministro de economía ultra liberal, como lo era Álvaro Alsogaray.

En ese contexto de presiones constantes anti industriales contra el desarrollismo, según trascendidos, en 1958 la SRA invitó a disertar al príncipe Felipe de Edimburgo (cónyuge de Isabel 2da.), quien se enfocó en “sugerir” que Argentina “no derroche energías en la industria, dedicándose a lo que más sabe y tiene buenas condiciones naturales”, o sea seguir produciendo materias primas.

Los golpes de Estado de 1962 y 1966

Después vendría el golpe de Estado de 1962, durante el cual se volvieron a aplicar las tradicionales ideas liberales, anti industrialistas, endeudadoras y erosionantes de los ingresos de las grandes mayorías de argentinos.

Luego de un breve interregno civil, en un marco de proscripción del peronismo, hubo otro golpe de Estado, en 1966, siendo sui generis, pues no fue el clásico alzamiento subordinado al liberalismo, teniendo también entremezcladas facetas de nacionalismo, las que posiblemente fueron consecuencia de las influencias positivas del economista Aldo Ferrer y del General Guglialmelli.

Dentro del importante plan de grandes obras públicas construidas entre 1966 y 1973, se destacaba por su magnitud e importancia el complejo vial – ferroviario de Zárate – Brazo Largo. Un argumento recurrente de las oligarquías, para impedir o frenar ese tipo de grandes obras, es tildarlas de “faraónicas”.

Ese monumental conjunto de obras (dos puentes carreteros y dos ferroviarios, más otras necesarias), entre otros muchos aspectos positivos, tiene la virtud de “acercar” (al acortar a los transportes en un par de horas o más) Entre Ríos al gran mercado consumidor que es la ciudad de Buenos Aires y todo su entorno del Conurbano.

Siendo Ministro de Economía de La Nación, el Dr. Aldo Ferrer, trascendió que hubo presiones de los ganaderos bonaerenses para paralizar las obras de Zárate – Brazo Largo, para limitar la competitividad de la buena ganadería entrerriana. Típico de la oligarquía apátrida, eso de priorizar sus mezquinos intereses, aun a costa de perjudicar al Interés Nacional.

El sincero patriotismo de A. Ferrer, desestimó esas presiones y la gran obra pudo terminarse.

Entre 1973 y 1976 el peronismo volvió a ser gobierno, y los sectores ultra liberales, con el accionar de buena parte de los medios periodísticos, desplegaron una constante oposición, con las activas participaciones de la oligarquía tradicional, con la SRA como ente opositor principal.

El deplorable “proceso”

En marzo de 1976, se perpetró otro golpe de Estado, de impronta totalmente neoliberal, imponiéndonos esa doctrina bajo la fuerza de las bayonetas. El muy destructivo neoliberalismo impuesto bajo el accionar de Martínez De Hoz (hombre de la SRA y descendiente del primer presidente de la SRA), usó como marionetas dóciles a Videla, sus secuaces y continuadores, de lo cual los uniformados ni se enteraron, pues los formatean como ignorantes totales en Economía, Historia y Geopolítica.

Comenzó el rápido desguace del Estado, al cual el citado personero de la SRA endeudó rápida y brutalmente; siendo imposible oponerse, por el muy certero riesgo de pasar a ser “desaparecido” (eufemismo que era sinónimo de asesinado). Las transformaciones impuestas por la fuerza, implicaban la destrucción del Estado activo benefactor, y la apertura aduanera significó el comienzo de la involución a un país desindustrializado, atacándose también los entes estatales tecnológicos.

Al producirse el cruento golpe de Estado, la SRA publicó solicitadas de amplio apoyo a los golpistas usurpadores del Poder Formal; y reiteró esos apoyos al año de perpetrado el asalto al Poder, incluso alentando a implementar más medidas de neto corte liberal. ¡Total complicidad con el más feroz y destructivo golpe de Estado de los perpetrados en el siglo XX!

La “desaparición” (secuestro y asesinato), del gremialista Oscar Smith sucedió después que se opusiera al desguace de SEGBA, que sin otra oposición, fue perpetrado por Martínez De Hoz, avalado por el dictador Videla.

Videla fue muy aplaudido y fuertemente apoyado, al concurrir a las exposiciones anuales en la sede de la SRA, en el barrio de Palermo. Nada importaron a la SRA las aberrantes acciones perpetradas por el “proceso” con las FFAA y FFSS operando cuan tropas de ocupación al servicio antinacional; molestando en cambio a la SRA las acciones de reindustrialización y de mejoras sociales implementadas por gobiernos de orientación nacional y popular.

Al caducar el siniestro “proceso”, las elecciones fueron ganadas por Alfonsín, quien como presidente democrático, concurrió a la exposición anual en la SRA, en cuya circunstancia fue silbado y denostado, quedando en evidencia que la oligarquía campera demostró afinidad con los dictadores y rechazo respecto a gobiernos democráticos que no se subordinan a sus “sugerencias” tendientes a la involución al país feudal que éramos a fines del siglo XIX.

Así siguió sucediendo con el accionar de la SRA en los sucesivos gobiernos que tuvimos después del colapso del alfonsinato; apoyando a los liberales sin importar los destrozos socio económicos que perpetran, y ubicándose en contra de gobiernos de orientación nacional y popular.

Vigencia de lo oligárquico antinacional en la SRA

Muy recientes son las expresiones públicas de algunos referentes o muy afines a la SRA, y con ello al extremismo liberal, en las antípodas del más básico humanismo y del elemental patriotismo.

Alfredo De Angeli expuso su “indignación” ante el hecho que los niños (de las estancias de oligarcas, le faltó precisar), prioricen ir a la escuela antes que ayudar en las tareas rurales. ¡Quiere analfabetos dóciles ante los caprichos de sus patrones! ¡Y quiere volver a la explotación infantil de fines del siglo XIX!

El mismo De Angeli manifestó el odio visceral a todo lo estatal, tal como repiten como mantra los personeros del neoliberalismo salvaje…pero él mismo, terminado su mandato de legislador, estaría percibiendo retribuciones del Estado al cual dice odiar, oficiando de asesor de la bancada libertaria / neoliberal.

Luis Miguel Etchevehere, latifundista entrerriano, ex ministro macrista y referente de la SRA, con impostada sorna se burló del exitoso proyecto ArSat, que desarrollo tecnologías nacionales para construir satélites exitosamente.

Acorde a la postura anti industrial y ante desarrollo tecnológico, propuso que antes que construir nuestros propios satélites, se podrían comprar a los países que “saben del tema”, como por ejemplo Francia.

Con esa idea, omite el enorme efecto multiplicador que significa crear nuestras propias tecnologías, y finge desconocer que Francia es hoy una de las grandes potencias mundiales, en buena parte gracias a la visión patriota de De Gaulle, que no sucumbió a los cantos de sirena de entregar su país al capital extranjero, al fin de la Segunda Guerra Mundial, y en cambio fortaleció el rol geopolítico del Estado Francés, creando y apuntalando las industrias y entes de propiedad nacional, no cayendo tampoco en la trampa ideológica de menospreciar el rol empresario del propio Estado.

Desde lo ético, imprescindible de soslayar para autoasumidos “que dictan cátedra”, parecería que Etchevehere tiene “materias pendientes”, como ser vinculaciones políticas con algunos impresentables, y respecto a problemas legales con su propia hermana, por la propiedad de un campo en Entre Ríos.

Hoy la SRA apoya con su silencio cómplice, el accionar destructivo de libertarios y secuaces, que nos empujan a la disolución nacional.

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El Riesgo País cerró arriba de los 600 puntos por primera vez desde abril

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El Riesgo País anotó este viernes su 10ma jornada consecutiva al alza y cerró por encima de los 600 puntos básicos por primera vez desde el 07/04 último.

El indicador de probabilidad de default llegó hasta los 628 puntos durante la rueda, pero luego cedió posiciones hasta los 609 unidades, 31 puntos por encima del saldo previo.

La aceleración sería producto de la incertidumbre sobre la continuidad de las políticas pro-mercado de Javier Milei ante el deterioro de la economía, lo que podría obstruir su reelección el año que viene.

El INDEC confirmó el jueves que la actividad se contrajo casi un 3% en julio en la medición desestacionalizada, luego de la contracción del PBI del segundo trimestre del año.

A la luz de los datos oficiales y los registros provisorios de agosto, los analistas empiezan a prever una nueva contracción del Producto Bruto Interno en el 3er trimestre, por lo que la economía podría entrar técnicamente en recesión.

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Las importaciones puerta a puerta bajaron en agosto, pero superarían los US$1.200 millones en el año

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Las compras de argentinos al exterior a través del sistema courier volvieron a tener una merma mensual en agosto pero terminaría el año superando los US$1.200, según detalló la consultora Analytica en base a datos del INDEC.

El reporte, reflejó que el gasto en importaciones de particulares en el octavo mes del año alcanzó los US$104 millones quedando US$4 millones por debajo de julio (US$108 millones).

Al analizar la cifra alcanzada durante agosto, desde Analytica señalaron que “luego del pico de US$125 millones de junio se acumulan dos meses de caída, aunque es el sexto mes consecutivo con importaciones superiores a US$100 millones mensuales”.

Frente a agosto del 2025, la suba fue de 13,9% por debajo del 15,5% de julio y muy lejos de los tres dígitos que mostraba el indicador a comienzos de año, aunque la consultora recordó que “la base de comparación ya es contra meses donde la flexibilización de este tipo de importaciones ya tenía un impacto claro”.

En el acumulado de los primeros ocho meses del año, las importaciones sumaron US$855 millones, un aumento del 71,1% respecto al mismo periodo del año anterior. Esta cifra es apenas US$39 millones menos que la suma alcanzada durante todo el año pasado, cuando las compras totalizaron US$894 millones.

El servicio puerta a puerta crece sostenidamente en la Argentina y la consultora indicó que “el año cerraría con importaciones acumuladas por más de US$1.200 millones”, por lo que la perspectiva es que este año termine con un ingreso récord.

Actualmente, el peso máximo de los paquetes o pieza postal para comprar vía courier es de 50 kg, de acuerdo a lo dispuesto a principios del 2025 por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA).

Requisitos para las compras

  • El servicio “puerta a puerta” y los “pequeños envíos” no pueden superar los 50 kilos. 
  • El valor máximo para cada envío es de US$ 3.000.
  • Los “pequeños envíos” tienen límite de hasta tres unidades y cinco envíos al año por persona.
  • Hasta US$ 400 no se abonan los derechos de importación y tasa de estadística. Sí debe pagarse el IVA. 
  • Al recibir el paquete, no es necesario registrarlo en la web de ARCA. Solo en los casos en que el envío sea por Correo Argentino.

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Trabajadores despedidos y empresarios alertaron por la emergencia industrial: el ejemplo de Dass

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La Comisión de Economía de la Cámara de Diputados, presidida por Julia Strada, convocó este martes a una reunión informativa en la que trabajadores despedidos, empresarios y representantes de diferentes sectores de la economía productiva dieron su testimonio sobre la situación actual. La jornada puso en evidencia que la apertura importadora y el abandono del Estado. Son vidas de personas y familias de carne y hueso que están al límite.

Strada abrió la reunión remarcando la urgencia del debate: “El gobierno de Milei quiere cerrar el Congreso. Niegan la realidad. Nosotros hacemos lo opuesto, queremos legislar para que esta crisis no se lleve puesta a la gente”.
El primero en tomar la palabra fue Ezequiel Centurión, trabajador despedido de Granja Tres Arroyos de Capitán Sarmiento, que describió una situación de urgencia extrema: “No se cobró ninguna quincena del mes de julio, ninguna del mes de agosto ni de septiembre. La gente ya no está comiendo”.

José Barbara, también de Granja Tres Arroyos de Concepción del Uruguay, trazó una comparación que sintetiza el estado de ánimo de muchos: “Hemos pasado la crisis de 2001 y nunca hubo problemas y ahora, el señor presidente entró y en dos años y medio yo quedé sin trabajo”.

Víctor Ávalos, trabajador despedido WADE (Buenos Aires) completó el cuadro con una imagen que se repite en cada rincón del país: “Todos están haciendo Didi, Uber. Salís a la calle, prendés la aplicación y hay 70 autos alrededor. Mi hermano está haciendo un viaje por $3.000”.

Joel Mujica, despedido de Granja Tres Arroyos WADE de San Miguel del Monte, puso el foco en la deuda que se acumula cuando el trabajo desaparece: “Me estoy atrasando en todas las deudas. No sé cómo seguir sosteniendo el pago del colegio de mi hijo. Pero la deuda se va acrecentando y no creo que sea mi único caso”.

Sergio Talenti, empresario de Jorsa Argentina en San Martín, identificó las consecuencias de la apertura importadora: “El amortiguador del Gol, a nosotros, la materia prima nos cuesta $38.000, mientras que lo recibimos final desde China por $17.000. Es imposible que podamos competir”.

Gabriela Diaz, trabajadora despedida de Expreso Brío de Rosario, rechazó el relato de que la crisis es consecuencia de malas decisiones individuales: “Estoy endeudada no por comprarme un televisor para el mundial. Estoy endeudada porque me dejaron de pagar. Estoy en la crisis de este país, que yo no la provoqué”.

Horacio Moschetto, presidente de la Cámara de la Industria del Calzado de Sarandí, llegó con pruebas concretas de competencia desleal: “Tenemos una medida antidumping contra China que vence a fin de año. Hemos presentado todas las pruebas donde se demuestra que un calzado chino llega a la Argentina en situación de dumping y no parece haber voluntad de renovarlo. Quieren destruir la industria, es imposible competir en esas condiciones”.

Raúl Javier Amil, empresario del sector autopartista de San Martín, midió las consecuencias comparando con lo que sucede del otro lado de la frontera: “Las terminales que operan en Brasil anunciaron inversiones por USD 20.000 millones mientras que en Argentina solamente por mil y pico millones de dólares”.

Germán Pucheta, trabajador despedido de la textil Emilio Alal de Goya, Corrientes, llevó el testimonio más duro de la jornada: “A la gente le duele la panza porque tiene hambre. La gente tiene hambre, no tiene para comer. Un compañero mío, 64 años, poquito faltó para jubilarse y se terminó quitándose la vida por esto”.

Ezequiel Agüero, dueño de la parrilla Los Agüero en Berazategui que recientemente publicó para 14 puestos de trabajo y se presentaron 1.500 personas, graficó la situación con una escena que resume todo: “Cuando viene un tornero y le preguntas ¿por qué puesto venís a postularte? y te dice por el que sea, te das cuenta qué mal que estuvo nuestro país”.

Federico Soromello, trabajador despedido de la fábrica de caucho de Pampa Energía (Puerto Gral. San Martín, Santa Fe), describió la transformación de una zona que supo ser sinónimo de producción: “Venimos del cordón industrial, pero de industrial está quedando poco. Están cerrando y cerrando empresas. Lo único que queremos es que la empresa no se desmantele. Se está haciendo insostenible”.

Marcelo Barrionuevo, trabajador despedido de Ilva de Pilar, resumió en una frase lo que muchos en la sala querían decir: “Llevamos 387 días de conflicto. Con este modelo están destruyendo industrias, están destruyendo familias. Vengo en representación de 300 familias que no damos más”.

Gabriel Corigliano, empresario textil de Mom Sports de San Martín, señaló que el problema no es de competitividad sino de reglas del juego: “El consumo está hecho un desastre y la competencia desleal con las importaciones. Entra todo muy barato con reglas diferentes a las nuestras. Porque vienen todos los productos subvencionados de China”.

Claudio Gómez, ex trabajador de UnionBat de Gualeguaychú, puso en números lo que significa perder el empleo en una ciudad pequeña: “Los trabajadores están sin su plata de indemnización, sin su sueldo del mes de julio y tenemos 100 personas en Gualeguaychú andando de Uber que se están chocando entre ellos”.

Gustavo Melgarejo, trabajador despedido de Dass calzado en Eldorado, Misiones interpeló directamente a los legisladores del oficialismo “Los invito a que vengan a Misiones y me digan a dónde están los puestos de trabajo. De los 14 millones que sacaron de la pobreza, aparte de Adorni, a dónde está el resto”.

La reunión se desarrolló en un escenario de profunda crisis del sector industrial. Desde la asunción de Milei, el país perdió 249.220 puestos de trabajo privados, de los cuales 105.136 corresponden al empleo industrial. En el mismo período cerraron 4.158 empresas industriales -una caída del 8,4%- y la capacidad instalada se ubica en 58,2%, operando 7,5 puntos por debajo del promedio registrado antes de la gestión actual. A eso se suma un aluvión importador de bienes de consumo que acumuló USD 11.376 millones en los últimos doce meses, compitiendo de manera desleal con la producción local, mientras los salarios registrados se ubican 8,2% por debajo de noviembre de 2023.

Para finalizar, diputados de Unión por la Patria expusieron los proyectos que impulsan para lograr tratamiento legislativo, a pesar de que estén cerradas las Comisiones permanentes de Legislación del Trabajo, Industria y Presupuesto y Hacienda, las tres presididas por LLA y aliados.

Desde UxP se impulsa la emergencia del sector agro industrial avícola por el caso de Tres Arroyos y que los trabajadores despedidos puedan cobrar REPRO por seis meses, prorrogable por otros seis meses más. También el Bloque de Unión por la Patria busca aprobar la emergencia Pyme y limitar la indiscriminada apertura importadora, reponiendo medidas antidumping y protegiendo la industria mano de obra intensiva.

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